"No puedo creer que este día haya llegado" Susurraba Bella dos semanas luego de haber sido expulsada de su casa.

"¿No te irás a echar para tras justo ahora, verdad?" La castaña sonrió cuando dos brazos la rodearon por detrás con fuerza, y la cabeza de su novio se apoyó sobre su hombro.

"Ni loca." Respondió simplemente, arrebujándose más contra su pecho, amando la forma en la que encajaba perfectamente allí.

"Será un viaje largo."

"Lo sé."

"Y nosotros dos seremos un desastre."

"Lo sé."

"Pelearemos mucho, me insultarás y darás portazos."

"Y te amaré, siempre." Bella se giró dentro de los brazos de su novio, y lo miró con una ceja arqueada. "¿Acaso estás intentando asustarme?"

Edward suspiró, bajando la cabeza, para rozar sus labios contra la frente de su castaña.

"No quiero que hagas nada que no quieras, ni que te arrepientas de nada."

"Sólo me arrepentiré de algo si no me escapo de este pueblo miserable en cuanto tenga la oportunidad, Edward. Si no me voy contigo ahora, me arrepentiré de eso toda mi vida." Susurró fervientemente, rodeando la cintura del cobrizo con sus brazos y estrechándose contra él. "Aparte, ni loca te dejaría ir sin mí a Seattle."

Edward soltó una carcajada y se inclinó para besarla suavemente.

Un para nada disimulado jadeo los obligó a voltearse, y Bella se quedó de piedra al ver a sus padres allí.

Reneé y Charlie, que habían ido a aquel barrio de malnacidos para intentar rescatar a su niña, desencajaban completamente allí.

Su ropa almidonada parecía salida de otra galaxia.

"¿Qué haces aquí?" Preguntó, con el ceño fruncido, mientras se ponía derecha, pero sin dejar de rodear la cintura de Edward con su brazo derecho.

"Vinimos a sacarte de aquí." Masculló Charlie Swan.

"Le hice comprender a tu padre que todavía seguías siendo nuestra hija, a pesar de todo lo que hiciste, y que todos cometemos errores alguna vez, cariño."

"¿Ah, sí?" Murmuró Bella, deseando que ambos se esfumaran de allí en ese mismo instante.

"Sí, Isabella, lo he comprendido, es por eso que vinimos a sacarte de aquí."

"No iré a ningún lado con ustedes."

Charlie abrió los ojos como platos, mientras observaba de hito en hito a su hija y al chico alto y tatuado que tenía al lado.

"¿Quieres decir que prefieres quedarte con este pecador antes que venir con tu propia familia?"

"Definitivamente."

"Isabella-

"¡¿Listos para irnos?!" Alice Brandon salió a la calle con un enorme bolso en brazos, y caminó directo hacia el coche de Rosalie.

Al reparar en el silencio que se hizo en la calle, se giró y su boca formó una perfecta 'o' al ver al pastor del pueblo y a su esposa allí.

"Hola, señores Swan."

Charlie y Reneé se limitaron a escudriñar a Alice de arriba abajo con desagrado, y sin responder al saludo, volvieron centrar su atención en Bella.

"Tú te vienes con nosotros."

"Claro que no." Susurró la castaña, soltando un suspiro. "Me voy con ellos."

Reneé estuvo a punto de sufrir un síncope, y miró a su hija como si fuera una desconocida.

"¿¡A dónde!?"

"Seattle. Me voy a vivir a Seattle."

Mientras Bella lanzaba la bomba, Rosalie y Emmett salían del departamento y cerraban la puerta con seguro, echando miradas curiosas a la conversación que se estaba llevando a cabo, pero sin interrumpirla.

"¡Tú no te irás a ninguna parte!" Charlie Swan avanzó unos pasos, completamente rojo por la furia, decidido a llevarse a Isabella de allí así sea a rastras.

Bella dio un paso atrás al ver cómo Charlie se acercaba, y Edward interpuso un brazo entre ella y su furioso padre, mientras hablaba con suavidad.

"No quiero meterme, señor Swan, pero si se atreve a poner una mano sobre su hija tendré que impedírselo."

"¿¡Impedírmelo!? ¡Soy su padre! ¡Tú no eres más que un mocoso descarriado que lastimará a mi Isabella!"

"Lamento tener que recordárselo, pero la única vez que vi a Isabella lastimada, fue por su culpa." Espetó con la mandíbula apretada, y Charlie lo miró aireado. "No voy a dejar que vuelva a golpearla, señor Swan."

"Es mi hija."

"Y es mi novia. Y creo que ella ya dejó bien claro en dónde prefiere estar."

"Isabella, este hombre está obligándote a hacerlo, ¿Verdad? ¿Verdad que sí, cariño?" Reneé sollozaba desde la acera, y Bella rodó los ojos.

"Nadie me está obligando a hacer nada, Reneé."

"Chicos, ¿Están listos?" Bella miró hacia su derecha, en donde el coche ya estaba en marcha, con el equipaje de los cinco dentro, y Rosalie, Emmett y Alice esperando.

La motocicleta estaba delante.

Bella caminó hacia Edward y tomó su mano, mientras tironeaba de él.

"Vámonos ya." Masculló, y Edward asintió mientras se giraba y se acercaba a la enorme moto negra.

"¡No puedes irte! ¡Eres una niña!"

"Adiós, mamá. Adiós, papá." Ignorando los gritos de sus padres, Bella se colocó el casco que Edward le tendía y se lo puso, para luego sentarse detrás de él y rodear su cintura con los brazos.

Un segundo más tarde, ya se alejaban de allí rápidamente, y Bella observó por el espejo retrovisor como sus madre sollozaba abrazada a su padre.

Extrañamente, no se sentía mal. Para nada mal. En realidad, estaba eufórica.

Bella decidió que quizás, si algún día decidía hacerlo, volvería a visitar a sus padres. Algún día.

Pero por ahora, en todo lo que podía pensar era en su futuro junto a Edward Cullen.

.

El viaje fue agotador, y a eso de las ocho de la noche, decidieron parar en un hotel a pasar la noche.

Bella se dejó caer sobre el colchón apenas salió de la ducha, solamente cubierta por una inestable toalla blanca.

"Isabella…" Edward le frunció el ceño desde la puerta del baño.

"¿Qué?" La castaña se apoyó en sus codos, por lo que el nudo se deslizó un poco más hacia abajo, mostrando una húmeda porción de sus pechos.

Edward casi gime, mientras se imaginaba inclinándose sobre ella y pasando la lengua con delicadeza por aquella suave zona.

"Si no te cubres apropiadamente ahora mismo, no respondo de mis actos." Masculló, y luego entró en el baño cerrando con fuerza la puerta.

Bella soltó una risita. Se sentía increíble tener ese tipo de poder sobre un hombre como Edward, que había visto más cuerpos de mujeres desnudas que lunas.

Inhalando con fuerza, la castaña se puso de pie y dejó caer la toalla al piso.

Sabía que dolería, y a pesar de la excitación, el miedo no desaparecía.

Pero también sabía que Edward sería todo lo bueno que pudiera con ella, que lo amaba, y que deseaba con todas sus fuerzas hacer aquello.

Abrió la puerta del baño lentamente, quedándose sin habla al ver el enorme cuerpo de Edward desnudo detrás de la cortina transparente de la ducha.

Él no parecía haberla oído entrar, pero en cuando ella corrió el plástico y entró en la ducha, Edward se giró rápidamente, abriendo los ojos como platos.

"¿Bella, qué-

"Quiero que me hagas el amor." Dijo, sin vacilar, y se felicitó a sí misma por dentro.

Observó con deleite como Edward tragaba saliva y bajaba la mirada hacia su cuerpo desnudo.

"Nena-

"No estoy borracha ahora. Estoy muy consciente. Y eso es lo que quiero, Edward."

Luego de unos segundos, que a Bella le parecieron horas, una lenta sonrisa comenzó a formarse en el rostro del cobrizo, que avanzó hacia ella mientras la tomaba por la cintura, atrayéndola hacia él.

"Entonces supongo que tendré que cumplir sus deseos, señorita."

Bella estaba en el paraíso.

La boca de Edward se movía sobre la suya sin descanso, mientras sus manos recorrían todo su cuerpo con lujuria.

"Cielos, cuánto te amo." Repetía de vez en cuando, mientras ella levantaba ambas manos para acariciar sus rebeldes y empapados cabellos con adoración.

La castaña nunca se había sentido así. Como si fuera a prenderse fuego en cualquier momento. Y le encantaba.

Cuando Edward la alzó en brazos y la sacó de la ducha, ella lo observó confundida, y él la soltó en el suelo del baño para dedicarse a secarla con una toalla lentamente.

Nerviosa, Bella cerró las piernas con fuerza, sintiéndose como una gelatina.

"Quiero que tu primera vez sea como debe ser, no en una ducha, Bella."

Ella suspiró.

Edward, el normalmente desastroso, inconsciente y bruto Edward, había escogido justo ese momento para ser todo un caballero. Justo cuando ella no quería que lo fuera, específicamente.

Cuando por fin pareció contento con el resultado, volvió a levantarla en brazos y la llevó en dos zancadas hasta la cama, en donde la soltó con delicadeza, mientras se recostaba sobre ella.

Su pecho, todavía húmedo, rozó los suyos lentamente mientras él besaba su cuello con suavidad, y Bella no podía imaginarse una sensación mejor a aquella.

Dolió, sí, pero luego de un momento, un indescriptible éxtasis se apoderó de ella, y no pudo parar de retorcerse bajo él con lujuria hasta que el increíble orgasmo los golpeó con fuerza.

Se corrieron abrazados, gimiendo cuánto se amaban el uno al otro.

.

El segundo día de viaje fue más rápido, o eso le pareció a Bella.

La adrenalina corría por sus venas mientras estaban cada vez más cerca de Seattle, y a pesar del frío, la chaqueta de Edward que lucía enorme en ella la mantenía muy abrigada.

Tardaron una hora y media en ubicarse, y cuando por fin consiguieron hacerse el camino hacia Belltown, todos estaban más que ansiosos por llegar.

El departamento era enorme, de techos altos y gigantescos ventanales. Le hacían falta muchos muebles y una buena capa de pintura, y Bella lo adoró.

Contaba con tres habitaciones y dos baños, una cocina, una sala de estar gigantesca y un comedor.

Convivir con otras cinco personas no sería fácil, para ninguno de ellos, pero los deseos de hacer que aquello funcionara eran más fuertes que cualquier duda.

"Lo amo. ¡Lo amo!" Bella, extasiada, se dejó caer sobre la cama de la que sería su habitación con Edward, mientras él depositaba las maletas frente a la puerta.

"Es lindo, y grande."

"Cuando estábamos llegando aquí vi un cartel en esa librería que está a un bloque de aquí, buscan empleados, ¿No sería genial que me tomaran allí?"

"No tienes porqué trabajar, Bella." Susurró el cobrizo mientras se sentaba junto a su novia, que estaba repantigada boca abajo en la cama. "Yo trabajaré en un lugar cerca de aquí y alcanzará para cubrir la parte de ambos." Edward levantó una mano y apretó el trasero de su novia cariñosamente, haciendo que ella se diera vuelta.

"Edward, debemos pagar muchas cosas, muchas."

"Lo sé, alcanzará."

"Y aparté de eso quiero ir a la universidad. Y quiero ayudar. Vine aquí para comenzar una nueva vida y eso es justo lo que haré." Se sentó frente a él, besando los labios fruncidos del cobrizo con dulzura. "No me molesta trabajar, me encantará hacerlo, y me encantará ayudar."

Edward suspiró, finalmente rodeando la cintura de su novia con un brazo.

"Está bien." Murmuró finalmente mientras se inclinaba para besarla en los labios.

"Te amo."

"Y yo te amo a ti."

"¡Y amo este departamento!" Volvió a exclamar la castaña mientras se ponía de pie para volver a corretear por todo el lugar bajo la amorosa mirada de su novio.

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¡Buenos días a todas! Quería agradecerles muchísimo por sus reviews, de verdad que son lo mejor que existe. Y bueno, este es el fin para esta historia, y sé que muchas de ustedes me van a odiar, pero realmente no le encontraba sentido a alargarla mucho más. Quizás, con el tiempo, haga un Epílogo de la vida de estos dos unos cuatro o cinco años más tarde, o algo por el estilo, pero eso está por verse.

Por otro lado, ¿Recuerdan la historia que les mencioné en el capítulo anterior? Bueno, sus reviews estuvieron empatados. Quiero decir que a algunas les gustó bastante la idea, y a otras directamente no. Ya sé que la idea está bastante trillada, pero siempre tuve la ilusión de escribir algo parecido, así que…Sí voy a escribir la historia. Eso sí, no ahora, sino dentro de un tiempo, cuando ya esté con menos historias por actualizar encima, o sino me van a odiar todas.

Y bien, creo que eso es todo.

Espero que les haya gustado esta historia, y muchas gracias por leerme y dejarme su comentario.

Un beso enorme. Emma.