Capítulo 7 : Sin palabras.

Ron, Ginny y Harry comieron en la casa; Harry no deseaba que nadie conociese todavía la presencia de Ron en la villa, así que al pelirrojo no le quedó más remedio que comer lo que Ginny había cocinado - siempre decía que su hermana no había heredado los encantos culinarios de su madre, pero en el fondo pensaba todo lo contrario, así que se vio obligado a mantener el papel que con tanto ahínco se había creado, y se dedicó a refunfuñar sobre la comida durante un buen rato. -Harry y Ginny rieron y rieron por ello, encantados.

Los otros dos miembros del Cuartel General de Aurores que habían llegado de incógnito al pueblo, se instalaron cómodamente en el hostal de Romilda Carlyle, donde se presentaron como una pareja de recién casados que estaban de viaje de novios.

Harry había decidido que no comenzarían las pesquisas hasta haber recibido noticias de Hermione, con el informe que él le había solicitado, así que previamente, dio la tarde libre a los tres aurores, eso sí, con la prohibición expresa a Ron de que se dejase ver por la villa.

Nada más los tres hubieron comido, Ginny tomó a Harry de la mano e hizo que se pusiese en pie.

- Anda, vete a hacer la siesta – le empujó suavemente para que se marchase a su cuarto.

- ¿Y para qué quiero yo hacer la siesta? – el moreno preguntó, negándose a moverse y mirándola con sorpresa.

Mientras, Ron fijaba su vista en ambos, observándolos con suspicacia.

- Necesitas descansar – ella volvió a empujarle, ahora con más ímpetu, tozuda.

- ¿Necesito descansar? ¿Por qué? – la mirada del chico era inocente.

- Porque anoche perdiste mucha sangre, y porque esta mañana no has parado de dar vueltas por ahí – Ginny respondió con voz autoritaria, comenzando a molestarse por la firme oposición del chico a sus deseos.

- Pero no tengo sueño… - él objetó de nuevo, con voz de niño respondón.

- ¡Harry James Potter! – ella exclamó, perdiendo la paciencia, dispuesta a obligarle a hacerlo si fuera necesario.

Entonces, Harry la abrazó con mimo y depositó un suave y cálido beso en su cuello.

- Es broma. Me encanta ver cómo sacas esa vena mandona que tienes – la besó de nuevo.- Sí, me voy a dormir un rato; la verdad es que estoy hecho polvo. ¿No te importa?

- Claro que no, yo misma te estoy enviando – ella respondió, intentando parecer enfadada, pero con una sonrisa dulce y enamorada.

Él besó sus labios, también enamorado.

- Acuéstate un rato tú también, Ron; te hará bien – Harry propuso a su amigo, quien no se perdía detalle de todo lo que estaba sucediendo (se sentía sorprendido, incómodo por la falta de costumbre de verlos a ambos mostrarse tan cómplices y cariñosos el uno con el otro).

- N-no, yo prefiero echar un vistazo a los mapas geográficos y topográficos que tú y yo hemos traído del Ministerio de Magia. Quiero familiarizarme con esta zona antes de que empecemos a trabajar en ella – el pelirrojo objetó, envarado.

- Eso puedes hacerlo luego; de hecho, lo haremos juntos.

- Da igual, Harry, en serio. No me apetece dormir a estas horas.

- Bueno, como quieras – Harry lo miró preocupado, pero decidió no insistir más.- Con vuestro permiso, yo me retiro.

- Yo voy a fregar la vajilla y después dormiré un rato también – Ginny aseguró.

- Perfecto, preciosa; nos vemos dentro de un rato, entonces –abrazó a la chica de nuevo, la besó, y se marchó tranquilamente hacia su habitación.

Ron observó cómo su mejor amigo se alejaba; después se puso en pie, y también él se alejó en silencio, hacia la sala de estar, donde pensaba desplegar los pergaminos que Harry y él habían traído del Ministerio, tal y como había anunciado. Era cierto que, si lo intentaba, no iba a poder dormir, pero no por falta de sueño. De hecho, se caía de sueño; hacía un par de días que no había dormido en absoluto, desde que Hermione y él habían roto su noviazgo; y tampoco ahora podría hacerlo. Suspiró, rendido, intentando al menos distraerse estudiando los planos, para que su mente no vagase sin descanso por el cuerpo de la castaña, por sus ojos y su voz, por su ternura, su carácter, su cariño… A veces sentía un loco deseo de comenzar a llorar como un niño e intentaba evitarlo, pero sabía que era cuestión de tiempo, que en cualquier momento estallaría en llanto como un chiquillo abandonado, perdido; y prefería que ese momento llegase estando solo.

No supo cuánto tiempo pasó realmente enfrascado en el estudio de la geografía local, cuando sonó el timbre de la puerta. Harry y Ginny todavía no se habían despertado de sus respectivas siestas, y no quería molestarlos, pero por otro lado, su amigo había sido tajante con él en cuanto a no dejarse ver ante ningún habitante del pueblo, así que dudó en salir a ver quién era. Finalmente caminó hacia la puerta, y se llevó una grata sorpresa al comprobar que una coqueta mirilla instalada en ella iba a darle la respuesta que necesitaba.

Mas la sorpresa, y grande, se la llevó al observar por esta, y darse cuenta de quién aguardaba paciente del otro lado. Por un momento pensó en no abrir al visitante, pero pronto recordó que realmente aquella no era "su casa", sino la de Harry y Ginny, y que a ellos correspondía decidir; sabía lo que ambos decidirían, así que no le quedó más remedio que abrir.

- ¿Qué haces tú aquí? – preguntó con sequedad a la mujer que, por no haber sido alertada del inminente encuentro como lo había sido él, lo miró totalmente sorprendida.

Hermione Granger lo observó, por un momento descolocada.

- Pasa, no puedo quedarme aquí, con la puerta abierta, durante mucho tiempo; alguien podría vernos.

Hermione malinterpretó las palabras del chico, y creyó que lo decía porque él no deseaba que nadie le viese con ella, así que entró, recuperando la compostura, y pasó ante él con suficiencia. Ron cerró la puerta tras ella.

- Yo he venido a hablar con Harry. ¿Qué haces tú aquí? – ella preguntó a su vez con arrogancia.

- Yo he venido a trabajar con Harry – el pelirrojo respondió secamente. – Dos compañeros más nos acompañarán también.

- Por Merlín… - ella lo miró, asombrada – Si él piensa que este asunto es tan importante, ya verás cuando le cuente los resultados de lo que me ha pedido esta mañana que averigüe.

- ¿De qué estás hablando? – Ron quiso saber; ahora era su turno de sentirse bloqueado por la sorpresa. Harry no le había comentado absolutamente nada de que ella también estaba metida en el tema.

Pero ella no pudo responder, ya que Harry los interrumpió, bajando por las escaleras.

- ¡Qué sorpresa! ¡No esperaba que vinieras! – saludó a Hermione, encantado, caminando hacia ambos; aunque después la miró con suspicacia - ¿Tan importante es lo que has descubierto que has venido a contármelo en persona?

- Y tanto. He venido a contártelo en persona, y a quedarme para ayudarte a solucionarlo, pues está directamente relacionado con el Departamento en que trabajo, y es más, sí tiene que ver con "él".

Tanto Harry como Ron la observaron con ojos desorbitados. Ron no la entendió en su totalidad, pero tan sólo escuchar que la chica iba a quedarse, rompió todos sus esquemas.

- No estoy segura completamente, pero lo más probable es que la bestia con la que te topaste anoche sea, como tú bien temes, una mutación humana producto de los oscuros experimentos que Voldemort llevó a cabo aquí – ella anunció – y si es así, yo necesito estudiarla, saber si existen más como ella, y erradicarlas o controlarlas, según sea necesario. – Harry se alarmó al escucharla, pero ella inmediatamente continuó - Tranquilo, no vengo en misión oficial del Ministerio, a ellos no les he dicho nada; sólo me he tomado unos días de vacaciones, de los meses enteros que me deben, alegando problemas de salud. Ya tendré tiempo de ponerles al día cuando todo esto termine; tú lo harás por tu lado, y yo lo haré por el mío.

- Pe-pero… - Harry objetó, temiendo que aquello pudiese convertirse en una batalla campal entre sus dos mejores amigos, y mirándolos a ambos de hito en hito.

- No creo que Ron tenga ninguna objeción. Podemos trabajar los tres juntos, ya lo hemos hecho "otras veces" – ella remarcó sus últimas palabras con picardía.

En cambio Ron no reaccionó del modo en que ella esperaba, o quizá sí, más bien lo hizo del modo en que ella temía en el fondo de su corazón, pero había intentado ocultar.

- ¿Podemos? – el pelirrojo le preguntó, traspasándola con una mirada gélida – Harry, he dispuesto los planos en la gran mesa del comedor. Cuando tengas un rato, acompáñame y los estudiaremos juntos, si te parece – se dio media vuelta, y abandonó a los otros dos, casi topándose con su hermana pequeña por el camino, quien acababa de bajar también del piso superior.

- Claro, enseguida voy. Ginny – el moreno llamó la atención de la chica, quien observaba a su hermano con mezcla de sorpresa y de reproche - ¿puedes acomodar a Hermione en uno de los cuartos de arriba? – le pidió, exhalando con paciencia; en aquel momento se sentía el hombre más viejo y cansado del mundo.

- Claro, cielo – Ginny tomó a Hermione de la mano y la arrastró hacia las escaleras, intentando dar tiempo a Harry para que se tranquilizase.

Él se lo agradeció con la mirada, y se marchó en pos de Ron.

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El resto de la tarde fue muy extraño para todos los habitantes de la casa: Ron y Harry por un lado, Ginny y Hermione por otro – la castaña no se atrevió a hacer acto de presencia, después de lo sucedido nada más llegar, necesitaba pensar en el mejor modo de enfocar la situación – sin ningún contacto entre ellos.

Cuando los dos chicos decidieron que habían concluido su trabajo, ya ellas habían preparado una copiosa y sabrosa cena para todos. Al reunirse en la cocina, Harry inmediatamente fue a abrazar a Ginny con cariño.

- Me voy a lavar las manos – Ron dijo sin más, y se marchó.

- Yo voy un momento a cambiarme de ropa, me he ensuciado un poco cocinando – Ginny anunció también, y se fue, dejando a Harry y Hermione a solas, no sin antes manchar la nariz del chico juguetonamente con la harina que aún cubría una de sus manos.

Harry miró a Hermione con cara de disculpa, mientras se frotaba la nariz, intentando no estornudar.

- Lo siento, no esperaba que vinieses – dijo, aludiendo a que no le había avisado de la estancia de Ron en la casa.

- Tranquilo, no es culpa tuya.

Inesperadamente, las lágrimas afloraron con fuerza a los ojos de la chica.

- ¿Has visto cómo me ha tratado? – le preguntó, dejando de fingir que todo estaba bien.

- No es fácil para él – su mejor amigo sólo supo responder.

- ¡Ah! ¿Y es fácil para mí? – ella le gritó sin contemplaciones.

Frustrado, Harry la abrazó con mimo, sin saber qué decir para consolarla. En aquel momento, Ron llegó a la cocina de nuevo, pero al encontrarlos en aquella pose, quedó parado ante la puerta, y rápidamente se ocultó, sintiendo que la sangre le hervía en las venas.

- Vamos, cariño, todo pasará – Harry prometió con dulzura, y al escucharle, Hermione se abrazó a él con desesperación.

Pasados unos segundos, cuando Hermione se recompuso de su momento de debilidad, ambos se separaron en silencio. Harry se sentó en una de las sillas y Hermione fingió continuar con los preparativos de la cena. Fue entonces cuando Ron se hizo notar; entró en la cocina sin decir nada, se sentó lo más alejado posible de Harry que pudo, y comenzó a cenar sin espera a nadie. Ginny entró poco después, y ambas chicas se acomodaron en la mesa cuadrada, una a cada lado de Harry, y los tres comenzaron a cenar también. Harry y Ginny mantuvieron una conversación ligera, intentando relajar el ambiente, de la que Hermione participó en momentos puntuales, pero no así Ron, quien no abrió la boca en absoluto.

Cuando todos hubieron terminado de cenar, recogido la mesa y lavado la vajilla, las chicas salieron para sentarse un rato en la sala de estar y continuar conversando. Harry intentó seguirlas, pero Ron se lo impidió, cogiéndole por el brazo con una fuerza innecesaria.

- ¿Se puede saber de qué vas? – taladró a su mejor amigo con una mirada furiosa.

Harry lo observó, extrañado.

- ¿De qué voy? ¿A qué demonios te refieres? ¿Qué te pasa? – aún así le respondió, a la defensiva, molesto por el tono amenazante que el pelirrojo acababa de emplear.

- ¡Ahora no te hagas el inocente! ¡Os he sorprendido a Hermione y a ti abrazados! ¡Y tú le has llamado "cariño"! – le gritó, acusador.

- ¿Y qué? – Harry preguntó a su vez, estupefacto.

- ¿Cómo que y qué? ¿Acaso no te basta con tener a Ginny? ¿También ahora quieres quedarte a Hermione? – los gritos de Ron eran cada vez más intensos, mostrándole fuera de sí.

La sorpresa de Harry no alcanzó fin; contempló a Ron como si no le conociera, incrédulo; negó con la cabeza y soltó una risa cáustica.

- Esto no está pasando. Te has vuelto loco, Ron.

Sin mediar palabra alguna Ron estrelló su puño derecho en la nariz de Harry, con tanta rapidez, que este no tuvo tiempo de reaccionar. La sangre comenzó a manar a borbotones de las fosas nasales del moreno, quien, dominado por la ira, estampó un contundente puñetazo en la mandíbula de su mejor amigo con la misma rapidez, consiguiendo que este sangrase profusamente por la boca.

Inmediatamente, Harry se arrepintió de lo que acababa de hacer y, evitando un nuevo ataque de Ron, lo envió de un empujón lejos de él para impedir que volviese a golpearle; se retiró la sangre de la nariz con el dorso de la mano como mejor pudo, para poder hablar con libertad, y usando su tono más autoritario le gritó:

- ¡Auror Weasley! ¡Retírese a sus aposentos hasta nueva orden!

Por un momento, creyó que aquello no sería suficiente para detener el descontrolado avance del otro joven, quien ya había comenzado a acercarse a él de nuevo, dispuesto a volver a golpearle; pero se equivocó. Al escucharle, Ron se detuvo en seco, como si un "Inmobilus" lo hubiese atado al suelo; traspasó a su amigo hasta las entrañas con una mirada hiriente y apretó ambos puños con todas sus fuerzas, pero no continuó su avance. En cambio, cuando se vio nuevamente dueño de sí mismo, se limpió la sangre de la boca con un ademán lleno de desprecio.

- ¡A la orden, señor! – respondió el pelirrojo; giró la cara, dio media vuelta, y abandonó la cocina con rapidez.

Al salir, Ron pasó por delante de ambas mujeres, ignorándolas por completo, y subió las escaleras que conducían a los cuartos, a grandes y desgarbadas zancadas. Ginny y Hermione se miraron la una a la otra, sorprendidas y asustadas por la sangre que manaba de la boca del pelirrojo, pero no tuvieron tiempo de reaccionar, ya que inmediatamente después, Harry salió también de la cocina, chorreando sangre por la nariz; intentó pasar de largo como un tornado en dirección a las escaleras, pero Ginny, ya lo suficientemente repuesta de la sorpresa, se interpuso en su camino, impidiéndole continuar.

- ¡Déjame pasar! – él le gritó sin contemplaciones.

- No, Harry – la chica respondió, contundente, mirándole a los ojos con adoración, pero firme en su postura.

- ¡Déjame pasar! – él volvió a gritar, fuera de sí - ¡No voy a partirle la cara de nuevo a ese gilipollas, si eso es lo que temes!

- Lo sé – ella respondió con voz suave, conciliadora, y se abrazó a él con toda la dulzura que fue capaz de mostrar; él intentó forcejear para marcharse, pero ella se pegó a su cuerpo con todas sus fuerzas – Mi amor, mi vida… - le acarició el rostro con cuidado, siempre su suave mirada fija en los ojos airados de él – Tranquilízate, por favor…

Las palabras de la chica fueron un bálsamo para Harry, quien ya no intentó zafarse de su abrazo, aunque continuó furioso.

- ¡El muy imbécil me ha acusado de estar aprovechándome de Hermione! – él afirmó, abrazándola también - ¡Y me ha soltado un puñetazo por haberle mandado a la mierda! ¿Y qué esperaba? – concluyó con indignación.

- ¿Qué Ron ha hecho qué? – ahora fue Hermione la que se acercó a su amigo en busca de respuestas, observándolo con estupor.

Harry se deshizo del abrazo de Ginny, no sin antes dedicarle una mirada serena para indicarle que el arrebato de furia había pasado, al menos en su parte más violenta, y la chica le dejó hacer.

- Él ha visto cómo yo te abrazaba y te llamaba "cariño", intentando consolarte, y los celos han hecho el resto – explicó a su mejor amiga, clavando en sus ojos una mirada seria – ¡Pensar eso de nosotros a estas alturas! ¡Por Merlín! ¡Si eres como mi hermana! – gritó de nuevo, recuperando su ira - El muy capullo se muere por ti, aunque tenga el cerebro de un gnomo de jardín. ¿Qué piensas hacer al respecto? – le preguntó con evidente tono de reproche.

Sin esperar su respuesta, tomó a Ginny de la mano y tiró de ella hacia las escaleras.

- ¿Me haces el favor de curarme esto, como siempre hacías en Hogwarts? – le pidió, más bien refunfuñó.

Pero la pelirroja, al escucharle aludir a tiempos para ella en cierto modo tan felices, cuando aún sus sueños flotaban en torno a él, sin nadie en medio que los enturbiase (al menos por su parte), sonrió, encantada, y lo arrastró hacia el piso superior.

Hermione quedó a solas en la sala de estar, aún incapaz de asimilar todo lo que acababa de ocurrir; se dejó caer en una de las sillas y un llanto involuntario anegó sus bellos ojos; sus dos mejores amigos, las dos personas en torno a las cuales giraba todo su mundo, los dos hombres que más se querían y respetaban entre ellos, acababan de liarse a puñetazos por su culpa. Se sintió la mujer más desgraciada del mundo.

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En la habitación del joven Subdirector del Departamento de Seguridad Mágica, la joven pelirroja apuntó a Harry con su varita, dispuesta a sanar su maltratada nariz.

¡Episkey! – Ginny dijo con voz clara, apuntando a la nariz maltrecha de Harry con su varita, e inmediatamente, la sangre dejó de manar, y el tabique nasal roto fue restablecido a su estado normal. - ¿Así que tirándole los tejos a Hermione, eh? – después preguntó, bromeando.

Pero Harry no estaba para bromas; le giró la cara con enfado, y la chica se vio obligada a tomarlo por la barbilla y forzarlo a que volviera a mirarle, para poder limpiarle el rostro de la sangre derramada, con una toalla humedecida.

- Nunca cambiarás, Potter – le acusó, esta vez preparada para impedir la siguiente reacción de enfado del moreno, que no se hizo esperar.

Nuevamente el chico intentó zafarse de su contacto, pero ella no lo permitió, y continuó frotándole la mejilla con ternura.

- Tendrás que aguantarme así el resto de tu vida – él respondió, cortante.

Al escucharle, los ojos de Ginny brillaron de felicidad; le besó la barbilla, enamorada; después besó sus labios suavemente, llena de ternura; y retomó su tarea.

- El resto de mi vida… ¿Qué soy en tu vida, Harry? – ella preguntó, haciendo que ambas miradas coincidiesen.

- Lo eres todo.

- Define ese todo.

- Eres para mí lo que tú desees ser – él refunfuñó de nuevo, incómodo. No tenía costumbre de hablar abiertamente de sus sentimientos más profundos.

- Ah… - ella fingió mostrarse desilusionada por la respuesta.

- Serás mi novia, digo yo – por fin él claudicó, a la defensiva.

- Vaya, qué modo más romántico de decirlo.

Harry suspiró, rendido. Tomó con delicadeza la mano con la que ella aún le estaba retirando la sangre, y estrechó a la chica entre sus brazos.

- Te amo, Ginny; jamás he amado a nadie excepto a ti; eso significa "todo" para mí.

- ¿Sabes cuántas veces he soñado con oírte decir eso? – se acomodó pegada al cuerpo de él, disfrutando de su contacto.

- Quizá tantas como yo he soñado con decírtelo.

- No creas, yo he tenido más años para hacerlo – rebatió con picardía – Recuerda que te quiero desde que te conocí.

Él suspiró de nuevo, e hizo que sus rostros volviesen a encontrarse; la seriedad había vuelto a su mirada.

- ¿Por qué no me lo dijiste, Ginny?

- Tuve miedo – ella apenas susurró.

- ¿Miedo, Ginny Weasley? – le dedicó una sonrisa incrédula.

- Miedo de sentir tu rechazo, tu lejanía – admitió, avergonzada. – En tu sexto año, tú y yo nos convertimos en buenos amigos; yo podía tenerte cerca, disfrutarte a mi manera… Pero tú también te mostraste mucho más cercano a Hermione, y yo…

- ¿Será posible? – se lamentó con frustración. - ¿Es que no hay modo de tener una buena amiga en este mundo sin que le acusen a uno de pretenderla? Si me viste siempre a su lado es porque ella estaba sufriendo por Ron, por la relación de ese cabeza hueca con Lavender Brown.

- Vaya… - ella afirmó, sorprendida.

- Si, vaya. Y luego tú comenzaste a salir con Thomas, y Hermione y yo creamos el gremio de amargados, hasta que el cabezota de Ron se dio cuenta de lo que se estaba perdiendo, y desde entonces, el único amargado fui yo.

- No sé qué decir. No encuentro palabras.

- Mejor no digas nada. Lo pasado, pasado está.

Quedaron en silencio por un momento.

- ¿Y tú, Harry, por qué no me lo dijiste, antes de que yo comenzase a salir con Dean?

- Porque estaba convencido de que no sobreviviría a mi batalla final con Voldemort. Y si me hubieses aceptado y después yo hubiese muerto, no habría sido justo para ti. Merecías algo mejor, algo que yo creí que no iba a poder darte.

Al escucharle, ella palideció como la cera; se separó de él y se sentó en la cama lentamente, en silencio.

- Ginny, por favor, no tiene sentido que te lo tomes de ningún modo ahora – Harry buscó los ojos de la chica con la mirada, pero ella lo rehuyó.

- ¿Acaso piensas que sufrí menos, cuando te creí muerto, por el hecho de que no me permitiste formar parte de tu vida? – ella lo acusó, cuando fue capaz de hablar y de devolverle la mirada.

- Cúlpame si quieres, por haber hecho lo que creí que sería mejor para ti. Pero no me arrepiento, ni lo haré nunca, de haber intentado que fueses feliz.

- Sí, fui feliz, pero no por la decisión que tomaste, sino porque no moriste.

Él no pudo responder, tenía la garganta hecha un nudo.

- ¿Sabes? Llevo años despertándome en medio de la noche cuando menos lo espero, entre gritos desesperados que siempre claman el nombre de Fred, o el tuyo. No me evitaste el dolor de sufrir por ti, nada habría podido conseguirlo.

- Yo también sigo haciéndolo, Ginny; aún sigo gritando en mis pesadillas el nombre de Fred, el de Remus, el de Tonks, el del director Dumbledore… - él confesó con tristeza - Sé que era casi un crío cuando todo sucedió, y que lo hice lo mejor que supe… Pero es una sensación extraña la que me acompañará hasta que muera: no es exactamente culpa, aunque algo de ella también hay, sino más bien amargura, inmenso dolor. Tú sufriste tanto como yo, y vivirás con ello hasta el final. Siento haber sido en parte la causa de tu dolor.

Al escucharle, una lágrima resbaló por la mejilla de la chica; se puso en pie con rapidez y corrió a abrazarse a él con urgencia.

- Necesito tenerte, Harry, – casi sollozó – que seas mío porque tú lo desees, porque tú lo decidas.

Él la envolvió en un abrazo enamorado.

- Hace ya mucho tiempo que soy tuyo – besó su cabello suavemente, tratando de tranquilizarla.

- ¿Por qué fuimos tan tontos? ¿Por qué no pudimos hablarnos claro?

- Quizá porque éramos muy jóvenes, y porque las circunstancias no acompañaron demasiado, la verdad – sonrió, enternecido. – Pero ahora sí podemos hacerlo. – La tomó por la barbilla dulcemente, obligándola a mirarlo a los ojos - Te amo, Ginny Weasley, y nada en el mundo hará cambiar eso.

- Yo también te amo, Harry – ambos se besaron lentamente, saboreando cada segundo de aquel dulce contacto; después ella se abrazó a su cuello – Casi no puedo creerlo…

- ¿Te crees que yo sí?- rió nerviosamente, emocionado.

- No pensemos más en ello – ella suspiró, ya completamente relajada; mas de pronto se separó de Harry – Voy a cambiarme de ropa y a acostarme. Estoy un poco cansada.

- Ah, vale. Hasta mañana, entonces – él respondió, comprensivo.

- ¿Cómo que hasta mañana?

Ella caminó hasta uno de los armarios, lo abrió, y extrajo de él un coqueto camisón, con el que se dispuso a vestirse. Mientras, Harry la observó en silencio, sorprendido. Cuando la chica hubo terminado de desvestirse sin vergüenza alguna y el etéreo camisón la cubrió coquetamente, se reunió de nuevo con el joven, y comenzó a desabotonarle la camisa con total tranquilidad.

- ¿Q-qué estás haciendo? – él preguntó, aturdido por la sorpresa.

- Comprobar de nuevo tus heridas, guerrero – la pelirroja respondió suavemente, mientras le quitaba la camisa por completo.

- Tú no sabes lo que dices. ¿Guerrero? ¡Guerrero me pondré como sigas en ese plan! – la tomó por la cintura y la pegó a su torso desnudo, provocador. Pero enseguida volvió a abrazarla con cariño y besó su frente.

- ¿Qué pasa, Harry? – ella quiso saber, repentinamente preocupada.

- El capullo de tu hermano duerme al final del pasillo, y la cabezota de mi mejor amiga, justo en la habitación de al lado – él rezongó con fastidio – Si llego a pensar que nos cortarían el rollo de esta manera, se los facturo a Romilda Carlyle por vía urgente, para que los aguante en el hostal.

Ginny rió a carcajadas, divertida.

- Eso no lo crees ni tú, por muy enfadado que puedas llegar a estar con ellos.

- Pero debería creerlo – volvió a refunfuñar.

- ¿Qué va a pasar entre tú y Ron de ahora en adelante? – la chica preguntó, temerosa.

- ¿Qué quieres que pase? Absolutamente nada. Él está ofuscado, nada más. Y yo debería haber sido más inteligente, y evitar lo que ha pasado. ¡Pero no veas el puñetazo que me ha soltado! ¡En ese momento el ofuscado he sido yo! ¡Y el cabreado! ¡Y el furioso! - gritó nuevamente airado al recordar lo sucedido.

- Está bien, está bien… Espero que Ron piense como tú.

- Es tu hermano, sabes perfectamente que él es el tío más legal del mundo – Harry afirmó, convencido.

- Incluso cabreado con él, aún lo defiendes.

- ¿Y qué quieres que haga? – se encogió de hombros, quitando hierro al asunto.- Por cierto, ¿tengo voto en esto de la mudanza? – intentó parecer indignado, bromeando.

- Por supuesto, cariño. Tú has sido el primero que ha votado – ella respondió, cariñosa.

- ¡Me encanta esta mujer! – él gritó con entusiasmo.

Harry se puso el pijama también, y la acompañó en la cama. Pero antes de poderse relajar, Ginny ya le había quitado la chaqueta del pijama, lo había obligado a tumbarse, había acomodado su pelirroja cabellera tranquilamente sobre su pecho desnudo, y se dedicaba a contemplarlo, satisfecha.

- Lo dicho, me encanta esta mujer – Harry repitió, sonriente.

Abrazados, ambos se sumieron en un sueño tranquilo y relajado.

~~ooo00O00ooo~~

A Hermione ya no le quedaba llanto que derramar. Sola en la penumbra, se debatía entre hacer lo que sabía que debía hacer - lo que necesitaba hacer-, y el miedo a hacerlo. No se veía capaz de soportar más rechazo proveniente del hombre que tanto amaba, a pesar de que fuese en gran parte culpa de ella el habérselo hecho sentir. Pero debía hablar con Ron, ya no por ella misma, sino por Harry, la última persona que merecía sufrir las consecuencias de todo lo que estaba sucediendo entre sus dos mejores amigos.

Se armó de coraje y se puso en pie, decidida; aquello era más difícil para ella que lo fue enfrentarse a Bellatrix; esta vez estaba su alma en juego. Caminó con decisión hasta el cuarto donde Ron se había encerrado con un fuerte portazo, ya hacía más de una hora, pero al llegar hasta él, sus nudillos se detuvieron a medio camino hacia la puerta, y se vio obligada a inhalar y exhalar con fuerza antes de poder continuar.

Tocó a la puerta con firmeza una vez, dos, y esperó… pero nada sucedió. Pensó en probar a hacerlo de nuevo, mas supo con total seguridad que el resultado sería absolutamente el mismo, así que, sin pensarlo, abrió la puerta y entró.

Inmediatamente se vio observada por unos profundos ojos azules desde el fondo de la estancia. Ningún sonido, ningún movimiento… nada. Azorada, caminó hacia la cama que había junto a una de las paredes, justo donde Ron yacía sentado con las piernas dobladas y la espalda apoyada en la pared, observándola con dureza; se atrevió a sentarse a su lado. Los ojos de Ron continuaron observando la puerta fijamente, como si realmente siempre lo hubiesen estado haciendo y jamás hubiesen reparado en la presencia de la chica.

- Ron, tenemos que hablar – Hermione buscó la mirada a su ex novio tímidamente.

Por toda respuesta, silencio.

Al mirar al pelirrojo con más detenimiento, pudo observar que aún había restos de sangre en su mejilla, limpiados torpemente por el chico; su labio yacía partido, allí donde el puñetazo de Harry había impactado con él, aunque la mandíbula, que sin duda había sido rota también, parecía haber sanado ya, y tan sólo una leve hinchazón hacía recordar lo sucedido.

No pudo evitar intentar acariciarle el rostro magullado en un acto reflejo, que él evitó rápidamente, como si de pronto la estatua en que parecía haberse convertido, hubiese cobrado vida.

- No me toques- él le ordenó, a la vez que se alejaba de su contacto con un brusco movimiento. Al ver que la chica lo observaba con ojos desorbitados, atónita y asustada, añadió un quedo "por favor".

- Harry sólo estaba intentando animarme, por amor de Merlín – ella se atrevió a hablar de nuevo - ¿Cómo has podido acusarle de semejante cosa? ¿Y cómo has podido golpearle después?

- No tengo porqué darte explicaciones de mis actos – él respondió, contundente; volvía a centrar toda su atención en observar la puerta.

- Ya lo sé… pero ambos me preocupáis. ¿Qué va a suceder ahora entre vosotros? – preguntó, negándose a rendirse.

- Lo que suceda entre Harry y yo, sólo es asunto de Harry y mío, ¿no crees? – por un brevísimo instante, traspasó a la chica con una mirada irónica.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Yo soy tu mejor amiga! ¡Y también la de Harry! – ella le reprochó, levantándose e interponiéndose entre la mirada de Ron y la maldita puerta.

- Eres la mujer que amo, de la que acabo de separarme para siempre, quien me lleva por la calle de la amargura, y a quien ya no puedo ir contándole mis alegrías ni mis penas. Quizá tú tengas claro cual es mi lugar en tu vida, pero yo ya no sé qué eres para mí, ni qué quiero que seas a partir de ahora – calló por un momento para intentar mostrarse sereno – Tú y yo lo hemos hablado muchas veces, sabíamos lo que seguramente pasaría si algún día llegábamos a dejar lo nuestro, y aún así decidimos arriesgarnos, porque teníamos la ingenua esperanza de que jamás se acabaría, de que era imposible que eso pasara. Pero ha pasado, y aquí estamos, para afrontar las consecuencias.

- ¿Me estás diciendo que ni siquiera quieres que siga siendo tu amiga? – la castaña preguntó, apenas en un susurró atónito, estremecida.

- ¿Tú quieres que yo siga siendo tu amigo? – él preguntó con ironía - Pues yo lo siento, pero no sé lo que quiero; todo esto me duele demasiado ahora mismo como para poderlo saber.

También él se puso en pie; caminó lentamente hasta la puerta, la cual abrió, invitándola a marcharse.

- Buenas noches, Hermione.

Ella lo contempló con la boca abierta, sin ser capaz de hablar, y salió corriendo de la estancia, entre sollozos; corrió a lo largo del pasillo, y también se encerró en su propia habitación. Mientras lo hacía, escuchó un fuerte portazo desde el fondo del pasillo.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Hola a todos.

Sí, ya sé que he tardado muchísmo en actualizar, y lo siento por todos los que seguís el fic de un modo incondicional, pero después de actualizar la última vez, sentí la imperiosa necesidad de dejar de escribir por un tiempo, de darme "un respiro". No sé si me sentí saturada, o qué me sucedió, pero el hecho es que no habría sido capaz de hacer salir nada de mi pluma que valiese mínimamente la pena si no me hubiese dado ese descanso.

A veces suceden cosas que están fuera de nuestros esquemas, como en este capítulo le ha sucedido a Ron, y como me sucedió a mí, y yo preferí tomar distancia y dar tiempo al tiempo, en vez de empeñarme en hacer algo de lo que luego hubiese tenido que arrepentirme. Espero que podáis comprenderme.

Deseo desde lo más hondo de mi corazón que os haya gustado el capítulo. Como veis, el trío fantástico ya se ha reunido de nuevo, como os prometí, aunque no tengo palabras lo suficientemente acertadas para describir cómo me siento en este momento por todo lo que les está pasando. De ahí viene el título del capítulo :)

Por favor, dejadme vuestras opiniones, me hará muy feliz saber qué os ha parecido.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Rose.