Hey, hey, ya estoy aquí. Mil gracias por los reviews en el capítulo anterior y en todos los capítulos en general. Se me enamora el alma cada vez que hablo en correo y veo reviews, pero se me enamora más todavía cuando veo que os gusta y que me animáis a seguir escribiendo. Mil gracias de verdad.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


Esa misma noche, mi madre y yo nos fuimos a cenar a Pinni's. Si no habéis oído hablar de su lasaña, es que vivís en Marte, porque son LEGENDARIAS. No sé lo que harán para que sepa tan bien, pero que no dejen de hacerlo por el amor de Dios y de la Virgen y de todo el pollo frito del mundo. Estábamos devorando una de esas deliciosas lasañas cuando mi madre empezó a hablar:

-¿Cómo va nuestro trato? ¿Has mejorado tus notas?

-¿Acaso estas ojeras no responden a tu pregunta? – Dije señalando las marcas moradas que se dibujaban bajo mis ojos.

-Que tengas ojeras no significa que te estés esforzando.

-Pues tengo pruebas para demostrarte que estas ojeras son las de una trasnochadora trabajadora – Rebusqué en mi mochila en busca de los deberes que me había dado Finny el día anterior – Toma. Dos meses y medio de deberes de historia perfectamente hecho y corregidos. Finny me dijo que estaba impresionado. También hice los deberes de mates, el trabajo de literatura y bordé el examen del otro día – Numeré.

Mi madre miraba con asombro los folios y las anotaciones que había hecho Finny. Sin embargo, y como les suele pasar a todos los padres, para mi madre no era suficiente. Para ella nunca nada era suficiente y eso me frustraba mucho. Tenía un ideal de hija perfecta el cual yo nunca podría alcanzar. No tenía fe en mí, y en su época "oscura", en la que el alcohol tenía preferencia en su vida, me lo repetía contantemente. Durante esos años mis notas iban de un modo aceptable, después subieron, para demostrarle que se equivocaba cuando me decía que nunca llegaría a nada, pero… cuando vi que nada era suficiente, y que su falta de esperanza en mí nunca se iría, acabé por no hacer nada y me convertí en lo que soy ahora.

Siempre había sido peleona y todo eso, pero en cuanto dejé de prestar atención a mis estudios, los profesores me archivaron en la categoría de caso perdido. Y todo, por culpa de mi madre.

Con mi padre era diferente, él confiaba en mí. Me decía que no quería una hija perfecta como mamá, decía que yo era perfecta para él. Me introdujo en el mundo de la música y en el de la lucha libre. Me entrenó durante años, me puso miles de CDS, incluso me enseñó a tocar algo de piano. Me animó para que siguiera con los estudios y no me pusiera a trabajar de cualquier cosa, me enseñó a luchar por lo que quería y a no parar hasta cumplir mis sueños. Mi padre me daba toda la fe en mí misma que mi madre me quitaba con sus palabras. Pero…

Todo eso acabó.

Y lo recuerdo como si fuera ayer. Fui corriendo a casa de Carly en medio de una tormenta, mirando hacia ninguna parte, tratando de averiguar si lo que acababa de ver había sido verdad o solo un producto de mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada. Llamé al timbre y cuando mi mejor amiga abrió la puerta y mi vio allí, empapada y más pálida de lo normal, ahogó un grito y se llevó la mano a la boca. Yo solo pude decir:

-Mi padre se ha suicidado Carly. Se ha ahorcado en la ducha con un cinturón.

En ese momento, a pesar de estar abrazada a Carly empapando su camiseta de agua y de lágrimas, me sentí sola. Sentí que la única persona que creía en mí y en lo que era capaz de hacer, se hubiera escurrido entre mis dedos como arena de la playa. Fue a partir de ese día, a partir de aquel momento, cuando mis notas cayeron en picado, más de lo que lo habían hecho meses atrás, pues la depresión que cayó sobre mi madre, hizo que su adicción al alcohol fuera en aumento y, como consecuencia, que sus palabras de desprecio hacia mí aumentaran considerablemente.

Carly era la única persona que sabía aquello, y nadie más lo iba a saber. No quería que nadie más supiera que era la hija de un suicida.

-Que tengas esto bien no significa que todo te vaya igual. Cuando vea las notas en Diciembre me lo empezaré a creer.

-A veces me gustaría dejar el instituto y poder hacer otras cosas – Dije rodando los ojos ante su comentario.

-Eso ni soñarlo Samantha. Vas a acabar el instituto y después irás a la misma universidad que tu prima a estudiar derecho.

-¿Por qué tengo que estudiar derecho? A mí lo que me gusta es el arte o la literatura.

-Porque tienes que labrarte un futuro Sam. Lo hemos habado mil veces, el arte no te va a dar de comer.

-Lo más probable es que vaya a la universidad de forma forzada, si además estudio una carrera que detesto, como viene a ser el derecho, acabaré frustrada y me expulsarán de la facultad por mis malas notas haciendo que pierdas la fortuna que vas a tener que pagar por la matrícula y la residencia.

-¿Me estás amenazando?

-No, te estoy advirtiendo de lo que pasará si me obligas a estudiar derecho.

-No me hables así. Soy tu madre, y si te digo que estudias derecho, estudiarás derecho. Me niego a que seas tan fracasada como tu pad… Se lo pensó mejor antes de acabar la frase y se llevó la mano a la boca. Pero reaccionó tarde.

-¿Cómo papá? Te pasas meses y meses, casi un año, bebiendo, haciéndome pasar hambre porque siempre tenías que tener la jodida botella en el armario o en la boca, llamándome fracasada e insultando a papá por hacer lo que hizo, llorando por los rincones y ¿ahora me dices que era un fracasado? Pues deja que te diga algo mamá…

-Sam, vigila tus palabras.

-Puede que para ti papá fuera un fracasado, pero tú para mí, eres el ser más patético que existe en este mundo. Eres una madre que odia y cuestiona todo lo que su propia hija hace, no cree en ella, y dice que no sirve para nada.

-¿Cómo puedes decir eso? – Su tono de voz iba subiendo.

-Me remito a los hechos mamá – Cogí mis deberes de historia, me levanté con tanta brusquedad que tiré la silla al suelo y salí del restaurante.

-¡Tu padre era un bala perdida y TÚ eres otra! ¡No eres más que una bala perdida! – Oí que gritaba a mis espaldas.


-He quedado con vosotros para ver una película y para oírla. Vuestra forma de daros el lote haciendo tanto ruido es un tanto molesta.

-Freddie tío, te quiero y te respeto y lo sabes, pero haz el favor de dejar de quejarte. Me haces perder la concentración.

-Si algún día tengo novia y os quejáis, os juro que os mato a los dos.

Me llegó un aviso de que Cameron estaba iniciando una conversación conmigo.

¿Adivina quién ha roto todos los límites de velocidad con su moto?

Estás loco tío, algún día nos darás un susto.

Correré el riesgo. Ya sabes que adoro la velocidad y las motos.

Y también tocar la batería, y con un brazo roto no puedes.

¿Qué no Lisa, que no? El batería de Deff Lepard tocaba solo con un brazo.

Punto para ti.

¿Qué me cuentas?

Aquí tratando de ver una película, pero los dos tórtolos estos no me dejan oír ni mis pensamientos.

¿Carly y su novio?

Premio para el caballero de la moto.

Pero si sabes que están juntos, ¿por qué sigues quedando con ellos?

Porque los gemelos trabajan (o están con sus ligues diarios), tú te vas a no se dónde y Sam estaba cenando con su madre. Mamá no está y me lo han propuesto así que…

Tú necesitas que un viernes por la noche nos vayamos de fiesta. Los leones todos juntos.

¿Los leones?

Sí, todos los chicos. Noche de pesca, tú ya me entiendes.

Te entiendo perfectamente. Oye me voy a arreglar mi leonera que si llega mi madre me corta las pelotas.

Hasta mañana por la mañana tío

Adiós.

-Esto… creo que… - Suspiré – No sé ni para qué me molesto en despedirme.

Me levanté y salí del apartamento de Carly para meterme directamente en el mío. Fui a mi habitación, encendí la mini cadena, conecté el adaptador para mi iPod, puse reproducción aleatoria y subí el volumen a tope. Me esperaban dos largas horas de ordenación intensa antes de que llegara mi madre.


A la mañana siguiente, tras la discusión con mi madre, quien por cierto no me hablaba, me desperté con el sonido de mi móvil.

-¿Sí? –Respondí con voz de dormida.

-Buenos días, rubia.

-¿Cameron? ¿Qué haces llamándome a las 9 de la mañana un sábado?

-Toca ensayo.

-¿Ensayo? No me lo habíais dicho. Está bien, me ducho y voy. Nos vemos en la nave.

-Hasta luego rubia.

Pegué un salto y me metí en el cuarto de baño. Las duchas de agua caliente siempre me sientan bien. Me relajan y me ayudan a no pensar en nada, además, el CD que tenía grabado especialmente para cunado me duchaba ayudaba muchísimo.

Como estábamos en Octubre, empezaba a refrescar, pero no me podía para a secarme el pelo por completo, así que me lo sequé un poco, para quitarme la humedad, me puse lo primero que pillé, salí de casa con cuidad para no despertar a mi madre y me fui en dirección al puerto.

Cuando me disponía a entrar, Brad salía corriendo de allí y cayó justo encima de mí.

-Bonita forma de recibirme. Pareces Dino el de los Picapiedra.

-Lo siento Sam, me he dejado la guitarra en casa. Voy corriendo a por ella y vuelvo.

-¿Cómo se te a podido olvidar la guitarra? – Le pregunté incrédula mientras me ayudaba a levantarme.

-Tengo la cabeza en la luna. En cinco minutos vuelvo.

-Hola rubia – Me saludó Cameron cuando entré en la nave.

-Buenos días. Esto… ¿Es normal que a Brad se le olvide la guitarra? – Pregunté señalando la puerta.

-Se le suele olvidar el cable, pero la guitarra es raro que se le olvide.


Brad ya había vuelto pero hacía como media hora que esperábamos a Brison, y Sam estaba empezando a perder la paciencia.

-¿Dónde está? Llega muy tarde.

-No coge el teléfono.

-Casi siempre llega tarde. Pero lo de hoy es excesivo.

-LO SIENTO TÍOS… y Sam – Gritó cuando cruzó la puerta de la nave.

-¿Dónde estabas? – Pregunté.

-Con Anabel. Cubana, metro ochenta de altura, una tía buena donde las haya.

-¿Tu ligue del día? – Preguntó Cameron.

-Exacto.

-Enserio Brison, eres un bala perdida – Dijo Sam resoplando.

-¿Cómo has dicho? – Al oír aquello se me pasó por la mente que tal vez sí que tenía un sentido.

-Que es un bala perdida – Repitió ella.

-Eso es. Pensadlo. Sam siempre tiene deberes que hacer, yo tengo la habitación hecho una porquería, Brad siempre se olvida algo, Cameron rompe todos lo límites de velocidad con la moto y Brison y sus ligues del día.

-¿A dónde quieres llegar? – Preguntó Brison, que al parecer era el único que no lo había pillado.

-Todos somos unos balas perdidas, por una cosa o por la otra, pero lo somos – Aclaró Cameron.

-Lost Bullets – Dijo de pronto Sam y todos la miramos.

-Me gusta como suena.

-Somos Lost Bullets.

-Lost Bullets – Dijo Sam extendiendo la mano.

-Lost Bullets – Cameron la imitó.

-Lost Bullets – Brad también.

-Lost Bullets – Brison.

-Lost Bullets – Y, finalmente, yo.


Hasta aquí. No me paro que tengo la comida al fuego y se me está quemando. Espero que os guste.

Y, como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Besos ^^