34. En la lechucería
Mientras comía, no paraba de mover la pierna, una y otra vez la balanceaba de arriba a bajo muy rápidamente. Sus pensamientos estaban sumergidos en el último examen que tenía ese viernes por la tarde, uno muy especial, debía convencer a Ginny de que había que olvidarse de todo para seguir su camino.
- ¡Harry! – Exclamó Hermione
- ¿Qué? – contestó dando un salto
- Para ya, me estás poniendo muy nerviosa ¿Por qué estas así? Ya hemos terminado los exámenes
- Tengo uno especial esta tarde – dijo con la sonrisa torcida en señal de ironía
- Ha quedado con mi hermana para hablar con ella – explicó con la boca llena Ron
- ¡AH! Es por eso – Hermione comenzó a hacer el mismo tic que Harry – Entonces tienes todo mi apoyo – Hermione y Ron se echaron a reír
- Sois los dos muy graciosos, como vosotros ya estáis juntos y todo fue muy romántico... pues ya no hay problema
- Sí, muy romántico – dijo Hermione mirando tiernamente a Ron
- E improvisado... aunque la verdad nunca me hubiese atrevido a llevar un plan tan descabellado, me hubiese podido la vergüenza, así que me decidí por los impulsos y cuando terminó el partido, sólo pensaba en besarte – dijo Ron devolviéndole la mirada
- Menos mal que hoy os habéis sentado enfrentados, si no ya os estaríais besuqueando – exclamó Harry con cierto tono de envidia – Además creo que la historia de Ron no es del todo cierta
- ¿A no? – preguntó el pelirrojo
- Tú ya te morías por besarla antes del partido y desde el día que le pediste ir al baile – dijo Harry, esta vez triunfante, el vacile había pasado a otro bando
- Eso es cierto... – Su rubor en las mejillas lo delataba
- Esta tarde te voy a dar tantos besos, que se te acabará el ponerte colorado – exclamó Hermione, bajo para que sólo lo oyeran ellos, con la voz muy sensual
- ¡Obscenidades no! Y por favor, tener piedad de un pobre muchacho que sufre la envidia y el desamor – fingió Harry la voz de mártir
- Tú no sufres de desamor – dijo Hermione
- Ya te lo diré esta tarde
- ¡Eh! Mira a la mesa de los profesores
Ron les cortó por lo que estaba sucediendo. Emy se había puesto en pie con los puños muy apretados y mirando a Samantha Street, en sus ojos se reflejaba un odio profundo, Sirius había palidecido y también tenía los puños apretados pero permanecía con la mirada al frente sin hacer nada, entonces Lupin se levantó, le dijo algo cerca del oído a Samantha y se llevó a Emy por la puerta de atrás.
- Sea como sea, necesito hablar con mi tía después de comer – dijo Harry, sabía que algo muy gordo había tenido que decir para que su tía perdiera los nervios
- Utilizaremos el pasadizo de la sala común – dijo Hermione
- ¿Y qué hacemos si hay gente? – preguntó Ron
- ¿Para qué sabemos tantos hechizos? ¿Para no utilizarlos? Es hora que pongamos en marcha nuestros poderes – exclamó decidida Hermione
A la media hora estaban en la sala común, allí había unas veinte personas que repasaban exámenes, la mayoría eran alumnos de cursos inferiores que aún no habían acabado.
- Tú bloquea la entrada del cuadro para que no entre nadie – ordenó Hermione a Ron – Harry sitúate en aquel extremo de la sala y a mi señal los tres decimos el hechizo "Totus Inmobilis" desde nuestros puntos apuntando al centro de la sala
- Vale
- Vale
Los tres se pusieron en las tres esquinas de la sala y, a la señal, pronunciaron el hechizo con sus varitas. Salió perfecto, todos estaban inmovilizados y ellos tres tenían campo libre para sacar el libro que abría el pasadizo por detrás del cuadro. Una vez abierto, entraron los tres, Hermione la última, ella se encargaba de deshacer el conjuro "Totus Mobilis". Echaron a correr por el largo pasillo y al final vieron la salida. Escucharon antes de salir para ver si había alguien al otro lado, comprobaron que estaba despejado y salieron. Llamaron a la puerta del apartamento y les abrió Remus.
- Menos mal que habéis llegado, a ver si la tranquilizáis vosotros – Remus les hizo pasar
En el suelo del salón había candelabros por el suelo y los ceniceros, que una vez habían albergado flores secas, estaban hechos añicos en el suelo con todas las flores esparcidas, había dos sillas tumbadas en el suelo y se oían los gritos de su tía ahogados por una puerta.
- La he tenido que encerrar en el cuarto vacío de Harry – Remus suspiró – Nunca la había visto perder los nervios de esta manera, ni siquiera con Voldemort
- Yo hablaré con ella – dijo decidido yendo a la que un día sería su habitación – Emy soy yo, Harry, voy a entrar – Harry dejó la puerta entreabierta
- ¡HARRY! MENOS MAL QUE TÚ NO LA OISTE
- Tranquilízate ¿Quieres? No es bueno que estés en este estado
- Sí, tienes razón, cariño... además menudo ejemplo te estoy dando
- No te preocupes por mí
- Pero es que esa necia arpía se ha atrevido a insultar a Lily
- ¿Ha insultado a mi madre? – La cara de Harry cambiaba por momentos
- Me dijo que ella había sido novia de James y que si no hubiese sido por la buscona de mi hermana, aún estaba con él y que, por supuesto, él seguiría vivo
- ¿QUÉ?
- Y NO SE CORTÓ AHÍ, DIJO QUE SIEMPRE SE HABIA COMPORTADO COMO UN PUTITA BARATA CON LOS CHICOS
- ¿HA LLAMADO A MI MADRE PUTA Y BUSCONA? – Harry estaba enloquecido al igual que lo volvía a estar Emy – CUANDO LA VEA SE VA ENTERAR ¡HIJA DE PUTA! ¡IMBECIL DE MIERDA! SE LE VAN A QUITAR LAS GANAS DE VOLVER A MENCIONAR A MIS PADRES
- Hermione, Ron, entrar y tranquilizarlos – Rogó el profesor de defensa
- ¿Es necesario? – Preguntó Ron
- ¡RON!
- Vale, vale, es que los dos tienen mucho poder... no vaya a ser que lo suelten
- Por favor, tranquilizaros, tranquilos... ¿No veis que lo que busca es sacaros de vuestras casillas para saber hasta donde podéis llegar?
- PUES CONMIGO LO HA CONSEGUIDO – Bramó la tía
- Emy ¿Tú no eres la que dice que a palabras necias oídos sordos?
- Sí, sí, es cierto... es que estoy tan nerviosa, llevo una semana aguantando sus comentarios, luego la tensión que supone ver a los chicos en los exámenes, prepararlos y corregirlos... además se me ha juntado con los preparativos de la boda... yo ya no puedo más y por eso he estallado... lo siento, mi comportamiento no tiene excusa... lo siento mucho
- ¡Aún así, es una hija de puta! – exclamó furioso Harry que no se terminaba de calmar
- ¡Bueno, veo que ya has entrado en razón!
- Remus... lo siento – Emy se fue a abrazarlo
- Todos debimos darnos cuenta que estás sometida a mucha tensión, no te hemos ayudado mucho, soy yo quien debe pedirte disculpas
- ¿Pero qué dices? Tú y Arabella os habéis portado como los mejores amigos que sois para Sirius y para mí – Emy se echó a llorar en los brazos de Remus
- Todo saldrá bien, no te preocupes – La cogió por los hombros – Vamos siéntate en el sofá
Los cinco se fueron a la sala y se sentaron en los sofás, excepto Hermione, que se dedicó a reparar los destrozos causados y ofreció un té a los presentes que aceptaron de mil amores.
- Es que no sé si él podrá aguantar así... yo no puedo – dijo entre sollozos Emy
Ron y Harry comprendieron inmediatamente el problema. El pelirrojo se puso en el lugar de ellos, él no soportaría no poder besar a Mione y abrazarla, le dieron ganas de hacerlo inmediatamente, se levantó del sofá y se fue hacia la cocina. Allí estaba ella preparando el té, la miró, pensó en cómo había tardado tanto tiempo en darse cuenta que era la mujer de su vida. Se imaginó en su casa, en su cocina y una sensación de bienestar le recorrió el cuerpo, él la amaba desde lo más profundo de su ser y deseaba pasar el resto de su vida a su lado. Fue hacia ella en silencio, la abrazó por detrás, ladeó la cabeza y la besó tiernamente en el cuello debajo de la oreja. Notó como ella se estremecía en sus brazos y se sintió el chico más feliz de mundo.
- Te quiero tanto que desearía gritarlo al mundo – le dijo suavemente
Hermione se dio la vuelta, un poco asombrada por aquella demostración súbita de amor, se fijó bien en Ron, se había convertido en un muchacho muy atractivo y ella estaba con él y ahora le demostraba cuanto la quería. Recordó, un instante, lo que le dijo el hada y sus ojos comenzaron a brillar. Pasó sus manos por entre su pelo y le atrajo hacia ella para fundirse en un beso apasionado, un beso que ya no mostraba candidez sino deseo, una beso de amor verdadero. Cuando se separaron Hermione le sonrió.
- Sin ti no soy nada, Ron, todo mi universo eres tú... Yo también te amo – Hermione volvió a besarle, un beso largo y lleno de amor hasta que oyeron la voz de Remus pidiendo el té – Ya está casi listo – contestó con su respiración entrecortada mientras no podía evitar sonreír
Los dos llevaron en una bandeja unas tazas y la tetera, lo posaron en la mesa y Hermione comenzó a servirlo. Cuando le acercó la taza de té a Emy se miraron un segundo, el rostro de ella estaba enrojecido por las lágrimas pero en ese momento sonrió.
- Aún no os he felicitado por vuestro reciente noviazgo – exclamó de forma cariñosa con un toque de melancolía – Estoy encantada de que, por fin, os dieseis cuenta de que estáis hechos el uno para el otro ¿Lo sabe ya Molly?
- No, yo no he dicho nada – contestó Ron un pelín ruborizado
- Le va a encantar la noticia, siempre quiso que Hermione fuese tu novia
- No lo sabía – dijo la muchacha
- Os deseo lo mejor
- Y yo – Agregó Remus, acto seguido miró a Harry al igual que Emy
- ¿Qué? – preguntó Harry consciente de que todas las miradas estaban clavadas en él – No me miréis así, me estáis intimidando y no respondo bien ante la presión – dijo sarcásticamente
- No, Harry, no llevas bien la presión, eso se te nota ¿No esperarás a que ella dé el primer paso?
- ¿Es que mi vida la sabe todo el mundo? – se quejó
- Todos menos Draco Malfoy – contestó Emy – Siento decirte que ahora no conviene que se airee lo vuestro, Ginny está en una situación muy delicada, ya ha recibido instrucciones nuestras de cómo obrar al respecto, por lo menos hasta que esa sucia arpía se vaya de aquí
- No sé como es que, al final, siempre pago el pato yo... a ver si ahora no voy a poder ir al baile con ella
- Pues eso no está muy claro – le dio Emy
- Pues yo sí lo tengo claro
Luego de estar un rato con ellos, los tres muchachos volvieron a la sala común por el pasadizo y tuvieron que volver a hechizarlos para que no vieran por donde salían. Allí se quedaron hasta que llegó la hora en que Harry acudiese a su cita.
El estómago del pobre muchacho estaba retorciéndose por los nervios y su cabeza no pensaba con claridad, eso de estar enamorado parecía más bien una enfermedad que un sentimiento. Llegó a la lechucería a las seis y veinte, aún era pronto para que ella estuviese allí. Miró con desagrado que no era un lugar muy romántico para declararse, él no daría el paso allí, mejor el día del baile. Esa tarde solamente hablarían las cosas para poder dejarlas zanjadas, de una vez por todas, y que ninguno de los dos pudiera sentirse indigno delante del otro.
La puerta se abrió cuando Harry estaba en una esquina acariciando a Hedwig. Ginny avanzó despacio por la estancia, aquel sitio nunca le había gustado, demasiados pájaros observándola con sus grandes ojos, entonces uno, que estaba justo delante de ella, abrió las alas para volar y cambiarse de sitio, Ginny se asustó y caminó para atrás torpemente hasta que se tropezó y cayó, dándose la vuelta en los brazos de Harry.
- ¡AY! Lo siento - exclamó ella ruborizándose
- No hay porque sentirlo, has acabado en mis brazos – sonrió Harry
- Ya... bueno... yo... ¿De qué querías hablar? – Ginny se mostraba nerviosa e incómoda
- Directa al grano
- Es que puede venir alguien y ya se sabe que, en este colegio, los rumores corren como la pólvora
- Bueno yo quería disculparme por mi comportamiento del otro día... Simplemente era preocupación... No quiero que te pase nada malo, Gin
- Lo sé y te lo agradezco... Yo no debí contestarte como lo hice
- Para nada, tú estabas en tu derecho de eso y de más. A veces no nos damos cuenta que eres una chica excepcional, en todos los sentidos, y nos cuesta verte asumiendo papeles de riesgo
- Sí, supongo que tú aún me ves como una chiquilla
- No, no, yo no te veo como una chiquilla... No es eso
- Vale, pues aclarado – Ginny se dio la vuelta para irse
- Espera, no creo que hayamos terminado – Harry sentía que aquello no iba como debería – Aquel día ocurrieron... cosas que... bueno yo... no pude digerir muy bien en un principio
- Te refieres a Draco – Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas – Sé que me detestas por lo sucedido, yo no pude pararlo
- No, estás muy equivocada, Gin, yo jamás te culparía de algo así, yo... tuve que pasar por lo mismo ¿O es que no recuerdas mis últimos días con Cho?
- Sí – Ginny no podía mirar a Harry a la cara
- Gin, yo sé lo que es sentirse traicionado e indigno, pagué mi mal genio de aquellos días con la persona que menos culpa tenía y que yo más aprecio, tú – Harry levantó la cara de Ginny con su mano para poder mirarla a los ojos – Los dos hemos tenido experiencias que hemos de olvidar, yo prefiero pensar que Cho nunca fue mi chica y tú... que Draco no fue el primero en besarte – Harry veía como las lágrimas de Ginny corrían despacio por su dulce cara – Hemos de olvidar todo lo que ha pasado últimamente, TODO
- ¿También que me pediste ir al baile contigo? – Preguntó Ginny muy triste
- No, de aquella noche no borres ni una sola frase
Harry entendió lo que había dicho Ron de no poder aguantarse las ganas de besar a Hermione. Él, en aquel momento, ya no podía más, se moría por besarla y sentirla. Cuando sus rostros ya no podían estar más cerca sin tocarse, la puerta de la lechucería se abrió de golpe, era su amigo Ronald, que la cerró de nuevo de golpe asustando a todas las lechuzas.
- ¡RON! ¿Qué haces aquí? – preguntó Harry de mala gana por la interrupción
- Deprisa, Samantha Street viene para acá, rápido, ponte la capa y vete hacia una esquina, yo diré que estabamos enviando una lechuza a mi madre
Harry no lo pensó un segundo, se plantó debajo de la capa y se colocó en una esquina apartada de la entrada, ellos no sabían si ella podría detectar las capas de invisibilidad. Al minuto la puerta volvió a abrirse, Samantha entró en la lechucería y se encontró con los hermanos Weasley asomados a la ventana.
- Buenas tardes
- ¡Ah! Hola – contestó Ginny un poco descolocada y nerviosa
- Hola
- ¿Qué hacen aquí?
- Pues mandar una lechuza ¿Qué sino? – contestó Ron ironizando, luego entendió que debía dar una respuesta más convincente – Se la hemos enviado a mi madre, ya sabe por eso de los exámenes, para que se quede más tranquila
- Pero aun no tienen las notas
- Sí, ya, pero siempre le enviamos nuestras impresiones, ella nos lo pidió así desde que entramos en Hogwarts
- Se nota que es una buena madre – Les miró un momento – Pues si ya la han enviado no se queden aquí, este no es un buen lugar para charlar, vuelvan a su sala común o den un paseo por los terrenos, hoy hace una maravillosa tarde primaveral
- Sí, así lo haremos, gracias – Se despidió Ron tirando de su hermana hacia la puerta y cerrándola de golpe después, con lo que volvió a asustar a las lechuzas
- Malditos mocosos – Samantha cogió una lechuza y ató un pergamino a su pata – Llévasela a Lucius Malfoy y entrégasela en persona – esperó a que la lechuza saliera por la ventana – Si ese gilipollas se piensa que me puede poner los cuernos a mí, su amante, lo lleva claro y menos con esa puta de ojos verdes – Cogió otro pergamino y lo ató a la pata de otra lechuza – Lleva esta nota a Lord Voldemort y luego llévame la respuesta al Caldero Chorreante, me alojaré allí hasta el viernes que viene
Harry pudo observar que la lechuza no era como el resto de las que estaban allí, era completamente negra y sus ojos eran de un rojo intenso ¿Y si fuese algún mortífago animago? No lo creía, no por la forma que tuvo ella de tratar a la lechuza. Vio como ella la seguía con la mirada hasta que se perdía en el horizonte y luego salió de allí con paso firme.
Tuvo que esperar, al menos diez minutos, para salir sin ser descubierto en algún pasillo próximo. Llegó a la sala común, tuvo que esperar que viniese alguien para poder entrar sin llamar la atención, luego subió las escaleras hasta su cuarto, guardó su capa en el baúl y se tiró en la cama.
Aquella sensación era muy extraña, por un lado se sentía como en una nube por haber hablado con Gin y haber estado a punto de besarla pero por otro lado, sentía rabia y frustración por no dar caza a Samantha Street, ahora estaba claro que era una mortífaga, aunque él no lo había dudado.
De repente, le pareció ilógico quedarse allí tumbado, debía informar al director del colegio, él le daría Verisaterum para hablar y así sabrían los planes de Voldemort. De un salto se levantó de la cama para luego bajar las escaleras corriendo. Llegó a la sala común, allí no había nadie de interés para aquel tema tan importante. Salió por el cuadro como alma que lleva al diablo, la dama le dijo algo pero él no prestó atención. Su cabeza le decía que lo mejor era ir al despacho de Dumbledore y para allá se dirigió. "Limones a montones". Nada. "Montones de Limones". Nada. "Menos Limones". Nada. "Quiero Limones". Nada. "Se Acabaron los limones". Nada. Vio que aquello era inútil y se fue directo al despacho de la profesora McGonagall y cuando llegó allí, no había nadie. Fue entonces al de Remus y nada; luego al de Arabella y tampoco; así que decidió irse al de Emy pero allí no había nadie.
Miró su reloj, marcaba en ese momento la seis y media. "Maldita sea, se me ha vuelto a parar". Calculó la hora que sería y no podía ser más pronto de las siete y cuarto, así que estaría todo el mundo en el Gran Comedor cenando. Fue para allá corriendo, en el vestíbulo se encontró a Neville, Dean y Seamus.
- ¿Qué te pasa, Harry? - Le preguntó Neville
- Pues que no encuentro ni a Dumbledore, ni a McGonagall, ni a Lupin, ni a Figg y tampoco a Emy
- Yo sé donde está McGonagall, está en la enfermería – dijo Dean
- Los demás creo que están dentro – Agregó Seamus
Harry asomó la cara por la puerta, en la mesa de los profesores estaban sentados todos menos los que él estaba buscando, también miró a ver si habían llegado Ron, Hermione y Ginny pero no estaban allí, así que volvió a salir y decidió ir a la enfermería. Cuando ya estaba subiendo los últimos escalones oyó voces familiares, Lupin, Bella y Ron hablaban en el pasillo frente a la entrada de la enfermería. Todos callaron cuando vieron acercarse a Harry.
- Os estaba buscando, tengo que contaros lo que oí en la lechucería – Harry miró las caras e interpretó que se estaba perdiendo algo - ¿Qué sucede?
- Ha habido un ataque – dijo Lupin cogiéndole de los hombros – Ella fue derribada por la espalda, hace tan solo quince minutos, mientras caminaba al lado de Ron
No hacía falta que nadie dijera que era Ginny la que había sido atacada. Harry se deshizo de Remus y entró en la enfermería. Allí estaba Hermione con lágrimas en los ojos. La Señora Pomfrey le entubaba y controlaba lo que parecía un sedante. Dumbledore, al pie de la cama, con la expresión de furia marcada en su rostro. La mano de Emy puesta por encima de la frente de Ginny, a unos dos centímetros, mientras decía, sin parar, unas frases en latín. Harry permaneció de pie, a unos dos pasos de la cama, sus ojos estaban fijos en la dulce cara de su pequeña princesa guerrera, se notaba que estaba profundamente dormida, ya que ninguna expresión se mostraba en ella.
- Sirius ha ido tras el atacante, aunque nadie pudo ver quien era – Dumbledore hablaba con una extraña voz seca y fría – La ha salvado la poción "Impremeabilus Corpem" que tomó esta mañana para prevenir cualquier ataque
- Sus constantes son débiles pero estables, sólo hay que esperar a que despierte pero no sé cuándo puede ser – dijo la Señora Pomfrey – La mantendré con fortalecedores de espíritu y calmantes musculares
- Bien. Emy ¿qué me puedes decir? – Dumbledore mantenía su tono de voz
- Estoy segura que ha sido un hechizo de magia negra, no nos hayamos frente a ninguna maldición imperdonable. Gracias a la poción, su alma está intacta. Creo que Poppy tiene razón, sólo es cuestión de paciencia
- Entonces me marcho, Sirius necesitará ayuda, me llevo a Remus y Arabella. Si hay algún cambio, avisadme – Sin esperar respuesta y evadiendo la mirada de Harry salió de allí
- ¿Cómo ha podido pasar esto? ¿Ha sido Samantha Street? – Harry no alcanzaba a comprender la situación, apenas hacia veinte minutos que casi la estaba besando y ahora, ella yacía en una cama en estado de coma
- Yo creo que sí, pero será difícil sacar pruebas, se suponía que ya estaba fuera del castillo
- Pero yo la he visto en la lechucería, mandó una carta a Malfoy y otra a Voldemort... hace tan solo unos veinte minutos
- ¿Dijo algo?
- Sí, que no permitiría que, creo que se refería a ti, fueses la nueva amante de Malfoy, ya que era ella y, a una lechuza negra con los ojos rojos, le indicó que la contestación de Voldemort se la llevara al Caldero Chorreante antes del viernes, ya que ese día se marchaba
- Hermione ¿Serías tan amable de decirles todo esto a Dumbledore y los demás? Vete con Ron
- Sí, por supuesto – Salió de allí con la cabeza baja
- Creo que Samantha tiene algún cómplice dentro del castillo, pero ahora son todo conjeturas – Emy miró tiernamente a su sobrino – Harry, Ginny va a necesitar de tu apoyo en estos momentos
- Claro, no me separaré de ella ni un segundo
- Mímala, habla con ella, léela algún libro. Le dejé las obras completas de poesía de Federico García Lorca, seguro que Hermione puede traértelo mañana, la poesía tiene musicalidad y ayuda a tranquilizar el alma
- Me parece una gran idea – Harry se sentó en el taburete que estaba al lado de la cama – Hola, Ginny, ya estoy aquí, vamos a estar un buen rato juntos, ahora ya nadie nos lo impedirá...
Emy cerró los ojos para tragarse las ganas de llorar, tenía que ser fuerte delante de su sobrino, si decaía él se daría cuenta del sentido de culpabilidad que le invadía y al final él sentiría lo mismo "Maldito Ryddle, pagarás por cada lágrima que se ha derramado por tu culpa". Emy besó a su sobrino y se marchó de allí en silencio.
- Por fin solos, Gin, has elegido un lugar extraño para nuestra primera cita, pero lo más importante es que estemos juntos – Harry acariciaba sus cabellos – No sabía que tenías el cabello tan sedoso, es como tocar hilos de seda, de seda ardiente – Harry tenía unas enormes ganas de llorar pero no podía permitir que ella sintiese su pena - ¿Sabes? Ahora mismo desearía que Marina estuviese aquí para que te cantase una canción
Como si de un genio de la lámpara se tratara, una luz azulada muy brillante se acercó desde el lago hasta la ventana y luego voló por el techo de la enfermería. El hada de Harry apareció revoloteando a su alrededor.
- ¡MARINA! – Exclamó Harry impresionado
- Sí, te dije que acudiría a ti en cuanto escuchase tu llamada
- Marina, ella ha sido hechizada con magia negra y no sabemos cómo está o cuando despertará
- Déjame esto a mí – El hada comenzó unos movimientos sobre el cuerpo de Ginny y comenzó su canto
El mar y la tierra,
El fuego y el aire
Te darán paz.
Tú eres el guardián,
Tú eres la respuesta,
Sueña con el amor
De quien más te venera.
La luna en noche,
El sol en día
Te protege de cualquier
Mal que hay en tu vida.
Escucha mi canción,
Siente mi presencia,
Huele el aroma
De mi mágica existencia.
No temas por el presente,
Olvida el pasado ya,
El futuro solo existe
Para quien traiga la paz.
En ti confiamos
Las muchas criaturas
Que de la magia vivimos.
No te rindas ahora,
El amor está al llegar.
Tus sentimientos son fuertes.
Tú eres el guardián.
- Es la misma canción que me cantaste a mí – dijo Harry
- Ella estaba en la situación en la que tú te encuentras ahora mismo, os la canté a ambos – Marina se posó en la mano de Harry – Ella estará bien en unos cuantos días y despertará cuando tú se lo preguntes. Has de encontrar la manera de conectar con ella, has de decirle lo que sientes... Cuídate, Harry, y cuida de ella, es una verdadero tesoro – El hada vertió polvos sobre él y sobre Ginny y se marchó
- ¿Has oído, Gin? Nos la cantó a los dos... Yo sabía que no era Cho, ahora me doy cuenta que siempre fuiste tú
Harry no se movió en toda la semana de su lado, nada más que para ir a dormir, ya que no le permitían quedarse allí. Los profesores, incluido Snape, a regañadientes, le dieron permiso para estar allí. Harry sentía que debía de estar con ella cuando despertara. Aprendió a buscar dentro de su corazón para sentir el corazón de Ginny y a los siete días lo consiguió. Ella contestó a su pregunta.
