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SIMPLES ILUSIONES
"Tai… lo siento mucho…" Dijo Mimi.
"No Meems, yo soy el que lo siente… cómo iba a mirar a mi hijo y decirle que debía hacer lo correcto cuando yo no lo estoy haciendo?... Siente mucho todo lo que pasó"
Dijo Taichi recordando que la peor parte la había cargado su amiga. Aunque sabía que todo había cambiado, para bien o para mal, estaba consciente que las cicatrices que él tenía en su corazón no eran ni cercanas a las de ella. Y aún así nos regalas esa sonrisa Mimi.
Habían comido y hablado… por el momento de trivialidades. Yamato miró a su esposa y notó pequeñas ojeras asomándose.
"Mimi… vete a dormir… estás cansada" La castaña volteó a mirarlo con sorpresa y vió algo con lo que no pudo pelear. En verdad estaba preocupado por ella. Pero más que preocupado estaba muy dolido. Su tono no era tierno ni tranquilizante como esta mañana. Era más una orden. Arrugó el ceño sin entender muy bien pero en vez de pelear se paró.
"Yolei…"
"Sí Matt… ven por acá Meems" Dijo ella tratando de buscar un espacio para explicarle lo que había pasado.
Por un momento Mimi sintió un pequeño vacío al ver que Matt ni siquiera se paraba a despedirla o a acompañarla. Incluso ni la miraba!. Hablando de hormonas!. Seguía hablando como si nada con Ken… pero la mirada que le había dedicado…
Quisiera un trago. Pensó Yamato.
Estaba supremamente dolido y estaba consciente que la manera en la que le habló no era la adecuada. Pero no podía evitarlo! De solo recordar que le había dicho que lo prefería ver muerto dolía mucho! Pasó su mano por su pelo rubio tratando de tranquilizarse. No es su culpa pensó con resentimiento. Las personas cambian, en eso estaba de acuerdo, pero no porque alguien así lo quiera si no por los golpes que da la vida. Aún así lo que somos y cómo reaccionamos frente a los acontecimientos no se altera. Estamos establecidos desde muy pequeños en la infancia. Él sabía eso, su infancia no había sido la mejor. Papás separados, papá indiferente, mujeriego y alcohólico. Y sin embargo, yo seguí los pasos de ese viejo.
Mimi escuchaba adormilada las disculpas de su amiga. Estaba de mal genio y no tenía intenciones de discutirlo esa noche.
"Yolei basta"
"Meems pero si tan solo le dieras una posibilidad"
La miró con rabia y despectiva. "He dicho basta!" Se había exaltado. Ya no quería escuchar excusas ni consejos. Quería descansar. Yolei la miró y suspiró. Sabía que a su amiga no le cambiaría el semblante con suerte hasta mañana.
"De acuerdo… solo quiero que sepas que tanto él como nosotros hemos dado lo mejor para que todo esto se arregle… Me consta Mimi" Y salió de la habitación apagando la luz y dejando a una castaña sola en el cuarto.
Acariciando su vientre pensó en las palabras de Yolei. Sé lo mucho que estás haciendo por mí Yamato, pero no puedo evitarlo. No he podido perdonarte.
"Taichi"
Tai no tenía que voltear a ver quién era. Lo sabía muy bien. Por un tiempo deseó que esa voz no volviera a resonar en este mundo.
Le dio otra calada a su cigarrillo. "Qué quieres Ishida?".
"Continúas fumando?" Taichi soltó una risa irónica.
"Qué te hace pensar que lo había dejado?" Yamato sacó un paquete de los suyos y extrajo un cigarro. Se encogió de hombros.
"No sé. Tal vez tu hijo. Pienso dejarlo cuando el mío nazca" Tai lo miró sorprendido. Mimi embarazada? Estaría feliz? Estaría de acuerdo?
"Ja! Haría lo que fuera por el mío. Sin embargo, eso no es de tu incumbencia" Los dos amigos guardaron silencio por unos minutos. "Le has preguntado cómo se siente? Si está feliz de tener un hijo tuyo?"
Yamato le dio una calada a su cigarrillo. Debería hacerlo. Preguntarle si está feliz. Sin embargo, esa era una pregunta que le aterraba porque sabía que la respuesta era un no. "No… No quiero saberlo"
"Entonces la sigues tratando como una cualquiera! Como tratas a todo lo que te rodea" De pronto un puñetazo sonó contra la pared. Había rozado la cara de Tai por milímetros. Sus ojos estaban oscuros, llenos de ira. Taichi estaba molestando con los hilos de su paciencia.
"No Taichi, no volvería a hacer nada que la lastimara o no la hiciera feliz porque la amo. Sé que no era el momento para tener un hijo pero cualquier decisión que ella tome la respetaré"
Taichi le dio una sonrisa ladeada. "Claro. Como la respetaste todos estos años"
De pronto el castaño cayó al suelo con un poco de sangre en su boca. Yamato tenía los puños prensados. Te lo advertí. Se lo había advertido. "Soy nadie para decirte que he cambiado, pero tienes un hijo a quién cuidar y por lo que escuché antes de irse a dormir quiere conocer a su mamá"
"Ahora husmeas a los demás?" Taichi limpió un poco de sangre que salía de su comisura.
"Puede que nunca me perdones por lo que hice. En estos momentos solo me importa que Mimi pueda tolerarme. Pero Sora está sola Taichi, está arrepentida y está muy preocupada por ti y por él"
"Eso tampoco es de tu incumbencia Ishida" Lo miró desafiante. "No sé qué vio Mimi de nuevo en ti, pero sea lo que sea… Yo no lo veo. La gente como tú no cambian"
"Taichi, Yamato" Una castaña semidormida con el pelo levemente alborotado estaba en la puerta. Se abrazaba así misma.
Yamato se acercó rápidamente a ella colocando un mechón detrás de su oreja y acariciando su mejilla. "Todo bien?" Preguntó ella con algo de duda. Sabía que algo había pasado.
"Por supuesto Mimi! Yamato me estaba contando sobre la disquera. Por los viejos tiempos y lo buenos amigos! Verdad?" Mimi pudo sentir la tensión en el aire. Taichi. Forzó una sonrisa dirigida al elegido del valor.
Yamato no desvió la mirada de ella. "Tú? Todo está bien?"
Mimi lo miró nuevamente. Odiaba dormir en casas ajenas cuando apenas había recuperado la suya. "Quiero ir a casa. Son las 3 am y estoy cansada. Podemos?"
Yamato ni siquiera lo pensó. "Claro que podemos"
Tal vez Mimi no lo sabía, tal vez se estaba armando falsas ilusiones, pero cada frase en donde estuvieran juntos, cada palabra que no estuviera cargada con rencor, y cada roce, aún el más mínimo, para él, era como si ella le estuviera haciendo el amor.
Taichi lo notaba. Algo había cambiado en Yamato. Sería posible?. No… Las personas no cambian. En especial Sora. Sonrió al ver a su hijo respirar pausadamente. En cierto sentido la entendía. Y si algún día su hijo dejara de respirar? No lo soportaría. Haría lo que fuera por no verlo sufrir.
"Taichi!... Estás consciente que pueden matarlos a ambos!?... Qué hay de nuestro hijo?"
Las palabras de Sora resonaban en su mente. Si estuviera en su posición, ¿qué hubiera hecho? Tal vez lo mismo. Entonces se dio cuenta. Lo que no le podía perdonar a Sora no era el hecho que los hubiera abandonado, tampoco que lo hubiese obligado a irse del país y llevarse a su hijo consigo. Lo que no le perdonaba era la traición. La sensación de no ser suficiente, de no haber podido hacerla totalmente feliz.
"Qué persona más egoísta" Susurró sin despegarle la mirada a su hijo. A la larga, le hubiese podido perdonar todo, absolutamente todo. Menos el hecho de haberlo traicionado y humillado. Era orgullo, físico y puro orgullo.
"Mmmm! Ahhh… Sí!... Sigue así Michael!"
Michael Rockefeller se encontraba en su oficina con una joven de pelo rubio en su regazo. Llevaban teniendo sexo un buen rato. Distracción supongo. Pero ya se encontraba cansado y pensativo. Una mano se posó en su mejilla acariciándola con cariño.
"Qué pasa Mike?" Sus ojos azulados se enfocaban en él con el ceño fruncido.
Michael le tocó el ceño a manera de juego. "No me gusta cuando arrugas el ceño Zoe, te vas a arrugar permanentemente" Dijo con voz suave mirándola con ternura.
"No lo haría si no tuviera que sentirte tan distante". Michael suavizó la mirada aún más. Esa niña despertaba en él otro tipo de sentimientos. Era como su hermana. Hermana con la que tengo sexo. Pensó con un poco de perversión en el pensamiento.
"Zoe" Dijo abrazándola por la cintura y hundiendo su cara en el pecho de la muchacha. "Si tuvieras algo que hacer? Si tuvieras que hacer algo que no quieres pero pareciera que no hay otra opción… Qué harías?"
Zoe lo miró confundido para luego soltar una risa. "Qué trágico suenas compañero" Al ver la cara seria del rubio decidió continuar. "Pues si digamos me pusieran a comer champiñones, Yack! Y no tuviese otra opción, haría que alguien se los comiera por mí. A la larga, a nosotros los niños ricos no nos miran por cómo hacemos las cosas si no por los resultados, no importa cómo lo logres"
De pronto los ojos de Michael se iluminaron. Zoe tenía razón! No importaba cómo lo hiciera o quién lo hiciera mientras no fuera él. De igual modo el problema era ese pequeño que estaba creciendo en el vientre de esa castaña… No la castaña, no Yamato.
"Y a quién contratarías para hacerlo?"
"Contratar? Aajajajja Michael parece que estuvieras planeando un asesinato!... mmm Bueno veamos tendría tres opciones: La primera es al niño loco que le fascinan los champiñones, la segunda al niño que quiere algo más a cambio y la tercera es al niño que se deje manipular o amedrantar" … Zoe se llevó un dedo a la boca y sonrió. "En lo personal prefiero la primera"
Y él?... Cuál prefería? Tenía los peones… pero cuál de ellos debo usar?
Mimi se encontraba mirando la biblioteca. Había intentado evitarla desde algunos meses. Traía recuerdos… algunos felices… algunos tristes… A la larga no importaba porque fueran lo que fueran seguían siendo dolorosos.
Sin embargo, ayer habían llegado a las 4 am y aunque estaba exhausta no pudo dormir. El principal motivo fue que cuando ya estaba cerrando el ojo sintió unos brazos fuertes abrazarla por detrás. En medio del sueño creyó escucharlo decir "Perdóname" Y todo se volvió negro…
Como por cinco minutos, porque al cabo de un tiempo se despertó aprisionada en los brazos de su queridísimo esposo y no pudo volver a dormir.
"Que mala suerte" Susurró arrugando el ceño mientras tomaba una tacita de té.
Miraba fijamente la foto encima de la chimenea. Era una foto muy bonita de los dos. Debo aceptarlo… es un demonio… pero uno muy guapo. Su mirada se enfocó en el anillo de bodas de su dedo anular y enseguida se llevó una mano a la cadenita de oro. La apretó con fuerzas.
"Qué tienes ahí?" La voz masculina la sobresaltó tanto que casi vota el té.
Retiró la mano enseguida. "Solo té. Espero que no te moleste. Cogí uno de tu caja".
"Por supuesto que no me molesta" Dijo sonriendo como si hubiese dicho la cosa más absurda del mundo. Mimi bajó la mirada y la volvió a dirigir a la chimenea.
"Antes te molestaba"
Yamato la miró por un momento tratando de elegir las palabra adecuadas "Antes fue hace mucho tiempo Mimi. No tenía idea de lo que era indispensable para mí y lo que no"
Mimi no desvió la mirada También aprendió a hablar.
"Qué bueno que te diste cuenta que una papeleta de té no es el fin del mundo" Decidió no hurgar más en sus palabras. Lo que sea que le había pasado a Yamato Ishida no lo quería saber y en este momento no era él. Quién eres tú y qué hiciste con mi esposo?. Cualquier mujer enamorada caería ante sus encantos. Feliz que su pareja hubiera cambiado por ella. Pero Mimi no… Cuándo saldrá a relucir tu verdadera cara Yamato?. Por mucho que quisiera, la vida le había enseñado que las personas cambian cuando les es necesario, sin embargo, por dentro siguen siendo los mismos de siempre.
Yamato soltó una risa suave. "Sí. Tan bueno cómo ver que la persona por la que hice esta enorme reforma por fin pase a verla"
Yamato se acomodó detrás de ella colocando una mano levemente en su vientre.
"Te gusta Mimi?"
Mimi casi no se podía concentrar con el aliento de su esposo en el cuello. "Por supuesto que me gusta, a quién no le gustaría?"
"No lo sé… lo importante es que te guste a ti"
Con ello le dio un beso en la boca y salió. "Iré a preparar el desayuno princesa".
Había prometido no volver a caer, no volver a ser lastimada. Pero era una masoquista. Algo debe ir muy mal ahí, dijo tocándose la cabeza. Yamato estaba entrando otra vez en su mente… y aunque ella no lo quisiera admitir, también en su corazón.
"Sólo deberá morir el bebé"
"Y por qué no lo hace usted mismo?" El rubio se giró con fuego en los ojos.
"No te pago para intentar psicoanalizarme"
"No estoy intentando entrar en su mente. Solo me surgió la inquietud del por qué una persona con tanta plata como usted llegaría a requerir de estos servicios" Sonrió con desdén. "Pero este contrato no me prohíbe decirle la verdad… Es usted un cobarde señor Rockefeller. Cree estar muy por encima de todos los demás pero verá… no lo está por encima mío. Su estatus y su dinero no me interesan. Por supuesto sacaré una buena tajada, pero no se trate de pasar de listo conmigo"
"Sé muy bien quién es la persona a quien tengo al frente" Dijo desafiante.
"Lo sabe?" Se escuchó una carcajada en la habitación. "No… usted no sabe nada. Lo que usted está planeando son simples ilusiones. Mata a un simple príncipe cuando debería ir por el rey y la reina. Con tantos años le digo que esos dos no dejarán pasar por alto la muerte de su hijo. Tendrá problemas el resto de su vida"
"No tiene por qué darme un sermón. Retírese"
La persona salió de la habitación. Las manos de Michael temblaban suavemente. Él lo sabía. Si Yamato se llegaba a enterar tendría que correr por el resto de su vida.
Al fin suspiró con pesadez Ah! Cómo dice mi padre: Por el bien de la familia.
GRACIAS! A LOS QUE DEJARON REVIEWS. SÉ QUE ME DEMORÉ MÁS DE LO NORMAL PERO EN VERDAD HABÍA PERDIDO UN POCO LA INSPIRACIÓN. ESPERO QUE LES GUSTE. LOS AMO BYE! DEJEN SUS COMENTARIOS Y CRÍTICAS.
