Y aquí traigo el segundo *-*
Después de aquella mañana llena de besos, caricias y sangre, ambos continuaron por su camino. Stefan estaba escribiendo lo sucedido la noche anterior, plasmando todos sus pensamientos en el papel, al igual que también plasmó hasta el más mínimo detalle de lo que sentía hacia cada cosa que hacía con su hermano. Cerró los ojos, moviendo el bolígrafo entre sus dedos, mientras buscaba más recuerdos y más sentimientos que explicasen lo que había ocurrido.
Damon, sin embargo, estaba tumbado en el sofá, con la vista en algún punto fijo de la estantería de libros que tenía enfrente, con una buena copa de bourbon en su mano derecha. Escuchó un coche pararse en la acera, luego una puerta cerrarse, pasos y… Entró. No, no llamó al timbre, y aquello le sacó una sonrisa.
-Hola, Elena. –saludó cuando vio a la rubia llegar al salón, antes de que ella pudiese saludar, continuó hablando sin apartar la vista de su punto fijo. -¿Sabes lo que es el timbre? O, mejor, ¿sabes lo que es un puño y una puerta? –dijo con sarcasmo, a lo que Elena respondió rodando los ojos.
-¿Y Stefan? –la mirada de Damon se tornó oscura ante la pregunta, y con un movimiento de cabeza señaló a quién tenía detrás.
-Estoy aquí. –susurró el menor en el oído de ella. Elena se dio la vuelta y rodeó con sus brazos el cuello de Stefan. -¿Pasa algo? –ellos ya no estaban juntos, estaban analizando sus sentimientos aún. Elena se estiró hacia arriba y plantó un beso en los labios de Stefan. Éste, pasó su lengua por el labio inferior de la rubia, mientras colocaba su mano en la cintura de ella para pegarla más a sí. Eso fue puro reflejo, pero cuando acarició su columna, se transportó a otro momento y ya no era Elena a quien besaba, era a Damon. Imaginó su espalda ancha, bajo aquella camisa de seda negra, imaginó su olor a bosque, sus labios suaves y rudos, su pelo negro y suave. Aquello le hizo besar con más pasión a la chica, que malinterpretó los deseos del moreno. Mientras tanto, Damon observaba todo desde el sofá, miraba a Elena y Stefan con recelo y furia oculta. Con un gruñido, únicamente audible para Stefan, desapareció con su súper velocidad vampírica. El menor de los Salvatore se separó de la rubia y miró a su alrededor, buscando a su hermano.
-Se ha ido. –susurró Stefan, frunciendo el ceño.
-Estará en el Grill. –lo excusó Elena, a lo que el moreno respondió encogiéndose de hombros con aparente indiferencia.
Cerca de las ocho de la tarde, cuando el sol se estaba ocultando, dejando rayos de luz naranja sueltos, apareció Damon. Y no estaba solo. Una chica alta y pelirroja lo acompañaba de la mano, estaba muy borracha, pero podía andar, o eso le había hecho creer Damon. Stefan estaba tumbado en su cama, bajó tranquilamente las escaleras al escuchar la puerta y no pudo evitar llevarse una sorpresa al ver a la chica ahí. Había estado tan centrado en la presencia de su hermano que ni se había planteado que trajese a alguien con él.
-Oh… -se le escapó, decepcionado. Damon sonrió complacido.
-Stefan, ésta es Hilary, Hilary, mi hermanito Stefan. –presentó Damon con burla. Stefan sonrió falsamente y se encaminó hacia la escalera, pero una mano en su brazo lo detuvo. –Ven, vamos a divertirnos. –sonrió Damon y Stefan se negó en rotundo.
-Nunca más. –y de un tirón, se separó de su hermano y fue hacia su habitación. Allí se quedó dormido, escuchando su Ipod azul.
Algo húmedo y juguetón recorrió la mejilla de Stefan, pasando por su boca y llegando hasta su cuello. Éste abrió rápidamente los ojos y apartó lo que fuese que le estuviese haciendo eso. Se encontró con un Damon sonriente, con la boca manchada de sangre. Los ojos de Stefan se oscurecieron y contuvo sus instintos vampíricos.
-¿Qué haces? –preguntó cohibido.
-Jugar. –resopló Damon, acercándose de nuevo, pero ante la mirada de Stefan, se encogió de hombros con indiferencia y se dirigió a la puerta con paso tranquilo. Una mano lo detuvo, como había hecho antes él con su hermano menor. Lo miró por encima del hombro ocultando su diversión. Stefan tiró de él hasta atraerlo hacia sí y luego pasó su mano libre por el pelo del mayor, empujando su cabeza hacia delante. Delineó su labio inferior, como él le había despertado y ambos cerraron los ojos. Damon pasó su mano por la espalda de Stefan y lo pegó más a él. El aire ya no corría entre ellos. Abrieron los ojos al mismo tiempo y sus miradas colisionaron; verde contra negro. No, en contra no. Verde y negro fundiéndose en uno solo. Damon sonrió y lanzó a su hermano a la cama, cayendo él encima al segundo.
-Te gusta lo que te hago. –dijo el ojinegro entre besos y caricias. Stefan gimió asintiendo. –Dilo. –ordenó, frenando de golpe y mirándolo a los ojos con suspicacia.
-Me gusta lo que me haces. –jadeó Stefan y luego tironeó del pelo de su hermano. –Y yo te gusto. –medio preguntó el menor. Damon frenó otra vez sus juegos y se apoyó en la cama con ambas manos, mirando a Stefan fijamente, sin mostrar ninguna expresión. Luego se acercó de nuevo al rostro de su hermano.
-Me encantas. –ronroneó en su oído y luego mordió el lóbulo de su oreja. Stefan clavó sus uñas en la espalda de Damon y acercó su cara al cuello del ardiente hombre que tenía encima. Olfateó su aroma, aspirando fuertemente para grabárselo a brasas en su memoria y luego sacó sus colmillos. Los hundió en la piel de Damon, mientras el último pasaba la lengua por el cuello de su hermano, cuando sintió los dientes un jadeo se escapó de su boca.
-Stefan… -susurró, sintiendo el placer recorrer su cuerpo, como si fuese un cosquilleo impulsado por pólvora ardiendo. En un impulso clavó los dientes en el cuello de Stefan. Ambos chupando del otro. El menor apretó más fuerte al sentir a su hermano, que estaba rasgando su camiseta negra mientras succionaba en su cuello. Todo aquello lo estaba matando de placer, y más cuando sintió las manos de su hermano acercarse al cierre de sus vaqueros.
-Damon… esto está mal… -dijo Stefan, entre bocado y bocado en el cuello del otro. Damon se apartó y obligó a Stefan a hacer lo mismo. Sostuvo su mirada y posó sus manos en la cara del menor.
-Hemos hecho cosas peores. –susurró sonriente. –Además, estás libre y yo también, ¿qué problema hay?
-Elena… -pero Damon no lo dejó terminar, porque coló su lengua en la boca de Stefan, que lo recibió encantado.
-Elena nunca te hará lo que te hago yo. –concluyó el mayor, mordiendo el hombro de Stefan.
Me gusta cómo lo he acabado, no ha quedado mal. *-*-*-*-* Bueno, no me enroyo xDDD Adiós y ya veremos una próxima conti u.U
fuckyeahiansomerhalder!
