Capítulo 4 : Hope Avery Village.
A la mañana siguiente, Ginny se levantó de la cama apenas hubo despuntado el alba. La noche anterior no había hallado palabras para volver a pedir a Harry que durmiese a su lado, pues ya no tenía excusa para hacerlo, y la única opción habría sido confesarle toda la verdad, con lo cual estaba segura de que él habría salido huyendo, espantado, quizá para siempre. Así que había elegido uno de los cuatro dormitorios que poseía la pequeña y coqueta casa que Romilda Carlyle les había cedido con tan "amable insistencia", y se había resignado a disfrutar del cálido abrazo de Harry tan sólo en sus mejores sueños. Pero ya no podía aguantar más, necesitaba volver a verlo, y cuanto antes, mejor.
Bajó a la cocina casi de puntillas, intentando no hacer ruido que sacase a Harry de su merecido descanso; caminó con sonrisa traviesa, pensando en la cara de alegre sorpresa que mostraría el chico cuando se sentase a la mesa, ante un exquisito desayuno que ella le habría preparado con todo su amor.
Al pasar ante la sala de estar, un radiante rayo de sol temprano se enfocó en su alegre rostro, y no pudo evitar la tentación de detenerse para disfrutarlo durante un momento. Así que miró dentro de la estancia, encantada, y su sorpresa fue mayúscula al distinguir a Harry al lado de la gran cristalera por donde el sol derramaba tanta vida y calidez, de pie, en silencio; estaba de lado, mirando a través del cristal desde una esquina, taciturno. Parecía preocupado.
Ginny caminó hacia él con lentitud, observándolo fijamente. Le sabía mal interrumpirle aquella meditación que parecía conducirle a la tristeza, pero decidió que debía consolarle, pues, conociéndole, estaba prácticamente segura de qué le estaba pasando por la cabeza en aquellos momentos, y no era justo, al menos no con él mismo.
- Estás pensando en mi hermano y en Hermione… - aseguró, ofreciéndole una serena sonrisa de apoyo.
El joven la miró, lleno de sorpresa, no por no haberse dado cuenta antes de su presencia, sino por lo acertadamente que ella había sido capaz de leer en su corazón.
- Siento que los he abandonado cuando más me necesitan – explicó, desalentado – Ya sé que yo no puedo hacer nada por solucionar sus problemas, pero tampoco está bien que los haya dejado de este modo. Al menos debería haberles ofrecido un hombro en el que apoyarse – suspiró - He sido injusto con ellos; he querido castigarlos por un comportamiento que me parece inmaduro y egoísta; me duele tanto todo esto que está sucediendo… y además, ha pasado algo que… - la miró, resuelto - No he sido más que un arrogante cobarde.
- Tú nunca serás un cobarde – siguió su impulso de acariciarle el rostro con ternura, sin importarle cómo reaccionaría él al respecto – En muy pocas ocasiones te he visto actuar con arrogancia, y en todas ellas, detrás había un buen motivo.
Él profundizó su mirada en lo más hondo de los ojos de la chica, y sonrió, melancólico.
- ¿Por qué me has traído aquí, Ginny? – preguntó de pronto, con tristeza.
Por un momento, ella temió responder, pero decidió confesar tranquilamente la verdad tal y como era, nada más; o al menos parte de ella.
- He querido que te des cuenta de cuánto te queremos en el Reino Unido, para que, finalmente, decidas quedarte.
Él enarcó una ceja, sorprendido, y ella continuó.
- No puedes marcharte, Harry; no puedes hacerlo – negó, rotunda.
- ¿Pero por qué? ¿Por qué ese empeño en que me quede?
- Porque yo no quiero que te marches; moriría de pena si lo hicieras – le devolvió una mirada llena de velada súplica, que a él sorprendió.
Lentamente, él cubrió con paso firme la escasa distancia que los separaba, le acarició la mejilla con infinita ternura, sin dejar de fijar en sus ojos su profunda mirada esmeralda, y depositó en sus labios un beso tan dulce como fugaz.
- Me vuelves loco – afirmó.
Se separó de ella y caminó fuera de la estancia. Cuando ya estaba apunto de marcharse, anunció sin volverse a mirar atrás:
- Tengo que resolver un par de asuntos en el pueblo. Siento no poder acompañarte esta mañana. Pero te prometo que ya no me separaré de ti hasta que concluyan estas vacaciones, si tú no lo deseas. Si te parece, nos vemos sobre la una para comer en el restaurante del hostal – y continuó su camino.
Ginny no supo cuánto tiempo permaneció estática, con los dedos apoyados suavemente en sus labios, allí donde el chico la había besado, y la mirada fija en un paisaje matinal que no era capaz de ver, pues su mente revivía una y otra vez aquel cálido beso que había conseguido que su corazón bombease de forma desbocada. Tuvo que sentarse, mareada; hacía muchos años que no se había atrevido siquiera a soñar con una situación como aquella, sabiendo todo el dolor que le había causado hacerlo durante el tiempo en que se empeñó en alentar sus sentimientos por él, unos sentimientos que finalmente había sido capaz de aceptar que jamás serían correspondidos.
Y ahora había recibido aquel beso sensual y varonil del hombre al que tanto amaba, sin verlo venir, sin estar preparada para ello… sin nada… y peor aún, sin saber por qué había sucedido, ni qué había significado exactamente para él.
"Me vuelves loco", resonó de nuevo en su cabeza. ¿Loco de qué? ¿De demencia, de ternura, acaso de deseo sexual, o de…? Se negó esa última palabra, temerosa de volver a ilusionarse: amor. Para ello, hubo de recordarse que él siempre estaba rodeado de bellas mujeres, y que de ni una sola de ellas había sido capaz de enamorarse siquiera; mucho menos iba a hacerlo de ella, a quien siempre había visto como a su hermana pequeña, al igual que Ron. ¿Por qué la había besado, entonces? Le vinieron a la cabeza las palabras que Hermione le dijo con un resentimiento que ella no había sido capaz de comprender:
- ¿El está enamorado? – ella había preguntado, llena de sorpresa.
- Desde hace años – había respondido la castaña, después de haberle confesado que la única mujer a la que él amaba, estaba con otro.
Y ella entonces estaba con otro, o eso pensaba.
Aún más, las palabras de su padre martilleaban con fuerza su inquebrantable determinación:
- Él te ama, hija; Harry te ama. ¿Y qué harás cuando él te diga que te ama? Ya no existe nada que le anime a ocultarlo. Tú misma le estás dando pie a que lo demuestre.
De pronto abrió los ojos como platos, al caer en la cuenta del significado de aquello que su padre le había asegurado con tanta convicción. ¿Harry iba a confesarle que la amaba? ¿Ese era el siguiente paso en todo aquello? ¿Y si tanto Hermione como su padre tenían toda la razón? ¿Y si Harry realmente la amaba a ella, y a nadie más? Se ruborizó tan sólo de pensarlo, y después negó con la cabeza de forma tozuda, pero su caprichosa mente se empeñó en hacer danzar por ella esa idea una vez más. ¿Qué iba a hacer ella en ese caso? ¿Estaba preparada para ello? Por un momento, se enfureció consigo misma. ¿Para qué demonios debía prepararse? ¡Eso era sólo cuestión de si lo quería a su lado o no lo quería! ¡De si lo amaba y no lo amaba! ¡Y por Merlín que lo amaba! ¡Con todo su corazón! ¡Con ese corazón herido que sólo él sería capaz de curar!
Cierto que jamás había tenido suerte en el amor, que había jugado sus cartas y había perdido. Y había sufrido… estaba sufriendo… Pero si Harry la amaba realmente, ella lo daría todo por él, confiaría en él como jamás lo había hecho en ningún otro, ni siquiera en Dean. Porque él no era ningún otro, ni tampoco era Dean. Él era el hombre de su vida, el hombre más bueno y honesto que ella conocería jamás; podía poner su alma en sus manos y confiar en que jamás sería herida.
Decidió que, si Harry en algún momento le confesaba su amor, ella se lanzaría de cabeza a amarlo, a quererlo, a hacerle feliz y dejarse hacer feliz por él. Pero tan sólo si él se lo confesaba. Aunque tampoco iba a perder el tiempo mostrándose comedida y remilgada. Él la había besado; él había dado inicio a toda aquella situación, primero llevándola de vacaciones, y luego besándola sin un aparente porqué. Que no se extrañase si ella decidía tomar la iniciativa también.
¿Y qué era aquello de que él tenía que resolver un par de asuntos en el pueblo? ¿Cómo era posible, si ambos acababan de llegar allí? Se lo preguntaría cuando se encontrasen a la hora de comer, y mientras tanto, decidió que pasaría la mañana terminando de acomodarse en aquella coqueta y acogedora casa.
Sonriente, retomó su camino hacia la cocina; recordó que ella aún no había desayunado.
~ooo00O00ooo~
Harry caminó con paso firme hacia el Cuartel Local de Aurores, situado en una de las pequeñas calles a las afueras del pueblo, a juzgar por la entrecortada explicación que le había dado el vecino de la casa de al lado de donde él y Ginny iban a residir, una vez el pobre hombre se había hecho a la idea de que la "venerada" estatua de la plaza no había cobrado vida y se había dedicado a pasearse por el pueblo impunemente. Aunque cruzar la plaza principal del pueblo habría sido el camino más corto para llegar a su destino, él evitó por todos los medios a su alcance volver a encontrarse con aquel trozo de pedrusco que tanto le irritaba; al menos por un rato. A cambio, todo aquel con quien se cruzaba en su camino, lo contemplaba pasar con ojos desorbitados por la sorpresa, por la emoción, o por ambas. También vio en muchas de aquellas miradas, una esperanza que no supo cómo interpretar. Se notaba a la legua que él no era un cualquiera para aquella gente, y no sabía si sentirse halagado o culpable por ello; como había dejado bien claro a Ginny, él no era nadie merecedor de tales honores, o al menos, no creía serlo.
Ginny… ¿Por qué su adorada pelirroja era una mujer tan complicada? ¿Cómo se le había podido pasar por la cabeza llevarle a un sitio como aquél, donde él era el centro de atención, sabiendo cuán poco le agradaban aquel tipo de atenciones? Sintió que lidiar con El Profeta era una cosa, no le importaba responderles con descaro, incluso tomarles el pelo, dada la tendencia "creativa" que se empeñaban en dar a todas sus palabras; pero tratar con aquellas gentes, que tanto habían sufrido por su culpa, era algo totalmente distinto. Les debía algo, no sabía definir muy bien el qué, y mucho menos cómo pagárselo; y aquél sentimiento comenzaba a pegarse a él como una segunda piel.
Caminaba aún con las mejillas arreboladas por un rubor que apenas había sido capaz de ocultar ante Ginny, y que se veía incapaz de dominar. ¡Por Merlín! ¡La había besado! ¡Se había atrevido a hacerlo! ¡Sin más!
"Por Dios, Potter – se dijo para sus adentros – Te estás comportando como si nunca antes hubieses besado a una mujer; no en tantas ocasiones como El Profeta asegura, ni mucho menos, pero no eres un novato en estas lides, precisamente. Haz el favor y sigue comportándote como el hombre seguro de ti mismo que le has mostrado a ella, capaz de dominar en cualquier situación."
Pero la verdad era que se sentía como un adolescente, enamorado como un loco y temeroso de la reacción de la chica a la que amaba. ¿Qué estaría pensando Ginny de aquel beso? ¿Querría echárselo en cara, abofetearlo? ¿Repetirlo…? Decidió que debía ser prudente, reaccionase ella como fuera que lo hiciese; la joven estaba sufriendo, y no olvidaría su dolor de la noche a la mañana sólo porque él se empeñase en acosarla con promesas de un amor que se había mantenido oculto durante tanto tiempo: todo ello sumado a que él no tenía ni la más mínima idea de lo que ella sería capaz de llegar a sentir por él.
Se obligó a serenarse y quitarse aquel tema de la cabeza, al menos hasta que resolviese el asunto que tenía entre manos. No creía que le llevase mucho tiempo, así que continuó su camino, resuelto, para resolverlo cuanto antes y poder centrarse de nuevo en pensar en su complicada pelirroja.
Al girar una esquina distraídamente, sumido en sus pensamientos, no reparó en que una anciana se dirigió a su encuentro, directa, nada más verlo, hasta cruzarse en su camino. El chico dio un respingo, sorprendido, pero inmediatamente sonrió a la mujer con amabilidad, a lo que ella respondió tomando su mano entre las suyas, de forma reverente.
- ¿Puedo ayudarle? – él preguntó, haciendo gala de la mayor amabilidad que pudo reunir tras la sorpresa.
- Has venido a salvarnos, una vez más –la vieja señora aseguró, totalmente convencida.
El joven la miró sin comprender, extrañado.
- ¿A salvarles? ¿Salvarles de qué?
Durante un momento, una mirada de decepción cruzó por los ojos de la mujer, pero desapareció tan rápidamente como había llegado, ahogada de nuevo por otra de inmenso temor.
- Entonces, ¿no sabes nada de la bestia que está aterrorizando a los habitantes de Hope Avery desde hace unas semanas?
- ¿Qué tipo de bestia? – ahora fue él quien apretó las manos de la mujer entre las suyas, intentando darle ánimos para continuar. Fuese lo que fuese a lo que la mujer temía con tanta vehemencia, era su deber solucionarlo como Subdirector del Departamento de Seguridad Mágica que era, estuviese o no de vacaciones.
- Gracias a Merlín, yo no la he visto todavía. Pero se cuenta que es una especie de inmenso lobo, poseído por poderes sobrenaturales, increíblemente fuerte y agresivo – él enarcó una ceja, escéptico, pero la vieja mujer no le hizo caso y continuó con su perorata - Hasta el momento, se ha dedicado a aterrorizar tan sólo a las mujeres que osan aventurarse solas por las calles, en medio de la noche – hizo una pausa, durante la que observó su reacción con ojos felinos, acenchantes - Pero yo sé que cualquier día de estos la bestia no hará distinción alguna, y comenzará a matar – asintió, convencida, mientras hacía con su mano derecha una complicada señal, al parecer destinada a espantar los malos espíritus – Hasta ahora se ha cebado con los débiles, pero el mal jamás se conforma, jamás – calló, traspasándolo con una mirada esperanzada.
- ¿Y qué está haciendo el Jefe del Cuartel Local de Aurores al respecto?
- ¿Quién, Carmichael? A ese viejo chalado se le ha subido el mando a la cabeza. Gobierna aquí como si este fuera su feudo personal, en vez de hacer algo eficaz por protegernos. – Harry la miró, incrédulo e indignado por igual - ¿Nos ayudará, Sr. Potter?
Al observarla, él se dio cuenta de que la mujer no mentía, o que al menos para ella, sus palabras eran totalmente ciertas, así que asintió, decidido.
- Por supuesto que les ayudaré. Ahora mismo voy a hacer una visita a Oswal Carmichael, y no será tan sólo de cortesía, como yo había previsto.
La mujer le besó ambas manos con adoración.
- Que Dios te bendiga, Harry Potter.
- Gracias. Y a usted también – él sonrió, enternecido.
Retiró suavemente la mano que la mujer todavía le tenía cogida, le sonrió con ternura, y reanudó su camino hacia el Cuartel Local de Aurores. Pero se dio cuenta de que ni siquiera había preguntado su nombre a aquella extraña mujer.
- ¿Puede decirme su nombre y cómo locali…? – se había girado rápidamente hacia ella para preguntarle, pero su estupor fue grande cuando se dio cuenta de que se había quedado solo en medio de la calle, hablándole al viento.
A pesar de que aquel encuentro ahora le parecía muy extraño, incluso irreal, decidió que en ningún modo iba a tomarlo a broma. Oswal Carmichael tenía muchas explicaciones que darle, y no estaba dispuesto a aceptar cualquier excusa como respuesta a la inmensa cantidad de preguntas que iba a formularle.
Apresuró el paso hacia su destino, y pronto vio a tan sólo unos metros, la pequeña casa tal y como su vecino se la había descrito: apenas dos plantas, con un tejado pronunciado en una inmensa pendiente – como la mayoría de las casas del pueblo, dadas las inmensas nevadas que este tenía que sufrir todos los inviernos – que se distinguía de las viviendas adyacentes, principalmente por un gran letrero de madera que pendía sobre la puerta de entrada y que rezaba con grandes letras mayúsculas: "Cuartel Local de Aurores".
Al joven Subdirector no le agradó tanta ostentación publicitaria, pues aquello no era un pub, o un comercio que necesitase anunciarse con estridencia en busca de clientes. Con una pequeña placa informativa al lado de la puerta, a una altura bien visible, habría bastado. A pesar de ello, decidió traspasar el umbral del edificio y hablar con Carmichael, antes de aferrarse a esa primera impresión de desagrado.
No halló, como esperaba, una oficina austera y funcional, sino lo que parecía, a simple vista, la sala de estar de uno de los más selectos y clasistas clubs de campo pertenecientes a la Inglaterra más conservadora. Una mesa de te, rodeada de cómodos sillones, era la antesala de un fastuoso despacho, donde Oswal Carmichael reposaba, complacido, tras una inmensa y carísima mesa de despacho, al igual que el sillón donde yacía su descuidada anatomía de forma desenfadada. Varios retratos de escenas de caza, completaban la sensación de opulencia que ya de por sí el recinto ofrecía.
Al reconocer en el acto al visitante que acababa de perturbar el plácido reinado de Carmichael, el hombre mostró una mirada astuta y potencialmente agresiva, que a pesar de que duró escasos segundos, al joven no pasó desapercibida, ni lo amedrentó en absoluto.
- Señor Potter… - el hombre saludó amablemente, contradiciendo su anterior actitud. Se puso en pie para recibir a su invitado, quien caminó hasta detenerse justo delante de la inapropiada mesa de despacho.
- Es la segunda vez en dos días que usted me dedica una mirada de disgusto al encontrarse conmigo, sin haberme conocido antes. – Harry afirmó sin preámbulos, con voz seria y mostrando una mirada más seria todavía - Quisiera saber la razón.
- Oh… Lo siento, no lo tome a mal. – Carmichael alzó ambas manos con las palmas hacia arriba, de forma que pretendía ser conciliadora - No es por usted. Es sólo que se me ha pasado por la cabeza que usted puede haber venido para inmiscuirse en nuestros intrascendentes asuntos… "locales". Y eso, ciertamente, me incomoda.
- Lo dice como si el Cuartel General de Aurores no tuviese potestad para "inmiscuirse en sus intrascendentes asuntos locales" – el Subjefe respondió con tono de velada amenaza.
- No, no pretendía afirmar eso. Quizá me he explicado mal. Es que en este apacible lugar nunca sucede nada que merezca la honorable atención de un miembro tan destacado del Cuartel General. No me gustaría que usted perdiese su tiempo aquí, cuando seguramente tiene tantos asuntos interesantes que resolver en el Ministerio de Magia. Y no comprendo a qué se debe tanta atención por su parte – concluyó el hombre mayor, sin dejar de tantear al otro con la mirada.
- Todos los asuntos son interesantes, procedan de donde procedan, Sr. Carmichael. No lo olvide. – hizo una pausa para que el otro hombre asimilase sus palabras - ¿Qué puede decirme sobre el problema de la bestia que está acosando a mujeres durante la noche?
- ¿Bestia? ¡Por Dios! – el hombre respondió, escandalizado - ¿Quién le ha contado semejante exageración? – rió con condescendencia - Es cierto que un lobo extraviado ha dado un par de sustos por ahí, a dos muchachas que fueron tan imprudentes como para caminar solas durante la noche por un lugar tan cercano a un bosque, sabiendo que en ocasiones, ciertos animales se aventuran a acercarse aquí en busca de restos de comida que puedan hallar en nuestra basura. Pero de ahí a considerarlo una bestia… - miró al chico como si este hubiese sido presa de una broma pesada, por ser un visitante, pero con su actitud desenfadada no consiguió que Harry bajase la guardia - Mi ayudante y yo hemos dado una batida a conciencia en bosque, y le aseguro que ese lobo ya no volverá a dejarse ver más por aquí.
- Usted se muestra demasiado seguro. ¿Acaso le han dado caza?
- N-no, pero hemos recorrido cada palmo de terreno y no lo hemos hallado. Le aseguro que el maldito animal se ha marchado ya de estas tierras.
- Entiendo…
- ¿Y su ayudante?
- Discúlpele usted. Su esposa está embarazada y hoy ha tenido que acompañarla a la visita del médico. No supondrá eso un problema …
- En absoluto. He venido a saludarles, nada más, dado que voy a pasar un par de semanas de vacaciones en este bello lugar. Por ahora – concluyó la última frase con toda intención.
- Es todo un placer tenerle aquí, Sr. Potter. Se lo aseguro – Carmichael sonrió nerviosamente, intentando aparentar una serenidad que hacía rato que Harry le había arrebatado.
- Ya. Buenos días, Sr. Carmichael. Seguiremos en contacto.
No pudo marcharse, ya que un hombre también entrado en la madurez, que debía tener más o menos la misma edad que Carmichael, alto pero menudo, hizo acto de presencia, entrando en el Cuartel con la misma familiaridad que si de su propio hogar se tratase. A pesar de su vestimenta absolutamente común, un alzacuellos delataba su pertenencia al clero. Sin duda, ambos hombres se hallaban ante el párroco local.
- ¡Vaya! ¡Veo que al fin has hecho caso de mi recomendación, y has traído refuerzos! ¡Y de envergadura! – dirigió sus palabras hacia Oswal Carmichael, con una mirada jovial y aprobadora, que el aludido cortó con otra de velada amenaza. El recién llegado no pareció notar la tensión del ambiente y siguió sonriendo, encantado.
- El Sr. Potter tan sólo ha venido a pasar unas tranquilas vacaciones entre nosotros, Ben. Haz el favor de no molestarle con tu alarmismo pesimista e injustificado – le cortó el hombre secamente, intentando no parecer demasiado hostil.
- ¿Pesimista? ¿Desde cuándo yo soy pesimista? – alargó hacia Harry una afable y huesuda mano – Ben Campbell, pastor de almas ,entre otras cosas. Encantado de conocerte.
- Mucho gusto, Ben – Harry estrechó la mano del hombre con fuerza, correspondiendo con el mismo trato afable y familiar que el otro hombre le había dispensado – Me interesa mucho esa teoría tuya de los "refuerzos". ¿Qué tal si la comentamos cuando tengas un rato libre?
- Bueno, ya sabes dónde encontrarme – le guiñó un ojo con complicidad – Dado que no has venido por asuntos de trabajo, seguramente habrá algunas ocasiones en que podamos coincidir.
- No lo dudo – le sonrió, divertido, dándose cuenta de que al parecer, las noticias volaban en aquel pintoresco lugar – Señores, me despido ya. He quedado con una bella dama a la que me dolería mucho hacer esperar. Encantado de conocerte, Ben – después volvió a dirigirse hacia el otro - Usted y yo, Sr. Carmichael, ya tendremos ocasión de volver a conversar. Que tengan un buen día.
- Adiós, Harry. Encantado de conocerte igualmente – el párroco correspondió con total familiaridad.
Harry se marchó tranquilamente, dando la reunión por terminada.
~~ooo00O00ooo~~
Media hora después, Harry accedió al hostal discretamente, por una puerta trasera, a la que se accedía desde una pequeña calle tras la plaza principal. Como había imaginado, dicha puerta daba a las cocinas del edificio, donde en aquella ocasión, una bella y rubia jovencita se afanaba en amasar el pan que servirían junto a la próxima comida.
Al escuchar el sonido de la puerta, la joven alzó la mirada, desviándola de su tarea, y dio un respingo, tanto por la sorpresa de encontrar a un visitante accediendo por esa puerta, como por el inmediato reconocimiento de quien acababa de entrar. Por un momento, Harry vio a una Romilda mucho más joven, como la mujer debió haber sido en sus años de juventud, pero algo en la chica le recordó unos ojos que en aquel momento no fue capaz de identificar, pero que estaba seguro haber conocido antes. Hubo de reconocer que la chica era bella, muy bella, y supuso que debía tener muchos pretendientes en aquel apartado lugar.
- ¿No usas la varita para hacer eso? – él preguntó, intentando dar conversación a la chica.
- Me gusta sentir el tacto de la harina y de la masa. Es un pequeño vicio, supongo – sonrió, ya más calmada, y él le devolvió la sonrisa.
- He venido a hablar con tu madre en privado, si es posible – entró en materia, decidido - Necesito convencerla de que acceda a cobrarnos a Ginny y a mí un alquiler por permitirnos disponer de su casa mientras estemos aquí. Supongo que ella te habrá comentado algo sobre su inusual oferta…
La chica rió, divertida, y continuó con su tarea, sin dejar de mirarle.
- Tratándose de usted, ninguna atención que mi madre le preste va a ser inusual. Ella es su mayor fan, Sr. Potter, eso jamás lo dude.
- ¡Por Merlín! ¿Tan viejo me ves, que has de tratarme de "usted"? – él renegó con fastidio.
Ella volvió a reír.
- Realmente no, - respondió, mirándolo con descaro – Es sólo que tú aquí eres una celebridad reverenciada por todos.
- Por todos excepto por Carmichael, según veo – la chica le dedicó una mirada extrañada – Y al parecer, el único que se comporta de un modo normal es el reverendo Campbell.
- Es raro lo que me dices. Carmichael es uno de quienes más te admira en este lugar. Siempre se ha deshecho en halagos hacia ti y lo que conseguiste – ahora el sorprendido fue Harry – En cambio, Campbell no suele mostrar respeto o admiración por nadie en absoluto, ni siquiera por él mismo. Es un hombre demasiado… desapegado.
- Bueno, sea como sea. ¿Me harás el favor de decirte a tu madre que estoy aquí, señorita…?
- Aby. Abigail Carlyle. Encantada de conocerte. Ahora mismo aviso a mamá – se limpió las manos en un coqueto delantal que cubría su vestimenta – Pero no esperes que ella cambie de opinión con respecto al alquiler de la casa. Habrás de hacerte a la idea de que, precisamente aquí, quien no resultará normal a ojos de la gente, vas a ser tú, porque para todo los habitantes de este lugar, eres especial.
- Pues vamos apañados…- él resopló con fastidio.
- Tranquilo; dales una oportunidad, te gustarán; somos sencillos, pero buena gente – le sonrió de forma amigable y se marchó en busca de la dueña del hostal.
Mientras esperaba, Harry se dedicó a admirar la rústica decoración de la cocina, totalmente acorde con la imagen acogedora que todo el edificio ofrecía, tanto por fuera como por dentro. Minutos después, Romilda irrumpió en la sala con alegre y enérgico caminar.
- ¡Ah, no! – alzó un dedo con ímpetu, frenando la incipiente protesta de Harry – Aby ya me ha comentado lo que usted pretende, y no lo va a conseguir. Mientras estén aquí, Ginevra Weasley y usted serán mis invitados, y no se hable más.
- ¿También conoce a Ginny? – él no pudo evitar su inmensa sorpresa, y luego suspiró, rendido.
- ¿Quién no conoce a los héroes Weasley al completo, que le prestaron al Salvador su incondicional e impagable ayuda contra el Señor Oscuro?
- Por Dios Santo… Déjense todos de una vez de héroes y de tonterías semejantes.
- Héroes, eso es lo que son todos ustedes – lo taladró con una mirada resuelta – Si tanto le molesta serlo, ¿por qué hizo lo que hizo?
- ¿Acaso tuve alguna opción? – él respondió con enfado.
- Siempre existen opciones, muchacho. Somos nosotros quienes las aceptamos o negamos según nuestro propio criterio.
Él exhaló profundamente, sintiendo que era causa perdida discutir con aquella mujer.
- Al menos me permitirá abonarle las comidas, digo yo. ¿O nos va a tocar buscarnos la vida para no tener que sentirnos todavía más como unos aprovechados?
- Abóneme las comidas, si eso le hace feliz – le sonrió, contenta.
- Hallaré el modo de corresponderle todas estas atenciones – el moreno afirmó, tozudo.
- Si se lo propone, seguro que lo hará. ¿Acaso existe algo que usted no sea capaz de conseguir? – le guiñó un ojo con complicidad, a lo que él respondió con una mirada de profundo abatimiento – Acompáñeme al comedor. La señorita Weasley lo está aguardando desde hace rato.
Al escuchar nombrar a Ginny, su semblante mudó rápidamente a otro lleno de alegría.
- Es una muchacha muy bella – ella lo miró co picardía.
- La más bella – él aseguró.
Ambos se adentraron en la casa, en busca de la chica.
~~ooo00O00ooo~~
Ginny aguardaba con paciencia la llegada de Harry, sentada a una de las mesas del comedor del hostal, en el rincón más discreto que puedo hallar. Sabía que había llegado a su cita con mucha antelación, pero se sentía tan nerviosa todavía por lo que había sucedido aquella mañana, que no había sido capaz de permanecer encerrada en la casa por más tiempo. Así que, ni corta ni perezosa, había caminado tranquilamente hacia su destino, y más tranquilamente, teniendo en cuenta de que algún habitante de la villa la detenía a dos por tres para saludarla, al haberla reconocido como una de las personas que luchó activamente en la Segunda Guerra. Se dio cuenta de que aquella gente era acogedora, de maneras sencillas y sinceras, y su corazón se ensanchó de alegría al pensar que finalmente, parecía haber sido una gran idea llevar a Harry a aquel lugar, y que por fin lograría que él no se marchase.
Mientras pensaba en todo aquello, se dio cuenta de que el lugar elegido para sentarse no había sido lo suficientemente discreto, ya que al parecer, era el centro de la descarada observación de un adolescente grandote y súper hormonado que no dejaba de observarla desde la barra con una sonrisa pretendidamente seductora, pero que a ella parecía en extremo inocentona.
Al darse cuenta de que Ginny había reparado en sus "atenciones", el jovenzuelo se atrevió a acercarse a ella y sentarse a su lado con descaro.
- Hola, preciosa. Te veo muy sola… - la abordó sin abandonar su sonrisa.
Inmediatamente, ella se dio cuenta de que él no la había reconocido, era demasiado joven cuando todo sucedió.
- ¿Qué te parece si te tomas una copita con un hombre apuesto como yo? – intentó hacer notar su fuerte musculatura, aún no terminada de desarrollar por completo, y ella sonrió, divertida.
- Lo siento, pero tengo novio, y está apunto de llegar – se disculpó amablemente. No quería molestarlo con una negativa demasiado rotunda.
- No hay problema, no soy celoso.
Ella suspiró, pensando que, finalmente, se vería obligada a adoptar una estrategia mucho más agresiva para hacerse entender. Pero no tuvo necesidad, ya que Harry entró en el salón por una puerta interior, cómo no, cogido del brazo por Romilda Carlyle.
- Pero quizá su novio sí lo sea – Harry afirmó con voz firme, más divertido de lo que intentaba aparentar, aunque en el fondo los celos habían hecho mella en él de forma arrasadora. - Hola, mi amor. ¿Me has esperado mucho? – besó a Ginny en la mejilla y le dio un cariñoso abrazo, tras lo que se sentó a su lado, sin dejar de observar al chico fijamente.
- Hola, Harry… - las mejillas de la pelirroja enrojecieron como la grana, y casi tuvo que desviar la mirada, sintiendo una vergüenza que en muy pocas ocasiones había sentido antes.
- Harry Potter… - afirmó el otro, con la boca abierta de forma cómica por la sorpresa; rápidamente, cogió la mano del joven auror y la estrechó entre sus fuertes manazas, con franca alegría – Lo siento, Sr. Potter, de verdad; no tenía ni idea de que la señorita es su novia, no pretendía molestarla, ni molestarle a usted – se disculpó, mientras seguía estrechando la mano de Harry con vehemencia.
- Llámame sólo Harry, ¿vale? – el chico asintió con fuerza, mientras soltaba la mano del otro, dándose cuenta de que llevaba varios segundos agitándola sin parar - ¿Y tú eres…?
- Edward Snow, para servirle, esto… para servirte.
- Tranquilo, Sr. Potter, es totalmente inofensivo – afirmó Romilda, dirigiendo al chaval una mirada de reproche – Es el hijo mayor del herrero del lugar.
- Eso me había parecido. ¿Qué tal si nos acompañas durante la comida, Edward?
- ¡Po-por supuesto! ¡Será todo un honor! – el chico se acomodó en la silla como si estuviese en su casa, encantado.
- También para nosotros. ¿Nos acompañas también, reverendo? – inesperadamente, se dirigió hacia un hombre que acababa de llegar, y que había observado la escena desde una distancia discreta, pero que no obstante, ahora se acercaba a ellos con total confianza.
- No me lo dirás dos veces, muchacho – Ben Campbell se acomodó a la mesa también, y estrechó la mano de Harry, jovial.
Ginny observó a Harry totalmente anonadada e impresionada. Estaba claro que el joven había dedicado la mañana a hacer amistades en aquel pintoresco lugar. Mientras, Romilda se marchó de vuelta a la cocina, al parecer molesta por algo que había sucedido; Harry la observó marchar discretamente, sin perder detalle.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Ante todo, debo disculparme porque últimamente estoy tardando mucho en actualizar, y tampoco he respondido los reviews que tan amablemente me enviásteis. Me está resultando imposible ponerme a escribir, tanto para actualizar como para responder reviews. El ascenso en mi trabajo ha supuesto también tenerme que trasladar todos los días a bastantes kilómetros de mi hogar; estamos montando las oficinas todavía, y hasta que el tema se estabilice un poco, las cosas van a seguir así para mí. Así que os ruego un poco de paciencia mientras tanto.
Dedico este capítulo a:
- Todas las personas que habéis añadido este fic a vuetros favoritos, después de haber publicado el capítulo 2 (los que no incluí en la anterior dedicatoria, jeje): Anastasia Anne Potter, Dama de sombras, dany16, gadi23, GArt-Yukiteru, J0r, marusky, Niernath, ricitos de menta, SmagicRose y susy snape. Por orden cronológico, por supuesto.
- A quienes, con ese corazón tan grande que tenéis, me habéis dejado un review al capítulo anterior y que, desgraciadamente, no he tenido tiempo de responder: ricitos de menta, lizlovegood12, Black Andro, GinnyLilyPotter7, ginalore28, papicubano, susy snape, , Isla de Thera, Cirze y dany16.
Como habréis notado, este capítulo tan sólo ha sido para presentar a la mayoría de los personajes que participarán en la historia, así que no parece demasiado interesante, pero os aseguro que lo es. Y si no lo creéis, ya os iréis dando cuenta durante el desarrollo del fic. Eso sí, no podía faltar un poco de "temita" entre mi pareja favorita, que ahí siguen, con sus temores, sus dudas, sus sentimientos... Y lo que te rondaré, morena (como dicen en mi pueblo). Todo va a resultar muy fácil para su relación, y a la vez, nada lo va a ser.
Os mando un abrazo fortísimo, y os prometo que intentaré no tardar tanto en actualizar.
Con todo mi cariño y agradecimiento.
Rose.
