Capítulo 2 : Un curioso pacto.
Harry se sentó en uno de los sofás, con Ginny en brazos. En silencio, le observó el rostro, el cuello, los brazos, las piernas… buscando cualquier signo de que ella hubiese sido agredida, pero al no hallar nada que le indujese a pensarlo, tomó a la chica suavemente por la barbilla e hizo que ella lo mirase. El dolor de los ojos de Ginny se encontró de frente con la angustia de los suyos, y al mirarlo directamente, el llanto de ella se intensificó.
- Ahora mismo vas a decirme qué te ha sucedido – él le ordenó, intentando conservar en su voz una firmeza que se resquebrajaba por el miedo a las palabras que fuese a escuchar de su boca.
- Yo estoy bien, Harry, no te preocupes – ella afirmó entre sollozos. Intentó volverse a acurrucar en su pecho, pero él se lo impidió, elevando de nuevo su barbilla hasta que sus miradas volvieron a encontrarse – No quiero hablar de lo que ha pasado. Ahora no. Sólo deseo cerrar los ojos, dormirme en tus brazos, y soñar que nunca tendré que despertarme.
Él la observó, atónito; habría jurado que… Se llamó imbécil una y mil veces, pues aquel no era momento para estar pensando en que ella sentía por él aquello que no podía ser. Y más cuando acababa de decirle aquel mismo día que estaba apunto de casarse con otro.
- ¿Pero qué estás diciendo? ¡Si no me cuentas lo que te sucede, el corazón acabará saliéndome por la boca! ¿Crees que puedo quedarme aquí, tan tranquilo, viendo como sufres, y no sufrir contigo? ¿Y encima por algo que ni siquiera sé qué es? – la regañó.
- Sólo abrázame, y todo estará bien.
- ¿Qué estará bien, Ginny? ¡Por amor de Dios! ¡Yo no estaré bien! ¿Qué es toda esta locura? ¿Qué demonios está pasando aquí?
- He encontrado a Dean en la cama con otra – ella confesó de mala gana, vencida por la insistencia del chico, mientras él la miraba con ojos como platos – Pero no quiero hablar de ello. Sólo quiero que él desaparezca de mi vida, no volver a verle más, olvidarle; olvidar estos diez años que jamás debieron haber sucedido.
- ¡Maldito bastardo! – él gritó con todas sus fuerzas - ¡Ahora mismo voy a partirle la cara, allá donde lo encuentre! – hizo ademán de sentarla a un lado del sofá para poder levantarse, pero ella volvió a abrazarse a su cuerpo con desesperación.
- ¡No, Harry! ¡Yo no quiero que te enfrentes a él! ¡No quiero que nadie de las personas que me importan lo haga! ¡Él ya no es nadie en mi vida! ¡Sólo quiero olvidarlo! ¡Por favor!
Él volvió a abrazarla con mimo. Su cabeza no paraba de dar vueltas, totalmente confusa. Le parecía magnífico que ella quisiera olvidar a Dean, ¿pero porqué yendo precisamente allí? ¿Por qué demonios lo había buscado justo a él, y no a Ron, ni a Hermione, a sus otros hermanos, o a sus padres? ¿Por qué tenía que ser él, que tanto iba a sufrir con todo aquello? Se dijo que no debía tener un pensamiento tan egoísta, cuando ella tan mal lo estaba pasando. Si la chica había decidido que su papel en aquel drama iba a ser el del amigo paño de lágrimas, pues eso había que hacer. Qué remedio, no podía abandonarla por su propio egoísmo. Pero se juró para sus adentros que aquel tipo iba a pagar, y con intereses, todo lo que la estaba haciendo llorar.
- Ey, pequeña, tranquilízate – en cambio susurró a su oído dulcemente – Estaré a tu lado todo el tiempo que necesites, y mucho más.
- Invítame a una de esas copas como la que has usado para intentar echarme – ella pidió, deprimida.
- De eso, nada. Lo que voy a hacer es invitarte a una buena cena, que tú vas a cocinar conmigo; y después a ver una de esas pelis de aventuras muggles que tanto te gustan, en el espectacular cine del comedor de mi casa; habrá palomitas, por supuesto – ella no pudo evitar reír por la broma – Y por último te cederé mi habitación, que ya está preparada para dormir, y te acostarás y te dormirás como una niña buena. Y yo me prepararé la cama en cualquiera de las otras que quedan libres. ¿Qué te parece?
Ella asintió, complacida. Se puso en pie, lo tomó de la mano y tiró de él para que la siguiera a la cocina. El caminó tras ella, en silencio. Estaba alucinando con la increíble familiaridad con que ella lo trataba. Desde que había llegado a la casa, no había dejado de abrazarse a él, de pegarse a su cuerpo con tanta naturalidad, con tanta necesidad, incluso, que lo tenía desconcertado. En ese mismo momento lo cogía con fuerza de la mano, y estaba seguro de que si él intentara soltarse, ella no lo permitiría. Aquello sí que iba a volverlo loco, y no la otra noticia, que en el fondo le había henchido el corazón de alegría, pues nunca creyó que ese traidor fuese capaz de hacerla feliz.
Entre los dos prepararon una suculenta cena, de la que dieron buena cuenta. No hablaron prácticamente nada, pero Harry se sintió contento, pues Ginny se mostraba más serena y animada, incluso menos triste por momentos.
- Tendremos que dejar la peli para mañana – la chica dijo al final de la cena – Me siento agotada. Si te parece, voy a retirarme ya. No creo que pueda dormir, pero al menos daré descanso al cuerpo.
Harry sonrió alegremente; ese "mañana" que ella había pronunciado, le había sabido a gloria.
- No te preocupes, lo dejamos para cuando quieras. Márchate a dormir. Como te he dicho antes, la cama está preparada. Yo me iré a una de las habitaciones de invitados.
- No, Harry. Por favor, no me dejes – ella suplicó, con ojos tristes - Duerme a mi lado, sólo por esta noche. Si me quedo sola, no pararé de repetir en mi mente la maldita escena de esos dos revolcándose en la cama.
"Ese es el problema – él pensó – que es sólo por esta noche".
- Ginny, no creo que yo…
- Por favor, Harry. Acuéstate a mi lado. Sólo te pido eso.
"¿Y te parece poco? – se dijo a sí mismo, lleno de dolor". Se moría por cumplir el deseo de ella, pero por otro lado, sabía que no debía hacerlo, si deseaba mantener la cordura. Pero al mirarla y encontrarse con aquellos ojos suplicantes y abatidos, supo que todo lo que pudiese hacer para autoconvencerse de no dar su brazo a torcer, sería completamente inútil.
- Está bien, será como tú quieras – asintió, temiendo que aquella iba a resultar ser una de las mejores y a la vez peores noches de su vida - No has traído pijama, vamos a ver cómo podemos arreglar eso…
- Déjame uno de los tuyos – Ginny pidió con total naturalidad.
"Ya, y que luego jamás quiera volver a lavarlo, para que pueda mantener tu aroma. Lo último que necesito es un fetiche tuyo al que adorar como un idiota".
- Claro – no obstante aceptó – Coge el que quieras del armario ropero de mi habitación. Si te apetece, date una ducha y luego te cambias de ropa. Y cuando estés lista, me avisas y yo entraré a acompañarte. ¿Te parece?
Ginny asintió con una leve sonrisa, y suavemente, se abrazó al chico una vez más.
- Gracias, Harry. No sabes lo que esto significa para mí en este momento.
"Seguramente, no lo mismo que para mí".
- De nada. Para eso estamos los amigos.
Al escucharle, ella lo besó en la mejilla con dulzura; para gusto de él, demasiado dulcemente, y demasiado cerca de sus labios; peligrosamente cerca, él habría asegurado. Después, ella desapareció tras la puerta de la habitación de Harry, que cerró tras de sí.
Mientras el agua corría por el cuerpo de Ginny, bajo la ducha, la chica no dejaba de pensar en Harry. Había escapado hacia su casa como una niña malcriada, corriendo a esconderse en sus brazos, porque era sólo en ellos donde siempre había deseado estar, por mucho que llevase casi media vida negándoselo a sí misma; aunque en el fondo siempre hubiese tenido bien presente la única verdad. Sentía que por una vez, tan sólo por una vez en toda su existencia, merecía ser al menos un poquito feliz, después de todo lo que había sucedido; aunque supiera que tan sólo se estaba engañando a sí misma, pues él jamás llegaría a verla como ella lo veía a él. Lo había invadido en la intimidad de su propio hogar, sin preguntarle siquiera si estaba de acuerdo con ello o no lo estaba. Se había dado cuenta de que, obviamente, él había tenido otros planes sobre cómo pasar aquella noche, pero tampoco le había importado. Y luego aquel modo de abrazarlo, de pegarse a él como una desesperada… Sí, sabía que se estaba comportando como una pequeña mimada, y ella no era así, siempre se había mostrado fuerte y decidida ante todo y ante todos. Pero aquella noche lo necesitaba, cuánto y cómo lo necesitaba… ¿Era incorrecto lo que estaba haciendo? Quizá, pero por una vez en su vida, por una sola, deseaba vivir su mejor sueño, el que jamás se haría realidad. Deseó con todas sus fuerzas que Harry pudiera perdonar todo su egoísmo, y decidió que a la mañana siguiente se disculparía por todas las molestias que le había causado, pero no aquella noche, en que pensaba disfrutar de sus abrazos, de su calor y su ternura, por todos aquellos años en que jamás podría hacerlo.
Así que salió de la ducha, decidida a no volver a reprimir todos aquellos sentimientos que la habían estado ahogando por dentro durante tanto tiempo; al menos por esa noche. Se secó con una gran toalla que yacía pulcramente doblada sobre una pequeña banqueta, y después se enrolló en ella. Caminó hacia el gran armario ropero que ocupaba un lugar privilegiado del hermoso cuarto del chico, y tímidamente, casi de forma reverencial, abrió sus puertas, dispuesta a empaparse de la esencia de Harry, que sin duda residía en él. Halló pantalones, ropa de trabajo y de calle, y diversos trajes, camisas y corbatas, pulcramente colgados en perchas – sin duda, aquellos que usaba para pasearse acompañado de todas aquellas bellezas a las que ella tanto odiaba, por hartarse de envidiarlas - ; abrió uno por uno todos los cajones, cada cual destinado a un tipo de prenda diferente – jerseys, ropa interior, ropa de cama… Escogió un pijama en particular, lo tomó dulcemente en sus manos y se lo puso, encantada. Cuando hubo disfrutado suficientemente de sentirse arropada por él, abrió la puerta del cuarto y salió. Harry la esperaba ante ella, paciente.
- Has tenido que elegir mi pijama más viejo y usado – el chico dijo, divertido.
- Lo sé – él enarcó una ceja, pero no dijo nada. - ¿Dormimos?
- Durmamos – "el que pueda", añadió para sí.
Ambos se plantaron ante la gran cama de matrimonio que presidía la habitación de Harry, en silencio. La situación era a la vez incómoda y maravillosa para ellos, aunque los dos pensasen que para el otro no era nada más que un puro "trámite".
- Elige un lado de la cama – Harry le ofreció, galante.
- No, elige tú. Esta es tu cama.
- Yo estoy acostumbrado a ocuparla toda – él rió – En serio, elige el que quieras. Yo me adaptaré.
Ginny se acostó en el lado derecho, mientras Harry intentaba acomodarse en el otro lado, de espaldas a ella. Así que la chica se quedó contemplando su amplia espalda, sin atreverse a decir nada durante varios minutos.
- Harry… - susurró por fin – Te parecerá raro que yo esté haciendo esto.
- No voy a cuestionarte nada. Cuando te decidas a contarme lo que ha pasado, aquí estaré. Que descanses.
Él intentó olvidarse de que estaba compartiendo cama con la mujer de su vida, y trató de dormirse lo antes posible por todos los medios inimaginables. Se sentía nervioso, más aún porque no podía dar vueltas en la cama, - como estaba acostumbrado cuando se desvelaba - para no perturbar el sueño de ella. Harto de agobiarse, se tumbó lentamente boca arriba y miró al techo. La llegada de la chica le había sorprendido en todos los sentidos; no sólo porque la hacía disfrutando de una magnífica noche de amor junto a su flamante prometido, sino porque jamás habría esperado que ella le eligiese a él como paño de lágrimas para superar una ruptura, teniendo a su familia, a sus amigas… Cierto era que ambos se habían convertido en buenos amigos desde hace tiempo, pero Dean siempre había supuesto una barrera inquebrantable para que pudiesen compartir ciertas confesiones e intimidades. Una barrera que, al parecer, ya no existía. Además, ella era consciente de la animadversión que él sentía por Dean, desde que los dos se habían hecho pareja. Pensó que quizá ese fuera el motivo de haber acudido a él, la necesidad de compartir la rabia que sentía por Dean con alguien capaz de empatizar con ella. Fuera como fuera, Ginny no tenía ni la más mínima idea de la debacle emocional que había desatado en él al acudir en su busca.
Se planteó qué haría al día siguiente, cuando al levantarse, se diese cuenta de que su vida ya no volvería a ser la misma, nunca más. ¿Aceptaría el trabajo en Canadá, sin siquiera tomarse un tiempo para pensarlo? ¿Sería eso lo que haría: salir huyendo para no sufrir todavía más? Lo que menos deseaba era huir, después de haberse pasado diez años fingiendo. Estaba harto de ser alguien que no era, sólo para poder conservar la amistad de la chica; hasta las narices de mostrar una alegría que en absoluto estaba sintiendo, una despreocupación que le hacía parecer libertino, en vez de libre, para proteger su maltrecho corazón con una coraza que, día a día, le hundía en los habismos de la melancolía y la tristeza. Siempre se había alegrado de que ella fuera feliz con Thomas, pero quizá fingir no había sido la mejor opción para poder soportar tenerla cerca y no volverse loco, ni para que ella le valorase como un buen amigo; los buenos amigos no mienten. Pero tampoco podía plantarse ante ella, con todo lo que la chica estaba sufriendo, y decirle: "mira, va a ser que llevo diez años queriéndote". Así que decidió que si iba a decir la verdad, la diría a su modo, y en el momento oportuno. Y que pasara lo que tuviera que pasar.
Lo que sí tenía clarísimo, diáfano, era que nada más despuntar el alba, no iría a hacer una visita, como tanto ella temía, sino dos. Y no pensaba regresar con las manos vacías.
Inesperadamente, el sonido de una leve respiración llena de pesar en el silencio de la noche, le alertó de que Ginny estaba llorando. Se giró hacia ella, enternecido.
- Tengo frío. ¿Me harías el favor de acurrucarte entre mis brazos? – le sonrió con dulzura, aparentando no haberse dado cuenta de que ella estaba llorando, para no violentarla, aunque ambos sabían que la chica ya se había percatado de ello.
Ella se limpió las lágrimas de los ojos con las manos de forma disimulada, sonrió también, y se acomodó pegada a su cuerpo, con la cabeza apoyada en su pecho, de espaldas a él. Harry la abrazó amorosamente, en silencio, y cerró los ojos.
- Buenas noches, princesa.
- Buenas noches.
Un dulce y tranquilo sueño los arropó con su manto.
ooo00O00ooo
Cuando Ginny despertó, ya un descarado rayo de sol se había colado en la habitación, hasta alcanzarle de lleno en el rostro. Por la inmensa luz que se colaba a través de la ventana, estaba claro que hacía horas que había amanecido. Pensó que era increíble que hubiese sido capaz de dormir toda la noche de un tirón, tras haber esperado no pegar ojo. Pero sabía que todo se lo debía a Harry, únicamente a él, que la había arropado y reconfortado con una delicadeza y sensibilidad incomparables. A la luz del día, y después de haber pasado aquella noche junto a él, la inmensa tragedia que le había parecido la traición de Dean el día anterior, la lanzaba ahora a un mundo nuevo, lleno de ilusiones y promesas. Al darse cuenta de que estaba comenzando a aferrarse a un sueño de fantasía que no estaba destinado a ella, se obligó a bajar de las nubes y afrontar la vida tal y como era en realidad: acababa de perder a un prometido, del que ahora se daba cuenta que se había liberado, pero el hombre de su vida seguía sin quererla. O sea, se había quedado sola; aunque en absoluto le importaba. Después de haber pasado la noche en brazos de Harry, prefería pasar sola el resto de su vida a volver a vivir una mentira como la que había protagonizado junto a Dean.
Se desperezó, y al hacerlo se dio cuenta de que ya no estaba siendo abrazada por el atractivo moreno. Miró a su alrededor; se había quedado sola. Decidió levantarse y buscar a Harry. Seguramente lo hallaría desayunando en la cocina, o haciendo quién sabe qué. Recordó que, para él, aquel iba a ser su primer día de vacaciones. Así que bajó a la cocina, nerviosa por cómo se comportaría él dado todo lo sucedido el día anterior, y dispuesta a pedirle perdón una y mil veces si fuera necesario. Pero no lo encontró, ni allí, ni en el resto de la casa.
Estaba comenzando a preocuparse cuando un sonido que ella bien conocía se escuchó desde la chimenea del comedor: alguien acababa de hacer uso de la red flu para acceder a la casa.
- ¿Harry? – preguntó, apresurándose a entrar en el cuarto.
- ¡Aquí estoy! – la familiar voz del chico se hizo escuchar desde allí.
- ¡Harry! – Ginny ser acercó a él con alegría – Me he asustado muchísimo al despertar y no encontrarte. - De pronto calló, reparando en un golpe que él mostraba en el rostro y que estaba comenzando a adoptar un color morado intenso - ¿Qué te ha pasado? –intentó observarle la cara de cerca, pero él se lo impidió, apartándose de su lado con un suave pero firme tirón, mientras comenzaba a caminar hacia la cocina.
- Ha sido Dean, ¿verdad? ¡Por amor de Merlín! ¡Has ido a pelearte con Dean, cuando anoche te pedí expresamente que no lo hicieras! – le gritó, más preocupada por la salud del chico que molesta.
- No sé de qué estás hablando – él respondió, ignorando su mirada para comenzar a prepararse el desayuno – Me he golpeado en la bañera al darme una ducha esta mañana. Y después he ido al Ministerio de Magia, a ultimar unos asuntos que dejé pendientes, antes de irme definitivamente de...
- ¿De dónde? – ella lo interrumpió, súbitamente nerviosa.
- De vacaciones – él terminó, atónito.
- Ah, sí, claro. Y yo soy Hagrid – la pelirroja afirmó con sarcasmo, recuperando su actitud enfadada.
- Tú verás si lo eres, pero eso es lo que ha pasado. ¿Piensas marcharte ahora o vas a desayunar conmigo? – preguntó, intentando aparentar indiferencia, pero apenas pudo hacerlo. Temía que ella respondiese que estaba apunto de irse, que aquel maravilloso sueño había terminado.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho? – le habló con dulzura, mientras acariciaba su rostro con mimo para que él no se negase.
- ¿Hacer qué? ¿Caerme en la bañera? Será porque soy un patoso – mantuvo su mirada seria estoicamente, sin dar su brazo a torcer.
Ginny suspiró, resignada, y lo besó en la mejilla; él sonrió, complacido. Cuando ambos hubieron terminado de preparar el desayuno, se sentaron uno frente al otro. Harry tomó El Quisquilloso de encima de la mesa y se puso a ojearlo distraídamente.
De pronto, el sonido de un teléfono móvil se adueñó completamente del lugar. Ginny corrió a coger su teléfono muggle, que descansaba encima de la mesa de la cocina, donde la noche anterior lo había abandonado de forma descuidada. Se había visto obligada a comprarlo cuando decidió residir en un barrio muggle, donde no podía mostrar sus dotes de bruja en ningún sentido. La chica miró el número que aparecía en la pantalla del artilugio, y descolgó la llamada, extrañada.
- Buenos días, Sr. Roberts. ¿En qué puedo ayudarle? – a medida que iba escuchando la respuesta, su rostro iba adquiriendo una palidez preocupante, que a Harry no pasó desapercibida - ¡Pero Sr. Roberts! ¡Sé qué acordamos usted y yo, pero…! – tuvo que callarse, ya que fue interrumpida por la apresurada voz que surgía del otro lado – Se lo ruego, no me haga esto… - escuchó – necesito más tiempo… - se mordió los labios nerviosamente – Entiendo… No, no se preocupe. Lo haré como usted dice. Gracias a usted – Colgó con ademán hundido.
- ¿Qué pasa, Ginny?
- Harry… - lo miró, abatida - Tengo otro problema.
Él enarcó una ceja, preocupado.
- Mi casero me ha echado del piso. ¿Recuerdas que te comenté que el señor que me alquiló el piso, lo hizo con la condición de que lo abandonase inmediatamente, en cuanto él encontrase un comprador?
- Ajá, lo recuerdo. Continúa.
- Pues ya ha aparecido uno, y al parecer muy desesperado por ocuparlo. El Sr. Roberts, mi casero, acaba de llamarme para pedirme que desaloje el piso esta mañana.
- ¿Y eso? ¿A qué viene tanta prisa?
- Me ha dicho que su comprador hará efectiva la compra, siempre y cuando pueda disponer del piso esta misma tarde. No he podido decirle que no, ya que necesita urgentemente el dinero – se puso en pie, nerviosa - ¡Por Merlín! ¿Es que todo me tiene que salir mal a la vez? ¿Qué voy a hacer ahora? ¡No me marché de casa de mis padres para tener que volver allí con el rabo entre las piernas! ¿Y cómo narices voy a conseguir mudarme en tan sólo una mañana? – gritó, más frustrada y enfadada a cada momento que pasaba.
- Muy fácil. ¿Se te ha olvidado que yo estoy de vacaciones? – él dijo con total tranquilidad – Tú y yo, mano a mano, podemos hacer la mudanza en tan sólo un par de horas. El anterior dueño de tu piso es muggle, pero nosotros no – le guiñó un ojo de forma cómplice.
- No es mi piso – ella puntualizó con enfado.
- Ah, sí, claro – por un momento, su rostro enrojeció de forma adorable, aunque a Ginny le pareció sumamente extraño – Bueno, sea como sea. Te diré lo que vamos a hacer: En cuanto acabemos de desayunar, tú y yo nos iremos al piso y lo embalaremos todo en las mismas cajas que tú usaste para mudarte allí; eso nos costará un par de horas a lo sumo. Pero de todas formas, tendremos que disimular durante unas cuantas horas más, para hacerla parecer una mudanza normal. Ese es el inconveniente de vivir en un barrio repleto de muggles – añadió con jovialidad, en tono de burla, algo que consiguió que ella le traspasase con la mirada, y que él comenzase a reír, divertido – Por supuesto, ahora mismo voy a contratar un servicio muggle de mudanzas para que se lo lleve todo, y así hacer la pantomima creíble hasta el final.
- ¡Todo eso me parece maravilloso! ¿Pero dónde vamos a llevarlo, listillo? No pienso volver a vivir con mis padres, ya te lo he dicho.
- Lo traeremos aquí, enana, y tú te mudarás a vivir conmigo hasta que encuentres un nuevo piso a tu gusto, donde llevar todos tus trastos. Yo no voy a pedir cuentas de tus actos.
Ella enmudeció.
- ¿Lo dices en serio?
- ¿Bromeo yo con las cosas importantes? Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. Y si finalmente yo me marcho a Canadá, podrás quedarte a vivir tú sola, si lo deseas. No pienso cobrarte alquiler.
Al escuchar de nuevo la posibilidad de la próxima marcha del chico a Canadá, ella adoptó una pose todavía más seria silenciosa.
- Entonces, será mejor que nos vayamos cuanto antes – dijo con voz seca, cuando se vio capaz de reaccionar – Voy a vestirme y bajaré en cinco minutos – y se marchó rápidamente, dejándolo a él cada vez más confundido por su extraña actitud.
ooo00O00ooo
Al llegar al piso situado en el barrio muggle donde Ginny había estado residiendo desde que se convirtió en jugadora profesional de quidditch, y que había elegido con la intención de alejarse todo lo posible de los periódicos mágicos que no dejaban de acosarla, el dueño del piso los estaba aguardando con impaciencia. Fue muy curiosa la mirada que el hombre dirigió a Harry, mezcla de infinita sorpresa y algo de temor, y que el chico no pareció notar, pero que a Ginny no pasó desapercibida; aunque ella decidió no hacer preguntas, pues bastantes problemas tenía ya como para intentar inmiscuirse en los asuntos de los demás.
Harry y Ginny pasaron el resto de la mañana embalando los pocos enseres que la chica había llevado con ella al piso; los muebles ya estaban allí cuando ella lo ocupó. No era mujer de acumular cosas, ni siquiera recuerdos; fueron pocas las fotos que tuvieron que guardar, y en todas ellas aparecía la familia de la chica, incluido Harry. Y algo que al chico pareció sumamente extraño, fue que nada en aquel lugar hacía recordar que ella había tenido novio durante diez años: no había señal de Dean por ninguna parte, ya fuera ropa casualmente olvidada, o algún objeto personal. Tampoco él quiso preguntar algo que realmente no le incumbía. Lo que sí poseía eran libros, bastantes libros, no de texto como los que habría tenido Hermione, de ser ese su hogar, sino novelas de temas variados, con las que ella sin duda se relajaba durante los pocos momentos libres que podía disfrutar, dado su trabajo y su anterior relación amorosa con Dean.
Así que, realmente, la mudanza podría haber resultado muy rápida, y más con ambos jóvenes usando sus varitas. Pero decidieron tomársela con la mayor calma posible para pasar el tiempo hasta que llegase el camión de mudanzas que Harry había contratado para final de la mañana.
Durante el todo el tiempo que pasaron allí, Ginny se mostró seria y poco comunicativa. En principio, él no quiso importunarla con sus preguntas, pero a media que iban transcurriendo las horas y la actitud de la chica no mejoraba, él se iba preocupando más y más, hasta que no pudo seguir aguantando aquella situación.
- Te ha dado el bajón por tu ruptura con Dean, ¿no? – preguntó con sencillez – Era de esperar.
- Tú no tienes ni idea de lo que me pasa – ella respondió con acidez; pero al ver que le había hecho daño, suavizó el tono de su voz – Perdona, Harry. Sí que es cierto que me duele muchísimo lo que ha sucedido, pero no por los motivos que tú crees. Me duele porque él me ha mentido, me ha engañado, traicionado, no porque realmente me importe o no que lo haya hecho. Teníamos un pacto, un acuerdo, que podía ser un acierto o un error, pero era una promesa, y él la ha traicionado – él la observó con ojos desorbitados – Es difícil de explicar, y ahora no tengo ganas de hacerlo. Siento un vacío, una pérdida, porque estaba demasiado acostumbrada a tenerlo a mi lado, y eso no se puede olvidar de la noche a la mañana. Tú no puedes comprenderme.
- Yo puedo comprender muchísimas más cosas de las que tú imaginas – él replicó con amargura – Quizá eres tú quien no es capaz de comprenderme a mí.
- ¿Acaso alguna vez tú me has abierto tu corazón para que yo pueda hacerlo? – ella preguntó con creciente enfado.
- ¿Y tú me has abierto a mí el tuyo? – él le reprochó, contagiado del enfado de la chica – Claro que no. Tenías otro corazón mucho más interesante que explorar, ¿no te parece?
- ¿Y a ti qué demonios te importa, si lo único que te llena es desfilar en las fiestas del Ministerio de Magia con rubias despampanantes colgando del brazo?
- ¡Ya! ¡Por eso estoy aquí, contigo!
Ella se dejó caer en un sofá, avergonzada.
- Perdóname. Lo que tú necesitas es irte por ahí de fiesta, ahora que puedes, en vez de estar aguantando a una tonta, egoísta y deprimida como yo.
Harry se sentó junto a ella y le acarició la mejilla dulcemente, arrepentido de haberle gritado.
- Lo que yo necesito, son unas buenas vacaciones, tiempo para pensar, lejos de todo y de todos. Y tú también lo necesitas. Así que yo pago la gasolina, y tú conduces.
- ¿Cómo? – su mirada de extrañeza era casi graciosa, pues no había entendido nada de la última frase que él había pronunciado.
- Es un dicho muggle: "Yo pago la gasolina y tú conduces". En este caso significa que yo pago las vacaciones y tú eliges el destino. Dos semanitas donde a ti te de la gana, tú y yo, solos, y nadie a quien dar explicaciones. ¿Qué te parece?
Ginny parpadeó varias veces, mirándolo como si no lo conociera.
- ¿Qué pasa? ¿Cuánto tiempo de vacaciones te han dado en las Hollyhead Harpies?
- Un mes y medio – apenas balbució, atónita.
- Entonces, tenemos tiempo de sobra. Tan sólo estaremos fuera dos semanas. ¿No te gusta la idea?
- No es eso, me encanta. Es sólo que…
- Que esperabas compartir esas vacaciones con Dean una vez casados, no conmigo. Tranquila, ya lo sé, no te preocupes por eso. A mí no tienes que darme ningún tipo de explicación, ya te lo he dicho antes.
- ¡No es eso, Harry! ¡Es sólo que…!
- ¿Qué?
- Nada. Me parece una idea genial. Me apunto – por un momento, quedó pensativa - Y tengo un lugar perfecto para estas vacaciones: un pueblo pequeñito, en mitad de la campiña escocesa; Hope Avery.
- Hope Avery… me suena, pero ahora no consigo saber de qué. ¿Por qué ese lugar, precisamente?
- La única condición que te pongo es que no hagas preguntas ni averigües nada sobre él. Quiero que cuando lleguemos allí, para ti sea completamente nuevo.
- ¿Por qué? – él rió, divertido.
- ¡Ah! Nada de preguntas. ¿Hay trato? – le ofreció su mano derecha.
- Hay trato – él se la estrechó alegremente – Vamos a terminar con esto, y después deberías ir a La Madriguera, para contarles a todos muuuuuchas cosas. Yo me reuniré contigo al final de la tarde y daré la cara. Seguramente me la quieran partir por no haberte llevado allí de una oreja, en vez de permitir que durmieses en mi casa, y encima ahora voy a secuestrarte durante dos semanas. Pero bueno, es lo que hay.
- Una cosa. Harry, ¿por qué has decidido llevarme a mí de vacaciones y no a una de esas chicas despampanantes con las que suelo verte en las fotos de El Profeta? Seguramente, te divertirías más con cualquiera de ellas que conmigo. No me gusta que sientan pena por mí.
- ¿Quién ha dicho que yo siento pena por ti? – intentó parecer ofendido, pero luego sonrió - Si deseo que estas vacaciones sean distintas y especiales, debo llevar conmigo a alguien especial, ¿no te parece? – ella se quedó mirándolo fijamente, alucinada – Va, enana, que el camión de la mudanza ya nos está esperando en la calle. Terminemos de una vez.
De forma hábil y metódica, él comenzó a precintar las cajas que ambos habían embalado, para que los empleados de la empresa de mudanzas pudiesen llevárselas. Mientras, Ginny lo observaba hacer, sin poder dar crédito a lo que acababa de escuchar y con el corazón amenazándole con estallar, de tan fuerte como golpeaba en su pecho.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Bueno, ha tardado un poco, pero aquí tenéis el segundo capítulo. He podido escribirlo de milagro, ya que esta semana el trabajo no me ha dejado tiempo libre, ni siquiera los cinco minutillos que hasta ahora iba robando de vez en cuando para escribir. Y por supuesto, no he podido escribir nada más de mi otro fic "Regresa a mí" (para los que lo seguís). Espero que la semana que viene pueda retomar el ritmo de actualizaciones. Por el momento, ahí os dejo esto.
Dedicatorias:
- A quienes me habéis dejado reviews al primer capítulo (por orden cronológico): zafiro potter, MaroxD, XMariana Radcliffex, Cirze, K.J. Expelliarmus, GinnyLilyPotter7, fatty73, Isla de Thera, , susy snape y Serpeus Malfoy.
- A quienes habéis añadido este fic a vuestros favoritos (por orden alfabético): -aguusblack, Black Andro, GinnyLilyPotter7, K.J. Expelliarmus, Lizzy-apb, MaroxD, Medea Circe, Nyra Potter y Vladislav.
A todos vosotros, infinitas gracias.
Creo haber respondido todos vuestros reviews, pero si me he dejado alguno por error, ruego me perdonéis. Lo que es seguro es que los he leído todos con infinita ilusión, y que tenéis todo mi agradecimiento, de todo corazón.
Espero que el capítulo os haya gustado. Ya me contaréis, jeje. Siento no haber podido incluir ninguna escena de los demás personajes, pero en esta ocasión no ha podido ser. Ya os iré contando cositas sobre ellos más adelante.
Un abrazo muy fuerte a todos, y hasta muy pronto.
Rose.
