7. Emy ¿Dónde estás?

La clase de Herbología tuvo el mismo discurso que las anteriores, por no contar el trabajo exhaustivo de trasplante de plantas, apuntes de observaciones sobre ellas y demás. Salieron de allí pensando que si eso iba a ser así, cuando llegaran a Pociones no quedaría títere con cabeza. Como había observado Hermione, después de cada clase, tocaba recorrer medio castillo y ellos tuvieron que ir corriendo por entretenerse a coger los Bonsáis. Cuando llegaron a las mazmorras, Harry temblaba de los pies a la cabeza, sus amigos le ayudaron a sentarse, se le veía extremadamente cansado y dolorido. Pensaron que lo mejor era llevarle a la enfermería.

- No os preocupéis, aguantaré a Snape, por lo menos estoy sentado

- De acuerdo

- Un año más os tengo aquí para que me demostréis qué sois capaces de hacer en mi clase. Este año no os pienso pasar ni el más leve error, así que me temo que los inútiles de Gryffindor, liderados por Neville, perderéis todos los puntos que vayáis acumulando – Snape estaba en su salsa, esta vez la excusa era perfecta para machacarles. Los de Slytherin se rieron apoyando el comentario de su profesor preferido – Sé que han tenido el discurso en tres ocasiones, así que no voy a perder el tiempo en decir lo que os espera

Snape atiborró a preguntas a Harry sobre todo tipo de propiedades de elementos para pociones, al ver que éste contestaba si ningún problema, se cebó como siempre en el pobre Neville. En esas dos horas perdieron hasta cien puntos, pero como Harry y Hermione contestaban correctamente se quedaron en setenta, la clase acabó y la gente fue recogiendo. En un susurro, Harry indicó a sus amigos que esperaran a que se fueran todos. Snape miraba extrañado el comportamiento del trío de Gryffindor, como él los llamaba.

- Harry ¿te encuentras bien? Estás totalmente pálido – Hermione le tocó la frente y notó la ausencia de temperatura, hizo una seña a Ron para que le cogiera y le llevaran a la enfermería, ellos ya lo tenían planeado

- Venga compañero, apóyate en mí – Ron lo agarró por la cintura y le pasó el brazo por sus hombros. Hermione cogió los libros de todos

Snape observaba sin decir nada ¿Qué le pasaba a Potter? Cuando estaba llegando a la puerta, Harry se desplomó desmayado, Ron le agarró impidiendo que se diera un buen golpe.

- Pero ¿Qué pasa aquí?

- Es Harry, profesor, no se encuentra bien, no puede consigo mismo

- Granger vaya a llamar al Director, Weasley ayúdeme a llevarlo a la enfermería – Snape se fijó en Harry ¿Cómo no se había dado cuenta? Las ojeras le llegaban a las mejillas y su rostro parecía estar amoratado, parecía que le estaban absorbiendo el alma

- Albus, el chico no reacciona con nada, estoy muy preocupada. Esta mañana vino a verme para pedirme una poción para el dolor de cabeza y de huesos – La señora Pomfrey estaba exhausta

- Que no le vea ningún compañero, excepto sus amigos. Creo que es una reacción por la separación. Dale cualquier cosa que le quite el dolor, aunque no despierte por lo menos que no sufra – Dumbledore estaba muy serio y preocupado por el muchacho. Tumbado en la cama se le veía tan poca cosa

- Te digo que ya lo he intentado y no ha dado resultado. Además su corazón no late y creo que su cerebro, aunque está algo activo, está en una especie de trance. La cabeza no me da para más, Albus, no sé qué hacer

- ¿Tiene Harry su hada? – preguntó Dumbledore a Ron

- Sí, está dentro de su bote durmiendo

Dumbledore cogió el tarro que le dio Ron y dio unos golpecitos en el cristal. El hada se desperezó y miró curiosa al anciano.

- ¿Serías tan amable de rociar a Harry con tu polvo? Esta sufriendo mucho y necesita tu ayuda. Si no te importa, después cántale para que se reanime

Sin pensarlo un momento el hada roció a Harry con su polvo haciendo movimientos repetidos, como si de una coreografía se tratara, luego se posó en la almohada y entonces sonó una leve pero maravillosa melodía.

El mar y la tierra,

El fuego y el aire

Te darán paz.

Tú eres el guardián,

Tú eres la respuesta.

Sueña con el amor

De quien más te venera.

La luna en noche,

El sol en día

Te protege de cualquier

Mal que hay en tu vida.

Escucha mi canción,

Siente mi presencia,

Huele el aroma

De mi mágica existencia.

No temas por el presente,

Olvida el pasado ya,

El futuro solo existe

Para quien traiga la paz.

En ti confiamos

Las muchas criaturas

Que de la magia vivimos.

No te rindas ahora,

El amor está al llegar.

Tus sentimientos son fuertes.

Tú eres el guardián

Todos en la habitación escucharon la canción del hada. Ron muy nervioso abrazaba a Hermione, que lloraba en su hombro en silencio. Dumbledore reflexionaba sobre lo que había oído y sonreía levemente. La señora Pomfrey se secaba las lágrimas con un pañuelo ¡Había sido tan bonito y tan triste! Y al pie de la cama, en quietud, estaba Ginny. Ella lo miraba con los ojos brillantes, suplicando que él no la dejara, quería rodearle con los brazos, pero temía hacerle daño, ni una lágrima asomaba por sus ojos, simplemente era imposible que él se fuera, imposible...

Harry había entrado en coma clínico en la enfermería, sin apenas respiración, su corazón no latía y su cerebro daba signos de vida muy débiles. Habían hecho todo lo que estaba en sus manos. Albus y Poppy no sabían el porqué de su estado y eso no mejoraba la solución, no encontraban antídoto o remedio que le mejorara y su corazón no respondía.

Emy había llegado a Londres en la madrugada, se instaló en un hotel cerca del trabajo. A pesar de ser de noche ella llevaba las gafas de sol puestas, no quería que el conserje del hotel se diera cuenta que estaba llorando. Subió sus maletas a la habitación y no las desempaquetó. Se echó sobre la cama, lloraba sin parar, cualquiera hubiese creído que se la acabada de morir alguien ¿Por qué estaba así? Le vería en dos meses como mucho, recibiría correo de él. Harry iba a estar perfectamente en Hogwarts, con sus amigos, con Dumbledore, entonces por qué se le estaba partiendo el alma. Se durmió empapada en lágrimas.

Al día siguiente, cuando abrió los ojos, notaba como cada centímetro de su cuerpo le dolía, no podía respirar bien y sentía unas enormes ganas de vomitar. Se arrastró hasta el baño, metió la cabeza debajo de la ducha y se dejó caer. El agua empapaba su cabello y su cara, empotrada en el suelo de la ducha. Tenía que salir de allí o lo siguiente que harían sería encontrarla muerta en un baño de un hotel. Se incorporó como pudo y apoyándose en las paredes, cogió su bolso y se marchó. Llegó a la recepción con la cabeza empapada y rogó al recepcionista que la pidiera un taxi urgente. Se montó en él y, con un suspiro de aire, le dio la dirección del Caldero Chorreante, pagó al taxista 10 libras y entró en la taberna. Había pocas personas, pero en cuanto entró, todas se volvieron hacia ella. El dueño del local la conocía, había estado hace un mes allí, viendo en el estado en que llegaba, fue inmediatamente hacia ella, llegó justo cuando Emy se desplomó.

- Señorita ¿Qué le pasa? Señorita, reaccione

- Llévenme a Hogwarts, llévame con Harry a Hogwarts – y se desmayó

Sin pensarlo un minuto, la tomó en brazos, fue hacia la chimenea, echo polvos flu y entró en el fuego. Apareció en la chimenea de las tres escobas en Hogsmeade.

- Roberta, ayúdame, esta mujer tiene que llegar a Hogwarts lo antes posible

- ¡Válgame el cielo! ¿Qué le pasa?

- No lo sé, pero tenemos que llegar lo antes posible

- No te preocupes, nosotros no hacemos cargo – era el marido de Roberta y un amigo

- Mejor, por que tengo que volver, ya me diréis como ha ido todo – y se volvió por la chimenea

Dos hombres la llevaron en un carro guiado por caballos hasta las puertas de los terrenos. En aquel momento nadie entraba sin autorización. Llamaron al portón, gritaron para que les abrieran.

- NECESITAMOS AYUDA, SOCORRO, ESTA MUJER SE ESTÁ MURIENDO

Snape había ido a los invernaderos para avisar de lo ocurrido a Harry a Remus, que estaba con la profesora Sprout. Los tres se disponían a ir a la enfermería cuando oyeron los gritos.

- Pero ¿Qué sucede fuera? – Snape no sabía si debían abrir las verjas

- Dios mío, esa pobre chica – la profesora de Herbología la veía en brazos de aquel hombre

Remus salió corriendo hacia el lugar, casi se cae cuando vio a Emy, pero cuando Snape llegó, casi se muere de la impresión.

- ¡LILY!, REMUS, AYÚDAME A ABRIR EL PORTÓN – entre los dos magos lo abrieron y Snape cargó a la chica

En ese momento Emy abrió los ojos, todo estaba borroso, le dolía hasta el alma.

- Harry ya voy, aguanta, no me dejes sola de nuevo...

En la enfermería, todos miraban al muchacho para saber si los polvos del hada y la canción habían surtido algún efecto y a los pocos minutos Harry murmuró:

- Emy ¿Dónde estás? Emy vuelve, te necesito, Emy ¿Dónde estás? Siempre juntos...

La Señora Pomfrey le tomó los signos vitales y vio sorprendida que su corazón latía despacio, pero latía, los ojos de Harry se movían rápidamente, como en una pesadilla. La respiración se iba acompasando pero cada vez se agitaba más, si seguía así pasaría del coma a un ataque al corazón.

- Albus acaba de despertar del coma y ahora su ritmo cardiaco empieza a ser frenético, le va a estallar en corazón

- ¡Emy! Hay que encontrarla, llamar a Severus y a Remus para que la encuentren

En ese momento entraron en la enfermería cargando con ella en brazos. Snape la miraba muy preocupado por su estado.

- Director, la han traído dos hombres de la Posada de Las Tres Escobas

- Poppy junta una cama a la de Harry, pegadas. Severus, recuéstala en ella - ambos obedecieron y juntando las manos de Harry y Emy les dijo – Venga chicos ya están juntos de nuevo, siempre juntos

Como cuando se abrazaron el día de la cicatriz, al unir sus manos una luz blanca los envolvió. Comenzaron a elevarse de las camas y a inclinarse en posición vertical, uno frente al otro. La luz blanca les envolvía como si fuesen atados por un lazo, una y otra vez en espiral. Al cabo de cinco minutos, la luz se fue apagando para dar paso a cuatro espíritus que salían de ellos. Los profesores contemplaron atónitos como Los Fundadores de Hogwarts rodeaban a Harry y a Emy hasta que, como un estallido, salieron disparados cada uno hacia un punto cardinal. Después de la explosión, cuando los presentes volvieron a mirar, contemplaron como los enfermos se fundían en un abrazo.

- ¡Ya estás aquí! No me vuelvas a dejar, casi me muero de dolor – dijo Harry lleno de emoción

- No, cariño, a partir de ahora nunca nos separaremos, bueno no más de lo necesario – Emy lo llenaba de besos por toda la cara – Mi pequeño, pensé que te perdía, siempre juntos, siempre juntos

- Tía... tenemos espectadores – Harry, rojo de los pies a la cabeza, veía en la habitación a Dumbledore, Snape, Lupin, la señora Pomfrey, McGonagall, Sprout, Ron, Hermione y Ginny

- ¡AH! Lo siento, no he avisado de mi llegada ¿Qué tal? Soy Emily Evans, encantada – saludó ruborizada de los pies a la cabeza

- ¿Eso es lo único que se te ocurre decir después de la que habéis armado? – Dumbledore sonreía ampliamente

- Bueno, no... no sé, no ha sido mi intención crear molestias, es que me encontraba fatal sin él... Yo no sabía que esto iba a pasar – Emy miraba al anciano como disculpándose

- Ni tú ni nadie. Podéis bajar de la cama cuando queráis – Dumbledore alzó su mano para ayudar a la joven

- ¡Que situación más embarazosa! – Emy se reía a carcajadas por pura vergüenza

- Simplemente, Emy, no me creo que hace diez minutos estuvierais a punto de morir los dos y ahora te partas de risa – Remus estaba entre divertido y sorprendido

- ¡REMUS, QUÉ ALEGRIA! – Emy lo abrazó y le plantó un beso en la cara – Eres un adulto, es raro verte así, te recordaba haciendo de las tuyas con mi cuñado...

- Entonces ¿Qué diré yo? Tú tenías trenzas y vestiditos de niña pequeña – se reía Lupin encantado de verla

- Yo nunca he llevado vestiditos de niña pequeña ¡Exagerado! – Emy riendo miró a Snape y se presentó - ¡Ah! Supongo que usted es el Profesor Snape, es un placer conocerle – Emy le extendió la mano

- Encantado señorita...

- Emily Evans, como se habrá dado cuenta hermana de Lilian Evans y tía y tutora de Harry Potter – dijo enérgicamente

- Yo soy Minerva McGonagall es un placer

- Encantada, profesora McGonagall, mi hermana y mi sobrino me han dado referencias excelentes de usted, dicen que es una gran profesora

- Su hermana era un sol, gracias – Minerva McGonagall sonreía complacida por la presentación

- Usted es la profesora Sprout ¿Cierto?

- Sí, querida ¡Menudo susto que nos han dado! Todavía tiemblo

- Lo siento enormemente y permítame decirle que su articulo en la revista "abono y tierra" sobre las mandrágoras es excelente, es usted una gran investigadora

- Mujer ¡qué alegría! Una escribe esos artículos y piensa que nadie los leerá jamás

- Emy, esta es la Señora Pomfrey, la enfermera titular en el colegio – Dumbledore acercó a la joven para que la saludara

Emy no la dio la mano sino que la abrazó con tanto cariño y mimo, que dejo a todos pasmados.

- Señora mía, a usted le tengo que dar un millón de gracias por cuidar de mi Harry los días y noches que ha estado en la enfermería. Muchas gracias.

- De nada, es mi labor, es usted muy gentil

- Bueno, pues que yo vea sólo me quedan los tres muchachos – dijo alegremente mientras los miraba con atención

- Permíteme, estos te los presento yo – dijo Harry muy orgulloso de su tía – él es Ronald Weasley

- Es un placer, me puede llamar Ron – y le dio la mano

- Ella es Hermione Granger

- Tenía muchas ganas de conocerla, Emily – la besó en la mejilla

- Y por último, pero no por eso menos importante, ella es Virginia Weasley, es hermana de Ron. Estos, tía, son mis mejores amigos

- Encantada – Ginny la besó, estaba roja como un tomate por el comentario de Harry

- Tengo que hablar largo y tendido con vosotros muchachos, pero lo primero es que me llaméis Emy ¿Vale? – los tres asintieron – Me encantaría ver el castillo...

- Lo siento, Emy, pero lo primero es que subas a mi despacho. Minerva, Severus y Remus nos acompañaran

- ¿Entonces les veo en...?

- En el comedor ¿Cenas con nosotros? – Harry contestó veloz

- No, Harry, Emy cenará en la mesa con nosotros – se negó Dumbledore

- Hasta luego – guiñó un ojo a su sobrino

- Adiós

De la enfermería salieron todos los profesores dejando solos a los cuatro muchachos con la Señora Pomfrey.

- ¡ES PRECIOSA! Y TAN AMABLE – Ron suspiraba

- Sí, lo es, todo un encanto, todavía no nos has contado nada de tu verano con ella – agregó Hermione muy sonriente

- Ahora que está aquí, seré el mismo de siempre, siento haberos asustado y os lo contaré todo

Ginny miró a Harry a los ojos, él sonreía, ella ya no aguantó más la tensión mantenida y se marchó corriendo y llorando.

- ¿Qué le pasa?

- Ha estado muy preocupada y, sin embargo, ha estado a los pies de tu cama sin soltar ni una sola lágrima. Yo nunca la había visto tan fuerte, era como si te estuviera mandando energía o algo así.

- Hermione tiene razón, pensé que mi hermana caería destrozada al verte así, pero hemos sido los demás y no ella, no se ha movido ni un centímetro de tu lado, te ha secado la cara, ha ayudado a la enfermera, todo sin derrumbarse

- ¿Ah, sí? Ginny es muy fuerte e inteligente, yo lo sé – Harry recordó como había pensado en ella ayer - ¿Nos podemos ir?

- Sí, parece que estás perfectamente, pero hazme el favor de cenar bien esta noche, has perdido muchas energías y cualquier cosa vienes aquí ¿Vale?

- De acuerdo y gracias por todo ¡Hasta luego! – Los muchachos se fueron para el salón

- Buenas noches alumnos, como ya anuncié la asignatura de Estudios Muggle había quedado suspensa hasta que llegará el nuevo profesor, pues bien, quiero presentarles a su nueva profesora de Estudios no Mágicos, hemos rebautizado la asignatura a petición de la profesora, Emily Martín – Dumbledore esperó a que los aplausos de los escolares se terminaran para seguir hablando - La primera clase oficial será con cuarto curso mañana a primera hora, sin más que agregar ¡Qué aproveche, sigan cenando! – Dumbledore se sentó de nuevo en su asiento y continuó hablando con Snape

Emy estaba sentada al lado de Hagrid y de Remus y parecían que llevaban una conversación animada, ya que no hacían más que reírse. Harry no cabía en sí de gozo, su tía iba a ser profesora en Hogwarts, él ya había tenido la idea y seguro que Dumbledore le había hecho caso.

- ¿Por qué habrán dicho Emily Martín y no Evans? – Ron estaba confundido, hablaban muy bajo por instrucciones de Harry

- Creo que es para que la gente no descubra que es mi tía

- Eso tiene bastante lógica, además no te ha dirigido ni una mirada todavía – A Hermione le era obvio

- Entonces se supone que sólo lo sabemos quienes estabamos en la enfermería

- Y Hocicos

- ¿Hocicos?

- Sí, hace dos semanas estuvimos reunidos los cuatro, Dumbledore, Emy, Hocicos y yo

- Tienes que contarnos un porrón de cosas

- Pero aquí no, en la sala común ¿No ha bajado Ginny a cenar?

- No, que yo sepa

La profesora McGonagall se acercó a ellos y sin llamar excesivamente la atención, les indicó que fuesen al despacho del Director después de cenar, los cuatro. Tenían que darse prisa, ir a buscar a Ginny y bajar juntos a hablar con Dumbledore. La encontró Hermione, acurrucada en la cama.

- Hermione, déjame, quiero estar sola

- Ginny nos han llamado a los cuatro para hablar con el director

- Se me va a notar que he estado llorando

- No te preocupes – levantó la varita - "Limpus rostrus" ya está, no se nota nada

- Gracias, es verdad – dijo mirándose en el espejo - ¿Tú lo haces muy a menudo?

- No sé de qué me hablas – salieron del cuatro de las chicas y se juntaron con los chicos en la sala común

- Ginny ¿Qué te pasa? ¿Por qué no has bajado a cenar? – Preguntó su hermano

- No tenía hambre

- Tienes que comer, estás muy delgada, te he traído unos bollos ¿Por qué no pruebas unos mientras bajamos al despacho? Son de chocolate, tus favoritos – Harry los sacaba de los bolsillos para ofrecérselos a la pelirroja

Ginny miraba atónita a Harry ¿Desde cuando se había fijado en los gustos que ella tenía? Cogió uno y lo fue comiendo.

- Gracias, Harry

- "Limones a montones" – Hermione dijo la contraseña y Ginny casi se atraganta de la risa

- Este viejo loco pone unas contraseñas disparatadas – Ron se partía de la risa

- A mí no me parece mala – Harry también se reía pero por otro motivo. Llamó a la puerta.

- Adelante