Hey, hey, siento haber tardado. Se me ha estropeado el ordenador y tenía que utilizar el de mi hermana, por lo que apenas he podido escribir estos días. Espero que, a pesar de eso, sigáis leyendo esta historia. Prometo que no tardaré tanto en subir el siguiente. Nos vemos abajo.

Y, como siempre, iCarly no me pertenece.


Había pasado una semana desde aquella conversación con Sam, solo faltaban dos días para que viniera Benito y mi madre, aparte de estar más rara de lo normal, todavía no sabía nada de lo de la gira. No, todavía no había sido capaz de decírselo. Sabía de sobra que cuanto más tardara, menos tiempo tendría de asimilarlo y menos posibilidades tendría de que me dejara ir a la gira con mis amigos… Si es que tenía posibilidades. Cameron era el único que sabía que todavía no había tenido el valor necesario para enfrentarme a mi madre y cada día se enfadaba conmigo en el instituto por ese motivo. No quería ni pensar en lo que me haría Sam si se enteraba. Tenía decidido que aquella tarde, después del ensayo se lo diría todo.

Y mientras yo me comía la cabeza tratando de averiguar las palabras correctas para decirle toda la verdad a mi madre, ellos soñaban despiertos con la gira que se acercaba.

-No me puedo creer que esto esté pasando – Dijo Cam dejándose caer en el sillón.

-Es increíble que nos vayamos de gira. Tantos años en el grupo y, por fin, gracias a Carly nos vamos – Secundó Brison.

-¿Qué? Yo no he hecho nada.

-Carly, deja la modestia a un lado por una vez en tu vida.

-Eso, si no se te hubiera ocurrido la idea de grabarnos, esto no estaría pasando.

-Pero solo hice eso, grabaros. Vosotros, componéis, tocáis, cantáis y actuáis delante de la gente. Al lado de eso, yo no he hecho prácticamente nada.

-Tú piensa lo que te dé la gana – Insistió Brad – Pero gran parte de esto es gracias a ti.

-Discrepo.

-Chicos, va a estar así toda la tarde antes de admitir que tenemos razón. Me tengo que ir, ¿podéis llevar luego a Carly a casa?

-Claro – Asintieron los gemelos.

Entonces Sam me agarró por la parte de atrás del cuello de la camisa y tiró de mi con fuerza, provocando que mi equilibrio se fuera a tomar Fanta.

-¿¡Pero qué haces? – Me echó tal mirada asesina que no volví a abrir la boca hasta que entramos en su coche.

-¿Qué haces? Casi me degüellas Sam.

No me contestó, se dedicó a arrancar el motor de su vieja furgoneta y a salir del puerto… y de Seattle. Fue entonces cuando abrió la boca y contestó a todas mis preguntas.


-Quiero ir a ver a mi madre.

No, no estoy loca. Quiero ir al centro penitenciario a las afueras de la ciudad a restregarle a mi madre por la cara que me voy de gira. Quiero que le joda todavía más estar en la cárcel, quiero que le duela ver cómo la que hasta la fecha ha sido la que ha aguantado los golpes, está saliendo a flote.

-¿Estás segura?

-Nunca he estado tan segura de nada en toda mi vida.

Sé que para él era una locura, de hecho, yo misma estaba empezando a pensar que no estaba del todo cuerda al haber tomado esta decisión, pero estaba segura que era lo mejor, era mi venganza personal. Y la iba a llevar a cabo sí o sí.

Tras pasar varios controles, llegamos a la ventanilla de recepción del centro penitenciario. Allí había un hombre barbudo mirando entretenido una revista. Sigo preguntándome cómo era capaz la silla de aguantar su peso.

-Buenos días.

-Hola pequeña, ¿en qué puedo ayudarte?

-Quiero hablar con Pam Puckett.

-¿Eres un familiar?

-Soy su hija. Sam Puckett.

-Está bien. Solo podrás hablar con ella unos 10 minutos como mucho, has venido fuera del horario de visitas y es el máximo permitido en estas situaciones. Rellena este formulario y espera a que te llamen. Ah, tu acompañante tendrá que quedarse en la sala de espera mientras tú estás en una sala diferente con tu madre.

-¿Hay alguna posibilidad de que Pam le ponga una mano encima a su hija? – Preguntó Freddie mientras yo rellenaba aquel estúpido formulario.

-Tranquilo chico, habrá un cristal blindado entre ambas, no podrá acercarse a ella.

-Aquí tiene – Intervine yo dándole el formulario ya rellenado y firmado.

-Perfecto, pasad a la sala de espera y en cuanto esté todo listo te llamaremos.

Freddie se sentó nada más entrar, pero yo no podía ni pensar en eso. Me movía de un lado a otro de la habitación frotándome las manos con nerviosismo, mordiéndome el labio o las uñas. Andaba tanto que podría haber hecho un maldito agujero en el suelo. Estaba inquieta, mucho más de lo que estaba normalmente y dudaba una vez más de si lo que estaba haciendo era un acto de valentía o una completa locura.

-¿Samantha Puckett?

Y fue al oír aquellas palabras cuando me quedé clavada en el suelo. Pasé del movimiento a la parálisis total en menos de un segundo.

-Está todo listo. Si me sigues, te indicaré dónde está la sala.

Sin pestañear, seguí a aquella mujer. Creo que era mi instinto el que decidió seguirla, porque mi cerebro había dejado de funcionar cuando aquella mujer entró en la sala de espera. La seguí a través de largos pasillos, de cientos de puertas que habría un guardia y luego la volvía a cerrar con llave y con cada puerta y cada pasillo que atravesábamos, el karma que se respiraba en aquel lugar iba a peor. Solo tenía ganas de salir corriendo de allí y no volver nunca más; pero no podía hacer eso. Me estaría fallando a mí misma.

-Siéntate en esa silla, enseguida llagará tu madre.

Hice lo que me pedía y, efectivamente, a los dos segundos, mi madre estaba sentada frente a mí. Lo primero que oí al descolgar el auricular de teléfono que me permitía hablar con ella fue:

-Vaya, mira quién se ha dignado a venir. La pequeña bastar…

-Cállate – la corté tajantemente – no tengo mucho tiempo y ahora me vas a escuchar. La que por desgracia es tu hija, esa a la que has maltratado de todas las formas posibles durante años, esa a la que dejaste a merced de tu novio drogata, esa a la que le tiraste botellas a la cabeza, esa a la que mataste de hambre, a la que menospreciaste e hiciste que creyera que no valía para nada. Esa a la que pegaste, insultaste y aterrorizaste, esa que, según tú no valía para nada. Esa. ¿Sabes de quién te estoy hablando?

Podía ver la ira brillando en sus ojos, generando en mí una tremenda sensación de satisfacción.

-Sí, te hablo de mí. Pues esa que no valía para nada, se va de gira. Sí, en dos días viene a vernos el tío de Socko y nos iremos de gira. ¿No decías que no valía para nada? ¿No decías que acabaría muerta de hambre debajo de un puente? Pues, ¿sabes qué? Estabas equivocada, tremendamente equivocada. Tengo talento, tengo amigos y tengo una familia que me quiere. He acabado el curso con matrícula de honor, sí, del suspenso a la matrícula; puedo ir a la universidad que a mí me dé la gana y por mis notas me pagan el curso. ¿No decías que no valía para nada? Yo no me voy a pasar el resto de mi vida encerrada en una puta celda. No. Yo me voy a ver mundo y a cumplir mis sueños, por mucho que te pese a ti y al cerdo de tu novio. Adiós mamá.

Tiré el auricular contra el cristal, mirando por última vez a mi madre, y salí de la sala. Recorrí los mismos pasillos y las mismas puertas que hacía cinco minutos y no me detuve ante nada. Sin yo darme cuenta, en mitad de mi pequeño discurso, las lágrimas habían comenzado a brotar de mi rostro. Lágrimas de impotencia, de rabia, de felicidad… Entré como un rayo en la sala de espera y Freddie, sobresaltado, se levantó de su asiento.

Lo miré con los ojos llenos de lágrimas y él, sin mediar palabra, se acercó a mí y me abrazó con todas sus fuerzas. De nuevo, puso mi mundo patas arriba.


Tras estar en aquella habitación unos minutos, volvimos a su coche con la intención de volver a casa pero, en vez de meternos en nuestros apartamentos, subimos a la salida de incendios, nos tiramos en el suelo y nos quedamos mirando cómo el sol se ocultaba entre los edificios.

-Sabes que eres muy valiente, ¿verdad?

-Yo más bien creo que no estoy en mis cabales.

-Puede, pero eso no quita que seas una de las personas más valientes que he conocido en mi vida. Me gustaría poder tener esa valentía.

-Eres valiente. Viniste a buscarme a mi casa en fin de año sin saber llevar una moto, me llevaste al hospital cuando Finny murió sin casco ni carnet, salvaste a tu madre, te has enfrentado a un matón por meterse con tu padre. Le has contado a tu madre que nos vamos de gira.

-Soy un cobarde Sam, el peor de todos los cobardes.

-No seas tonto.

-No Sam, soy un cobarde. Todavía no he tenido valor para decirle a mi madre lo de la gira.

Y ahora es cuando ella se cabrea, se pone hecha un basilisco, me pega y… ¿me mira de forma comprensiva? Algo me está fallando en esta ecuación. Tendría que estar dejándome los ojos morados, no mirándome con ojos de cordero degollado.

-Para ser valiente, tienes que estar un poco loco.

-Para mi desgracia, hay demasiada cordura en mi cabeza y pocas veces actúo por instinto.

-¿Qué harías ahora si tuvieras que actuar por instinto? – Dijo divertida acercándose a mí.

Si actuara por instinto, ahora mismo, no correría ni pizca de aire entre su boca y la mía. Es cierto, no sé cuánto tiempo más voy a poder estar sin probar de nuevo esos labios. No sabía cuánto más podría estar sin confesarle lo que sentía por ella. Pero ese no era el momento.

-No lo sé – Dije en lugar de todo lo que estaba pensando.

-Yo me pondría a gritar cosas a los cuatro vientos. De hecho… - Se puso de pie, se acercó a la barandilla, tomó aire y… - ¡ME ENCANTA EL POLLO FRITO!

-¿Estás loca? Nos van a echar de aquí – La risa me traicionó.

-Sí y sabes que te encanta. Vamos pruébalo es divertido. ¡ADORO EL BACON! Venga, no seas cobarde. Comete locuras.

-¡ODIO LOS REFRESCOS SIN AZÚCAR!

-¡ME SÉ LA CANCIÓN BABY DE JUSTIN BIEBER!

-¿En serio?

-¿Qué? Carly era muy fan, la ponía a todas horas.

-¡ME ENCANTA QUE SAM PUCKETT ESTÉ LOCA!

-¡A FREDDIE BENSON LE ENCANTA QUE ESTÉ LOCA!

-¡ME GUSTA BAILAR EN CALZONCILLOS CUANDO ESTOY SOLO EN CASA!

-Tío, demasiada información. ¡LE ACABO DE ECHAR A MI MADRE EN CARA QUE NO SOY COMO ELLA ME DECÍA! ¡LE HE ECHADO EN CARA A MI MADRE QUE SOY MEJOR QUE ELLA!

-Le voy a decir a mi madre que me voy de gira.

-Ese es mi chico. Venga vamos.

Estaba más decidido que nunca a decirle a mi madre lo del grupo, nunca había estado tan decidido a hacer algo como hasta ahora. Sam se metió en su apartamento y yo en el mío. Sin embargo, hubo algo que me sorprendió al llegar al salón.

Mi guitarra estaba encima del sofá.

-Te dije que la tiraras y que te olvidaras del grupo de una vez por todas Freddie.

Por eso había estado tan rara estos días.

-Mamá…

-¡Te dije que la tiraras! ¡Me has desobedecido!

-Mamá…

-¡Nada de mamá! ¡Creí que podía confiar en ti y me he dado cuenta de que toda esa confianza no ha servido para nada! ¡Se acabó la guitarra y se acabó el grupo!

-¡Mamá me voy de gira con el grupo! – Grité sin pensarlo.

-¿Cómo?

-Me voy de gira en unos días mamá. Tocar la guitarra, expresar lo que siento a través de esas malditas seis cuerdas, estar en Lost Bullets, es lo mejor que me ha pasado en la vida. Es mi sueño, es lo que me gusta. Sé que te prometí que tiraría la guitarra pero… no puedo deshacerme de lo que me da la vida mamá. Quieres que sea feliz, pues no me obligues a tirar lo que me da esa felicidad.

-No, Freddie...

-Yo no soy como mi padre. Yo no te abandonaré, pero por favor, deja que vaya a esa gira. Llevo años esperando este momento y ahora que lo tengo tan cerca…

-Ya sabía que te ibas de gira – Soltó de golpe – Escuché a Spencer hablar con Carly. Rebusqué en tu habitación hasta que encontré ese doble fondo en tu armario y dentro la guitarra.

¿Lo sabía? ¿Cómo era posible?

-Estaba furiosa y lo sigo estando. Por eso, no voy a dejar que te vayas de gira y me voy a encargar de que no te escapes.

-¿Y cómo vas a impedir que me vaya?

-Porque, Freddie, en tres días, cuando tus amiguitos se vayan a dar vueltecitas por la ciudad en esa "gira" – Dijo tirando dos papeles en la mesa – tú y yo estaremos en el aeropuerto camino de…

-¿¡ITALIA?


Hasta aquí. Por fin jajajajaja. ¿Qué tal? Ya tenía ganas de actualizar este fic, madre mía. Bueno, no tengo nada más que decir salvo que siento mucho, mucho, mucho la espera. Pero mucho, mucho, mucho de verdad. No tardaré tanto en subir el siguiente, lo prometo.

Y, como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos ^^