HOLA HOLA! VOLVÍ… LA RAZÓN POR LA QUE NO HABÍA CONTINUADO EL FIC NO ES POR LA FALTA DE REVIEWS… AL FIN Y AL CABO YO NO SIEMPRE DEJO Y PUEDO DECIR QUE HAY HISTORIAS COMO EVERMORE QUE ME ENCANTAN. EN REALIDAD ES PORQUE NO HE PODIDO. PERO TERMINARÉ ESTE FIC CUESTE LO QUE CUESTE


BLANCO Y NEGRO

"Joe!" Gritó una feliz castaña abalanzándose en los brazos de su amigo oji-azul. Él la abrazó con ternura y se acomodó las gafas.

"Mi pequeña Mimi, mira que hermosa estas, el embarazo te sienta bien, lamento no haber podido continuar con las citas. Espero que estés en buenas manos ahora." De pronto notó dos círculos negros rodeando sus ojos avellana. "Él no te ha tratado mal verdad?" Exclamó con preocupación. ´Podría matarlo si fuera así´. La risa de Mimi se escuchó por todo el corredor.

"No Joe… él no me ha hecho nada aparte de lo obvio" La frase estaba dispuesta con doble sentido por lo que los dos se miraron maliciosamente.

"Eso espero, estoy preocupado por ti pequeña" Dijo con un deje de ternura en su voz.

"Preocupado? Por qué estarías preocupado viejo amigo?" La voz fuerte se escuchó a través del pasillo. Su torso estaba desnudo y recién bañado, con solo el pantalón de pijama y un jugo de naranja en la mano. "Y Wallace?... Lo mandé a recogerte y también te lo llevaste de mi lado?"

Los dos adultos esbozaron una sonrisa y caminaron al tiempo abrazándose el uno al otro. De cierto modo, no se sentía extraño si no ´Reconfortante Pensó Yamato. Luego de lo ocurrido Izzy y Joe se habían alejado completamente. Joe le afirmaba que no tenía nada en contra suyo, sin embargo, aunque jurara y rejurara que no era así, Yamato sabía que no era verdad. Aunque Joe había visto a Mimi en su primer mes de embarazo mientras viajaba de nuevo, el peli-azul nunca lo había determinado. Y sin embargo, acá estás. Izzy simplemente dejó de dirigirle la palabra. Al fin de cuentas ellos siempre estuvieron detrás de Mimi. ´Pero yo gané ´- Pensó con satisfacción. Alguna vez Joe intentó hacerlo entrar en razón pero con su orgullo hecho trizas, Yamato le dio un puñetazo en la cara y lo hechó a patadas.

"Lamento lo de aquella vez" Dijo con sinceridad. Mimi miró de lado a lado.

"¿Qué fue lo de aquella vez?" Joe sonrió con tranquilidad.

"Tranquilo, a veces es difícil ponernos en los zapatos del otro". Esa frase tenía un sentido incierto para Yamato y se quedó viéndolo. ´A qué has venido Joe? Qué es lo que quieres de mí?´. Joe pareció leerle la mente "Los años nos han vuelto toscos Yamato, toscos y fríos, desconfiados, tanto que hay veces que nos es imposible creer que lo que hay detrás no son más que buenas intenciones"

Yamato se quedó frío en su lugar y Joe siguió adelante. "Bueno y no me mostrarán que cuarto podré coger de las 25 habitaciones que tienen?"

Entonces Mimi reaccionó. "Por supuesto, perdónanos por lo poco amables jeje" Mimi iba a seguir adelante hasta que Yamato la detuvo.

"Y el resto de tus maletas?". Joe pareció pensar la respuesta.

"Bueno es que las mandaron en otro vuelo. Fue un error de la aerolínea pero llegarán el día de hoy. De hecho me preguntaste dónde estaba Wallace ¿no?. Bueno en este momento debe estar recogiéndolas. Está hecho todo un caballero… Lo entrenaste bien Yamato. Recuerdo cuando solo era un niño malcriado".


Sora miraba los huevos revueltos que había hecho para los dos. El pequeño solo movía la cuchara alrededor de su café.

"No te gustan los huevos?" El pequeño subió la mirada y movió la cabeza lentamente. Sora frunció el ceño. "Tampoco te gustan los sandwches?" El pequeño volvió a negar con la cabeza "Demonios! Entonces qué comes Danny?"

"Papá dice que esa palabra no es buena, dice que trae malas cosas. Y como cereal"

Sora parpadeó un par de veces. ´soy una pésima madre`. Pensó tratando de quitar la sonrisa burlona de su rostro. ´Pero al parecer Taichi lo había malcriado peor`.

Suspiró. "Bien… iremos a un sitio donde sí hay cereal y mucho espacio para correr".

No quería ver a Yamato, ni a Mimi. Se moría de vergüenza luego del encuentro en la sala. Pero necesitaba ayuda. Y quería volver a ver a Joe. En cualquier caso necesitaba a alguien que la escuchara. Estoy desesperada. Pensó con esa sonrisa irónica en el resto.

El pequeño ladeó la cabeza. "De qué te ríes Sora?"

Sora entró en razón y recogió rápidamente el desayuno intacto de su abominable hijo. "De nada, vamos a ir a ver a unos amigos de tu papá"

"Iremos a ver a ese hombre? Al mejor amigo de mi papá? A esa súper estrella de rock?" El mejor amigo de tu papá? Pensó Sora con incredulidad, sin embargo no cabía duda que fuera Yamato la descripción dada por el pequeño.

"Exactamente… pero ese hombre se llama Yamato" Y pronto será papá así que le servirá tenerte por un buen rato. No era una buena madre, definitivamente no. Pero su amigo sí sería un buen padre. De eso estaba segura. Y Mimi, ni hablar. Sora sabía que el corazón de Mimi aunque fuera caprichosa y mimada siempre fue maternal.


Los tres se reían en el patio trasero. Yamato sin embargo no quitaba su mano del vientre de Mimi.

"Recuerdo que intentaste enseñarle a batear" Mimi frunció el ceño. Era una memoria poco agradable. Yamato la estaba regañando por su falta de habilidad en el béisbol. Sus ojos ya estaban al borde de las lágrimas. Yamato le gritó Demonios Mimi! Pégala a la maldita pelota. Ella solo cerró los ojos y bateó con todas sus fuerzas para que la condenada bola tocara la madera.

No tocó la madera… Pero por fin había tocado algo. Su cara.

Días más tarde el morado en forma de círculo seguía divisándose a través de las capas de maquillaje. Perdóname princesa…Dijo aquella vez. No sabía que eras tan mala en verdad para esto. Dijo tocándole la cabeza. Sin embargo, Mimi pensó que lo debió haber adivinado luego de la décimo octava vez de haber fallado.

Yamato se reía por lo bajo. Sabía que era un tema supremamente sensible. Pero sin embargo, no dejaba de ser chistoso.

Un timbre sonó a la puerta.

Wallace! Pensó Yamato.

No quería despegarse ni un momento de su esposa con Joe en casa. Celos Yamato?... enserio? Después de tanto tiempo? Rió con sorna.

Abrió la puerta y no era Wallace quién se encontraba ahí.

Era un muchacho de no más de 18 años. El chico traía una gorra y se notaba un poco apenado.

"Dime?" Dijo Yamato.

"Señor Joe kido?" Yamato levantó una ceja. Notando el equipaje enorme que llevaba el joven.

"No"

"¿Esta es la residencia Ishida?" Yamato entornó los ojos aún más.

"¿Para qué necesitas saberlo?" ¿Dónde está Wallace cuando lo necesito? Pensó imaginándose el regaño que le iba a meter a el hombre que lo había dejado entrar. Si no es que ya está despedido.

"em-em lo siento señor. Déjeme presentarme soy Frank de la aerolínea. El señor Joe había dejado registrada esta dirección así que por las incomodidades y las disculpas, decidimos traerle las maletas puerta a puerta y evitar que volvieran al aeropuerto".

Joe salió en ese preciso momento mientras Yamato miraba con un poco de desconfianza al muchacho.

"Ah! Gracias. Pensé que no tendría ropa interior por algunos días!... Pero falta una maleta" Dijo Joe sonriendo mientras contaba una por una.

El muchacho pareció asustado. "L-lo siento señor… seguramente la olvidé. Mis más sinceras disculpas. Volveré en un momento" Joe le sonrió y le hizo un ademán con la mano.

"Toma" Dijo sacando 20 dólares. "Gracias, llamaré a mi amigo a decirle que no espere más".

Sin más, el muchacho se fue y Joe cerró la puerta. Yamato lo miró pensativo aún con la boca semi-abierta. Hay algo que no me cuadra. Pero cuando iba a pronunciar palabra su querida Mimi lo hizo caer en cuenta de algo que no había notado antes.

"Joe! Traes 5 maletas para un viaje tan corto?" Joe rió.

"Mi querida Mimi, traje 5 maletas porque vuelvo del todo a Japón"

Mimi saltó y se abalanzó a los brazos de su antiguo amigo con alegría. Lastimosamente Yamato no podía decir lo mismo. Algo en su cerebro se estaba moviendo a alta velocidad y su corazón palpitaba un poco más rápido de lo normal. ¿por qué? No lo sabía, pero era una sensación desagradable. Tanto que no sintió su celular vibrar con ahínco.


La pelirroja iba con su hijo caminando por el parque, ya era de noche. Iba a la mansión Ishida hasta que descubrió que salir de compras con su hijo era aún más divertido. Disfrutando de la nieve y el frío rompe huesos. La pequeña mano de su hijo se encontraba cubierta por un guante y sin embargo era tan cálida, y, por un instante, Sora sintió que no había necesidad más que su hijo para calentar ese frío corazón. No era Taichi o Yamato. Pero era su hijo. Aquel que tenía un lazo inquebrantable con ella y que no importaba lo que pasase… No se podrá romper. No como lo había hecho Taichi o Yamato en el pasado.

Ella ya no necesitaba de alguien para depender. Necesitaba lo contrario. Este pequeño a su lado dependía de ella. La miraba hacia arriba y eso… para Sora… no tenía precio.

Entonces entendió que el hueco que había dejado Tai en su corazón se demoraría en sanar, pero que sería superable… solo si él estaba junto a ella. No lo dejaría de amar nunca, pero el amor cambia. No necesitaba que la amase de vuelta. Recordaría todos los momentos hermosos sin rencor, que guardaba en lo más profundo de su memoria. No necesitaba los besos apasionados que alguna vez compartieron. Necesitaba que él estuviera bien.

Sintió por fin que no tenía por qué alejarse de él. Al fin de cuentas es imposible. Dijo mirando al crío. Estaría ahí… como la mejor amiga que alguna vez fue.

El pequeño haló su mano y señaló la tienda de helados. Sora entendió de inmediato que tendrían que hacer una parada y mientras más se acercaba divisó algo a lo lejos. Dos siluetas, uno de pelo rubio y el otro de pelo castaño. Dos hombres discutiendo acaloradamente.

Eso no era lo importante, lo importante es que esa cabellera rubia era inconfundible. Michael. Miró con más insistencia a la persona con la que hablaba pero no lograba ver su cara. Lo conozco, lo conozco… sé quién es. Caminó sigilosamente con su hijo hacia la heladería para lograr conseguir una mejor panorámica. Sabía que estaba peligrosamente cerca pero tenía que hacerlo. Algo le decía que no iba a gustar.

Michael entregó algo envuelto en una bolsa de papel y el hombre por fin mostró su perfil.

Sora ahogó un grito tapándose rápidamente la boca. No supo si los dos hombres repararon en su presencia. No le importaba tampoco. Tenía que avisarles. Tenía que avisarles ahora mismo.

Alzó a su hijo en brazos y salió disparada del lugar.


Mimi se encontraba boca arriba en la cama acariciando su barriga mientras aguantaba uno de los berrinches de su esposo.

"Se viene a quedar! Menuda estupidez… Ahora que sabe que estás aquí! Es obvio para lo que viene."

La castaña se había mantenido callada un buen rato. Al principio había intentado seducirlo pero el rubio estaba hecho una fiera.

"Yamato… No has pensado que tal vez no todo el mundo quiere hacerte daño?"

Aquel comentario no ayudó de a mucho.

"¿Me estás echando en cara de nuevo lo que sucedió?" Mimi abrió los ojos. Iba a responder un no pero la palabra no salió. ¿Lo estoy haciendo? No era lo que quería decir inicialmente pero… Lo estaba haciendo?... Con qué intensión había dicho esas palabras? Su duda pasó a segundo plano cuando Yamato le pegó un puño a la pared.

"Demonios MIMI!... Te he demostrado de una y mil maneras que te amo! Que me arrepiento! Pero sabes? No puedo devolver el pasado… de verdad no puedo. Quiero estar contigo… quiero a nuestro hijo… pero no puedo seguir así. Si no puedes perdonarme por lo que pasó lo mejor es que nos divorciemos"

Las palabras no eran procesadas adecuadamente. Quería decirle algo. Lo había perdonado. O por lo menos así lo creía. Pero a veces mientras dormía deseaba con todo su ser que hubiera sido él en vez de ella, que ojalá, no se hubiera enamorado de este hombre y sus mentiras. Entonces… Lo he perdonado en realidad? Entonces por qué duele tanto recordar?.

Las lágrimas se estaban agolpando en sus ojos pero las palabras no salían.

Yamato tomó eso como una pésima respuesta. La ira se acumuló en su ser y antes que las cosas quedaran claras tomó su abrigo y salió. En pantalón de pijama y tennis. Mimi se quedó estática por lo que parecieron horas. Las lágrimas ahora salía sin tregua. Se había quedado sola de nuevo. Sola con sus pensamiento y sus demonios. Solo se escuchaba la vibración del celular de Yamato olvidado en su mesita de noche.

"Estúpida cosa" Dijo azotando el celular contra el piso y escondiéndose debajo de las cobijas.


Yamato decidió pasar por la casa de Ken. Era un poco más de las 12 am pero sabía que su amigo lo recibiría igualmente. Estaba intranquilo y perturbado. Se había desquitado como en el pasado con Mimi y la había hecho llorar. Será que si hay futuro para nosotros? Los miedos se dispersaban cuando la escuchaba reír, gemir o tan solo suspirar. Creía seriamente que todas esas emociones eran por él. Pero así mismo se sentía cuando fruncía el ceño, miraba con enojo o decía una palabra mal intencionada.

Creo que me estoy volviendo loco. Pensó para sus adentros.

Era él el que no había podido perdonarse no ella, él lo sabía. Mimi había dado pasos agigantados por la relación, lo había dejado tocarla de nuevo. Le había dicho que lo amaba. Y aún así… sus inseguridades estaban echando todo al caño de nuevo.

Timbró una vez a la puerta de Ken.

"Quién es?" preguntó una voz desde el otro lado.

"Taichi?" Respondió Yamato un poco extrañado por la presencia de su amigo.

Enseguida se abrió la puerta y la reunión que encontró en la casa lo dejó aún más aturdido. Sora, Taichi, el pequeño Danny, su hermano, Kari, Ken y Yolei estaban ahí.

"Qué demonios pasa acá?".

Ken levantó la mirada molesto. "Dónde demonios has estado? Te he estado llamando desde la tarde" Yamato se tocó los bolsillos y se golpeó la cabeza con la palma de la mano. Dejé el celular en casa.

"Yamato" Dijo Sora. "¿Dónde está Mimi?"

Todos se voltearon a mirarlo.

"En casa por supuesto… Tuvimos una pequeña discusión".

Ken hizo unas llamadas rápidamente. "Necesito patrullas en la casa Ishida… Sí … Sí yo también voy para allá"

Yamato estaba confundido. "Qué demonios está pasando?" Dijo con el corazón latiendo a mil por hora. Ken colgó y lo miró.

"Es Wallace… El que tendió todo esto… la persona que ha estado ayudando a Michael… es Wallace… y tenemos motivos para pensar que hoy recogió algo en el hospital con los credenciales de Joe, en el servicio de ginecología".

En la mente de Yamato solo había una cosa rondando. MIMI! La había dejado sola.

"Yamato…" Ken le pasó un certificado de nacimiento. "Wallace es el hijo bastardo de la familia Washington. Fue echado a la calle hace un tiempo, ahí fue que tu familia lo adoptó"

Yamato no quiso escuchar más y salió corriendo. Los gritos de sus amigos pidiendo que se detuviera fueron en vano. Amor… aguanta un poco. Ya voy para allá.


Un trueno despertó a Mimi. Justo cuando me acababa de dormir. Pensó con rabia y los ojos hinchados.

De pronto otro trueno.

"Vaya tormenta" Susurró. Preocupada por Yamato se acercó a la ventana y su corazón se paró… No hay tormenta. Sus sentidos la habían traicionado. Escuchó pasos en la habitación del fondo. Es Joe, es Joe. Se repitió aún poco convencida.

Cogió uno de los candelabros que habían cerca y salió para revisar sigilosamente.

La puerta de Joe estaba abierta. Dios. De pronto la cabeza de Joe cayó en el piso y una pierna se divisó. Mimi ahogó un grito y salió corriendo a la habitación echando llave.

¿Qué está pasando acá? Yamato por favor

"Yamato…"Susurró. Como una plegaria mientas las lágrimas escurrían por sus mejillas. Tenía que moverse. La encontraría si se quedaba ahí.


ESPERO QUE LES GUSTE EL CAPÍTULO. ESTA HISTORIA YA ESTÁ PRÓXIMA A SU FINAL JEJEJEJE VENDRÉ CON ALGO NUEVO IGUALMENTE.

UN BESO A TODOS LOS QUE AÚN LEEN MIMATO