Hey, hey, ya estoy aquí. Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior y por agregar la historia a favoritos todos aquellos que lo han hecho Espero que os guste este capítulo tanto como los anteriores. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


-Bueno días, ¿en qué puedo ayudaros? – Preguntó el agente en cuanto nos acercamos al mostrador.

-Queríamos poner una denuncia – Dijo Carly.

-Violencia, intento de violación y posesión y venta de drogas, así como su consumo.

Levantó la vista, nos miró uno por uno y dijo volviendo a fijar la vista en la pantalla del ordenador.

-Venir cuando todo eso sea cierto.

-¿Cómo? – Freddie perdió los estribos al oír aquello - ¿Cuándo sea cierto? ¿Qué mierda de policía eres tú?

-Cuidadito con lo que dices chaval, sigo siendo una autoridad y debes respetarme.

-Sí, y tu deber como autoridad es proteger a los ciudadanos. Ayer esta chica – Gritó señalándome – estuvo a punto de ser violada y le pegaron. ¿Cómo si no explicas el moratón de la cara, esto – Dijo enseñando las marcas de mi cuello – o esto? – Enseñó el enorme moratón de mi hombro.

-Mira chico, ese puede haber sido cualquier caída. Tenemos asuntos mucho más interesantes que resolver como, por ejemplo, el barullo que se montó anoche en un suburbio de Seattle. Los vecinos oyeron gritos y golpes, además de que vieron una moto acelerar.

-¡Eso queremos denunciar! – Grité yo – Yo vivo allí. Mira – Saqué mi carnet de la cartera y le enseñé mi dirección. Sabía que algún día me serviría de algo llevarlo a todas partes.

-¿A qué hora sucedió?

-Poco más tarde de la media noche, sería más o menos la una de la madrugada.

-Pasad por esa puerta, en dos minutos estaremos con vosotros.

Obedecimos al policía y entramos en aquella sala. Nos sentamos los tres allí, yo en medio y Freddie y Carly cada uno a mi lado. Seguía sin estar segura de lo que iba a hacer, es más, estaba tremendamente atemorizada. Si abrían una investigación, sabrían que había sido yo y si me encontraban, era mujer muerta. Además del miedo estaba el dolor. Iba a mandar a mi propia madre a chirona, a la cárcel, al talego… No tenía por qué sentirme así, ella tampoco había dudado ni un segundo a la hora de tratarme así pero… si ella iba a la cárcel, pasaría a estar huérfana y a no tener casa. Sí, viviría con Carly pero… no era lo mismo. Nunca nada volvería a ser lo mismo después de aquello.

-Buenos días – Entraron tres policías en la sala, incluido el que nos había atendido hacía unos minutos – estáis aquí para presentar una denuncia por lo que nos ha dicho nuestro compañero, ¿es eso cierto? – Asentimos los tres a la vez - ¿Quién es el denunciante?

-Yo.

-¿Y los denunciados?

-Mi… madre y su pareja.

-Esta bien, comencemos. Dime tu nombre, tu edad, tu fecha de nacimiento y tu ciudad de residencia.

-Samantha Puckett. 18 años. 17 de abril de 1993. Seattle – Me sentí como un robot en aquel momento.

-Muy bien. Cuéntanos que quieres denunciar.

-¿Todo? ¿No solo lo de anoche?

-Todo lo que nos pueda ser útil para acelerar el proceso.

Empecé a contarle todo, desde los insultos, hasta las amenazas. Los golpes, el miedo, el candado, el hambre que pasé. El alcoholismo, los distintos hombres que pasaban por casa, los primeros acercamientos de su novio. Les conté sobre los tipos raros que venían a casa cada dos por tres… Podía ver por el rabillo del ojo como a Carly se le humedecían los ojos y como la mandíbula de Freddie se iba apretando por segundos.

-Anoche, cuando llegué a casa, el candado que me protegía de ellos. Su novio me ofreció cocaína, al principio no sabía lo que era, pero mi madre se hizo una raya. Cuando le eché en cara que era una borracha, me pegó y me hizo esto – Señalé mi pómulo amoratado – después me empujó contra la pared y me hizo el moratón del hombro. Entonces fue… cuando él se acercó… - Las piernas empezaron a temblarme violentamente, igual que la voz – Dijo que no me pegara que él intentaría calmarme. Buscó mi boca y al ver que me resistía, empezó a… besarme y morderme el cuello… - Tuve que parar porque una fuerte náusea amenazaba con dejar la reluciente mesa echa un completo asco.

-Sigue por favor – Me pidió uno de los agentes.

-¿Puedo tomar un vaso de agua? No me encuentro bien – Respiré hondo para controlar mis ganas de vomitar, y cuando me dieron lo que pedía, bebí como si no hubiera probado una gota de agua en siglos.

-¿Te encuentras mejor? – Preguntó una joven policía que tomaba nota de mi declaración al percatarse de lo pálida que estaba.

-Sí – Mentí, las ganas de vomitar no había cesado.

-¿Puedes seguir?

-Tenía miedo. Mucho miedo. Me temblaban las piernas, parecía que estuvieran hechas de mantequilla. Busqué la mirada de mi madre como última esperanza por si, debajo de todo aquello, seguía estando mi madre, pero… - Sentí el brazo de Freddie rodeándome los hombros y acercándome, con fuerza pero con cuidado para que no se notara, hacia él. Me sentí protegida al notar aquello, igual que cuando me desperté con su brazo rodeando mi cintura en el faro – ella se estaba excitando. Mi madre se excitó al ver cómo su novio me metía mano en contra de mi voluntad. Cuando noté que su mano se acercaba a mi vestido y empezaba a levantarlo, le di una patada en al entrepierna y traté de huir. Mi madre me agarró el pelo y me amenazó. Le atiné un fuerte puñetazo. Fue en defensa propia, tenía que huir de allí o…

-Tranquila, sabemos que fue en defensa propia. Sigue, pequeña.

-Corrí descalza por la calle, sin abrigo, a toda velocidad. Entonces llegó él en la moto – Miré a Freddie – me subí y le obligué a que arrancara. Fui yo misma la que le dio a gas a la moto, por eso los vecinos oyeron el acelerón.

-La amenazaban mientras corrían hacia la moto. Sabía que la situación en su casa estaba mal. Yo mismo viví una de las amenazas, una noche que me quedé en su casa. Pero al ver aquello me percaté de que la idea que yo tenía de cómo estaban las cosas, no se acercaba ni un poco a la realidad.

-¿Es todo lo que tienes que declarar?

-Sí, eso es todo.

-Muy bien, ahora mismo mandaremos una patrulla hacia allá para que los detengan.

-Por favor – Les pedí en tono suplicante – no dejen que se enteren de que he sido yo la que lo ha denunciado. Me matarán.

-Tranquila, haremos todo lo posible para que esos dos no vean la luz del sol en mucho tiempo. ¿Tienes algún familiar con el que podamos contactar? ¿Tu padre? ¿Algún hermano?

-Mi padre se suicidó cuando yo tenía catorce años y no tengo ningún familiar más.

-En ese caso, tendrás que ir a un orfanato o a algún lugar en el que puedan cuidar de ti.

-Se quedará en mi casa – Dijo Carly en cuanto oyó aquello – vivo con mi hermano mayor. Spencer Shay, el artista. Tendrá un lugar donde dormir y comida caliente todos los días. No pueden enviarla a un orfanato, tiene familia, aunque no sea de sangre.

-Sí, sabemos quién es Spencer. El cuerpo de bomberos nos tiene al tanto. Además, tengo obras suyas en mi casa. Está bien, se quedará con los Shay. Les mantendremos informados de todo lo que sepamos. Muchas gracias por ponernos al tanto.

-Les acompañaré a la puerta.

En cuanto pusimos un pie en la calle, corrí hasta el cubo de basura más cercano. Las ganas de vomitar eran tan fuertes, que no pude contenerlas más… y tampoco las lágrimas. A los dos segundos, Carly me retiró el pelo de la cara para que no lo manchara más, y me puso una mano en la espalda.

-Tranquila, ya ha pasado todo. No va a pasar nada malo, te lo prometo.

Pero no estaba bien. Ni siquiera Freddie que me había visto en mi máximo ataque de histeria sabía cómo me sentía en ese momento. Sabía que era lo mejor, ahora estaba más segura que nunca, pero… recordar lo de la otra noche me hacía volver a aquel momento. Hacía que experimentara el miedo, el asco y la desesperación de nuevo.

Cuando ya no me quedaba nada más en el estómago, me limpié la boca con el dorso de la mano y saqué la cabeza del cubo. Tenía la cara completamente blanca, la garganta dolorida por el esfuerzo y unas ojeras marcadísimas.

-¿Estás mejor? – Preguntó Carly.

Asentí. Aunque el vómito había cesado, las lágrimas no lo habían hecho.


Estaba frente a Carly, con la cabeza gacha, llorando, mareada y asustada. La veía más pequeña que nunca, más que en el faro.

-Freddie, voy a traer el coche, quédate con ella – Dijo Carly haciendo que me acercara.

Me puse junto a ella, que estaba apoyada en el cubo de basura, en la misma postura que antes. Carly se comenzó a alejar y cuando giró la esquina…

-Todo va a salir bien. Ahora no pueden hacerte nada. – Ella no respondió, ni se movió, ni siquiera me miró. – Sam – traté de buscar su mirada – sabes que tanto Carly, como Spencer, como los chicos, como yo vamos a estar a tu lado pase lo que pase. Me enfrentaré a tu madre y a ese desgraciado yo solo si hace falta. Mírame – Supongo que la poca seriedad que le puse a mi tono la hizo reaccionar y me miró directamente a los ojos – No voy a dejar que te pase nada malo. Te lo prometo.

-Aun así, sigo teniendo miedo.

Di un paso al frente y la abracé con fuerza, apoyando la barbilla en su cabeza.

-¿Recuerdas lo que te dije en el faro cuando…? – Cuando casi te pierdo para siempre - ¿Te acuerdas de la canción que te escribí? No estás sola, nunca lo vas a estar. Siempre voy a estar contigo y más ahora que las cosas están como están.

Lo pensé durante unos segundos antes de decir lo que dije. Temía que lo mal interpretara. Sí, sentía algo por ella, algo que se iba haciendo más fuerte por momentos; pero estaba seguro de que ella no sentía lo mismo por mí, algo me lo decía, algo me decía que era un imposible. Ya tenía demasiado en lo que pensar como para encima tener que pasar el mal trago de rechazarme, aunque prácticamente no tenga oportunidades con ella. Aun así… no era el momento de pensar en ello.

-Me ha costado demasiado encontrarte como para dejarte escapar tan rápido. A día de hoy, no soy capaz de imaginar mi vida sin ti.

Al decir aquello, noté que me abrazaba más fuerte todavía. Carly llegó con el coche y ambos nos subimos en el asiento trasero. Yo habría subido en el delantero pero no me soltaba, era como una lapa. Se sentó a mi lado, apoyó la cabeza en mi hombro y se quedó dormida. Yo la rodeé con el brazo mientras le acariciaba el hombro con el pulgar. Podía notar como, cada vez que tenía oportunidad, Carly nos miraba por el retrovisor.

Cuando llegados al Bushwell Plaza, cogí a Sam en brazos y la llevé dentro. Fue cuando entramos en el ascensor, cuando Carly empezó a hablar:

-Sé lo que pasó en el faro. Lo del beso.

-Supondría que te lo habría contado. Yo se lo conté a Cam.

-Ella también.

-¿También se lo ha contado a Cameron?

-No tonto. Ella también te quiere, pero… dale tiempo.

-Espera, ¿quién ha dicho que yo quiera a Sam?

-Tus ojos – Dijo antes de salir del ascensor.


Cuando volví a abrir los ojos estaba en el estudio del tercer piso en una cama, tapada con una manta. Al parecer, Spencer lo había preparado todo mientras estábamos en comisaría. Miré la hora en mi teléfono, las cuatro y cuarto. Tenía tiempo para darme una ducha rápida e ir a ensayar.

A los quince minutos y solo con la toalla rodeándome el cuerpo, bajé al salón para pedirle a Carly que me dejara algo de ropa. Lo que yo no sabía era que Freddie estaba en el salón.

-Carly, ¿Dónde has metido la ropa que…? ¡Joder Freddie!

-Yo también me alegro de… ¡WOW! Tetas, digo… Mejor me voy a mi casa – Y dicho esto, salió corriendo del apartamento a toda velocidad.

-Y eso es lo que pasa cuando un chico con las hormonas a mil ve a una chica desnuda y mojada.

-No sabía que estaba ahí, ¿vale? ¿Dónde está la ropa que dejé aquí?

-Te la he dejado en tu habitación. Tendrás que tenerla en la caja hasta que pongamos una cómoda o un armario.

Subí corriendo y me cambié de ropa. Seguía estando mareada pero quería ir a la nave. No ha ensayar. Quería contarles a los chicos lo que había pasado, lo que iba a pasar, dónde estaba viviendo… Quería contarles la verdadera razón por la que escribí Emergency. Quería sincerarme con ellos y no guardarme todo para mí. Era hora de romper un par de barreras.

-Carly me voy a la nave, esta noche vengo. Y sí, le daré recuerdos a Brad.

Cerré la puerta del apartamento de Carly y llamé al de Freddie.

-Espero que seas consciente de que esa imagen tuya recién salida de la ducha no se me va a olvidar en mucho tiempo.

-Por desgracia lo soy. ¿Nos vamos?

-¿Dónde?

-A la nave – Respondí como si se tratara de lo más obvio del mundo.

-Yo sé, ti deberías descansar un poco.

-La verdad es que no tenía pensado ir para ensayar. Quiero contarles todo, todo lo que he dicho esta mañana en comisaria. Merecen saberlo.

-¿Estás segura de que se lo quieres contar? ¿No quieres esperar un poco a que las cosas se calmen?

-Si me espero, no lo contaré nunca.


Cuando llegamos a la nave nos sentamos en el escenario para afinar los instrumentos. Sam estaba hecha un ovillo encima de los altavoces del equipo de sonido.

-Chicos, antes de que empecemos a ensayar, me gustaría confesaros algo.

Todos la miramos.

-¿Sabéis por qué escribí Emergency? Porque mi relación con mi madre no era la mejor del mundo y no lo va a ser nunca. Pero… también la escribí porque cuando tenía catorce años, la única persona que me quería, se colgó con un cinturón en el cuarto de baño. Soy la hija de un suicida. Desde entonces mi madre cambió, volvió a caer en el alcohol y me trataba a patadas. Hubo un tiempo en el que pareció mejorar pero después recayó de nuevo y empezó el infierno. Apenas había comida en la nevera y la mayoría estaba caducada. Sin embargo, siempre había cerveza y botellas de Wisky y Vodka para emborrachar a un ejército de rusos. Algunas de esas botellas estuvieron a punto de aterrizarme en la cabeza más de una vez. Me insultaba y me amenazaba. Llegó un momento en el que tuve que poner un candado en la puerta de la habitación para que no pudiera entrar. Y luego llegó su novio, quien quería saber si la hija era tan buena en la cama como la madre.

Apreté los puños con tanta fuerza que me crujieron los nudillos.

-Al poco tiempo, empezaron a pasar por casa tipos raros, ninguno de ellos me daba buena espina. Eran drogadictos que venían a comprar la droga que mi madre y su novio les vendían… y consumían. Pero lo peor llegó la noche de fin de año. Tal y como habían prometido, rompieron el candado y se metieron en mi habitación. Mi madre, después de echarle en cara todo lo que era, me pegó y me hizo el moratón de la cara y al empujarme contra la pared me hizo uno en el hombro. Y su novio… me hizo esto – Se retiró el pelo y pudieron ver las marcas en su cuello. – Trató de violarme y mi madre se excitó viéndolo. Trató de retenerme cuando intenté huir. Si Freddie no hubiera pasado por allí en ese momento, no sé cómo estaría ahora. Esta mañana he ido a denunciarlo. No tengo casa y tengo que vivir con Carly a la espera de la sentencia.

La nave quedó en silencio y el ambiente se puso jodidamente tenso.

-Brad y yo llevamos casi un año ahorrando – Dijo, de pronto, Brison sin levantar la vista del suelo, por con tono decidido – Cada vez que entramos en casa, es como adentrarse en un campo de batalla.

-Queremos mudarnos, tener un apartamento y vivir lejos de ese ambiente.

Están… ¿confesando su historia?

-Yo… - Habló Cameron – vivo con miedo. El novio de mi madre está encaprichado con mi hermana. Tengo miedo de salir de casa por lo que le pueda pasar, por lo que le pueden llegar a hacer. Tengo miedo de no poder protegerla, de no ser lo bastante fuerte como para cuidarla. Mi padre murió hace años y mi madre no me apoya en nada de lo que hago. Mi día a día es un estado de alerta. Además… a mi casa no se la puede llamar casa. Por eso estoy ahorrando, no por mí, sino para que mi hermana pueda tener un lugar al que llamar hogar.

-Cuando tenía catorce años, mi padre nos abandonó a mi madre y a mí, no dejó ni una nota cuando se fue, cogió sus cosas y desapareció. Desde ese momento me convertí en un muerto en vida, vestía de negro, me alejaba de la gente, no hablaba…El único con el que llegaba a intercambiar dos palabras a lo largo del día era Cameron. Todo pareció empeorar cuando mi madre, presa de una enorme depresión, trató de suicidarse tomándose un bote de pastillas. Aquel día, cuando la llevaron al hospital, le confesé todo a Cam y lloré como nunca había llorado antes. Desde entonces mi madre es una paranoica y me agobia constantemente, además de que me estoy viendo obligado a estar en este grupo de forma secreta. Si se enterara de que sigo tocando, se volvería loca.

Cuando terminé de hablar todo quedó en silencio. Nunca antes habíamos tenido una conversación así, tan… profunda. Y eso me hizo darme cuenta de que el vínculo que nos unía, era mucho más fuerte de lo que yo pensaba.

-Nuestros padres están locos y nosotros somos unos balas perdidas. Nadie es perfecto – Dijo Cameron.

Entonces pasó algo que no esperaba ver, o más bien, oír. Sam empezó a reírse a carcajada limpia. Empezó a reírse como no lo había hecho en mucho tiempo, y no sé por qué fue. Lo de Cameron había tenido gracia pero no tanta como para estar abrazándose la barriga. Aun así, empezamos a reírnos todos, primero un poco y cada vez más, hasta el punto de que nuestras carcajadas eran lo único que se oía en todo el puerto.


Ese día, después de escuchar todo aquello, me di cuenta de que, tal y como Freddie me había dicho en la canción, no estaba sola. Aun me quedaba algo por lo que sonreír a pesar de todo.


Hasta aquí. ¿Qué tal? Yo estoy deprimida. Ya han acabado de rodar la serie Llevo toda la mañana con la moral por lo suelos. Todo lo bueno se acaba, eso lo sabemos todos, pero… ¿NO PODRÍAN HABER HECHO UNA EXCEPCIÓN? En fin… es lo que hay.

Como siempre, dejad vuestros reviews con lo queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos ^^