Hey, hey, ya estoy aquí. Está bien, trataré de hacer los capítulos más largos, pero no prometo nada. Soy muy irregular a la hora de escribir y puede que un capítulo me ocupe 10 folios y otro 3. A parte de eso, trato de no hacerlos nunca excesivamente largos para no poner cosas innecesarias. A pesar de eso, trataré de hacerlos un pelín más largos. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


Durante el resto de la semana, ensayamos como locos y planeamos la Vendetta, mandamos otro correo a nuestros aliados y hablamos con el amigo de Cameron para que hiciera de DJ en la fiesta de Halloween de la semana siguiente. Como lo teníamos todo más o menos controlado, decidimos ir a comprar la pintura, las máscaras, los globos… vamos, todo lo necesario para hacer que la Vendetta fuera épica.

Carly quería conocer a los miembros de la banda, bueno, a los que todavía no conocía, así que estaba conmigo en Betsy camino a unos grandes almacenes a las afueras de la ciudad donde podríamos encontrar todo lo necesario. Teníamos las ventanas subidas por que hacía frío y la música a todo volumen. Siempre íbamos así en el coche, con la música tan alta que no nos podíamos oír a nosotras mismas.

I'm coming home, I'm coming home

Tell the world I'm coming home

Let the rain wash away, all the pain of yesterday

I know my kingdom awaits, and they've forgiven my mistakes

I'm coming home, I'm coming home

Tell the world I'm coming… home.

-Me encanta esa canción – Gritó Carly.

-Repite que no te he oído – Le pedí mientras bajaba el volumen.

-He dicho, que me encanta esta canción.

-Y a mí, es algo así como nuestro himno. No entiendo por qué no quieres cantarla conmigo en la fiesta de Halloween.

-No sé, tal vez porque CANTO COMO EL CULO.

-No lo haces tan mal morena. Deberías lanzarte aunque sea una vez en tu vida y no ser tan calculadora. Lo divertido de esta vida es hacer cosas inesperadas y que no estaban planeadas con tres meses de antelación.

-Perdóneme usted si no quiero hacer el ridículo delante de todo el instituto, que me graben, que lo suban a Internet y acabe haciendo el ridículo delante de TODO el mundo.

-En el fondo te mueres de ganas y lo sabes – Murmuré en todo enfadado.

-Yo creo que cantas genial cielo – Dijo, de pronto Gibby desde el asiento trasero.

Sí, Gibby también se había venido. Es una maldita lapa y muy celoso. Carly ha dicho que venía conmigo a comprar unas cosas y a conocer a los chicos y al oír la palabra "chicos" se ha subido a mi coche. Me pone enferma que no confíe en ella y que no le deje tener apenas libertad. Supongo que por eso Carly dudaba de sus sentimientos hace unos días y no sé si lo sigue haciendo.

-He dicho que no y es que no.

-Seguiremos hablando de esto más tarde. Ya hemos llegado.

Bajamos del coche y nos acercamos a los chicos que esperaban en la puerta del almacén charlando.

-Buongiorno.

-Hola Rubia y… amiga de la Rubia que ahora mismo no recuerdo como se llama y… chico con la botellita de jabón líquido en la mano.

-Ahora os presento. Freddie tú ya sabes quiénes son – Él solo asintió – bueno, Cameron, Brad, Brison y… ¡Hola Lilly! Me alegro de conocerte en persona - Señalé a cada uno conforme lo iba nombrando – estos son Carly y su novio Gibby.

Al oír aquello todos me miraron con cara de "¿enserio?" y yo les devolví una mirada que decía "yo también me lo pregunto".

-Encantado de conocerte Carly – Brad fue el primero en romper el hielo.

-Ejem, ejem – Carraspeó Gibby agarrando a Carly de la mano como para dejar claro que estaban juntos, por sí habían dudas. Y creedme, las había. A montones.

-Y Gibby.

-¿Entramos? Tenemos que comprar mil cosas – Dijo Freddie para romper aquel momento incómodo.


Cruzamos las puertas de los grandes almacenes y comprobamos que no hacía honor a su nombre. ¡Aquello era acojonantemente enorme! Había de todo y estaba completamente vacío, a parte del personal, solo estábamos nosotros. Entonces vi pasar junto a mí una cabellera rubia la cual saltó ágilmente dentro de un carrito.

-Tienes cara de idiota – Me susurró Cameron haciendo referencia a mi cara al ver a Sam comportarse de ese modo.

-Parece una niña de cuatro años en una tienda de juguetes.

-Lo sé. A mí también me resulta… no sé.

-Está mona.

-¡Freddie! – Me llamó ella.

-Digamelón, mañana puedes decir sandía.

-Llévame.

-Buena idea – Dijo Lilly imitando a Sam y mirando suplicante a su hermano desde dentro del carrito.

-Sam, compórtate – Dijo Carly mordiéndose el labio.

-Vamos Carlangas, lo estás deseando.

Ella miró a Gibby quien negó con la cabeza. No sé qué le pasa últimamente, está raro. Es un gran chico pero está como más posesivo y más arisco con Carly. Puede que solo sean manías mías, pero parece que la quiera tener encerrada en casa y no quisiera que saliera nunca más. Casi se come a Brad cuando la ha saludado y el Gibby que yo conozco no haría eso nunca.

-Puedo… llevarte yo si quieres y si tú me dejas claro – Se ofreció Brad mirando a Gibby.

-La verdad es que…

-Me encantaría – Interrumpió la morena subiéndose a otro carrito.

-¿Sabéis un cosa? Creo que os voy a esperar en el coche.


Salí de la tienda, me sentía mal estando delante de tanto tío cachas. No soy como ellos y lo sé, pero tampoco soy la clase de persona que come sano todos los días y se pasa horas en el gimnasio. No es mi estilo. Sin embargo los veo y…

-Hey, Gibster – La voz de Freddie a mis espaldas interrumpió mis pensamientos - ¿qué pasa? ¿Por qué no vuelves dentro con nosotros?

-No me apetece a Carly se la ve muy contenta con Brad.

-Gibby, te conozco y sé que no eres así. Nunca antes te habías puesto de ese modo con Carly, tan posesivo y tan celoso, ¿por qué de repente te comportas como un patán?

-¿Quieres saberlo? – Asintió –. Mírame y mírate. Mira a todos los chicos que hay dentro. Todos tenéis unos cuerpos esculturales, sois atléticos, sois guapos… Sois todo lo que no soy.

-¿Y tiene miedo de que te roben a Carly?

-Sí. Es que… tú sabes que no tengo motivación a la hora de hacer ejercicio y que no como bien que se diga, pero eso nunca me había importado hasta que os he visto a todos. Sabes que me gusta como soy, que no tengo complejos, pero… pensar que cualquiera de vosotros me puede quitar a Carly… hace que odie mi cuerpo.

-¿Con alguno de nosotros te refieres a Brad?

-Puede.

-Brad solo quiere trabar amistad con ella, ya sabes, integrarla y esas cosas. No tienes por qué preocuparte, sabes la ley de los tíos: Si una chica es de otro, no se toca.

Yo no respondí, me limité a oler mi jabón de limón.

-Haremos una cosa. A partir de la semana que viene, los martes y jueves después de clase, te vendrás conmigo al gimnasio una hora y te pondrás en forma. Y comerás lo que yo te diga, sabes que mi madre es enfermera y experta en dieta sana así que no tienes porqué preocuparte. Comerás de todo pero con moderación, ¿está bien?

-Está bien – Dije sin ánimos.

-Vamos dentro. Le diré a Brad que te deje llevar a Carly y se acabaron los líos.


-¡Carrera de carritos! – Grité en cuanto vi a Freddie y Gibby entrar por la puerta.

-Eso es buena idea Rubia. Cada uno se coloca delante de un pasillo y la primera pareja que llegue a la caja gana.

-Unos que cojan las pistolas, otros los globos y los sprays, otros las máscaras y otros la pintura.

-Brad y yo nos encargamos de la pintura, Cameron y Lilly de las máscaras, Gibby y Carly de los sprays y los globos y vosotros dos de las pistolas.

-A sus puestos todos. ¿Preparado Freddie?

-Nací preparado Sam – Me respondió con una sonrisa desafiante.

-En ese caso… Preparados, listos… ¡YA!

Salimos todos disparados, cada uno por un pasillo, en busca de nuestro objetivo. Yo iba indicando a Freddie que empujaba el carrito a toda velocidad, derrapando y resbalando debido a lo encerado que estaba el suelo. Yo me dedicaba a reírme o a gritar cada vez que corría peligro de estamparme contra una estantería y morir aplastada.

-¡PISTOLAS! – Grité cuando nos pasamos de largo el pasillo de los juguetes.

Freddie giró ágilmente sobre sus talones empujando el carrito en dirección a la sección de juguetes. En cuanto llegamos, me bajé del carrito y empezamos a meter pistolas de todas las formas y tamaños dentro. Hubo un momento en el que no sabía dónde había más pistolas, si en el suelo o dentro del carro.

Traté de alcanzar unas pistolas enormes del estante superior pero no llegaba ni dando saltos. Maldita altura, no podía haber nacido midiendo metro ochenta, no, tenía que medir metro sesenta y ser un maldito retaco. Cuando estaba punto de rendirme y volver a coger las que estaban a mi alcance, sentí algo entre las piernas y en los gemelos, y un segundo más tarde, mis pies no tocaban el suelo.

-¡La madre que te trajo! ¡Si vas a subirme encima de tus hombros dímelo capullo! – Le grité a Freddie.

-Deja de quejarte y coge las pistolas pitufa.

Me doblé de tal modo que mis ojos quedaron a la altura de los suyos.

-Vuelve a llamarme pitufa y te juro que no volverás a ver la luz del sol – Le amenacé.

Volví a erguirme, cogí un montón de pistolas y las tiré en el carro. Repetí lo mismo unas tres veces hasta que Freddie se retiró de la estantería. Yo confiaba en que iba a bajarme, pero en lugar de eso, cogió el carro y volvió a correr en dirección a la caja, haciendo que perdiera el equilibrio más de una vez y gritara con todas mis fuerzas.

-Frena. Frena. Freddie que me voy a caer.

-Aguanta un poco ya estamos llegando.

-No si nosotros llegamos antes – Miré en la dirección de la que provenía la voz y vi a Cameron empujando el carrito con Lilly dentro rodeada de máscaras blancas. No iba a permitir que esos dos nos ganaran. Soy una Puckett y las Puckett nos caracterizamos por ser tremendamente competitivas.

-¡Corre, Freddie, corre! ¡Más rápido! ¡Mi abuela corre más rápido que tú!

-Tu abuela no arrastra un carro cargado de pistolas de agua y llega a hombros a su nieta.

-¡Corre y calla!

Freddie aceleró y yo puse todo mi empeño en no perder el equilibrio. Faltaban unos metros para llegar a la caja y Freddie y yo íbamos en cabeza. Solo unos metros más y…

-Freddie, Freddie, Freddie, me voy a caer, ahora sí que me voy a ¡caer!

Caí de espaldas y cerré los ojos con fuerza esperando que la hostia tremenda llegara pero… no lo hizo. Abrí los ojos y vi a Cameron.

-Celebras con demasiado ímpetu las victorias Rubia. Si no llega a estar el tito Cameron aquí, te habrías abierto la cabeza.

-No estaba celebrando la… Un momento… ¿Hemos ganado nosotros?

-Sí.

Salté de los brazos de ojiverde y me puse a hacer mi baile de la victoria, bueno… si a saltar, gritar y mover los brazos y las piernas de forma incontrolada se le puede llamar bailar.


Cuando sentí que Sam caía de mis hombros cuando llegamos a la caja, tuve el impulso de estirar los brazos y agarrarla pero no llegué a tiempo. Por suerte, Cameron estaba detrás de mí y pude cogerla mientras yo me dejaba caer sin aliento a los pies del carrito cargado de pistolas. Yo muriendo de asfixia y Sam dando saltos de alegría y de felicidad como una niña pequeña.

-De nada. Yo solo te he traído ha hombros hasta aquí. Corriendo.

-Te recuerdo que casi me abro la cabeza por no querer soltarme.

-¿A qué viene ese cambio de humor tan repentino? Solo estaba bromeando – Traté de excusarme.

-Pues a la otra las bromitas te las guardas.

-¿¡Qué te pasa Sam? Simplemente he soltado un comentario y te has puesto como una moto. Creía que eras divertida.

-¡Sam! – La voz de Carly resonó por toda la tienda –. ¿Qué pasa?

-¡Pasa! Que hemos ganado, le he gastado una broma a la señorita y se ha puesto hecha una fiera.

-Ahora sí que te mato.

-¡Sam! ¿Te has tomado tu ración esta mañana?

-Te voy a matar Fredalupe.

-Me parece que no – Oí susurrar a Carly mientras rebuscaba a toda velocidad en su bolso mientras se acercaba a Sam –. Toma.

Miré por encima del hombro de mi amigo y vi lo que le estaba dando a Sam: Un pastelito relleno de chocolate. Y no sé si llevaría droga o algo dentro, pero fue darle un mordisco y adiós a la mala leche.

-¿Podéis pagar vosotros? Me la llevo fuera a ver si se calma un poco.


-¿Me vas a explicar ahora por qué te has puesto así con Freddie de repente? Parece que os lleváis muy bien y no quiero que os peleéis por cosas así. ¿Y por qué no te has tomado tu ración de dulce esta mañana? Sabes como te pones si no lo haces.

-Me he puesto así con él por eso mismo. Por no haberme tomado un pastelito esta mañana y lo siento, ahora le pediré perdón pero… mi casa es un maldito caos Carly. Mamá está dándole a la botella otra vez, a parte de que está arrasando con todo lo que engorde que haya en la casa.

-¿Está volviendo a beber?

-Sí, y me recuerda todos los días lo mucho que me odia.

Exacto. Mi madre estaba otra vez con el alcohol. Volvíamos atrás, a la época en la que volvía de clase y la veía o dormida en el sofá agarrada a una botella de vodka como si fuera su posesión más preciada, o tambaleándose para coger una botella nueva. Volvíamos a la época de Sam te odio y no vales nada.

-Dios mío Sam. Lo siento.

-Tranquila. Los chicos no saben lo del problemilla de mi madre y disimulé durante mucho tiempo. Nada me impide seguir haciéndolo.

-No debes guárdate las cosas para ti. Si en algún momento necesitas hablar con alguien hazlo, no quiero que vuelvas a ser la que eras hace unos años. No quiero que vuelvas a ser la chica que sale de fiesta para olvidar todo, no quiero que…

-Me convierta en alguien como mi madre que bebe y sale para olvidar las cosas y seguir adelante. Tranquila, nunca volveré a rebajarme a ese nivel.

-Ven aquí anda.

Muchas veces me pregunto que haría yo sin Carly. Sí, me había robado a muchos chicos y sí, era mejor que yo en muchas cosas que llamaban la atención de la gente pero… nunca me había tratado como alguien inferior a ella, nunca me había dejado de lado, nunca me había negado un abrazo cuando lo necesitaba y, en mi época de perrito faldero de Shannon, cuando casi todas las noches acababa borracha, nunca me había dejado tirada en la calle. Simplemente encajábamos. No sé que haría sin ella.

-Venga, sécate las lágrimas y ves a pedirle perdón a Freddie.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. Esto no podía ser sano. Me sequé las lágrimas con la manga de la chaqueta y me acerqué a Freddie con la cabeza gacha. Estaba muy avergonzada por haberlo tratado así hacía un momento.

-¿Me perdonas? – Le dije con un hilo de voz cuando estuvo frente a mí, mirándolo suplicante.

Él se quedó mirándome muy serio durante unos pocos segundos, que para mí parecieron horas, hasta que apareció en su rostro la media sonrisa que le caracterizaba.

-Se supone que el rey de las miradas de cachorrito soy yo. No puedes atacarme con mis propias armas, ojos chispeantes.

-¿Eso es un sí? – Pregunté esperanzada.

-Sí. Pero prométeme que te tomarás todas las mañanas esos pasteles drogados, si no, mi vida corre peligro.

-No llevan droga, llevan azúcar y eso es como un calmante para mí.


Cuando llegué a casa por la noche, encontré a mi madre justo como la esperaba: dormida en el sofá abrazada a una botella de Jack Daniel's. Me dirigí sigilosamente a la cocina, me preparé un bocadillo con lo poco que quedaba en la nevera y subí a mi habitación a estudiar.

Sin embargo, dos horas más tarde, algo me interrumpió, un sonido parecido al llanto. Y solo podía provenir de una persona. Mi madre.

Me levanté de la silla y bajé las escaleras con mucho cuidado para que no me oyera. Estaba sentada en el sofá, llorando desconsoladamente mirando una foto en la que salíamos papá, ella y yo. Por un momento creí que nos echaba de menos a los dos, a mí y a mi padre, pero cuando empecé a bajar las escaleras para decirle que yo también la echaba de menos… arrancó la parte de la foto en la que estaba yo, y la hizo añicos. Y como esa foto quedaron mi corazón y mis esperanzas de que las cosas volvieran a ser como antes:

Hechas añicos en el suelo.

Hasta aquí. Este sí que es mas largo, creo yo vamos, me ocupa 8 folios de Word. En fin, siento haber puesto a Gibby en plan capullo, pero bueno… ninguno de los personajes se comporta de forma normal en esta historia. Por cierto, haré que aparezca más Spencer, siempre se me olvida meterlo, y eso me muero de la risa con él. En fin… tengo la cabeza en otro sitio. No tengo nada más que decir, es tarde y debería ir a dormir así que…

Como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos ^^