Hey, hey ya estoy aquí. Parece ser que la historia os hay llamado la atención… Me Gusta jajajaja. Bueno, no me paro mucho aquí que he de seguir estudiando. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.

A la mañana siguiente abordé a Carly en cuanto la vi en el pasillo del instituto. Las audiciones para el grupo eran el sábado y estábamos a jueves. Necesitaba su opinión urgentemente.

-¡Carlangas! ¡I need your help!

-Dime… No espera, antes de que hables. Siento haberte hablado así ayer pero ya sabes cómo me pongo cuando estoy con Gibby.

-Tranquila, no me lo he tomado a malas, te pones echa una bestia parda cuando estáis juntos y luego vuelve la Carly dulce que no mataría ni a una mosca.

-Exacto, pero me sigue sabiendo mal ponerme así. Bueno, ¿para qué necesitas mi ayuda?

-Sabes y de sobra que me encanta la música y todo eso ¿verdad? – Ella asintió – Y también sabes que me muero de ganas por estar en un grupo y darlo todo encima de un escenario ¿verdad? – Volvió a asentir – Pues resulta que ayer mientras iba hacia mi casa encontré… mejor dicho, me encontró un folleto que decía que…

-Espera, espera, ¿te encontró? – Preguntó Carly levantando una ceja en gesto de incomprensión absoluta.

-Se me estampó contra la cara por culpa del viento. El caso es que en el folleto decía que este sábado un grupo en busca de cantantes hace audiciones y…

-Te mataré si no te presentas – Me amenazó ella – Juro que te mataré. Es una oportunidad entre un millón Sam, y tú lo sabes más que nadie. No es como un concurso que si no te cogen esta edición te presentas al año siguiente y ya está, no. Es un o vas o te arrepientes toda la vida.

-Está bien. Necesitaba tu consejo para asegurarme de que no iba a cometer una locura al presentarme.

-Ni locura ni nada, cantas de maravilla y tienes mucho carisma, eso a la gente le encanta. Además de que tú y yo sabemos lo que te haría si fuera hombre o lesbiana y si no estuviera con Gibby.

-Pero… pero yo pensaba que nuestro amor no había muerto Carly – Dije sobreactuado mi tristeza, como si de verdad hubiera roto con Carly, quien había empezado a reírse.

Entonces sonó la campana y de mala gana nos dirigimos a nuestra clase de literatura. Me gustaba aquella asignatura, pero nadie va con ganas a ningún sitio a las 8 de la mañana.


El resto de la mañana se pasó… lenta como siempre. No paraban de hablar de los exámenes para acceder a la universidad que iba a hacer en mayo, de los exámenes que íbamos a tener, trabajos, deberes… Y para colmo yo tenía en mente las audiciones del sábado. No sabía que canción cantar. Sin duda esa tarde me esperaba una sesión de busca y captura en la lista de reproducción de mi iPod.

-¿Te vienes conmigo a Zumolandia a tomar algo? – Me preguntó Carly cuando llegamos a la calle.

-No sé, tengo que pensar que voy a cantar el sábado.

-Vamos – Dijo en todo suplicante poniendo ojitos de cachorro – Nos tomamos algo, te despejas la cabeza y luego te vas a buscar la canción. Sabes que te ayudaría pero yo soy más de Lady Gaga.

-Está bien – Resoplé dándome por vencida. No valía la pena resistirme.

-Genial, te invito yo.

-¿A qué estamos esperando?

Zumolandia estaba a unos 15 minutos de Ridgeway, el instituto donde estudiábamos las dos, y era el sitio más psicodélico y alucinante que existe en el mundo. Las mesas tienen formas triangulares y circulares y todo está pintado con colores chillones. Y luego está T-Bo. Es el dueño. Un tipo jamaicano de pura cepa, con unas rastas que le llegan hasta el final de la espalda, le encanta el reggae y siempre lleva un palo en la mano. Un palo con cosas clavadas para venderlas. Pepinillos, tacos, pollos, pimientos, de todo. Carly me contó que antes vivía en el piso de arriba, pero que ahora vive en casa de su vecino, a quién todavía no tengo el gusto de conocer.

-¿Lo de siempre chicas? – Nos preguntó T-Bo en cuanto entramos en el local.

-Sí.

-Y para mí una hamburguesa doble con patatas – Grité - ¿Qué? Tengo hambre – Me defendí cuando Carly me tiró una mirada asesina.

-Siempre tienes hambre cuando pago yo.

-Tengo que aprovechar ahora que estás generosa.

-Más vale que te la comas toda sino…

-No te haces una idea de lo mal que ha sonado eso – Dijo sin poder aguantarme la risa. ¿Qué? Os dije que le veía el doble sentido a todo.

-Pareces un tío, solo piensas en eso.

-No me hables de pensar en cosas sexuales que me parece que en eso me ganas.

-Bueno, cambiemos de tema – Sentenció ella rodando los ojos – Te presentas seguro a las audiciones ¿no?

-Totalmente seguro – Contesté con la boca llena de hamburguesa y patatas.

-Tendré que arreglarte y acompañarte. Creo que desde hoy soy tu asesora de estilo y tu representante.

-No me vas a arreglar. Voy a ir como voy siempre, lo que les tiene que impresionar es mi voz no mi físico.

-Pero…

-No.

-Solo un…

-No.

-Una…

La miré con cara de ¿me estás tomando el pelo?

-Vale. Pero al menos ponte un poquito de raya en los ojos. Los tienes azules y eso te los resalta.

-Veremos. Bueno – Dije mirando la hora en mi teléfono – será mejor que me vaya, voy a tener una tarde muy larga y cuánto antes empiece antes acabaré.

-Hasta mañana.


Freddie P.O.V

Freddie. Ese soy yo. Freddie y punto. Ni Fredward ni nada. Freddie. Odio que la gente me llame por mi nombre completo. Alto pero no demasiado, castaño, ojos color café… Me gusta ir al gimnasio, cosa que ha hecho que mi cuerpo haya mejorado mucho con los años y que muchas chicas, que antes no sabían de mi existencia, ahora babeen por mí.

No me malinterpretéis, no soy un creído. Es más, todas esas chicas son superficiales, pijas, que solo compiten por tener el novio más guapo y llevar la ropa más cara. Tuve una novia así hace un año. Se llama Maggie, y como he dicho, solo se miraba el ombligo y me hacía ser quien no soy, ser todo lo contrario a mí.

¿Cómo soy? Pues soy un chico al que le encanta la música. Soy un rockero nato, toco la guitarra en un grupo que por ahora no tiene nombre. También me gusta la informática, pero no soy un friki que hace maravillas con el ordenador.

A parte de los miembros de la banda, de los cuales 2 iban a mi misma clase, solo tenía tres amigos fuera del instituto. Carly, su novio Gibby, con quien iba tres días a la semana al gimnasio, y Spencer, el hermano mayor de Carly.

Justo en ese momento me dirigía a Zumolandia para hablar un rato con ella. Siempre estaba allí después de clase. Al llegar a la puerta del local, una chica rubia salía de allí mirando la pantalla de su iPod. La dejé pasar sin mirarla mucho y luego entré para encontrarme con mi mejor amiga.

-Yellow Carly – La saludé como hacía siempre.

-Hola Freddie, ¿qué tal te ha ido el día?

-Muy bien la verdad. Por fin hemos terminado de colgar los carteles para las audiciones del sábado.

-Ya era hora, estabas sumido en ello. ¿Creéis que irá mucha gente?

-No lo sabemos. Tirando por lo bajo creemos que se presentarán entre 20 y 50 personas. La gente que nos ha visto tocar en la nave del puerto lo ha ido diciendo por ahí, pero no sé… Veremos que pasa.

-La verdad es que eráis muy bueno, es una lástima que Doug os haya dejado…

-Te repito que no nos dejó, lo echamos. No nos convenía tener un cantante tan irresponsable. Se olvidaba de aprenderse las canciones, se trababa en medio de los conciertos, por no hablar de las cantidades de cerveza que bebía antes y después de actuar y de que siempre llegaba tarde a los ensayos – Dije un poco alterado.

-Vale, vale, lo habéis echado.

-Sabes lo mucho que significa la música para mí Carly. Quiero hacer algo grande para que todos me recuerden. Sé que no vamos a hacer una gira por toda Europa, es más, no sé si el sábado daremos con un cantante lo bastante decente, pero… aunque sea una gira por ciudades para darnos a conocer y puede que así nos fichen y grabemos un disco.

-¿Cómo está la chica más preciosa de todo Seattle? – Oí la voz de Gibby a mis espaldas.

-Hola amor – Saludó ella en tono cariñoso.

Entonces empezaron una sesión de miraditas, mimos, caricias y empalagosidades que hacían que me entraran ganas de vomitar arcoíris. Me aclaré la garganta para tratar de llamar su atención de nuevo.

-Que os pongáis en ese plan no ayuda a acabar con mi complejo de sujeta velas.

-Enserio – resopló Gibby – Un día te tienes que ir tú con Sam de pesca a una discoteca y yo me lo llevaré a él, a ver si así nos dejan tranquilos – Y tras su discurso se quitó la camiseta y la tiró al suelo con cara de pocos amigos.

-Siempre sale esa tal Sam. Quiero conocerla.

-Lo raro es que no la hayas conocido ya. Siempre está en mi casa.

-Pero si está cuando estoy ensayando, estudiando o en el gimnasio las posibilidades de que la vea son nulas.

-Pues la próxima vez que venga a mi casa, te llamo y la hago esperarse hasta que vengas para que os conozcáis.

-Me parece bien.

-Una vez le di a mi padre una lata de cerveza agitada y cuando la abrió, se mancharon hasta las paredes – Soltó de pronto Gibby en tono divertido.

¿Os he dicho ya que el noventa por ciento de las cosas que dice Gibby no tienen nada que ver con el tema del que se está hablando? ¿No? Pues os lo digo ahora. No tienen nada que ver. NADA.

-Dejémoslo estar. Me voy a casa a estudiar que mañana tengo un examen. No lo hagáis con demasiado ímpetu que mañana Carly tiene que andar con normalidad.

-Vete a la porra Freddie – Gritó Gibby lanzándome una patata frita a la cabeza.

Al llegar a mi casa, mi madre no estaba, posiblemente seguiría en el trabajo. Eso significaba que podría poner la música a todo volumen para poder evadirme de todo. Miré el corcho con fotos y recuerdos que tenía colgado en la pared de mi habitación, y fijé la vista en el cartel de las audiciones. ¿Le pondríamos cara a nuestro nuevo integrante el sábado? Y más importante todavía…

-¿Qué le tiene preparado el futuro al grupo?


Hasta aquí. Sé que en estos capítulos no está habiendo mucha acción, más que nada por que en los primeros capítulos no suele pasar mucho, me estoy centrando más en presentar a los personajes. Así cuando acabe con los exámenes, puedo empezar con lo más interesante y con las canciones y tal.

También sé que no son muy largos, pero si vosotros tuvierais en mente todo el Corpus Bajtiniano (y no, no es un insulto) tampoco escribiríais capítulos muy largos.

En fin, espero que os guste este capítulo y que, como siempre, dejéis vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Besos.