Hey, hey, ya estoy aquí. Tengo el presentimiento de que este capítulo os va a gustar, espero no equivocarme jejeje. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


-Mierda – Fue todo lo que pude decir antes de salir corriendo en dirección al coche - ¡Carly, espera!

Tarde.

-Eres… un… ¡ERES UN CABRONAZO GIBBY! ¡TE ODIO! ¡Y TÚ, TU NO ERES MÁS QUE UNA PUTA ROBA NOVIOS! ¡NO TE QUIERO VOLVER A VER EN MI VIDA! – Gritó ella antes de dar un portazo y salir corriendo.

-¡Carly! – Justo entonces salió Gibby del coche con los pantalones a medio subir.

-Espera Carly, no es lo que parece. ¡Quita de mi camino, rubiales!

-No me voy a quitar, ya has jodido bastante las cosas por hoy, ¿no te parece?

-Es mi novia.

-No es nada tuyo. ¿Cómo quieres que lo sea después de esto?

-No te pases de la raya, aún puedo partirte la cara.

-Adelante – Le reté desafiante – así conseguirás que Carly vuelva y te perdone. Es muy fácil ir a llorarle a Freddie porque estás celoso, pero si luego no pones de tu parte ya ves lo que pasa. Muy bonito Gibby, te pones un cartel de esto es mío y luego te acuestas con la primera puta que se cruza en tu camino. No eres más que un cabrón que nunca se ha merecido a esa chica y nunca se la merecerá.

No pude ni parpadear y ya tenía su puño estrellado contra mi cara. Me abalancé sobre él y comenzó la lluvia de golpes. No suelo ser una persona violenta pero en ese preciso instante, tenía ganas de matarlo. No obstante, y para mi desgracia, llegó Brison por detrás y me agarró por debajo de los brazos para separarme de él. Yo traté de resistirme pero Brison tiene más fuerza que yo.

Aunque, que me separara de él, no significa que la cosa hubiera terminado. En cuanto me quitó del medio, agarró a Gibby por el cuello de la camisa y lo empotró contra el coche.

-Vuelve a tocar a mi hermano y te parto una pierna. Ahora coge a tu zorra y tu coche y vete de aquí.

Le faltó tiempo para saltar dentro del coche y arrancar. Yo le miré divertido y me limpié la sangre del labio con el dorso de la mano.

-Hermanito, ¿por qué no dejas de hacer el capullo y vas a buscar a Carly? Aquí parado no haces nada.


-Cam, ¿puedo hablar un momento contigo?

-Claro. Dame cinco minutos Amber – Se despidió de la chica pelirroja con un beso en la mejilla, haciendo que me sintiera todavía peor. – Cuéntame.

-Soy un imbécil.

-Wow, ¿qué ha pasado?

-Que… los celos me han vuelto loco – Dije sentándome en el suelo con la espalda apoyada en uno de los contenedores de mercancías.

-¿Celos? ¿Loco? No te sigo. Estaría bien que empezaras desde el principio a contar las cosas, es un buen modo de que la gente no pierda el hilo de la conversación.

-El otro día en la fiesta de Lilly vi como Sam te besaba.

-¡Cierto! Quería contártelo tío pero desapareciste. Te llamé y nada, no dabas señales de vida. No siento nada por ella, era más un encaprichamiento que otra cosa, las ganas de tener novia pudieron conmigo. Le dije que me gustaba una chica y…

-Y luego ella te besó porque le dijiste que te daba miedo declararte por eso mismo. Por no haber besado nunca a nadie.

-Eso mismo.

-Es caso es que os vi y, sin rencores, pero me dieron ganas de matarte. No sé por qué pero me puse tremendamente celoso y di por sentado que ahora Sam y tú estabais juntos – Me pasé las manos por el pelo frustrado.

-¿Y qué ha pasado?

-Pues que Sam me dijo que no sentía nada por ti y que si te lanzabas se apartaría, y luego vi aquello y… creí que Sam me había mentido. Me ha dicho mil veces que no estabais juntos y no la he creído hasta que os he visto a ti y a tu chica. Me ha dicho que soy un capullo y un celoso. Y lo peor de todo es que tiene razón, soy un capullo y un celoso.

-Freddie, ¿te gusta Sam?

-¿Cómo? – Lo miré perplejo.

La verdad era que no me lo había plateado hasta ese momento. No directamente al menos. No tenía ningún síntoma de enamoramiento o de que me gustase. Ni mariposas, ni sonrisas idiotas… Lo único que podría catalogar como síntoma es la necesidad de hablar con ella todas y cada una de las noches, ya sea por teléfono o en una visita nocturna por parte de alguno de los dos. O después de los ensayos en el coche.

-Que si te gusta Sam.

-No… No lo sé. Quiero decir, ¿puede gustarte una persona cuando no sientes nada hacia ella a priori?

-¿Te refieres a si te puede gustar una persona sin que tu lo sepas? Por poder, puede ser todo.

-De todas formas, no hay modo alguno por el que pueda averiguarlo. Se ha ido y me odio.

-¡No seas idiota! Toma – Dijo tirándome las llaves de la moto – ves a buscarla. Si te das prisa a lo mejor la pillas despierta y todo.

-¿Tu crees?

-¡No dudes tanto y corre!

-Te debo una. Gracias.


Maldito cabrón. Le odio. Le odio con toda mi alma. Ya se puede olvidar de mí, se acabó. Sam tenía razón, debía haber roto con él hace mucho tiempo, antes de que me hiciera daño. Pues lo ha conseguido, me ha hecho daño y mucho. Y la única que sale perdiendo soy yo, por que el sigue teniendo a la puta de Tasha para quitarle el calentón cada vez que le de.

-Estabas aquí – Dijo una voz que reconocí enseguida a mis espaldas.

-Sí, y ojalá no lo… ¿qué te ha pasado? Estas sangrando.

-Vaya, creí que había dejado de sangrar hace rato. No ha pasado nada tranquila, solo me he peleado un poquito con Gibby.

-Ni me lo nombres.

-¿Cómo estás?

-¿Que cómo estoy? ¿¡Que cómo estoy? ¡Esa es la reina de las preguntas idiotas Brad! ¿¡Cómo quieres que esté? ¡Me acaban de ser infiel! ¡Ni siquiera sé si me acaban de poner los cuernos o llevo con ellos desde que se conocieron! ¡Soy una maldita idiota!

-No te eches la culpa de lo que ha pasado porque no la tienes, todo lo contrario.

-¡Soy una idiota! ¡Debía haberle hecho caso a Sam desde el principio! – A estas alturas, tendría la cara manchada de rímel, pero me daba igual, no era momento de preocuparme de si estaba guapa o no. Estaba demasiado jodida - ¡Me advirtió de que le dejara antes de que me hiciera daño y mira lo que ha pasado! ¡Lo ha visto todo el mundo! ¡Todos han visto lo que había dentro de ese coche!

-¡¿Y qué más da lo que piense la gente Carly! Esto no es una cuestión de reputación.

-No me digas que te estás poniendo de su parte.

-¡Me he peleado con él por ti! ¿¡Eso es ponerme de su parte? – Gritó señalándose la cara.

-Lo siento. Es que… estoy dolida – Se me rompió la voz y arranqué a llorar.

-Ven aquí anda – Dijo, más bien susurró, acercándose y abrazándome. – Quiero que me escuches con atención – Notaba su barbilla sobre mi cabeza – sé que vas a pensar que solo digo esto para animarte, pero te equivocas. Lo digo porque lo pienso y porque lo siento. No te merece, nunca te ha merecido. Nadie que consigue estar con una persona como tú y maltrata lo que tiene, es que no es merecedor de estar contigo.

-Hay miles de chicas como yo.

-Puede – Dijo cogiéndome la cara y haciendo que le mirara – pero no son fáciles de encontrar. Por eso uno ha de sentirse afortunado cuando lo hace, no maltratarlo. – Hizo una pausa – Yo me siento orgulloso.


Miedo. Eso siento yo ahora. Miedo. La peor sensación que una persona como yo puede sentir.

-¿Qué haces aquí? Sal de mi habitación-

-¿Pero qué dices preciosa? ¿Cómo voy a salir ahora si aun no ha empezado la diversión?

-Ya te dije – Oí la voz de mi madre y luego un sonido como de… aspiración – que ese candado no iba a ser un impedimento para mí pequeña bastarda. Tarde o temprano iba a entrar.

Eso de la mesa… ¿es cocaína?

-¿Quieres un poco? – Dijo acercándome un papel con el mismo polvo blanco – Hará que nuestra fiesta sea más entretenida.

-No quiero. Idos los dos de mí cuarto.

Cocaína. No había duda.

-¿Drogas? ¿Por eso vienen tantos tipos raros a casa? Ya estaba bastante mal, ¿¡también la tenías que meter en el mundo de las drogas?

-Vigila tu tono – Saltó mi madre – soy lo bastante adulta como para saber lo que estoy haciendo.

-Sí, muy adulta. Tienes una hija medio muerta de hambre, bebes, fumas, te drogas y vendes las drogas y eres una puta.

Sin pensarlo dos veces, me dio dos bofetadas y me tiró contra la pared.

-¡NO TE ATREVAS A HABLARME ASÍ OTRA VEZ HIJA DE PUTA O TE MATARÉ!

-Pam, calma. Voy a ver si yo consigo calmar a la bestia – Dijo acercándose a mí.

-No me toques.

-Tranquila, no te voy a hacer nada malo, ni nada que no hayas hecho ya.

Me dolían la cara y el hombro por los golpes de mi madre y tenía las piernas como si fueran de mantequilla.

Aquel tipo olía a alcohol, tabaco y cerveza. Se acercaba a mi cada vez más y yo no hacía otra cosa que apartar la cara. Me apartó el pelo con la mano, como si estuviera tocando algo delicadísimo (como si eso fuera a quitarle peso al hecho de que me estuviera metiendo mano). Viendo que mi cara era un punto inaccesible para él, atacó mi cuello.

Me retorcí como si me estuvieran electrocutando y, en un acto de desesperación, busqué la mirada mi madre para comprobar si, debajo de toda la mierda, seguía quedando algo de lo que era antes, pero estaba equivocada. Se relamió los labios se llevó una mano al pecho y otra iba subiendo poco a poco con su pierna.

¿¡Cómo podía una persona excitarse viendo como violan a su propia hija?

Noté la mano de aquel tipo subiendo por mi pierna poco a poco. Cuando empezó a subir el vestido, actué por instinto y le propiné una fuerte patada en la entrepierna. Se dobló por el dolor y pude escapar, pero mi madre me agarró por el pelo obligándome a frenar.

-Tú de aquí no te vas zorra.

-Lo siento mamá – Dije antes de darle un puñetazo con todas mis fuerzas.

En cuanto me soltó, salté por la ventana y salí de allí corriendo todo lo rápido que podía, haciendo caso omiso del daño que me estaba haciendo en los pies con la porquería del suelo.


Se quedó mirándome a los ojos y supe que no había hecho bien en decirle aquello. Estaba debatiendo consigo misma, lo notaba, lo sentía pero… no pude evitarlo. Fue uno de esos momentos en los que lo último que haces es pensar en lo que estás diciendo, simplemente lo dices y ya está. ¿Consecuencias? Ni las sabes ni te importan, solo dejas salir todo lo que llevas dentro.

-Demasiado pronto y demasiado fuerte – Dijo ella.

-¿Cómo?

-Es demasiado pronto para hacer locuras, pero las ganas son demasiado fuertes – Se separó de mí y empezó a andar de un lado a otro nerviosa y apenada.

-A veces es bueno cometer locuras – Dije, a pesar de que no sabía a qué locuras se refería ella.

-Esta no es una de esas veces, te lo aseguro. Es que… No me ayudas siendo así. No me ayudas viniendo a buscarme mientras tiro piedras al mar después de darme cuenta de que tengo unos cuernos como lo renos del trineo de Santa Claus, y diciéndome que estás orgulloso de conocerme y todo eso, ¿sabes por qué no me ayudas? Porque me gustas. Me gustas mucho Brad. Pero...

-Tú también me gustas.

-Pero no está bien. No voy a ser mejor que el capullo de mi ex novio si, nada más romper con él, me voy con otro chico.

-Muchas veces es mejor dejar atrás el qué dirán y hacer volar la imaginación. Cometer locuras, vivir y que le den por culo al resto del mundo. Pero bueno, yo no voy a obligarte a que hagas algo que no quieres hacer. Si quieres, te llevo a casa ahora mismo.

-No es eso Brad – Parece ser que sí que se notaba que estaba molesto, aunque solo fuera un poco – si que quiero hacerlo. Lo sabes. Sabes que me muero de ganas pero no me sentiría bien conmigo misma.

-Ya te he dicho que no voy a obligarte a hacer algo que no quieres hacer Carly – Dije, esta vez, con un tono más suave y calmado.

-¿Me puedes llevar a casa? Por favor. No me apetece quedarme más aquí, solo quiero irme y dormir.

-Claro. Vamos.


Si me pilla la policía se me va a caer el pelo, primero porque no tengo carnet de moto, segundo porque he bebido un poco y tercero porque me estoy saltando todos los semáforos en rojo y todos los límites de velocidad. Habré roto unas 15 leyes haciendo esto. Todo por mi idiotez de no creer a Sam. Que por cierto, ¿no es esa que va corriendo?

Pasé al carril contrario, rompiendo así otra ley, para asegurarme de que era ella y sí, lo era.

-¡Sam! ¿Qué haces…?

-¡Freddie! – Dio un salto y subió a la moto - ¡Arranca!

-¿Qué pasa Sam?

-¡Arranca de una puta vez Freddie o nos cogerán!

-¿Cogernos?

-¡VEN AQUÍ MALDITA HIJA DE PUTA! ¡CUANDO ACABE CONTIGO NO VAN A QUEDAR DE TI NI RECUERDOS!

-¡ARRANCA!

Metió la mano por debajo de mi brazo y le dio gas a la moto que plantó. Por un momento temí que nos cayéramos, pero conseguí controlarla y aceleré al máximo.

¿Era ese el novio de la madre de Sam? ¿Y la mujer que corría detrás era…? ¿Era su madre? ¿Cómo es posible que una madre trate así a su hija o que consienta que su pareja le diga esas cosas? Algo gordo a tenido que pasar para que ellos estuvieran tan enfadado y ella tan asustada. Notaba como temblaba, no sé si por el frío o por el miedo, el caso es que temblaba.

Aceleré todo lo que la potencia del motor me permitió y no paré hasta que llegué al faro, que en ese momento, era el único lugar seguro al que podíamos ir. Mi casa era arriesgada por mi madre y la de Carly era arriesgada por ser un lugar demasiado obvio. Si Sam hubiera mencionado la nave, también sería peligroso ir allí, por lo que solo quedaba el faro.

En cuanto paramos, sin mediar palabra, bajó de la moto y se metió dentro del faro. Cuando terminé de ponerle candado a la moto y llegué arriba del todo, vi a Sam sentada en un viejo colchón que había allí tirado, echa un ovillo, con la cabeza entre las rodillas. Seguí temblando.

Me acerqué a ella con cuidado, me quité la chaqueta y se la puse sobre los hombros, en un intento por conseguir que entrar en calor, pero de poco sirvió. Me sentía idiota sentado allí frente a ella, viendo como temblaba y sin hacer nada. Pero la verdad era que… no sabía qué hacer. Podía calmar el frío, pero no el miedo y en ese momento, el miedo la hacía temblar mucho más que el frío.

Me levanté como un rayo y salí corriendo en dirección a la nave. Teníamos unas mantas guardadas para los días de más frío que nos quedábamos componiendo. Solo esperaba que cuando volviera Sam siguiera allí.


¿Me ha dicho que le gusto? Todavía más, con lo de que está orgulloso… ¿quiere decir que me quiere? ¿Qué hago? Mi instinto me dice que cometa una locura, pero mi cabeza, mi parte racional me dice que ignore a la parte animal e instintiva y no haga nada. Ya estábamos llegando al Bushwell Plaza, por lo que mi tiempo de decisión se estaba acabando rápidamente.

Las únicas palabras que intercambiamos en todo el trayecto, fueron las indicaciones que yo le estaba dando y los "vale" que el repetía una y otra vez. Si no fuera por la radio, me habría bajado del coche en el primer semáforo en rojo que hubiéramos pillado para evitar el silencio.

-Es aquí – Dije quitándome el cinturón de seguridad.

-Te acompaño arriba.

-No es necesario – Podría serlo pero… lo que no he hecho antes que lo he tenido perfecto, no lo voy a hacer ahora que estoy indecisa.

-Voy a acompañarte de todas formas. Ponte esto – Dijo dándome su chaqueta – fuera hace frío.

-Estamos delante del vestíbulo.

-¿Vas a estar toda la noche poniéndome "peros" a todo lo que te digo? – Dijo divertido.

Bajamos del coche, entramos en el edificio y entramos en el ascensor. Se podía oír la música que salía de los distintos apartamentos que estaban celebrando el fin del año. Se oían gritos, risas, canciones… Se oía todo lo que yo no había podido disfrutar aquella noche.

Solo había una cosa que podía disfrutar, y era por lo que estaban peleando mi parte racional y mi parte animal. O me vuelvo loca y me arrepiento, o no me vuelvo loca y me arrepiento. No hay mucho donde elegir, pero hay mucho que perder y que ganar.

-Creo que este ha sido el fin de año mas raro de toda mi vida – Dijo él para romper el silencio que la ausencia de música de fondo había generado en el ascensor.

-Para mí ha sido el peor. Este supera con creces el de hace dos años.

-¿Qué paso?

-Mucho alcohol y una piscina. Acabe hecho una piltrafa vomitando hasta la leche que me dio mi madre y al día siguiente ingresé en el hospital con una pulmonía.

-Vaya… No esperaba que te hubiera pasado eso. No pareces el tipo de chica que se emborracha.

-Lo era. Si me hubieras conocido hace tres años solo habría dos palabras para describirme. Era una puta y una borracha.

-Bueno, al menos sabemos que eso es cosa del pasado.

-Creo que es por eso por lo que me importa tanto el qué dirán. Por esa época de mi vida. Sam y yo tuvimos que aguantar mucho después de pelearnos con Shannon, la que nos metió en el mundo del desenfreno.

-¿Es la chica a la que Sam le rompió la nariz?

-La misma. Nos peleamos con ella y… durante mucho tiempo tuvimos que aguantar los insultos de todo el instituto. Nos escribían la palabra PUTA una y otra vez en las taquillas, en las mesas, en las sillas, incluso en los libros.

Las puertas del ascensor se abrieron.

-Pero ahora has cambiado, eso debe formar parte de tu pasado. No has de dejar que eso influya en tu presente y te impida hacer lo que quieras. Si te obcecas tanto en esa faceta pasada y en el miedo a que vuelva, no harás muchas cosas de las que luego te arrepentirás.

-Es aquí. Gracias por traerme.

-De nada.

Abrí la puerta del apartamento, la cerré y me quedé apoyada contra ella. ¿Y si… tenía razón? "¿Y si?" Esa es la pregunta que me voy a estar haciendo siempre.

-¿Y si comento una locura?

A la mierda las consecuencias.

Abrí la puerta, corrí por el pasillo a toda velocidad y justo antes de que las puertas del ascensor se cerraran me deslicé por debajo, haciendo que Brad abriera los ojos como platos.

-Que le den al resto del mundo.

Antes de que pudiera decir nada, me acerqué a él con decisión y empotré mis labios contra los suyos. No había pasado ni un segundo cuando noté sus brazos rodeando mi cintura, obligándome a acércame más.

Tal y como había previsto, al más mínimo contacto con sus labios, saltaron chispas. Si hubieran salido al exterior, el ascensor se habría incendiado.

Por las veces que había sonado la campanita del ascensor, adiviné que quedaban solo cinco plantas para llegar al vestíbulo, y como ya había empezado con aquella locura, iba a llevarla al extremo. Empecé a profundizar el beso y a él le vencieron las ansias, terminando lo que yo había terminado. Aprovechó que abriera la boca para tomar un poco de aire para atacarla con su lengua. Yo, como respuesta, rodeé aun más su cuello con mis brazos.

Sam decía que: "Un beso pasional, es una relación de dar y tomar". Y eso fueron las siguientes cuatro plantas. Una batalla, un intento desesperado por saborear el uno al otro todo lo que pudiéramos antes de que las puertas del ascensor volvieran a abrirse

Cuando oí la octava campanadita, me separé de él. Ambos respirábamos de forma agitada y la temperatura del ascensor había subido de forma considerable después de aquel intenso beso.

-¿Esto no cambia nada verdad? – Preguntó él.

-Por ahora no. No estoy preparada…

-Para empezar una relación – Terminó mi frase. –Te entiendo, no te preocupes. Y no voy a juzgarte por esto.

-Alguien muy inteligente me dijo que muchas veces había que dejar atrás el qué dirán y hacer locuras.

-Tendré que darle las gracias a ese alguien. Hasta la próxima Carly – Se acercó y me dio un último beso antes de irse.

-Yo también le tengo que dar las gracias – Susurré cuando salió del edificio.


Cuando volví con la manta, Sam estaba en la misma posición que estaba cuando me fui, solo que se había puesto la chaqueta, no la había dejado sobre los hombros. Me acerqué a ella de nuevo y le puse la manta por encima. Después me volví a sentar frente a ella.

No sabía por donde empezar a hablar. Tenía demasiadas frases sueltas y preguntas arremolinándose en mi mente como para decir algo coherente. Y esa sensación de ser un completo idiota que llevaba atormentándome toda la noche, volvió a caer sobre mí con mucha más fuerza.

-No parece que vayas a decir nada – Susurré cuando me di cuenta de que ni siquiera me estaba mirando a los ojos – así que hablaré yo. Lo siento. Siento no haberte creído. Cameron me ha dicho que entre tú y él no hay nada, aunque con verlo con Amber, la chica pelirroja, me di cuenta de lo imbécil que estaba siendo y que soy. Puede que Brad y tú tengáis razón… Los celos me han vuelto loco. La idea de que Cam y tú estuvierais juntos pudo conmigo y los celos fueron demasiado rápidos y demasiado fuertes. Pero no quiero que estemos así, no quiero que me evites. Eres mi mejor amiga Sam…


Aunque no le miraba, escuchaba atentamente sus palabras. De un modo u otro, su voz me calmaba un poco.

-…Y no quiero que eso cambie, no quiero que acabe. Si eso pasara… ni siquiera soy capaz de describir lo que sentiría si, desde hoy, decidieras dejar de hablar conmigo, pero te aseguro que no sería nada bueno. Hablar contigo por las noches, verte en los ensayos y en casa de Carly o en la biblioteca, se ha convertido en parte de mi vida. TÚ te has convertido en una parte muy importante de mi vida en muy poco tiempo y no quiero perder eso. No quiero perderte.

Sonaba sincero. Sonaba roto. Yo tampoco quería perderlo como amigo, tampoco quería perderlo a él. No quería que se alejara de mí.

-No sé lo que ha pasado en esa casa, pero estoy seguro de que no es agradable. No estás sola y yo no voy a moverme de aquí hasta que me cuentes lo que ha pasado. Tómate tu tiempo, tenemos toda la noche.

Se apoyó en el muro y echó la cabeza hacia atrás, tratando de relajarse. Yo seguía en la misma postura, echa un ovillo tembloroso y asustado, mirando a la nada.

Agradecía que estuviera conmigo y que no fuera a irse. No quería estar sola. Quería estar con él. Freddie también era una parte muy importante de mi vida, había puesto todo mi mundo patas arriba en unos meses y no sabía como interpretar eso. Solo sabía que quería que siguiera poniendo todo lo que conocía patas arriba.

-Por cierto – Susurró sin abrir los ojos – estás preciosa. No había tenido oportunidad de decírtelo.

Con sumo cuidado, me acerqué a él, me senté a su lado y rodeé su torso con los brazos a la vez que apoyaba la cabeza en su hombro. Al sentir aquello se puso un poco tenso, y no sé si me miró o no, pero tras unos segundos me rodeó los hombros con su brazo, haciendo que un extraño calor invadiera todo mi cuerpo.


Se abrazó a mí y apoyó su cabeza en mi hombro. No me esperaba que hiciera aquello, sin embargo, rodeé sus hombros con mi brazo. Me atreví a mirarla de nuevo y la vi tan vulnerable, tan pequeña, tan débil… Vi la cara más oculta de Sam. Aunque no hablaba ni me miraba, no quería que se moviera de donde estaba, quería que se quedara ahí siempre. Tenerla cerca me hacía sentir tremendamente bien, a pesar de que solo estuviera abrazada a mí.

De pronto sus hombros empezaron a agitarse ligeramente, cada vez cogiendo más intensidad, y algo caliente empezó a mojar mi camisa.

-Han roto el candado – Sollozó antes de romper en llanto. – Han conseguido romper el candado y cuando he llegado a casa estaban en mi habitación.

En un acto reflejo, la acerqué más a mí, pero ella se zafó de mi agarre y se puso de pie.

-Ese cabrón a metido a mi madre en el mundo de las drogas, los dos son unos camellos que venden droga en mi propia casa. Hace días que entran y salen tipos raros de mi casa y ahora sé por qué era. Y no solo eso, si no que los dos se drogan. Tengo a una madre alcohólica, que se droga y me odia.

Me levanté y traté de acercarme a ella para calmarla, pero sus nerviosos movimientos me lo impidieron.

-¡HA INTENTADO VIOLARME FREDDIE! ¿¡VES ESTO? – Gritó retirándose el pelo del cuello y dejando al descubierto varias marcas amoratadas – ¡ESTO ME LO HA HECHO ÉL Y NO CON LAS MANOS PRECISAMENTE! ¡Y MI MADRE SE HA EXCITADO! ¡SE HA PUESTO CACHONDA MIENTRAS MIRABA COMO SU NOVIO ME METÍA MANO EN CONTRA DE MI VOLUNTAD! Creí que… creí que iba a violarme Freddie. Creí que no iba a poder reaccionar a tiempo. Creí que iban a atraparme y a…

Me acerqué a ella y la abracé con todas mis fuerzas. Solo pensar en lo que le podría haber pasado, hacía que me pusiera enfermo.

-¡No tengo a donde ir Freddie! – Gritó llena de desesperación.

-Sam – La aparté y la miré a los ojos – vete a San Francisco. Olvida el grupo y todo lo demás y vete a San Francisco. Lo único que quiero es que estés sana y salva.

-¿San Francisco? – La rabia llenó sus ojos - ¡EL TAMBIÉN ME TRAICIONÓ! – Se apartó de mí empujándome.

-¿Qué?

-¡ÉL TAMBIÉN ME TRAICIONÓ! ¡LA ÚNICA PERSONA QUE ME QUERÍA, LA ÚNICA PERSONA QUE CONFIÓ EN MÍ ALGUNA VEZ! ¡LA ÚNICA PERSONA QUE PROMETIÓ QUE ESTARÍA SIEMPRE A MI LADO NO ERA MÁS QUE UN VULGAR Y MALDITO MENTIROSO!

Ahora estaba más enfadada que antes y lloraba con más fuerza.

-¡MI ÚNICO APOYO Y MI ÚNICA PROTECCIÓN ME MINTIÓ! ¡MI PADRE NO VIVE EN SAN FRANCISCO! ¡NO TENGO PADRE! ¡SOY LA HIJA DE UN PUTO SUICIDA!

Sus palabras rebotaron por todas las paredes del faro y se clavaron a fuego en mi cerebro. ¿Un suicida? ¿El padre de Sam se había suicidado? ¿Por eso… por eso escribió Emergency?

-¿Tu padre se suicidó?

-Ahí tienes el gran secreto de Sam Puckett, Benson – Dijo completamente destrozada.

Sin previo aviso, dejó caer la manta y salió de la cúpula del faro. Salí tras de ella a toda velocidad y la vi encarada a la barandilla tratando de pasar una pierna por encima.

-¿¡Qué estás haciendo? – Grité enfadadísimo agarrándola por el brazo y bajándola de allí.

-¡Lo que es mejor para mí, Freddie!

-¿Lo que es mejor para ti? ¿¡Suicidarte es lo mejor para ti?

-¿¡QUÉ OTRA OPCIÓN TENGO FREDDIE? ¿¡QUIÉN SE PREOCUPA POR SAM, QUIÉN QUIERE A SAM?

-¡CÁLLATE, SAM!

-¡Dime una cosa! ¿¡Quién se va a preocupar por Sam? ¿¡EL PADRE QUE SE AHORCÓ EN LA DUCHA CON UN CINTURÓN O LA MADRE QUE DEJA QUE SU NOVIO LE META MANO? ¡NADIE SE PREOCUPA POR MÍ FREDDIE! ¡NADIE!

Movido por… no lo sé. La ira, la rabia, el daño que me estaban haciendo sus palabras… Me acerqué a ella, le agarré la cara con fuerza y la besé.

Chispas, rayos, truenos, fuego, torbellinos, taquicardia… Todo eso se despertó en mí cuando mis labios atacaron los suyos, húmedos y salados por las lágrimas.


Me agarró con brusquedad y me besó con fuerza. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Así. Así de cerca quería tenerlo, ni más ni menos. Una parte de mí sentía que hacía demasiado tiempo que debería haberse acercado, la otra, estaba llena de confusión.

-Nunca – Dijo con voz rota y con los ojos llenos de lágrimas cuando se separó – nunca se te ocurra volver a hacer una locura así. Y nunca vuelvas a decir que nadie se preocupa por ti y que nadie te quiere. Porque te equivocas – Me abrazó y enterró su cara entre mi hombro y mi cuello – Te equivocas – Susurró.

Las lágrimas volvieron a llenar mis ojos. Le correspondí el abrazo y lloré por enésima vez aquella noche.

-Lo siento. Lo siento.

Cada vez nos abrazábamos con más fuerza como si tuviéramos miedo de soltarnos, como si todo dependiera de ese abrazo, como si la vida de uno estuviera en los brazos del otro.

-Te equivocas.

-Perdóname.

Aquellas eran las únicas palabras que dijimos durante un largo rato, hasta que todo quedó en silencio, salvo por las olas que rompían con fuerza contras las rocas. Dimos un par de pasos y entramos de nuevo en el faro. Cerré la puerta con el pie y me alejé un poco de él.

Lo miré a los ojos durante un segundo.

Cerca.

Pero no lo suficiente.


Esa vez fue ella la que, poniendo sus manos en mi cuello, cerró el poco espacio que había entre nosotros. Y de nuevo, chispas y taquicardia.

El beso iba ganando intensidad a cada segundo, nuestros labios se movían en perfecta sincronía, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Pero… no era suficiente, en ese momento nada parecía suficiente. Aunque no podía correr ni una brisa de aire entre nosotros, no estaba lo bastante cerca.

-¿Qué pasa ahora? – Preguntó de pronto rompiendo el contacto.

-¿Entre nosotros?

-Sí. ¿Es esto solo un beso o… algo más?

-¿Qué quieres que sea?

-No lo sé. Un beso. Solo un beso. Un secreto. Un aviso.

-Solo un beso. Ahora… cállate.

No podía contenerme, en ese momento me atraía demasiado. Volví a atacar su boca, pero esta vez, sin andarme con rodeos. Rocé con cuidado su labio inferior con mi lengua, diciéndole lo que quería. Ella reaccionó enseguida.

Empezamos una batalla por el dominio, una danza, un toma y daca… como lo quieran llamar.

Lo que sabía seguro es que, aunque fuera solo un beso, era el mejor que me habían dado en mi vida.

Hasta aquí. ¿Qué? ¿Os ha gustado? Espero que sí.

La verdad es que no tengo mucho que decir salvo que, como siempre, dejéis vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Besos ^^