Hey, hey, ya estoy aquí. Gracias por los reviews del capítulo anterior, aunque no han sido muchos, pero bueno, es comprensible teniendo en cuenta que estamos a final de curso y hay mucho trabajo. La verdad es que aquí no tengo mucho que decir así que… nos vemos abajo.
Y, como siempre, iCarly no me pertenece.
Habían pasado unas semanas desde el funeral de Finny y las cosas no habían cambiado demasiado.
Habían sustituido a Finny por una rubia recién graduada que tenía a todos los tíos babeando por ella; los deportistas no se metían más con nosotros, incluso algunos se mostraban amables, cosa que era genial; mi madre había vuelto a su fase de novios diarios y cada día bebía más, por esto, todos los días me quedaba con Cameron y Freddie en la biblioteca hasta tarde y luego íbamos con los gemelos a la nave, a Zumolandia o a casa de ellos dos a ver una película. Y también tengo que decir que todavía no había superado lo de Finny, y cada vez me costaba más ocultarlo y eso me mataba de rabia porque no quería preocupar a los chicos.
-Rubia, sonríe.
-Eso. Echamos de menos a la vieja Sam.
-Estoy bien, es solo una racha, ya se me pasará.
-Seguro que lo que tengo que contaros os alegra a todos – Intervino Cameron – Tenemos un bolo.
-¿¡Un concierto? – Preguntamos todos a la vez.
-Exacto. Dentro de unas semanas es el cumpleaños de mi hermana y le estoy organizando una fiesta sorpresa en la nave. Quiero que toquemos. Ya lo tengo todo pensado, os iré informando.
-Es una idea genial – Dijo Brison.
Para nosotros, seguía siendo un misterio quién era la chica que le gustaba, pero cada vez hablaba más del tema y nos pedía consejo.
-Tiene razón – Dije yo – Ya ha pasado demasiado desde la última vez que tocamos en público.
-Bueno, cambiando un poco radicalmente de tema. Hermanito, ¿cómo te va con Carly?
-¿Cómo?
-Es verdad, últimamente hablas mucho con ella – Yo también empecé a meter baza.
-Es mi amiga, ¿es que acaso no puedo tener amigas?
-No si tu historial de mensajes con ella está lleno de corazoncitos y cumplidos nivel: Vomitar arcoíris – Apuntó Sam.
-Yo no tengo el… ¿¡Sam, cómo has cogido mi teléfono?
-Mamita tiene sus trucos. Mira, escuchad esto: Carly tienes una sonrisa preciosa, ¿te lo han dicho alguna vez?
-Dame eso, Sam.
Ella se alargó en el sofá, estirando los brazos para evitar que Brad le quitara el teléfono.
-Me encanta hablar contigo Brad, eres un gran chico, aunque seas un debilucho y luego pone dos puntos "P", y él le ha contestado con una carita sonrojada. ¡OOOOOOHHHHHHH! ¡Qué BONITOOOOOOO!
-¡Dame mi teléfono, demonio rubio!
Sam se levantó del sofá y empezó a correr por el salón huyendo de Brad que luchaba por recuperar su teléfono, mientras Cam, Brison y yo nos reíamos abrazándonos la barriga. No había día en el que, aunque alguno de los dos no tuviera el humor muy allá, Sam no me hiciera reír hasta que me dolieran las costillas. Tenía esa habilidad.
-No sé que haces con Gibby, eres demasiado buena para él. Eres un chico genial Brad, no sé cómo no tienes a mil chicas detrás de ti. ¿Soy la única que piensa que Sam y Cam hacen una pareja muy buena?
-¿¡CÓMO? – Gritaron los dos a la vez, haciendo que Brison y yo nos riéramos más todavía.
-Si lo sé… me traigo palomitas – Dijo Brison entre carcajadas.
-¿Quién quiere una tele… teniendo esto?
-La Rubia y yo no hacemos buena pareja. Míranos.
-Eso digo yo. Aarrgg, ¡qué asco! ¡Besar a Cameron!
-Eso digo… ¡Oye! ¿¡Cómo que qué asco? ¡No sabes como beso!
-Ni tú ni ninguna chica Cameron – Se vengó Brad.
-Espera, espera, dime que no es verdad eso de que nunca has besado a ninguna chica. Júramelo por el pollo frito del Kentucky Fried Chiken.
-Te juramos nosotros Sam – Dijo Freddie – que aquí donde lo ves, nunca nadie ha catado los labios de Cameron.
La habitación quedó en silencio durante unos segundos y, a pesar de que hice un esfuerzo inhumano por contenerme, empecé a reírme de manera incontrolada. Le pedía perdón y me disculpaba a cada segundo, sin embargo, pedir perdón mientras lloras de la risa… hace que las disculpas no sean muy creíbles.
-Perdón… lo siento… es que… no eres la clase de… chico que nunca ha… besado a nadie – No podía parar de reír.
-Eso mismo pensamos nosotros, pero es lo que hay.
-Ya vale de burlaros, ¿no? – Se quejó Cameron.
-Vale, vale, ya paro. Lo siento – Respiré hondo varias veces, hasta que conseguí controlar mi risa (aunque tenía que contenerme cada vez que miraba a Cam).
-¿Te llevo a casa Sam? – Se ofreció Freddie.
-Está bien. Nos vemos mañana, chicos.
Pocos segundos después de subir al coche, las risas se desvanecieron y el silencio llenó el coche. La Sam triste y decaída volvió a salir a la luz.
-Es por Finny, ¿verdad? – Le pregunté a la vez que encendía el motor.
-¿Cómo?
-Sigues pensando en lo de Finny, por eso estás así. No es una mala racha que se te pasará. Lo que en realidad ocurre aquí, es que sigues triste.
-Te odio.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Me conoces demasiado bien, te odio por eso.
-¿Quieres que te lleve a casa? – Repetí la pregunta.
-Sí.
-¿Quieres que te lleve a casa ahora? – Me corregí a mí mismo.
-No – Respondió abatida – Si por mi fuera no volvería a esa casa nunca más.
Volví a meterme en el mismo aparcamiento de la otra vez y apagué el motor.
-Siento que ya no soy bien recibida en mi casa. Mi madre ha tratado de tirarme botellas otra vez, la verdad es que todas las noches me hace algo, y si no es ella, son sus nuevos novios diarios. El otro día entré en el baño para ducharme, en MI baño, y había dentro un tío desnudo.
-¿Te hizo algo?
-No, lo eché a patadas de allí, pero mi madre me dio un buen par de bofetadas con su retahíla de insultos correspondientes después. Le he tenido que poner candado a la habitación para que no se vuelva a repetir.
-Y lo de Finny fue la gota que colmó en vaso ¿no?
-Se puede decir que sí. Es que… - parecía que trataba de buscar las palabras correctas para expresar lo que quería decir – nunca creí que un simple profesor podría llegar a significar tanto para mí. Me apoyaba, era la única persona que creía en mí después de… - se cortó a sí misma antes de terminar la frase y respiró hondo antes de seguir hablando – Ninguna otra persona me ha dicho que se sentía orgullosa de mí, ni me impulsó para que siguiera luchando por mis sueños. Solo una persona lo ha hecho, pero…
Supongo que estaba queriendo decir algo, se moría por dejarlo salir, pero no estaba lista todavía, y yo no quería ni iba a forzarla a hacer o decir algo que no quería.
-Me resulta complicado seguir adelante – Volvió a empezar a hablar – A veces tengo la sensación de que me van a fallar las fuerzas y me dan ganas de rendirme. Pero, siempre que me pasa eso pienso que… si estoy aquí, quiero decir… si estoy en el mundo, es por algo. Si estoy aquí es porque debo quedarme, porque tengo que hacer algo importante. Eso suele ser lo único que me ayuda a seguir adelante.
-¿Sabes una cosa? – Me miró – Estoy orgulloso de ti, y no lo digo por animarte, lo digo con total sinceridad. Puede que hace unos minutos te lo hubiera dicho más por subirte el ánimo que porque de verdad me siento así, pero ahora… te lo digo de verdad. Estoy orgulloso de ti, y no solo eso, sino que te envidio.
-¿Cómo puedes tenerme envidia? No tengo nada que envidiar. Mi madre es una puta y una borracha, no puedo entrar en mi casa sin un escudo y una espada para protegerme, no saco buenas notas a pesar de que ahora estoy estudiando como nunca, no…
-No me has entendido – Volvió a mirarme, y sus ojos decían justo lo que había salido de mi boca para interrumpirla – No te envidio ni me siento orgulloso de ti por algo material. Lo que envidio de ti es tu fortaleza y tu perseverancia. Tu valentía. Yo no tengo eso. Si a mí me pasa algo malo, me vengo abajo, me encierro en mí mismo y me convierto en un muerto en vida que solo quiere dejar de vivir. Me hundo en mi propia miseria, me sumerjo poco a poco en una especie de arenas movedizas. Me pasó con el abandono de mi padre y el intento de suicidio de mi madre, muchas veces estuve a punto de tirar la toalla, durante ese tiempo, cada día podía ser mi último día. Creía que solo había venido a este mundo para acabar más solo que la una, por que no tengo nada de especial, y a día de hoy sigo pensando que, tarde o temprano, pasará eso. Me quedaré solo y pasaré por la vida sin pena ni gloria. En cambio tú eres todo lo contrario. Sigues adelante y aunque tengas ganas de llorar, te ríes y haces reír a la gente, disfrutas de los pequeños momentos con los amigos y los aprovechas al máximo. Piensas que estás aquí para hacer algo importante, no para desaparecer sin ser recordado, como yo. Te envidio por eso.
-Vaya… Nunca lo había mirado desde ese punto de vista… Ahora te odio más todavía.
-Me anotaré eso: Los cumplidos y verdades aumentan el odio de Sam.
Ambos nos reímos ante ese comentario.
-Hagamos un trato – Dije para romper el silencio que se había creado.
-¿Un trato?
-Tú tienes que encargarte de que yo sea feliz y de cuidar de mí porque Finny te lo pidió.
-Y aunque no me lo hubiera pedido, lo habría hecho.
-Bueno, pues… tú te encargas de cumplir eso, y yo me encargo de evitar que te conviertas en un muerto en vida otra vez, y de demostrarte que estás aquí para hacer algo importante. ¿Trato?
-Acepto su oferta, futura señora de Cameron – Dijo, teniéndome su mano, con una media sonrisa y levantando una ceja con aire burlón.
-Muy bien. Trato hecho – Dije y, acto seguido, me escupí en la palma de la mano y cerré el trato apretando la suya con fuerza con la misma media sonrisa en la cara.
-Sam, eso ha sido asqueroso.
-No one mess with Momma.
-Eso me lo apunto también. Nadie se mete con mamá.
-Aprendes rápido.
Justo entonces, empezó a sonar mi teléfono con el tono que tenía asignado para mi madre. Mierda. Justo en ese momento me tenía que llamar. No podía coger el teléfono delante de Freddie.
-Voy fuera a hablar – Dije saliendo del coche a toda prisa - ¿Si?
-¿¡DÓNDE ESTÁS? ¡TE DIJE QUE NO VOLVIERAS TARDE A CASA! – Arrastraba las palabras, iba muy borracha. Aunque eso no era nada raro.
-Estoy con un amigo, enseguida voy.
-¿¡CON UN AMIGO? ¡SEGURO QUE TE ESTÁS REVOLCANDO CON ÉL EN EL ASIENTO TRASERO DE SU MUGRIENTO COCHE! ¡QUE NO SE OLVIDE DE PAGARTE DESPUÉS!
-Solo estamos hablando, en diez minutos estaré allí.
-¡Jonny está deseando que vengas! ¡Quiere conocerte MUY a fondo!
¿Cómo? ¿Conocerme? No puede ser… Mi propia madre va a dejar que uno de sus novios haga… dios sabe qué conmigo…
Por un momento dejé de respirar al asimilar aquel pensamiento. ¿Tan poco significaba para ella?
-¡No le hagas esperar mucho! ¡Conmigo solo no tiene bastante!
-¡PUES QUE ESPERE SENTADO PORQUE NO PIENSO IR A CASA! ¡NO SOY NINGUNA PUTA COMO TÚ! ¡OJALÁ TE MUERAS, OJALÁ ESTÉS MUERTA CUANDO LLEGUE MAÑANA A CASA! ¡TE ODIO!
Los gritos de Sam hicieron que saliera del coche. A sus pies tenía el teléfono, o lo que quedaba de él, y lo pisoteaba como si se tratara de el bicho más asqueroso de la tierra, mientras gritaba con todas sus fuerzas insultos de todo tipo. Me quedé de pie junto a la puerta del copiloto por miedo a acercarme demasiado y acabar como el teléfono. ¿Qué le podrían haber dicho para que acabara así?
Tras varios minutos, dejó de gritar, se dio la vuelta y dijo:
-Freddie, ¿te importa llevarme a casa de Carly?
-Sin problemas, es mi vecina.
-Gracias.
Nos volvimos a meter en el coche y puse rumbo hacia el Bushwell Plaza. Fue un trayecto silencioso y tenso, diría que incómodo, por lo que agradecí que no estuviéramos muy lejos de nuestro destino. Entramos en el edificio, subimos al ascensor y, al llegar a la octava planta, llamamos a la puerta de los hermanos Shay.
-¿Qué hay chavalines? – Nos saludó Spencer, un tanto nervioso, sin abrir la puerta del todo.
-Spencer, ¿está Carly?
-No, no está. Se ha ido a dormir a casa de Gibby.
-¿Sería mucha molestia que me quedara a dormir? He discutido con mi madre y no estoy en condiciones de volver. Podemos ver una maratón de películas.
-Pues… la verdad es que…
-Spencer – Se oyó una voz cantarina dentro del apartamento.
-Ya voy Tracy. Lo siento chicos, Sam no puede dormir aquí, que duerma en tu casa Freddie. Adiós.
-¡Spencer! – Gritamos los dos a la vez, pero ya nos había cerrado la puerta en las narices.
Vale. Esto era incómodo. Muy incómodo. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? Por unas o por otras Sam tiene que dormir en mi casa, en mi habitación. No iba a pasar nada raro, tengo un colchón en mi cuarto por que Cam ha dormido aquí muchas veces. Pero no es lo mismo juntar a dos chicos con hormonas revolucionadas en una habitación, que a un chico con hormonas revolucionada y a UNA CHICA en una habitación. Vamos a ver Freddie, céntrate, no vas a aprovecharte de Sam, básicamente porque… Sam no te llama la atención en ese aspecto. Pero tienes que buscarte una novia ya, pero ya, por que so de las hormonas hay que controlarlo.
Saqué las llaves del bolsillo, abrí la puerta, miré a Sam y dije:
-Después de ti Princesa Puckett.
Hasta aquí. ¿Qué pasará? No lo sabremos hasta el próximo capítulo que subiré lo más rápido que pueda :D. Espero que os guste y que…
Como siempre, dejéis vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Besos ^^
