"Isabella, deja quieta esa pierna." Masculló mordaz Renée, sin siquiera desviar la mirada hacia su hija.

Isabella suspiró de alivio cuando la misa por fin terminó. Y no porque le desagradara asistir, en realidad, no era así. El problema eran las miradas que sentía detrás ella, clavándose en su cuello como dardos acusadores.

Como todos los domingos, la castaña caminó detrás de sus padres lentamente, con la diferencia de que esta vez ninguna de las personas que normalmente se acercaban a ella la saludaron, sino que la miraron desde lejos con horror.

"Mira lo que nos has hecho. Todos están hablando sobre nosotros, piensan que te hemos mal criado cuando en realidad eres tú la que arruinó todo. Todo esto es tu culpa." Su madre no paró de susurrar en el oído de su hija hasta que hubieron llegado a la acera, en donde la castaña se giró sin mediar palabra, comenzando a caminar hacia su casa.

Renée decidió dejarlo pasar, observando con los ojos entrecerrados a su hija, que ahora caminaba tranquilamente.

Parecía como si todo lo que dijera llegara a oídos sordos. Isabella no discutía, gritaba o siquiera daba signos de haberla escuchado. Ni siquiera lucía triste. Simplemente estaba.

Estaba en su habitación, estaba en la escuela, estaba sentada en la sala. Haciendo lo que solía hacer siempre, con la sutil diferencia de que toda su vida giraba en torno a un solo momento del día.

La noche.

Cuando por fin se alejaba de todos aquellos hipócritas y se encerraba en su habitación, esperando a la visita de su novio.

Edward no le había fallado ni una vez.

Bella nunca se lo había cruzado de día, en ningún lado, pero sin importar que día fuese, a las nueve y cuarto de la noche Edward siempre susurraba su nombre desde el patio, y Bella siempre bajaba a verlo, ahora con más precaución, y con Edward debajo, esperando a atraparla por si caía.

Pero Bella ya no soportaba más todo aquello.

No soportaba fingir, ni mentir, no soportaba estar lejos de Edward ni los reproches de todo el mundo.

Necesitaba rebelarse, hacer que todo el mundo viera quién era ella en realidad.

"¡Bella! ¡Bella, espérame!" Con un bufido, Isabella no se giró, pero sí caminó algo más despacio.

"¿Qué? ¿Ahora tu madre si te da permiso de hablarme?" Comentó sarcástica.

Mike, el perfecto Mike, la miró con el ceño fruncido.

"¿Por qué dices eso?" Oh, quizás Bella no estaba tan lejos de la verdad…

"Me has estado ignorando todas estas cuatro semanas, Mike. ¿Qué quieres?"

Mike pareció culpable, y Bella rodó los ojos.

"Siento el haberte ignorado, es que… Todos decían que tú ahora eras una de las…"

"¿Una de las…?" Bella lo miró con una ceja alzada y los brazos cruzados, mientras esperaba una respuesta por parte del rubio parada frente a su casa.

Mike se pasó una mano por el cabello, nervioso.

"Una de las…Putas de Cullen." Logró escupir finalmente, y Bella no dejó de mirarlo escéptica. "¡Debes entenderme, Bella! Decían todas esas cosas y yo… No lo sé, les creí."

"Genial." Masculló la castaña, girándose para abrir la puerta de su casa, pero Mike la retuvo por el brazo, haciéndola girar de sopetón.

"Pero sé que es mentira, Bella. Ahora lo entiendo. Seguramente alguna tonta inventó ese rumor para hacerte daño, pero sé que tú nunca podrías ser eso, tú…Eres perfecta, Bella." La castaña soltó una carcajada. "¿Estoy en lo correcto, verdad? ¿Es mentira que eres una de las… putas de Cullen?"

Bella entrecerró los ojos.

"Mike, déjalo."

Mike sonrió ampliamente, para luego volver a torcer el gesto nervioso. "No, Bella, yo quería hablar contigo porque en ese tiempo me he dado cuenta de que yo si-siento algo que necesito que sepas…" Bella lo observó divagar con el ceño fruncido.

"Mike, para…"

"No, no lo soporto más. He tenido esto dentro por mucho tiempo y debes saberlo, tú…Yo-

"Mike-

"Te amo, Isabella Swan. Te amo. Eres la mujer con la cual quiero casarme, y vivir, y tener hijos, te amo." Bella todavía no había dejado de mirarlo horrorizada cuando el muchacho tomó su rostro entre sus manos y se acercó a ella para besarla en los labios.

Gracias al cielo, ni siquiera llegó a tocarla, y Bella se echó hacia atrás con el ceño fruncido, levantando las manos frente a ella e intentando mantener distancia con Mike, que la miraba ansioso.

"Mike, esto…No. No quiero esto, ¿Entiendes?"

"Pero…

"Y, ¿Mike?" La castaña se giró a mirarlo por última vez antes de entrar en su casa. "Estabas en lo correcto. No soy una de las putas de Edward. Soy su novia." Bella cerró la puerta de la casa con más fuerza de la necesaria, dejando a Mike Newton completamente descolocado en su jardín delantero.

.

9.30

10.

10.35

Isabella estaba triste. Y enfadada, también. Muy enfadada.

¿Por qué Edward no había venido? ¿Se habría hartado de todo? ¿Habría decidido dejarla?

Caminando de un lado al otro por su habitación, vestida tan solo con una bata blanca que se había puesto luego de dejar la ducha unos minutos antes, Bella maquinaba sin cesar.

¿Dónde estaba? ¿Por qué no le había avisado que no iría a verla?

La castaña había recuperado su celular hace un par de días, y se pasaba las horas escribiéndose con Edward.

Revisó nuevamente la bandeja de entrada.

Nada. Absolutamente nada.

"¿Qué haces despierta todavía?" Bella se giró rápidamente cuando oyó la voz de su madre en la puerta, que le fruncía el ceño, con la habitual expresión de reproche que ahora permanecía en su rostro el ochenta por ciento del tiempo.

"No tengo sueño." Atinó a decir la castaña, tragando saliva cuando la mirada de su madre se dirigió imperceptiblemente hacia el escote de su bata.

Con más reflejos de los que realmente tenía, Isabella cerró la prenda todavía más sobre su pecho, pero supo por la mirada espantada de su madre, que ya era demasiado tarde.

"¡Charlie!" Exclamó Renée a la vez que se acercaba a su hija como una tromba. "¡Charlie, Charlie!"

Bella se alejó de ella, pero las frías manos de su madre fueron más rápidas, y corrió uno de los bordes de la bata, dejando a la vista el tatuaje negro que marcaba la pálida piel de Isabella.

Renée estuvo a punto de desmayarse, y agradeció al sentir la gran mano de su marido en su codo, mientras este la sostenía con fuerza.

"¿Qué sucede?"

"¡Tiene un tatuaje! ¡Mi hija tiene un tatuaje!" Exclamó Renée, y Bella observó con los ojos abiertos como platos la transformación del rostro de su padre, que se convirtió en una mueca de ira, completamente roja.

"¡No toleraré más nada de eso! ¡No soportaré tener a una hija descarriada!"

"Es solo un maldito tatuaje." Bella deseó no haber mascullado aquellas palabras cuando el dolor de la cachetada que su padre le propinó la hizo caer al suelo.

"Nadie maldice en mi casa. Y nadie manchado como tú vivirá en mi casa. Tienes una hora para irte."

Sin más, Charlie Swan salió de la habitación de su hija, seguido de su sollozante esposa.

Isabella apoyó la espalda contra su cama, inspirando hondo e intentando ignorar el dolor de su mejilla.

La habían echado de su casa.

Algo que nunca imaginó que sucedería, y extrañamente estaba pasando.

Lo más raro de todo, es que no se sentía desamparada, ni nada por el estilo.

Solo estaba todavía más molesta con Edward por no estar allí.

Finalmente, se puso de pie de un salto, sabiendo con certeza qué debía hacer.

Treinta minutos más tarde, Bella, cargando con una enorme mochila en su espalda, tocó la puerta del departamento en el que residía Edward.

Nunca había estado allí, pero Edward le había dado su dirección por si 'surgía algún problema.'

Y vaya que habían surgido…

Luego de unos minutos, en los que Bella pasó el peso de su cuerpo de un pie al otro, inquiera, la puerta se abrió.

Del otro lado se encontrada aquella chica rubia de la última vez, la novia de Emmett…. ¿Rosalie? Sí, eso, Rosalie.

"Hola." Bella le sonrió, sin hacerse problemas por la presencia de la chica en el departamento de su novio, pues sabía que el cobrizo también vivía junto a Emmett y Jasper.

"¿Qué haces tú aquí?"

"Busco a Edward…" Respondió la castaña, cohibida ante la mirada asesina de Rosalie.

"¿Para qué? ¿Para echarle en cara lo perfecto que es el otro gay de tu nuevo novio? Vete a la mierda." Rosalie intentó cerrarle la puerta en la cara, pero Bella apoyó ambas manos contra la madera, mirándola con los ojos como platos.

"¿¡Mi qué!?" Exclamó, sin entender nada.

"¡Lo que oíste! Edward está hecho mierda, y es por tú culpa, así que más te vale que te largues de aquí si no quieres que te arranque todos los pelos de la cabeza." Rosalie estaba claramente enfadada, pero Bella no pensaba dar el brazo a torcer.

"No entiendo de qué estás hablando, de verdad, yo…-

"Mike Newton, del imbécil de Mike Newton, de eso hablo." El entendimiento se reflejó en el rostro de la castaña, y Rosalie le sonrió sarcásticamente. "¿Ahora si te acordaste? Eso es tan irónico. Todos piensan que eres una santa y en realidad juegas a dos puntas."

"¡Eso no es cierto!"

"¿No lo es? Entonces explícame porqué Edward llegó a casa hoy queriendo romper todo y jurando que asesinaría a ese bastardo, ¿Eh? Ha estado sentado en el mismo lugar por horas luego de destruir la mitad de su habitación. Está hecho mierda, y es por tu maldita culpa, ahora ¡Fuera de aquí!"

Bella nunca se había sentido tan impactada en toda su vida, pero a pesar de eso, cuando Rosalie quiso volver a cerrar la puerta, ella no dio el brazo a torcer.

"Mike Newton intentó besarme en la puerta de mi casa. No lo dejé, es más, ¡Le dije que Edward es mi novio, rayos! Él entendió todo mal, debió haber visto eso y sacó conclusiones apresuradas, ¡Debes dejarme hablar con él!"

Rosalie dudó, mirándola con los ojos entrecerrados y una clara expresión de desconfianza en su rostro.

"Tú lo conoces, sabes lo precipitado que puede ser algunas veces. Por favor, déjame aclararle las cosas. Por favor…" Susurró, intentando lucir lo más desdichada posible.

"Rose, déjala de una vez." La voz de Emmett llegó desde el interior del departamento, y Rosalie bufó antes de hacerse a un lado.

La castaña entró al lugar, que apestaba a cigarrillo, caminando lentamente.

Emmett la miraba desde un sillón viejo frente a la tv.

"Sí que la has cagado esta vez, pequeña."

Bella sacudió la cabeza.

"Ya dejen de joderme ustedes dos, y déjenme ver a mi novio de una vez." Emmett sonrió, divertido, y Rosalie sacudió la cabeza, intentando esconder la sonrisita que comenzaba a formarse en su bello rostro.

"La segunda habitación, a la derecha." Indicó Emmett, y Bella caminó por el pasillo hasta dar con la habitación que lucía un cartel de 'No entrar' pegado en ella.

No tocó la puerta, sino que la abrió lentamente, y le echó una mirada a la habitación antes de entrar.

Paredes celestes, cama de sábanas negras, pequeña, cómoda y limpia. Muy…Edward. Pero las marcas de la tormenta todavía estaban allí, y Bella reparó en los objetos esparcidos por el suelo y los papeles arrojados contra la pared.

Sintió su corazón encogerse un par de pulgadas cuando su mirada se posó en la figura de su novio, que se encontraba sentado sobre el marco de la ventana, de perfil, con una pierna subida al alfeizar y la otra apoyada en el suelo de la habitación, fumando un cigarrillo y mirando el cielo nocturno.

"Vete."

"Edward-

"No quiero hablar. Vete."

Con el ceño fruncido, Bella cerró la puerta con fuerza, y se acercó hasta él pisando fuerte.

"No. No me iré hasta que no me hayas escuchado."

Edward giró la cabeza para mirarla durante un segundo, y Bella casi se queda sin respiración.

Había estado llorando, y a pesar de que intentaba esconderlo tras su enojo, estaba terriblemente dolido.

"¿Qué mierda quieres, Isabella?"

"¡Edward, entendiste todo mal! ¡Nunca podría haberte engañado con Mike Newton, eso es… Patético!"

"Di lo que quieras, yo sé lo que vi." Masculló antes de darle otra calada a su cigarrillo y volver la mirada hacia afuera.

"Y yo sé lo que realmente sucedió." Bella bufó, dejando caer su mochila en el suelo, antes de cruzarse de brazos de manera testaruda. "No me gusta Mike Newton. Ni siquiera me agrada. Él me dijo que me amaba e intentó besarme, ¿Y sabes lo que hice yo?"

"¿Te tiraste a sus brazos?" Farfulló Edward, expirando una espesa nube de humo, y Bella quiso chillar.

"¡No! ¡Claro que no! ¡Le dije que era tu novia, imbécil! ¡Tuya! ¡Tu-no-vi-a!" Espetó la pequeña castaña, perdiendo la paciencia.

"Te vi besándolo."

"Eso no es posible porque no lo besé."

"¡Estaba a dos centímetros de tu maldito rostro!" El grito de Edward la sobresaltó, pero no la apabulló, y Bella lo siguió mirando firmemente.

"¡Sé que lo estuvo! ¡Pero lo empujé antes de que nada sucediera! Por todos los cielos, Edward, debes creerme."

"¿Y si no lo hago?" Desde que había llegado allí, Bella había pensado que Edward entendería todo fácilmente, pero… ¿Y si no lo hacía?

¿Y si estaba tan seguro de que ella lo había extrañado como para no perdonarla?

La idea la aterrorizó.

"¿Por qué piensas que te estoy mintiendo? ¿Por qué habría de mentirte?"

"Dímelo tú."

"¡No, dímelo tú! Esto no tiene ningún sentido, Edward. Si de verdad estuviera saliendo con Mike Newton, ¿Por qué habría de querer mantenerlo escondido? Después de todo, salir con él sería perfecto para mí imagen, y la de mi familia, ¿No te parece? Todos se olvidarían de que alguna vez sucedió algo contigo y volverían a aceptarme. Sería perfecto."

Bella lo vio inspirar hondo, y torcer el gesto en una mueca de dolor, como si ella lo hubiese abofeteado.

"¿Porqué no te vas con él entonces?"

Bella lo miró, cada vez más enojada.

"Porque no lo amo."

"¿Y a quién amas entonces?"

"A ti… Pero en este momento estoy mucho más cerca de querer tirarte por esa ventana que cualquier otra cosa." Edward esbozó una imperceptible sonrisa, pero su rostro volvió a ponerse serio nuevamente.

"Soy yo el posible engañado aquí, nena."

"¡No, tu eres el idiota prepotente aquí, Edward! ¿¡No podrías haberme llamado, haberme escrito o simplemente haberte aparecido por mi maldita casa!? ¡No, tuviste que hacer todo este escándalo, y ahora te detesto por no confiar en mí." Bella dejó de hablar cuando se dio cuenta de que Edward no la estaba oyendo, sino que miraba fijamente su rostro. Su mejilla derecha, para ser más exactos.

"¿Qué sucedió allí?"

"Nada." Masculló Bella intimidada al verlo ponerse de pie con agilidad, y acercarse a ella, haciéndola sentir la persona más petisa del universo.

"¿Quién te hizo eso?"

"Edward…

"Habla, Isabella."

"Mi padre." Se obligó a responder la castaña, y Edward cerró los puños con fuerza, sin apartar la vista de la mejilla roja de su novia.

"¿Fue por mi culpa?"

"No, él… Él vio el tatuaje. Me echaron de casa." Bella se encogió de hombros, y Edward parecía estar a punto de estallar.

"Esos hijos de puta… ¿Y así se hacen llamar cristianos? ¿Golpeando a su propia hija?" El cobrizo sacudió la cabeza, mientras levantaba una mano y acariciaba la futura hematoma de su novia con total delicadeza.

"Estaré bien. Quizás valla a la casa de Ángela."

"¿Qué? Claro que no. Tú te quedarás aquí."

"En realidad solo venía a informarte sobre lo que sucedió, luego me iría a buscar un lugar otro lugar para dor-

"Tú te quedas aquí."

"Edward-

"No te dejaré salir por esa puerta, Isabella."

"Oh, primero me quieres echar y luego me obligas a quedarme." Masculló aireada la castaña, y Edward soltó un suspiro.

"Lo siento, nena, es que… El verte allí con él fue tan… Horrible. Y supongo que simplemente me fue más fácil de creer, eso es todo." Susurró apenado el cobrizo, acercándose cada vez más a ella.

"¿Fácil de creer?"

"Sí, Bells. A pesar de tener que esconderlo, estas últimas semanas contigo fueron las mejores de mi vida, cariño, y todo se sentía tan…Perfecto. Pero irreal. Como si supiera que luego de un tiempo tú habrías tenido suficiente 'rebeldía' para tu gusto y te apartarías de mí."

"Edward, eso no-

"Lo sé, ahora lo sé. Pero cuando te vi con él, fue como si el mundo se me viniera encima. Pensaba que eso tarde o temprano sucedería, porque era lo que estabas destinada a hacer…"

"Yo estoy destinada a estar aquí, contigo, Edward. Es así como debe ser."

"Lo sé, nena. Ahora lo sé." Sin pedir permiso, Edward rodeó a Isabella con sus brazos y la estrechó contra su pecho, levantándola del suelo.

"Debes dejar de pensar que te abandonaré en cualquier segundo, Edward, porque eso no sucederá, ¿Me entiendes? Nunca."

"Te entiendo, pequeña… Te amo."

"Te amo todavía más, mi insoportable y prepotente idiota."

Edward soltó una carcajada antes de besar a su pequeña, apretándola fuerte contra su pecho, como si no fuese a dejarla ir nunca.

.

Escribí esto en veinte minutos, lo cual es algo…raro. Siempre me tardó un par de días en hacer capítulos, pero cuando me agarra el ataque, no puedo parar, y acá está el resultado… Espero que les guste. Esta historia me encanta, la verdad. Mil millones de gracias por todos sus reviews, y perdón por no poder responderlos a todos, es que soy una chica ocupada… (¿) JAJAJAJ en fin, de verdad espero que les guste.

Un saludo y beso enorme a todas.

Emma.