19. Falsas apariencias

- Lucius Malfoy va a venir a hablar con nosotros – Albus Dumbledore miraba a Emy por encima de sus gafas en forma de medía luna. Estaba sentado detrás de su mesa del despacho con el rostro preocupado, sabía que las cosas se estaban acelerando poco a poco pero, de momento, no convenía que descubriesen la formación de la estrella

- Dumbledore, por nada del mundo quiero que ninguno de Los Guardianes le vean y quizá yo tampoco le debería ver...

- Eso va ser imposible, Emy, viene a aclarar lo sucedido y quiere hablar contigo... Deberías utilizar todos tus encantos para desviar la atención ¿No sé si me entiendes?

- Perfectamente, sacaré mis dotes interpretativas si no me queda más remedio, las conjuntaré con mis... encantos – respondió ella sarcásticamente

- Esa es mi chica, ha avisado que vendrá después del almuerzo, así que ve a decir a los chicos que no salgan esta tarde de su sala común y prepárate para el espectáculo

- Está bien, hasta luego, Albus

Emy avisó a los chicos de la visita y Harry se puso muy a la defensiva.

- Ese capullo es peligroso, tía, tienes que andar con mucho cuidado

- Dejadme a mí este asunto, le despacharé como él se merece – dijo mordazmente

Emy se vistió, después de comer, con sus mejores galas de bruja, que marcaban bastante su figura, se puso unos tacones de vértigo, se alargó el cabello con un hechizo y lo peinó perfectamente. Maquilló su rostro de forma sutil pero muy sensual y bajó a encontrarse con el mortífago. Lucius Malfoy estaba en la entrada al castillo, con cara de pocos amigos, diciéndole unas cuantas palabras a su amado hijo Draco. Emy lo vio y comenzó su actuación, rezó para que todo saliera bien y no se cayera con esos tacones por las escamadas escaleras. Se hizo ver y notó como el señor Malfoy clavó su mirada en ella. Sin duda, se la hubiese comido no sólo con los ojos.

- Buenas tardes, usted debe ser el Señor Malfoy, padre de Draco

- Buenas tardes señorita, así es, soy Lucius Malfoy y ¿Usted?

- Soy la profesora Martín y creo que soy la responsable de que esté usted aquí – Emy miró fijamente a Draco, que la devolvió una intensa mirada de odio – Si no le importa, me gustaría que hablásemos a solas

- Será un verdadero placer

- Me dirigía a los invernaderos ¿Le gustaría acompañarme?

- Por supuesto – Lucius marchó detrás de ella como si de un perro babeante se tratara, no sin antes echar una mirada a su hijo de decepción e ira

- Esta situación es muy incómoda para mí, ya que es mi primer año como profesora en Hogwarts y nunca había tenido ningún problema con ningún alumno, así que es usted mi primer padre – dijo Emy melosamente

- Para mí es decepcionante que se haya producido esta situación con mi hijo pero estoy seguro que él ha sido una víctima más. Por otro lado, me siento encantado de ser el primer padre con el que habla – Lucius la miraba de arriba a abajo devorándola con los ojos

- Sí, ya me ha puesto el director al corriente y por eso siento que haya venido inútilmente

- Ahora sé que no ha sido inútilmente

- Por favor, señor Malfoy, me sorprende. Estoy muy abrumada con el hecho que a su pobre hijo le hayan hechizado para cometer un acto tan atroz, sin duda ha debido ser... Voldemort o alguno de sus partidarios

- Es usted muy valiente al pronunciar un nombre tan temido y respetado

- Quizás por eso lo pronuncio, porque ni le temo ni le respeto – Emy clavó sus ojos al decir esto y esperó la reacción de Malfoy

- Repito... es usted muy valiente o más bien una inconsciente, al fin y al cabo Quien-no-debe-ser-nombrado dicen que murió, pero últimamente no se sabe con certeza...De todas formas, yo creo que ha sido un compañero suyo el que ha hechizado a mi hijo, quizá ese tal Potter...

- ¡OH, NO! Yo no creo que esté muerto, los acontecimientos no demuestran que lo esté... pero no desviemos el tema... El caso es que la situación de su hijo ya ha sido aclarada y me alegro... Investigaré personalmente si algún otro alumno ha tenido algo que ver

- Le aseguro que Draco es un buen chico y muy obediente

- De eso, Señor Malfoy, nadie me tiene que convencer – Emy cambió el tono de voz pero al darse cuenta de que había sonado muy sarcástico, sonrió de nuevo y se atusó el pelo coquetamente

- Me alegro... sabe usted, se me parece mucho a alguien

- ¿Está ligando conmigo? Esa frase ya está muy oída – soltó una risita mientras pensaba que se iba a morir de asco si seguía con eso

- No, no, es que quizá conozca a algún familiar suyo, un primo o algo así

- Me temo que eso es imposible, mi padre era hijo único y mi madre perdió a su hermano, que no dejó descendencia, quizá solamente es que tengo una imagen común

- No tanto, señorita, es usted una delicia, no parece ser de sangre...

- Yo soy de sangre limpia, señor Malfoy, toda mi familia lo es – fingió orgullo al decirlo para terminar de dar la estocada al mortífago

- Eso es fabuloso, se le nota enseguida... ese porte, esa educación y saber estar pero... ¿Entonces por qué enseña esa asignatura?

- Alguien debía hacerlo ¿No cree?

- Claro, lo importante es ser profesora de este colegio

- Veo que lo ha entendido y ahora, si me disculpa, tengo trabajo en el invernadero – Emy alargó su mano, con guante, y se la ofreció cortésmente para que se la besara – Ha sido un placer

- Sin duda alguna, el placer ha sido todo mío – Malfoy la miró mientras la besaba la mano como queriendo invitarla a pasar una noche de pasión con él

Emy entró en el invernadero y esperó a que se alejara el señor Malfoy. Desapareció del invernadero para situarse al lado de Dumbledore en su despacho.

- Me siento una burguesa barata ¡QUÉ asco! – Emy se limpió las manos como para borrar el beso en su guante

- Lo has hecho muy bien, se marcha tranquillo pensando que el problema está resuelto, otro tema será lo que le haga a su hijo pero eso ya es entre los dos

- He puesto a Harry al corriente de su situación con la señorita Chang, le he pedido discreción y que investigue todo lo que pueda

- No se lo habrá tomado muy bien

- Mejor de lo que pensaba, creo que su instinto se lo estaba diciendo, gracias a Dios que no está enamorado de ella, por que sino tendría un verdadero disgusto

- ¿Lo dices por experiencia? – Albus la miraba tiernamente

- Tienes mucho peligro con tus preguntitas – Emy seguía sonriendo pero había apartado la mirada

- ¿Lo sabe Harry?

- NO, la pregunta es ¿Qué sabes tú?

- Yo no sabía nada hasta el día de la cabaña y luego lo corroboré el día de la ceremonia

- Me están esperando... debes disculparme – Ella estaba a punto de estallar, le había pillado el tema de sorpresa y no estaba reaccionando bien

- No te preocupes... todo llegará

- ¿A qué te refieres? Sabes... mejor no me lo digas, me tengo que ir. Cualquier novedad te aviso – Emy sonrió y salió del despacho

Una vez en el pasillo respiró profundamente para calmar sus nervios, Dumbledore se había dado cuenta... lo mejor era no pensar en el tema, no pensar...

- Profesora Martín, a usted estaba yo buscando – la voz silbante de Draco era inconfundible

- ¿Qué le ha pasado? – Emy miraba el mal aspecto del ojo y la mejilla del muchacho

- ¿Le importaría que hablásemos en su despacho?

- Para nada, venga por aquí

Emy condujo al muchacho hasta su despacho, entraron, tomaron asiento y Emy ofreció una taza de té al alumno, Draco la rechazó sin ningún miramiento.

- Iré al grano, profesora, usted es la culpable de mi estado actual y de que me vea obligado a hacer esto – Draco alzó su varita – "Imperius"

El rayo salió disparado hacia Emy que sólo puso la mano delante de éste, deteniéndolo como si de la fecha de juguete de un niño se tratara.

- ¿Y se pude saber quien te ha obligado a hacer esto? – Emy miraba desafiante a los ojos atónitos de Draco, mientras jugaba entre los dedos con las chispas del rayo

- ¿Cómo? Eso no es posible... usted no ha sacado ni siquiera su varita... usted cambió la escena...

- ¿Entonces admites tu culpabilidad?

- Después de ver esto, sé que usted cambió la situación para que todo saliera mal, sabe perfectamente lo que hice

- Pero no sé por qué lo hiciste

- Eso no se lo diré – Draco sonrió malévolamente

- ¿Estás seguro? – Emy dejó de jugar con las chispas para atraparlas en su mano y dirigirlas hacia Draco, que le estaba cambiando la cara por momentos

- Sin duda alguna es usted muy poderosa, mi Señor lo sabrá

A Emy aquella respuesta no le gustó demasiado. Paró el tiempo con el "Totus Inmobilis" para pensar mejor. Tendría que desmemorizar a Draco para que no supiese de su poder y no fuese con el cuento. También pensaba que sería fantástico poder disfrazarse de Voldemort para confundir a Draco y hacerlo creer que su señor ya estaba enterado de todo, por estar de incógnito en el castillo. Ella no sabía que aspecto tendría ahora, aunque seguramente Draco tampoco lo supiese, no podría arriesgarse, pero la idea no era mala... y si ella se convertía físicamente en un mortífago encapuchado al servicio de Voldemort... un agente espía por orden directa del Señor Tenebroso. Emy no se lo pensó ni un momento más, deshizo el hechizo inmovilizador y se transformó delante del alucinado muchacho que veía como frente a sí tenía a un mortífago del mismísimo Señor Tenebroso.

- Tu Señor ya lo sabe, joven Malfoy, lo que no sabe es por qué no se han cumplido las órdenes que mandó

- Esto no es posible... usted... la profesora Martín...

- ¿Acaso no sabes el gran poder que puede alcanzar la mano derecha de tu Señor?

- ¿Cómo sé yo que eres quien dices ser? Si fuese un mortífago, no me hubiese impedido hechizar a Ginny

- Veo que la inteligencia no es tu fuerte. El hechizo que ibas a emplear es bastante fácil de seguir la pista y te hubiesen descubierto en un par de días, a lo sumo... si no me equivoco, no es esa tu misión – Emy se jugaba el As que le quedaba

- No le pienso decir cual es mi misión... no creo que sea más que una simple jugarreta de profesora sangre sucia acobardada... Usted no me da miedo

- ¿Así que crees que como voy disfrazada de dulce pero provocativa profesora, me voy a acobardar? Siento decirte que estás equivocado – Emy abrió el puño y dejó escapar las chispas del hechizo de Draco

El muchacho rubio calló al suelo de inmediato. Emy comprobó que la mente se le dividía en dos y que podía controlar a ambas. Ordenó a Draco apuntarse con su misma varita en la sien.

- ¿Y si te mandara que te lanzaras la maldición imperdonable y caes de bruces aquí mismo? Después te puedo convertir en piedra caliza, darte una patada, deshacerte en pedacitos, barrerte y tirarte a la basura... nadie te encontraría

A Draco, tirado en el suelo delante de Emy, se le confundían en la cara las gotas de sudor con las lágrimas, estaba aterrorizado y eso hacía que no pudiera controlar su mente... estaba a la merced de aquel mortífago. De repente, las voces en su cabeza cesaron y su cuerpo volvía a obedecer a su mente. Emy estaba allí de pie convertida en lo que más odiaba y disfrutando con aquella escena, estaba siendo extremadamente cruel y prácticamente le había salido solo. Se dio cuenta que estaba disfrutando con la situación, inmediatamente rompió la concentración e intentó disimular lo máximo posible, ya que estaba aterrorizada por lo ocurrido.

- Mi señor... lo siento... haré lo que me ordene...

- Tu misión...

- A mí me es imposible embaucar a la señorita Weasley pero puede mandarme cualquier otra tarea, haré lo que me mande, sembraré el caos en el colegio, mataré a Potter si lo desea...

- Ni se le ocurra tocarle un pelo... POTTER ES DE MI SEÑOR

- Sí, Señor, ¿Quiere que llame a Cho Chang para que comparezca delante de usted?

Emy pensó que ella no debía saber nada de esto, ya que estaba segura que Harry le había dicho que se llevaba muy bien con ella.

- Creo, Malfoy, que nuestra intrusa juega a dos bandas y no quiero que sepa de mi presencia en el colegio... por lo que respecta a su padre, yo mismo le mandé que le diera su merecido por haber sido tan estúpido y fallar en algo tan tonto como conquistar a esa insignificante cría, así que no sé cómo podrá desempeñar otras funciones... quizá lo mejor sea deshacerme de usted...

- NO, NO, NO, NO... créame yo le serviré en lo que me pida

- De momento, su padre no debe saber nada de esto, tendrá que sufrir el castigo por no haber informado a nuestro Señor de lo sucedido en el colegio... Estoy pensando mandarle que se encargue de espiar a Cho Chang y saber si juega a dos bandas, también me informará de los movimientos del Profesor Severus Snape cuando "Emy" no esté con él ¿Entendido?

- Sí, Señor

- Me pasará la información en las redacciones que mande hacer en los próximos talleres ¿Está claro?

- Sí, Señor

- Si se le ocurre decir una palabra de esto a alguien me suplicará el "Avada Kedava". Y ahora desaparezca de mi vista

- Sí, Señor

Draco salió conteniéndose las lágrimas por el miedo que había pasado, se fue corriendo por los pasillos hasta su sala común, sin ni siquiera detenerse a hablar con sus dos matones. Se quedó en su cama el resto del tiempo hasta el día siguiente, cuando llegó la hora de regresar a las clases. Emy se lo contó todo a Dumbledore, incluida su preocupación por haber sido tan cruel disfrutando de ello. El anciano reflexionó la nueva situación y calmó a la profesora.

- No debes preocuparte por lo ocurrido... al fin y al cabo tú eres La Unión de Las Cuatro Sangres... – Albus se quedó un momento en silencio para pensar bien cómo iba a decir lo siguiente – Cuando hablamos en la cabaña, me comentaste las etapas que habías sufrido de temperamento y si no recuerdo mal, tu abuela te insinuó que, después de su muerte, debías entrar en otra etapa

- Sí, así es

- Creo que ya has pasado por todas las etapas, Slytherin, Ravenclaw, Hufflepuff y Gryffindor... Pienso que se te han quedado parte de sus particulares características, aunque no se te debe olvidar mantener tu propio equilibrio. De verdad no merece que lo des más vueltas

- De acuerdo, Dumbledore, te haré caso... como siempre – Emy sonrió al anciano como dándose por vencida

Más tarde Remus, Arabella y los Guardianes fueron puestos al corriente, entre todos trazaron planes para poder mantener oculto todo aquello. Emy seguía muy sería y preocupada. Harry no sabía muy bien cómo enfrentarse a la situación cuando se hallaba delante de Cho. Él no debía dar muestras de saber nada pero a su vez tenía que investigar la actitud real de su "novia". En el partido de Quidditch que enfrentó a Ravenclaw contra Hufflepuff, Harry dijo la vieja mentira de que se encontraba mal, incluso tuvo que ir a la enfermería para que le viera la Señora Pomfrey, que por cierto le tuvo en cama media tarde por encontrarle una infección bucal. El temperamento del muchacho últimamente era muy cambiante y sus amigos sabían a qué era debido pero debían mantenerse en silencio. Ginny se había alegrado en principio de la traición de Cho pero luego se dio cuenta que, ya que ella no era su novia, hubiese preferido que lo fuese una chica que realmente quisiera de verdad a Harry, nunca le habría deseado ese mal a él.

El mes de marzo llegó con el anuncio de otro baile para la noche del veinticinco y también se anunciaron las clases de baile para los próximos talleres de los sábados. Aunque Harry no solía acudir a las clases de su tía, esta vez no pudo negarse, Cho quería ir a toda costa a esas clases para "aprender" pasos de baile. Harry estaba convencido que era para que ella se luciese en clase con él... cada día soportaba menos aquella situación. Cho buscaba cualquier oportunidad para pavonearse de ser la novia del famoso Harry Potter, cosa que él odiaba, veía como miraba por encima a las chicas que la observaban, según ella con envidia y estaba convencido que, las simpatías que él podría ejercer sobre cualquier alumno, Cho las borraba con su soberbia. Sin duda alguna, aquella situación le estaba perjudicando. En la cena del sábado, Harry estaba vigilando disimuladamente la discusión que Cho mantenía con sus amigas en la mesa de Ravenclaw.

- Es que no tenemos suficiente, una vez al año, con comernos la cabeza, para ver a quién invitamos al baile sin que nos dé calabazas, que encima ahora lo volvemos a repetir pero esta vez para ir también a los famosos talleres de tu...

- De la Profesora Martín – interrumpió Hermione a Ron – Si esa es tu opinión ¿Por qué vas a ir? Sigue entrenando al Quidditch los sábados por la mañana, como hasta ahora

- A mí me ha obligado a ir Cho – se quejó Harry

- ¡A claro! Y como Ron tiene que estar a tus faldas todo el día, pues él también va a ir aunque no quiera – dijo Hermione, había tenido un día terrible y lo estaba pagando con sus amigos

- PUES NO, LISTA... te iba a pedir que fueses mi pareja de baile pero desde luego que prefiero quedarme entrenando al Quidditch, con o sin Harry, a tener que bailar contigo en una clase o en un baile de verdad – Ron estaba que echaba fuego por la boca, no le había gustado la insinuación de "calzonazos" que le había lanzado

- ¿Ahora vas de perdonavidas? Como si me tuviese que poner a llorar porque no voy a bailar con el gran Casanova Ron – Hermione sacó el tono más sarcástico y burlón que pudo

- ¿Sabes qué? Que no te aguanto más por hoy, prefiero perderte de vista así que... ADIOS – Ron se levantó y atravesó el Gran Comedor rojo de ira

Hermione le observó mientras se marchaba, la había dejado helada ¿por qué era Ron el detonante de la peor versión de sí misma? Se fijó en un grupo de chicas en la mesa de Hufflepuff y vio como le miraban atentamente embobadas, soltando luego risitas de adolescente con exceso de hormonas. Eso aún la puso más furiosa.

- La verdad es que no sé porqué estáis todo el día peleando, por cierto cada vez por una tontería mayor – Harry se quejaba y con razón

Hermione le miró un momento hasta que sus ojos se pusieron muy brillantes, cogió sus cosas y salió de allí con destino a su habitación. Harry se quedó hablando con los gemelos hasta quedar los últimos. Fred y George le habían hecho olvidar los malos rollos hablando de Quidditch, de la futura tienda y de aventuras. Los tres subieron juntos a la sala común y allí siguieron hasta la media noche, que los gemelos se despidieron para irse a dormir, Harry se quedaba un rato más sentado en un butacón frente al fuego. Al rato bajó Ginny.