Hey, hey, ya estoy aquí. Veo que os gustó el capítulo anterior, Me Gusta. Solo quiero decir un par de cosas antes de empezar. Primero, no sé cómo de larga va a ser esta historia, pero por las ideas que tengo en mente corta no va a ser. Y ahora diréis, ¿y con esto qué nos quieres decir? Quiero decir que lo que el Seddie en sí, va a tardar un poco en llegar, pero va a haber y mucho, solo os pido paciencia. Y segundo, os pido lo mismo con la Vendetta, os va a gustar, ya tengo desde hace semanas la idea en mente y cada vez que me la imagino, más me gusta. En fin, paciencia, que todo llegará jajajaja. Nada más, nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly no me pertenece.
Justo después del concierto, nos quedamos un rato en la fiesta, la gente estaba alucinada todavía, aunque apuesto lo que sea a que yo lo estaba mucho más. Todavía corría adrenalina por mis venas en lugar de sangre. Miré a mí alrededor en busca de los chicos, pero no los vi, así que empecé a deambular por la carpa.
Al primero que vi fue a Brad hablando con su vecina, después a Freddie y a Cameron dándolo todo en la pista de baile, al ritmo de una pegadiza canción, y por último, en una esquina, apartado del resto de la sociedad, vi a Brison enrollándose con una de las invitadas. Parecía que se quisieran comer mutuamente la cara. ¡Menudas ansias!
Entonces, Cameron y Freddie me rodearon cada uno un brazo y gritaron a la vez:
-¡CHUPITO DE INICIACIÓN! – Mientras me arrastraban a la mesa de las bebidas.
¿Chupito de iniciación?
-¡Brad! – Gritaron a la vez a pesar de estar al lado del rubio - ¡CHUPITO DE INICIACIÓN!
-¡CHUPITO! – Y se unió a mis dos acompañantes en el agarre de brazos.
Siguiente parada Brison.
-¡Brison! – Hicieron lo mismo que con Brad, recibiendo una mirada de reproche y odio por parte del bajista de la banda - ¡CHUPITO DE INICIACIÓN!
-Lo siento preciosa, pero esto es una causa mayor – Dijo cambiando de expresión - ¡CHUPITO DE INICIACIÓN!
Nos dirigimos a la mesa de las bebidas donde los camareros corrían por la barra para poder servir todas las bebidas que les pedían.
-¿Me va a explicar alguien lo que es eso del chupito de iniciación?
-El chupito de iniciación mi querida Sam – Empezó Freddie.
-Es un ritual creado por nosotros – Siguió Cameron.
-Que han de llevar a cabo los nuevos miembros de la banda – Explicó Brison.
-Para pasar a ser uno de los nuestros – Terminó Brad.
-Pero… yo creía que ya lo era – Dije perpleja.
-Lo eres pero no al completo.
-Ya has tenido tu primer contacto con el escenario y el público. Ha sido como tu bautismo.
-Pero todavía falta este ritual y pasar a ser uno de los nuestros de forma completa. Un más en la familia. La hermana pequeña.
-¿Solo es un chupito?
Si supieran mi faceta pasada, sabrían que nadie ha sido capaz de ganarme en el concurso de chupitos, pero prefiero hacerme la inocente.
-Solo un chupito – Asintieron todos a la vez.
-¿De qué?
Ahí fue cuando me asusté. Se miraron entre ellos con sonrisas malévolas en las caras. Brison se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó una petaca plateada. ¿Qué hay en esa petaca que hace que se miren con esa cara?
-Esto es El Fregadero.
Suena horrible.
-Es una bebida que creamos Brison y yo mezclando un poco de todo lo que había en el mueble bar de nuestros padres. Nació el día que nació este ritual.
-Y tú, rubia, te tienes que beber un chupito de El Fregadero.
Brison empezó a servir aquella sustancia marrón que hacia honor a cómo sonaba el nombre. Horrible. Y me da la sensación de que el sabor no será mucho mejor. Tragué saliva y alargué el brazo para coger el vaso, pero Freddie me agarró por la muñeca.
-Así no Princesa Puckett – Le eché una mirada de cómo-me-vuelvas-a-llamar-así-te-rompo-un-brazo al oír el nombre -. Las manitas van a la espalda.
Los miré para comprobar si me estaban tomando el pelo, pero estaban completamente serios, a pesar de que en sus ojos se leía la expectación a kilómetros de distancia. Resoplé, me recogí el pelo en una coleta para que no me molestara y me llevé las manos a la espalda.
-Si vomitas pierdes – Me advirtió Brison.
Vale Sam. Sabes que esto va a saber a Fregadero, pero es lo que hay. Una, dos, tres.
Agarré el chupito con la boca y eché la cabeza atrás para tragarme el contenido del vaso. Cuando lo noté recorrerme la garganta, cerré la boca y el vaso se hizo añicos en el suelo. Aquello no solo sabía mal, quemaba como el puñetero fuego, tanto, que tuve que agarrarme con fuerza para no escupirlo. Pero las ganas de vomitar iban en aumento, y no podía permitir que eso pasara, básicamente por que me negaba a tener que tomar un trago más de esa mierda.
Era la hora de controlar el chacra. Me solté de la barra, levanté la cabeza, cerré los ojos y extendí los brazos como si estuviera meditando. Siempre que me entraban ganas de vomitar por culpa de beber, contralaba el chacra. Era una técnica inventada por mí que hasta la fecha no me había fallado. Todos me miraban raro cuando lo hacía, pero o era eso o echar hasta mi primer desayuno.
Las ganas de vomitar se fueron y, decidí que podía abrir los ojos y mirarlos. Debía de tener una cara de asco impresionante.
-Esa mierda – Dije frotándome la boca – sabe a DESAGÜE.
Automáticamente empezaron a saltar y a reírse y se tiraron encima de mí, levantándome en volandas. Supongo que había pasado la prueba de fuego.
El primer concierto había sido una pasada y la fiesta de después también… aunque ahora mi cuerpo se estaba resintiendo. Me dolía todo. Y para acabar de arreglarlo, ya era lunes de nuevo. Es más, hacía tres horas que habían empezado las clases.
-¿Cómo va esa resaca?
-No es resaca. No sé lo que es. Pero tú no estás mejor – Le respondí a mi mejor amigo haciendo hincapié en las ojeras que tenía.
-Valió la pena. El concierto fue genial. Aunque desde mi posición era un tanto difícil no mirarle el culo a la rubia.
-¿Todavía no lo has superado?
-Admite que Sam está… está muy bien – Dijo con una carcajada -. Somos tíos, es nuestra naturaleza mirar si ese tipo de carnaza se nos pone delante.
-No está mal.
Cameron me miró con una ceja levantada como queriendo decir ¿Solo no está mal?
-Tiene buen tipo.
La misma mirada.
-Vale está bien – acabé cediendo – Sam está buena.
-Freddie – Oí la voz de Tasha a mis espaldas.
Tasha era alta, castaña, con un cuerpo envidiable. A mí no me llamaba la atención, no era mi tipo. No sé por qué. Era demasiado tontita, aunque sacaba unas notas impresionantes. Siempre había sido muy fan del grupo y no se perdía ningún concierto. Se había ganado un poco nuestra amistad.
-Dime Tasha.
-Estuvisteis genial el sábado. Esa chica que habéis metido en la banda es genial. Tiene talento. Llegará lejos, es como si pudiera verlo. No puedo esperar a vuestro próximo concierto. ¿Me avisaréis verdad?
-Cuenta con ello preciosa – Intervino Cameron.
-Gracias. Me voy a clase. Hasta luego chicos.
La verdad era que no teníamos ningún concierto previsto hasta lo de la Vendetta, y, como todavía faltaba la canción y terminar de rematar todo antes de mandar los correos, no era plan de ir contándolo a cualquier persona. Especialmente, Tasha era a la que más controlada teníamos que tener, pues no sabía lo que era guardar un secreto.
No teníamos ningún concierto previsto… o eso era lo que creíamos todos.
-Pero si no he hecho nada, ¿por qué tengo que ir al despacho del director? Tengo clase – Me estaban arrastrando al despacho del director sin motivo aparente. Para una vez que no hago nada…
-Siéntate Sam – Me pidió Ted.
-No he hecho nada. No me puedes castigar sin motivo. La cara de tu querida animadora está perfectamente, salvo por lo de la nariz. Tengo mis derechos.
-Lo sé Sam. No te he traído aquí para castigarte – Dijo en tono amable.
-¿Entonces a que se debe esa repentina necesidad por verme?
-Mis hijas estuvieron el sábado en un cumpleaños y me dijeron que, la cantante de la banda que tocó, eras tú.
-¿Me has llamado por el hecho de que esté en una banda?
-No. Bueno, en parte. Mis hijas volvieron enloquecidas y afónicas. No paraban de nombraros. Lost Bullets por aquí y por allá. Incluso me enseñaron una grabación que hicieron con su móvil y… no sonáis nada mal.
-Agradezco el cumplido. ¿Puedo irme?
-Espera. Sabes que todos los años celebramos una fiesta de disfraces en Halloween, ¿verdad?
-Claro. Es el único baile que vale la pena en este instituto.
-Sabes que todos los años hay música en directo.
-Sí. Bastante mala por cierto. Pero, ¿por qué me estás diciendo todo esto?
-Porque – Dijo cansado de mis impertinencias – me gustaría proponerte que este año tocarais vosotros en la fiesta de Halloween de Ridgeway. Lost Bullets. ¿Qué me dices?
Hasta aquí. Sé que no es muy largo en comparación con el anterior, pero era el único modo de dejar el final interesante.
No tengo nada más que decir salvo que dejéis vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Besos ^^
