Capítulo 6 : Uniendo fuerzas.
Nada más amanecer, Harry se puso en pie. Llevaba despierto más de dos horas – desde la última vez que Ginny, de forma metódica, le había untado el ungüento sobre las heridas – meditando sobre todo lo sucedido la noche anterior, y cuantas más vueltas le daba al asunto, mas convencido se hallaba de que el ataque de aquella bestia que tenía tanto de humano, aunque no lo pareciese a simple vista, no se había producido al azar. Se llevó la mano a las heridas con sumo cuidado, y las palpó; estaban prácticamente curadas, y desde luego, no le impedían ni coartaban ninguno de sus movimientos. Sonrió, doblemente satisfecho.
Si en aquel momento se sentía tan recuperado del ataque, era todo gracias a Ginny, quien había pasado en vela la mayoría de la noche, controlando el tiempo para administrarle el ungüento exactamente cada dos horas. Ella casi no había dormido, él lo sabía, a pesar de que a él sí le había vencido el sueño una y otra vez, debido al cansancio producido por la sangre que había perdido. La miró, ahora dormida, sintiendo que el mundo entero para él yacía en aquel cuerpo de mujer, tan perfecto, y en aquél carácter capaz de lidiar con el suyo propio – endemoniado - , y a la vez tan dulce.
No dejó de contemplarla mientras se cambiaba de ropa, aprovechando esos mágicos momentos antes de que ambos tuvieran que marcharse, pues había decidido que, al menos por el momento, las vacaciones juntos se habían terminado. Sonrió de nuevo, irónico; era la segunda vez que había compartido lecho con una mujer y que nada había pasado entre ambos, y en las dos ocasiones ella había sido la protagonista; la única mujer con la que había soñado una y otra vez de todos los modos posibles, y a quien jamás osaría importunar de ese modo si ella misma no se lo pidiera. ¿Llegaría ese día? – se preguntó - ¿Llegaría el día en que Ginny se entregase a él, en que desease fundirse con él, en que se lo pidiese? No iba con él hacerse vanas ilusiones, pero hubo de reconocer que, después de lo vivido con ella la tarde anterior, ya no era tan descabellado desear que sucediese. Y tuvo claro que si pasaba, ya no habría vuelta atrás; para toda la vida.
No se dio cuenta si él había hecho ruido de forma despistada al cambiarse, pero ella abrió los ojos lentamente, y nada más verle, sonrió.
- Buenos días, preciosa – él sonrió también, cariñoso. Se inclinó con cuidado y le dio un dulce beso.
- Hummmm… - Buenos días, Harry – parpadeó, remolona, mientras se desperezaba. Al verle de pie, vestido y dispuesto para salir, saltó de la cama, terminando de despertarse de golpe.
- ¿Qué estás haciendo? – se plantó ante él, obstaculizándole el paso.
Él acarició su rostro con ternura, pero le ofreció una mirada seria.
- Cámbiate de ropa, Ginny, por favor. Volvemos a Londres; yo al Ministerio de Magia, a reclutar un escuadrón de aurores para dar caza a esa maldita bestia; y tú a Godric´s Hollow, donde vas a quedarte, al menos hasta que yo vuelva – sentenció.
- De eso, nada – ella puso los brazos en jarras, dejándole bien claro que no iba a permitirle pasar. – En primer lugar, tú no vas a ir a ningún lado, excepto a la consulta del Reverendo Campbell, para que te examine las heridas. Y en segundo, yo no voy a regresar a Godric´s Hollow, si tú no vuelves conmigo. ¿Está claro?
Una inmensa preocupación nubló la mirada de Harry, al escucharla.
- Lo que nos atacó anoche no es un lobo, Ginny – afirmó con total seriedad.
- ¿Y qué es, entonces? – ella preguntó, extrañada – No fue un hombre lobo, Harry; tenía la forma de un lobo; sí, enorme, pero sólo de un animal. No había nada humano en él.
- Te equivocas. Su mirada era completamente humana. Antes de decidirse a atacarme, me estudió; pude ver sus ojos inteligentes tanteándome, y supe que no deseaba atacarme.
- Pues si llega a desearlo… - rebatió ella, sarcástica.
- Te parecerá una locura lo que te digo, pero sé que no lo deseaba. Si me atacó, fue porque supo lo que yo estaba apunto de hacer, nada más ver mi varita.
- Eso es casi imposible.
- No, no lo es. Yo sé lo que vi. No me habría atacado, ni a ti tampoco, si yo no lo hubiese provocado – afirmó, totalmente convencido. - Te eligió a ti por alguna razón; quería atemorizarte.
- ¿A mí? ¿Pero por qué? – quiso saber, incrédula.
- He dado muchas vueltas al asunto, y lo que tengo es tan sólo una conjetura, pero mi corazonada es firme: esperó a que estuvieses sola para tratar de asustarte, sabiendo que yo me enfrentaría a él si lo encontraba; intentó que decidieses marcharte, llevándome a mí contigo; que influyeses sobre mí. Es a mí a quien no quiere aquí. Pero la treta le salió mal, en el momento en que yo volví a salir de la casa.
Ella lo miró con la boca abierta, asombrada, comenzando a tomar en serio aquella idea.
- Pues vámonos, entonces. Continuemos con las vacaciones en cualquier otro lugar – acarició su rostro, suplicante.
Harry negó con la cabeza.
- Hay algo más que no te he contado. Ayer por la mañana, mientras caminaba hacia el Cuartel Local de Aurores, una extraña mujer me relató una historia más extraña aún, sobre una bestia que se dedica a acechar y aterrorizar a mujeres durante la noche – calló durante un momento, pensativo. – No sé qué está pasando exactamente en esta villa, pero tengo claro que voy a averiguarlo y a ponerle fin. Sea como sea.
- ¿Por qué tú? Deja que Carmichael lo solucione. Tú estás de vacaciones, y estás herido…
- No pienso hacer tal cosa. No creo que Carmichael esté capacitado para solucionar el problema que tiene entre manos; pero aunque así fuera, esa maldita bestia me ha atacado a mí directamente, me ha implicado en el asunto. Si deseaba alejarme de aquí, ha conseguido todo lo contrario. Pienso acabar con ella, pase lo que pase.
Ginny suspiró, a sabiendas de que él ya había tomado su decisión. Pero ahora le tocaba a ella tomar la suya propia.
- Muy bien. Si tú te quedas, yo me quedo – afirmó, resuelta – Pero ahora mismo vas a mostrarme tus heridas para que vea cómo evolucionan – tiró de su camisa sin la menor vergüenza, para sacarla de sus pantalones, y la levantó, dejando al descubierto el torso desnudo del auror.
- Ginny, por favor… No voy a arriesgarte. No hay motivo alguno para ello. Vuelve a casa, deja que yo sólo me ocupe de esto – le pidió, casi le rogó, mientras permitía con paciencia que ella volviese a administrarle el ungüento sobre las heridas casi curadas. Le acarició los labios con un dedo, enamorado.
- No vas a arriesgarme. Si me arriesgo, lo haré por propia decisión – él trató de replicar, con cara de enfado, pero ella volvió a hablar, sin darle tiempo a hacerlo. – Pero no voy a arriesgarme. Sólo haré lo mismo que estoy haciendo ahora: acompañarte, cuidarte. Por favor, deja que sea feliz a tu lado, y que te haga feliz. No me eches ahora.
- Maldición – Harry apenas habló – Sé que voy a arrepentirme de esto – la besó, apasionado.
Ginny depositó en aquel beso todo el amor, todo el miedo que había sentido por verle herido la noche anterior, toda la angustia, y todo el alivio de saberle casi recuperado. Puso tanta pasión en él, que inflamó aún más el ardor del moreno, y cuando finalmente ambos se separaron, se amaron con los ojos, aún jadeantes.
- No te arrepentirás; sabes que no lo harás – ella respondió, con voz seductora.
- Sabes perfectamente lo que quiero decir.
- Lo sé. Pero te prometo que no te arrepentirás, porque nada malo va a sucederme. Te lo prometo – lo abrazó con cuidado – Como auguró Campbell que sucedería esta mañana, tus heridas están prácticamente curadas. Así que, si deseas ir al Ministerio de Magia, y sin que sirva de precedente – le advirtió con una mirada autoritaria - no voy a insistir más para que no lo hagas. Yo te esperaré aquí, dando un poco de toque hogareño a esta casa.
Ginny vio tanta emoción en los ojos de Harry al escuchar sus últimas palabras, tanto amor y gratitud, que realmente se sintió en casa, en su propia casa, pues supo que donde él estuviese, siempre estaría su corazón, su hogar, el de ambos.
- ¿Quieres que te traiga algo de Londres? – él preguntó, solícito, resistiéndose a liberarla de su abrazo.
- A ti, sano y salvo. Vuelve lo antes que puedas – ella apenas pidió, con voz débil. Se había emocionado.
Él la apretó con fuerza contra su cuerpo, sin importarle la molestia que el roce causaría con sus heridas cicatrizantes.
- Te quiero – Harry confesó, con voz profunda.
Rápidamente, la besó de nuevo; se separó de ella y desapareció.
Ginny quedó sola en la habitación, sin pensamientos, sin palabras… sólo sintiendo aquella emoción que la desbordaba, que rebosaban todos los poros de su piel, haciéndola sentir frágil y poderosa al mismo tiempo.
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Minutos después, Harry caminaba por los pasillos del Ministerio de Magia, directo al Cuartel General de Aurores. Su paso autoritario y decidido le condujo hasta él rápidamente, y al entrar en la sala, todos los aurores que estaban de servicio allí en aquel momento, le dirigieron sus miradas llenas de sorpresa, pues se suponía que acababa de comenzar sus vacaciones hacía nada. Muchos de ellos mostraron semblantes preocupados, temiendo noticias aciagas, pues era un secreto a voces que el joven Subdirector se estaba planteando seriamente marcharse a trabajar en el Ministerio de Magia Canadiense.
Fue Ron, quien acababa de volver de su última misión, quien se reunión con él rápidamente, con cara más preocupada todavía.
- ¿Qué haces aquí? – le interrogó, mostrándose enfadado; y sin dejarle decir ni una palabra, sacó su propia conclusión – No, si ya decía yo que vuestra fuga a lo fuera de la ley no acabaría bien – concluyó, refiriéndose a la forma sorpresiva y precipitada en que Ginny y él se habían marchado de vacaciones.
- Ginny y yo no nos hemos fugado, capullo – su mejor amigo respondió, mordaz – Nos hemos ido juntos de vacaciones; y dentro de poco tú vas a unirte a nosotros.
Ron lo miró fijamente, estupefacto, y sin comprender nada.
- Te ha llegado le mensaje que te envié ayer con la lechuza, ¿no?
El pelirrojo asintió con la cabeza.
- Bien. Ginny continúa en Hope Avery, y tú y yo vamos a reunirnos con ella en cuanto salgamos de aquí.
- ¿Qué esperas, que os aguante la vela en la locura que estáis cometiendo? – Ron preguntó, indignado.
- Desde luego, eres un hacha sacando conclusiones – Harry sonrió, sarcástico – Tú y yo tenemos que hablar de Ginny seriamente, pero ahora no es el momento ni el lugar. Acompáñame al despacho de Kingsley y os contaré a ambos de qué va la cosa.
Los dos chicos caminaron hacia el despacho del Jefe; Ron, sabiendo que Kingsley no se hallaba reunido en aquel momento, golpeó la puerta suavemente con los nudillos y no esperó respuesta; ambos entraron sin más. Al alzar la cabeza del documento que estaba redactando, Kingsley mostró la misma sorpresa y preocupación que momentos antes habían mostrado el resto de aurores.
- No has venido a lo que creo que has venido, si a lo que has venido es a decirme que nos abandonas – el mayor se puso en pie, sin dejar de observar a los chicos seriamente.
- No – Harry le mostró una amplia sonrisa, divertido por la parrafada que el otro acababa de soltar, y el hombre suspiró, ya más tranquilo – Entonces, ¿qué demonios haces aquí en tus vacaciones?
- Vaya… si llego a saber que Ron y tú me daríais tan buen recibimiento, me pienso lo de venir – Kingsley fingió molestarse por el comentario, pero sonrió - Vengo a pedirte tres hombres, incluido Ron, para dar caza y captura a una extraña bestia que está aterrorizando a los habitantes de Hope Avery, y que el Cuartel Local de Aurores de esa villa no puede o no quiere atrapar.
Ahora Ron lo miró con ojos desorbitados, alucinado, y a Kingsley poco le faltó para hacer lo mismo.
- ¿Por qué narices quieres quitarle el trabajo al a la División de Bestias, Seres y Espíritus del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas? – El pelirrojo preguntó, burlón - ¿Acaso las vacaciones te están volviendo loco?
- Porque intuyo que esa bestia es sólo la cara de un asunto turbio que implica a personas del pueblo; y que la cruz de todo ello es un delito oculto en la sombra. Estoy dispuesto a descubrirlo y a ponerle fin.
- Hope Avery… ¿De qué me suena ese nombre? – Kingsley preguntó, pensativo, ya repuesto de la sorpresa.
- Voldemort se cebó especialmente con ellos – Harry explicó, no haciendo mención al motivo por el cual el mago oscuro lo había hecho: por apoyarle a él abiertamente.
- Sí, sí… ahora recuerdo. ¿Pero cómo te has enterado de que existe una amenaza de ese tipo, precisamente allí?
- Porque estoy pasando en ese lugar mis vacaciones con… con alguien – el moreno respondió, cortante.
- Entiendo. Con alguien, ya… ¿Y de quién es el turno, esta vez? - su jefe comentó con picardía.
- Kingsley, no me toques las narices – Harry acompañó su amenaza con una mirada asesina – Esa bestia nos atacó anoche, y no pude detenerla, aunque el ataque no tuvo consecuencias – en parte mintió, para acallar la mirada de preocupación que ambos hombres le habían dirigido. - Tiene una fuerza, inteligencia y resistencia muy fuera de lo común; y por común, me refiero a lo conocido – explicó, cortante – Todavía no ha matado a nadie, pero no me extrañaría que en cualquier momento comience a hacerlo. Allí pasa algo raro, Kingsley, – insistió - y si no le ponemos fin, temo que pueda acabar en tragedia.
Tanto el Jefe del Cuartel General de Aurores como Ron, observaron al chico sorprendidos por su hostil reacción.
- Muchacho, no pretendía ofenderte. ¿Tan especial para ti es ese alguien?
- Es una de las pocas personas en este mundo, por las que mataría y moriría sin dudar. Así que dejemos el tema como está.
Kingsley miró a Ron de forma interrogadora, pero el pelirrojo le indicó con un leve movimiento de la mano que lo dejase pasar, y que luego ya le explicaría.
- ¿Te parece bien que me lleve a Ron y a dos de los chicos? – el moreno continuó, con la mente fija en el asunto que lo había llevado allí – No creo que necesitemos más aurores para dar caza a esa bestia, por muy escurridiza que sea y por mucho que juegue en su propio terreno.
- Claro que sí, Harry; la seguridad de todos los magos y muggles es nuestra absoluta prioridad, y si por lo que dices, esa bestia está relacionada de algún modo con la magia y es controlada por magos, es nuestro deber destapar y erradicar el delito – afirmó con total convicción - Mientras, yo comenzaré una exhaustiva investigación sobre el jefe del Cuartel Local de Aurores de Hope Avery; si existe negligencia o corrupción allí, quiero saberlo cuanto antes, para tomar cartas en el asunto. Y por supuesto, ahora mismo voy a enviar una lechuza ordenándoles, aunque ya deberían saberlo, que se pongan a tu entera disposición inmediatamente.
- Por favor, no lo hagas por ahora. Dame tan sólo unos días para que yo me encargue del tema sin levantar sospechas por allí ni por aquí. Después, podrás actuar a tus anchas, si te apetece. Te lo pido, confía en mí.
El otro asintió, conforme.
- No entiendo por qué tanto secretismo por tu parte, pero este es tu caso. Así que resuélvelo como tú consideres mejor.
- Gracias, Kingsley. Te prometo que cuando todo termine, tendrás en tu mesa un informe completo.
- O quizá ese informe yacerá encima de la tuya – el hombre respondió, guiñándole un ojo con complicidad.
- Pues no te digo que no – Harry le guiñó un ojo del mismo modo, y Kingsley sonrió con inmensa alegría, renovando sus esperanzas de conseguir que el chico no decidiese finalmente marcharse a Canadá. - ¿Nos vamos, Ron?
- Déjame veinte minutos para que recoja lo imprescindible en La Madriguera, por si tengo que pasar en esa villa unos cuantos días, y nos vamos – él respondió, ya metido de lleno en su próxima misión.
- Perfecto. Mientras, yo reclutaré a los dos compañeros que vendrán con nosotros, y resolveré un asunto que me queda pendiente aquí. Nos vemos en las chimeneas del Atrio dentro de veinte minutos.
- Hecho – respondió el pelirrojo, y se marchó rápidamente.
- Bueno, yo me marcho también. Voy a hablar con Hermione, quiero pedirle que realice una pequeña investigación para mí – Harry anunció, asegurándose antes de que Ron ya no podía escucharle, y poniéndose en pie.
- Espera, por favor – lo detuvo el mayor. – Necesito preguntártelo. ¿No irás a cometer ninguna locura por causa de la inminente boda de quienes ambos sabemos, verdad?
- Tranquilo – Harry sonrió – Esa boda ya no se va a celebrar.
- ¿Cómo es eso? – Kingsley buscó sus ojos esperando una respuesta, atónito.
- Yo no soy quién para dar ese tipo de explicaciones. Pregúntaselo a Ginny la próxima vez que la veas, seguramente, cogida de mi brazo, y no del de ese traidor.
Kingsley le mantuvo la mirada, preocupado, intuyendo que la pelirroja era la persona por la que el auror estaba acompañado.
- Cuídate, muchacho, y cuídala mucho. No hagas nada de lo que ambos os tengáis que arrepentir.
- Eso te lo juro – él afirmó con ímpetu; estrechó con fuerza la mano del Jefe y se marchó del despacho, dejando al hombre atribulado.
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Harry estaba cabreado consigo mismo y con sus dos mejores amigos; no podía evitar sentirse traidor y traicionado. Él, que jamás había tenido secreto alguno con Ron, ni con Hermione, ahora se veía en la tesitura de ocultar información del uno al otro para no levantar más ampollas, pues no tenía ni idea de cómo andaban las cosas entre los dos, pero intuía que muy mal. Sintió que debía haber comentado a Ron que pretendía pedir ayuda a Hermione con el caso que ambos iban a llevar entre manos, pero no lo había hecho; ni tampoco contaría a Hermione que Ron iba a acompañarle a Hope Avery. Deseó con todas sus fuerzas no hallarse en medio de ellos, como en su sexto año en Hogwarts, haciendo de árbitro de una contienda que le llenaba de tristeza y amargura.
Así que caminó como si fuese a un funeral, a enfrentarse a la segunda parte de su traición. Cuando alcanzó el despacho de su castaña amiga, ella se hallaba sumergida en la lectura de un pergamino, sin duda extraído de los montones de ellos que yacían sobre su mesa de forma ordenada. Sonrió por un momento, pensando que si esa mesa fuese la suya o la de Ron, los pergaminos estarían esparcidos sin orden ni concierto, y quizá alguno perdido por el suelo. "Hay cosas que nunca cambian" - pensó para sus adentros, reconfortado.
- Hola, Hermione – saludó a la chica, amablemente.
- Harry… - ella desvió la cabeza de su trabajo y lo miró, sorprendida - ¿Qué haces aquí? ¿Y dónde está Ginny? ¿Acaso ella y tú habéis…? – sus ojos inquisitivos no dejaban de observarlo de arriba abajo, buscando una señal que le diese pistas de aquello que se moría por saber.
- Espera, espera – él sonrió, divertido – No te embales – cambió su semblante por otro serio y preocupado – Hermione, quiero pedirte perdón por cómo te he tratado durante estos días. Tú no mereces mi enfado, sumado a todo lo que estás sufriendo. No he sido justo contigo – se disculpó, arrepentido.
- No, Harry – ella se puso en pie y dio un abrazo cariñoso a su mejor amigo. – Estoy empezando a creer que tú tenías razón, que siempre la has tenido. Yo estaba casi convencida de que lo mío con Ron no tenía futuro, que se había desgastado tanto, que era casi imposible salvarlo. Ahora Ron me evita, no quiere verme siquiera, y yo siento en el alma un vacío tan grande, que a veces me da la impresión de que voy a ahogarme dentro de él – suspiró, abatida. - Le necesito.
- Hermione, dime la verdad: ¿por costumbre o porque aún le amas? Por favor, no me mientas, no a mí.
Ella no necesitó tiempo para pensar su respuesta.
- Por costumbre y por amor – Harry dejó escapar una honda exhalación de alivio y alegría, pero la observó, preocupado – Siento que nada en mi vida tiene lógica ya, si no puedo compartirlo con él.
- Pues díselo, así como me lo estás diciendo a mí. Él lo está esperando, sé que lo está esperando, y que lo desea más que nada.
- No, Harry. Él ya no espera nada; lo he machacado tanto, he sido tan intransigente, tan dura, parecía tener las cosas tan claras, que le he quitado toda esperanza – comenzó a llorar, y se abrazó a él en busca de consuelo.
Harry sintió una pequeña punzada de dolor en sus heridas, pero se cuidó de no hacérselo notar. En cambio, la acunó entre sus brazos, con la mayor ternura del mundo.
- Tenía que perderlo, para darme cuenta de cuánto le quiero – ella sollozó, hundida.
- Todo se arreglará, cielo, todo se arreglará – él aseguró para tranquilizarla, con voz dulce, aunque no lo tenía tan claro como intentaba aparentar.
Ella sonrió sin ganas, y permaneció abrazada a él durante unos segundos más. Después se secó las lágrimas, se recompuso lo mejor que pudo, y lo observó, preocupada.
- ¿Dónde está Ginny, Harry? – volvió a la carga.
- Ginny está en Hope Avery, esperándome – sonrió tranquilamente – Yo he venido porque nos ha surgido allí un pequeño… problemilla.
- ¿Qué… problemilla? – ella preguntó, suspicaz.
- Anoche nos atacó una bestia. No sucedió nada malo – se apresuró a seguir para calmar los ojos aún más preocupados de su mejor amiga – ella está bien, y yo prácticamente también.
- "Prácticamente", en el caso de Harry Potter significa que al menos va lleno de magulladuras por todo su cuerpo – Hermione lo acusó, enfadada.
- Bueno… algo de eso hay… - se mesó el cabello, con cara de disculpa. - Pero nada de lo que haya que preocuparse – ella bufó, indignada – El caso es que, a pesar de que la apariencia de la bestia es la de un gran lobo, de un animal, y no de un hombre lobo, algo en su mirada me ha hecho convencerme de que en el fondo, hay algo más; quizá tanta amargura como vi en ella.
- ¿Algo más? ¿Como qué? – la joven quiso saber, extrañada, intentando seguir su argumentación.
- La mirada de esa bestia era humana, Hermione, y su comportamiento también. Creo que no fue un ataque al azar, que tenía un fin muy concreto: hacer que Ginny y yo nos marchemos del pueblo.
- ¿Un animago no registrado, quizá?
- Me inclino a pensar que no. Había algo extraño en él, algo anormal.
- Pero si acabas de decirme que su apariencia era completamente animal – objetó, confusa.
- Precisamente, ahí está el kid de la cuestión. Por eso he venido a pedirte un favor.
- Lo que sea, Harry. ¿Qué necesitas?
- Tú perteneciste durante un tiempo al Comité de Regulación de Criaturas Mágicas, y ahora formas parte del Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica.
- Ya sé que conoces mi currículum a la perfección – sonrió, impaciente – Vamos, dime lo que necesitas.
- Necesito que investigues en los archivos del Ministerio de Magia, si en Hope Avery se ha dado en los últimos años algún caso, algún incidente, donde esté relacionado un animal extraño, sin identificar; me refiero desde que Voldemort volvió hasta ahora. Y si se conoce algún caso de violación de la Ley Mágica por esos lugares.
- ¿Voldemort? – ella lo miró sin comprender -¿Qué tendría que ver él en todo esto?
- Él estuvo torturando a esa gente durante la época en que nosotros luchamos contra su causa; a saber qué pasó por su demente cabeza durante ese tiempo. Y por otro lado, ¿quién mejor que él para violar de forma deliberada las reglas de la Ley Mágica? – argumentó.
- ¿Estás intentando decirme que lo que os atacó anoche podría ser una bestia mutada de un mago, a través de la magia oscura de Voldemort? – ella preguntó, asombrada.
- Es una posibilidad, sí. Y daría explicación a porqué esa bestia dispone de cierto razonamiento humano.
Ella quedó pensativa durante un momento.
- Desde luego, es una posibilidad; aunque se me revuelve el estómago sólo de pensarlo – lo apoyó después. – Pero, ¿por qué, entonces, no se habría sabido nada de ella hasta el momento?
- Esa es otra pregunta a la que debo dar respuesta. Pero necesito que la investigación se lleve a cabo en el más absoluto secreto. No deseo alarmar a la comunidad mágica teniendo en mi poder simples conjeturas. Bastante daño causó el maldito como para que siga haciéndolo después de muerto, y aún menos, si finalmente no hubiese motivo fundado para ello – él afirmó con pasión.
- Tienes razón. Haré lo que me pides.
- Perfecto. Siento presionarte, pero es bastante urgente. Envíame una lechuza con los resultados de tu investigación nada más los tengas.
- Descuida, que así lo haré.
- Ahora tengo que marcharme. Ginny se ha quedado sola y…
- ¿Qué está pasando entre Ginny y tú, Harry? – ella lo interrumpió, sin dejarle terminar – Ya me he enterado de que ella ha roto su compromiso con Dean.
- No lo sé todavía, Hermione. Pero sea lo que sea, es lo mejor que me ha sucedido jamás.
Ambos se abrazaron con todo su cariño una vez más, y Harry se marchó en busca de Ron para regresar a Hope Avery.
Cuando él ya no podía oírla, la chica murmuró:
- Ten cuidado.
Y se dispuso a cumplir con su promesa.
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Harry y Ron llegaron a la casa de Romilda Carlyle ocupada por la pareja, casi a la hora de la comida. Al entrar en ella y observarla aparentemente vacía, el moreno comenzó a preocuparse.
- ¡Ginny! – gritó, nervioso - ¡Ginny, ya he vuelto! – observó por todos lados en busca de señales de la chica.
- Tío, sí que te lo montas bien – dijo Ron – Menuda casita te has buscado.
Harry le respondió con un gruñido impaciente.
- ¡Ginny! – volvió a gritar, comenzando a caminar hacia las escaleras que le llevarían al piso superior.
- ¡Estoy aquí, Harry! – la voz de la chica se hizo notar por fin, alegremente – ¡En el jardín!
Él se plantó ante ella en cuatro zancadas. Al verlo entrar, ella lo recibió con un dulce beso, mientras se abrazaba con cuidado a su cintura, mimosa y, por un momento, Harry olvidó el miedo que había pasado pensando que algo malo podía haberle sucedido sin estar él para ayudarla.
- ¿Me has echado mucho de menos? – él preguntó con un leve deje de arrogancia, mientras la abrazaba y la besaba sin dejar de adorarla con la mirada.
- Más quisieras – ella respondió del mismo modo, y rió – Pues claro que te he echado mucho de menos. ¿Por qué has tardado tanto?
- No he venido solo – él sonrió con picardía.
Ginny miró hacia la puerta, en busca de la persona a la que Harry se había referido, y al encontrarse de frente con la atónita mirada de su hermano mayor, le embargó la alegría; antes de correr a los brazos del pelirrojo, dio otro beso al chico, sonriente.
- ¡Menuda sorpresa! ¿Cómo es que has venido y esta fiera no ha querido matarte por ello? – guiñó un ojo a Harry con picardía.
- Teniendo en cuenta que él es quien se ha empeñado en que yo esté aquí, no veo porqué tendría que matarme – Ron ironizó, y la abrazó, cariñoso – He venido para ayudar en la caza de esa bestia, sea lo que sea. Y dos compañeros más han llegado de incógnito también. Ellos se hospedarán en el hostal a gastos pagados, pero Harry ha insistido en que yo me quede aquí.
- ¿Cómo es que has salido sola al jardín, Ginny? – Harry preguntó, clavando en ella una mirada molesta.
- Necesitaba hacerlo, enfrentarme a ello, – explicó serenamente – antes de que el recuerdo de lo que vivimos ayer se convierta en una pesadilla – caminó hasta Harry, le acarició el rostro fugazmente, pidiendo su comprensión con la mirada. – Yo también te quiero – susurró a su oído, y aprovechando que él quedó descolocado, mirándola como un tonto enamorado, volvió a levantarle la camisa, en busca del estado de sus heridas.
Al ver los enormes verdugones que Harry aún conservaba en el costado, Ron se llenó de indignación.
- ¿Por qué narices no me has dicho que estabas herido? – acusó a su mejor amigo - ¡Ese bicho ha podido matarte! ¿Tú te has dado cuenta de la longitud de esos arañazos?
- No ha sido nada, en serio. Además, ahora tú estás aquí para ayudarme a atraparlo.
- Tan sólo falta Hermione para completar el trío fantástico – Ginny afirmó de forma inocente, sonriendo. Pero Ron cambió su semblante por una mirada triste y abatida. – Lo siento, no pretendía hacerte daño – se disculpó.
- No pasa nada – su hermano tan sólo dijo, con voz seca.
- Ven, voy a acomodarte en una de las habitaciones del piso superior – Ginny cogió la bolsa que Ron todavía llevaba colgando del hombro, lo tomó de la mano, y tiró de él para que la siguiera. Y empezó a parlotear y parlotear, en un intento de que él desterrase de su mente los tristes pensamientos.
Harry quedó a solas en el jardín, contemplando cómo ambos desaparecían en el interior de la casa, pensativo.
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Ginny eligió para su hermano la habitación más alejada de la que Harry ocupaba. Tenía muy claro que la habitación de Harry desde ahora en adelante, iba a ser también para ella, – no lo había comentado con él, pero tal y como él se comportaba, estaba más que claro que no pensaba oponerse – así que, de forma previsora, iba a ser mejor que a Ron le llegasen los menos sonidos posibles procedentes de aquel cuarto. Mientras pensaba en todo ello, la joven pelirroja sintió cómo su sangre hervía rápidamente, y sólo esperó que aquel calor no se hubiera traducido también en el color rojo de sus mejillas. Sonrió para sí, pícara y entusiasmada. ¿Qué pensaría Harry si se enterase de lo que planeaba su calenturienta mente? Se moría por comprobarlo.
Entró delante de su hermano en el dormitorio del final del pasillo del primer piso, dándole la espalda de forma deliberada, para poder permitirse unos segundos en serenarse.
- Toda tuya – dijo sin más, girándose hacia él y sonriéndole con cariño – Me alegro de tenerte aquí.
Ron se adelantó a ella, caminó por el cuarto, en silencio, moviendo los brazos y las manos de forma que a cualquiera le habría parecido extraña, pero que Ginny reconoció inmediatamente como signo de intenso nerviosismo. Finalmente, se plantó delante de su hermana pequeña y la miró fijamente.
- ¿Qué está pasando entre Harry y tú? – preguntó sin tapujos, escrutándola con seriedad.
- ¡Oh, Ron! ¡Es maravilloso! ¡Increíble! – ella se dejó llevar por la emoción, desbordada de alegría - ¡Yo soñando toda la vida con él, y pensando que jamás me querría, pero me quiere! ¡Me quiere!
- Claro que te quiere; lleva más de diez años queriéndote – él respondió, dando a sus palabras un tono de obviedad que a ella sorprendió.
- ¿Lo sabías?
- Por supuesto.
- ¿Y no me lo has dicho nunca, sabiendo que yo siempre he estado loca por él? – le reprochó con enfado.
- Yo sabía que tú estuviste loca por él de niña, pero jamás imaginé que siguieras sintiendo lo mismo después, y menos cuando no lo pensaste dos veces para hacerte novia de Dean, nada más y nada menos que durante diez largos años, y que si ahora estás aquí, es porque él te ha puesto los cuernos – él se defendió del mismo modo.
Ginny no pudo responder, sabiendo que las palabras de su hermano eran completamente ciertas.
- Yo nunca he querido a Dean – confesó avergonzada – no como siempre he querido a Harry. Pero creí que Harry jamás me querría a mí.
Ron calló durante un momento, reflexivo, y luego la traspasó con una mirada de advertencia.
- Sólo te digo que como le hagas daño, no te lo perdonaré. Serás mi hermana del alma, daría mi vida por ti, haría lo que sea; pero no le hagas daño.
- ¿Y si él me lo hace a mí? – ella se defendió, sintiéndose ofendida.
- ¿Harry, hacerte daño a ti? – él soltó una risa incrédula – Antes se dejaría matar. Así que esta vez, ten bien claro lo que quieres y lucha por ello con uñas y dientes.
- Como tú estás luchando por Hermione, ¿no? – lo atacó, sarcástica - ¿Sabes el daño que ella y tú estáis causando a Harry con vuestras peleas? Entonces, ¿me estás diciendo que él no debe perdonaros tampoco?
Ron la contempló, atónito y dolido.
- No la metas a ella en esto – respondió, tajante. Le dio la espalda y empezó a deshacer su bolsa de viaje, dando la conversación por zanjada.
Y Ginny se marchó, frustrada y furiosa.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola, gente que me acompañáis en esta aventura.
Hoy sólo tengo el tiempo justo para dejar las dedicatorias (que las tenía preparadas, jeje) y poco más:
- A quienes habéis añadido este fic a vuestros favoritos desde el pasado capítulo (por orden alfabético): AndreaM21, harryandale, Kiiandy Black, Noche2892, (SaKuRaGreChan sin el guión medio ni el punto, por si la página lo borra :) )y Shadim-Samtrom (ShadimSamtrom sin guión medio, por el mismo motivo).
- A quienes tan amablemente, me habéis dejado un review al capítulo anterior (por orden cronológico): lizlovegood12, Kiiandy Black, ricitos de menta, ginalore28, GinnyLilyPotter7, EmGin, Johan Kira Expelliarmus, susy snape, Isla de Thera, Cirze, Dama de sombras y zafiro potter.
Por fin han vuelto a aparecer en escena Ron y Hermione. ¡Me moría porque llegase el momento! Os adelanto que finalmente sí va a reunirse el trío fantástico al completo, como dice Ginny. ¡Faltaría más! Con todo lo que eso conlleva, jeje.
Os mando un abrazo muy fuerte, todo mi agradecimiento, y espero poder actualizar pronto de nuevo.
Rose.
