24. ¿Quién cuida a este lindo perrito?

El sábado del baile el colegio era un hervidero de gente que vagaba de aquí para allá. Durante el almuerzo el murmullo era más alto de lo normal, se oían grititos y risitas de las chicas que cuchicheaban entre ellas, sobre todo cuando pasaban Ron y Harry. Saliendo del Gran Comedor, Hermione las oía hablar de lo buenos que estaban y ya estaba hasta las narices de esas situaciones. Había llegado el día del baile y por orgullo, sólo por orgullo, tanto ella como Ron volvían a ir al baile con sus anteriores parejas, Ron con Parvati Patil y ella con Seamus Finnigan. "Debo dejar que las cosas transcurran por si solas pero es que si supiese mis sentimientos todo sería más fácil, aunque igual aún no está preparado".

- ¿En qué piensas? – preguntó Ron

- En el baile

- Estamos de acuerdo en cómo nos vamos a sentar ¿cierto?

- Sí, Harry, te estás poniendo muy pesado, todo saldrá bien – se quejó Ron

- De verdad, no te preocupes, Seamus y Patil ya saben qué tienen que hacer y todos los demás también... Todo saldrá a las mil maravillas, te librarás de ella esta noche y te quitarás esa fama de pluscuamperfecto – Hermione se partía de risa con lo último

- ¿Dónde está Ginny?

- No se encontraba bien esta mañana

- ¿Pero irá al baile, no?

- Pues no lo sé, ya la he visto otra vez en casa que se puso así de indispuesta y le duró varios días – Ron mintió descaradamente sabía que su hermana no quería ir al baile pero no podía explicar el porqué

- Entonces iré a verla

- No vas a poder – dijo Emy que venía por detrás de los chicos – Es contagioso, una de esas gripes rebeldes

- ¿Adónde vas? – preguntó Hermione

- Remus me ha llamado para que vaya a su despacho, al parecer me tiene que pedir un favor – les guiñó un ojo y sonrió – No te preocupes, todo saldrá bien esta noche

- Ya, ya, eso es lo que dicen todos, no sé, no sé...

- Antes de que se me olvide, mucho cuidado con pelearos de nuevo con Draco, ya sabéis el castigo – se despidió con la mano y salió con paso apremiante hacia el despacho del profesor Lupin

- Espero que todo salga bien – dijo Harry

- Yo también, los dos harían una pareja genial

- ¿De qué estáis hablando? – preguntó Hermione

Harry le contó la conversación de la noche anterior y Hermione hizo lo propio. Cuando todos terminaron la versión se miraron entusiasmados esperando que Sirius y Emy pudieran aclarar sus sentimientos uno frente a otro.

La joven profesora de Estudios No Mágicos llamó a la puerta del despacho, una voz le indicó que pasara. Como siempre que iba allí se fijaba en todos los artilugios que colmaban las estanterías, también en el polvo que se acumulaba allí y en que todo estaba hecho un perfecto caos.

- De verdad, Remus, no sé cómo puedes llevar la continuidad formativa de los chicos, aquí parece que no haya quien encuentre nada

- No se lo digas a nadie pero es que no lo busco sino que lo llamo y viene – la respuesta tenía un tono bastante jocoso

- ¿Me puedes explicar eso?

- Por supuesto, atenta – Lupin sacó su varita y dijo – "Expelliarmus trabajos de Harry Potter" – extendió la mano y a continuación, de prácticamente todas las esquinas de la habitación, fueron saliendo pergaminos entregados por el joven mago - ¿Increíble verdad?

- Sí, sólo ha faltado que la puerta se abriera y aparecieran los que está haciendo actualmente

- Eso lo tengo previsto, así que sólo lo tengo controlado para mi despacho

- Fantástico – dijo Emy sarcásticamente – ¿Te importaría que hiciese un poco de limpieza algún día de estos?

- Para nada, incluso si puede ser hoy, mejor que mejor

- ¿Por eso me has hecho llamar?

- NO, NO, NO... Es para saber si no te importaría cuidar un rato, mientras estoy en el despacho de Arabella terminando una pócima, a mi lindo perrito – Remus intentó no reírse pero aún así asomaba una sonrisa por su cara

- ¿Qué lindo perrito? – preguntó ingenua Emy

- Este – Remus señaló a Hocicos que estaba detrás de él bajo una ventana y tumbado en un almohadón

- Yo... yo... es que yo... – Emy no sabía qué hacer, aquello sí que era una sorpresa

- Ya sabía que no me fallarías, no le dejes solo y que no se acerque demasiado, puede que te muerda. Mientras, puedes limpiar un poco mi despacho, no tardaré más de dos horas – Remus abrió la puerta, se despidió con una sonrisa y se marchó cerrando la puerta tras de sí

- Remus, Remus... ¡maldito canalla! Las vas a pagar todas juntas, ya verás – dijo Emy mientras forzaba la puerta para poder salir

- ¿No serás demasiado dura con él? Recuerda que un gran poder conlleva una gran responsabilidad – Sirius se columpiaba sentado en la butaca de la mesa del despacho

Sonreía abiertamente, llevaba todo el día esperando verla. Cada minuto con esa extraña sensación en el estómago, imaginando el encuentro, ilusionado con que ella no estuviese con Snape, muerto de celos sólo de pensarlo. Aún recordaba como le sentó a su amigo James que Lily saliera con el de Slytherin. Desde aquel día ninguno de los dos menospreció a un solo muchacho. Jamás hubiesen creído que ella, que podría haber estado con el mejor del colegio, saliera con un espantapájaros semejante... Desde entonces, cualquier hombre era un rival en cuestiones de corazón.

- No te enfades con él, esto ha sido cosa mía... No hablábamos desde el día de la cabaña y por desgracia no fue una conversación exactamente... Hola – Terminó diciendo, los nervios le aturrullaban el cerebro

- Hola – Emy sacó la voz de una niña asustada, sin ni siquiera volverse

- He vuelto ayer de la misión, las cosas se empiezan a enturbiar – Sirius la miraba de arriba a bajo pensando "¿Puede llegar a ser algo tan hermoso como ella?"

- Sí, eso parece – notaba la miraba de él clavada en su espalda, no estaba dispuesta a mirarle "maldita encerrona"

- Los pasos de Voldemort son escasos pero parece que bastantes certeros, esta vez no quiere cometer errores

- No, no quiere – Emy no era capaz de formar una frase

Sirius notó su frialdad y comenzó a pensar que aquello iba a salir mal, pero era su única oportunidad "Cambia de tema".

- ¿Qué tal llevas lo de ser profesora en el gran colegio Hogwarts de Magia y Hechicería? – Sirius lo preguntó alegremente pero pensaba "me muero por besarla"

- Bien

- Y con los compañeros ¿qué tal? – "Si me contesta que con Snape genial, me da algo"

- Muy bien

- No está muy habladora hoy, profesora – dijo ironizando y con tristeza

- No, hoy no

- ¿Es por mí? – el tono de voz era tembloroso

- En parte

Emy lo dijo después de pensarlo seriamente. No podía llevarse mal con él, a Harry se le hundiría el corazón, además no quería llevarse mal con él... No podía negar que lo amaba más que nunca.

- Sé que nuestros encuentros no han sido muy normales – Sirius recordó cada uno de ellos en un instante y eso le dio palabras a la esperanza – Pero me gustaría que lo fuesen, me gustaría que pudiéramos hablar y comportarnos como dos personas normales

- A mí también me gustaría... aunque no quiero acabar electrizada – Emy se dio la vuelta para estar frente a él. Sonreía inocentemente, aunque no le miró a los ojos

A Sirius se le iluminó el rostro por el comentario de Emy, sabía muchas cosas de ella por Lily. Sabía que una de las cosas que más le gustaban era el sentido del humor, reírse cuanto más mejor; quizás por eso el dolor de todos los acontecimientos de su vida le habían ensombrecido un poco pero no del todo y aún mantenía ese brillo en su mirada. Decidió levantarse de la butaca y caminar despacio hacia ella.

- Eso no lo sabremos hasta que no volvamos a tocarnos

- Creo que ya he recibido bastantes chispazos – No podía evitar temblar y no quería que él lo notara "Bien, se ha frenado. Que se quede a esa distancia"

- Emy, yo quería preguntarte una cosa – su corazón se infló el doble de su tamaño

- Adelante – contestó Emy temerosa

- Harry, Ron y Remus me han dicho que sueles ir con Snape los sábados a bailar ¿Estáis saliendo juntos? – lo dijo tan rápido que parecía que las palabras quemasen en su boca

- PARA NADA ¡QUÉ TONTERÍA! - Para ella aquello sí que era una sorpresa y una estupidez – Esos tres son unos exagerados, sólo he ido cuatro veces con él, por cierto siempre ha sido muy amable y caballeroso...

Emy levantó la mirada instintivamente hacía Sirius para responderle y dejar claro que ella no tenía ningún lío con el profesor de pociones pero al encontrarse las miradas, notó como sus piernas fallaban y mil mariposas revoloteaban en su estómago, dándole unas enormes ganas de vomitar. Tanteó el terreno, sin ya poder apartar sus ojos y se sentó en una silla "¡Dios santo! está guapísimo y huele fenomenal ¡Qué no se acerque más, qué no se acerque más!".

- Pero ¿él te gusta?

- ¡NOOO! – Tajante y clara "Sólo me falta que él se crea que estoy con Severus"

- He de confesar que me alegra mucho oírte decir eso – dijo con un suspiro claro

- Pues no entiendo el porqué... Todos deberías dejar las riñas pasadas atrás y uniros en serio en el presente... No vienen buenos tiempos y debemos permanecer unidos – quiso parecer muy responsable y segura de sí misma pero sólo pensaba "me muero por besarle"

- Lo sé y estoy de acuerdo con lo que has dicho. No tendré ningún problema con él pero si te toca un pelo... no voy a poder contenerme... Me moriría de celos si él fuese tu pareja... No podría soportarlo... ni de él, ni de nadie

- Sirius... - ¿Qué es lo que acababa de decir?

- ¿Amas a algún hombre? Dímelo porque me estoy volviendo loco... Quiero que sepas que desde que te conocí, cada día de mi vida he soñado con poder estar a tu lado y si tu amor es de otro hombre... quiero saberlo para poder enfrentarme a ello... Al fin y al cabo nos une Harry y espero que algún día podamos compartirle, para que sienta que tiene una familia en nosotros... Dime ¿Amas a algún hombre? – Sirius la miraba fijamente, se perdía en sus grandes ojos verdes, se aproximó a ella hasta quedarse sentado en la esquina de la mesa del despacho

- Sí – Emy apenas podía articular palabra, él la había amado toda la vida, su amor era correspondido, entonces ¿Por qué se casó con ella?

- Entiendo – Sirius se puso muy serio y sus ojos se llenaron de lágrimas que no querían aflorar. Se levantó y se dio media vuelta dirigiéndose a la ventana - ¿Puedo saber quién es?

- Claro – Emy se quedó callada al menos dos minutos, tenía que cerciorarse de que todo aquello no era un sueño - Amo a la misma persona desde que le besé por primera vez... Mi existencia ha sido vivir para pronunciar su nombre desde aquel día, como si de un cuento se tratara... Amo a la misma persona desde que la magia me prohibió amarle... y he sido maldecida a no poder estar junto él... a que perteneciera a otra mujer... a que nuestras vidas fueran en direcciones opuestas... separados siempre... He amado, amo y amaré toda mi vida a... Sirius Black... mi maldición – Emy lo miraba sin poder contener las lágrimas en sus ojos

Sirius se dio la vuelta para mirarla de frente. Allí estaba ella, brillando con luz propia, tan bella como siempre, tan segura y dulce, tímida y arrogante. Él no se lo podía creer... era correspondido.

- Todo este tiempo... me has amado... James me dijo que no podía ser... que no siempre me iban a corresponder... Pensé que no me querías – Sirius no podía disimular la cara de felicidad por aquella noticia

- Yo pensé que si te habías casado con ella, no podías amar a nadie más pero en el bautizo yo sentí algo maravilloso y pensé que podría ser posible... Luego ellos me dijeron que me olvidara, que no podía ser y es cierto, tú estabas casado y yo tenía dieciséis años... Nunca me escribiste... No supe más de ti hasta que fuiste acusado... La mejor opción era odiarte

- Demasiados errores en mi vida, Emy... errores que he pagado muy caro. Siempre fuiste tú, mi primer beso y mi único amor... A partir de ahora no habrá nada que se interponga entre nosotros

Sirius se acercó a ella y Emy hizo lo mismo, sólo les separaban tres pasos pero sólo pudieron dar uno cada uno, porque ambos chocaron con un muro invisible y una luz blanca los envolvió.

Hermione le estaba contando todo lo que los chicos le habían contado y lo que estaba sucediendo en esos momentos en el despacho del profesor Lupin. Cuando Hermione terminó Ginny estaba preocupadísima.

- ¿Es qué no lo entiendes? Aún no pueden estar juntos, la magia les separa y si intentan traspasar la barrera, no sé lo que les puede pasar

- ¿Estás diciendo que están en peligro? – dijo Hermione sorprendida

- Eso me temo, deberías avisar a Dumbledore

- Voy ahora mismo

- Espera voy yo, tú tienes que arreglarte para el baile

Ginny se vistió en un momento y Hermione comprobó que ni Harry ni Ron estuvieran en la sala común de Gryffindor, para que pudiera salir sin ser vista. Corrió por los pasillos hasta llegar al despacho del director.

- Limones a montones – comprobó que el pasadizo se abría y entró dentro, llamó a la puerta y le mandaron pasar – Buenas tardes

- Buenas tardes, Ginny ¿Algún problema? – preguntó Dumbledore

- Me temo que sí – miró a Arabella y a Remus que se encontraban allí – En estas tres últimas semanas he estado investigando la leyenda de La Unión y en uno de los textos que encontré se dice que La Unión de Las Cuatro Sangres está maldita con respecto al amor, ya que el amor que procure debe ser correspondido como amor verdadero y así no fallar con alguna pareja que no sea la adecuada. Dice que la magia impedirá encontrar al amor verdadero, no dejando que estén juntos y que si transgreden esta norma, ambos serán castigados

- ¿Y cuál es el problema? – preguntó el anciano

- Ayer Emy nos contó que Sirius es el hombre al que ama y que siempre que se han visto un chispazo les ha separado. Ahora mismo están en el despacho del profesor Lupin y me temo que si se han declarado mutuamente y han intentado abrazarse los dos se encuentren con una sorpresa muy desagradable

- ¿Es eso cierto? – Preguntó Albus a Remus y Arabella

- Sí, es correcto, les hemos dejado allí para que aclarasen sus sentimientos – contestó Remus muy preocupado

- Pues entonces no hay que perder ni un momento – respondió el director

Los cuatro se marcharon corriendo al despacho del profesor de defensa contra las artes oscuras, abrieron la puerta y se encontraron allí a los dos inconscientes tirados en el suelo. Un muro electrostático les separaba. Sus manos estaban extendidas en el suelo como intentando tocarse la una a la otra. Remus cogió del suelo a Emy y la cargó en brazos separándola del muro, intentó reanimarla pero estaba inconsciente.

- Me la llevo a la enfermería para que la vea Poppy

- Sí, será lo mejor, nosotros nos quedamos aquí para intentar reanimar a Sirius. Ginny acompaña a Remus y a Emy. Arabella cierra la puerta, no quiero que encima le descubra algún alumno

- ¿Qué ha pasado? ¿Emy? – Sirius balbuceaba muy débilmente

- Sirius ¿Estás bien?

- Sí, creo que sí ¿Emy?

- La hemos llevado a la enfermería porque estaba inconsciente – le dijo suavemente Arabella

- ¿Qué ha pasado, Sirius? – preguntó Dumbledore

- Que ella me ama, Albus, soy el hombre más feliz de la tierra

- Eso es genial y te felicito pero ¿Por qué estabais los dos inconscientes en el suelo?

- Una fuerza, la misma que las otras veces pero mucho más intensa nos ha impedido abrazarnos... No sé qué más decir

- Ya lo investigaremos ¿Puedes transformarte en Hocicos para ir a la enfermería y que Poppy te haga un chequeo?

- Creo que sí – Sirius en un segundo se estaba transformando en un gran perro negro de pelo muy brillante.

Así los tres fueron a la enfermería pasando lo más desapercibidos posible, aunque no hubiese sido necesario, ya que no se encontraron a nadie por los pasillos.

- Se nota que los chicos se están arreglado para el baile de esta noche – exclamó Albus algo más tranquilo – Bueno, ni que decir tiene que os vais a tener que aguantar las ganas de achucharos hasta que sepamos cómo se soluciona esta situación

- Ya lo siento, sé por experiencia lo mal que se pasa – dijo Arabella al ver la confirmación con la cabeza del perro

Cuando entraron en la enfermería vieron a la Señora Pomfrey medio luchando con Emy por que ésta se quería marchar. Remus negaba con la cabeza como diciendo "no se puede con ella" y Ginny fisgaba las botellas de pociones y brebajes que la enfermera tenía en las estanterías.

- ¿Qué sucede aquí? – preguntó Dumbledore con cara de asombro

- Sirius... – exclamó tiernamente Emy que miraba fijamente a los ojos de su enamorado, ya convertido de nuevo en mago

- Cariño ¿Te encuentras bien? – Las palabras del padrino de Harry sonaban con mucha dulzura

- ¿Cariño? ¿Me has llamado cariño? No me lo puedo creer... Esto es un sueño – Emy sonreía tanto que le dolían las comisuras de la boca

- Si os ve y os oye Harry, se cae de culo – dijo riéndose Remus – Hacía mucho que no veía a un par de tortolitos iguales

- Estoy perfectamente, si no fuera por los comentarios del risitas de tu amigo Lupin – le miró de soslayo para indicarle que más le valía la pena dejar de vacilarla – Tengo... debo irme para arreglarme para el baile y Poppy no me deja

- No es necesario que vayas, Emy – añadió Dumbledore – El plan de Harry puede salir sin ti

- Ya, ya... pero es que yo quiero estar, él quiere que yo le apoye, no me lo puedo perder... además me encuentro perfectamente

- Bueno si es así ¿Poppy realmente crees que no debería salir de la enfermería? – Preguntó seriamente Dumbledore

- No, no es eso, sólo que... el test que la hice da que está muy nerviosa y quería que se quedara a descansar

- Dado lo acontecido, es normal, Poppy – Albus sonreía ampliamente mirando a los dos tortolitos, que no se quitaban los ojos de encima – Ahora el problema es encontrar la solución para que puedan "calmar sus nervios"

- ¡ALBUS! – exclamó Emy sonrojada

- Cierto es que no me importaría "relajar" ahora mismo a Emy – dijo Sirius mirándola con deseo

- ¡SIRIUS! – Protestó Arabella - ¡Hay un adolescente en la sala!

- No os preocupéis por mí, he tenido un momento de sordera – dijo Ginny ironizando y haciendo que los adultos se rieran, lo cual le sentó muy bien

- Sirius, cariño... – Emy se rió al decirlo - Tienes que disculparme, mañana hablaremos todo el día en mi torre, tú, Harry y yo ¿Qué te parece?

- No te preocupes, haz lo que tengas que hacer – Sirius sonrió cuando ella salió de la enfermería guiñándole un ojo y mandándole un beso

- Bueno, Sirius, tú mismo le has dado permiso para que ella vaya al baile – dijo suavemente Remus

- ¿QUÉ?

- No te preocupes, tú también podrás asistir pero en tu forma canina, claro está – dijo divertido Dumbledore – Ahora, si no os importa, vayamos a mi despacho para charlar un rato antes del evento, Ginny no te retrases mucho o no te dará tiempo para arreglarte – animó cariñosamente el director

- Yo no voy a asistir, en realidad debo volver a la biblioteca

- Pero Ginny... - dijo Arabella

- He de marcharme – Ginny salió corriendo de allí sin mediar más palabras

- Entiendo que no sea fácil para ella – añadió Arabella

Los tres profesores y Hocicos salieron de la enfermería para dirigirse al despacho del director.