38. Resaca de una noche horrible
- ¡EMY! – Gritó Hermione
Emy estaba de pie en medio de las escaleras contemplando la escena. Una sonrisa asomaba en su rostro, era de satisfacción. Estaba quieta, con los ojos clavados en la bruja que ardía, y sonriendo... daba miedo verla. Todos la miraban a ella, incrédulos por su fría conducta. Sin duda alguna, ella era la única de aquella sala que podía haber hecho algo, aunque quedaba claro que esa no era su intención, sino más bien todo lo contrario, estaba disfrutando de la visión.
- Emy, ella sabe dónde está Ginny, no permitas que muera sin decírnoslo – Dijo Harry con voz autoritaria
- Ella no sabe dónde está, aunque sí sabe quién la está haciendo esto – Su voz, gélida como un glaciar, estremeció a todos
- Como La Unión que eres, no debías haber permitido esta ejecución – Dumbledore utilizó su tono máximo de severidad
Emy miró un momento al director y luego desapareció. Cuando los demás volvieron a mirar a Samantha solo una montaña de cenizas se encontraba en el lugar en donde ella había estado. Luego una ráfaga de viento las esparció sin dejar ni una sola en el suelo.
- Iré a buscar el mapa – Le dijo Harry a Ron y a Hermione
- Te acompañamos
Subieron a la sala común, allí todo el mundo intentaba hacerles preguntas pero ellos salieron hacia los dormitorios. Una vez que Harry abrió el baúl y sacó el mapa, lo comenzaron a estudiar con detenimiento. Se mostraban muchas personas pero ni rastro de Ginny. Más de una hora estuvieron con el mapa entre las manos y ni rastro de ella apareció. Harry se dio por vencido.
- La he perdido, me había prometido protegerla y yo la he perdido – Su rostro se refugió entre sus manos, se sentía fatal
- No debes preocuparte por ella, está bien – Emy apareció en el quicio de la puerta, su rostro volvía a ser como siempre, aunque sus ojos brillaban por las lágrimas contenidas
- Dime dónde está
- No lo sé
- ¿Entonces por qué estás tan segura?
- Ellos me lo dijeron
- ¿Ellos? – Preguntó Harry
- Se debe referir a Los Fundadores – Contestó Hermione
- No entiendo por qué está pasando esto – dijo Harry con furia
- Lo siento mucho pero no sé nada más... Harry, lo siento mucho... – Emy ya no aguantó y sus lágrimas brotaron de sus ojos
- ¿Dónde has estado? Te has perdido una bonita fiesta, una que quizás hubieses podido evitar... pero tú... tú te has tenido que largar... ¡Muy bien hecho! – Harry no sabía muy bien porqué aquellas palabras salían de su boca, la frustración de perder a Ginny le hacía hablar a así
- NO HABLES ASÍ A TU TÍA – Sirius apareció detrás de ella, hubiese dado todo en aquel momento por poder abrazarla para consolarla pero no podía hacerlo
- Tiene razón, yo soy la única culpable de lo que ha ocurrido, si no hubiese caído en la trampa de Voldemort, esto no hubiese pasado
- No, Emy, tú no tienes la culpa – Dijo Hermione intentando animarla al verla en ese estado
- Yo tampoco creo que la tengas, esto es una de las batallas de Voldemort, él es el único culpable – Agregó Ron al que le parecía muy injusto aquella acusación
- ¿Entonces por qué me siento una asesina? – Emy bajó la mirada y desapareció
- Maldita sea, Harry ¿Cómo has podido decirle eso? ¿Es que no sabes lo que sufre? ¿Es que tú, mejor que nadie, no entiendes su sentido de la responsabilidad sobre nosotros? ¿Realmente crees que ella es la culpable? – Sirius le miraba con reproche
- ¡NO, JODER, CLARO QUE NO! – Harry estaba furioso consigo mismo
- Todos estamos nerviosos y no sabemos muy bien qué decimos – Excusó Hermione a su amigo
- Es mejor que descansemos, mañana veremos las cosas con mejor perspectiva – Dijo Ron
- Hasta mañana – Hermione dio un beso a Harry luego a Ron y se marchó, Sirius fue detrás sin decir nada más
- Soy un capullo, Ron, y un miserable – Harry se derrumbó en su cama sin ni siquiera quitarse el pijama rasgado y sucio por la pelea
- No digas eso... Estamos preocupados por Ginny y muy cansados por los enfrentamientos. Esto ha sido un duro golpe para todos nosotros, en un momento en el que no nos esperábamos un ataque. A partir de ahora habrá que estar siempre alerta
- Tienes razón, mañana me disculparé con los dos y permaneceremos siempre alerta
La noche fue difícil para Harry, tardó en conciliar el sueño a pesar de estar tremendamente cansado. Soñó que estaba en un largo sendero de un bosque frondoso, con un rumor de agua que no sabía de dónde provenía. El calor era sofocante, la humedad hacía que sudara por cada poro de su piel pero él no podía dejar de correr, buscaba en cada matorral o árbol grande por si estuviese detrás, buscaba incansable algo, no sabía muy bien el qué. Por fin llegó al riachuelo, el agua corría saltarina entre las piedras, no era muy profundo pero más adelante había una gran poza. Sintió deseos de nadar, de quitarse aquel sudor tan pegajoso y sentirse limpio. Se desnudó y sumergió en el agua, estaba más bien fría pero le hacía sentirse bien. Buceó con los ojos abiertos como buscando en la profundidad. La tenue luz de la tarde llegaba hasta allí, un brillo en el suelo le hizo fijarse mejor en el fondo, como si pudiese respirar bajo el agua, siguió sumergido hasta que llegó a él, era una cadena de oro con un colgante en forma de corazón. Subió a la superficie para verlo mejor. Ya arriba lo contempló en su mano, lo había visto antes pero no sabía dónde. En el corazón había unas iniciales grabadas, las letras eran antiguas y rebuscadas y no podía leerlas bien.
Algo en la orilla hizo que cambiara la mirada. Una joven estaba apoyada en un árbol mientras le sonreía. Su estatura era mediana, con el cuerpo de una pequeña bailarina, su piel era blanca como la porcelana, al igual que su rostro, aunque en él había unas pecas que le daban un aspecto inocente. Sus ojos grandes, de un hermoso color castaño, lo miraban tiernamente. Su boca sonrosada le sonreía abiertamente y su pelo rojo fuego se mecía con el aire.
- ¿Has encontrado mi colgante? – Preguntó suavemente
- Sí – Contestó Harry hipnotizado
- ¿Me lo guardarás hasta que vuelva?
- Sí
La muchacha le lanzó un beso y desapareció.
- ¡GINNY! ¡GINNY! – Harry se despertó de golpe jadeando y envuelto en sudor
- Tranquilo, Harry, sólo ha sido una pesadilla
- No, no ha sido una pesadilla
Harry abrió su mano y allí estaba la cadena de oro con el colgante en forma de corazón. Ron se quedó alucinado.
- Eso es lo que le dio Helga Hufflepuff a Ginny cuando nos nombraron Guardianes
- Sí, lo es
- ¿Significa eso que mi hermana... mi hermana... está muerta?
- No, me dijo que se lo guardara hasta que ella regresara – Dijo Harry con pena
- Ella te ha dejado su corazón...
- Sí, Ron, cuando la he visto, yo apenas podía respirar... la necesito a mi lado – Miró la inscripción y vio las dos letras grabadas, una "V" y una "H" estaban entrelazadas
- Ella siempre lo llevaba puesto, incluso esta semana en la enfermería lo tenía colgado al cuello
- Lo sé pero nunca había visto la inscripción, ahora seré yo quien lo lleve
Los dos amigos bajaron a la sala común, sólo estaba Hermione esperándoles, los demás aún dormían, la noche había sido un horror y la gente no había madrugado. Ambos le explicaron a su amiga lo sucedido mientras bajaban a desayunar, lo más extraño es que Hermione apenas hizo algún comentario. No sabían muy bien si el Gran Comedor estaba restaurado para el desayuno. Cuando llegaron allí y abrieron las puertas, se quedaron asombrados al ver que todo estaba como siempre. En la mesa de los profesores estaban Dumbledore, Sirius y Remus charlando, seguramente de lo ocurrido la noche antes. Los tres se callaron al ver entrar a los muchachos.
- Buenos días – dijeron al llegar a la mesa
- Buenos días – contestaron los profesores
- Veo que todo vuelve a estar en su sitio – dijo Hermione
- Sí, hemos acomodado a los heridos en la enfermería
- Eso significa que algunos ya están mejor ¿No? – Preguntó Ron
- Sí, Poppy hizo un gran trabajo junto con los medimagos que vinieron del hospital – Dumbledore sonrió para apaciguar a los muchachos – En la enfermería sólo están una veintena de ellos, los demás han podido dormir en sus camas, en mucho mejor estado
- Es un alivio oír eso – dijo Harry
- ¿Estás más tranquilo esta mañana? – Preguntó Sirius
- Sí – Harry bajó la cabeza en señal de culpa – He de pediros perdón por mi comportamiento de ayer... Al no encontrar a Ginny, me puse nervioso y no dije más que idioteces
- Es compresible – Dijo Remus – Ayer todos perdimos los nervios en algún momento de la noche
- ¿Qué tal está Arabella? – Preguntó Hermione
- Está mucho mejor, ahora la he dejado con Emy, que la está terminando de curar
- ¿Y qué tal está Emy?
- Ella... no tiene heridas exteriores pero está destrozada interiormente y eso es más difícil de curar – contestó Sirius
- No entiendo el porqué – exclamó Ron
- Ella se siente culpable por lo sucedido – explicó Dumbledore
- Soy un miserable y no tengo perdón – Harry sentía en el alma lo que había dicho la noche anterior – Ella no tiene culpa alguna, si acaso la tengo yo, él quiere matarme a mí...
- No quiero que pienses que te estoy quitando importancia pero ahora las cosas ya no son sólo así. Ahora quiere matarnos a todos – Dijo Dumbledore – Hemos de darnos cuenta que la guerra contra el lado oscuro ya ha empezado, incluso el ministerio ya ha dado permiso para que se publique en los periódicos. Hasta ahora lo mantenía escondido y eso que no debía hacerlo, sobre todo después de que la inocencia de Sirius fuese publicada pero ahora con tantos padres al corriente de la situación, no pueden dejarlo en secreto
- ¿Cómo se han enterado los padres? – preguntó Hermione asombrada
- Se les ha mandado una lechuza anoche con el estado de sus hijos, los que están en la enfermería recibirán su visita esta tarde – aclaró el director – Hemos decidido que mañana cojáis el tren para Londres, este año el curso terminará un poco antes
- ¿Y nosotros qué haremos? – Preguntó Harry inocentemente a Sirius
- Pues siento deciros que la boda ha sido aplazada hasta nueva orden, Emy se ocupará hoy de notificarlo por carta a los invitados, menos mal que no eran muchos – Se notaba que Sirius estaba tremendamente decepcionado
- ¿PERO QUÉ HE HECHO? Voy a hablar ahora mismo con ella – dijo Harry dándose la vuelta para salir de allí
- ¡NO! No hagas eso, déjala que se reponga un poco... Ella está... bueno, ella no sabe cómo enfrentarse a ti en estos momentos
- ¡No quiere verme! – Harry se desplomó en el banco de la mesa
- Venga, Harry, seguro que no es eso – animó Hermione a su amigo
- Sabes que ella te quiere como a un hijo – Ron lo apoyaba incondicionalmente, incluso sabiendo que había metido la pata
- Es cierto, Harry, por que te quiere como a un hijo no puede ver tu abatimiento... Se siente culpable de él... dale un poco de tiempo, se le pasará... al igual que a ti – Dijo Sirius con cariño
- Ahora es mejor que desayunéis y luego vayáis a hacer el equipaje – Sugirió el director
- Está bien – Contestó Ron que se moría de hambre
- Hermione, si eres tan amable pones esta nota en el tablón de anuncios de la casa y se lo vas diciendo a la gente ¿Vale? – añadió Dumbledore a Ron y a Hermione
- Por supuesto, eso está hecho
- ¿Yo me quedo en el castillo o me voy a La Madriguera? – Preguntó Harry a su padrino
- Pues aún no lo sé muy bien pero creo que te quedas – Contestó Sirius
Los amigos desayunaron prácticamente en silencio, luego subieron a la sala común, no se encontraron a nadie por los pasillos pero ya había gente levantada en la sala. Muchos no habían bajado a desayunar por no saber si el Gran Comedor se hallaba en condiciones. Hermione informó a todos los que estaban allí de las últimas noticias. Los alumnos, viendo que el castillo volvía a su forma habitual, fueron bajando para desayunar. Ellos decidieron quedarse allí para seguir informando al resto de los estudiantes de Gryffindor. Harry se pasó la mañana tirado en su sillón habitual, desde donde veía el día nublado y pesado que había tras los muros. Pensó en su tía, seguramente estaba muy triste como el día. También pensó en Ginny ¿Qué hubiesen hecho hoy si el ataque no se hubiese producido? Pasearían cogidos de la mano o él estaría a los pies de su cama, leyéndola el libro de poesía porque todavía no podía salir de la enfermería o...
- Harry ¿Estás bien?
- ¡Eh! Sí, sí
Hermione le seguía viendo muy abatido y sin ganas de hablar pero no podía decir lo que sabía, se lo había jurado a Ginny. A la hora del almuerzo, todos bajaron de nuevo al salón. Harry se sentó al lado de Ron y éste al lado de Dean, Hermione y Lavander se colocaron en frente, comenzando una conversación que Harry hubiese querido evitar por todos los medios pero que no se atrevió a parar.
- Cuando todo el mundo comenzó a dispersarse y perdí de vista a Dean, me puse aún más nerviosa, no sabía dónde estaba, me estaba volviendo loca de preocupación y luego me vi arrastrada a una esquina sin poder moverme de allí... jamás he pasado tanto miedo – Comentó Lavander
- A mí me pasó lo mismo, yo sólo quería reunirme con ella y protegerla pero me fue imposible, hasta que no acabó todo y la vi sana y salva en la sala común, se me pasaron por la cabeza las peores pesadillas - Dijo Dean sonriendo a su novia
- Te entiendo, pasé por lo mismo con Mione, aunque sé que se sabe defender muy bien ella sola pero no me quedé tranquilo hasta que la tuve en mis brazos
- Y yo cariño pero vi pasar a Arabella por el vestíbulo y entonces entendí lo que se estaba tramando, tenía que ir tras ella... – Hermione paró de hablar cuando Harry se puso en pie
- Disculparme, tengo que irme... Luego nos vemos – Harry salió del comedor bajo la atenta mirada de sus amigos y compañeros
- No debimos hablar sobre esto... Él lo está pasando muy mal por Ginny – Hermione se dio cuenta del porqué su amigo se había ido
Harry no había visto a Emy en la mesa de profesores y supuso que ella estaría en su apartamento, ya que Sirius sí estaba en el comedor. Fue para allá sin perder un segundo, pasó por el cuadro de Los Fundadores y luego llegó a la puerta, esta estaba entreabierta y entró despacio sin hacer el menor ruido. Emy estaba recostada en uno de los sofás, tenía los ojos hinchados, seguramente por llorar, llevaba puesto aún el camisón y tenía los ojos cerrados. En la mesa de centro se hallaban unas cuantas cartas con la firma de su tía. Harry se quedó un momento contemplándola con un tremendo sentimiento de culpa. Se fijó que no estaba dormida, ya que de vez en cuando sorbía su respiración en señal de que aún estaba llorando. Se acercó a ella y se arrodilló en el suelo. Emy dio un brinco por el susto y luego vio a su sobrino, inmediatamente se tapó la cara con las manos y volvió a llorar sin consuelo.
- Vamos, no llores más, ya ves que todos estamos bien – Harry intentaba consolarla
- E... s... o... no... es... cierto – Contestó ella entrecortada por el llanto
- Lo siento, Emy, no debí hablar ayer así... No era lo que realmente sentía... Sólo estaba dolido conmigo mismo por no haber podido proteger a Gin... De verdad que lo siento
- Sí era... lo que... sentías y tienes... razón
- No, yo nunca te culparía a ti de las canalladas de Voldemort... Tía, yo te quiero con todo mi corazón... Eres mi única familia y con quien quiero estar... Sé que tú no pudiste hacer nada...
- Eso no es verdad... podía haberlo impedido
- Fue un plan bien tramado, no se pudo hacer nada más de lo que se hizo. No le demos más vueltas, no es bueno para ninguno de los dos
- Yo fui de lista con él y me pavoneé diciéndole que no me iba a engañar y mira lo que pasó... Sólo quería ganar tiempo para que sus mortífagos causaran todo este desastre... Caí como una imbécil en su trampa
- No se puede volver atrás, no te martirices con esto, la culpa solamente es de Voldemort
- ¿Para qué queremos tanto poder si no podemos defender a los nuestros?
- Sí que los defendimos y lo hicimos muy bien. Tenías que haber visto a Ron, estuvo magnífico y mira Hermione, ella logró capturar a Samantha, incluso yo me asombré de lo bien que luché... Todo gracias a ti, somos tus Guardianes y protegemos el equilibrio en este mundo mágico, que ahora lucha por acabar con quien quiere destruirlo... Eres tú quien nos motiva para ser mejores. Hemos aprendido muchas cosas juntos y ahora sabemos que somos capaces de ponerlas en marcha. Somos capaces de hacerles frente y día a día aprenderemos mucho más hasta que le destruyamos
- Pero tú has perdido a Ginny y me duele en el alma que yo no haya podido hacer nada por evitarlo
- Ginny volverá pronto
- No, Harry, tardará en volver
- ¿Cómo lo sabes?
- Lo único que me han dicho es que su destino, de momento, es paralelo a este... – Emy miró a su sobrino indecisa de contarle o no lo que sabía - Anoche la vi, me dijo que todo iba bien, que ella estaba perfectamente, mejor que en toda su vida y que no me preocupara por ella... pero todo era un sueño
- No lo era, mira – Harry sacó del interior de su camiseta el colgante con la inscripción - ¿Ves? Me lo dio ella anoche, en mi sueño, dijo que se lo guardara hasta que volviera y mira la inscripción
- ¿Sabes cuándo fueron grabadas las letras? – dijo Emy sonriendo por primera vez
- No, no lo sé – Contestó intrigado
- Fue anoche cuando tú le dijiste que la querías y la besaste por primera vez
- ¿Cómo lo sabes?
- Ella me lo dijo en la enfermería, cuando te marchaste a preparar la cena. El corazón no tenía nada grabado en él pero anoche aparecieron las letras al declararte
- ¿Entonces Ginny me oyó?
- Eso parece
- ¡Qué callado se lo tenía! – Harry sonrió al recordarlo – Gin es una persona excepcional, es imposible no quererla... Sé que a ella no le gustaría que la boda se aplazara por este incidente
- No pienso celebrar una boda a los pocos días de un ataque aquí, ya habrá mejores momentos, además queremos que ella sea la madrina y Sirius está de acuerdo conmigo – Emy volvía a sollozar con fuerza
- Está bien – Harry hizo una pausa para besar en la frente a su tía, luego la quitó del sitio y se sentó él para dejar que ella se tumbara en su regazo - ¿Qué haremos cuando mañana se marche todo el mundo? – Preguntó mientras la acariciaba el cabello
- Nosotros nos iremos el día uno de julio a España, como teníamos planeado. Hasta entonces te quedarás aquí en Hogwarts, ya puedes decirme cómo quieres decorar tu habitación
Sirius llegó en ese momento, sonrió al ver que ambos estaban juntos, él sabía que sentían adoración el uno por el otro, sabía que esto no podía separarlos. Mientras les miraba, su estómago se retorció un poco de celos, Harry podía estar con ella sin miedo a dañarla, ojalá lo pudiese hacer él.
- Os miró y me muero de celos
- Cariño, ya has vuelto ¿Cómo están las cosas abajo?
- Mejor, los mortífagos detenidos están confesando sin gran resistencia y están siendo recluidos en una prisión de máxima seguridad, que no es Azkaban, esta no será revelada para no dar a Voldemort la idea de un rescate. Albus, Minerva y Remus se están ocupando de todo. Snape y Hagrid se ocupan de la salida de los alumnos mañana
- Me gustaría que Ron y Hermione se quedaran conmigo aquí
- No es posible, cariño, sus padres lo han pasado muy mal con el ataque, es hora que estén con ellos una temporada – Emy intentaba que Harry entendiera los motivos aún sabiendo que se vería muy solo – Os vendrá bien echaros un poco de menos
- Además, Emy y yo debemos enseñarte este verano muchas cosas, no te dará tiempo a que te aburras, ya verás que rápido se te pasará todo – Dijo Sirius para animar a su ahijado
- Yo no sé hablar español
- Eso lo soluciono yo como lo hizo mi abuela, de eso no os preocupéis – Emy sonrió al recordar a su abuela
