Bella carraspeó y le sonrió, mientras se mordía el labio, a su reflejo.

"Estás espectacular." Dijo Alice detrás de ella, y la castaña se giró para mirarse de costado.

Ocho meses habían pasado ya desde que Edward le pidiese matrimonio luego de tatuarle su nombre en la cadera, ocho meses en los cuales habían echo tantas cosas que a Bella le habían parecido años.

Habían encontrado otro departamento para vivir ellos dos solos, como un matrimonio, se habían mudado, habían preparado su boda, que sería una pequeña celebración con las personas más cercanas a ellos, y Bella había comenzado con su tesis.

La castaña suspiró, mientras se alisaba la falda corta de su vestido.

Habían decidido que no necesitaban nada demasiado extravagante, no lo querían. Se casarían en el enorme jardín de la casa de Rocky, frente a sus viejos amigos, sus nuevos amigos de Seattle y sus compañeros de trabajo.

Bella sentí una pequeñísima opresión en el pecho, y sabía que era porque no sería su padre quien la llevara al altar ese día.

Jasper no era una mala opción, claro que no, pero como toda chica, desde los seis soñaba con caminar del brazo de su padre, para que luego él la entregara a su futuro esposo.

A pesar de los años que habían pasado, a Bella todavía le dolía. Le dolía saber que sus padres tenían tan arraigados sus prejuicios como para nunca volver a buscar a su hija. Era algo que escapaba a su comprensión, porque ella estaba segura de que cuando tuviera un hijo, lo amaría más allá de todo, sin importar las decisiones que tomara en su vida.

La castaña suspiró, decidida a dejar de sufrir por la testarudez de sus padres, y le volvió a sonreír a su reflejo.

Su vestido de tiras finas blanco, ajustado en el busto, caía luego con una falda de seda hasta arriba de las rodillas.

Tenía el cabello apenas recogido, con sus suaves ondas cayendo sobre sus hombros, y Alice había echo un trabajo espectacular con el maquillaje.

"¿Bells?" La castaña se giró para encontrarse a Jasper, muy atractivo en un traje azul marino. "Ya es hora. Si no bajas ahora, Edward va a hacer un pozo en el jardín de Rocky." Bella soltó una risita y se acercó a él, aceptando su brazo.

Alice se agarró a su otro brazo y así bajaron las escaleras los tres juntos.

Alice soltó un pequeño gritito y le dio un beso en la mejilla a la castaña antes de encontrarse con Rose en la puerta de vidrio que daba al jardín, y ambas se pararon en fila delante suyo.

Bella inspiró hondo, mientras me mordía el labio.

Iba a casarse. Iba a casarse con Edward.

Una suave música inundó el lugar, y su corazón se estrujó en su lugar.

Jasper le sonrió alentadoramente, y tomada de su brazo, la muchacha acanzó sobre el césped detrás de sus amigas.

Se le formó un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas cuando divisó a su cobrizo, parado delante de la pérgola, junto a Emmet. Él le sonrió y se mordió el labio mientras la recorría con la mirada.

Llevaba un traje gris impecable, que cubría todos sus tatuajes salvo el anillo en tinta negra sobre su dedo anular.

Era la primera vez que lo veía usar un traje, y se veía malditamente caliente. Bella prometió obligarlo a usar traje más seguido.

Soltó una risita nerviosa cuando su prometido le guiñó un ojo, y ella le tiró un suave beso al aire, intentando controlar las lágrimas que caían por sus mejillas.

¿Cómo era posible amar tanto a alguien? ¿Cómo era posible ser tan diferente a una persona, y complementarse con ella perfectamente?

Cada mañana, cuando Bella se levantaba y veía a aquel hombre hermoso durmiendo tranquilamente a su lado, creía que no podía amarlo más, pero lo hacia.

Cada día lo amaba un poco más, era un amor tan grande y completo que dolía, pero la hacia la persona más feliz del mundo.

En cuanto llegaro frente a la pérgola, Edward la rodeó con uno de sus brazos por la cintura y la estrechó contra él, secando sus lágrimas con el pulgar.

"Hola, mi amor." Susurró, antes de depositar un beso en lafrentede la muchacha.

"Hola, cielo." Respondió ella levantando la mano con la que no sostenía el pequeño ramo de rosas blancas para acariciar su pecho, tocando los botones de su camisa blanca. " Estas muy guapo."

Edward sonrió, una sonrisa desbordante de felicidad.

"Tú estás hermosa, cariño."

El pastor junto a ellos carraspeó, obligándolos a girarse con una sonrisita traviesa.

"Hoy estamos aquí reunidos para celebrar el amor de Edward Cullen e Isabella Swan, y unirlos en sagrado matrimonio..."Luego de eso, Bella ya no pudo escuchar más nada. Sólo pensaba en la mano de Edward, con sus largos dedos entrelazados con los de ella, y en el calor que desprendía su cuerpo a su lado.

Por el rabillo del ojo, le echó una miradita a Edward, que intentaba reprimir una sonrisita.

"Concentrate." Susurró él unos segundos luego, bajando la vista rápidamente para mirarla, y sonriendo antes de volver a mirar al pastor.

Bella se mordió el labio para evitar reírse.

Le era casi imposible concentrarse, pero finalmente lo hizo, justo en el momento en que deberían decir sus votos.

Habían estudiado sus votos como mínimo 100 veces. Los habían repasado hasta hartase. Pero en el momento en que se giraron, quedando frente a frente, todo se fue de su mente.

Todos la miraban, y Edward arqueó una ceja. Bella dedujo por su expresión que sabía lo que sucedía, y como buen novio que era, estaba a punto de reírse de ella, por lo que la castaña lo censuró con la mirada antes de suspirar.

"Edward..." La castaña bajó la mirada para tomar las manos de el cobrizo entre las suyas y jugar nerviosamente con los dedos.

"¿Si, cariño?" Preguntó él juguetonamente, con la malicia brillando en sus ojos verdes.

Bella lo fulminó con la mirada, pero le sonrió dulcemente al mismo tiempo.

"Cariño, estos últimos años contigo han sido los mejores años de mi vida. Tú me liberaste." La castaña inspiró hondo, buscando inspiración de donde sea que pudiese sacarla. "Me demostraste quién soy realmente, y me amaste de esa forma. Sin intentar cambiarme, ni reprimirme. Y ese es el mejor regalo que alguien me haya dado jamás." Bella se mordió el labio mientras estrechaba los dedos de Edward entre los suyos. "Tu amor es lo más valioso que tengo, y prometo cuidarlo, y cuidarte, por el resto de mi vida. Siempre te he amado, y siempre te he admirado, a pesar de no demostrarlo..." Bella sonrió mientras levantaba una mano para acariciar la barbilla del cobrizo. "Siempre adoré tu libertad y la forma en la que siempre serás tu mismo, sin importar a quien le guste. Tú me das fuerzas, me das seguridad, y nunca podré agradecerte lo suficiente por todo lo que has echó y has sido por mí. Te amo." Bella de encogió de hombros con una sonrisita en el rostro, mientras Edward procuraba no echarse a llorar como un idiota. "Te amo más de lo que nunca pensé llegar a amar a alguien, y este amor que tenemos no hace mas que crecer y crecer día a día." Bella suspiró y ladeó la cabeza. "Prometo estar siempre a tu lado, amarte, apoyarte y hacerte el hombre más feliz del mundo, mi amor."

Su pequeña audiencia estalló en aplausos, algunos de ellos con el rostro bañado en lágrimas, y Edward se inclinó para besarla en la sien.

"Vas a hacerme llorar y Emmett no me lo dejará olvidar jamás." Susurró, y Bella soltó una risita.

"Creo que quedas excusado para mariconear a gusto. Pero sólo porque es nuestra boda." Susurró la castaña, y Edward se alejó con una sonrisita en el rostro.

"Isabella..." Susurró un segundo después, mientras levantaba una de sus grandes manos para acariciar la mejilla de su castaña, que apoyó suavemente su cabeza contra su palma. "Mi pequeña. Antes de conocerte, mi mundo estaba vacío. Repleto de intentos por vivir el momento y por sentir algo de felicidad, pero completamente vacío de sentido. Y luego tú apareciste y me cegaste con esa increíble luz que tienes. Luego de ti, nada tuvo sentido salvo tu risa, tu felicidad y tu amor, cariño. Te convertiste en mi sol, en el centro de mi universo, y comprendí que contigo, no necesitaba ningún vicio para sentirme vivo. Sólo te necesitaba a ti. Agradezco al cielo todos los días por lo afortunado que soy al tenerte en mi vida, Bella. Eres la mujer más hermosa y adorable que se ha cruzado en mi camino alguna vez, y prometo cuidarte con mi vida por el resto de mis días, darte todo lo que necesites y hacerte la mujer más feliz del mundo." Edward sonrió mientras secaba las lágrimas que rodaban por las mejillas de la castaña. "Te amo." Susurró, antes de que los invitados a su pequeña boda volvieran a aplaudir, entusiasmados.

"Buena improvisación." Susurró la castaña mientras se ponía de puntillas y depositaba un cálido beso en su mejilla, y Edward le sonrió traviesamente. Él también se había quedado en blanco.

El resto de la ceremonia fue un borrón para Bella. Todo salvo el momento en que se colocaron los anillos, tapando los que tenían tatuados de antaño, mientras se miraban con adoración, o el momento en que el pastor le anunció a Edward que podía besarla, y él la levantó del suelo teatralmente antes de pegar sus labios a los de la castaña.

La celebración luego de la ceremonia sería un sencillo almuerzo en un salón cerca de su casa, que poseía unos enormes ventanales a modo de pared, lo que dejaba entrar la luz e iluminaba todo el espacio, con un total de 50 invitados.

A Bella le pareció perfecto e íntimo, pero se agarró la cabeza cuando Emmett se puso de pie y aclaró su garganta mientras golpeaba repetidamente su copa con una cuchara de té.

"Emm, ya te están escuchando." Le susurró Jasper cuando vio que su amigo no dejaba de golpear la copa. "Vas a romperla."

Emmett soltó una carcajada y dejó la copa sobre la mesa antes de hablar.

"Bueno... Como Bella no me eligió para llevarla hasta el altar..." Emmett carraspeó y se inclinó sobre la mesa para echarle una miradita acusadora a la castaña, quien le respondió rodándole los ojos. "Me toca decir el discurso, y es por eso que ahora voy a contarles la historia que todos quieren saber. ¿Cómo fue que este degenerado..." Emmett levantó una mano hacia Edward antes de moverla para señalar a Bella. "... Terminó casándose con esta dulzura? Pues, debo admitir que esto es gracias a mí." Sentenció, y Bella soltó una risita.

"No es cierto."

"Claro que lo es." Emmett sonrió engreídamente. "Podría haber llamado a alguno de los otros tatuadores, pero no lo hice. Llamé a Edward porque sabía que el idiota llevaba perdido por ti desde hacia años." Edward rodó los ojos y Bella sonrió, encantada. "Bella entró en ese bar toda asustadiza buscando hacerse un tatuaje, la primera mala acción de su vida, y yo llamé a Edward para que se lo hiciera, antes de verlo correr tras ella y besarla contra una pared. Y así fue como participé en esta historia de amor. Pueden agradecerme luego." Emmett volvió a sentarse, haciendo que los invitados soltarán carcajadas ante su ridículo discurso.

Alice también dijo algunas palabras, y su discurso fue tan emotivo que Bella no pudo parar de llorar mientras su amiga hablaba de lo mucho que Edward y ella merecían ser felices juntos.

Al final de la fiesta, luego de bailar hasta hartarse y de cambiarse de ropa, Bella y Edward se despidieron de sus amigos mientras se alejaban en un coche alquilado hacia el aeropuerto, en donde tomarían un vuelo para pasar dos semanas de luna de miel en Nueva York.

Edward hubiera querido llevarla a recorrer Europa y otros destinos extravagantes, pero Bella lo había convencido de que siempre había soñado con conocer Nueva York, y que ella no necesitaba ningún destino extravagante. Sólo lo necesitaba a él.

Después de todo, de eso se trataba. Estar juntos. Amarase durante semanas sin interrupción. Estrenar su reciente y maravilloso matrimonio.

Bella no podía sentirse más feliz mientras se abrazaba a su marido de camino al aeropuerto, y Edward sabía que no importaba cuanto hiciera ni cuanto le diera a Bella en su vida, nunca sería suficiente para compensar todo lo que ella le daba ni todo lo que ella significaba para él día a día.

.

Segundo Outtake, la boda! Espero que les haya gustado, y muchísimas gracias por sus reviews, son increíbles, todas ustedes! Un enorme beso y abrazo. Emma.