39. La despedida

Harry salió de allí para pasar el resto de la tarde con sus amigos, se sentía más animado ahora que había arreglado las cosas con Emy. Sabía que el dolor que todos sentían, poco a poco se iría yendo. Harry había mirado en el reloj de la cocina de Emy donde se encontraban Ron y Hermione y éste indicaba en los terrenos. Cuando llegó al patio exterior vio a sus dos amigos con los compañeros de habitación de los chicos y las amigas de Hermione. Dean, Seamus, Neville, Lavander, Parvati, Padma, Susan, Ron y Hermione estaban hablando de las notas.

- Hola, chicos – Saludó Harry mostrando un tono más amigable

- Siento mucho lo de antes, Harry – dijo Lavander – No me di cuenta de la situación

- No te preocupes ahora estoy mucho mejor, mi tía y yo hemos solucionado un pequeño conflicto, por eso me marché

- Pensé que sería por lo que hablábamos – Agregó Hermione

- No – Harry hizo una pausa y decidió cambiar de tema - Ya sé que voy a hacer a partir de mañana

- ¿Te vienes o te quedas? – Preguntó Ron

- Me quedo – Dijo Harry mientras se sentaba junto a sus amigos en la hierba dejándose caer de espaldas atrás

- ¿Te quedas aquí todo el verano? – preguntó Dean

- No, a primeros de julio no vamos a España

- ¿España? – Preguntó Padma - ¡Eso sí que sería genial!

- Yo fui hace dos años con mis padres – exclamó Susan – Te va a encantar ¿A qué parte vas?

- Pues creo que recorremos todo el país – dijo Harry no muy convencido ahora que se lo preguntaban

- ¡Qué suerte tienes! – se quejó Parvati – Mi hermana y yo, como mucho, iremos dos veces a Londres

- Mis padres me llevan todo el mes a Francia – Dijo Hermione con pena en la voz

- En otras condiciones lo dirías toda orgullosa – dijo con tono sarcástico Lavander

- Al menos tú verás cosas allí, yo tendré que esperar muerto de asco en casa – Ron parecía mucho más abatido por la idea

- Yo hasta agosto me quedo en casa, luego si todo va bien, me voy con mis padres dos semanas a Italia, digo si todo va bien porque depende de cómo esté mi padre en el ministerio – Dijo Dean – Así que hasta entonces tendré tiempo de salir por ahí con Lavander

- ¡Menos mal que coincidimos! Nosotros nos marchamos al sur en agosto, a casa de mis tíos que viven en Plymeuth, cerca de la playa – Exclamó Lavander sonriendo a su novio

- Y tú Neville ¿Qué harás? – preguntó Susan

A Harry se le cambió la cara por completó, se dio cuenta de la situación de Neville, se veía que no sabía muy bien cómo responder.

- Yo... yo... seguramente lo pasaré en Londres, en casa de mi abuela para poder... para poder ir a ver... a mis padres – La tristeza de Neville era evidente

- Pues me alegro porque yo no me moveré de Londres, así podremos pasar juntos el verano ¿Te apetece? – Dijo Susan

- Sí, sí, eso sería genial – Ahora Neville sonreía sonrojado

- Pues yo dependo de las notas que saque, si son buenas mis padres me sorprenderán con algo y si son malas, pues me pudriré en Salisburry – Dijo Seamus con resignación – Además esta vez no hay engaño posible, les enviarán las lechuzas a ellos directamente

- No había pensado en las notas hasta ahora – Añadió Harry levantándose y sentándose como los demás

Todos estuvieron allí un buen rato, hasta que se les hizo necesario subir para terminar de empacar sus cosas en los baúles. Luego bajaron a cenar todos unidos, se notaba que tardarían en verse y querían aprovechar para estar juntos. Al terminar, el director se puso en pie para hablar a sus alumnos.

- Buenas noches a todos los presentes – Dumbledore sonrió a los chicos – Debo anunciar la casa ganadora de la copa de este año, si no lo he hecho antes de la cena es porque, por motivos obvios, no quería una celebración. Los puntos conseguidos son los siguientes, Hufflepuff con trescientos nueve puntos, Gryffindor con trescientos cincuenta, Slytherin con trescientos noventa y Ravenclaw con cuatrocientos diez...

Los alumnos de Ravenclaw daban saltos de alegría y vitoreaban el nombre de su casa sin cesar.

- Aún así, debido a los horrendos acontecimientos de ayer, hemos de entregar puntos a los valientes alumnos que se unieron a la lucha junto a nosotros, los profesores. Por favor, que se levante las siguientes personas: Justin Finch Fletchey, Hally Moon, Asley Nott, Lisa Turpin, Lee Jordan, Angelina Johnson, Katie Bell, Alicia Spinnet, Fred Weasley, George Weasley, Ronald Weasley, Hermione Granger y Harry Potter – Dumbledore esperó a que todos se pusieran de pie – A parte de entregaros cincuenta puntos a cada uno de ustedes, se les otorgarán la medalla por servicios especiales al colegio

Un gran aplauso estalló en la sala para estos alumnos. Hermione estaba apunto de llorar, siempre quiso esa medalla y ahora se la habían otorgado.

- Esto cambia las cosas, lo siento por los alumnos de Ravenclaw pero ahora las puntuaciones son las siguientes: Slytherin con trescientos noventa, Ravenclaw con cuatrocientos diez, Hufflepuff con quinientos nueve puntos y Gryffindor con ochocientos puntos, récord absoluto de puntos en el colegio

La euforia era aplastante, los alumnos de Gryffindor saltaban, chillaban, aplaudían y felicitaban a los que habían hecho posible que ganaran la copa con el récord de puntos del colegio, su nombre pasaría a estar en una placa en las vitrinas de Hogwarts, serían recordados hasta que otras generaciones consiguieran tanto puntos como esos y todos sabían que era muy difícil. Claro está que no todo el mundo estaba contento aquella noche, a Snape no le hacía ninguna gracia que su casa hubiese quedado la última y que nadie de sus alumnos, ni siquiera los prefectos, hubiesen ayudado en el ataque.

Los Weasley tampoco estaban muy contentos, sonreían cuando les felicitaban y daban las gracias pero sin Ginny allí, les era casi imposible disfrutar. Fred y George se habían tomado como un agravio que les dieran las medallas, eso, sin duda alguna, les quitaba prestigio de los mayores alborotadores que había tenido el colegio y además seguramente su madre les llenaría de besos y les echaría el sermón de ir por el buen camino y ponerse a trabajar en un lugar decente, como sus anteriores hermanos.

Hermione estaba contenta pero se sentía culpable por no poder disfrutar de aquello con su mejor amigo, además la conciencia no le había dejado respirar bien en todo el día, debía guardar un secreto sabiendo que revelándolo, haría sentir mejor a Harry...

Harry, sin duda, era el que menos le apetecía estar allí sintiendo todo aquel furor. No se le habían borrado de los ojos las caras de aquellas chicas al ver que su amiga y hermana había sido besada por un dementor, ni la horripilante visión del Gran Comedor la noche anterior, con todos aquellos cuerpos tendidos en el suelo con sangre y suciedad en ellos, ni la desolación en la enfermería al buscar a Ginny y no encontrarla... "Ginny, Ginny ¿dónde estás?" Se preguntaba en esos momentos una y otra vez. Quizás si ella hubiese estado, se sentiría orgulloso de su medalla o de sus puntos, ni siquiera la sonrisa de su padrino y de su tía le hizo espantar esos pensamientos. Se aferró con fuerza al colgante, necesitaba sentirlo como si fuese el corazón de Ginny, de su Gin. No le quedó más remedio que seguir allí aguantando las felicitaciones, las sonrisas, las miradas de admiración, el júbilo de los compañeros mientras él se sentía hecho una mierda por no haber podido proteger al único ser desvalido que se encontraba en el castillo. Tuvo que afirmar, cuando le preguntaban, que sí había derrotado a todos esos dementores y mortífagos, mientras que él pensaba "sólo tenía que haberme quedado allí con ella, escondidos los dos, sin que nadie nos viera".

Llegó la hora de retirarse a las salas comunes, el grupo de los alumnos de quinto de Gryffindor permanecía unido y subió las escaleras juntos. Harry se quedó un poco rezagado junto con Neville.

- No sirve de nada que todo el mundo te felicite por el orgullo y la gloria cuando lo único que quieres es estar con una persona ¿Verdad? – preguntó Neville tímidamente

- Verdad – Contestó Harry asombrado por el comentario de su compañero

- Créeme que te entiendo y que lo siento. Ella volverá, siempre he sabido que acabarías juntos, desde que la rescataste. Me di cuenta que vuestras vidas permanecerían unidas, mis padres se conocieron de la misma forma; él salvó la vida a mi madre y aún se quieren con toda el alma, yo sé que se quieren

- Gracias, Neville, necesitaba oír algo así

Harry pasó su brazo por los hombros de su amigo, no se sabía muy bien si para apoyar a Neville o para apoyarse él mismo y así subieron el resto de las escaleras, como unos buenos amigos. Harry se dio cuenta de la gran suerte que tenía por los compañeros que le habían tocado. En la sala común estuvieron hasta la una de la madrugada charlando, hasta que, con excepción de Hermione, Ron y Harry, se fueron a dormir.

- Otro año que se acaba – dijo Ron

- Esa frase es de Dumbledore – Sonrió Hermione

- Sí, es cierto ¿Quién sabe? quizás llegue a ser director de este colegio – dijo Ron dándose importancia

- Eso sí que sería una sorpresa – se burló Harry, Ron siempre le hacía reír

- ¿Sabéis que no solemos pensar en lo que seremos de mayores? – Preguntó Hermione

- Bueno, creo que eso más que elegirlo nosotros, nos han elegido – contestó Harry – Si las notas dan para ello, que sí creo, tiraré a ser Auror

- Y yo, aunque espero conservar todas las partes de mi cuerpo – Bromeó Ron

- Yo no había elegido esa carrera pero creo que ciertamente no me queda mas remedió – Se quejó Hermione – Quizá luego estudie otra después

- ¡Qué ganas tienes de complicarte la vida! – Suspiró Ron - ¿Qué carrera hubieses elegido? Y no me digas que bibliotecaria, porque no podría soportarlo

- Pues no, me gustaría prepararme para la docencia... Ser maestra, así podría seguir investigando en los libros

- ¿Ves como no iba muy desencaminado? – Le dijo Ron a Harry dándole un codazo

- Sería una perfecta sustituta de la profesora McGonagall – dijo Harry sonriendo a su amiga

- ¿De verdad lo crees? Gracias, Harry

- Os echaré mucho de menos en España – Harry bajó la cabeza, su voz mostraba mucha pena por la separación

- Y nosotros, sobre todo yo, que estaré en casa soportando las neuras de mi madre. Todavía no sé muy bien porqué no lleva tan mal que Ginny haya desaparecido... Todo será muy aburrido hasta que volvamos a estar juntos

- Podrías ayudar a tus hermanos con "Sortilegios Weasley" – Comentó Hermione para darle ánimos

- Seguramente es lo que haga

- Chicos, es muy tarde, deberíamos acostarnos, mañana nos espera un viaje muy largo en tren – Hermione bostezaba

- Sí, es mejor que vayamos a dormir

Los tres se despidieron y subieron a sus dormitorios. Harry se pasó la noche en un duermevela, tenía pesadillas y se despertaba cada poco tiempo, tardándose luego en dormir mientras pensaba en Gin, y así toda la noche.

Por la mañana se despertó cuando Ron ya estaba vestido. Se fue a las duchas y pasó un buen rato allí, el agua le confortaba, recordaba la sensación de la poza y la visión de Ginny en su sueño. Se vistió con desgana y bajó a desayunar. Allí ya estaban todos con el rumor nervioso, propio de aquel día, el día de la partida. Emy se acercó para decirle que irían a la estación de Hogsmeade para despedir a los chicos.

A las diez y media todos montaban en las carrozas para ir a coger el tren y en quince minutos, la estación estaba llena de gente cogiendo sus baúles para acomodarlos en algún compartimento. Ron y Hermione viajarían con Dean y Lavander. Una vez todo estuvo en su sitio, llegaron las despedidas. Emy abrazó fuerte a Hermione y la besó en la frente.

- Sé lo duro que han sido estos dos últimos días para ti, no es fácil callarse algo semejante, imagínate para mí pero el destino juega a veces cartas que no comprendemos muy bien... No te preocupes por Harry, él debe saber que su amor es verdadero y este tiempo se lo confirmará. Pásatelo muy bien en Francia y envíanos alguna que otra lechuza. Cuídate mucho y disfruta del tiempo con tus padres... te quiero mucho

- Y yo, Emy, gracias por todo – Hermione lloraba abrazada a su amiga – Despídeme de Arabella y dala un beso muy fuerte

- Así lo haré – Fue hacia Ron – No me cabe la menor duda, señor Weasley, que es usted un hombre alto, apuesto, decidido, sin temores y con un gran carisma. De igual manera sabía que no temería a un dragón ni a una mujer ¿Verdad?

- ¿Lo sabías? – Preguntó Ron asombrado

- Bueno, mi abuela era adivina, ya se sabe que el destino tiene una gran ironía – Emy lo estrechó entre sus brazos – Estoy muy orgullosa de ti, Ronald Weasley, de lo maravillosamente que has encauzado tu vida y de lo valiente e inteligente que eres. Nunca hubiese escogido un Guardián mejor que tú

- Estaré para lo me necesites, Emy – Ron le dio un suave beso en la mejilla – Cuida de Harry

- Así lo haré y dile a tu madre que, si necesita hablar conmigo, ya sabe cómo hacerlo

- Bueno, Harry, disfruta todo lo que puedas en España, ellos te enseñarán muchas cosas y después tú me las tienes que enseñar a mí. Cuídate ¿Vale? – Hermione besó a Harry y luego lo abrazó – Ella no tardará en volver – Hermione no pudo más y se metió al tren llorando

- ¡Eh, chaval! – dijo Ron a Harry en tono bromista – Si se te ocurre correr cualquier aventura sin mí, me tendrás que oír después

- No podría, no sin mi mejor amigo – Harry se abrazó a Ron y le dijo al oído – Si sabes algo de Ginny, dímelo, por favor ¿Vale?

- Vale pero mantén la mente despejada, ya sabes, siempre alerta... Intenta disfrutar de tu viaje a España, todo se solucionará pronto – Ron se separó de su amigo y sin mirar atrás se subió al tren

Allí se quedaron en el andén la profesora McGonagall, Hagrid, Emy y Harry viendo como el tren salía despacio de la estación para luego coger velocidad y desaparecer. Volvieron al castillo en silencio. Cuando Harry entró de nuevo en el colegio nada era igual, no había murmullos ni movimiento alguno, estaba totalmente desértico ¿Qué haría él allí solo? Seguramente aburrirse como una ostra.

- ¿Qué te parece si llevamos tus cosas a tu nuevo cuarto? – Le preguntó cariñosamente Emy

- Vale

Los dos subieron a la torre de Gryffindor, evidentemente allí no había nadie, eso desanimó aún más a Harry. Subieron al cuarto y cogieron su baúl ya preparado. Emy le hechizó para que fuese él solo levitando, bajaron a la sala y abrieron el pasadizo, lo atravesaron en silencio y llegaron al apartamento.

- Cierra los ojos – Dijo Emy entusiasmada

- Tía, ya soy muy mayor para esto – Se quejó Harry que no le apetecía ahora entrar en jueguecitos

- Por favor

- Está bien – Harry hizo lo que le mandaron y avanzó despacio hasta el interior de su habitación

- Ya puedes abrirlos

Harry se quedó con la boca abierta. En el cuarto, frente a la puerta, había una gran cama con dos mesitas; a ambos lados de la puerta había un armario ropero a juego y una estantería para libros, todo de madera, muy bonito. También había un espejo de pie, un perchero y dos alfombras a los pies de la cama. En la pared de encima de la cabecera de ésta, había un gran escudo de la casa Gryffindor; en el resto de las paredes, que estaban pintadas de un gránate oscuro, habían colgados pósters de los Chudley Cannons y en la pared de enfrente había un colgador especial. En esa misma pared, una gran ventana hacía entrar la luz a la habitación. Harry se acercó a ella, se veía parte del lago, de los terrenos y al fondo, el bosque prohibido. Toda la estancia se veía confortable y a su gusto, Harry no lo hubiese hecho mejor, estaba encantado.

- El colgador es para tu escoba, falta de traer una peana para que tengas a Hedwig, la traerá después Sirius, y quería preguntarte si quieres tener una televisión en tu cuarto

- ¿Una televisión?

- Sí, no sabía si ponértela o no, como sólo pasaremos una semana y media aquí, pues no estaba muy segura ¿Te gusta la televisión? Creo que la del mundo mágico es divertida

- No me importaría

- Pues entonces está misma tarde la traemos ¿por qué no vas colocando tus cosas? Voy a buscar una sorpresa para ti y vuelvo ¿Vale?

- Vale – dijo sonriendo Harry

Sacó de su baúl todo lo que había y lo dejó encima de la cama. En la estantería, la balda de abajo era especial en altura para poner el baúl. Harry sonrió al ver que su tía pensaba en todo. Lo primero que hizo fue colocar su ropa interior en una de las mesitas y en la otra todos los calcetines que tenía. Luego fue al armario para ver su capacidad. En él ya había varios juegos de sábanas y alguna manta. También había varios vaqueros y polos nuevos, como pudo comprobar a simple vista, todo de su talla. Colocó la ropa restante y se centró en el resto de utensilios, fue distribuyendo en la estantería sus libros, el pensadero, el futbolín mágico y todos los detalles y regalos que tenía de esos últimos años. Lo último que hizo fue crear sitio para su kit de cuidados de su escoba. Lo cogió, al igual que su escoba, y comenzó a limpiarla, ese año no la había prestado mucha atención. Una vez hubo terminado, la posó en el colgador y se quedó contemplándola, su tesoro particular ahora brillaba, bien colgado, en la pared de su nueva habitación. Se fijó en como había quedado y deseó que estuviese allí Ron para que la contemplara también, aquella era la mejor habitación que un chico como él hubiese deseado. Salió de sus pensamientos al oír que llamaban a la puerta.

- Pasa

- Ya he vuelto ¿He tardado mucho? ¡VAYA! ¡QUÉ BIEN HA QUEDADO! – Exclamó asombrada Emy

- ¿A qué sí?

- ¡Eh! ¡Qué cuarto más chulo! – Dijo Sirius que venía detrás cargado

- ¿Qué traes?

- ¡Ah! Bueno, esto es una peana para tu lechuza, abajo cabe la jaula

- Es muy bonita, se parece a la de Fawkes, trae, la pondremos al lado de la ventana – Harry ayudó a su padrino a situarla

- También te he traído la mini-cadena, la recuperé ayer de la enfermería... por si quieres escuchar música

- ¡Genial! – Harry la cogió y la colocó en una balda de la estantería

- Cuando vayamos a España habrá que comprar algunos CDs de música – Dijo Emy

- ¿Esta era la sorpresa?

- No – Emy extendió su mano y le dio una caja – Espero que te guste, he pensado que le daría un toque a la habitación

Harry se sentó en el borde de la cama al igual que su tía. Abrió la caja y allí estaba un marco con la foto de sus padres el día en que se casaron, luego había otra el día en que le bautizaron, también había una de Ron y Hermione saludándolo muy sonrientes y por último, un retrato de Ginny que le sonreía y le guiñaba un ojo. Harry no sabía qué decir, su tía siempre conseguía emocionarlo de una manera inimaginable, daba en el clavo sacándole sus más profundos sentimientos, así que lo único que hizo fue abrazarse a ella fuertemente y susurrar unas gracias emocionado. Puso todas las fotos encima de las mesitas y acarició el retrato de Ginny.

- Hoy comeremos aquí con Remus y Arabella ¿Qué te parece? – Sirius quería animar a su ahijado

- Bien

- ¡Ah! Pues creo que ya han llegado

Los tres salieron del cuarto para recibir a sus invitados. Harry pasó el resto del día charlando animadamente con ellos y consiguieron hacerle olvidar la marcha de sus amigos y la preocupación por no saber dónde se encontraba Ginny. Harry sólo pensó en ella cuando llegó la noche. Sirius y Emy consiguieron que Harry pasara los días entretenido hasta el momento en que tuvieron que preparar, esta vez en maletas, su marcha a España. Él solo llevaría ropa, su pensadero y sus marcos de fotos, así que terminó pronto de preparar su marcha, le daba pena dejar su nuevo cuarto, estaba encantado con él.

El día uno de julio se despidieron de todos los profesores, cuando Harry se fue a despedir de Dumbledore, éste le habló de forma muy cariñosa.

- Recuerda Harry que debes obedecer a tus tíos y aprender todo lo que allí te enseñen... Todo volverá a la normalidad dentro de poco, el verano se pasa rápido cuando uno se divierte – Dumbledore se agachó un poco hacia él – Si por casualidad ves a tu bisabuela, dala recuerdos míos – el anciano le guiñó un ojo y se fue a despedir de Emy

Irían hasta el pueblo a recoger el coche de Emy y en él, se irían hasta Londres, donde Harry cogería un avión por primera vez en su vida. Llegaría a Madrid por la noche y allí dormirían en un hotel, lo demás era sorpresa.

FIN