Hola… Soy nueva acá… espero que les guste. Es el primer fic que hago. Nos vemos pronto.


CAPÍTULO 1

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Cuando llega ese momento en el cuál lo tienes que ver de nuevo. A esa persona que tanto daño te ha hecho. Y miras con desdén que no basta con ser la persona de tus desgracias… En este preciso momento… en este preciso instante… le debes tu libertad.

Mimi Tachikawa nunca había sentido tanta ansiedad en su vida. Jamás había tenido tantos sentimientos encontrados que no podían salir.

"Señorita, ya es hora de irse" Dijo una de las policías.

"Mimi! Mimi! ¿No estás feliz? Te irás a casa! Con tu familia!" ¿Cuál familia? Sonrió con burla. Ya no quedaba nadie a quien ella quisiera ver. "Es increíble que tu sentencia se haya reducido tanto, estoy muy emocionada por ti! Oye… sabes que mi casa siempre está a la orden no puedes considerar irte a vivir con nosotros?"

Mimi la miró a los ojos y sonrió con ternura. Algo que hace muchos años no hacía.

"Yolei… en verdad me encantaría estar con ustedes. Ken y tú han sido lo único que tengo en estos momentos y que siempre han estado ahí para mí" Sin embargo su mirada se ensombreció Cuánto lo desearía. "Pero mi sentencia no ha terminado… me dieron libertad condicional y parte del trato es quedarme con la persona a la que le debo mi libertad" Maldita sea.

Yolei pareció meditarlo… Mimi parecía ¿asustada?... Deseaba con todo su corazón que después de 3 años de todo el sufrimiento por el que la vio pasar, después de ver como todos sus amigos, familia e incluso su propio esposo le daban la espalda… su historia tuviera un final feliz. Pero con cada día que pasaba solo veía esa sonrisa falsa en su rostro y como sus ojos se nublaban con tanta rabia. De igual modo agradecía a la persona que le hubiera dado su libertad así fuera en esas condiciones… pero….

"Oye… en todo caso… quién es esa persona?" Mimi la miró de lado y sonrió de nuevo con esa mueca ladeada. No te lo imaginas …Pensó su amiga mientras caminaban a la salida.

Mimi solo le señaló un carro que acababa de parquear. Era una limosina. No puede ser pensó Yolei.

"Señorita aquí están sus pertenencias… No vale la pena recordarle qué es lo que tiene que hacer de aquí para adelante ¿verdad?" Mimi la miró y el infierno pareció congelarse. Cuando vuelva a tener lo que es mío vendré por ti.

"No. Me lo explicó muy bien mi abogado. No veo por qué un guardia de seguridad deba recordármelo" Con eso le picó el ojo y siguió su camino revisando que nada faltara. En especial ese collar. Aún no sé porqué lo guardo. Era una cadenita en oro blanco que contenía un anillo… un anillo de matrimonio… el símbolo de la unión. ¿Cómo no me dí cuenta antes de la clase de monstruo que eras?

"Mimi…" Yolei trago saliva. "La persona con la que tienes que vivir estos años es…"

"Señora Ishida, el señor la está esperando en casa"

Señora Ishida. Esas palabras tenían un sabor agridulce. Apretó con fuerza la cadena que caía de su cuello y desaparecía en su ropa. Tenía miedo… Oh sí… mucho miedo. Porque ese hombre fue el que la metió a la cárcel. Y claro… siendo una estrella de rock… Mimi no tuvo oportunidad. ¿Qué tramas Yamato? Ya no tengo nada que me puedas quitar. Aún con esos pensamientos en la cabeza ella ya no era una niña tonta, y más importante aún… Ya no amaba a Yamato Ishida. Por muchos años quiso convencerse así misma que todo había sido un error, pero con el paso del tiempo se dio cuenta de la trama que su queridísimo esposo y su moza y mejor amiga habían construido para destruirla y sacarla del camino.

Era necesario Yamato? Tanto dolor? Solo me debiste haber pedido el divorcio.

"Yolei…" Yolei parecía en shock. "Yolei!" Ella se volteó a mirarla con los ojos como platos. Que descaro pensó sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas porque el purgatorio de su amiga no terminaba. Ni lejos de terminar. "Estaré bien amiga. Te llamaré apenas pueda. Tal vez podamos vernos más seguido. Saludos a Ken"

"Mimi… Ken y yo no descansaremos hasta probar tu inocencia" Mimi le sonrió y entró a la limosina.

Ella lo sabía… Ellos nunca descansarían hasta verla sonreír de nuevo. Sonreír de verdad. Pero ese día no estaba ligado a su inocencia. Al fin de cuentas ya había pagado la mitad de su condena. Ese día sería el día en que vería a su queridísimo esposo y a su ex mejor amiga sufrir como ella lo hizo. Te odio Yamato Ishida… y te haré pagar por todas las humillaciones por las que me hiciste pasar.

Sonrió tocando ese anillo. Cómo algo que contenía un recuerdo tan bonito se había convertido en lo que la animaba a seguir?. Pero no por amor… si no por rabia. Cerró sus ojos avellana y se dejó llevar por el sueño. Me espera un largo día. Siempre fuiste un chico muy frío.


CUATRO AÑOS ATRÁS

"MIMI! Estamos en la torre Eiffel…. Quieres dejar de saltar por todos lados! Todo el mundo nos está mirando raro." Dijo suspirando.

"Yama… perdón" Dijo cabizbaja. "Solo que todo esto ha sido muy bonito. Muchas gracias" Dijo con una sonrisa. Yamato desvió la vista.

"Estoy nervioso eso es todo" Dijo ruborizado.

"Yamato Ishida nervioso? Jajajajaja no lo creo!"

Él la abrazó por detrás y juntos se acercaron al mirador.

"Sabes que te amo verdad Mimi?" Ella abrió sus ojos. Y también se ruborizó. Pocas veces su novio le expresaba sus sentimientos.

"Y yo a ti" Dijo sonriendo.

Entonces metió su mano en el bolsillo y sacó algo brillante. Mimi lo miró enseguida. Era el día que tanto tiempo había soñado. Lo besó… lo besó como si no hubiera mañana.

"Eso es un sí?" Mimi asintió con la cabeza y pegó su frente a la de él. "Entonces terminemos esta noche como se debe señora Ishida".

Qué recuerdo! Pensó él dirigiendo sus ojos azules hacia cielo. Eran días muy felices. Había sido muy feliz en esa época.

Sí que estaba nervioso ese día… Sin embargo, nada se igualaba al día de hoy. Cuando la mirara a los ojos qué iba a encontrar? Qué esperaba encontrar?. Tenía miedo de eso no cabía duda. Mimi… ¿Me odias?. Y aún sabiendo la respuesta rezaba con todo su corazón que fuera un no.

"Señor Ishida".

"Wallace".

"La señorita Takenouchi está en el teléfono"

El semblante de Yamato cambió totalmente. Era serio sin atisbo de emoción alguna. Últimamente sus encuentros con Sora ya no eran lo mismo. No lo llenaba. A parte de eso cada vez que terminaban una pequeña cabecita castaña y torpe se le cruzaba por la mente y sentía ganas de culparla. De culparla de todo. Pero no podía. Porque el único culpable de todo era él. Cogió el teléfono sin ganas.

"Sora que necesitas"

"No recibo un `Buenos días amor`? Te levantaste hoy de muy mal genio." ¿Será hora de contarle a Sora que traje de vuelta a Mimi a vivir conmigo?

"No ha sido mi mejor día"

"El mío tampoco Yamato… Te dije que vinieras estas dos semanas a mi casa y lo único que me dice es no no no! Qué demonios te pasa?" Tal vez otro día sea un buen momento.

"Sabes que he estado en grabaciones" Dijo esta vez perdiendo el control y apretando levemente los dientes.

"…" La línea parecía muerta por lo que Yamato se dejó caer en el sofá y se dispuso a colgar. "Está bien… te perdono Yama"

Yama… Esa era una de las otras cosas que lo estaban enloqueciendo… Sora había tomado la maña de llamarlo como lo solía hacer Mimi y eso simplemente lo ponía de peor genio.

"Hablamos después Sora" Y sin más colgó. Suspiró al sentir la limosina entrar por la puerta de la mansión. "Wallace… ya llegó?"

"Sí señor… La señorita Tachikawa ya está aquí". Yamato se volteó con una mirada helada, tanto que su guardaespaldas retrocedió uno o dos pasos.

"Señora Ishida… Aún no estamos legalmente divorciados"

Era cierto, Mimi le había mandado unos 10.000 papeles de divorcio con su firma en ella a la disquera pero él nunca había querido firmar a pesar de la insistencia de Sora por hacerlo. Por qué? Esa era una pregunta que aún le rondaba por la cabeza y aún no tenía la respuesta clara. Después de lo que había pasado era lógico que él la odiara pero no podía. Y ahora… que sabía que probablemente era inocente… Se sentía desdichado… más que nunca.


1 MES ANTES

"Takeru"

"Hermano"

Los dos se miraron por largo rato.

"Hermano yo… hice algo que no te va a gustar" Esto llamó la atención del rubio mayor.

"¿Qué hiciste Takeru?"

"Pues nunca creí que Mimi hubiese participado en ese fraude y…"

"Su firma está ahí!. La policía encontró incluso las cartas que se escribía con esos estafadores en la casa!" Dijo alzando la voz. "Además… ya han pasado 3 años qué importa!"

"Pues para ella tal vez sí importe y mucho. La firma en el documento efectivamente es de ella… pero las cartas no lo son" Yamato abrió los ojos.

"Yamato… las huellas en esas cartas y su letra… no son de ella… no sabemos de quién son pero Ken ya las procesó y no son de ella. Es posible que Mimi ni siquiera las hubiese visto." Yamato solo miraba a través de la ventana. La estafita que su esposa montó le había costado la fortuna que sus padres le habían dejado.

"Yamato por favor escucha… mira lo que te tengo que mostrar… solo un vistazo" Takeru lo miró con ojos suplicantes "Por favor".

"De acuerdo" Dijo casado no esperando encontrar nada que le fuese a interesar pero sí que se llevó una sorpresa.

Y ese día había cambiado el rumbo de las cosas para siempre. Todo esto… ha sido una pesadilla. Pensó con cansancio. Y aún así no sé porque siempre me sentí culpable por haberme acostado con Sora más que cualquier cosa. Desde ese día la culpa no lo había dejado dormir.

La puerta de la gran mansión se abrió y dejó ver a una castaña. Sus largas y hermosas piernas estaban cubiertas por un pantalón ancho, esas piernas que tanto deseaba volver a sentir enrolladas en sus caderas. Su busto, pequeño pero perfectamente proporcionado se divisaba muy poco a través de la camisa holgada. Su largo cuello, sus labio y ese cabello que deseaba volver a tenerlo esparcido en su almohada. Claramente no estaba arreglada para una cita pero seguía viéndose hermosa. Qué esperabas Yamato? Que se hubiera vestido de gala para ti?. Sonrió con melancolía y posó sus ojos en ella y el mundo se congeló. Su corazón dio un vuelco… como si se hubiera partido en miles de pedazos. Su mirada se endureció. Como el caparazón que siempre utilizaba.

Odio… odio puro… era lo único que mostraban sus ojos detrás de ese semblante calmado y ese rostro angelical.


Algunas veces el odio y la culpa no nos dejan pensar. Y así lastimamos a las personas que más amamos.

Una convivencia difícil les espera a esos dos…

Gracias!