Hey, hey, ya estoy aquí. Muchas gracias por los revires del capítulo anterior. Ya son más de 300. No me lo creo, en serio, no me lo creo. MIL GRACIAS. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


Aquella noche no pasó nada más entre Freddie y yo. Nos quedamos dormidos en el colchón del faro, después de varias horas de dudas, lágrimas mías, abrazos y palabras tranquilizadoras. Creo que el sol estaba asomándose por el horizonte cuando conseguí dormirme, pero para entonces, me pesaban tanto los ojos y estaba tan cansada que no sabía si era cierto o solo alucinaciones.

Poco después de caer en los brazos de Morfeo, me desperté empapada de sudor por culpa de una pesadilla que repetía una y otra vez los gritos y los golpes de mi madre y su novio. Lancé varios puñetazos al aire antes de despertarme por completo respirando como si acabara de correr una maratón. Miré a mí alrededor, temiendo volver a estar en la habitación, y entonces reparé en la presencia de Freddie, que seguía durmiendo.

Volví a acurrucarme junto a él, enterrando la cara en su pecho, buscando ese calor especial que solo él desprendía. Aspiré profundamente. Canela, menta y loción para después del afeitado. Tres olores completamente diferentes, pero a la vez tremendamente compatibles. Solo él olía así.

Hacía unas horas, como tantas otras veces, Freddie había puesto mi mundo patas arriba. No por el hecho de ponerse a llorar cuando estuve a punto de saltar desde aquí arriba hasta las rocas, ni tampoco por haberme repetido más de mil veces que estaba equivocada al pensar que nadie se preocupaba por mí; sino por algo mucho más simple.

El beso.

Ese beso que me había hecho temblar de pies a cabeza, ese beso que debería no haber significado nada pero que ha dejado secuelas en mí y en mi forma de ver las cosas. Ese beso que me había cogido por sorpresa, que me había atrapado en sus redes y no me dejaba escapar de ellas. Yo no quería escapar de esas redes. Ese beso que, como era propio de Freddie, había puesto todo patas arriba en mi interior.

Había sido solo un beso pero… ¿significaba algo más?


Me desperté con frío y medio aturdido, tratando de adivinar donde estaba a través de mi vista desenfocada. Sin embargo, no fue eso lo que me trajo de nuevo a la tierra y me sacó de mi estado de Nirvana. Fue un olor. Un olor inconfundible: Limón, menta y vainilla.

Sam.

Automáticamente todas las imágenes de la noche anterior volvieron a mi cabeza.

La moto, los gritos, el miedo, el frío, las lágrimas, el dolor… El beso.

¿Por qué la había besado? ¿Por qué lo había hecho? ¿Me arrepentía de haberlo hecho? No, claro que no.

Solo recordar el momento en que se había acercado a la barandilla con intención de saltar, hacía que se me encogiera el estómago. Nunca había experimentado un miedo igual… bueno… sí que lo había hecho, solo una vez, pero lo había sentido. Solo una vez en mi vida había experimentado ese miedo a perder una parte de mí: el día que encontré a mi madre después de que se tomara aquel bote de pastillas. En ese momento tuve el mismo miedo que anoche; un miedo irracional que te hace actuar puramente por instinto. En el caso de mi madre, mi reacción fue la de meterle los dedos en la garganta para que vomitara y mojarle la cara con agua helada para mantenerla todo lo despierta que pudiera. Con Sam había sido más radical. Había pasado de una brusquedad llena de rabia y miedo, a una brusquedad llena de ternura y… ¿amor? Sí, claro que había amor en el beso pero, ¿qué tipo de amor? Recuerdo muy bien lo que sentí al besarla: chispas y taquicardia. Pero eso seguía sin responder a mi pregunta.

Volví a mirar a Sam. Todavía llevaba puesta mi chaqueta. Miré sus piernas, su pelo, los moratones que habían hecho los dientes y los labios de aquel desgraciado en su cuello, miré la expresión relajada y tranquila de su rostro dormido. Miré como subía y bajaba su pecho al compás de su respiración y no pude evitar pensar que, si no hubiera sido por mí y por las 30 leyes que había quebrantado, ahora mismo era posible que no estuviera respirando. Miré sus labios. ¿Cómo era posible que el más mínimo roce con ellos despertara tantas cosas en mí?

Volví a recostarme junto a ella y pasé mi brazo por su cintura, solo con una intención. Protegerla. Desde hoy, esa era mi misión.

Cerré los ojos y volví a quedarme dormido en cuestión segundos.


Me desperté por la mañana y tenía la sensación de no haber dormido en años. Me pesaban los ojos, el cuerpo… estaba hecha un completo asco en todos los sentidos. Solo una cosa me despejaba cuando estaba así: el café especial de Spencer.

Salí de la cama, me puse una vieja chaqueta de mi hermano y bajé a la cocina.

-Buenos días Spencer – Le saludé cuando llegué al último tramo de escaleras.

-Bueno días pequeña, te he hecho un café especial. He supuesto que lo necesitarías.

-Oh, sí, lo necesito.

-Sí, se te nota.

Le lancé una mirada asesina aunque… no estaba equivocado. Se notaba a la legua que lo necesitaba urgentemente.

-Por cierto, ha venido Gibby antes con una bolsa con las cosas que tenías en su casa. Ha dicho que ya no va a hacer falta que estén allí.

-¿Qué hay? A parte de ropa claro.

-Pues, fotos y un par de cosas más.

-¿Te apetece hacer una fogata? Ahora mismo, en la azotea, en la barbacoa.

-Carly, estás hablando con el mayor experto en encender fuegos tanto provocados como accidentales. Pero, ¿por qué quieres hacer una fogata con las fotos y los regalos?

-Porque Gibby y yo terminamos anoche.

-¿Cómo? Lo siento mucho pequeña – Dijo dándome un abrazo.

-No lo sientas, no me dolió que termináramos, me dolió lo que hizo.

Y era cierto. Tenía tan claro que iba a acabar con nuestra relación esa noche, que el hecho de que hubiéramos roto era la menor de mis preocupaciones. Pero me dolía que el detonante de todo hubiera sido ese acto tan rastrero. Por culpa de ello, no solo habíamos dejado de ser pareja, sino que habíamos dejado de ser amigos.

-¿Qué hizo?

-No te enfades demasiado – Se va a poner hecho un basilisco – Se acostó con otra chica.

-¿¡Que hizo qué? – Más bien basilisco y medio - ¡Espera que lo coja, espera a que le ponga la mano encima! ¡Va a estar una larga temporada sin tener ganas de acostarse con nadie y espero que en el futuro no quiera tener hijos, porque te aseguro que no podrá!

-¡Tranquilo! Ya recibió su merecido anoche. Los gemelos se encararon contra él y le demostraron lo que pasa si te metes con alguna amiga suya.

-Pero… ¿tú estás bien?

-La verdad – Dije sentándome en el sofá con las piernas cruzadas – he estado mejor. ¿Quién me niega que no fuera la primera vez que se acostaban? Sam me lo advirtió hace semanas: déjalo antes de que te haga daño, porque sabes que te lo hará. Y yo, lo único que hice fue darle demasiadas oportunidades, hasta que al final he salido mal parada.

-Hay muchos más chicos en el mundo, pequeña. Por ejemplo ese chico de la foto del móvil de Sam. El guapo. ¿Cómo se llamaba?

-Brad.

-Eso, Brad. Tiene cara de ser un buen chico. Pero bueno, tampoco es necesario tener novio ya. Ahora lo que te toca es disfrutar al máximo de la soltería. Olvídate de Gibby y vive, ya encontrarás a alguien que te trate bien y te merezca. Nadie que consigue estar con una chica como tú es tan tonto como para desaprovechar la oportunidad maltratándote.

-Algo parecido me dijo Brad anoche.

-Pues hazle caso. Ahora tómate el café.


La luz que entraba a través de los cristales de la cúpula del faro era demasiado fuerte como para seguir durmiendo; así que, muy a regañadientes, abrí los ojos. Lo primero que vi fue la cara de Freddie que seguía durmiendo. Solo eso me recordaba que no estaba en casa y que, en lugar de ello, estaba a salvo.

Traté de levantarme para estirarme pero algo me lo impidió. Su brazo. No sabía cuándo lo había puesto ahí, pero verlo hizo que una tímida sonrisa apareciera en mi cara.

-Freddie – Susurré – Freddie hay que levantarse.

Abrió los ojos y parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz.

-Buenos días bello durmiente.

-Ahora soy el bello despierto. ¿Qué tal has dormido?

-Bien, aunque no del tirón. ¿En qué hora vivimos?

-Mi teléfono lo tienes tú – Dijo señalando la chaqueta – está en el bolsillo derecho.

-Las diez y media – Dije cuando se iluminó la pantalla.

-¿¡Las QUÉ? ¡Mi madre me va a cortar las pelotas! Vamos te llevo a casa, la moto de Cam sigue aparcada abajo.

-¿Casa? – Le pregunté antes de que empezara a bajar las escaleras - ¿Qué casa Freddie?

Yo ya no tenía casa, ¿a dónde iba a ir?

-A casa. Con Carly y conmigo. Ya sabes que no voy a dejar que vuelvas allí con tu madre, y menos después de lo de anoche. Ya encontraremos un modo de recoger tus cosas, pero por ahora, tendremos que conformarnos con lo que tengas en casa de Carly. ¿Vienes? – Dijo teniéndome una mano para ayudarme a levantarme.

-Oye – Dije mientras bajábamos las escaleras de caracol del faro – gracias… ya sabes… por lo de anoche. No sé ni dónde ni cómo estaría ahora si tú…

-Sam – Me cortó antes de que pudiera terminar – no tiene que darme las gracias. Fue Cameron el que me dejó la moto para ir hasta tu casa. Que llegara allí en el momento justo no es más que una casualidad.

-¿Para qué querrías ir tú a mi casa?

-Para lo que te dije anoche, para pedirte perdón por haber sido un capullo y un celoso.

Celoso… Antes la palabra celoso tenía otro significado en Freddie. Pensaba que lo único que quería era tener a todas las chicas detrás de él, que quería ser el centro de atención. Pero, después de lo de anoche… ¿significará otra cosa?

-Aun así, gracias por salvarme la vida dos veces en solo dos horas.

-Diciéndolo así… parezco más tu ángel de la guarda que tu amigo.

Ángel de la guarda…


-Toma, será mejor que esta vez sí que te pongas el casco.

-¿Cuántas leyes quebrantaste anoche? – Preguntó poniéndose el casco.

-Así a ojo de buen cubero… un montón.

-Esperemos que tu madre no se entere.

-Más vale que no si quiero seguir conservando la vida. Monta.

Se abrochó la chaqueta hasta arriba y se subió a la moto. Como todas las veces anteriores que había subido, se agarró a mi cintura con fuera pero, aquella vez, fue diferente. No que se agarrara, sino lo que sentí… Un pequeño hormigueo recorrió todas las zonas que sus brazos había tocado; cuando se dejó caer en mi espalda me tensé, sin embargo no quería que se apartara.

Busqué su mirada a través del espejo retrovisor y, sorprendentemente, ella también me estaba mirando a través de él, por lo que nuestras miradas se encontraron. Y de nuevo, taquicardia. ¿Por qué?

-Agárrate fuerte no te vayas a caer.

Conduje por las vacías calles de Seattle. Al parecer la fiesta de anoche le estaba pasando factura a toda la ciudad. Llevar la moto de Cameron me relajaba, dentro de lo poco que me podía relajar lo hacia, me hacía sentir más libre que cuando llevaba el coche. Y llevar la moto de Cameron también me hacía pensar.

¿Debía volver a nombrar el beso o era mejor callarme? Puede que si no lo ha nombrado es porque no quiere hablar de ello; pero también puede ser que no quiera nombrarlo por que, como yo no lo he nombrado, cree que no quiero hablar de él. ¿Por qué le estoy dando tantas vueltas? Quedamos en que solo era un beso. Solo un beso. Ya está, un rollo de una noche. ¿Por qué me molestaba tanto eso? ¿Por qué me jodía tanto el hecho de que solo fuera un beso y nada más?

Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado al Bushwell. Aparqué la moto, entramos dentro, esquivamos a Lewbert y entramos en el ascensor. Llegamos a la octava planta, avanzamos por el pasillo hasta donde nuestros caminos se separaban.

-Será mejor que entre a darme un ducha y cambiarme – Dijo ella para romper el silencio.

-Sí, creo que será lo mejor para mí también. Huelo a pescado y a bolsa de gimnasio.

-Ya somos dos. Por cierto, toma – Dijo dándome la chaqueta.

-Tranquila, ya me la darás.

-Gracias. Bueno… ya nos vemos.

-Sí… Hasta otro día.

Y en ese momento, me perdí en sus ojos. No podía apartar la mirada, no quería apartar la mirada. Podría haberme quedado toda la eternidad mirando aquellos ojos azules que tan desapercibidos habían pasado para mí hasta la fecha. Di un pequeño paso al frente pero entonces…

-¡FREDWARD BENSON! – Mi madre abrió la puerta hecha una furia, con el camisón y la bata puestos, además de unos enormes rulos puestos en la cabeza sujetados con una redecilla color rosa - ¡¿CREES QUE ESTO SON HORAS DE VENIR? ¡ME TENÍAS MUY PREOCUPADA! ¡PODRÍAS HABERME LLAMADO O HABER VUELTO HACE CUATRO HORAS! ¿¡Y QUIÉN ES ESA CHICA? ¿¡POR QUÉ LLEVA TU CHAQUETA? ¿¡FREDWARD QUE HAS HECHO?

-Buenos días señora Benson, lo siento ha sido todo culpa mía – Dijo Sam con voz de no haber roto nunca un plato – Anoche en la fiesta me dio un bajón de tensión y me desplomé en el suelo. Freddie ha pasado toda la noche conmigo en el hospital, no dejaban que me fuera hasta que los análisis estuvieran, ya sabe, por precaución. También me hice esto en el hombro al caer – Dijo enseñando un enorme moratón.

-¿Es eso cierto? – Yo asentí frenéticamente - ¡MI NIÑO ES TODO UN CABALLERO! Vamos entra cielo, ¿qué quieres desayunar?

Antes de que mi madre cerrara la puerta me di la vuelta y le susurré un "Gracias" a Sam.


Entré en el apartamento de Carly procurando no hacer mucho ruido por si estaban durmiendo todavía. Me quedé pegada a la puerta y respiré hondo. Cogí el cuello de la chaqueta y aspiré el olor que desprendía. Automáticamente una sonrisa idiota apareció en mi casa.

-¡Sam! ¿Qué haces aquí? – Solté la chaqueta a toda velocidad esperando que no me hubiera visto.

-Necesito pedirte un favor Carly.

-Tengo un montón de cosas que contarte sobre anoche – Empezó a emocionarse. Mi parte de la historia tendría que esperar.

-¿Te importa si me ducho mientras me lo cuentas? Huelo fatal.

-Claro vamos.

Cogí todo lo necesario y me metí dentro de la ducha. Carly se sentó en la taza del váter y empezó a hablar.

-Anoche terminé con Gibby, pero no fue como esperaba. Fui a buscarlo para hablar con él y dar el tema por zanjado, pero cuando abrí la puerta de su coche… Lo vi… Se estaba tirando a Tasha.

-¿Tirando cómo?

-Tirando nivel: El tanga rojo de ella estaba en su cabeza.

-¿¡SE ESTABA ACOSTANDO CON ELLA? ¡GRANDÍSIMO CABRÓN!

-Relájate Sam. Sí, es un cabrón de los grandes pero recibió su merecido. Los gemelos se encararon contra él y le dieron una somanta de palos.

-Recuérdame que les de las gracias. ¿Qué pasó después?

-Brad vino a buscarme y… hablando, hablando… le acabé confesando que me gusta. Y él me dijo que también le gusto. Pero… no me sentía bien cometiendo la locura de besarlo nada más romper con Gibby, no me sentiría mejor persona que él haciendo eso. Entonces Brad me dijo que tenía que mandar a la mierda el qué dirán y cometer locuras de vez en cuando.

-Sabes que si me dices que no le hiciste caso te mataré, ¿verdad? – Dije sacando la cabeza fuera de la ducha.

-Tendrás que guardar las armas en ese caso.

-¿Lo besaste?

-Más bien le absorbí el alma.

-¡AAAAHHHHH! ¡DETALLES, DETALLES!

-Dios, fue… - Hizo un sonido extraño, una mezcla entre un gruñido y un gemido – indescriptible se queda corto. Me colé en el ascensor, lo agarré y ya está. Lo besé. Ocho plantas de puro fuego Sam, con eso te lo digo todo. Pero no estamos juntos, es demasiado pronto.

-Lo estaréis. Por cómo hablas, te doy dos meses de aguante hasta que vuelvas a saltar en sus brazos.

-Tiempo al tiempo. Bueno, ¿qué era eso que me tenías que pedir?

Llegaba el momento de contarle todo. Me puse seria y tensa. ¿Se lo contaba todo, todo? ¿O me saltaba la parte en que intenté saltar del faro? Dios, no sé cómo se lo tomará si se lo cuento, puede que sea demasiado para ella.

-Necesito que dejes que me quede aquí una temporada.


Nada más entrar en casa, llamé a Cameron para que viniera. Tenía que contarle lo de anoche o explotaría. Obviamente la parte del intento de violación y de su madre violenta me lo saltaría, eso era un secreto entre Sam y yo. Necesitaba consejo, o más bien, un ingeniero que fuera capaz de resolver el embrollo de pensamientos que se arremolinaban en mi cabeza.

Justo cuando me puse una camiseta limpia, Cam llamó a la puerta de mi habitación.

-¿Qué pasó anoche? Por tu voz sé que nada bueno.

-Voy a ir al grano. No me va a servir de nada darle vueltas a la perdiz. Anoche besé a Sam.

-¿¡CÓMO? ¡CUÉNTAME CÓMO FUE!

-No lo sé, fue más instintivo que otra cosa. Simplemente le cogí la cara y la besé. Lo hice sin pensar la primera vez.

-¿La primera vez? ¿Hubo una segunda?

-Y una tercera también. – Sus ojos se abrieron como platos – El segundo lo empezó ella. Me miró y atacó. Enseguida le seguí el juego, necesitaba seguirle el juego, mantenerlo vivo para siempre, ¿sabes a lo que me refiero? Entonces me preguntó qué pasaba después de aquello, si era solo un beso o algo más. La tenía a esta distancia – Dije poniendo mi mano a unos tres centímetros de mi cara – así de cerca y me parecían kilómetros. Me… dolía que estuviera a esa distancia.

Cameron me miraba atento, como si fuera un profesor dando una clase de batería. Estaba completamente metido en lo que le estaba contando.

-Dijimos que era solo un beso, pactamos que sería un secreto y… me vencieron las ganas. La volví a besar y esa vez el autocontrol y los frenos se quedaron atrás. No podía parar de besarla, era adictiva, como una droga. Fue… indescriptible. Intenso. Desesperado. No sé.

-Fue como si nunca hubieras besado a nadie antes.

-Exacto. Y… en ese momento no lo pensé pero ahora… no sé si el hecho de que fuera solo un beso me molesta más de lo que debería. No sé qué pensar Cameron.


-¿¡Que tu madre hizo qué? ¿¡Su novio? ¿¡Drogas? ¿¡Que te pegó?

Las palabras salían de la boca de Carly a una velocidad increíble.

-Eso mismo, por eso necesito quedarme aquí Carly. Si vuelvo a casa, soy carne de cañón.

-Claro que te vas a quedar aquí, pero si lo haces, tienes que denunciar a tu madre y a ese hijo de una hiena.

-¿Denunciarlo?

-Sí, aunque sea tu madre. La violencia, el intento de violación y las drogas son bastante para que les caiga una buena condena a cada uno. Además Freddie está de testigo. Debes hacerlo Sam, aunque te duela, ella no lo dudó ni un minuto antes de hacerte eso – Dijo señalando el moratón de mi hombro.

-¿Me acompañarías?

-Claro que si – Se sentó a mi lado en la cama y me abrazó por los hombros –esta y todas las veces que haga falta Sam. No voy a dejar que nadie te vuelva a poner un pelo encima. Puedes instalarte en el estudio del tercer piso, solo haría falta una cama y una cómoda para tu ropa y listo. Seguro que Spencer está de acuerdo.

Se produjo una larga pausa en la que ni una ni la otra dijo nada.

-Carly… anoche besé a Freddie.

-¿Qué? – Fue más un susurro que otra cosa.

-Anoche besé a Freddie. Empezó él pero yo le seguí el beso las dos veces que se lanzó. La segunda vez me lancé yo. ¿Sabes por qué? Porque me dio un abrazo después de besarme la primera vez y cuando me separé de él, a pesar de estar a dos centímetros de él, no estaba lo suficientemente cerca.

-Vaya… no me esperaba que me dijeras eso.

-Yo no esperaba que de entre todas las cosas que te tenía que contar estuviera eso.

-¿Cómo te sentiste? Cuando te besó la primera vez quiero decir.

-La primera vez estaba un poco de piedra, la segunda vez más relajada, al fin y al cabo lo empecé yo. La tercera fue la más… De todas las veces que me han besado chicos, y sabes que han sido bastantes, nunca antes había sentido nada parecido a lo que sentí anoche cuando me besó él.

-Supongo que sabes lo que quiere decir eso, ¿no?

-Sí, lo sé, pero… no quiero que signifique lo que significa.


-Creo que eso responde a la pregunta que te hice anoche. Sí que te gusta Sam, puede que incluso más que eso.

-Puede pero… Sam es un imposible. Fue ella la que dijo que era solo un beso así que... solo fue un beso y nada más – Dije mirando una foto en la que salíamos todos, sacada el día de la Vendetta.


Hasta aquí. ¿Qué tal? Vamos a ver, tengo novedades.

Primero, me he hecho un Facebook y un Twitter, en los dos casos, el nombre de usuario es Alexia Williams, pero en Twitter buscadme como RedHairedAlex. Sois libres de seguirme si queréis

Segundo. Esta no va a ser la última historia que escriba aquí ni mucho menos. Es más, estoy pensando en hacer una secuela de esta historia, más que nada por no quedarme corta solo con una y poder contar todo lo que tengo en mente.

Tercero, siento haber tardado tanto en hacer el beso SEDDIE pero… no sé, hasta el capítulo anterior no encontré el momento perfecto para escribirlo.

Cuarto, habéis visto la foto de Nathan que ha publicado Dan en Twitter y Facebook… Lágrimas everywhere

Bueno, nada más salvo que dejéis vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos ^^