¡Buenos días! Sé que no se esperaban otro capítulo más aquí, pero he decidido hacer una serie de outtakes de esta historia, ya que me quedé con ganas de escribir más sobre esta pareja. Agradezco a Old Brown Shoe por la idea, y espero que les agraden. Como ya saben, serán relatos diseminados de su vida, sin ningún orden en particular, y de verdad espero que los disfruten. Un beso enrome y gracias por el apoyo :)
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Isabella se acomodó mejor en su lugar, asegurándose de que nadie la veía desde donde estaba, escondida detrás del tronco y tapada por las largas ramas del sauce llorón.
Apesar de que su madre le tenía prohibido venir allí, y leer libros como el que ahora descansaba sobre su regazo, ella no había podido evitar ceder a la tentación. Y es que ese parque era el más bonito del pueblo, a pesar de quedar en la zona de "ellos", y ese libro era tanto más interesante de lo que tenía permitido leer.
Bella adoraba las novelas románticas, pero por desgracia, según su madre, le llenaban la cabeza de ideas erróneas acerca del matrimonio y de pensamientos no apropiados.
Y vaya que sí lo hacían...
La muchacha castaña cruzó las piernas y se inclinó hacia adelante, abriendo el libro por donde lo había dejado la última vez y acariciando las páginas con suavidad antes de retomar la lectura.
"Un beso en la oscuridad", era el título de la obra, y cumplía con todas las expectativas de la castaña. Mucho romance, mucha emoción y algo de peligro. También era bastante descriptivo con las escenas de sexo, algo que sonrojaba a la castaña y le impedía apartar los ojos de las páginas.
No quería imaginarse lo que sucedería si alguien la descubriera leyendo algo como eso, pero con dieciseís años, ella ya se consideraba lo suficientemente madura como para hacerlo.
"...Su piel era cálida y su cuello musculoso. Él la sostenía con el brazo izquierdo en su espalda, mientras que su mano derecha enseguida empezó a acariciar su muslo y su cadera. Lily le besó en la parte inferior de la mandíbula, notó la barba incipiente y su aroma natural a hombre mezclado con loción para después del afeitado."
Bella separó los ojos del libro suspirado, mientras se llevaba la mano a la boca y se acariciaba los labios sin despegar la mirada del sol que se filtraba por entre las ramas del sauce.
¿Qué se sentiría besar a un chico? ¿Sería tan mágico como lo describían los libros? ¿O se llevaría una desilución?
La castaña suspiró otra vez, deseosa de poder, por una vez en su vida, ser libre. Libre para experimentar todas esas cosas que una chica de su edad experimentaba.
Un primer beso. Un primer amor. Escaparse de casa para salir de paseo con sus amigas. Ir al cine. Ir a una fiesta y quedarse despierta hasta la madrugada.
Tantas cosas que ella no podría experimentar jamás...
Un alboroto a su derecha la arrancó de sus deprimentes pensamientos y Bella alzó la mirada, para encontrarse a Edward Cullen respirado agitadamente, luego de entrar con torpeza a aquella especie de cueva, e interrumpiendo la paz de la castaña.
-¿Edward?-El muchacho se giró para mirarla como si recién hubiese reparado en su presencia, y sonrió mientras la recorría con la mirada.
-Mira quien está por aquí. Pensé que no te permitían venir para este lado...
Edward Cullen era un idiota. Si, quizás esa sería la palabra más apropiada para describirlo. Se había emancipado a los dieciseís, y ahora, un año después, era un completo desastre. Bella sentía lástima por él. O envidia, quizás. Nunca había estado segura de cual de las dos emociones predominaba.
Edward había sido su amigo de la infancia, pero había decidido alejarse de todos los valores de su familia e irse para "el lado oscuro", según lo denominada su padre.
-No lo hacen. Pero este es el parque más lindo del pueblo.
-¡No me digas que ahora te dedicas a romper las reglas, Swan!
Bella bufó, desviando la mirada.
-Claro que no.-Susurró.-¿Estás bien?-Preguntó con el ceño fruncido al verlo tan agitado.
El cobrizo se encogió de hombros.
-Un tipo se enfadó porque le quité su dinero...Oye, ¿Qué tienes ahí?-El muchacho se inclinó y le arrebató el libro de las manos en un rápido movimiento, y la castaña gruñó mientras se ponía de pie.-Bueno, esto sí que no es la Biblia...
-¡Devuelvemelo!-Chilló la castaña, poniéndose de puntillas para alcanzar su libro, mientras Edward lo mantenía en alto, leyéndolo con una sonrisita en el rostro. Bella hizo todo lo que pudo por alcanzarlo sin tener que tocar a Edward, pero era prácticamente imposible.-¡Edward, basta, dámelo!
-No puedo creer que a la mojigata Swan le guste el porno.-Comentó, soltado una risita.
Bella se alejó de él, cruzando los brazos sobre el pecho mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de indignación.
-Eso no te pertenece.-Susurró con la voz quebrada y Edward por fin se dignó a bajar el libro y volver a mirarla.
Inmediatamente, su expresión se volvió seria, y cerró el libro.
-Oye, Bella, no-
-¿Vas a decírselo a mis padres?-Susurró la castaña, mientras dos gruesas lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas.
-Maldita sea, no-
-¡No maldigas!-Chilló Bella, que estaba roja como un tomate y a punto de salir corriendo. Edward rodó los ojos y soltó un suspiro antes de acercarse a ella y tenderle el libro.
-No quería hacerte llorar, Bella.-La castaña esbozó un mohín tan lindo que Edward no pudo evitar sonreírle, y estuvo a punto de extender la mano para secarle las lágrimas cuando ella levantó la manga de su sweater y se las secó de un manotazo.-No se lo voy a decir a nadie, lo prometo.
-Más te vale.-Masculló la muchacha, quitándole el libro de las manos, y Edward esbozó una sonrisita divertida.
-¿Qué vas a hacer sino?
Bella entrecerró los ojos.
-Preferirías no saberlo.
Edward soltó una carcajada, mirándola con los ojos brillantes desde su superior altura.
-Así que es cierto.
-¿Qué cosa?
-Que las buenas son las peores.
Bella rodó los ojos.
-No, no es cierto, Edward, y ahora, si me permites.
Bella se giró, comenzando a caminar hacia las ramas del sauce llorón para salir de su pequeña cueva.
-¿Bella?
-¿Sí?-La castaña se giró, con un pie dentro y otro fuera.
-¿Vienes aquí seguido?-Preguntó el cobrizo, con una sonrisita.
Bella se encogió de hombros.
-Sólo cuando puedo escaparme.
Edward sonrió mientras la veía marcharse. Era una pequeña mojigata, pero seguía siendo igual de linda que siempre.
Era una lástima que nunca se fuese a fijar en él. Una verdadera lástima.
Bella suspiró mientras caminaba de vuelta a casa.
Edward, a pesar de la forma radical en la que había cambiado, seguía siendo el mismo pícaro muchacho de cabellos revueltos.
Era una lástima que nunca se fuese a fijar en ella. Una verdadera lástima.
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Este primero es corto, es sólo una especie de prueba, prometo esforzarme más para el próximo. ¡Un beso y gracias por leerme!
Emma.
