Hey, hey, ya estoy aquí. Mil gracias por los reviews en el capítulo anterior, de verdad. Bueno, no tengo nada más que decir aquí la verdad, así que… nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly no me pertenece.
Antes de que nadie pudiera pararme los pies, agarré a Shannon, cuya cara cambión de asco a puro terror en cuanto sintió el tacto de mi mano sobre su piel, por el brazo y la lancé por los aires y empotrándola contra el suelo, me tiré encima de ella y empecé a pegarle con el puño cerrado, mientras le tiraba del pelo a la vez que trataba de esquivar sus uñas de porcelana que amenazaban con sacarme un ojo en cuanto tuvieran oportunidad.
-¡Que alguien la pare! ¡La va a matar! – Gritó uno de los chicos que miraban la pelea con voz temblorosa.
-¡Se lo merecería! – Grité yo llena de rabia.
Shannon berreaba como si no hubiera mañana y yo le pegaba sin parar una y otra vez, ignorando el dolor de nudillos que tenía. No me importaba romperle la nariz o que se le callera algún diente, me daba igual. Había sacado a la luz cosas que deben quedarse en la oscuridad, pues es ahí donde están realmente bien. Son cosas que nunca debieron salir de allí. Es una faceta que quiero olvidar y que quiero que olviden, pues yo no soy ninguna puta aunque años atrás lo pareciera.
La vida está hecha para experimentar y probar, para intentar aprender, para caerse y para levantarse. Yo lo hice. Probé y probé hasta que caí, pero me he levantado y sé que jamás he de volver a caer en eso. Y otra cosa que sé, es que si juegas con fuego, te quemas. Y Shannon lo estaba probando en sus propias carnes.
-¿¡Qué está pasando aquí? ¡Sam! – Oí la voz del señor Rickmann por encima del barullo que estaba montando la gente, y un segundo más tarde, me tenía cogida por la cintura a medio metro del suelo.
-¡YO NO SOY UNA PUTA! ¡NO SOY UNA PUTA! ¡TE VOY A ROMPER UN BRAZO PEDAZO DE ZORRA! –Grité con todas mis fuerzas sin dejar de patalear y dar puñetazos a diestro y siniestro.
-¡Calma Sam!
-¡Me has roto la nariz hija de puta! – Gritó Shannon con toda la nariz y la boca llenas de sangre y lágrimas en los ojos.
-¡A la otra seguro que no me vuelves a llamar puta! ¡Te tendría que haber roto algo más! ¡Olvídame y yo me olvidaré de ti! ¿¡Te ha quedado claro?
-Mi padre se enterará de esto – Dijo ella antes de irse, junto con su séquito de amigas a la enfermería a que le miraran la nariz que, muy orgullosamente, había roto un segundo atrás.
-¡No tienes ni idea del miedo que tengo! – Dije con ironía, todavía en brazos del profesor de Literatura.
-Rickmann, suelte a la señorita Puckett – Era Finny –. Yo mismo me encargaré de llevarla al despacho del director.
Rickmann me soltó y Finny me agarró por la muñeca, conduciéndome por los pasillos hasta el despacho del director. Me iba a caer una buena.
-Hola fracasado, ¿cómo anda tu banda de músicos de pacotilla?
Otra vez. Ya estaba el capullo de Brian dando por saco, como todos los días, y mi límite de paciencia de hoy se estaba agotando. Solo un minuto y me voy a casa. Solo un minuto Freddie.
-¿Es que no te cansas nunca?
-No. Nunca me cansaré, no eres más que un fracasado y en el futuro serás que un músico frustrado que no tendrá donde caerse muerto.
-Piérdete, nadie ha dicho que me vaya a dedicar a la música profesionalmente, si lo fuera a hacer ya habría dejado el instituto hace tiempo.
-Igual que tu padre te abandonó a ti, para convertirse en el fracasado que seguro que es.
Sonó el timbre, me di la vuelta y estrellé mi puño contra la cara de Brian, quien calló al suelo y se llevó la mano al ojo.
-¿Pero tú de qué coño vas Benson?
-Retira lo que has dicho de mi padre – Le dije en el tono más calmado que me salió.
Sí, era cierto. Mi padre nos había abandonado a mí y a mi madre cuando yo tenía unos 12 años. ¿Por qué? Solo lo sabe él. Éramos felices, mi madre y él nunca discutían, estábamos más que unidos. Por él es por quien toco la guitarra. Pero un día, dejando solo una nota que decía lo siento, desapareció del mapa y se llevó todas sus cosas, hasta su guitarra. Y con sus cosas se llevó la felicidad de mi madre, que cayó en depresión, y la mía.
Sin embargo, yo expresé el dolor de otro modo. Empecé a vestirme de negro, dejé de hablar con la gente, el único con el que intercambiaba como mucho dos palabras a lo largo del día, era con Cameron. Me pasaba el día escuchando música, leyendo poemas bajo los cipreses de los cementerios y escribiendo en un cuaderno como me sentía. Me convertí en un muerto en vida.
El día que tuve que llevar a mi madre al hospital por haberse tomado un bote de pastillas cuando tenía 14 años, fue lo que me hizo explotar. Se lo conté todo a Cameron. Lloré como un niño pequeño que ha perdido su juguete favorito en los brazos del que era, es y será mi mejor amigo, que tampoco pudo contener las lágrimas al confesarme entre sollozos, que su padre murió cuando él era pequeño.
Desde ese día, desde el día que dejé que todo el dolor que me había poseído saliera de mi cuerpo en forma de lágrimas y palabras, decidí enterrar el recuerdo de mi padre e intentar avanzar. Dejé de vestir de negro y comencé a convertir aquellos sentimientos anotados en el cuaderno en canciones.
Nunca me separaba de ese cuaderno, y un día, cuando fui a buscarlo entre los libros de mi mochila, me di cuenta de que no estaba. Brian lo había cogido y se había enterado de todo. Mi padre y su abandono, mi madre y su intento de suicidio, y de mis pensamientos más profundos. Desde ese día, me martirizaba a todas horas y yo no podía hacer otra cosa que callar y aguantarme todo lo que me decía.
Pero hoy había tocado un tema demasiado delicado, un tema que no tenía que haber sacado. Había jugado con fuego, y ahora se había quemado.
-Repito. Retira lo que has dicho de mi padre si no quieres que… - El puño de Brian interrumpió mis palabras. Noté es sabor de la sangre en mi boca.
Se inició una pelea entre nosotros. Nos fuimos al suelo y empezamos a rodar por este golpeándonos cada vez que podíamos donde pudiéramos.
-¡Pelea! – Gritó una compañera de clase, haciendo que todos entraran en tropel dentro del aula para contemplar el espectáculo. Y entre ellos estaba Cameron.
-Mierda, ¡Freddie!
Me cogió por debajo de los brazos y tiró de mí con todas sus fuerzas. A duras penas me sacó de allí.
-¡Vuelve a decir lo que has dicho y no te levantarás de suelo! – Grité.
-¿Qué ha pasado?
-Ha nombrado a quien no debería haber nombrado – Respondí con la respiración agitada.
-¿Te refieres a…?
-Sí.
-¿Qué ha pasado aquí?
El director del instituto llegó a donde estábamos nosotros y vio mi cara llena de sangre.
-Freddie se tiró sobre Brian sin motivo alguno. Yo lo vi todo – Dijo la chica de antes.
-¿Qué? Eso no es verdad. Brian lleva meses metiéndose conmigo y pegándome y nunca me he defendido.
-Pues ahora tienes una hora de castigo por haberle pegado y no haberme dicho cómo te estaba tratando este tiempo.
-¿¡Qué? ¡He ido miles de veces a tu despacho con los ojos morados y lleno de pintura por su culpa y nunca has hecho nada! ¡Todo porque es el puto capitán de jodido equipo de fútbol y todos le besáis el culo!
-Muy bien Benson. Tres horas de castigo. Ahora, vete a la enfermería a que te curen eso que tienes en la cara y más de vale que Brian no esté lesionado.
-Cómo no… -Susurré mientras me dirigía junto con Cameron a la enfermería cojeando.
-¿¡Tres horas de castigo! Eso es inhumano Ted – Grité al escuchar mi sentencia.
-Es lo que te mereces por haberle pegado. Y no me llames Ted.
-¡Pero me llamó puta delante de todos!
-Haber venido a decírmelo a mí en lugar de tirarte encima de ella. Es la jefa de las animadoras Sam, no podemos permitir que se lesione.
-¿Por qué le das un trato especial a las animadoras y a los deportistas y nos tratas a los demás como si fuéramos mierda?
-No me hables así Sam. Te la estás jugando.
-Me la juego todos los días cuando cruzo las puertas de que tú consideras un instituto perfecto. Gente como yo y gente más débil y menos popular lo pasa fatal todos los días porque tus queridos deportistas nos hacen la vida imposible.
-No me mientas Sam.
-¡No te miento! Pregúntales a todos los alumnos a ver qué te responden. Ah no, espera… te mentirán porque nos tienen ACOJONADOS – Fui subiendo el volumen de mi voz progresivamente. Estaba que mordía.
-Si nadie se ha quejado es porque no hay problemas, ahora vete al aula de castigo.
-Vaya mierda de instituto – Dije dando un portazo.
-Sam, yo creo que tienes razón. Sé que la tienes, pero ese no es el modo de demostrarlo.
-¿Por qué tenemos que tener miedo nosotros si somos más?
-Tendrás que encontrar un modo de hacerles ver eso. Vamos, te acompaño al aula. Ah, antes de que se me olvide – Dijo sacando una funda llena de folios de su vieja cartera – aquí tienes los ejercicios. Has hecho un trabajo excelente Sam, estoy orgulloso.
-Serás el único – Suspiré cogiendo mis deberes.
-Haz que todos estén igual de orgullosos que yo. Sabía que lograrías sacarle partido a esa inteligencia que tienes y que usas tan poco.
-Adiós Finny – Dije entrando en el aula de castigo, completamente vacía.
Aproveché que estaba sola para llamar a Carly y decirle que no podría quedar con ella por el castigo, pero no me cogió el teléfono, así que llamé a Spencer.
-Sammy, ¿qué pasa? ¿No estabas con Carly? – Dijo el mayor de los Shay con esa alegría que tanto le caracterizaba.
-Debería, pero me han puesto tres horas de castigo.
-¿Qué has hecho?
-Una chica se pasó el día insultándome y no me pude contener.
-Debes controlar tu ira Sam y lo sabes. Bueno, he de irme a seguir con mi escultura, parece ser que el pan ya está lo suficientemente quemado. Yo llamo a Carly para decírselo. Adiós.
Antes de que me pudiera despedir Spencer colgó y entró por la puerta el vigilante. Me senté en un pupitre al fondo de la sala y me puse a hacer deberes y a estudiar, mientras escuchaba música con los auriculares.
Más o menos una hora más tarde, una de las canciones del grupo empezó a sonar, así que cogí el teléfono para ver si podía empezar una conversación con alguno y, de ese modo, no morir del asco y el aburrimiento.
Llevaba una hora de castigo y estaba que me subía por las paredes, necesitaba hacer algo para distraerme. Entonces, mi móvil vibró en mi bolsillo, lo saqué y vi que Sam había iniciado una conversación.
-¿Qué hay Freduccini?
-¿Freduccini?
-Tu nombre se puede acoplar a cualquier palabra. ¿Qué tal estás?
-Castigado, creo que voy a morir como no salga de aquí en breves.
-Estoy aquí para hacer tu castigo más ameno si a cambio haces algo por mí.
-Haré lo que esté en mi mano, aunque desde aquí no sé si te seré de mucha ayuda.
-Haz que mi castigo también sea más ameno.
-¿Estás castigada?
-Efectivie Wonder. Es una costumbre en mí, al contrario que tú. No pareces la clase de chico al que castiguen a menudo.
-Y no lo soy, pero tampoco soy un santurrón. ¿Qué has hecho para que te castiguen?
-Pegarle a una animadora que me insultó. Tres horas de castigo por defenderme -.- ¿Tú que has hecho, chico malo?
-Me encaré con el capitán del equipo de fútbol. Dijo cosas que no debió y también me han caído tres horas. No pareces la clase de chica que se mete en peleas, a pesar de todo lo que Carly me ha contado.
-Estamos a la par, las apariencias engañan . Aunque me sigue pareciendo una mierda que me hayan castigado. Tratan mejor a las animadoras y a los deportistas y pasan de los demás.
-Yo pienso lo mismo, es una mierda. Y lo que más jode es que nosotros somos más, ellos son 20 o 30.
-Hay que demostrarles que somos más y hacerles sentir lo que sentimos nosotros cada día.
-¿Cómo dirías que es de retorcida tu mente Puckett?
-Llega a niveles inimaginables.
-Te propongo algo. Quedamos después del castigo y Zumolandia para planear nuestra venganza, ¿qué me dices?
-Que ya tienes un compañero para el crimen. Nos vemos en dos horas en Zumolandia.
-Hasta luego.
-Hasta luego.
Muy bien musculitos de gimnasio y rubias de bote sin cerebro. Empieza la venganza.
Hasta aquí. ¿Qué tal? Espero que os guste. Quiero haceros una pregunta, quiero que en vuestros reviews a parte de vuestra opinión sobre el capitulo, me digáis que pensáis del Cibby, y quiero sinceridad absoluta. Por favor
Y, como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el siguiente capitulo.
Besos ^^
