Hola a todos! espero que estén teniendo un muy buen fin de semana! y espero que este cap les guste! un beso a todos los que siguen esta historia.
CRUCE DE CAMINOS
BIP BIP
- "Mhhh!" lanzó un gruñido irritante.
BIP BIP
Yamato extendió su brazo para apagar la insufrible alarma. Demonios… a qué horas compré esta cosa?. De pronto sintió como le faltaba algo… o alguien más precisamente. Mimi. Había sido todo un sueño? Uno muy placentero sonrió. Miró al techo y entonces lo entendió todo. La quiero… La quiero de vuelta.
Creía en las palabras de Ken y haría hasta lo imposible por comprobar su inocencia. Sin embargo, le había pedido el favor que no dijera absolutamente nada acerca de su participación en esto. Si se iba a ganar a Mimi de nuevo lo haría de una manera justa. Aún sabiendo que probablemente en estos momentos ella desea con toda su alma su perdición. No me la dejarás fácil verdad princesa?. Sonrió de medio lado y miró el desorden que había en todo el cuarto. Qué noche. Se sentía completo. Totalmente satisfecho… y se sentía feliz. Feliz que su esposa por lo menos se sintiera atraída sexualmente a él. Bueno es un comienzo. Pensó Yamato moviendo la cabeza de lado a lado.
Se paró de la cama aún desnudo y se puso sus bóxers. Seguía siendo el dueño de esta casa así que no importaría andar así por todo lado. ¿Dónde estaría su compañera? Salió por el corredor y vio la puerta de enfrente semi-abierta. No toleraste dormir conmigo verdad?. Entró con sigilo y lo que vio lo dejó embobado.
Su esposa se encontraba con unos bóxers pequeños y una camisa de tiritas durmiendo abrazada a la almohada. No sabía si sentía ganas de correr y volverla a tomar o quedarse viéndola toda la mañana. Se acercó con sigilo hasta la cabecera y la observó. Cómo pude cambiarte mi princesa?. Pensó lamentándose. Le retiró un mechón de pelo de su cara y le besó suavemente los labios.
- "Arreglaré todo linda, porque te amo" Dijo en susurrándole y salió del cuarto.
Los días pasaron y ella se sentía extraña. Yamato no la había vuelto a tocar desde aquel día pero le traía cosas inesperadas de vez en cuando. Un día se había levantado cuando él ya se había ido a la disquera y había encontrado una deliciosa torta de chocolate en la cocina. Al principio había estado reacia a comérsela pero luego de un tiempo de mirarla y mirarla… no pudo evitarlo. Al final había encontrado una nota al lado.
Espero que sea de tu agrado. Yamato.
Ese hombre era extraño.
Había hablado con Ken en esos días.
"Meems… no piensas que todo lo que pasó tal vez no haya sido del todo cosa de él?"
"A qué te refieres Ken" Él pareció meditarlo un poco y se quedó callado. Mimi sabía que no le iba a sacar más información así que optó por olvidarlo.
El timbre de la puerta sonó. La empleada fue a recibirlo. Que día tan aburrido. Pensó Mimi mientras se disponía a ver quién era la persona que había llegado.
"Alice… ¿quién era?". La mujer de mediana edad se volteó con un ramo de rosas en la mano.
"Esto es para usted señora" Dijo entregándole el ramo.
"Dijeron de parte de quién?" Suponía que era de Yamato. Toda la semana le había dado obsequios antes que se fuera a trabajar.
"No señora… Le dejaron esta carta"
Mimi cogió las flores y las dejó a un lado sentándose en el gran sofá de la sala. Debo admitir que siempre supiste llegarle al corazón a una mujer. Sin embargo, cuando abrió la carta algo la perturbó. Esa letra. Ella conocía esa letra pero de dónde.
Las flores más frescas para la mujer más hermosa. Espero que nos volvamos a ver Mimi Tachikawa.
En la parte de adelante del papel no decía ningún nombre pero al voltearlo tenía el nombre del remitente. Michael Rockefeller. Mimi miró las flores con cierto fastidio. Nunca le había caído del todo bien ese hombre. Siempre pensó que en esa sonrisa torcida se escondía algo que no le iba a agradar por lo que trataba de evitarlo. Sin embargo, era uno de los mejores amigos de Yamato y lo había tolerado por él. Ahora ya no tenía por qué hacerlo. Aún así algo le llamó la atención. Esa letra la había visto en algún lado. Era cursiva… impecable. Tal vez reunirnos no sea del todo mala idea. Tal vez pudiese descubrir los pedazos que faltaban en su caso. Dios sabía que ese hombre sabía más de su propio esposo que ella misma. Incluso se había enterado mucho antes que ella del romance con su mejor amiga.
Guardó la carta en su mesita de noche. Uno nunca sabe para qué te va a servir. Se dispuso a bañarse. Había estado un poco aburrida ultimamente y le preocupaba un poco que una pequeña parte de ella deseaba que Yamato volviera a casa.
"Ya llegue!" Llamó una voz masculina desde el hall.
Mimi bajó las escaleras con un poco más de entusiasmo de lo esperado. Yamato estaba dejando su abrigo encima de la mesa de la entrada. Ella inmediatamente arrugó el ceño. Nunca cambia.
"Ese no es el lugar de los abrigos". Yamato la miró enseguida. Siempre había sido muy ordenada con las cosas y él era todo lo contrario. Sonrió un poco al ver la cara de molestia de su esposa. Hacía mucho tiempo que no escuchaba ese tipo de reclamos.
"Así es como me saludas luego de llegar de trabajar?" Y esa era la misma repsuesta que él le daba siempre. Demasiado familiar. Pensó Mimi ahogando el impulso de salir corriendo y posicionarse entre sus brazos.
"Hola" Respondió ella de manera seca.
Bueno… al menos no lo había recibido con un puño en la cara pensó Yamato con diversión. Aún cuando todo esto hubiera pasado, Mimi no había perdido los estribos ni una sola vez. Siempre se comportaba erguida, diplomático por así decirlo. Esto no solo frustraba al portador de la amistad, también lo volvía loco. Aunque él no quisiera admitirlo, ya no podía leer a su princesa. No tenía idea qué era lo que pasaba por su cabeza y eso lo asustaba. Para Yamato no pasó desapercibido algo en el florero. Rosas. Rosas rosadas. Las miró y alzó una ceja.
"¿Quién las trajo?" Mimi enseguida se tensó al ver hacia dónde se dirigía la mirada de su esposo.
"Fue Michael" Yamato la miró sorprendido y en sus ojos pudo ver lo que parecía ira.
"Hablaré con él luego"
Mimi supo que era mejor no contarle el resto. Se notaba cansado y siempre que llegaba cansado se ponía irritable. Un momento de paz.
"Yamato… mmm. Quieres algo de comer?" yamato la miró aún más sorprendido que antes y le lanzó una sonrisa tierna. Enseguida ella se incomodó y desvió la mirada con un tono rojo en sus mejillas. Contrólate Meems.
"E-Es decir… es que hoy estaba aburrida y eso… y pues me puse a cocinar… y pues creo que me excedí" Dijo tratando de excusarse por aquel gesto.
"… Me encataría"
Mimi sirvió la comida… Olía delicioso. Hace muchos años no probaba comida tan rica como la que le preparaba Mimi y eso lo emocionaba. La cena pasó con tranquilidad. Hablaron de su trabajo, de sus conciertos, de las compañeras de celda entre otras cosas.
"Cancelaste la gira?" Lo miró Mimi extrañada.
"Sí"
"P-pero por qué?" Yamato la miró a los ojos y le sonrió.
"Porque acá tengo cosas más importantes que hacer" Tú por ejemplo. Pensó Yamato. No se lo iba a decir ahora pero tal vez algún día se lo diría.
Mimi no rebuscó más en el tema. Se sentía mal. Creo que comí mucho. Recogió los platos y los puso en la cocina. Yamato se encontraba esperándola en las escaleras.
"Te sientes bien?" Preguntó con preocupación. De repente su esposa estaba pálida.
"Sí… Solo tengo que descansar."
Los dos subieron las escaleras pero antes que Mimi pudiera entrar a su habitación Yamato la cogió del brazo y la empujó hacia adentro cerrando levemente la puerta. Mimi no sabía que decir.
"Dime si tienes dudas… si quieres saber algo… si necesitas algo … solo dime. De acuerdo?" Preguntas… Sí, tenía muchas. Dudas… Uff aún más, pero no era el momento y no era con él con quien quería platicarlas.
"De acuerdo" Dijo en casi un susurro. Yamato estaba muy cerca de ella y podía sentir su respiración muy cerca.
Él pasó un dedo por su mejilla y acabó con el poco espacio que había entre ellos. El beso fue muy diferente al de las otras veces. Era lento y cariñoso. Mimi no sabía que hacer. Solo actúa Tachikawa, para eso te entrenaste todo este tiempo. No le podía corresponder de manera adecuada ese beso porque simplemente no sentía todo lo que él le quería transmitir. A parte de ello un pedazo de su razón le decía que no se dejara engañar por el hombre que tanto daño le había hecho. Si lo hizo una vez lo hará de nuevo Mimi. Así son los hombres. Pero antes que pudiera decir una palabra lo apartó. Su estómago se revolvía.
"Qué pasa?... Perdóname si te incomodé yo-…" Y entonces ella salió corriendo al baño.
Yamato enseguida se fue detrás de ella sosteniéndole el pelo y acariciando su espalda mientras ella dejaba todo el contenido de la cena en el sanitario.
Sentía mucha pena. No quería que él la mirara en ese estado. Genial todo lo trabajado a la basura. Pero Yamato no retrocedió. Al contrario fue a traerle un poco de agua viendo preocupado como su esposa se lavaba los dientes y se ponía la pijama.
"Lo siento" Dijo con mucha pena.
"Mimi… sigues malita?" Mimi lo miró con lagrimillas en los ojos. No se sentía bien pero había mejorado mucho.
"Sí" Yamato la analizó.
"Acuéstate… me quedaré contigo toda la noche cuidándote… igual este fin de semana es festivo y lo tomé libre".
"No es necesario ya estoy bien… Espera… qué dijiste?"
"Que te acuestes?"
"No no… este fin de semana… qué fecha es?"
"6 de Agosto?" Mimi abrió los ojos como platos. Él la miró de nuevo.
"Pasa algo Mimi?" Mimi se recuperó inmediatamente y soltó una risa fingida.
"Si-Sí… jajaja… Solo me acostaré a dormir"
No puede ser… no puede ser… Por favor no en este momento. Ahora todo tenía sentido. Su amplio apetito… las náuseas… su retraso. No le diría nada a Yamato aún. Porque aún si le dijera no tenía ni la más remota idea de qué hacer.
De pronto sus dudas se centraron en la persona que se estaba acomodando en su cama y la abrazaba por detrás. Era una noche fría y no se sentía nada mal. Sus ojos se estaban cerrando y no tenía ganas de discutir.
"Buenas noches princesa" dijo susurrándole al oído.
Cuando eres pequeño parece como si nada pudiera tocarte. Tienes problemas por supuesto, pero nunca tan graves. Cometes errores pero ninguno que no te permita seguir respirando. Es placentero, esos momentos que dejamos atrás. Todo lo que ha marcado nuestras vidas y que nos hace lo que somos ahora. Todo lo que no desearíamos ser.
"Buenos días señora"
"Buenos días. Venden pruebas de embarazo?"
"Por supuesto"
Y sin embargo, siempre queda alguien. Alguien a quien no cambiarías por nada. Alguien a quien miras y piensas ´Ey! No todo es tan malo´. Esa persona siempre está para ti. A pesar de todas las penas que tuviste que pasar, te sientes aliviado… porque entonces nunca la hubieras conocido.
"Gracias Yolei"
"Estas preparada Mimi?". Ella se mantuvo callada por unos segundos.
"Sí…" Dijo en un susurro.
"Qué piensas hacer?" Mimi soltó una risita nerviosa.
"No nos apresuremos a los resultados sí?".
Y entonces en esos momentos, donde aún queda una pequeña esperanza, te aferras a ella con todo tu corazón y mantienes la respiración. Todo se derrumba.
Positivo.
Y esa persona siempre está ahí, para ayudarte. Para empezar a construir todo de nuevo… como muchas veces lo has hecho. Porque no todo es tan malo después de todo.
Michael veía con una sonrisa burlona a Yamato.
"Te estás pasando de la raya Rockefeller".
"Ay Yamato fue solo un regalito. Nada comprometedor" se rió con sorna.
"Te he dicho que te alejes de mi esposa!"
"Por favor!... Ni me le he acercado… Además…" Dijo mirándolo a los ojos. "Qué crees que piense cuando sepa que aún te acuestas con Sora?"
"Ya no lo hago"
Michael tomó otro sorbo de su whisky dejando algunos papeles de trabajo a un lado.
"Por supuesto que no". Dijo con un brillo particular en los ojos.
Michael era dueño de las empresas más importantes del mundo. Incluso un poco más poderosa desde hace algunos años que la corporación Ishida. Así como había subido de status se le había subido el ego a su amigo. Ahora era una persona prepotente e irritable.
El rubio de ojos verdes se levantó de su silla.
"Me encantaría quedarme a hablar un poco más contigo querido amigo. Pero no puedo… El dinero es tiempo" Sonrió de medio lado y abrió la puerta. "Mi secretaria te puede mostrar la salida". Y sin más se fue.
Yamato asintió y se volteó hacia el escritorio. Habían muchos papeles… muchas cotizaciones y transacciones por millones y millones De dónde estás sacando todo este dinero?… pero en particular había algo que le llamaba la atención. Un recibo por un paquete de rosas con la letra de la secretaria de Michael. Esa letra. Tomó rápido el recibo… tomó algunas fotos y salió de la sede.
Un hombre con gafas se encontraba sentado en el asiento de piloto y como copiloto se encontraba otro hombre de pelo rojo.
"Lo conseguiste?"
"Por supuesto Izzy" Dijo el rubio mirando a sus dos secuaces.
"Todos esos movimientos bancarios de las empresas Rockefeller poco después del arresto de Mimi y luego de haberse declarado en bancarrota… Nunca te pareció sospechoso?"
"Pues no…" Koushiro suspiró y sonrió.
"de verdad que eres un idiota viejo amigo."
Los tres hombres rieron y parquearon al frente de un café cercano. Llevaban trajes negro e irradiaban sensualidad. Las mujeres se detenían a verlos en epecial a un rubio con cara y cuerpo de infarto.
Algún tiempo atrás Mimi estaría colgada de su brazo marcando su territorio. Suspiró. Hoy tal vez seguiría derecho haciéndoles una invitación a esas mujeres dejando en claro que estaba libre. No era que ella no desviara las miradas de centenares de hombres. Era simplemente que nunca pensó que tendría que celarla algún día. Estaba muy seguro de su amor por mí.Tocó una pequeña cadenita que tenía colgada en el cuello.
"Pasa algo?" Preguntó Ken.
"N-no… no pasa nada" Metió la mano en sus bolsillos y tocó el pequeño recibo de la floristería. "De hecho sí… encontré este recibo en el escritorio de Michael"
Ken lo miró y leyó en voz alta.
"Un ramo de rosas rojas por…" michael abrió los ojos al ver la cantidad que había invertido en esas rosas. "… Demonios… esa mujer sí que debe ser importante para él. Valen más que el anillo de compromiso de Yolei" Izzy y Ken rieron pero Yamato no.
"Esa mujer es Mimi." De repente todos se quedaron callados.
"Lo sentimos hombre no sabíamos"
"Eso no es lo que me molesta" Sacó su celular y les mostró la foto de una tarjeta.
"Michael si es descarado de estar cortejando a tu esposa de ese modo".
Ken por otro lado se quedó pensativo.
"Yamato esa no es la letra de…"
"Exacto… es la letra de las cartas que se usaron para incriminar a Mimi… Estoy seguro que ella lo va a notar en algún momento así que se la dejé en la mesita de noche para que no sospechara nada y la dejé dormida en la cama".
Los dos hombres se le quedaron mirando y sonrieron malévolamente.
"Con que dormiste con ella!" Yamato abrió los ojos.
"Q-Qué? No es como ustedes creen!"
Yamato se sonrojó y siguieron bromeando hasta que entró otra persona al café. Yamato se le quedó mirando. Ese pelo café alborotado… ese cuerpo musculoso y esa mirada tonta y sonriente en su rostro. Taichi?.
"Papi quiero un granizado de café!" El hombre se volteó hacia donde estaba su pequeño y le revolvió el pelo. Yamato entornó los ojos pero el pequeño pareciera que se escabullía detrás de su papá de aposta.
"Un granizado de café para llevar".
Ken pasó una mano por la cara de Yamato.
"Te encuentras bien?... Parece que desapareciste por un momento" Yamato lo miró y volvió a desviar la mirada. Más sin embargo, ese pequeño y su padre ya no se hallaban ahí. Taichi… Será posible. Se enfocó de nuevo en sus tres amigos y trató de concentrarse de nuevo en la conversación sin mucho éxito.
Él lo sabía… sabía que algunas personas están destinadas a que sus caminos se crucen una y otra vez. Son esas personas quienes nunca dejaron de ser importantes y que por insignificantes que parezcan dejaron una huella. No esperaba que su reencuentro fuera tan pronto pero sabía que algún día su ex - mejor amigo y él volverían a encontrarse y le carcomía la cabeza el hecho de pensar que ese día había llegado.
Me demoré un poquito más en actualizar pero espero que les guste!... descansen! y gracias a los que han dejado reviews :)
