36. El ataque

Harry reaccionó inmediatamente, cogió a Ginny en brazos y la sentó en el suelo, en la esquina más alejada. Con un movimiento de varita, colocó los biombos, la mesa y las sillas delante de ella formando una barricada.

- Pase lo que pase, no te muevas de aquí

- Harry, ten mucho cuidado

- No permitiré que te pase nada

Se preparó para el enfrentamiento. De frente, el dementor se deslizaba con seguridad hacia él. Harry agarró fuerte su varita, se concentró en un pensamiento alegre, esta vez era fácil, el beso que acababan de darse. Una fuerza asombrosa se apoderó de él, la notaba en cada centímetro de su ser, el sentimiento de protección hacia un ser amado era lo más grande que jamás había sentido. Toda aquella fuerza iba a parar a sus manos y de ahí a la varita.

- "Expecto Patronum" – La voz de Harry sonó potente y de su vara salió un humo blanco y brillante que se formó, en apenas dos segundos, en un enorme ciervo - ¡ATACA!

Gritó Harry y el ciervo hundió su cornamenta en el dementor con la mayor de las rabias, con un odio iracundo por haber interrumpido el momento más hermoso que él había tenido, convirtiéndolo en un humo negro y espeso que se evaporó en el aire al minuto. En ese momento llegaba Arabella, corriendo a la enfermería y presenciando la victoria de Harry sobre su enemigo.

- Muy bien, Harry – La profesora sonrió al muchacho con cierto aire de sorpresa - Te necesitamos abajo, están atacando el castillo

- ¿Y Emy?

- Primero se presentó Voldemort solo en el Gran Comedor, venía a hablar con ella y amenazó que si no se le concedía lo que pedía, algún inocente moriría. Emy no opuso resistencia y desapareció con él, pero a los dos minutos se oyó una explosión y unos cincuenta mortífagos, con unos treinta dementores entraron en el castillo y están atacando a todos los que se les ponen por delante. Necesitamos más varitas expertas contra ellos, sobre todo con los dementores, parece que tienen orden de atacar a cualquiera, no hacen excepciones ni con los más pequeños

- ¿Pero quién se quedará con Ginny?

- Yo la pondré en un lugar seguro, para que nadie la encuentre – Arabella miró a Harry suplicante - Pero ahora el colegio te necesita, baja corriendo a ayudarlos y ten mucho cuidado

Harry miró atrás un segundo antes de salir corriendo, sabía que Ginny no le veía, estaba escondida entre todos aquellos bultos, le daba mucho coraje que volvieran a dejar las cosas sin aclarar, no sabía cómo terminaría la noche ¿Por qué siempre había algo que les interrumpía? La próxima vez no esperaría ningún acontecimiento, se lo diría nada más verla. Salió de allí corriendo y bajó de tres en tres las escaleras. A medida que se acercaba al vestíbulo iba escuchando las explosiones y los gritos. Algunos alumnos habían escapado y corrían sin saber dónde por ir.

- ¡Vayan a sus salas comunes y no salgan de allí! – ordenó Harry a todos con los que se cruzaba a su paso

Los pequeños le oyeron y obedecieron sin perder un segundo. Las puertas del Gran Comedor se abrieron de par en par, otra oleada de gente salió despavorida, huyendo de diez dementores que salieron tras de ellos al vestíbulo en busca de víctimas a las que absorber. Entre aquella gente se encontraba Neville, Dean y Seamus, que nada más ver a Harry, corrieron a su lado.

- Debéis guiar a toda esta gente a la sala común de Gryffindor y no moveros de allí, si hubiese algún problema tirar bengalas de colores por la ventana y así iremos a vuestro encuentro – Harry estaba asombrado de su tono frío y seguro en un momento así – Sí hay algún herido improvisar unas camas, la Señora Pomfrey no está en la enfermería

- Está con el resto de profesores – contestó Dean muy nervioso

- No perdáis un segundo más, yo me ocuparé de estos

- Suerte, Harry – Dijo Seamus – TODOS POR AQUÍ, SÍGANNOS

Allí solo se quedó Harry, que volvió a pensar en su beso con Ginny, con tanta fuerza, que ni siquiera tuvo que decir el hechizo en voz alta para que de la varita saliera el gran ciervo.

- ¡ATACA!

Eran demasiados para que su ciervo se hiciese cargo de todos. Harry luchaba en su interior para apagar las voces de su madre en la cabeza, el frío era tan grande que salía vaho de su respiración. "A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor". El ciervo dio una enorme coz a uno que tenía atrás, luego el humo se evaporó; atacó con su cornamenta a otro que tenía enfrente. El joven mago no era capaz de callar la voz de su interior. "A Harry no. Te lo ruego, no. Cógeme a mí. Mátame a mí en su lugar". El corazón del muchacho se estaba arrugando por los lamentos de su madre y entonces un dementor arremetió contra al ciervo, el dolor lo sintió también Harry. Eso le hizo reaccionar y concentrase mejor en el beso de su amada. El ciervo se levantó rápido, con más fuerza, y salió corriendo como un toro bravo hacia uno de ellos, que volatilizó en un segundo. Las fuerzas renovadas no eran tan fijas como a Harry le hubiese gustado, seguía sin conseguir dejar de oír los gritos de su madre. "A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad". Unas lágrimas de impotencia, rabia, odio y rencor brotaron de los ojos de Harry, no le quedaban muchas fuerzas ante aquel frío tan intenso. Una crudeza se iba extendiendo por sus venas congelándole el alma. "El beso, el beso, el beso" pensaba para su interior. Gritó para sacar la última reserva de fuerza.

- ¡ATACA!

Llevaba al menos ganados a cinco pero los otros le estaban rodeaban peligrosamente. Entonces un gran dragón brillante voló por el aire y atravesó de golpe a dos de ellos. Ron estaba en la puerta y no iba a permitir que a su amigo le pasara nada. Se le veía muy desmejorado, su túnica de gala estaba ajada y su cara sangraba por varios cortes, pero se mantenía firme con la varita alzada. Los dementores se retiraron un momento al ver al gran dragón, su sola presencia era imponente y eso dio tiempo al Patronum de Harry a atacar a dos más, controlados por él. El último que quedaba fue fulminado por el dragón.

- ¿Te encuentras bien? – Preguntó Ron a Harry

- Yo sí, pero tú estás hecho unos trapos – dijo jadeando por el esfuerzo de la lucha

- No te preocupes por mí, aún nos queda trabajo – Ron se inclinó y puso sus manos en las rodillas, en señal de fatiga – Bien, esta es la situación, tienen sitiados a los profesores en la pared de su mesa, tenemos que llegar por el lateral y atacarlos, lo mejor sería entrar por las ventanas para despistarlos

- Pero esas ventanas dan al acantilado, no tenemos acceso a ellas

- ¿Y para qué tenemos las escobas?

- Buena idea

- Aunque un pelín descabellada

- Está bien, no tenemos más remedio ¿No?

- No

- "Accio Escoba de Harry"

- "Accio Escoba de Ron"

En medio minuto aparecieron las escobas por el cielo y se pararon frente a ellos. Ambos se montaron allí mismo y salieron por el hueco de la puerta de entrada al castillo. Había sido derribada por algún hechizo bomba, aunque aquello no tenía mucho sentido, todos sabían que esa puerta estaba hechizada para que aquello no pasara, estaba claro que alguien la había manipulado.

La noche se mostraba fría, despejada, miles de estrellas alumbraban el cielo a la vez que la luna. Una luna con un aro rojo a su alrededor, aquello no presagiaba nada bueno. Se dirigieron hacia las ventanas que indicaba Ron y cada uno se situó frente a una. Harry sujetaba bien la escoba con su mano izquierda y agarraba con fuerza su varita en la mano derecha, tenía que ser así, porque debían atravesarlas como balas y no sabían con qué se encontrarían al traspasarlas o si las ventanas no se romperían. Se colocaron desde bastante atrás y a la señal de Harry, los dos salieron disparados hacia los ventanales. Lo siguiente fue un gran golpe y las vidrieras se hicieron añicos, las habían traspasado como un rayo. Una vez dentro, con el enorme ruido que se había producido y estando los dos en el aire, lograron tomar a tres mortífagos por sorpresa derribando a cada uno con hechizos aturdidores y así abrir hueco para que los profesores pudieran moverse.

Harry pudo observar la situación desde su escoba, sólo quedaban dos dementores que ya eran controlados por una Hermione bastante deteriorada, su cara estaba manchada de sangre y se notaba que había sufrido los efectos de una explosión cercana. Había muchos alumnos acurrucados en las esquinas, con caras de absoluto terror y sin saber cómo salir de allí, seguramente el miedo paralizaba sus cuerpos. Otros estaban tendidos en el suelo boca abajo, con la cabeza entre sus brazos, esperando que pudieran salir de allí sin daño alguno. En medio de la sala se confundían estudiantes mayores, caídos e inconscientes, con mortífagos derrotados. Harry eligió una zona de combate donde estaban unas cinco chicas de sexto curso intentando defenderse de tres mortífagos.

- "Expelliarmus" – dijo uno de ellos apuntando a Harry

- "Rictusempra" – le mandó otro de ellos

- "Reflexus Magia"

Harry sacó una bola de agua en la que rebotaron los hechizos y los dirigió invertidos a cada uno de los mortífagos. Una gran serpiente mordió en el cuello al mortífago, que cayó desmayado y la serpiente desapareció, el otro fue lanzado muy fuerte contra una pared quedando inconsciente y desarmado. Volvió con el tercero, que estaba intentado escapar de las garras de las chicas que, olvidándose de las varitas, descargaban su furia a puñetazos y patadas contra él. Harry desmontó de su escoba y a una señal de él, todas se apartaron.

- "Maximus Pretrificus Totalus"

El mortífago se convirtió en un témpano helado y cayó al suelo.

- Recoged a la mayor cantidad de gente que podáis y llevarla a la enfermería o la sala común, ahora ya son menos y los profesores podrán hacerse con ellos – les ordenó Harry echando un vistazo a la sala – Mientras, yo os cubriré

- Pero en la enfermería no hay nadie

- En algún lado habrá que dejar a los heridos

- Está bien

Las chicas comenzaron a hacer lo que Harry les había mandado. Este estaba atento por si algún mortífago se cruzaba en su camino. A los cinco minutos las seis chicas salieron de allí llevándose a otros seis alumnos. Harry volvió a mirar, esta vez desde el suelo, el panorama. Sirius acababa de derribar a uno e iba en ayuda de Remus, que era asediado por dos de ellos. Hagrid había desarmado a dos de ellos y les había cogido por las capas y chocado entre sí, provocándoles una conmoción y dejándoles inconscientes en el suelo. McGonagall estaba sentada en una silla medio desfallecida. La profesora Sprout tenía atado a un mortífago con una planta enredadera, con muchas espinas grandes, que no le dejaba moverse y le tenía medio asfixiado. Snape luchaba en un duelo cruento, parecía a muerte, con un mortífago que parecía muy poderoso y el cabecilla de esa batalla, ya que mientras se batía en duelo daba instrucciones a los mortífagos que se mantenían en pie. El pequeño profesor Flitwick había creado una burbuja protectora para que la profesora McGonagall y para la profesora Vector, que habían caído por algún hechizo lanzado, no fuesen alcanzadas por más hechizos. Luego volvió para enfrentarse con otro que intentaba atacar por la espalda a Snape. El peor parado parecía Dumbledore, estaba luchando con tres a la vez, y aunque pudiera con ellos, se le veían varias heridas que le impedían batirse con total soltura. Harry no dudó un momento y fue para allá. Cuando uno de los mortífagos le vio, se encaró a él dejando a sus dos compañeros con Dumbledore.

- Maldito mocoso entrometido, vas a saber lo que es bueno "Expelliarmus"

- "Reflexus Magia"

Harry manejaba a las mil maravillas aquel hechizo y evitó el hechizo que salió disparado en dirección de su oponente pero, éste, en el último momento lo esquivó.

- Vaya, vaya, el cabeza rajada ha estado aprendiendo nuevos hechizos – El mago soltó una carcajada - "Focus Infernum"

- "Radius Congelatio"

Los dos rayos se encontraron formando una gran explosión que lanzó a ambos de espaldas contra el suelo. Harry se puso en pie inmediatamente.

- Veo que tu anciano director te ha enseñado unas cuantas cosas

- Una de ellas es a no ser amable con los desgraciados como tú – Harry levantó la varita y con un movimiento rápido dijo – "Tempesta Pugionis" – de su varita salieron un puñado de puñales en dirección a la mortífago

Éste no supo reaccionar, al menos cinco de ellos se clavaron en sus brazos y piernas, incluso uno se clavo en la mano que asía su varita, la cual cayó al suelo al igual que él.

- "Maximus Pretrificus Totalus"

Harry le dejó completamente congelado en el suelo y fue hacia su siguiente rival. Sentía una fuerte energía renovadora, una sensación de sed de lucha que sólo se apagaría batiéndose en duelo con todo aquel que se pusiera por delante. No tardó en encontrarse con otro mortífago que le hizo frente.

- ¿Por qué sonríes, chaval? ¿Acaso sabes que te vas a encontrar con tus padres en breve? – El mortífago estaba dispuesto a matarle sin importarle que ese placer estuviese destinado a su amo

- "Furia Acidus" – Harry no estaba allí para entablar conversación

- "Reflexus" – El mago hizo rebotar el hechizo que ahora iba hacia el muchacho

- "Reflexus Magia" – Harry volvió a devolver el hechizo, que esta vez dio en el pecho de su contrincante si poder esquivarle

Segundos después el traje del mortífago se estaba descomponiendo y llegando a la piel. Por los gritos del mortífago aquel hechizo debía quemar mucho y no debía saber cómo pararlo ya que ni "Reparo" ni "Finitem" daba resultado. Los gritos alertaron a otros mortífagos hacía el lugar, Harry no estaba dispuesto a ver el espectáculo, sólo le interesaba ganarlos, no ver como sufrían.

- "Maximus Pretrificus Totalus" – Harry levantó la varita – Que conste que acabo de ahorrarte un sufrimiento

- RETIRADA, RETIRADA – El mortífago que estaba luchando gritó a los diez que quedaban para irse de allí lo antes posible

Inmediatamente todos se dieron la vuelta y se marcharon corriendo a través del vestíbulo y por los terrenos. Un sin fin de hechizos salían de los profesores y alumnos que fueron tras ellos alcanzando a dos y dejándolos tendidos en el duro césped. En cuanto el resto cruzó el umbral del portón de entrada a los terrenos desaparecieron. Harry había salido también tras ellos y allí se encontraron Snape, Lupin, Flitwick, Fred, George, Sirius, Ron y Harry. Todos se miraron, en sus ojos estaba el orgullo de la victoria y la preocupación por los caídos. Lo que pasó a continuación dejó a Harry anonadado un buen rato.

- He de reconocer que habéis luchado con gran maestría y valor, me siento orgulloso de haber contribuido a vuestro especial aprendizaje. Nunca pensé que en la batalla responderíais de mejor manera que en las clases, os felicito Ronald Weasley y... Harry Potter – Snape fue sincero en sus palabras, sin esperar ningún comentario por parte de los elogiados se dio la vuelta y volvió al castillo

- Vuestra familia esta hecha de una pasta especial – dijo Remus a los gemelos – Cuando me plantee tener hijos, le preguntaré a Molly y a Arthur qué fórmula especial utilizaron – dijo risueño Remus – Volvamos al castillo tengo que encontrar a Arabella

- He visto tus duelos, Harry, Emy estará orgullosa de ti en cuanto se lo cuente... – Sirius enmudeció ante la perspectiva de que ella no volviese

- Vendrá enseguida, como la otra vez, no la siento muy lejos y sé que está a salvo - contestó Harry para tranquilizar a su padrino – Si no llega a ser por Ron antes, nada de esto hubiese pasado, gracias amigo

- ¿Yo? ¿Pero qué dices? Has estado fabuloso, Harry, te has cargado a unos diez dementores y a seis mortífagos... esta noche has demostrado de nuevo ese temple que te caracteriza en momentos de máxima tensión

- Tu padre y tu madre estarán orgullosos de ti, Harry, desde donde quiera que estén. Estoy seguro que esta noche han visto el hijo tan valiente que tienen – Dijo Sirius dando un abrazo a su ahijado

- Gracias "tío" – Contestó Harry medio sonriendo por la insinuación

Ron, Sirius y Harry llegaron los últimos al Gran Comedor. La escena era de lo más desoladora, los pocos alumnos adultos que no estaban gravemente heridos, atendían a sus compañeros y les trasladaban a la enfermería. La Señora Pomfrey tenía bastantes rasponazos y quemaduras pero aún así se ocupaba de los demás antes que de ella. Dumbledore había ordenado ir despejando poco a poco la sala para poder poner unas camas, ya que la enfermería ya estaba llena. La profesora McGonagall ya estaba consciente, aunque muy perjudicada, e intentaba ayudar a los alumnos poniendo orden en aquel caos con sus escasas fuerzas. George y Fred estaban haciendo sitio para poder poner las camas para los accidentados. Lee Jordan y Angelina se ocupaban de reanimar a los desmayados. Alicia y Katie de tranquilizar a un grupo de niñas que estaban histéricas por que una amiga suya no despertaba. La profesora Sprout y la profesora Vector se ocupaban de llevar a los alumnos ilesos de cursos inferiores a sus salas comunes, los pobres estaban tremendamente asustados y apenas eran incapaces de mantenerse en pie por el miedo que habían pasado, aún veían a muchos mortífagos tendidos en el suelo petrificados o inconscientes por los ataques y no sabían si en algún momento despertarían y arremeterían contra ellos.

De ese asunto se estaba ocupando Dumbledore y Snape, los ataban con unas cuerdas mágicas y les requisaban sus varitas. Harry no podía creer lo que estaba viendo, las guirnaldas que habían decorado el Gran Comedor caían en desorden por todos los lados, se suponía que aquella noche un gran baile debía de haberse celebrado, se suponía que los chicos y chicas de Hogwarts debían de estar felices y animados por la proximidad de las vacaciones y el fin de los exámenes pero aquello era lo opuesto. La mayoría de las caras mostraban lágrimas de desolación, preocupación o miedo, se habían visto atrapados por un montón de mortífagos y dementores cuando mejor se lo estaban pasando, Voldemort había escogido el peor momento para ellos y él mejor para él. Llegaron médicos y enfermeras del Hospital San Mungo de Enfermedades, venían cargados con vendas y brebajes para todos ellos. Alicia y Katie comenzaron a gritar que alguien la ayudara. Ron y Harry fueron para allá.

- No hay manera de que reaccione y ellas sólo saben llorar y gritar, ninguna nos dice que ha pasado

- Bien, tranquilizaros – dijo Harry

Una chica corrió a su lado y lo abrazó con fuerza. Lloraba sin consuelo.

- Ella es mi hermana melliza... ¿Qué les diré a mis padres?

- Tranquila, primero cuéntame qué pasó

- Aquel ser monstruoso vino hacia nosotros... No sabíamos qué hacer... Los mayores se estaban batiendo a nuestro alrededor... No sabíamos hacia dónde dirigirnos... Ella siempre estaba tan contenta... siempre nos hacia reír a todas – se volvió a echar a llorar en el pecho de Harry, que la acariciaba la cabeza en señal de consuelo

- Creo que fue directa a ella... Yo me desmayé – dijo la amiga

- Y yo

- Y yo

- ¿Todas os desmayasteis? – preguntó Harry

- Yo lo hice después de ver como... como... la llevó hacia ella

Dos médicos la estaban atendiendo pero inmediatamente supieron que no podían hacer nada. Uno de ellos alzó la voz para que le oyesen los que estaban a su alrededor.

- Lo siento, esta chica ha recibido el beso de la muerte

Un frío recorrió el cuerpo de Harry, había pasado, la primera víctima estaba allí frente a él, un cuerpo vacío sin alma estaba tendido en el suelo. Recordó lo que siempre había oído del beso de la muerte "Es peor que morir a manos de un asesino, estás condenado a vivir sin alma". Harry tocó fondo, aquello era lo peor ¿Cómo habían podido permitir que aquello pasara? ¿Para qué servía tanto poder? Si al menos Emy hubiese podido hacer lo mismo que la otra vez, alejarlos a todos ellos de allí. Por eso se presentó Voldemort primero solo, para poder alejarla de allí y así cometer la barbarie planeada. "Maldito hijo de puta" pensó Harry mientras aguantaba a la joven chiquilla contra su pecho.

- Harry no veo por ninguna parte a Hermione, no sé dónde está, la perdí la pista hace más de quince minutos – Ron estaba asustado, después de lo que había visto con la alumna de segundo, tenía sus dudas que Hermione estuviese bien y a salvo

- Vamos a buscarla – Harry dejó allí a la chica que se refugió en brazos de una amiga – Preguntemos primero a Sirius si la ha visto

Ambos buscaron con la mirada y Ron lo encontró al lado de Remus, éste abrazaba un cuerpo y estaba hecho una furia.

- Harry, está allí con Lupin

Esquivando cuerpos y camas llegaron hasta donde ellos estaban. Harry tenía una sensación extraña, algo iba mal y no sabía qué era. Cuando llegaron comprendieron que estaba pasando. Remus abrazada a Arabella, que estaba inconsciente y en muy mal estado. Su cara, pecho, hombros y manos estaban llenos de sangre seca. No sabían qué decir.

- No entiendo por qué fue a la primera que atacaron en cuanto llegaron – La voz de Dumbledore sonó tras ellos – Estaba conmigo cuando comenzó todo, fueron directos a por ella

Harry se fijó en la joven profesora, llevaba una ropa diferente que cuando la había visto en la enfermería, no entendía muy bien el porqué.

- ¿Dice que fue a la primera que atacaron? Eso no es posible, ella fue quien me avisó en la enfermería de lo que estaba sucediendo, justo después de que me deshiciera del primer dementor

- Eso no puede ser, ella siempre ha estado aquí... – Contestó Dumbledore

- Pero... entonces... ¡OH DIOS MIO! LA POCION MULTIJUGOS, ALGUIEN SE HA HECHO PASAR POR ELLA... ¡GINNY!