Hey, hey, ya estoy aquí. Muchas gracias por los reviews en el capitulo anterior. Ahora voy a ponerme solemne. Hoy, hoy, hoy es el día. Ese que todos esperábamos, el día en el que reivindicaremos nuestros derechos. Hoy es la Vendetta. Sí, hoy por fin ha llegado el día, y para que todo salga perfecto, necesitamos… Una Canción. Tremendo temazo de My Chemical Romance, Teenagers. 100% recomendable, sobretodo esos días que tienes ganas de gritar y desahogarte, es tremendamente efectiva. Lo de siempre, en cuando os avise, la ponéis. Nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly y la canción no me pertenece.
A pesar de la charla que había tenido con Freddie la otra noche, todavía no estaba preparada para contarle a nadie la verdad sobre mi padre y sobre mi pasado. No obstante, aquella conversación hizo que Freddie y yo nos uniéramos más, si es que se puede. Confiaba en mí, me había contado lo de su padre y… cuando me puse a llorar, no me obligó a mirarle. No tenía pensado abrazarle, pero era el único modo de evitar que viera aquella imagen que tan poco me gustaba de mi misma.
Sin embargo, este no era momento de pensar en eso, porque estábamos preparando nuestra Vendetta. La primera fase era desactivar la alarma. De eso nos íbamos a encargar Cameron y yo, ya que éramos los más rápidos, mientras que Freddie y los gemelos se quedaría fuera organizando a la gente que, tal y como se les había indicado en los correos, iban llegando en grupos cada cierto tiempo.
-Vamos Cam.
-A mandar Rubia.
-Nada más abra esta puerta – Le expliqué – corre como si de ello dependiera tu vida. No me fio de esa alarma ni un poco.
-De acuerdo – Respondió con seriedad. Era increíble la capacidad que tenía de poner los pies en la tierra en cuestión de pocos instantes.
Asentí, metí la llave en la cerradura y, tal y como habíamos acordado, en cuanto el cerrojo se abrió, irrumpimos en el instituto completamente vacío y fuimos a la oficina del director. Con el corazón en un puño y todo lo rápido que pude, abrí la puerta de secretaría y la del despacho para, una vez hecho esto, abalanzarme, literalmente, sobre la alarma e introducir el código de desactivación. No respiré tranquila hasta que apreté aquellos cuatro botones luminosos.
-Vaya lujo ¿no? Tiene televisión en el despacho y todo – Dijo Cameron toqueteando los botones de la pequeña pantalla.
-La verdad es que no me sorprende que tenga una televisión. Seguro que se pasa el día adorando a sus queridos…
-Alumnos. Sam… hay cámaras de seguridad en todo el instituto. Mira.
Tenía razón, ¿cómo no me había dado cuenta de que había cámaras en el instituto? No es el lugar más normal para ponerlas pero… lo podría haber arruinado todo de un plumazo por haberlo pasado por alto.
-Vamos a ver – Dijo agarrando el cable que salía de la pantallita y siguiéndolo –. Aquí está la cinta. Se rebobina un poco y… se desconecta. Ahora estamos fuera de peligro.
-Bien hecho compañero de crimen.
-Gracias Rubia. ¿Me concederías el honor de tenerte como ayudante para rellenar globos y pistolas de pintura?
-Con mucho gusto.
La gente iba llegando en grupos tal y como se había acordado, cada vez había más. Llegaban, cogían sus mascaras blancas y se metían en el auditorio para ayudar a los que ya estaban dentro a preparar las armas y el equipo. Lo de esta tarde iba a ser muy grande. Pasada una hora y viendo que no llegaba más gente, los gemelos y yo entramos en el auditorio. Habría como 300 personas entre las que estaban Carly, Gibby, Tasha (muy arrimada al novio de mi mejor amiga), Sam y Cameron que se estaban encargando de poner los cubos de pintura en los focos.
-Tenemos que hacer más cosas de estas para que te pongas esos pantalones – Le dijo Brison a Sam.
-Enserio… son unos pantalones normales y corrientes. No tienen nada de especial.
-Entonces no serán los pantalones, será que tienes un cuerpo escultural y todavía no eres consciente de ello – Dijo Cameron guiñándole un ojo.
-Muérome yo cada vez que me decís esas cosas – Dijo Sam sin tomarse enserio lo que le estaban diciendo.
No metían ninguno de los dos, Sam tenía un cuerpo escultural para ser tan bajita. A ver, no es enana, pero tampoco es alta, sin embargo me gusta llamarla Pitufa por que sé que le saca de sus casillas. Creo que odio que haga eso, que no se tome enserio los cumplidos que le damos. Odio a las chicas que son guapas y se lo creen demasiado, pero también odio a las que son tan humildes que llegan a considerase feas y no tienen ni idea de las cosas que podrían provocar con sus cuerpos si se sacaran más partido. Sam, que yo sepa, estaba en el segundo grupo. No se sacaba el partido necesario, pero cuando lo hacía, seguía teniendo ese rasgo de humildad. No sé cómo no se ha dado cuenta de que, si le decimos esas cosas, es por algo…
-Creo que eso ya está listo. ¿Pasamos a las indicaciones? – Dije yo para romper un poco el silencio que se había creado entre nosotros.
-Me parece bien. Coge el micro, lo hemos conectado Cameron y yo.
Obedecí, agarré el micro y me puse a hablar.
-Hola… esto… sentaos por favor, vamos a empezar a dar las indicaciones necesarias para que nuestro plan salga a la perfección esta tarde. Bien. Como todos sabéis estamos aquí para defender nuestros derechos y para evitar que esos matones de mierda nos maltraten día tras día en los pasillos sin que nadie haga nada al respecto. El plan es el siguiente: Tenemos dos horas para terminar de cargar las pistolas y de llenar los globos, después, cada uno cogerá dos pistolas con ellos, las cuales están pintadas de negro para que no se vean mucho, y esconderemos los cubos, negros también, con los globos por la sala. Sam, como hoy no va a cantar pues sería muy arriesgado para ella y para todos, irá con vosotros. Os esconderéis en dos clases, tres como mucho y se llevará con ella un walkie talkie. Gibby, que se quedará aquí, le dará la señal y entonces, saldréis todos y empezaréis a aporrear la puerta, otra señal y entraréis corriendo para poneros en las gradas. En cuanto Sam saque su arma, disparáis a muerte. Necesito que 10 de vosotros se queden detrás del escenario. Esas diez personas serán las encargadas de… digamos… calentar la cosa. Empujadles, rodeadles, haced una barrera para que no puedan huir. Lo más importante, es que no digáis ni una palabra. Está todo programado para que capten el mensaje.
-Después – Dijo Sam con el micro de Cameron – quiero que subáis al escenario, cojáis las piezas de la batería, amplis, todo lo que pueda probar que hemos estado aquí, salvo los sprays, y la pintura, y salgáis por patas. Cameron y yo hemos programado las cámaras para que se vuelvan a poner en marcha en dos horas y poco, será como si nada hubiera pasado. Hemos llamado a nuestros respectivos directores haciéndonos pasar por ellos y llegaran sobre esa hora. Pillarán a los matones con las manos en la masa y les culparán a ellos. ¿Está todo claro? En cuánto acabe la canción se sale de aquí con los pies en polvorosa. En coches y motos al puerto, allí montaremos la fiesta que queramos.
-¡VAMOS A QUEMAR EL GARITO! ¡HAREMOS QUE NO OLVIDEN EL 5 DE NOVIEMBRE EN SU MALDITA VIDA! – Gritó Brison por el micro, haciendo que todos aplaudieran como locos y se pusieran a gritar.
-Manos a la obra.
Estaba atacada, nerviosa y enfadada, Sam tenía razón. Esto de romper las reglas es adrenalina pura corriéndote por las venas. Y también lo son las ganas de partirle la cara a esa… maldita Tasha. ¿Hola? Espacio vital y personal que solo se puede atravesar si estás saliendo con una persona ¿es que nunca has oído eso? Es que no sé a quién darle primero, si a él por no hacer nada por evitarlo o a ella por no parar de hacer cosas que él no evita. ¿Pero cómo se atreve a manosear a mi novio de esa manera? Yo es que… la mato.
Una mano en mi hombro interrumpió mi flujo de pensamientos. Una mano de Brad.
-Relájate o deformarás la pistola.
-Es que… míralos. Solo les falta darse el lote.
-¿Entonces por qué no lo dejas con él? Se lo está ganando a pulso.
-Porque… no lo sé… debo ser masoquista o algo por el estilo. Gran parte de mí no siente nada por él, pero hay una pequeña parte que sigue… no sé…
-Lo hemos hablado muchas veces Carly. Casi tres horas telefónicas diarias dan para mucho. Además de que ayuda a conocerse. El caso es que… no debes dejar que te toree de esa manera, si dejas que lo haga creerá que puede hacer lo que le de la gana con otras chicas, aunque eso suponga ponerte a ti los cuernos, porque sabe que tu irás siempre detrás de él.
-Puede que tengas razón pero… es que es complicado.
-Date tiempo para pensarlo, pero no demasiado, siempre te digo eso, porque sé que meterte presión o decirte que te calmes cuando estás nerviosa te pone como una moto.
-Hace dos minutos me has dicho que me calme.
-Y mira – Dijo señalándome – te has puesto como una moto.
No pude evitar reírme. Tenía razón, estaba como una moto. Brad tiene esa capacidad para hacerme reír siempre, diga lo que diga, acaba sacándome una carcajada o una sonrisa, aunque él no pueda verlas.
-No te burles de mí que a ti te pasa exactamente lo mismo. Además, no creas que sabes tantas cosas sobre mí, porque estás muy equivocado.
-Eres alérgica a las fresas no puedes ni oler las artificiales, podrías morir en poco minutos si no tienes a mano el inhalador o las inyecciones de adrenalina en casos extremos. Odias que te digan que te calmes cuando estás nerviosa, te encanta cortar la fruta en forma de cubos, tu limonada especial solo te la puedes beber tú porque… bueno… no es del todo agradable al gusto. Por algún motivo extraño relacionado con una sorpresa de cumpleaños de Spencer, odias a las cabras con toda tu alma.
-Esa maldita cabra – Gruñí por lo bajo. – Pero yo también se cosas sobre ti.
-Demuéstralo.
-Odias las bromas de tu hermano, cuando quieres liberar tensiones te metes en el garaje, pones música a todo volumen y te pones a gritar hasta que te quedas sin voz, haces unos dulces de los que estás orgulloso y los cuales yo tengo que probar para ver si son tan buenos como dices, y… eres un flojo por que en el gimnasio apenas puedes levantar peso.
-¿Cómo que soy un flojo? – Sabía que lo había pillado por sorpresa.
-Eres un flojo, con esos bracitos no podrías levantar ni un saco de plumas. Hasta yo tengo más fuerza que tú y mira que tengo poca.
Entonces fue él, el que me pilló por sorpresa agarrándome en plan princesita y levantándome del suelo como si nada.
-¿A eso lo llamas tú estar flojo?
-¡Oye Rubiales! ¿Qué se supone que estás haciendo con mi novia?
Ya está, se acabó. Le voy a partir la cara.
-¡Déjame en paz un rato Gibby! – Grité saltando de los brazos de Brad - ¡Tómate una tila y vete otra vez con la zorra esa, se os veía muy entretenidos antes!
-Pero tú…
-Una sola palabra y te meto tal patada en la boca que te salen los dientes en fila uno a uno. Vamos Brad, sigamos a lo nuestro en otra parte.
Puedo jurar que Carly me ha oído reírme porque se ha girado a mirarme. A eso se le llama tener ovarios amiga mía, luego le prepararé un súper combinado de los míos en la nave del puerto como premio.
-¿Habéis visto eso? – Les pregunté a Cam y Freddie.
-Parece ser que la gatita tiene zarpas.
-¿Gatita? Eso ha sido una tigresa.
-Espero que eso le haga abrir los ojos a ese capullo de Gibby.
-A los de Carly mejor dicho – Dijo Freddie. – Puede que al fin se esté dando cuenta de que Gibby es una idiota.
-Más le vale. No me fío ni un pelo de Gibby y Tasha.
-Tíos – Cameron cortó la conversación de raíz – tenemos media hora antes de que vengan.
-¡MOVILIZACIÓN DE MASAS! – Grité con todas mis fuerzas. - ¡ATENCIÓN GENTE! – No me hizo falta micro para que todos se giraran a ver que pasaba - ¡FALTA MEDIA HORA PARA QUE LOS MATONES LLEGUEN, ES HORA DE MOVERSE! ¡VOSOTROS – Señalé a un grupo bastante grande de gente – ESCONDED LOS CUBOS! ¡VOSOTROS REPARTID LAS PISTOLAS Y ASEGURAOS DE QUE TODOS LLEVAN LAS MÁSCARAS PUESTAS! ¡GIBBY, VEN AQUÍ Y OCUPA TU SITIO! ¡¿DÓNDE ESTÁN LAS DIEZ PERSONAS VOLUNTARIAS?
Todo el mundo empezó a moverse como loco, como un grupo de hormigas cuando les tiras agua y se chocan las unas con las otras, un maldito caos se había montado en el salón de actos. Gente corriendo, yo gritando como una loca, los chicos escondiéndose para empezar a tocar, Gibby dando indicaciones de última hora… Con unos minutos de antelación, estábamos todos en nuestras posiciones.
La tensión que se había creado en todo el instituto se podía tocar con la mano. Los nervios, la tensión, la adrenalina, el miedo, la rabia, la sed de venganza… todo eso se acumulaba en las 300 personas que se escondían en las aulas y tras las cortinas del escenario del salón de actos. Sam estaba pegada a la puerta de la clase, asomando ligeramente la cabeza por el ojo de buey de la puerta, esperando a que las presas llegaran.
-Se dirigen al salón de actos – Susurró por el walkie talkie cuando los vio llegar. – Empieza el espectáculo.
Los deportistas entraron en el salón de actos y no se sorprendieron al verlo vacío, pues en los correos falsos se les citaba un poco antes que al resto de la gente para organizar el cotarro.
A medida que se acercaban al escenario, el pulso de Freddie se aceleraba y notaba como unas pequeñas gotas de sudor recorrían su frente. Estaba ansioso por empezar con todo. Buscó la mirada de Cameron, sentado en su batería agarrando las baquetas con fuerza. Solo una pequeña agitación de cabeza les bastó para empezar.
-Id saliendo – Les dijo Gibby a los voluntarios. – Sam, en 15 segundos estate en la puerta.
Se abrió una cortina, y los chicos empezaron a tocar la canción.
They're gonna clean up your looks
With all the lies in the books
To make a citizen out of you
Los deportistas estaban perplejos, no sabían qué estaban pasando, trataban de huir, pero aquellas personas no les dejaban escapar, se defendían de sus golpes y los empujaban. Mientras tanto, fuera del salón, Sam guiaba por los pasillos a la tropa. Sus ganas de destrucción aumentaban conforme se acercaba a la puerta y oía la música.
Because they sleep with a gun
And keep an eye on you son
So they can watch all the things you do
Contó hasta tres con la mano, levantándola lo suficiente para que todos la pudieran ver y, cuando Cameron empezó a tocar, todos empujaron la puerta al ritmo del bombo del joven batería, haciendo que los deportistas se asustaran más de lo que ya estaban y que todos sonrieran bajo sus máscaras.
Because the drugs never work
They're gonna give you a smirk
Cause they got methods of keeping you clean
They gonna rip up your head
Youre aspirations to shreds
Another cog in the murder machine
They say oh
Entraron todos en tropel en la sala, corriendo tan rápido como podían y, siguiendo las indicaciones, se quedaron de pie frente a los asientos, mirando fijamente al escenario.
Teenagers scare the living shit outta me
They could care less as long as someone'll bleed
So tuck in your clothes
Freddie, por su lado, se dejaba las cuerdas vocales en el micro con cada palabra que salía de su boca.
Or strike a violent pose
Maybe they'll leave you alone, but not me
The boys and girls in the clique
Sam, como si de una capitana del ejército se tratara, se llevó la mano a la espalda y agarró su pistola, cargada hasta los topes de pintura y apuntó al escenario. Y eso mismo hicieron todos, la tropa y los ayudantes. Apuntaban desafiantes a los deportistas quienes, antes de que pudieran reaccionar…
They offer names at the stick
You're never gonna fit in much, kid
But if you're troubled and hurt
What you got under your shirt
We'll make them pay for the things that they did
They say oh
Estaban cubiertos de pintura. Aquello era un espectáculo digno de ver a ojos de Freddie, pintura por todas partes, a chorros, a montones, aquello era una lluvia de color en toda regla. Trató de encontrar a Sam entre la masa de máscaras blancas, pero le fue imposible.
Teenagers scare the living shit outta me
They could care less as long as someone'll bleed
So tuck in your clothes
Or strike a violent pose
Maybe they'll leave you alone, but not me
Los ayudantes empujaban a los deportistas, que resbalaban en el suelo inundado de colores. La tropa disparaba y tiraba globos sin piedad.
Entonces pasó algo que no estaba planeado: Todos pararon de disparar y empezaron a cantar con Freddie, levantando las pistolas todos a la vez. Eran el ejército de la Vendetta.
They say oh
Teenagers scare the living shit outta me
They could care less as long as someone'll bleed
So tuck in your clothes
Or strike a violent pose
Maybe they'll leave you alone, but not me
All together now
Gibby tiró de la cuerda y los cubos de pintura cayeron sobre los deportistas, y se desplegó una enorme bandera en la que se podía leer: NOSOTROS PASAMOS POR ESTO TODOS LOS DÍAS Y AHORA VAIS A SABER LO QUE SENTIMOS.
JAMÁS PODRÉIS OLVIDAR EL 5 DE NOVIEMBRE.
EL EJÉRCITO DE LA VENDETTA.
Entonces se desató el caos. La gente subió al escenario, se disparaban pintura entre ellos, a los deportistas, incluso los chicos, que seguían tocando, se mancharos de pintura.
Se empujaban, si tiraban al suelo y conforme iba aumentando la intensidad de la canción, la ira aumentaba.
Teenagers scare the living shit outta me
They could care less as long as someone'll bleed
So tuck in your clothes
Or strike a violent pose
Maybe they'll leave you alone, but not me
Teenagers scare the living shit outta me
They could care less as long as someone'll bleed
So tuck in your clothes
Or strike a violent pose
Maybe they'll leave you alone, but not me.
El ultimo acorde la canción todavía estaba muriendo, y la gente ya estaba cogiendo piezas de la batería, amplificadores y guardando la bandera que habían sacado. Tiraron las pistolas al suelo, dejaron los cubos tirados por ahí… En tres minutos el salón de actos estaba vacío, salvo por los deportistas que seguían estando de piedra. Definitivamente, NUNCA olvidarían el 5 de Noviembre.
La gente saltaba en sus coches, en sus motos y corrían en dirección a la nave del puerto. Todavía no había podido localizar a Sam entre aquella marea de personas manchadas de pintura. Necesitaba celebrarlo con ella, era mi compañera de crimen. La idea había sido nuestra y había salido a la perfección. Estaba feliz, muy feliz, por fin se iban a acabar los golpes y los insultos, todo gracias a la mente pensante de esa rubia alocada.
Pocos minutos más tarde, había una macro fiesta montada en la nave donde ensayábamos. Cientos de adolescentes saltaban, cantaban, gritaban de alegría y bebían… ¿bebían? En fin… un día es un día. No. Mejor dicho. Hoy es nuestro día.
Salí de mi trance cuando, tras media hora, vi la cabellera rubia de Sam, manchada de pintura morada, roja y verde.
-¡Sam!
¿Dónde está? Joder. Llevo media hora buscando a Freddie y no hay modo de encontrarlo. Ya he abrazado a Cam, Carly, y a los gemelos, también compañeros del instituto me han abrazado, pero me faltaba mi compañero de crímenes que se había vuelto invisible al parecer.
-¡Sam! – Ese es él. ¿Dónde está? Maldita altura mía que no me deja ver nada. - ¡Estoy aquí Pitufa!
¿Pitufa? Ahora si que lo mato. Me metí entre la gente, empujando a todo el que se me ponía por delante hasta que di con Freddie. Cuando lo tuve frente a mí, le empujé haciendo que perdiera un poco el equilibrio:
-No me llames Pitufa, capullo – Un segundo más tarde, estaba sonriendo y saltando para darle un abrazo, haciendo que se desequilibrara del todo y nos cayéramos al suelo, entre las miradas perplejas de todos.
Tuvimos la mala suerte de que Cameron estuviera cerca porque…
-¡LOST BULLETS! ¡SÁNDWICH!
-No, no, no, no, no – Pero de nada sirvió decir aquello pues, en cuestión de segundos, Cameron, Brad y Brison estaban encima de nosotros riéndose de lo lindo.
Estaba segura de que nada ni nadie me podría arruinar aquel momento. Ni siquiera Carly y Gibby dándose el lote en una esquina. Nada podía arrebatarme esa felicidad que me daba Lost Bullets. Nada podría arrebatarme la felicidad que sentía cuando estaba con mi familia.
Hasta aquí. ¿Qué tal? ¿Vosotros también habéis medio odiado el capítulo de iCarly de ayer? Porque yo sí, y mucho. Enserio, como Dan vuelva a hacer a Freddie el perrito faldero de Carly, juro que vomitaré arco iris e inundaré su casa. He dicho.
Bueno, tengo un montón que estudiar, estoy en la recta final y me toca apretar todo lo pueda para sacar buenas notas.
Como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Besos ^^
