6. Regreso a Hogwarts
- Harry, Harry
Dos muchachos se acercaban corriendo, él secó sus lágrimas y se volvió. Hermione y Ron lo abrazaron y sintió el calor de sus amigos. Sonrío levemente y se fijó en ellos.
- ¡Joder, Ron! Si creces más este año, tocas el techo y tú, Hermione, estás muy diferente, muy... hermosa
- Harry no digas tonterías, lo único que le ha cambiado son unos centímetros más de pelo y una insignia de Prefecta
- Gracias, Ron, tú siempre tan amable
- ¿Prefecta?
- Sí, era mi sorpresa ¡A qué es genial! estoy que no quepo en mí
Los amigos montaron en el carruaje con Neville, también se le veía más maduro, pero como siempre un trozo de pan. Llegaron al castillo. Daba igual que fuese su quinto año allí, siempre se maravillaba con la visión de sus muros y vidrieras. Todo estaba igual que siempre, la cabaña de Hagrid, el bosque prohibido, el sauce boxeador, los invernaderos, ya había llegado a su hogar, pero no dejaba de estar tremendamente triste.
Entraron en el comedor, todo seguía igual que siempre. El techo esa noche amenazaba tormenta de las fuertes, aunque todavía no había estallado. Se sentó con sus amigos y fue saludando a sus compañeros de Gryffindor. La mayoría estaban bastante cambiados, los chicos se veían más altos y formados, las chicas mucho más hermosas, sonreían más que antes y estaban todas muy bien arregladas. Se fijó que cuando pasaban por su lado después cuchicheaban y echaban risitas, Harry no entendía muy bien ese tipo de comportamiento, se lo tendría que preguntar a Emy. No había pasado más de media hora y la echaba tanto de menos que le dolía el cuerpo. Clavó los codos en la mesa y se echó las manos a la cabeza.
- ¿Qué te pasa, Harry?
- Nada, Hermione, no te preocupes por mí
- ¿La echas de menos?
- Tanto que duele
- Lo siento mucho, Harry
- Yo también, además me hubiese gustado conocerla, a ver si era tan bonita como tú decías – Ron intentaba animar a su amigo
Las puertas del Gran comedor se abrieron y dieron paso a la Profesora McGonagall con unos veinte niños detrás de ella. Cada uno con cara de nerviosismo o de alucinación, pasaban entre las mesas viendo las velas levitando o el cielo con rayos de tormenta. La profesora, como todos los años, les explicó la ceremonia y le llegó el turno al Sombrero Seleccionador. Harry no prestó atención ni a una sola de las palabras de la canción, cuando terminó, todos estallaron en aplausos y comenzó la selección. Este año muchos de ellos entraron en Slytherin, diez de veinticinco niños, el resto se dividió a partes iguales, cinco a cada casa restante. Los nuevos alumnos se fueron sentando en sus mesas, donde fueron muy bien recibidos. La voz del Profesor Dumbledore calló el murmullo constante de los muchachos.
- Bienvenidos un año más a Hogwarts. Como siempre recordar que el bosque tiene terminantemente prohibida la entrada a todos los alumnos, nuevos o no. También hay una extensa lista de normas que deberías respetar todos, por vuestro bien, sobre todo la de no hacer magia en los pasillos. Por otro lado, las pruebas de quidditch se celebrarán la tercera semana del curso, poneros en contacto con el capitán de cada casa. Sintiéndolo mucho y debido a acontecimientos cercanos, las visitas a Hogsmeade de momento quedan restringidas hasta nuevo aviso - se oyeron algunos abucheos – A continuación os presentaré a los nuevos profesores. Remus Lupin será vuestro tutor de Defensa Contra las Artes Oscuras – todos aplaudieron – Arabella Figg es profesora adjunta de pociones y de Defensa Contra las Artes Oscuras mientras Severus Snape y Remus Lupin se ausenten. La profesora Hooch ha dejado su puesto para cubrir una vacante en nuestro Ministerio, la deseamos que le vaya bien en su trabajo y El profesor Landon se ha jubilado y ya no nos dará más Estudios Muggles, así que de momento no habrá esas asignaturas hasta que lleguen los sustitutos. Por lo demás os deseo un feliz curso a todos y un buen provecho ¡A COMER!
Harry no escuchó nada de lo que dijo su director, miraba hacia la mesa con la cabeza agachada y la mirada perdida. No se fijó en los nuevos profesores, ni en los ausentes, nada de nada, Harry estaba perdido en sus pensamientos "¿Habrá conducido toda la noche hasta Londres? No está en condiciones ¿Y si le pasa algo, un accidente? Se la veía tan triste..."
- HARRY, HARRY
- ¡EH! ¿QUÉ PASA? Profesora McGonagall, buenas noches ¿Qué tal está? ¿Sucede algo?
- Veo que empieza el curso muy concentrado, Señor Potter
- Perdóneme, no he tenido buen día
- ¿Se encuentra mal?
Pensó la respuesta ya que, si contestaba que sí, seguramente le mandaría a la enfermería, se libraría de cenar y dar explicaciones; pero si contestaba que no, pues apechugar con lo viniera.
- Señor Potter ¿Por qué no contesta? ¿Se encuentra mal?
- Minerva, déjame a mí. Harry, ven conmigo a mi despacho
- ¡Profesor Lupin, qué alegría! ¿Cuándo ha venido?
- Definitivamente este niño se encuentra mal, Remus, he de decírselo al director, hay que llevarle a la enfermería, Señor Weasley ¿Se ha caído o dado un golpe, Harry?
- No, que yo sepa – dijo encogiéndose de hombros el pelirrojo
- De verdad, Minerva, no te preocupes, yo me ocupo – Lupin se acercó al oído de la profesora – Informa a Dumbledore
- De acuerdo, en tus manos le dejo, vigílale, si se ve más aturdido llévale con Poppy
- Ok – dejó que se alejara, se agachó y les susurro - ¿Cenamos en mi despacho?
- Claro – Hermione y Ron no pensaban separarse de Harry, ellos sabían que lo estaba pasando mal
La Prefecta le indicó a Ginny que le avisara antes de que los alumnos se retiraran, para poder llevar a la gente de Gryffindor a su torre. Ella estaría en el despacho del profesor Lupin para ocuparse de Harry.
- Después te cuento
- No es nada grave ¿verdad?
- No te preocupes, Ginny, luego te digo – y se fue detrás de los muchachos
Salieron del salón bajo la atenta mirada de Albus Dumbledore y de unos cuantos alumnos cotillas. Entraron en el despacho. Harry había entrado muchas veces allí y siempre cambiaba de decoración según quien fuese el profesor, aun así estaba un poco más ordenado que la última vez que Remus estuvo allí.
- Harry, no puedes estar así porque ella no esté aquí, mira el resto de los chicos – fue lo primero que dijo el profesor nada más cerrar la puerta
- No compares, Emy y yo tenemos una unión muy diferente al del resto de la escuela... No lo puedo explicar, yo noto su presencia y en estos momentos, se está alejando de mí a pasos agigantados
- Pero Harry, ella no se puede quedar aquí – Hermione le hablaba como si fuese un niño chico
- Nos tienes a nosotros, también te hemos echado en falta – Ron sólo quería animarlo
- ¿OS PENSAIS QUE SOY UN NIÑO CHICO QUE NO VA A VER A SU MAMA? ¿DESDE CUANDO SOY YO ASI? ES QUE NO LO ENTENDEIS... TENEMOS QUE ESTAR JUNTOS
- Harry, cálmate y escúchame, mañana empiezan las clases, tú tendrías que estar en el despacho de Dumbledore después de cenar, para que te ponga al corriente de tus clases especiales, creo que las darás con Ron y con Hermione para no estar solo. Él no puede verte así.
- Él me ha visto peor, necesito que entendáis que no va ser fácil para mí, no es broma que ahora me duela cada parte de mi cuerpo. Emy y yo estamos unidos por un lazo especial y literalmente la distancia lo está desgarrando. Ella no es sólo la persona que más quiero en este mundo, sino que ella es mi protectora y yo el de ella. Si Voldemort la encuentra, el mundo mágico estará perdido...
- Veo que eres igual de inteligente que tu padre y de veloz. James a los quince años ya sabía para que había venido a este mundo – Albus lo miraba tiernamente, él sí sabía lo que le pasaba a Harry, sabía de su dolor
- La cicatriz me está perforando la cabeza y cada articulación de mi cuerpo se me quiebra cada vez más, pero ¿En que está viajando? ¿En avión?
- Siento, Harry, que esto sea una prueba, una más de las tantas que tendrás que pasar. Hermione, Ron ¿Les gustaría dar clases especiales contra las artes oscuras con Harry?
- Es un placer, será emocionante aprender...
- Sí claro ¿Cómo no? – le cortó Ron
- Bien las clases serán después de las diarias, d de la noche, todos los días incluidos sábados y domingo que serán de 8 a 10. Hermione acompáñeme tiene que guiar a los alumnos a su sala común
- ¿Se puede? – Ginny entraba en la sala roja de asfixia por venir corriendo
- Señorita Weasley ¡Cuánto ha crecido, está usted muy hermosa! Dé recuerdos a su madre en cuanto pueda – dijo jovial el director
- Gracias, profesor – ahora ya era rojo fuego
- No te preocupes, Ginny, me voy con el director, la contraseña es "infraganti". Nos vemos en la sala común – salió con Dumbledore
Harry miró por primera vez a Ginny, no la había visto hasta entonces, era verdad, sin duda el cambio más grande lo había pegado ella. Ya no se la veía una niña sino una muchacha preciosa. Tenía el cabello como fuego, era liso y largo hasta el pecho y ¡Dios, tenía pecho! Su figura era la de una pequeña bailarina, débil pero bien formada, sus ojos avellana brillaban como claros de luna, su boca era roja y bien definida, y en el rostro tenía unas pequeñas pecas que le daban todavía aquel aire de inocencia.
- Hola, Harry, no se te ve muy bien ¿Qué te sucede?
- Nada, Ginny, estáte tranquila, no te había visto hasta ahora ¿Qué tal te va?
- Bien, gracias – como siempre su rostro se ruborizó
- Bueno, Ron, llévate esos emparedados y unos cuantos bollos e intenta que tu amigo del alma coma algo, es hora de que vayáis a acostaros – se dispuso a abrirle la puerta pero antes se paró y le preguntó a Harry - ¿Es verdad lo que dice Hocicos de que Emy se parece a tu madre pero aun está más bonita?
- Sí, es verdad, ella es preciosa por dentro y por fuera
- Tengo ganas de volverla a ver. Bueno, venga ¡hasta mañana!
- Hasta mañana – los chicos salieron hacia su sala común
Harry pasó la peor noche de su vida, notaba como sus músculos se contraían y la cabeza, en especial la cicatriz, le ardía hasta pensar que era fuego. Apenas durmió algo y se planteó ir a la enfermería. Con las primeras luces del alba se levantó, decidió darse una ducha para relajar su cuerpo, algo sí que consiguió. Se arregló lo mejor que pudo el pelo, sin lograr nada, sólo Emy dominaba aquel cabello. Decidió no dar muestras de debilidad y enfrentar el día como si de una prueba se tratara. Dumbledore tenía razón, tenía que superarlo. Bajó a desayunar, pasó primero por la enfermería y le pidió a la señora Pomfrey una poción para que no le doliera la cabeza ni los huesos. Ella encantada se la sirvió y éste la tomó pensando que era la cosa más asquerosa que había probado en su vida. Dio las gracias y bajó a desayunar. En el comedor no había mucha gente aún, pero sí estaban los profesores y el director. Se sentó en su mesa y se sirvió el desayuno, notó que tenía hambre y no paró de comer hasta saciarse y quitarse ese horrible sabor de boca, cuando estaba terminado aparecieron Ron y Hermione.
- ¿Por qué no nos has esperado?
- Tenía hambre
- Ese es un buen signo, ahora vengo, voy a por los horarios
- Te he oído quejarte toda la noche, se te ve buena cara para lo que has pasado
- Lo siento, no quería molestar
- No lo hacías, sólo me preocupo por ti
- No lo hagas, hoy me siento mejor – mintió
- Toma, aquí tenéis, guardar el mío voy a repartirlos
- ¡Vaya fastidio! Este horario es el peor de todos los años
Lunes:
9:00 a 11:00 Transformaciones con Slytherin
11:15 a 12:30 Cuidado de Criaturas Mágicas con Slytherin
Almuerzo
15:00 a 17:00 Herbología con Hufflepuff
17:15 a 19:30 Pociones con Slytherin
- Te digo que es el peor horario que hemos tenido nunca – Repitió Ron indignado
- Tú no te quejes tanto, además ¿No vas a venir conmigo y Hermione a clases particulares? – Harry se dio cuenta que hay cosas que nunca cambian
- ¡Ay va! Se me había olvidado y cuándo se supone que debemos estudiar y hacer los deberes
- Al mediodía o por la noche, además tú no tienes que entrenar al Quidditch, pero yo...
- En realidad me gustaría presentarme para Guardián, pero ahora que lo pienso, va a ser difícil
- ¿Quién sabe? así este año se nos pasará más rápido de lo normal – eso tenía sentido, si estaba muy ocupado, pensaría menos en Emy y pronto la volvería a ver
- ¿De qué hablan, chicos?
- De que vamos a estar muy ocupados
- Ni que lo digan, hasta a mí no me parece bien el horario ¿Os habéis fijado que cada clase siguiente está en la punta mas alejada de la anterior?
- ¡Mierda, es verdad! Voy a terminar en la enfermería, este año termino allí – Ron
- Venga, ir terminando o no llegaremos puntuales con McGonagall – Harry había terminado de desayunar ya hacía rato
- Claro tú te has puesto las botas y a mí casi no me ha dado tiempo a meterme un bollo en la boca – Mientras Ron se quejaba iba introduciendo pastelitos en el bolsillo de su capa
- ¡Qué tendré que decir yo! Con eso de repartir los horarios ni he olido la comida
- VAMOS, VENGA, llegaremos tarde – Harry ya salía corriendo del comedor
- Me temo que el resto del año será igual – se quejaba Ron
- Me temo que sí
Hermione y Ron salieron disparados detrás de su amigo, llegando por los pelos a la clase.
- Buenos días a todos
- Buenos días – contestaron todos a la vez
- Este año termina con los primeros exámenes que tendrán que superar para poder ser magos autorizados, por eso, quinto curso es, si cabe, de los años más duros. Tendrán muchas más obligaciones y deberes que el año anterior, se lo comunico por que no quiero que me vengan lloriqueando con que no tienen tiempo. A partir de ahora, no sólo tendrán que hacer sus deberes y estudiar, sino también aprender a organizarse. Si no me equivoco, la mayoría de ustedes tiene quince años o está a punto de cumplirlos, pues bien a mi modo de ver, ya son ustedes adultos para poder desarrollar un trabajo más exhaustivo y maduro. Con este comentario me refiero a que sus trabajos tienen que ser limpios, ordenados, SIN TACHONES, bien explicados y extensos, no quiero esquemas de última hora, con machas del desayuno ¿Entendido? – Ni que decir tiene que lo había dicho con el semblante más sobrio que habían visto en ella en mucho tiempo
- Sí, profesora – dijeron todos al unísono, con voz de ultra tumba imaginándose lo que les esperaba
- Bien, entonces empezamos la clase. Abran sus libros por la página 6 del libro y... Seamus, léanos la primera parte y expóngala como usted la entiende
La primera clase de transformaciones había sido durísima, primero un alumno leía el hechizo, decía lo que había entendido mostraba el movimiento de varita y a partir de hay solo había 15 minutos para que la transformación saliera correcta. McGonagall apuntaba a los alumnos que no lo habían conseguido y a los que sí, después de dentro del grupo triunfador miraba los resultados y puntuaba. Así hasta tres hechizos en esa mañana y para colmo todos los días serían así hasta que terminaran de repasar todas y cada una de las transformaciones vista hasta entonces.
Harry daba gracias al cielo por haber estudiado tanto ese verano, se le notaba una mejoría importante e incluso hacía un poco de sombra a Hermione, entre los dos habían logrado 30 puntos para Gryffindor. Ron estaba perplejo por los avances de sus compañeros y se quejaba de ser una cabeza hueca, pero entre sus dos amigos hicieron que el muchacho cumpliera bien con sus tres transformaciones.
Siguiente clase, Cuidado de Criaturas Mágicas. Los tres iban hablando de sus dos horas anteriores y estaban contentos porque les tocara después con Hagrid. Llegaron con tiempo para saludarle y reírse un rato con él.
- ¡Chicos! os tengo que pedir un favor
- Ningún problema ¿Qué necesitas?
- Que acatéis mis órdenes en clase, dando ejemplo a los demás, para que yo no tenga problemas. Quinto año es el peor de todos y los profesores tenemos por obligación y por vuestro futuro, que ser muy duros. Este año la asignatura es complicada y requiere de mucho estudio y trabajo con las criaturas, a partir de ahora vienen las más extraordinarias que hayáis visto. Bueno, cuento con ello. Voy a empezar la clase
Hagrid echó un discurso parecido al de la profesora de transformaciones, dejando pasmada a toda la clase. No se veía bonachón como era su costumbre, interpretó su papel tan bien, que a algunas chicas le entraron ganas de llorar de miedo, por tener a un semigigante delante echándoles un rapapolvo. Los tres amigos hicieron todo lo que estuvo en su mano en la primera clase, pero ellos también estaban aturdidos, nunca le habían visto tan serio, ni tan mandón.
Su primer trabajo consistía en las Hadas. Los alumnos estaban encantados al principio, luego vieron lo que se avecinaba y se les iba borrando la sonrisa de la cara. Se repartió un hada a cada uno, tenían que comunicarse con ella como pudieran, él no se lo iba a decir. Tenían que alimentarla, asearla, hablar con ella, divertirla y, por último, averiguar el secreto que cada una guardaba. Todo esto en un mes. Cada hada venía con un tarro para poder guardar el polvo que ellas iban soltando. Hagrid les explicó que el polvo de hadas era importantísimo en este trabajo, quien más polvo consiguiera, su hada le obsequiaría con un pequeño deseo.
- ¿Podemos ponerles nombre? – Preguntó Hermione interesadísima por su trabajo, ella quería conseguir su deseo
- ¿Le has preguntado si ya tiene uno? - Contestó Hagrid un poco más calmado
Harry miraba su hada, él no había abierto la boca, sólo la observaba. Sin duda Walt Disney hizo muy bien su trabajo dibujando a Campanilla. Era una diminuta mujercita, del tamaño de un dedo, con alas transparentes que le salían de la espalda, tenía unos grandes ojos azules que le ocupaba la mayor parte de la cara y su tez era azul cielo, se rió al comprobar que no llevaba ningún tipo de ropa o calzado, pensando en Campanilla y para su asombro, le pareció que el hada se ruborizaba por la idea de su observador, volviéndose de un azul intenso y soltando polvo brillante. Harry entendió que no era tan fácil meter el polvo en el bote a no ser que se pasara todo el día con el frasco en la mano. Tenía que existir una manera para que el polvo cayera dentro. Pensó que era lógico que el mundo las mitificara, eran unas criaturas realmente preciosas… más polvo de hadas, "creo que ya he cogido la idea".
- Bueno, chicos, la clase se acaba aquí, tened mucho cuidado con vuestras hadas, cuidad que no las pase nada malo o habrá un suspenso rotundo para quien las dañe
- ¿Quiere decir que tenemos que llevarnos, con nosotros, a estos bichejos? – Draco Malfoy se quejaba impetuosamente
- Tenga cuidado, señor Malfoy, o su hada le echará un conjuro doloroso
- ¿Cómo nos la llevamos? – preguntaba la mayoría
A Hagrid, en el fondo, aquella situación le parecía de lo más cómica. Unos optaron por meterlas en sus bolsillos y empezaron a tener picores por todo el cuerpo, otros dentro de los botes haciendo agujeros en las tapas para que pudieran respirar, a estos les dio por estornudar; hubo aquel, Draco Malfoy y algunos de sus seguidores que se la llevaron atrapándolas en su mano, a los diez minutos tenían su mano totalmente roja e irritada. Harry le habló por primera vez.
- ¿Serías tan amable de acompañarme durante este mes?
El hada asintió con su pequeña cabecita y se posó en su hombro.
- Quince puntos para Gryffindor, por cortesía de la solución de Harry Potter – Dijo Hagrid muy orgulloso de su pequeño amigo
Acto seguido, los compañeros de Harry le preguntaron lo mismo a sus respectivas hadas y obtuvieron la misma respuesta que él. Se fueron hacia el comedor para el almuerzo y se sentaron en su mesa. Los tres amigos charlaban sobre sus hadas, la de Hermione tenía la tez rosa y desprendía una luz preciosa que brillaba sin cesar. Ron esta encantado con la suya, ésta tenía un color verde fluorescente que dejaba destellos multicolores.
- Son increíbles ¿Verdad? – Ron jugaba con su pequeña mascota haciéndola cosquillas en la barriga y soplándola suavemente
- Harry ¿Cómo se te ocurrió preguntarla eso? – Hermione tenía curiosidad
- Pues si yo tuviese que ir con alguien durante un mes, por lo menos me gustaría que me lo preguntaran, no que me metieran en un bote o en un bolsillo, por eso lo hice
- Entiendo – Hermione parecía satisfecha con la aclaración de su amigo, posó a su hada en la mesa y le preguntó - ¿Tienes hambre? – Su hada asintió - ¿Puedes indicarme que es lo que hay en la mesa que puedas comer? – La criatura se fue hacia la lechuga que había en un plato de ensalada – Entiendo ¿Bebes agua, verdad? – Volvió a asentir
Entonces, con mucho cuidado, Hermione preparó tres raciones de lechuga cortadas lo más pequeño posible y formó, con una pequeña parte de la hortaliza, un cuenco que llenó con unas gotitas de agua, inmediatamente las tres hadas comieron sus raciones y bebieron en su pequeña alberca. Contentísimas se fueron hacia los tarros y depositaron polvo de hadas en ellos, luego sin más ni más, se metieron dentro acurrucándose para dormir.
- ¡FANTÁSTICO! Seguro que uno de nosotros consigue el deseo – Ron estaba encantado con sus progresos
- Estaba pensando que podríamos hacer los tarros más grandes y dentro meter un bonsái para que tengan un entorno mas parecido al suyo – sugirió Harry
- Eso es una idea genial. Luego tenemos Herbología le pediremos a la profesora Sprout unos, a mí me gustaría un olivo ¿Y a vosotros? – dijo Hermione mientras comían
- Yo prefiero un nogal, me parece más acorde con ella – Ron no comía, devoraba
- Yo igual le pongo un almendro o un frutal, no sé qué tendrán en el invernado
Luego de comer pasearon por los terrenos, hacía un día medio nublado pero excelente de temperatura. Ron y Hermione observaban a Harry para ver si se le habían pasado los dolores. Él no había mencionado a Emy en toda la mañana y no sabían si debían preguntar. Su cara no era alegre y desenfadada como otros principios de año, se le veía decaído y muy serio, en realidad Harry se esforzaba por no caer de vez en cuando al suelo, sus rodillas le fallaban y sus muñecas las sentía como quebradas. Durante el paseo, Ron tuvo que agarrarlo cuatro veces para que no se diera de bruces contra el suelo. Decidieron no tentar a la suerte e irse acercando al invernadero, se sentaron en la puerta a esperar que vinieran el resto de los alumnos.
