15. Navidad en familia
Llegó el momento de irse a La Madriguera, metieron sus cosas en los baúles y los elfos se encargaron de transportarlos a través de la chimenea del despacho de Dumbledore.
- Es hora de partir ¿Estáis listos? – Preguntó Emy
- Sí – contestaron todos
- Bueno, Albus, nosotros nos vamos ya, gracias por dejarme pasar las Navidades allí – agradeció Emy
Se despidió de él con un beso en la mejilla y un gran abrazo. A los chicos les pareció muy extraño, era la primera vez que veían a Dumbledore abrazar a alguien tan cariñosamente.
- Pásatelo bien y no te preocupes por nada, los chicos te apoyarán en todo, eso sí, al menor problema mándame noticias ¿Vale? Nos vemos en pocos días – dijo el anciano con actitud paternal
- De verdad, Albus, gracias por todo
Uno a uno pasaron por la chimenea, Harry sería el anteúltimo, no le gustaba nada ir de ese modo pero admitía que era más rápido, así no perderían tiempo en el viaje. La madre de Ron les recibió con los brazos abiertos. Emy permanecía desde la discusión triste y preocupada pero en cuanto llegó allí, estaba encantada y se la veía entusiasmada por todo lo que se podía hacer con magia dentro de una casa. Le encantaba el método para fregar los platos, la escoba que barría sola, los cuadros con motivos móviles, las agujas de punto cosiendo un jersey, la cuchara moviendo la comida, el cuchillo cortando cebollas, se rió de lo lindo por ver el reloj de la señora Weasley, ella tenía uno igual en su cocina, claro que se lo había regalado la madre de Ron... En fin, todo le parecía maravilloso. Mientras Molly le enseñaba la casa, se la pasaba diciendo "Harry, mira esto" "Eso es genial" "¡Eh, qué divertido!". Cuando ya se conocía la casa, los chicos se ofrecieron a llevarla a conocer los alrededores. Fred y George estaban encantados con su invitada, Emy iba del brazo de Ginny paseando mientras ellos les explicaban anécdotas de su familia, a pesar del frío que hacía, el paseo fue inmejorable. Volvieron justo para poner la mesa y cenar.
- En España se celebra esta noche, la del 24 de diciembre, ellos la llaman Nochebuena, lo festejan casi más que el mismo día de Navidad. Es cuando las familias se reúnen alrededor de la mesa para cenar y compartir los buenos y malos momentos. Yo me acostumbré a esa tradición con los abuelos de Arabella Figg y luego en la universidad con algunos amigos, ya que la mayoría de la gente de allí vuelve a casa por Navidad – Emy se levantó de la mesa con la copa en la mano – Quiero proponer un brindis – todos se levantaron con la copa – Por vosotros, Arthur y Molly, por vuestra amabilidad, cariño y por haber educado a una familia tan estupenda – todos estrellaron sus copas y en la cara de la señora Weasley se asomaron dos lágrimas – ¡Eh, Molly! Alégrate, no te me pongas triste – dijo Emy sonriendo
- Es que no está acostumbrada a halagos, nosotros solemos tratarla a batacazo – dijo riéndose Fred
Realmente fue una noche especial, comieron hasta hartarse de todo, los señores Weasley estaban encantados de ver a sus hijos felices con sus amigos decorando el árbol de Navidad y luego practicando juegos de mesa, incluso Percy se olvidó de todos sus refinamientos y se lo pasó bomba. Jugaron al snack explosivo, a policías y ladrones y al Pictionary magic, a éste último se apuntaron chicos y mayores. Jugaban por parejas, Fred y George, los señores Weasley, Ginny y Hermione, Harry y Ron y, por último, Percy y Emy. Habían variado el juego para hacerlo más entretenido, si el grupo anterior había acertado elegían prueba, dibujar, gesticular o lectura de labios, todo las pruebas en el espacio máximo de un minuto. Harry y Ron lo hicieron bien y le mandaron a Percy gesticular la tarjeta que le tocara para que Emy lo adivinara. "Interferencias" ponía en la tarjeta.
- Esto no se puede indicar con gestos – se quejó Percy
- ¡Qué no se diga, Percy, tenemos que ganar a estos malandrines! – se reía Emy – Tú concéntrate y si no puedes expresar la palabra pues me la deletreas con movimientos
- ¡Eh, eso no vale! – dijo Fred
- ¡Ah, cada uno utiliza sus recursos! – contestó Percy. Comenzó a hacer gestos, indicando lo que parecía una especie de televisión
- Televisor – dijo Emy, Percy seguía, hacía como algo en la pantalla – canal de televisión, emisora, noticiario, programa... – Percy comenzó a hacer zigzag en la supuesta pantalla
- El tiempo se os acaba – dijo George maliciosamente
- ¡INTERFERENCIAS!
- ¡SÍ!
- Sois unos tramposos ¿Cómo lo has podido adivinar? lo que hacia era el payaso – se quejó Ron
Mientras los demás seguían, Emy le preguntó a Percy.
- ¿Al final de la prueba has dicho mentalmente la palabra?
- Sí, la repetía sin parar, jajajaja, como si hubieses podido escucharme – dijo Percy riendo
Lo curioso es que Emy lo había oído perfectamente, se concentró con todas sus fuerzas en adivinar todo lo que hacían los demás, y lo conseguía al cien por cien, incluso cuando le tocó a ella no quiso ver ni la tarjeta que tenía que leer, la tapó con la mano y algo en su interior le indicó que tenía que dibujar Africa, miró la tarjeta y allí esta escrita la palabra "Africa". Emy dibujó un globo terráqueo y antes de marcar los continente, le dijo mentalmente a Percy "África".
- AFRICA – dijo el muchacho
- Sí
- ¿Pero cómo lo hacéis? Ha sido en cuestión de segundos – esta vez era Hermione la que se lamentaba
- Bueno, por esta noche ha sido suficiente para mí, si me disculpáis voy a acostarme, mañana tengo que madrugar para cocinar un buen solomillo – se despidió Emy, dio un beso a las chicas, a Harry y se subió al cuarto
- ¿La has notado algo rara? – preguntó Ginny a Harry al oído
- Pues ahora que lo dices, sí. Mañana la preguntaré
- Debemos vigilarla, me tiene preocupada – indicó Ginny
- Así lo haremos, mañana la ayudaremos en todo ¿vale? – dijo Harry
Al rato, todos subieron a sus habitaciones para descansar, aquella noche se había alargado más de lo normal y al día siguiente habría mucho ajetreo. Por la mañana temprano, con la primera luz de la mañana, se levantó Emy, fue al servicio y se miró detenidamente en el espejo. Su aspecto era el de una mujer joven que no había dormido en toda la noche, sus ojeras eran pronunciadas, juraría que cada día pesaba menos, pero ella comía como siempre, tenía agujetas en los brazos como si hubiese estado toda la noche cavando, el pelo enmarañado y las uñas negras. Aquella era una de esas noches que no sabía dónde había estado, no se acordaba de nada, pero sí de que no se había acostado en esas condiciones. Se arregló como pudo, maquilló su rostro, se hizo un recogido en el pelo, se vistió y bajó a la cocina. Ni siquiera se acordaba que era Navidad, pasó por el salón y vio los regalos al pie del árbol, sonrió al recordar como el día anterior lo habían decorado, la casa se veía preciosa con los adornos navideños, fue a la cocina y empezó a preparar el desayuno. Le apetecían tortitas, así que juntó los ingredientes para hacer la masa. Al cabo de media hora bajó Molly.
- Mujer ¿Qué haces levantada tan temprano?
- No duermo bien y quería sorprenderte con el desayuno hecho. Seguro que hoy los chicos no tardan en levantarse... ya sabes, por eso de los regalos
Entre las dos prepararon la mesa para el desayuno y al cabo de unos minutos ya olía la casa a tortitas, pronto llegó el olor a las habitaciones y los muchachos se despertaron con el rico aroma.
- Ya es Navidad – dijo Ginny toda contenta desde arriba de las escaleras
- Los regalos, los regalos – repetía Hermione emocionada
- ¡Eh! no comencéis sin nosotros – exclamaba Ron
- Feliz Navidad – Harry estaba encantado
- Feliz Navidad – contestaron los gemelos frotándose los ojos y rascándose la cabeza
- Es que siempre tenéis que armar tanto jaleo – se quejó Percy
- Ni siquiera en Navidad se levanta de buen talante – se rió Fred
- El no sabe qué es eso – aseguró George
Todos se agolparon arriba de las escaleras para bajar a abrir sus regalos. Casi inmediatamente se amontonaron papeles de regalo en el suelo del salón. Emy y Molly, desde el quicio de la puerta, miraban, sonriendo, las caras emocionadas de los chicos viendo sus nuevos obsequios y observando sus rostros de sorpresa. Hermione tenía nuevos libros a montones, también complementos de ropa y un cofre precioso que todavía no había abierto. A Ginny le habían regalado de todo, libros, ropa, bisutería y también tenía un cofre igual que el de su amiga pero en otro color. La caja contenía unas indicaciones en su interior "Reglas de oro para tener un rostro impecable y bien maquillado" "Consejos prácticos para ser la reina de las fiestas". Abrieron los compartimentos y observaron que tenían todo tipo de cremas y productos de maquillaje. Al fondo del cofre había una nota escrita a mano "Vuestra belleza es infinitamente mayor a la que podáis obtener con esto, pero aún así pensé que os gustaría tenerlo. Os quiere, Emy".
- Me encanta, Emy, muchas gracias – le agradeció Hermione
- Y a mí, nunca me habían regalado nada de esto – Ginny se aceró a besar a Emy y a su madre por los regalos
Ron y Harry estaban encantados por el gran número de regalos que tenían este año. Ron se llevaba un Kit de cuidado para su escoba, el último libro de los Chudley Cannons, ropa, un libro para ser el mejor guardián, un surtido de todos los "Sortilegios Weasley" y un conjunto completo del nuevo equipaje de su equipo favorito los Chudley Cannons.
- ¡GUAU! ES ALUCINANTE ¿Quién me lo ha regalado?
- Creo que eso es de parte de Emy – dijo su madre
- Gracias, es genial – Ron fue a abrazarla y darla un beso
- Harry ¿Qué te han regalado a ti? - preguntó el señor Weasley en medio del revuelo
- Pues un poco de todo, juegos, ropa, libros, cuidados para mi escoba y mi padrino me ha enviado una mini cadena mágica y unos cuantos discos... y de momento es todo – miró a su tía preguntándose dónde estaría su regalo y entonces dentro de su cabeza oyó "No te lo puedo dar aquí, no sé como vas a reaccionar, está en mi habitación. Si te parece después de desayunar lo abres ¿vale?" Él contestó "De acuerdo".
Todos se sentaron a la mesa a comer los bollos y tortitas que se habían preparado. Charlaban animadamente entre ellos y se enseñaban sus regalos nuevos. Harry engullía la comida a toda prisa para poder subir a abrir su regalo, se moría de la curiosidad.
- Está claro que Harry se ha levantado con hambre esta mañana – dijo el señor Weasley
- Ya he terminado – dijo con la boca llena
- He pillado la indirecta, si nos disculpáis, Harry y yo tenemos un tema pendiente en mi cuarto – dijo suavemente Emy, levantándose de la silla
Los dos subieron a la habitación, ella sacó una caja mediana y rectangular, no estaba envuelta en papel. Se notaba que solo el estuche era de gran valor. Estaba recubierto de terciopelo escarlata y tenía incrustadas letras de color oro, había dos iniciales enlazadas arriba y otras dos abajo. Las de arriba eran una "J" y una "P" y las de abajo "G" "G". Harry lo admiraba con si fuese un gran tesoro, pasaba los dedos por las letras y por la tela, era suave y le hacía sentir una energía especial.
- Es curioso, todavía no lo has abierto – dijo Emy – Yo tampoco lo abrí cuando me lo dieron, solo lo miraba, como tú...
- ¿Qué es?
- Deberías descubrirlo tú solo
- No sé que me pasa... es que no me atrevo... –Harry se sentó en la cama al lado de su tía
- ¿Alguna vez te has planteado que pasa con las varitas cuando sus dueños las abandonan? – Emy le pasaba la mano por la cabeza acariciándole el pelo
- No
- Cuando un mago fallece, de cualquier forma posible, si la varita le ha elegido a él, puedes conservarla en una especie de altar, claro que éste ha debido ser creado con antelación a lo sucedido. Si la varita queda destruida, como por ejemplo pueda pasar en un duelo, el alma de la varita descansa dentro del cofre y si sigue entera, se guarda íntegramente en él – Emy observaba la reacción de Harry - Evidentemente creo que ya sabes que hay dentro...
- No entiendo ¿Para qué quiere el mago guardar su varita?
- Como herencia para sus descendientes, por ejemplo, incluso alguno cree que pueda volver y entonces poder utilizarla
- ¿Los magos pueden volver?
- Me temo que no...
- ¿Entonces?
- El cofre que está ahora mismo delante de ti tiene un valor incalculable y además esta lleno de poder – Emy suspiró – Te lo regalo para que sepas que confío en ti totalmente, no quiero que pienses que en mi afán de protegerte te voy a dejar de lado. Sólo puedes mostrárselo al resto de guardianes ¿Entiendes?
- Sí
- No tengas miedo, Harry, ábrelo
Harry deslizó el pasador lentamente con sus dedos, sus ojos brillaban intensamente. En las manos tenía el estuche de la varita que seguramente había usado su padre. Abrió la tapa y dentro había dos varitas paralelas encima de un almohadón de raso color escarlata con hilos dorados.
- Hay dos...
- Una es de tu madre y la otra de tu padre
- Tía... yo no sé qué decir – Harry observaba el regalo con los ojos llenos de lágrimas
- Tienes que prometerme una cosa – Emy se puso de rodillas delante de él, le cogió la cabeza con sus manos y le miró fijamente a los ojos – Prométeme que lo guardarás en un lugar seguro para que nadie lo encuentre, sólo se lo puedes decir a una persona que sea capaz de dar su vida antes que desvelar donde está... prométeme que por mucho que yo te suplique no me lo dirás, ni me lo darás
- Pero era tuyo ¿Por qué no habría de dártelo? – Harry no entendía la situación
- A partir del día uno, las cosas van a cambiar. Si yo tocara aunque sólo sea el cofre, mi poder lo absorbería y no sé que catástrofe podría pasar. Tampoco estoy segura que me pasa últimamente por las noches, no sé si estoy poseída o soy sonámbula... podría intentar hacerme con él sin ser yo realmente ¿Lo comprendes? – Emy le miraba fijamente a los ojos, Harry recordó la primera vez que los vio – El cofre también tiene su destino pero aún no ha llegado su momento, ninguno de nosotros puede tocar las varitas, cuando se lo enseñes a los chicos deben saber todo lo que te he dicho... Te quiero más que a mi vida, te lo juro, me duele quererte así y, sin embargo, te quiero... es lo que siento ahora... todo lo que hago, lo hago por ti... ahora y siempre
- Siempre juntos – dijo Harry suavemente
- Siempre juntos – repitió Emy abrazando a su sobrino – Y ahora voy a bajar para hacer la comida, hoy hay mucho trabajo, les diré a los chicos que suban aquí y se lo explicas... vete pensando un escondite – se levantó de la cama, fue a la puerta, se volvió, le guiñó un ojo y desapareció
- Haré lo que me pides, te lo prometo
A media mañana fueron llegando Charlie, Bill y los señores Granger. Los hombres se ocuparon de montar una caseta en el jardín, pusieron cuatro estufas en las esquinas para no pasar frío durante la comida. A Hermione le pareció buena idea alumbrar el lugar con lamparas llenas de luciérnagas. De la mesa se encargó Ginny magistralmente, parecía la presentación de un gran restaurante francés, poco a poco todo fue tomando forma, mientras en la cocina las tres mujeres preparaban las delicias que ese día iban a comer.
Cuando todo estuvo listo comenzó el banquete, justo a la hora perfecta en la que los chicos tenían hambre, la comida estaba deliciosa, no tardaron los halagos a las cocineras, incluso entre ellas, pero también se agradeció el ambiente tan especial que se había creado. Harry había tenido buenos banquetes en los últimos años, pero ninguno como ese, realmente todo era perfecto... solo faltaba una persona... echaba de menos a Sirius, si allí hubiese estado... habría sido una auténtica Navidad en familia.
