Hey, hey, ya estoy aquí. Siento no haber subido antes pero tenía mucho trabajo, cosa que derivó en horas de sueño atrasadas y eso en una disminución considerable de mis ganas de escribir. Pero ya están hechas las exposiciones y el trabajo, terminado. Mis profesores dicen que se me da bien exponer delante de la gente, que tengo gracia para hacerlo, en realidad lo que tengo es muy poca vergüenza. Bueno, no os distraigo más. Nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly no me pertenece.
Así que eso era todo… Mi madre me odiaba, desde siempre, incluso desde antes de que hubiera llegado a este mundo. Yo no era más que un error para ella, una carga, algo inútil e inservible. Lo que ella no sabía es que, para mí, era una de las cosas más importantes de este mundo.
Nunca había tenido muchas muestras de cariño conmigo y nunca había confiado en mí ni en lo que podía hacer, al contrario que mi padre, pero… es mi madre. Y aunque me trate así… la quiero. Soy humana, me corre sangre por las venas, no vino tinto. Pero ella eso no lo ve. Ella no ve a su hija, no ve el cariño que le tengo como tal, solo ve al embarazo no deseado que arruinó su vida para siempre y, supuestamente, acabó con la vida de su marido.
A pesar de que ahora no tenga muchas ganas de verla, no pienso irme de casa, voy a aguantar allí hasta que me vaya a la Universidad o hasta que encuentre un trabajo y pueda costearme un piso. Hasta entonces… aguantaré, igual que lo he hecho todos estos años.
Estaba dolida, muy dolida, no había dormido en toda la noche y ni treinta camiones de maquillaje taparían eso. No me quedaba otra que lidiar con ir a clase y con la reacción de Carly al verme.
-¡Sam! Qué cara traes, ¿qué ha pasado?
-Eso, Sam. Parece que te hayan metido dos puñetazos – Soltó Gibby al verme. ¿Es que no se separaban nunca?
-No he dormido en toda la noche.
-¿Por qué? ¿Los deberes?
-No. Carly… ¿podemos hablar…? – Sonó la campana.
-Luego me lo cuentas, no quiero llegar tarde a clase.
Genial. Tendré que correr si quiero habar con Carly.
Hoy era el día del sabotaje. Estábamos en el aula de informática haciendo… nada, como siempre. Toda mi vida escolar he pensado que esas dos horas eran las más inútiles de mi vida, y que las podría invertir en otra cosa más… bueno, cualquier otra cosa sería más útil que eso. Pero ese día no, ese día era el momento perfecto para realizar nuestro… sabotaje en la red. Siguiente fase de la Vendetta.
-¿Estás seguro de que es seguro trabajar desde aquí? – Preguntó Cameron.
-Sí, sé cómo hacerlo para que no queden rastros de nuestra… intervención.
-Pues en ese caso… Dale caña Freddiefreak.
-Como me vuelvas a llamar así te meto el bombo de la batería por la retaguardia. Y sabes que lo haré – Le amenacé antes de ponerme a teclear como un loco.
La pantalla se puso negra y empezaron a aparecer letras y números que, para Cam, estaban puestos al azar. Sin embargo para mi no. Mis ojos y mis dedos iban a mil por hora tecleando sin parar, aunque tratando de no levantar sospecha para que no nos pillaran. La Web del instituto tenía varios cortafuegos, pero a los pocos minutos, ya estaba dentro.
-Que se muera Steve Jobs tío, eres un maldito genio.
-Me parece que Steve ya ha pasado a mejor vida hace tiempo Cameron.
-Da lo mismo, teclea el puñetero correo para nuestros aliados y el otro para los deportistas.
Tecleé el primero correo y cuando Cameron dio su aprobación, lo envié; y lo mismo pasó con el segundo. Solo quedaba meterme la página Web de Ridgeway y hacer lo mismo.
Todo iba de maravilla hasta que me di cuenta de que esa Web estaba mucho más protegida que la nuestra, lo que nos quitó mucho tiempo. Íbamos, literalmente, a contrarreloj.
-¿Qué pasa? ¿Por qué no entras?
-No puedo. Me pide una contraseña y por mas que lo intente no puedo hacer nada.
-¿No decías que eras un genio en esto?
-Pues alguien más listo que yo lo ha hecho. Mira a ver si Sam sabe la contraseña. ¡Corre!
El día estaba siendo largo, aburrido y lento, además de que todavía no había podida hablar con Carly. Entonces, mi móvil vibró.
Rubia. ¿Estás por estos mundos?
Dime Cameron.
Estamos en un estado de emergencia. Tu Sexinformático necesita tu ayuda.
¿Sexinformático? ¿Desde cuándo Freddie es sexy? Es más, ¿desde cuándo creo yo que Freddie es sexy?
Desde luego Sam, cómo se nota que eres un tío y no sabes apreciar la carnaza.
Discúlpeme usted señorita si no me paso el día mojando las bragas mientras pienso en vosotros.
Sam soy Freddie. Cameron está un poco indispuesto ahora mismo. ¿Sabes la contraseña del ordenador del director de tu instituto?
Tarta de Fresa. Lo sé. Es ridícula
Tarta de Fresa. Perfecto. Un momento… ¿crees que soy sexy? *cejas, cejas*
La que cree que eres sexy es Carmela, la parte femenina de tu querido Cameron. Te dejo. Adiós.
-Tío. Me ha llamado Carmela.
-Has sido tú el que se ha querido pasar por mí – Dije sin mirarlo.
-Porque tú querías saber si Sam pensaba que eras sexy.
-No viene mal una opinión femenina de vez en cuando.
-Cielo – Dijo imitando la voz del chico gay de nuestra clase, en contra del cuál no tenemos ningún problema, solo nos resulta graciosa su voz – tú sabes que para mí siempre serás el tío más bueno del mundo.
-Carmela me halagas. Ven esta noche mi casa y haremos eso que tú y yo sabemos – Le respondí con voz seductora. La verdad es que, aunque no fuera un tema muy común, era una buena distracción para que la gente no levantara sospecha. Pero algunos compañeros de clase ya nos miraban con sonrisas maliciosas, posiblemente porque había leído el correo.
-No seas tan gay y sigue a lo tuyo, se nos acaba el tiempo. Y recuerda firmar el correo de los deportistas poniendo "Atentamente, vuestro director".
-Si, tranquilo. Para. Si alguno de los deportistas se lo cuenta todo al director… Se darán cuenta de que es mentira. Y entonces, nos comerán, literalmente.
-Tranquilo. Esos dos nunca se han visto. Ridgeway no es la clase de instituto con la que se mezclaría este, así que, esta mañana me colé en secretaría, y cambié el número de teléfono del instituto de la Rubia por el de la casa de los gemelos.
-¿Y eso cómo nos va a ayudar?
-Tienen ese programa que escribes lo que sea y lo dice una voz de hombre, así que… se pueden hacer pasar por Ted.
-Tío, eres un genio. Juro que en estos momentos, si no fuera porque me van las chicas, te comía la boca.
-Antes dejo que me bese la profesora de Biología.
-Te ahogarías es su saliva. Bueno, mi querido compañero, esto ya está. Hora de avisar a tu querida rubia.
-A ello voy.
Siguiente fase: Completada.
-Bueno Sam – Dijo Ted - ¿ya has tomado una decisión frente al baile de Halloween?
-Sí Ted, hemos tomado una decisión. Solo cantaremos una canción. Nosotros tenemos instrumentos y amplificadores, solo nos falta un buen equipo de sonido y un buen técnico.
-Eso corre de mi cuenta, pero no podéis cantar solo una canción.
-Tocaremos una y después un amigo nuestro hará de DJ el resto de la noche. Gratis.
-En ese caso… me parece bien. Hablaremos a lo largo de la semana que viene para que esté todo listo. Puedes irte.
-Adiós.
Fue cerrar la puerta tras de mí y recibir un mensaje de Cameron diciendo que la siguiente fase de la Vendetta estaba completada. Sonreí ligeramente y empecé a andar por los pasillos en busca de Carly.
-¿Podemos hablar? – Dije en cuanto la encontré. Estaba desesperada, necesitaba hablar con ella. Sentir su apoyo.
-Claro. Gibby, te dejo un rato, necesito… ir al baño.
-Está bien. Luego nos vemos.
-Vamos. – Tiré de ella y nos metimos en el almacén de los trastos que gastábamos para Educación Física.
-Bueno, cuéntame por qué traes esa carilla. No te veía así desde… ya no me acuerdo cuándo fue la última vez que te vi así.
-Anoche llegué tarde a casa del ensayo. Estábamos hablando y se me fue la hora, ya sabes que no soy lo más atento al reloj que hay. El caso es que mi madre estaba levantada esperándome.
Noté cómo las manos empezaban a temblarme.
-¿Y qué pasó? Sam… estás temblando.
-Empezamos a discutir y… me dijo que… - Los ojos se me habían humedecido y apenas era capaz de ver a Carly.
-Sam ¿qué te dijo? – Pude sentir la preocupación de mi mejor amiga en su voz.
-Me dijo que me odiaba Carly. Que no era más que un error – No pude aguantarlo más. La Sam dura pasó a mejor vida momentáneamente cuando las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas y mi respiración se agitó tanto, que creí que iba a morir ahogada – Me odia Carly. Nunca me ha querido, nunca se quiso quedar embarazada y, de un modo u otro, me culpa de la muerte de mi padre. MI PROPIA MADRE ME HA DICHO QUE ME PREFERIRÍA MUERTA.
-Dios mío Sam… - Dijo Carly con voz rota antes de abrazarme – Tú no tienes culpa de nada. Sabes como es tu madre, sabes como es, no tienes culpa de nada.
-Pero Carly… es mi madre. No tienes ni idea de lo que es… que te odie una de las personas que más quieres en el mundo. Es como si Spencer te dijera que nunca quiso cuidar de ti.
-Sé que es doloroso, pero eres fuerte Sam. Sabes que puedes afrontar esto como siempre has afrontado todos tus problemas. Superaste lo de tu padre y…
-Mi padre se suicidó por mi culpa.
-No digas esas gilipolleces – Me espetó separándose de mí – Tu padre te adoraba y te quería. Fue el quien le dijo a tu madre que siguiera adelante con el embarazo y siempre te apoyó cuando ella no lo hacía. Cuando venía a dejarte en casa, se quedaba un rato con Spencer y hablaba maravillas de ti. Siempre le decía que algún día llegarías a ser de las mejores, que él tenía fe en ti. Así que nunca vuelvas a decir que fue por tu culpa. Nadie sabe de quién fue la culpa. Tal vez de tu madre, estrés por el trabajo, no lo sé, pero no le podemos pedir explicaciones. Lo único que te puedo decir es que no te culpes de algo que no has hecho y menos de eso.
Bajé la vista y me quedé mirando mis deportivas.
-Sam mírame – Hice lo que me pedía - . Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. Si te quieres quedar en mi casa puedes, los días que necesites, si necesitas hablar búscame, así de paso me despego un poco de Gibby. Eres como mi hermana, y no voy a dejar que te pase nada.
-Gracias – Dije tras una larga pausa.
-Eres fuerte Sam, muy fuerte, y si superaste lo de tu padre, podrás superar esto. No me tienes solo a mí. Tienes a los chicos, a Gibby y a Spencer. Somos tu familia, aunque no tengamos la misma sangre.
Volvió a abrazarme y, aunque no me sentía del todo bien, al menos ya no me sentía tan sola como hacía un rato.
-Anda, vamos a casa.
-Creo que voy a ir un rato a la biblioteca. No tengo ganas de verla ahora mismo. Creo que seguir con la condición, aunque para mí ya no tenga ningún valor, es el único modo de poder estar fuera de casa sin que se cabree.
-Está bien. Nos vemos mañana.
Cuando terminaron las clases, más de un alumno sabía que habíamos enviado el correo. Era alucinante ver cómo manejaba Freddie el ordenador, era verdad que era un genio. Me gustaba tenerlo como amigo la verdad. Era un gran tipo, no hay muchas personas como él, por eso me siento orgulloso de que esté a mi lado y de que haya decidido acercarse a mí en lugar de a cualquier otra persona.
-Voy a ir un rato a la biblioteca esta tarde, ¿te apuntas? – Le pregunté.
-No, me voy a ir a casa a ver si consigo sacar la letra para la canci… ¿desde cuándo vas tú a la biblioteca?
-Desde hace poco, me gusta ir. Se están en silencio y en calma no como… en casa.
Bueno… mi choza. No, mi casa no era una mansión de las que hacen historia. Cada noche me levantaba un montón de veces para matar las cucarachas que se metían en la habitación de mi hermana pequeña, bueno, tenía ya sus 17 años, pero les tenía un miedo irracional a las cucarachas. Casi siempre acababa durmiendo en mi cama, y cuando yo no estaba también, y se ponía mi pijama. Decía que mi camiseta tenía mi olor y eso la tranquilizaba, era como si estuviera con ella sin estarlo.
No quería que mi hermana viviera en esa casa, pero tampoco la quería lejos de mi lado. Mi madre era adicta a la heroína y su novio era un capullo. Era el causante de su adicción, de que nos hubieran quitado la casa, el coche y mi infancia y la de mi hermana. Una vez, mi hermana vino a mi cuarto por la noche llorando diciendo que había intentado… se me revuelve en estómago solo de imaginarme a ese bastardo encima de mi hermana… Le reventé una botella en la cabeza y le rompí una costilla de una patada. Estuvieron a punto de meterme en un correccional, pero le hicieron pruebas a mi hermana y miles de preguntas y acabaron por darnos la razón. Sin embargo, mi madre siguió con nuestra custodia.
Ese día le prometí a mi hermana que en cuanto pudiera, la sacaría de allí, pasara lo que pasara. Y juro que cumpliré esa promesa.
-Oh, entiendo… Pues nos vemos mañana.
-Hasta luego.
Llevaba como 45 minutos en la biblioteca haciendo, bueno, intentando hacer mis deberes de matemáticas cuando una voz familiar se oyó a mi espalda.
-¿Rubia? ¿Qué haces aquí?
-¿Cameron? ¿Desde cuándo el chico malo de la batería va a la biblioteca?
-Desde que, de vez en cuando, me apetece un poco de paz y tranquilidad. ¿Por qué tienes los ojos tan rojos?
-Por nada. Me duele un poco la cabeza – Mentí.
-¿Seguro que es solo eso?
-Si… si, tranquilo – Devolví mi atención a mis deberes.
No podía concentrarme. Entendía los ejercicios pero no paraba de equivocarme, borrar, tachar, arrancar hojas y empezar de nuevo, rallaba las hojas de pura rabia… Hasta que la frustración pudo conmigo y escondí la cabeza entre los brazos.
-Vale, no soy un experto en el lenguaje corporal pero a ti te pasa algo. ¿Qué te pasa Sam?
-¿Sam? Me había acostumbrado a que me llamaras Rubia.
-¿Qué te pasa Rubia?
-Anoche tuve una discusión con mi madre por llegar tarde a casa y… - No llores delante de él Sam – acabó por decirme que… - Mierda – Que me odiaba y que nunca había querido tenerme. No fui más que un error.
-Oye no llores. Mira, todos tenemos problemas, aunque no lo creas mi casa es un caos, pero tengo un truco para que todo lo que se me pasa por la cabeza no me lleve a cometer una locura.
-Sorpréndeme.
-Trato de plasmar todo lo que siento en letras de canciones. Siempre llevo detrás una libreta en la que escribo todo lo que se me pasa por la cabeza. Lo que quiero sentir, lo que estoy viviendo, lo que me gustaría vivir, cómo me siento… cosas así. Y luego les pongo música. Para escribir una buena canción solo hacen falta tres acordes y la verdad.
-¿Debería escribir todo lo que se me pasa ahora mismo por la cabeza y convertirlo en una canción?
-¿Por qué no? Puede que ahí dentro – Dijo tocándome la frente – Se esté gestando el próximo éxito de Lost Bullets.
Cameron se había ido a la biblioteca un rato, así que me fui a casa a trabajar en la canción de la Vendetta. Sin embargo, al abrir la puerta vi algo que no me esperaba:
-Freddie Benson, ¿me puedes explicar qué es esto?
Mi madre estaba frente a mí… levantando mi guitarra por el mástil como si se tratara de la prueba de un crimen.
Hasta aquí. Episodio cargado de drama, enigmas, sorpresas... Estoy inspirada jajajaja Bueno, espero que lo largo que es sirva para enmendar el hecho de que he tardado mucho en subir. Espero que os guste el capítulo. Mil gracias por los reviews de los anteriores
Y, como siempre, dejad vuestros comentarios con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Besos ^^
