NUEVO CAP! DISFRÚTENLO!
TOMANDO DECISIONES
"No… usted no sabe nada. Lo que usted está planeando son simples ilusiones." Y él?... qué hay de él? También se estaría haciendo simples ilusiones?.
No era un trabajo complejo pero sus ganancias no solamente recaían en lo económico. Por qué tuviste que perdonarlo Mimi? Hubiera dado el mundo por ti.
El vaso de su mano derecha pareció resquebrajarse. La música, las luces, la compañía. Definitivamente éste no era su lugar. Nunca había sido de estos ambientes más sin embargo, mañana se acabarían sus vacaciones.
Sus intenciones eran claras. Podrías darme toda tu fortuna Rockefeller pero nunca estarían a la altura de lo que voy a ganar si todo sale bien.
"Quiere algo más señor?" Preguntó la bartender mientras servía otro vaso de whisky. La miró de pies a cabeza. Era una mujer muy bonita. Sonrió con prepotencia.
"Dame otro vaso… y me vendría bien tu compañía"
Mimi Tachikawa nunca se había sentido más cómoda en la vida. Estaba recostada en un sillón exterior sintiendo el aire frío de las mañanas de otoño. Yamato se había tomado el día libre de nuevo. No es que le molestara… bueno tal vez un poco. Pero se sentía a gusto con él. Extraño? Sí. Pero sus sentimientos ya no eran tan confusos. A pesar de las circunstancias se encontraba feliz.
Los sueños suelen romperse en un instante… pero qué más da? Los he perdido muchas veces antes.
Una sombra grande se posó sobre ella.
"Mataría por saber lo que estás pensando" Dijo el rubio recién bañado. Mimi frunció el entrecejo. Se puede llegar a ser tanendemoniadamente sexy?
"Sólo pensaba"
Yamato le extendió un vaso con jugo a su esposa. Se veía increíblemente hermosa con un vestido veraniego recostada con los rayos del sol cayendo en su pelo castaño. Tan sedoso… como si pudiera morir mirándolo.
"Gracias" Dijo con una pequeña sonrisa. Pareció dubitativa por un momento. Lo miró durante unos segundos. "Siéntate al lado mío" Bah! Quién no ha caído en la tentación?… Lo importante es que este pequeño tengo un futuro mejor.
A Yamato se le iluminó la cara. Se sentó con cautela y se recargó en su regazo. No podía estar más agradecido con su ofrecimiento. Con su mano libre acarició el vientre que ya se estaba empezando a notar. Mimi pareció observar la escena con un brillo particular en los ojos que Yamato no supo descifrar.
"Cómo le vamos a poner Mimi?"
"Quiero que se llame Sammuel" Yamato frunció el ceño.
"Eso no pasará" Mimi rió suavemente. Pareció pensarlo por unos momentos.
"Qué tal si reunimos ideas y lo decidimos entre los dos" Entre los dos… Esa palabra era como dulce para sus oídos. La amaba… Por Dios que sí. Sin darse cuenta empezó a acariciar la mejilla de su esposa. Suavizó la mirada… Por lo menos su mujer no le había despreciado el tacto.
La mirada de Mimi se volvió triste. En sus ojos podía ver lágrimas. "N-no sabes cuánto quisiera poder confiar en ti… No sabes cuánto desearía…" Yamato abrió los ojos y la abrazó obligándola a recostarse en su pecho. Acarició su cabeza como si jamás quisiera dejarla ir. Juntos miraron el cielo.
"Sabes? Mucho antes de casarnos pensé que las historias felices terminaban en el matrimonio… No es así ¿verdad?" Mimi soltó una risa pequeña y estiró su mano como queriendo alcanzar las nubes.
"Yo pensaba lo mismo Yama" Yamato alcanzó su mano a mitad del camino.
"Sé que cualquier promesa que te haga no servirá de nada. Pero no puedo evitar decirte que te amo… que te protegeré… y sé que se nos vienen años de problemas por delante pero los superaremos juntos. Los dos… solo los dos"
Mimi posó su quijada en el pecho de Yamato. Sus palabras sonaban tan sinceras que no lo pudo evitar. Sonrió de nuevo. Se acercó suavemente a la altura de su esposo. Parecía surreal. Para Yamato nada de esto le hacía justicia a los deseos más profundos. Sé que no me lo merezco. Sus latidos se acompasaban el uno con el otro. Mimi por fin acortó la distancia y Yamato cogió su cadera con fuerza. La pasión era innegable. En cuestión de segundos un beso casto se había vuelto en uno de los más apasionados que él jamás pensó. Se estaban descargando el uno con el otro… Eran dos seres tratando de tomar todo del otro, reclamándose por tantos años de vacío en sus corazones.
"Mimi" Dijo Yamato entre respiraciones. Su erección era obvia. Muy obvia. Y sin embargo, no le molestaba en lo absoluto… Ni a él… ni a ella.
"Señor Ishida" Una voz fuerte los sacó de dicho estado.
Yamato respondió más tosco de lo normal. "Wallace… más te vale que sea importante".
"De hecho es una llamada para la señora Ishida"
Los dos levantaron la cabeza para enfrentar a Wallace. "Para mí?" Yamato la miró a los ojos. No sabía si estaba celoso o preocupado… probablemente las dos.
"Sí señora… se trata del señor Joe Kido" Los ojos de Mimi se iluminaron y salió corriendo a la sala de estar.
"Hola! Joe"
"Mucho tiempo sin verte Mimi!... Cómo has estado?"
"Muy brava contigo porque no has aparecido desde hace mucho tiempo"
"Pensé que no me extrañabas? Cómo vas!"
"Bueno salí de la cárcel… Estoy de vuelta en Odaiba" Un silencio apareció al otro lado de la línea.
"Con Yamato?"
"mm sí… estoy con él… se ha portado muy bien conmigo" Dijo mirando al rubio recostado en un marco de la puerta mirándola como si estuviera haciendo algo malo. Enseguida Mimi frunció el ceño. Y ahora qué hice? Dirigió la pregunta mental hacia Yamato quién dio la vuelta al sillón y se sentó haciendo un ademán con las manos para que continuara.
"…" La persona al otro lado de la línea no musitó palabra por unos instantes. "Mimi, voy a ir a visitarte en estos días. Llegaré a Odaiba y no tengo donde quedarme… Me preguntaba si tal vez ustedes….?"
Mimi miró de reojo a su esposo. No se alegraría con la noticia pero no es que pudiera decir mucho al respecto.
Como sintiendo un frío en la nuca Yamato volteó la cabeza con lo pelos todos erizados. La miró con cara de pocos amigos como queriendo decir ni-te-atrevas. Mimi entrecerró sus ojos. "De acuerdo Joe. Yamato estará encantado de verte." Dijo con una sonrisita mientras Yamato la asesinaba con la mirada. "Los 3 estaremos muy felices de verte"
Entonces su esposo solo suavizó su mirada y volvió a voltear la cabeza.
"Los 3?"
"Sí Joe. Yamato y yo seremos papás" El silencio se hizo sepulcral. "Joe?"
"Eso es fantástico Mimi"… "Estaré esperando"
La castaña colgó por unos segundos aliviada. No es que no quisiera ver a Joe, pero quería más tiempo con Yamato sin que nadie le diera un jalón de orejas. No puede ser tan malo… verdad bebé? El rubio la miró de nuevo y ladeó una sonrisa. "Por qué no vamos al cuarto princesa?"
Mimi se sonrojó levemente ante la proposición. Bueno, al menos el momento incómodo ya pasó. "¿Y por qué demonios una princesa haría tal estupidez?" Yamato caminó hacia ella sigiloso con una cara marcada en deseo. La estrechó entre sus brazos mostrándole al pegarla a su cuerpo lo mucho que la deseaba.
"Porque está princesa quiere lo mismo que yo. Y como princesa… Debo cumplir sus deseos" Se abalanzó contra sus labios con fuerza. La pasión se había agolpado en su interior por mucho tiempo. La recorría con sus manos hasta los rincones más recónditos de su cuerpo. De pronto la ropa empezaba a estorbar.
"Vamos Tachikawa… No toleraré más interrupciones" Y junto caminaron hacia el cuarto, sosteniéndose de las paredes y dejando besos en el camino.
Yamato solo podía pensar en que estaban en el momento preciso del embarazo. Su hijo no era muy evidente pero el cuerpo de Mimi había empezado a cambiar. Lo notaba, tantas noches memorizando el cuerpo de su amada y recordándole en silencio no le hacía justicia a este momento.
Los gemidos empezaron a escucharse mientras la ropa era dejada en el camino. Los labios del rubio recorrían lo que sea que encontrara y la castaña complacía sus manos con una creciente erección.
Pronto se volvieron uno como antes. Como siempre. Se sentían tan bien en el cuerpo del otro que era imposible negar que hubiesen salido del mismo molde. El clímax vino pronto para la castaña y Yamato pronto la siguió. Cansados dejaron reposar sus cabezas una contra la otra. Mimi fue la primera en romper el silencio
"Bueno… al menos no tenemos que preocuparnos por un bebé" Yamato la miró y sonrió. Le acarició la mejilla con un poco de miedo al rechazo más nunca llegó. Su esposa se pegó a él. "Sabes… Hace ya tiempo vengo sintiendo algo que he querido negar. La verdad no puedo creer que sea tan bruta… creo que soy a la única mujer que le pasa esto"
Yamato la miró con una ceja elevada tomando el rostro en sus manos. "Al punto Mimi" Mimi tragó duro.
"Debe haber algo muy malo en mí yo lo sé… Pero cada vez me cuesta más trabajo guardarlo" Sus mejillas se tiñeron de un rojo casi morado. Yamato por su parte estaba indeciso. Me va o no me va a gustar esto? Y si me dice que quiere alejarse de mí para siempre? Y si me aleja de mi hijo? Y si no puedo volverla a ver nunca más? Y sí….
"Te amo" Dijo en tono bajito. Casi como un murmullo.
¿Qué?
"Espera, creo que no comprendí… Qué fue lo que dijiste?" Mimi frunció el ceño. Tanta preparación y todo se fue al caño. Había perdido el coraje y los nervios. Se volteó indignada.
"Olvídalo" Una sonrisa gigante se esbozó en el rostro de Yamato.
"No… quiero que vuelva a salir de tus labios… Te amo Mimi Tachikawa" El rubio la abrazó por detrás y ambos se recostaron en un mar de sensaciones placenteras. Los dos con una sonrisa en el rostro se dejaron ir. Te amo… más que a nadie. Y mataré al desgraciado que nos ponga un dedo encima. Dijo rozando suavemente ese vientre.
"Papá! Cómo me veo?" Su hijo corrió como si no hubiera mañana por la habitación con sus pantalones de drill y camisa. Por qué no pudiste ser más tranquilo como tu madre? Pensó el castaño con una sonrisa de pesar. Yamato siempre le había dicho que su hijo saldría igual a él. Y sí efectivamente sucedió. Te tiraste mi vida amigo, incluso me predijiste un mundo de poco sueño y trabajo. También había sido flojo en la secundaria. En realidad toda la vida. Pero jamás se imaginó que así tendría que compensarlo.
"Danny. Romperás algo" Dijo una voz femenina desde la puerta. "Ve con tu tío TK"
"Sí tía Hikari" Y el pequeño terremoto salió disparado hacia la puerta. Taichi miró de reojo. Ahh la autoridad femenina.
"Cómo te sientes hermano? Estás listo?" Taichi se miró al espejo. Los años lo habían cambiado pero no por eso se encontraba menos atractivo. Aún así se sentía tan inseguro. Como un viejo cansado, decrépito e impotente. Corrección amigo, tú no te tiraste mi vida. Fue esa bruja loca pelirroja que me volvió un idiota. Volvió la mirada y pensó Y después de todo… sigo haciendo lo que ella me dice.
"Más que nunca… Danny tiene derecho a conocer a su mamá" Hikari lo miró por un instante. Nunca en su vida se había sentido tan orgullosa de su hermano como en estos momentos.
"Lo harán muy bien"
Su apartamento era un desastre. Había escondido la ropa sucia en cuánto cajón encontró. Metió los platos que cupieron a la lava-vajillas y el resto donde pudo. Se encontraba nerviosa. Transpiraba. Muy bien Sora. Esto te hará ver más hermosa aún. Dijo con sarcasmo.
Ding- Dong
Sora se paralizó. Habían llegado. No sabía ni como actuar. Se imaginó mil y un discursos en su mente y al momento de abrir la puerta …
Nada absolutamente nada.
Sus ojos solo podían ver a las dos figuras delante de ella. O cuánto se parecían esos dos, de no ser por ese cabello pelirrojo bien podría se de cualquiera.
"mmm… Nos vas a invitar a pasar?. Hace frío tú sabes… Ya casi es invierno."
Sora se encontró por un momento. Contrólate Takenouchi.
"Sigan… los estaba esperando" Dijo con una sonrisa en su rostro. Taichi al fin había cedido. Le iba a permitir conocer a su hijo y reconocerlo como tal.
Había preparado una deliciosa Lasagna… en parte porque era su especialidad y en parte porque recordaba que a Taichi le fascinaba. Sus miradas se cruzaban furtivamente mientras el niño acaparaba la atención de su madre.
La comida pasó en un momento… Como todas las cosas buenas. Sora se encontraba lavando los platos. Taichi se acercó pero se quedó lo suficientemente lejos para no perturbar su espacio personal. Por un momento Sora decidió que lo hiciera. Pero no pasó.
"Danny está dormido… Yo tengo trabajo mañana… No sé si quieras quedarte con él por esta noche… Lo recogeré mañana" Los ojos de Sora se iluminaron.
"Por supuesto que sí". Taichi asintió y cogió su abrigo hasta que una mano fuerte agarró su antebrazo. "No te vayas…" Susurró Sora.
"…"
"No te vayas Taichi. No sabes cuánto me arrepiento… No sabes cuánto te amo"
El castaño jamás pensó en volver a escuchar esas palabras de sus labios de nuevo. Sus ojos se abrieron de golpe. Pero no fue la confesión inesperada lo que causó esa respuesta. Fue el sentimiento que llegó con ella.
Nada… Absolutamente nada.
Entonces Taichi cerró los ojos con tristeza. No sabía cuántas noches había deseado escucharla de nuevo. No podría ni contarlas en un millón de años. Y ahora? Se había dado cuenta que había soñado con una antigua Sora. No con ésta. Todo este tiempo he estado deseando una ilusión. Nunca contó con que ocurriría… y jamás pensó que su reacción sería la siguiente:
"Lo siento Sora… pero yo ya no te amo"
Si el corazón en verdad fuera de vidrio el de Sora había estallado en toda la habitación. Jamás ni en mil años se lo hubiera imaginado. De todas las posibles opciones jamás contempló que en el corazón de Taichi ya no existiera espacio para ella.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. "… Lo sé" Dijo soltando suavemente la manga del traje de Taichi. "Sólo… que es muy difícil para mí entenderlo… Hasta luego Tai. Muchas gracias por venir"
Era un sabor agridulce lo que sentía la pelirroja en estos momentos. De todos los posibles desenlaces éste jamás lo vio venir. Las lágrimas se resbalaban furtivamente por sus mejillas. Tenía a su hijo pero había perdido al amor de su vida.
Que agridulce. Debí saber que no puedes tener todo en la vida.
"Señor bienvenido a Odaiba"
"Muchas gracias" Respondió una voz fuerte del otro lado.
"Motivo de su estadía?"
"Negocios"
Eran las 10 pm. Con suerte conseguiría todo lo que había solicitado del hospital. Solo tenía que apurarse.
"Buenas noches doctor, respondió la jefe de enfermería".
"Buenas noches Rose. Conseguiste lo que te pedí?"
"Por supuesto doctor. Todo sea por usted" Dijo con una sonrisa juguetona y seductora en sus labios. "No le comenté al ginecólogo" Los ojos del hombre la miraron con rabia. "Pero debe saber que está de viaje y vuelve en 15 días. Así que lo que tenga que hacer debe hacerlo en ese momento o se darán cuenta" Dijo acariciando la corbata del hombre.
Ajustó sus gafas y sonrió malévolamente. Me las pagarás Yamato Ishida. Tú y ese engendro.
Yamato se levantó de un golpe, respirando entrecortadamente. Una pesadilla.
Una mano delicada y suave se posó en su espalda desnuda. Al verla Yamato se abalanzó sobre sus brazo y depositó su cabeza en el pecho.
"Qué soñaste Yama?... Sabes que si contamos nuestras pesadillas nunca se cumplen?" Yamato sonrió sin levantar la cara de los senos de su mujer.
"Soñé que te perdía de nuevo" Mimi se tensó levemente.
"Por qué? Hiciste algo malo de nuevo?" Respondió con algo de reproche. Yamato rió suavemente.
"No… ni siquiera en el peor de mis sueños me lo imaginaría. Soñé que alguien nos quería hacer daño Mimi. Soñé que te perdía a ti y a mi hijo" Mimi se tensó un poco más.
"Eso jamás pasará"
Y Yamato deseaba de todo corazón que no fuera así. Pero fue tan real. Trató de dormir de nuevo pero no pudo. El invitado de Mimi llegaría mañana y tendría que estar con más que un ojo encima. Solo pensó que esa había sido por lejos la noche más increíble de su vida y que los protegería a como diera lugar.
HOLAAAA ME DEMORÉ MUCHO EN ACTUALIZAR! EJEJEJEJEJE ESPERO QUE LES GUSTE Y ESPERO QUE AÚN SIGAN ESTE FANFIC! UN BESO A TODOS.
