31. Comienzan los problemas
El fin de semana terminó con la resaca de la fiesta y la cruda realidad llegó dando una bofetada a los alumnos de quinto curso, en dos semanas tenían los exámenes TIMO. El cristal rosa, por el que Hermione veía la vida, se rompió en mil pedazos. Volvió a ser la chica responsable, racional, mandona y excesivamente histérica que siempre había sido en época de exámenes. Llevaban dos semanas intensas de estudios hasta altas horas de la noche, ya que las clases particulares no fueron suspendidas, los profesores sabían perfectamente que los cuatro superaban con creces el nivel de los exámenes, aunque claro está no se lo iban a decir a ellos. La tarde del domingo ni Harry, ni Ron, ni Ginny podían ya más, necesitaban descansar o no podrían presentarse a los exámenes pero Hermione no cedió.
- Hasta las ocho, luego nos vamos a cenar y quienes quieran seguir repasando, pues vale y quien no quiera, pues descansa ¡POR FAVOR! – suplicó la muchacha
- ¿Cómo es posible que la quiera hasta cuando es insoportable? – le preguntó Ron a Harry bajito para que no lo oyera
- No lo sé, igual estás hechizado
- Me lo estoy planteando
- ¿Sabes que eres el único que no nos ha felicitado? – se interesó Ron
- Sí, es verdad, el único – Hermione levantó la vista del libro y se sumó a la primera conversación después de dos semanas de autismo
- Creo que tengo miedo de perderos, de alguna forma las cosas pueden salir mal y no quiero verme en medio, los dos sois mis mejores amigos y de corazón os deseo lo mejor... pero es que os he visto tantas veces discutir... que bueno... tengo mis recelos – Harry fue sincero cien por cien
- ¿Sabes? Tienes razón, quiero que me felicites por mi relación cuando lleguemos al altar – le contestó Ron sonriendo a Hermione, a quien le encantaba aquella respuesta
- Emy y Sirius me han pedido que sea su madrina – Interrumpió Ginny
- ¿Qué? – preguntó pasmado Harry
- Me han pedido ser su madrina de bodas
- ¿Y qué les has contestado?
- Bueno... yo... ha sido una gran sorpresa para mí... y todo un halago por su parte
- Entiendo ¿y? – volvió a preguntar Harry
- Pues que si a ti no te molesta... yo estaría encantada – contestó Ginny muy cortada
- ¿Por qué crees que a mí me pueda molestar?
- No lo sé... ella es tu tía y él tu padrino... podrías querer que la madrina fue alguien más allegada a vosotros
- Tú eres la más allegada a mí... – Harry se ruborizó - Y también a Emy, sé que ella os quiere, a Hermione y a ti, como si fueseis sus hermanas pequeñas
- ¡Qué bonito! – contestó Ron con sorna
- ¡Cariño! No les vaciles y dame un beso – dijo Hermione dándole un codazo
- Eso no me lo vas a tener que pedir dos veces – exclamó el pelirrojo
Ron y Hermione se besaron tiernamente. Su relación iba a las mil maravillas y aunque aún tenían sus pequeñas discusiones, la tensión entre ellos se había acabado por completo.
- ¿Os vais a poner babosos? – preguntó Ginny asomando un poco de envidia
- No, seguimos estudiando, nos estamos dispersando – Hermione ponía de nuevo las cosas en su sitio
El lunes por la mañana les esperaba el examen de transformaciones. Consistía en un examen escrito que duraría dos horas y una demostración práctica, a solas con el jurado, en el despacho de la profesora McGonagall. En el escrito no quedó títere con cabeza, daba un repaso completo por todas las transformaciones vistas hasta ese momento, desde las más sencillas, vistas en primero, hasta la última que dieron en clase. Se trataba de un test con cuatro posibles repuestas. Para los tres amigos resultó increíblemente fácil, lo cual les alivió, ya que esa asignatura era primordial y muy dura, sin embargo para la mayoría de la gente fue un verdadero palo de examen.
Llegó el momento de enfrentarse al jurado, del cual no sé sabía nada, ni cuantos integrantes tenía, ni quienes eran. Los alumnos entraban al despacho por la puerta habitual pero luego no salían por allí y no se les veía por ningún lado.
- Harry Potter, adelante – la profesora McGonagall miró al muchacho de forma seca y fría
- Buenos días – dijo Harry nada más pasar por la puerta y ésta cerrarse
- Buenos días, Harry – la profesora ahora lo sonreía orgullosa – Has hecho un examen teórico perfecto
- ¿Ya lo ha corregido? – preguntó asombrado el alumno
- Tenemos nuestros métodos – volvió a sonreírle – Este es el jurado que te calificará en las Transformaciones prácticas, las que hemos dado en clase. Como ves a algunos ya les conoces
Harry se fijó en una mesa alargada que había en medio de la sala. Allí estaba el director, Arabella, Hagrid, Emy y dos personas más.
- Buenos días
- Buenos días, Harry - contestó el director – Ellos son Samantha Street y Arnold Pace, son miembros del ministerio de educación y supervisan las calificaciones para la aprobación del permiso de magia
- Es un placer conocerle, señor Potter – dijo el hombre
- Sí... me habían dicho que el parecido era increíble... en alguna foto del periódico me pude dar cuenta de ello pero verte al natural, es casi como hablar con tu padre bajo la atenta mirada de tu madre – la mujer sonreía a Harry
- Ella fue nuestra Prefecta cuando estabamos en el colegio y por razones obvias conocía bien a tu padre – explicó Arabella al ver la cara de incertidumbre de Harry
- Encantado
- Bueno... empecemos, colócate aquí Harry – le ordenó el director
Harry hizo lo que le mandaron. Delante de la mesa del jurado se hallaba otra mesa, en la cual la profesora McGonagall fue poniendo objetos para que él los fuese transformando en lo que se le ordenaba. No lo hizo nada mal, excepto en dos que no quedaron muy perfectos, debido a los nervios de Harry por estar bajo la atenta mirada de aquella mujer. Emy observaba como su sobrino realizaba a las mil maravillas el examen, intentaba sonreír pero no le salía, desde que estaba sentada allí, con esa mujer al lado, se le estaban revolviendo las tripas, era una mortífaga, se apostaba el cuello y no lo perdía. No se lo podía decir a nadie porque se había pegado a su culo desde que las presentaron. Pensó que quizá mentalmente pudiese comunicarse pero quién le decía a ella que la tal Samantha no poseía ese poder, así que decidió mantener la mente en blanco y ser totalmente objetiva en aquel asunto. Uno a uno habían pasado los alumnos y ningún pensamiento comprometedor se había creado pero ahora, delante de Harry, estaba perdiendo la concentración. Intentó no mirarlo a los ojos, intentó no sonreírle, no habló ni una palabra y cuando ya llegó el momento en que Harry iba a abandonar la sala, tuvo que sacar la voluntad de debajo de las piedras para no darla dos leches a la tal Samantha de las narices.
- Lo has hecho muy bien, Harry... supongo que tu tía te habrá enseñado mucho... siendo profesora...
- No, si la profesora McGonagall no es mi tía – contestó Harry intentando ser ingenuo
- Jajaja – Arabella no pudo evitar reírse
- Me refería a Emily Evans, evidentemente la hermana de tu madre
- ¡Ah! – Harry hizo una larga pausa para que alguien hablara por él
- Intento enseñarle otras materias, en Transformaciones, Minerva es la mejor y nadie podría igualarla - Miró a su compañera y la sonrió
- Entiendo... bueno, señor Potter, eso ha sido todo por nuestra parte
- ¡Vale! Gracias – Harry salió, por donde le señalaba su profesora, con paso decidido
Fuera se encontró con sus compañeros pero no vio a Hermione hasta el almuerzo. Ginny llegó a los diez minutos y les encontró hablando de una tal Samantha. Harry puso al corriente a todos sobre lo que había pasado en el examen práctico.
- Os digo que no veía esa mirada en Emy desde el baile, cuando miró a Voldemort
- Mira que no te cortas un pelo en decir su nombre – se quejó Ron
- Tú eres un Guardián de La Unión y no debería, ni siquiera, darte respeto – contestó Harry de mala gana
- Haya paz, todos estamos nerviosos – calmó Ginny - ¿Crees que se comporta así por desconfiar de ella?
- Sin ninguna duda, intenté comunicarme con ella mentalmente y era como si hubiese cerrado la puerta
- Pues no creo que tengamos oportunidad de hablar con ella porque, cada paso que da, es seguido por la del ministerio, míralo – comentó Hermione
Sin ninguna duda, algo raro pasaba allí. Normalmente Sirius y Emy se sentaban juntos en la mesa de profesores, en aquella ocasión estaba separados por la tal Samantha Street, la cual estaba demasiado encima del padrino de Harry y le estaba riendo algún comentario. Emy se levantó de golpe, su cara demostraba un "¡Ya no aguantó más!" Pero se contuvo y cuando, al parecer, le preguntaron a dónde iba, contestó que al servicio con una sonrisa más falsa que las varitas de los hermanos Weasley, pero para su sorpresa la otra le contestó que la acompañaba.
Emy se encaminó entre las mesas de los estudiantes seguida por su escolta diaria particular ¿Por qué llevaba detrás de ella todo el día? ¿Qué esperaba conseguir? Si era una mortífaga, estaría bajo las órdenes de Voldemort y ya le habría advertido que nada podría hacerle ¿Por qué entonces se empeñaba en seguirla a ella? Cuando iba a llegar a la altura de los gemelos hizo una señal, se rascó una oreja y casi inmediatamente se formó un revuelo enorme. Los que estaban en la mesa no entendía nada. Sin previo aviso de ningún tipo, Fred y George cambiaron de tema de conversación y se pusieron a discutir en voz alta.
- Te digo que es mía
- ¿Pero tú de que vas? No te la mereces ¡Nenaza!
- Eso no lo decides tú, egoísta de mierda ¡Si vuelves a llamarme nenaza, te rompo la cara!
Ron y Ginny estaban alucinados, ellos nunca habían discutidos así. Harry no entendía nada, hacía un segundo se les oía hablar del examen que habían tenido por la mañana. Sin embargo, Hermione lo vio todo tan claro como si lo hubiese planeado ella, así que contempló maravillada la obra de teatro que se mostraba ante ella.
- Chicos, bajad la voz ¿Queréis? – Emy había cogido de la mano a George que la levantaba peligrosamente para dar un puñetazo a su hermano – No quiero una palabra más alta que otra
- Es éste, profesora, quiere quitarme a mi chica – se quejó Fred
Hermione vio como George se rascó la oreja.
- Ni una palabra más, lo discutís en la sala común – Emy se marchó seca y autoritaria, pasó al lado de Harry y les sonrió
La integrante del jurado no dijo ni una sola palabra, miró a los gemelos con cierto desprecio y siguió a la profesora de Estudios No Mágicos por el pasillo en dirección a la puerta. De repente, Emy se paró y giró ciento ochenta grados, haciendo chocar a su espía contra ella. En ese mismo instante un pequeño proyectil hacía diana en la nuca de la intrusa, venía dirigido de una tos fingida por parte de George.
- ¡Oh! Lo siento, no pensé que estaba tan cerca de mí
- No se preocupe, lo extraño es que he sentido un punzón en la cabeza
- Debe ser por la mañana que hemos tenido – Emy sonrió cínicamente – Espere un momento aquí, he de advertir a la Prefecta del comportamiento de los alumnos Weasley
Allí, a unos cinco pasos, se quedó mirándola. Si cuando había visto a Harry, se quedó de piedra con el parecido, cuando vio a Emily casi se queda congelada. La misma cara, la misma expresión en sus ojos, sus manos. Lily era un poco más baja y menos exuberante en sus formas. Emy, sin embargo, había convertido su pelo rojizo natural en rubio cobrizo, su tipo era impresionante, incluso para una mujer. Una talla perfecta para que cualquier hombre posara sus ojos en ella, se notaba que Emy lo sabía y que se había aprovechado de ello en bastantes ocasiones, su forma de vestir lo decía a gritos. No llevaba una capa como el resto de las profesoras, sino una casaca ceñida que marcaba perfectamente todas las formas de su tronco. Lo que más le extrañaba era que no estuviese casada o comprometida, cualquier hombre estaría encantado de ser su pareja.
- Samantha ¿Le pasa algo?
- ¡Oh! No, no, nada, me he quedado un poco en Babia
- Bien, porque a este paso no terminamos de llegar al baño
En cuanto salieron por la puerta, los gemelos Weasley se levantaron y fueron a la mesa de los profesores. Acto seguido, Dumbledore y Sirius se marchaban con ellos por la puerta de detrás de la mesa y volvían a aparecer en dos minutos. Todos volvieron a sus puestos e hicieron como si nada pasara.
- No es justo que pase esto hoy, cuando ya tengo bastante ocupada la cabeza con los exámenes – se quejó Hermione
- ¿De qué hablas? – preguntó Harry
- Ya os lo explico esta noche – Hermione suspiró – El resto del año todas la comidas transcurren con total calma y aburrimiento y justo cuando empiezan los exámenes, comienzan las intrigas ¡Es injusto!
- No deberías estudiar tanto, cariño – Ron le acariciaba el cabello como si de un loco se tratara, provocando las risas de los demás
El examen de Cuidado de Criaturas Mágicas fue duro pero salieron contentos con su actuación. Harry estaba convencido que sus nuevos poderes, combinados con el exhaustivo repaso del verano pasado, las clases extraordinarias y la voluntad de Hermione por que todos estudiaran, darían como resultado unas buenas calificaciones. Era raro terminar pronto y no tener que ir a clases particulares o entrenamientos de quidditch. Por supuesto, Hermione no les dejaría ir a jugar una partida al ajedrez mágico, ni salir a volar un rato con la escoba, ni dar un paseo por los terrenos... Terminarían en la biblioteca, repasando el examen de mañana. En cierto modo, Harry estaba agradecido por esa disciplina, si por él o Ron fuera, no habría estudiado ni una sola línea. A las cinco y media aparecieron en la biblioteca Ginny, Fred y George.
- Chicos tenemos que hablar – dijo Fred
- ¿Estáis enfermos? – preguntó Ron asombrado de ver a sus hermanos allí
- Lo que estamos es en apuros
- Estaba esperando a que llegarais para que me dijeseis qué fue la pantomima de esta mañana y qué hablasteis con Dumbledore y Sirius – dijo Hermione sin ni siquiera levantar la mirada del libro de Historia.
- ¿Y tú qué sabes de este asunto? – preguntó anonadado George
- Vámonos mejor a un sitio en el que podamos hablar
Los seis decidieron salir afuera, donde las paredes no oyesen.
- Desde Navidades tenemos un proyecto a medias con Emy – comenzó explicando Fred – Ella nos encargó un artilugio, el cual apodó como "chip". Tenía que ser muy pequeño, implantarse de forma rápida, sin ser detectado y a ser posible a distancia.
- Como vosotros comprenderéis, nosotros adoramos a Emy, ella es el paradigma de la mujer perfecta, guapa, inteligente, con sentido del humor y espía
- Mi tía no es espía – se quejó Harry
- Sí, sí, sí pero el aparato es para que lo lleve una persona no dándose cuenta y que se pueda localizar a cualquier distancia mientras el espía está tranquilamente en Hogwarts
- Con eso es con lo que se pudo localizar a Colagusano – exclamó Hermione
- ¿Y vosotros lo inventasteis? – preguntó Ron
- Sí, claro que con ayuda de nuestra musa Emy – contestó Fred todo orgulloso
- Ideamos que se lanzara con una cerbatana, a ser posible en la nuca, que casi nunca nos vemos, para no ser fácilmente descubierto y se lo hemos puesto al jurado bajo las órdenes de Emy, ya que es ella quien tiene en su poder la cerbatana, el chip y el aparato de control – explicó George
- ¿Y por qué a ella? – preguntó Ginny
- Ahí está el problema... Emy nos dijo que no tardarían en aparecer mortífagos por Hogwarts, así que, debido a que no sabríamos que clase de poderes tenían, debíamos utilizar métodos más rudimentales que la telepatía mágica y pasaríamos a las señales... no sé muy bien qué sabrás de tu tía pero yo te digo que ha trabajo de espía
- No era espía, era agente de inteligencia
- ¡AH!... espía – dijeron a la vez los gemelos
- ¿Estás diciendo que Samantha Street es mortífaga?
- Eso tengo entendido, Hermione, sino Emy no nos hubiese hecho la señal para montar el número
- Al parecer no deja a Emy ni a sol ni a sombra, lleva todo el día pegada a su casaca
- Se lo habéis dicho a Dumbledore y a Sirius ¿No?
- Sí
- Emy apenas me miró en el examen – dijo Harry
- Ni a mí – exclamó Hermione – Creo que Emy está impidiendo la comunicación telepática debido a que la tal Street puede leerla y así descubrir los puntos flacos de Emy, por ejemplo... Sirius
- ¡Claro! Por eso lleva todo el día con ella, está buscando sus debilidades, Voldemort sabe que no le puede hacer nada pero no se va a quedar con los brazos cruzamos y menos después de lo que ella hizo. Demostró un gran poder al llevarse sin ningún problema a todos esos mortífagos de Hogwarts sin que hubiese daño alguno... – Harry se dio cuenta de lo que había dicho – Sin que hiciesen daño alguno a algún inocente – terminó diciendo
- Lo hemos entendido, Harry – Hermione le sonrió para que viera su apoyo
- Dejadme pensar... – Ron llevaba un rato pensando en aquella situación – Alguien se ha colado entre nuestras filas... pero nosotros no debemos mostrar que sabemos sus intenciones... es fácil, sólo hay que distraerla y luego comérnosla
- Has hecho una síntesis perfecta – exclamó orgullosa su novia
- Sólo que falta el anzuelo – se quejó él
- Lo haré yo – dijo Ginny
- ¿Por qué tú? – exclamó Harry que no estaba de acuerdo con la idea
- Por que mis exámenes no son tan importantes como los vuestros
- Los nuestros tampoco son impor... – Fred no pudo terminar la frase
- Son más importantes que los de ellos – dijo Ginny - ¿Se puede saber por qué no puedo involucrarme en esto?
- Pues está claro, tienes sólo catorce años – dijo George
- Tengo quince, los voy a cumplir este sábado
- Tú eres muy delicada Ginny, además mamá nos mataría si te pasara cualquier cosa – Fred no quería cargársela con su madre, aún tenían que decirle lo de la tienda
- Gin, tú no... – Harry no tuvo opción de terminar la frase
- Estoy hasta las mismísimas narices de que os penséis que estoy hecha de cristal... Llevo casi seis meses dando clases especiales de defensa avanzada, soy La Guardián de Hufflepuff y ya me he enfrentado con cosas peores – sus ojos brillaron por un momento pero permanecían firmes mirando a todos los chicos – No estoy dispuesta a declinar mi opinión ante cuatro chiquillos que tienen miedo de perder sus pellejos por que me pueda pasar algo a mí
- Estoy de acuerdo con Ginny – exclamó Hermione – Te doy todo mi apoyo
- Gracias, Mione
- Y yo
Ginny miró a su hermano Ron incrédula por lo que acababa de oír. Ron el más receloso con ella, el que siempre estaba prohibiéndole cosas y dándola regañinas, le daba su apoyo. Le sonrió a modo de agradecimiento y esperó a que Harry y los gemelos dijeran algo pero nadie dijo nada a su favor.
- Nosotros no somos unos chiquillos
- ¿Eso es lo único que se te ocurre, Fred? – Preguntó Ginny
- Sí – Contestó él sabiendo que había sido poco elocuente por su parte
- Lo siento, chicos, pero ella tiene razón - Ron esperó a que los gemelos le prestaran atención – Helga Hufflepuff la eligió a ella y es una de los miembros de La Unión, tiene derecho a protegerla y es una muy buena candidata, nadie reniega de ella, por sus características es el mejor cebo que hay, su papel es fundamental y si ella quiere cumplirlo, pues que lo haga
- Supongo que mi opinión no cuenta – dijo Harry con voz baja forzada para no gritar
- Supones bien – Ginny le miró a los ojos un momento - ¿Qué debo hacer?
- Empezaremos en la cena, tú misión es enredarla lo suficiente para que no sepa que Sirius es su prometido y que crea que Emy y Harry se llevan fatal por lo ocurrido a Cho...
- Ya sé por donde vas, perfecto, me voy ahora mismo, os informaré esta noche en la sala común
Ginny caminó con paso firme por la hierba hasta el camino que llevaba al portón del castillo. Se sentía orgullosa de sí misma, por fin había podido demostrar que ella era válida y tenía carácter... si al menos Harry la hubiese apoyado. Sus pensamientos se borraron cuando alguien la cogió del brazo y la paró en seco.
- Gin, por favor no lo hagas... Te lo ruego yo, hazlo por mí
- Harry... no me pidas eso. Lo siento, vas a tener que entender mis razones
- Lo estás haciendo por venganza, tú me pediste que no fuese al duelo con Malfoy y yo me negué – La rabia le hacía hablar así
- Si realmente piensas eso de mí, no me conoces en absoluto, Harry – Ginny se dio media vuelta y se marchó corriendo
- Gin, ten mucho cuidado – Harry sabía que no le oía pero aún así lo dijo en voz alta
