Capítulo 9 : No hay mal…

Ginny corrió al encuentro de su hermano y se dejó caer de rodillas al lado de Harry, que aguardaba la decisión de Aroa en cuanto al traslado del herido. El moreno la abrazó con ternura, intentando reconfortarla.

- Tranquila, saldrá de esta – le aseguró con voz firme.

La chica se abrazó a él con todas sus fuerzas, sin dejar de contemplar a su hermano, con el corazón encogido. Hermione los había alcanzado caminando lentamente, con la mirada fija en el pelirrojo y mostrando una palidez cadavérica; se detuvo ante él y siguió mirándolo, casi sin pestañear, como si hubiese caído en un silencioso trance.

- Ayúdame a ponerme en pie – Harry pidió a su novia.

Ella desvió su mirada hacia él, con los ojos como platos; súbitamente, un miedo incontrolable la sacudió de arriba abajo y repasó todo el cuerpo del chico con mirada escrutadora, buscando unas heridas en las que no había reparado debido a la preocupación por el estado de salud de su hermano.

- Es tan sólo un golpe en la pierna, nada más – él le aseguró, dando el tema por zanjado.

- Harry… - Ginny susurró; parecía estar casi tan conmocionada como su amiga, pero finalmente hizo lo que él le pedía, y le sirvió de apoyo para que pudiese levantarse sin demasiado esfuerzo.

- Es mejor que lo llevemos a vuestra casa en el pueblo – Aroa declaró, por fin – A pesar de lo que pueda parecer, la herida de su cabeza no es tan grave, pues no ha perforado el cráneo. En San Mungo podrán prestarle la misma ayuda que yo pueda darle aquí, y será mejor para él despertar en un lugar conocido, entre gente a la que quiere, en vez de en un frío hospital. Él se asustará menos de este modo.

Harry asintió, conforme; cojeó hasta alcanzar a su mejor amiga y la abrazó, pero ella pareció no notar su contacto.

- Hermione, vamos a casa, todos – recalcó, intentando hacer que la chica le prestase atención.

Pero ella estaba más allá de toda palabra, de todo contacto; tan sólo miraba a Ron con una fijeza rayana en la obsesión, y nada más.

- Hermione, Aroa va a sanarle en casa – Harry insistió, sacudiendo a la chica levente e interponiéndose entre Ron y ella, para obligarla a que enfrentase su mirada.

Absolutamente nada sucedió; Hermione continuó mirando fijamente en la dirección en que Ron yacía aún inconsciente. Harry, al darse cuenta de que la chica estaba en shock, le dio una bofetada en la mejilla, intentado que reaccionase. Al recibirla, ella aterrizó de golpe en el mundo de los vivos, y comenzó a llorar, desconsolada. Harry la abrazó con mimo, y ella se pegó a su cuerpo con desespero, sumiéndose en un llanto convulso.

- La herida de Ron no es grave – él le susurró con ternura – No le hemos perdido, nena, no le hemos perdido, ni vamos a perderle – añadió, como si estuviese consolando a una niña desamparada. - ¿Estás mejor?

Ella asintió, mucho más serena, y se separó de él para permitirle que organizara el regreso a la casa.

Ginny no se había perdido nada de lo sucedido, aunque parecía haber tomado el relevo de Hermione en cuanto a trances se refiere; observaba a Harry con semblante de inmenso sufrimiento, y de vez en cuando desviaba esa mirada de nuevo hacia su hermano Ron; y vuelta a empezar. El moreno se dio cuenta de ello, preocupado, pero no había tiempo para profundizar en ello, pues lo principal era trasladarse de regreso.

- Hermione, tú y Ginny transportaos a la casa – ordenó a al castaña, asegurándose de que ella le entendía; - Aroa, tú haz lo mismo con David; y yo transportaré a Ron. Nos veremos allí dentro de cinco minutos – Harry ordenó, tajante.

- Pero jefe, tú estás herido – objetó David – Mejor será que tú me transportes a mí y que Aroa lleve a Ron.

Harry negó con la cabeza.

- Ninguno de vosotros tiene la experiencia suficiente como para transportar a una persona que no ponga nada de su parte en facilitar ese transporte. Él no va a poder unirse a mí de forma consciente, así que tendré que usar toda mi concentración para llevarlo conmigo. Haced lo que os digo y no os preocupéis; dentro de nada estaremos juntos de nuevo.

- Tienes razón – Aroa le apoyó – Hermione, trasladaos vosotras las primeras; David y yo os seguiremos.

Sin decir palabra, Hermione tomó a Ginny de la mano con firmeza y ambas desaparecieron. Inmediatamente después, Aroa y David hicieron lo propio, dejando a Harry a cargo de Ron. El moreno tuvo que levantar a su mejor amigo a pulso, ya que sabía que, si se agachaba y cargaba con él, su rodilla herida no le permitiría volver a levantarse. Una vez hubo acomodado al chico en brazos, se concentró durante un par de segundos, y ambos desaparecieron también.

~~ooo00O00ooo~~

Minutos después, Ron yacía sobre su mullida cama, aún sin sentido, aunque no parecía notar dolor alguno en su inconsciencia. Como no podía ingerir alimentos hasta que despertase, Aroa había preparado rápidamente un ungüento calmante – apto también para cubrir a la perfección las funciones de desinfectante y antibacteriano -, que después había extendido con cariño sobre la herida; tal como la chica había asegurado en su segundo diagnóstico más exhaustivo, esta no era tan profunda como les había parecido en un primer momento; aunque a primera vista impresionaba por su gran amplitud.

Hermione se había sentado en una silla – que, amablemente, David había acercado al lado de la cama – y tenía al pelirrojo cogido de la mano, sin perder de vista en ningún momento el regular movimiento de su pecho.

- Ese lobo quizá le haya salvado la vida – la auror aseguró. – Aunque la herida no es grave, sí lo habría llegado a ser en el caso de que hubiésemos pasado varias horas buscando un modo de salir de aquel cementerio de piedras; lo más seguro es que se hubiese infectado, y estando donde está situada, eso habría acabado siendo fatal para él.

- He escrutado con la mirada a nuestro alrededor de forma concienzuda – Harry aseguró – pero no he podido encontrarle. Nada más salir de la cueva, ha desaparecido como una exhalación.

- Esa bestia es todo un misterio – David opinó, alucinado.

- No tanto – su jefe aseguró, convencido – Pero eso mismo hace que todo este asunto se me descuadre todavía más. Sea como sea, mañana voy a recibir muchas respuestas, si algunas personas no quieren acabar de cabeza en Azkabán.

- ¿Cómo es eso? ¿Qué sabes? – el auror inquirió, muerto de curiosidad.

- Todas las respuestas, mañana. Ahora, Aroa y tú debéis marcharos a descansar. Nosotros nos turnaremos en cuidar a Ron. Si no es estrictamente necesario que Aroa esté aquí, no quiero levantar sospechas todavía sobre vuestra identidad.

- No es necesario, Harry – Aroa corroboró – Tan sólo, administradle este ungüento regularmente sobre la herida cada media hora, nada más; y el propio cuerpo de Ron hará el resto. Mañana a primera hora vendré a revisarle. No creo que despierte antes de ese momento.

- O quizá aún duerma todavía más – Harry añadió, de forma enigmática. - Perfecto. Yo haré el primer turno – anunció.

- De eso nada, Harry – Hermione le prohibió – Aroa acaba de sanar tu pierna, y llevas todo el cuerpo baldado por el derrumbe; eso sin tener en cuenta las heridas de tu costado, aún cicatrizantes. Ginny y tú, preocupaos de estar juntos y de quereros, que al fin y al cabo es a lo que habíais venido a este lugar. ¿O no?

Ginny enrojeció al escuchar tan claramente lo que ella creía que nadie había intuido cuando ambos se marcharon de vacaciones.

- Pero… - Harry objetó, reticente.

- Pero nada. Necesito estar aquí; necesito estar con él, Harry. Por favor, compréndelo, comprendedlo todos.

- Está bien… el moreno aceptó de mala gana. Pero si necesitas algo, sea a la hora que sea, o si te ves cansada y necesitas un relevo, avísanos. ¿Está claro?

La castaña asintió, con una sonrisa cariñosa y agradecida.

- Ve tranquilo.

- Nosotros nos vamos también – dijo David – Cuidaos – palmeó la espalda de Harry suavemente, y su esposa y él se despidieron y se marcharon.

Cuando Aroa y David se hubieron marchado, y Hermione velaba el sueño tranquilo de Ron, empeñada en no despegarse de su lado hasta sentirse segura de que el peligro real había pasado por completo, Harry, mucho más tranquilo, tomó a Ginny de la mano y tiró de ella suavemente para que ambos se marchasen también a descansar, pues a aquellas alturas, sentía que su cuerpo ya no podía dar para mucho más, y sabía que a Ginny le sucedía exactamente lo mismo, dadas las intensas emociones que la chica había vivido. La pelirroja se dejó llevar dócilmente y ambos salieron al pasillo.

- Por Merlín… Estoy hecho polvo… - Harry declaró, con voz cansada, mientras caminaban hacia su propio cuarto.

De forma que cogió al chico totalmente por sorpresa, Ginny se detuvo; se plantó ante él, lo tomó por el cuello de la camisa con ímpetu, a la vez que lo empujaba contra la pared como si hubiese perdido la cordura; y lo besó de forma salvaje, desesperada, impidiéndole siquiera respirar.

- ¿Qué te…? – él quiso preguntar, jadeante, en un minúsculo momento en que sus labios se separaron.

Pero Ginny lo atacó de nuevo sin contemplaciones, invadiendo su boca por completo con su desbocada lengua, mordisqueando sus masculinos labios, mientras sus manos le desbotonaban la camisa y la abrían totalmente, con ardiente deseo, descubriendo su musculado torso.

Jadeante y sudoroso, al igual que la lujuriosa fiera en que ella se había convertido, Harry cogió a Ginny con ambas manos por el culo, la alzó, haciendo que las piernas de ella quedasen a horcajadas sobre su cuerpo, y la obligó a tomar su lugar en la pared; recorrió todo su cuello con sus labios, posesivo, para después volver a poseer su boca con furia dominante.

Ella soltó un fuerte gemido, loca de excitación; al escucharla, Harry clavó en sus ojos una mirada feroz y satisfecha; aún sostenida por sus fuertes manos, la pegó a su propio cuerpo y caminó con ella hasta alcanzar la puerta del cuarto, que abrió de una fuerte patada y cerró tras ellos del mismo modo.

Casi no pudo tumbarla en la cama, ya que inmediatamente, ella lo hizo caer sobre su cuerpo y rodó sobre él, indomable; le quitó la camisa, casi la arrancó de su excitado cuerpo, y no tuvo que pedir que él hiciese lo mismo, pues ya las manos expertas de Harry se dedicaban a despojarla de cada milímetro de ropa sobre su escultural e irresistible anatomía. Ambos rodaron por la cama, el uno sobre el otro, en una danza brutal; él no tuvo tiempo más que de desabotonarse los pantalones, cuando las manos exigentes de ella hallaron aquello que ansiaban con todas sus fuerzas, y lo hicieron formar parte de la guerra sin cuartel que ella misma había desatado, pero que ambos estaban ganando por igual.

La penetración fue rápida, potente y vigorosa. Los fuertes jadeos de ambos se convirtieron en desbocados gemidos de triunfo y de placer, de infinito placer que atravesó sus cuerpos con una descarga ardiente y poderosa; ambos se embistieron sin piedad, sus convulsos cuerpos precipitándose uno al encuentro del otro, poseídos por un incontrolado deseo, que acabó, escasos minutos después, en una explosión de fluidos, sensaciones y sentimientos compartidos.

- Y yo que creía que sabía algo sobre sexo… ingenuo de mí… - Harry anunció, alucinado, con voz inmensamente feliz y satisfecha.

Aún sobre Ginny, la besó una y otra vez dulcemente, enamorado; después se tumbó a su lado y la abrazó con mimo. La chica, al sentirse entre sus brazos, rompió a llorar y se pegó a su cuerpo con desesperación, abrazándose a él locamente.

Harry correspondió a su abrazo con fuerza, inmensamente preocupado.

- ¿Qué ha sido todo esto, Ginny? ¿Qué está pasando? – la obligó a que sus miradas se encontrasen, dispuesto a no rendirse hasta haber recibido una respuesta.

- No quiero que mueras, Harry – ella tan sólo se vio capaz de responder.

- Ni yo quiero morir – él respondió, divertido.

Pero el llanto de Ginny se intensificó, y él se vio obligado a dejar de bromear y a tomarla en serio.

- Vamos a ver, pequeña. ¿A qué viene todo esto? No voy a morir, eso no va a suceder, hasta que mis propias arrugas me aplasten; no tengo intención de permitirlo.

Ella no pudo evitar soltar una pequeña risita, pero inmediatamente el llanto la dominó de nuevo.

- Me siento una inútil, – sollozó en sus brazos – una buena para nada.

A Harry se le escapó una risa, por lo surrealista que le parecía aquel pensamiento.

- ¿Pero qué estás diciendo? ¿A qué viene esa tontería?

- ¿Tontería? – se indignó - ¿Qué sentirías tú si la persona a la que amas sale herida una y otra vez, y tú no eres siquiera capaz de evitarlo? ¿Debo esperar a que en una situación como las que has vivido en estos días mueras, nada más? – ella gritó, muy nerviosa - ¿Debo enfrentarme a tu muerte y aceptarla, como tuve que hacer hace diez años, cuando creí que Voldemort había acabado contigo en Hogwarts? – lo desafió con la mirada, perdiendo los nervios. - ¿Y qué sentirías si hubieses perdido a un hermano, y estuvieses a punto de perder otro?

- ¡Ginevra! ¡Ya es suficiente! – él le ordenó, pegándola a su cuerpo con vehemencia - ¡Serénate! ¡Yo no voy a morir! ¡Ni Ron! ¡Ni nadie más a quien quieras! ¡No lo permitiré! – la abrazó con infinito amor, de forma protectora.

- Tú siempre has dado la cara por todos nosotros. También yo necesito hacer algo para protegeros – la chica explicó, exasperada – saber que puedo serviros de algo, que puedo ayudaros.

- Tú ya nos ayudas, cariño – besó su cabello con infinita ternura - Tus padres, tus hermanos, Hermione, tú… sois la fuerza que nos mantiene a Ron y a mí, que nos da valor, coherencia, cordura, perseverancia para ejercer nuestro trabajo. En gran parte, si a día de hoy tu hermano y yo seguimos vivos, es gracias a todos vosotros – afirmó, con voz dulce, pero tajante.

- ¿Eso es lo único que puedo hacer? – rebatió, negándose a aceptarlo.

- ¿Y te parece poco? – él la obligó a mirarlo, y sonrió – Tú eres la piedra angular de mi vida, con ese carácter tan firme, decidido, valiente, cariñoso y adorable. Tú eres muy fuerte, Ginny, una de las mujeres más fuertes y admirables que conoceré jamás; y no necesitas enfrentarte a nadie para demostrarlo; ni siquiera a mí. Te amo con locura por todo lo que eres, y no cambiaría nada de ti, absolutamente nada, por mil años que transcurran.

- ¿Cómo? – ella preguntó, de forma inesperada.

- ¿Cómo, qué? – Harry alzó una ceja, sin comprenderla.

- ¿Cómo he podido tenerte lejos de mí? ¿Cómo he podido soportarlo? – se abrazó a él con todas sus fuerzas, como si jamás tuviese suficiente de su contacto.

- No me preguntes eso a mí; he debido estar loco para no arrebatarte de sus brazos como un corsario, si fuera necesario – él respondió, apasionado.

- No he sabido lo que es hacer el amor hasta este momento.

- ¡No puede ser! ¿Tú y Dean jamás…? – observó su rostro, incrédulo.

- Oh, sí, hasta hace medio año, al menos. Pero con él, yo jamás he podido llegar al final; nunca antes… había tenido un orgasmo – se sonrojó.

- Oh, Dios… - se lamentó, indignado - ¿Qué demonios hacía contigo ese palurdo?

- No era cosa de él… sino de mí – sonrió al recordarlo, enternecida - Yo siempre te veía a ti cuando hacía el amor con él, y no había modo de concentrarme en lo que hacía. Incluso un par de veces le llamé por tu nombre.

Harry la miró con ojos desorbitados y negó con la cabeza.

- Ginny, al final vas a conseguir que acabe compadeciéndome de ese tipo… ¿Cómo narices ha podido aguantar algo así, durante diez años? Perdona que te lo diga, pero no me extraña que al final lo hayas sorprendido en la cama con otra.

- Ya… - ella admitió, avergonzada – Pero tanta culpa tiene él como yo, pues desde el primer día en que nos hicimos novios, él ha tenido bien claro lo que yo siento por ti, incluso más que yo, pues yo intenté engañarme a mí misma obligándome a pensar que ya no te quería, pero él nunca me creyó.

- ¿Y por qué continuó a tu lado, entonces?

- Porque tenía la esperanza de hacer cambiar mis sentimientos, si me daba tiempo suficiente y se esforzaba al máximo en conseguirlo. Pero supongo que al final, lo que ha sucedido es todo lo contrario: quien ha logrado dejar de sentir algo por mí, ha sido él.

- ¿Y pensabais casaros con ese panorama de fondo? ¿Es que os habíais vuelto locos?

- Algo así; la decisión de casarnos fue la última tabla de salvación a la que ambos intentamos agarrarnos.

Él suspiró con tristeza.

- ¿Por qué has tenido que sufrir tanto? – le preguntó, apenado.

- El verdadero sufrimiento me llegaba cada mañana que abría El Profeta, y tu foto aparecía en él, con alguna mujer de bandera bien agarradita a tu cintura. Siempre temí que cualquiera de ellas acabase convirtiéndose en la Señora Potter.

- Señora Potter no habrá más que una, si ella lo desea – él afirmó, penetrando en sus ojos con una mirada que contenía un profundo juramento.

- Es lo que ella más desea en este mundo, no lo dudes jamás – la dulce pelirroja apenas susurró, pues la emoción casi le impedía hablar.

- Esperemos a que Ron se recupere, entonces, y cuando lo haga, te pediré algo como es debido – los ojos de Ginny brillaron, resplandecientes de alegría y emoción – Mientras tanto, ¿qué te parece si repetimos lo que acaba de suceder aquí, con un poquito más de calma? Tengo varias "cositas" en mente que me encantaría que probemos juntos…

- Será todo un placer. Me muero por probar "cositas" contigo – ella afirmó, radiante.

Inmediatamente, un sensual juego de seducción comenzó entre los dos.

~~ooo00O00ooo~~

Harry no sabía cuántas horas habían pasado desde que Ginny y él habían logrado controlar sus desbocadas pasiones, pudiendo sumirse por fin en un sueño relajado; pero se sentía como si necesitase dormir unos cuantos eones más para conseguir reponerse de todo lo sucedido el día anterior. Aún así, una voz que se empeñaba en repetir su nombre con urgente insistencia, taladraba su cabeza sin parar.

- Mi amor… - Ginny le sacudió suavemente, también intentando aclarar su mente, medio dormida – Hermione te está llamando.

Al prestar atención a su novia, Harry se despejó de golpe; saltó de la cama y se puso en pie, mientras gritaba a su mejor amiga:

- ¡Pasa, está abierto!

La castaña no se hizo de rogar, y nada más entrar en la habitación, su rostro adquirió el color de los tomates más maduros.

- Por Merlín, Harry, cúbrete – la chica le pidió, intentando desviar su vista hacia cualquier lado que estuviese bien lejos de él.

Harry la miró sin comprender, hasta que las palabras de su amiga penetraron en su mente, y se dio cuenta de que acababa de mostrarse ante ella como Dios le trajo al mundo. Avergonzado, tomó la colcha de la cama de un fuerte tirón y la enrolló sobre su cintura, enrojeciendo también. Ginny, que acababa de despejarse también, soltó una risita maliciosa.

- P-perdona – se disculpó con vergüenza; pero pronto se olvidó de la situación por completo, y el estado de salud de Ron fue el único pensamiento que ocupó su cabeza. - ¿Qué pasa, Hermione? ¿Ron ha empeorado?

- No – ella afirmó, entre incipientes lágrimas de alegría – él está despertando.

- Danos sólo dos minutos, y enseguida estaremos con vosotros – el chico pidió, con una sonrisa de oreja a oreja.

Hermione asintió con la cabeza y abandonó el cuarto rápidamente.

Ginny se levantó de la cama, abrazó a Harry alegremente, y comenzó a vestirse. Con energías renovadas por la noticia, él la imitó.

Como habían prometido, la pareja estuvo en el cuarto de Ron, escasamente transcurridos unos minutos. Harry se situó al lado de Hermione, y Ginny al otro lado de la cama de Ron, emocionados. Apenas meras rendijas asomaban en los azules ojos del pelirrojo, mas estas fueron suficientes para que él los reconociese al momento.

- Lo siento, Harry – fue lo primero que dijo, apenado – he sido un lento.

- No lo has sido, pero sí eres el tío más capullo que he conocido, por lo que acabas de decir – el moreno respondió, cogiendo a su amigo de la mano y apretándola con fuerza, sonriente. – Me alegro de volver a tenerte entre los vivos.

Ron sonrió también, emocionado.

- Hola, hermanita – saludó a Ginny después.

Ella le acarició el rostro con inmensa ternura.

- Hola, mi amor – dijo a Hermione, tranquilamente.

Al escuchar sus palabras, Harry y Hermione se miraron de reojo, suspicaces; pero intentaron que él no se lo notase.

En ese momento, la figura de Aroa se hizo notar en la estancia. Tal como habían acordado con Harry, ella y David habían contado lo sucedido a Romilda, manteniendo la farsa de que las tres parejas se habían reunido para la excursión; le habían asegurado que Aroa era una reputada sanadora – algo en absoluto falso, pero no siendo toda la verdad – que ellos se sentían en parte responsables por lo sucedido, y que por tanto, ella había decidido hacerse cargo de la recuperación de Ron. La dueña del hostal no pareció sospechar nada, lo que dio vía libre a la pareja para ir y venir a sus anchas, al encuentro de sus otros compañeros.

- Veo que nuestro bello durmiente ha despertado – dijo a modo de saludo, encantada.

Tras ella, David saludó a todos con un alegre ademán de la mano.

- Salid del cuarto, por favor, y dejad que mi paciente descanse, mientras le examino la herida – ordenó a los demás.

- Un momento, Aroa – negó Harry, y miró a su mejor amigo con seriedad – Ron, ¿tú recuerdas porqué Hermione está aquí? – le preguntó con voz suave.

El chico se tomó su tiempo para pensar la respuesta.

- No lo recuerdo exactamente, pero supongo que habrá venido a acompañarme a mí. Tú te empeñaste ayer en que yo viniera, ¿o acaso no te acuerdas? – preguntó al moreno, jocoso. - ¿Verdad que ha sido así, cariño? – desvió su mirada hacia la castaña, que lo observaba con ojos desorbitados. – Últimamente ella y yo hemos discutido bastante, así que al enterarme de que me iba a tocar aguantaros la vela a Ginny y a ti, seguramente le pedí que me acompañase; y de paso pasaríamos un tiempo juntos, que falta nos hace – concluyó con inocencia, totalmente convencido.

- Claro, Ron, ahora me acuerdo – Harry afirmó, intentando no parecer preocupado. – Aroa, ¿tienes un momento? – después preguntó a su subordinada, pero había mandato en su voz.

- ¿No puedes esperar a que revise a Ron? – ella preguntó a su vez, extrañada.

- No, ahora – él ordenó, tajante.

- Los dos salieron al pasillo, donde conferenciaron en privado durante unos minutos, que a los demás se les hicieron eternos. Ginny y Hermione no pudieron ocultar su inquietud, mientras David y el mismo Ron observaban la escena, confundidos. Al regresar, Harry hizo salir a todos al pasillo, como antes la sanadora había pedido, y tan sólo ella se quedó con el herido.

- ¿Qué está pasando, Harry? – Hermione preguntó al chico con urgencia, cogiéndolo del brazo con nerviosismo.

- He puesto a Aroa al tanto de la situación que él y tú estáis viviendo, para que, mientras revisa y cura su herida, diagnostique también su estado mental. No tendremos respuestas hasta que ella salga.

- ¿Temes que su mente haya sido dañada por el golpe? – ella quiso saber, llena de temor.

- No lo sé, Hermione; esperemos – la abrazó por la cintura, intentando reconfortarla.

Casi media hora tardó Aroa en salir del cuarto, y cuando lo hizo, la expresión de su rostro era todo un poema.

- Su mente está perfectamente – Hermione exhaló con fuerza, mientras los demás mostraban una sonrisa de alivio, que no les duró mucho – excepto por una sola cuestión: sufre pérdida de memoria selectiva.

- ¿Q-qué es eso? – Hermione le preguntó, alarmada.

- Él recuerda todo lo sucedido hasta ayer mismo, excepto los pasajes recientes más dolorosos de su vida.

- ¿Qué quieres decir con eso? – Harry la interrogó, inquieto.

- Que no recuerda absolutamente nada sobre su ruptura con Hermione – miró a la chica y afirmó, resuelta – Para él, tú sigues siendo su maravillosa novia; vuestra separación jamás ha sucedido.

- ¿Es eso posible? – Ginny quiso saber, anonadada.

- Lo es. El fuerte shock que ha sufrido su cuerpo, se ha unido al que ya estaba sufriendo su mente por el dolor de la ruptura con Hermione, y al colapsarse ambos a la vez, el resultado ha sido el total rechazo de esta última a recordar esos malos momentos vividos – ella explicó, paciente. – No sé si sus recuerdos regresarán en cuestión de horas, de días, de meses, o si no lo harán nunca.

- ¿Y qué voy a hacer yo ahora? – Hermione preguntó, perpleja.

- Lo que tú hagas al respecto, tan sólo es decisión tuya – la mujer concluyó. – Contarle la verdad no hará empeorar su herida física, pero sí le causará sufrimiento. Fomentar esa mentira seguramente le hará feliz; pero al fin y al cabo, tan sólo seguirá siendo una mentira, que algún día deberá ser descubierta, o quizá no. Hagas lo que hagas al respecto, nosotros te seguiremos el juego – se atrevió a hablar en nombre de todos los demás.

Hermione buscó los ojos de Harry, desesperada, pero en ellos no halló la respuesta que tanto necesitaba.

- Dios mío… - se lamentó, confusa.

- Haz caso a tu corazón, te diga lo que te diga – Ginny le aconsejó de forma cariñosa.

- Decide lo que sea, pero hazlo ya; él no para de reclamar tu presencia como un desesperado – Aroa añadió con suavidad.

Hermione asintió quedamente; emitió un leve suspiro, intentando serenarse, y entró de nuevo en el cuarto, al encuentro de Ron.

Al verla, el chico le regaló una amplia y enamorada sonrisa llena de felicidad.


Y COMENTAMOS...:

"... que por bien no venga", jeje. Ese es el final del título de este capítulo, que le da significado.

Como suele pasarme últimamente, no estoy actualizando desde mi hogar, así que voy a ser breve (o a intentarlo).

Lo dedico a todos aquellos que seguís el fic y que estais dando el callo (o sea, preparándolos con tesón, alegría y esperanzas que se verán totalmente recompensadas) en vuestros examenes finales. Para que sepáis que os comprendo - no en vano yo lo viví durante muuuuchos años también - y que tenéis todos mis ánimos y mi apoyo incondicional. ¡A por todas, que sois los mejores! Y también para quienes ya los habéis superado, porque os lo habéis ganado, sin duda alguna, jeje.

Aquí os he mostrado un par de sorpresas de las que guardo en la recámara. Ya me contaréis qué os han parecido.

Tenía intención de reservarme el capítulo unos días más, para separarlo un poco del anterior y no malacostumbraros, - que luego vienen las vacas flacas y os entran ganas de matarme y esas cosas :P - pero no he podido evitar subirlo, porque he disfrutado tanto escribiéndolo, que me muero por compartirlo con vosotros.

Un abrazo muy fuerte para todos y hasta muy pronto.

Rose.