Capítulo 13 : Salido del infierno.
David adoraba desplazarse en su forma de dragón galés verde. Desde muy niño, había mostrado una capacidad innata para las transformaciones animórficas; tanto así, que sus padres se habían visto obligados a inscribirlo, antes con antes, en el Registro de Animagos del Ministerio de Magia, antes incluso de que pudiese comenzar su formación mágica en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Tuvieron que enseñarle a marchas forzadas a controlar al salvaje dragón que llevaba dentro, - único animal en que siempre le había gustado convertirse, desde que vio uno durante una visita familiar al parque zoológico para magos, de Londres, a pesar de tener la facultad de poder hacerlo en muchos otros – para que ningún muggle pudiese morir de un ataque de pánico al cruzarse con una bestia salvaje suelta en pleno centro de la capital inglesa.
Sonrió para sus adentros. La suave brisa acariciaba sus moteadas escamas del color de la hierba más fresca, trayéndole infinidad de olores y alertándole de que, si todo salía bien, dentro de nada le ofrecería también el inconfundible aroma de la enorme bestia a la que estaban aguardando para poder capturar. En su forma animórfica, sus sentidos humanos se agudizaban bastante: podía ver mejor en la noche, y más lejos, oía frecuencias que no era capaz de detectar en forma humana, y también su velocidad crecía de forma notable, y también su fuerza, e incluso podía volar… pero jamás se habían incrementado al mismo nivel en que, al parecer, podía lograrlo Carmichael. Según Harry, la fuerza de aquel hombre no crecía con el cambio a su forma de lobo, sino que se multiplicaba de forma exponencial. Aquello le desconcertaba sobremanera, y por ello se sentía inquieto.
Sacudiendo su reptiliana cabeza para desterrar funestos pensamientos, volvió a centrarse en escuchar desde su atalaya en uno de los árboles más altos y vetustos de aquel pequeño bosque, como llevaba haciendo ya durante media hora; en otear hasta donde podía alcanzarle la vista, en oler en todas direcciones: todo en calma.
Recostó su barbilla en sus recias y potentes patas para acabar de serenarse, y aguardó. De pronto, una niebla cada vez más espesa, más confusa, se adueñó de su visión y su cerebro, sumiéndolo en un desvanecimiento que se vio totalmente incapaz de controlar. La sangre comenzó a chorrear desde su cornada cabeza, allí donde un contundente golpe lo había alcanzado sin piedad. Herido, débil e inerme, aquel fabuloso cuerpo animal emprendió una vertiginosa carrera sin freno hacia el duro suelo, donde todos sus huesos fueron a parar con un golpe sordo y seco, casi imperceptible en la soledad de la noche. Y allí se quedó.
A varios metros sobre el suelo, una fantasmagórica sombra se dio el inmenso placer de observar su asesina obra durante un momento, esbozó una extraña mueca con los labios, que habría podido ser una macabra sonrisa de no pertenecer a un animal, sin la capacidad de sonreír, y salió disparado a la carrera.
"Primer objetivo: cumplido – una oscura y sádica mente se abrió paso entre aquella maraña de instintos salvajes, guiando al humano que llevaba dentro. – Segundo objetivo: en marcha. Aquello se estaba convirtiendo en un fácil y divertido juego – pensó – Qué pena que fuese a acabarse tan pronto".
~~O&o&O~~
Aby y Edward llegaron caminando a un hermoso paraje situado en la parte oeste del pueblo, justo a las afueras. Protegido por un pequeño y bello bosque a su derecha y por una osada colina a su izquierda, un manantial de cristalinas aguas cobijaba en su seno la pálida luz de la luna, cual vitrina de un bello diamante en exposición. Soñar al pie de aquellas aguas resultaba tan fácil, que cualquiera que se acercase lo suficiente a aquel idílico paraje, inmediatamente quedaría prendado de él para siempre, deseando regresar una y otra vez, para ser acogido y arropado por aquellos apacibles brazos.
A pesar del temor que la embargaba, Aby iba cogida del brazo del chico, como si hacerlo resultase para ella lo más habitual del mundo; mientras los pasos de él eran cautos y tímidos, delatando aquellos malditos pensamientos que le hacían sentirse zafio al lado de un ángel como lo era, para él, la joven rubia. Ni siquiera bajo aquellas extremas circunstancias hubiera podido creer que algún día sucedería lo que justamente estaba sucediendo en aquél momento: ella caminando a su lado, confiada y cariñosa, con mil promesas de amor en sus dulces ojos, que siempre lo habían llevado por la calle de la amargura.
- Sentémonos en ese banco de piedra – ella propuso con voz suave, mientras señalaba el banco más céntrico de entre todos los que rodeaban las mansas aguas que nutrían la villa.
- S-s-s-sí, claro, donde tú quieras – el tartamudeó como el novato en amores que realmente era.
En realidad, no era donde ella quisiera donde ambos iban a sentarse, sino donde Harry, que había visitado el enclave la noche anterior al amparo de las sombras, tomando buena nota de todo lo que allí se encontraba, les había ordenado. Un banco céntrico, bien alejado de todas las vías de escape que la bestia pudiese tomar una vez se hubiese arriesgado a aventurarse fuera del bosque.
- Tranquilo, yo voy a protegerte – la chica le habló de nuevo, con aquella seguridad en sí misma que a él tanto le gustaba y le aplastaba por igual, tan bravucón como solía mostrarse en otros temas mucho menos…embarazosos para él.
Aquello logró que Edward sacara a relucir la brillante armadura del caballero protector que todo buen escocés lleva dentro.
- ¡No, señorita! ¡Soy yo quien va a protegerte! ¡Siempre voy a protegerte! – a pesar de su indignación, su rostro había enrojecido hasta las orejas.
Ella soltó una risita graciosa. Si hubiese sido otra chica la que se hubiese reído de sus ocurrencias, él la habría enviado a pastar a la campiña sin contemplaciones. Pero al provenir de ella, aquella risa le pareció el sonido más adorable y embriagador que jamás hubiese podido imaginar.
Un pequeño ruido se hizo notar a espaldas de la joven, lo que la hizo estremecer. Intentó parecer calmada, pero sus ojos escrutaron a su alrededor de un modo insistente. Mucho más osado de lo que creyó poder llegar a sentirse jamás, Edward la tomó de la mano, acariciándola con ternura.
- Tranquila…
Él hubiese deseado que sus palabras sonasen a certeza, como sonaban a sus oídos casi todas las palabras que Harry pronunciaba; al escucharle, uno no podía más que creer en él, que confiar en él, porque en aquel momento, parecía no existir más opciones en el mundo que aquella que él estaba ofreciendo. Si Harry le ordenaba estar tranquilo, sentía que realmente debía estarlo, porque a su lado nada malo le podía suceder. Pero él no era Harry, y aquella palabra le sonó a una patética súplica, más que a una promesa de amparo. En cambio, ella sonrió, enamorada, y acarició una mejilla del chico con agradecimiento.
- Nunca podría hacer esto sin ti – Aby le confesó, ya más calmada.
Ahora, el nervioso como una hoja, era él. Se sentó a su lado, ambos aún cogidos de la mano, y se dedicaron a contemplar la luna.
~~O&o&O~~
Arropado por las sombras que le ofrecía el alero de una gran ventana perteneciente a la última casa de la calle aledaña al manantial, Harry no se perdía detalle de lo que allí estaba sucediendo. Hasta el momento, tan sólo podía distinguir a Aby y a Edward, sentados en uno de los bancos centrales, y aparentemente enfrascados en el arte del coqueteo. Al parecer, el chico la tenía cogida de la mano y de tanto en tanto, contemplaba su rostro con ojos de tonto enamorado, algo que a ella, sin duda, le encantaba.
"Perfecto – dijo para sí. – Si alguien cortejase de esa manera ante mis narices a mi mujer, me entrarían ganas de partirle la cara, como mínimo. La bestia no podrá resistir esa tentación".
Inmediatamente desechó de su mente aquel frustrante e inoportuno pensamiento.
"Recuerda que no tienes mujer a la que amar, y que ni mucho menos, has venido aquí para pensar en lo que no debes – se ordenó sin piedad."
Plenamente concentrado de nuevo en su misión, el auror escrutó con la mirada todo a su alrededor. No podía distinguir a sus compañeros en la espesa negrura, tampoco detectar sus presencias, pero sabía perfectamente que todos estaban allí, y dónde encontrar a cada uno de ellos en caso de necesidad. Sus compañeros, sus amigos, su equipo… Aquel pensamiento le reconfortó, y Harry se aferró a él con todas sus fuerzas para no desesperarse pensando en que algo pudiese fallar.
Diez minutos, quince, veinte… Comenzó a impacientarse. Algo le decía que al atípico lobo no se le perdía una de todo lo que en esa villa sucedía, y mucho menos cuando a Aby concernía. ¿Qué significaba su ausencia, entonces? ¿Indiferencia, indisposición? Su intuición le gritaba sin cesar que aquello era imposible. ¿Se había olido la trampa, entonces? Deseó con todas sus fuerzas que no fuese ese el motivo, pues si la treta no funcionaba, no habría otra ocasión tan propicia para intentar atraparlo, y Harry se vería obligado a tomar medidas mucho más drásticas y directas que implicasen de lleno al Ministerio de Magia.
Aún absorto en sus oscuros pensamientos, un aterrado alarido le heló la sangre en las venas, no tanto por el intenso miedo que transmitía el grito en medio de la silenciosa noche, sino porque inmediatamente identificó quién lo había proferido: Hermione. Sin duda, algo terrible estaba apunto de suceder a su mejor amiga, o ya le había sucedido, y él se hallaba demasiado lejos de ella como para escabullirse ni un solo segundo para ver qué le estaba sucediendo. Varios metros frente a él, una inquieta sombra rebulló al pie de la colina. No podía ser otro sino Ron, debatiéndose entre su amor por Hermione y su responsabilidad como auror; Harry supo que en cualquier momento, el pelirrojo no podría soportar la incertidumbre y saldría corriendo en pos de su novia para intentar protegerla. Aquello daría al traste con toda la misión, y aunque él no podía culparle por intentar protegerla, comenzó a gesticular como un loco hacia su amigo, indicándole con movimientos bruscos de su brazo que se quedase donde estaba y volviese a ocultarse para pasar desapercibido.
Pero Ron parecía no darse cuenta. Caminaba como un loco de un lado a otro, aún semioculto, pero armaba tanto ruido como un ironbelly ucraniano en una cacharrería. Apunto de cruzar hacia él para detenerle, el moreno se dio cuenta de que algo tiraba de Ron hacia el suelo, obligándole a agazaparse de nuevo en la oscuridad. Un segundo después, Aroa apareció prácticamente de la nada y mostró en su dirección un gesto indicando que todo estaba controlado. Inmediatamente después, su silueta se difuminó entre la sombras. Harry exhaló en silencio, aliviado.
Él también deseaba con todas sus fuerzas ir en auxilio de su amiga para saber qué le había sucedido y asegurarse de que estaba bien; pero en aquella situación no podía más que confiar en las aventajadas dotes mágicas de la chica, esas que los habían sacado a los tres de los peores aprietos, tantas y tantas veces. Aquello es lo que todos habían acordado, y no podía traicionar a Aby ni a Edward rompiendo el pacto que él mismo les había incitado a aceptar.
No pudo pensar más en ello, pues inmediatamente después, otro grito lleno de terror rasgó el silencio de la noche. El corazón se detuvo en su pecho. Era Ginny; había sido Ginny quien había gritado con el más puro miedo corriendo por garganta, en su mismo lado de la calle, pero tan al fondo que tampoco él podía hacer nada por ella sin delatar completamente su posición.
Para él, todo quedó tan claro como la palidez extrema que había adoptado su rostro: la bestia había atacado a ambas chicas, una después de la otra, lo que indicaba, por otro lado, que al menos Hermione, la primera de ellas, había sido superada de algún modo y la bestia continuaba con su imparable avance.
Harry se llevó la mano derecha a la boca y la mordió sin contemplaciones, intentando recuperar la cordura antes de que nada en el mundo pudiese impedirle ya que saliera corriendo para salvar a las chicas y matar sin piedad a aquel engendro que se había atrevido a dañarlas. Todos eran perfectamente conscientes de los riesgos que corrían al tender aquella trampa, y ellas le habían dejado bien claro que no permitirían ser una carga para ninguno de los cuatro aurores: o las trataba como a dos miembros más del grupo o ya podía olvidarse de ellas. Pero si aquellos ataques terminaban en tragedia o muerte, nada impediría que Harry alcanzase a Carmichael fuera donde fuese, y le costase lo que le costase, y le hiciese pagar con su vida por lo que había hecho. Con su propia sangre, derramada de las heridas causadas allí donde sus dientes se habían cebado cruelmente en su mano, hizo un juramento que, por su vida, iba a cumplir.
Esperó el ladino avance de la bestia, amparada, al igual que él mismo, en las sombras de los edificios adyacentes al manantial. El cruento animal había abierto una brecha en las defensas de los aurores, por donde llegar a su escena del crimen y también por donde escapar. Lo más lógico era pensar que la aprovechara. Pensar aquello hizo hervir la sangre en sus venas pues, si su idea era cierta, el camino de la bestia le llevaría directamente a toparse con él. Se regodeó en la espera con una crueldad que tan sólo se vio obligado a poner a raya una sola vez: cuando Voldemort cayó derrotado a sus propios pies. En aquel momento, había deseado masacrarlo, patearlo sin piedad, por sus padres, por todas las víctimas de su descarnada crueldad… Ahora deseaba descuartizar a aquel "hombre lobo" que se había atrevido a convertir la vida de las dos mujeres a quienes más quería, en una tragedia.
Pero ese avance nunca llegó. Pasados varios minutos, que a él se le hicieron eternos porque le incapacitaban para cualquier actuación, absolutamente nadie apareció; por ninguno de los flancos, protegidos o no. Aquello le supo a cuerno quemado; algo en su interior le advirtió de que la trampa se había convertido en una trampa mortal para todos ellos, y ya no pudo esperar más.
Como alma que lleva el diablo, salió corriendo en medio de la calle, e indicó a Aroa y a Ron, con un rápido ademán, que corriesen en dirección de Aby y de Edward, a la vez que él mismo emprendía una desenfrenada carrera hacia ellos.
- ¡Coge a Aby y transportaos al hostal! – ordenó a la mujer, a quien había distinguido por el rabillo del ojo uniéndose a él.
En un momento, ella y él alcanzaron a la pareja, que los miraba con desconcierto. Ron se les unió un segundo después. Aroa ya estaba tomando a Aby de la mano para llevársela, cuando Harry gritó a Ron:
- ¡Tú protege a Edward hasta que Aroa pueda regresar a por vosotros! – dirigió la mirada hacia la espesura, tras todos ellos - ¡David! ¡Cúbreles! – ordenó a su subordinado, y sin esperar respuesta alguna, emprendió una nueva carrera en dirección contraria.
- ¿Y tú qué vas a hacer? – quiso saber Ron, con la voz ronca por los nervios.
- ¡Voy a por Ginny y Hermione! ¡Si la bestia sigue con ellas, necesitan toda nuestra ayuda!
Inmediatamente después, Aroa y Aby desaparecieron limpiamente de escena. Harry exhaló con fuerza, aliviado. David y Ron eran dos de los mejores aurores de que disponía el Ministerio de Magia; además, no era Edward el objetivo de la bestia. Los tres estarían a salvo; o al menos eso fue lo que deseó con todas sus fuerzas.
Voló en pos de Hermione, a quien tenía más cerca debido al rumbo que había tomado su carrera. Al acercarse a donde sabía que debería haberse encontrado su amiga, divisó dos figuras agachadas, junto a otra que parecía tumbada en el suelo, inerte. Enarboló su varita, con el peor conjuro que pudiera ocurrírsele dispuesto en sus labios. Pero a medida que iba llegando hasta ellos, se dio cuenta de que las figuras agachadas no eran sino Hermione y Ginny. Las alcanzó en dos zancadas, y antes de centrarse en ellas, apuntó con su varita a la figura que yacía tumbada en el suelo, con la ropa rasgada y ensangrentada, pero consciente.
- Ha sido él quien nos ha protegido a Ginny y a mí – Hermione lo agarró por un brazo con fuerza, para atraer toda su atención. Tras ella, Ginny asintió enérgicamente.
La castaña tuvo que dar varios fuertes tirones del brazo de Harry para que este, por fin, atendiese a razones. Lentamente, el chico dejó de apuntar con su varita a Oswal Carmichael de forma amenazante, quien lo miraba de forma suplicante, desde el suelo. Una vez las palabras de la chica se abrieron paso hasta su cerebro, Harry desvió su mirada hacia ella y a Ginny, con ojos desorbitados por la sorpresa y la confusión.
- ¿De quién os ha protegido? – preguntó a ambas de un modo apremiante, sintiendo que todo aquel asunto se le había ido de las manos.
Ellas no supieron qué responder, y fue el hombre que aún yacía tirado en el suelo, herido, quien se encargó de hacerlo en su lugar.
- Ha sido Ben; Ben Campbell – Carmichael pronunció con dificultad. La confusión de Harry creció todavía más. – Él puede transformarse en una bestia, como yo – el hombre se vio obligado a explicarle. – Pero mucho más salvaje, fuerte y mortífera que yo. Quítale la gema – tomó a Harry por una mano con todas sus fuerzas, cuando este se agachó con la intención de escuchar mejor sus palabras. - ¡La gema! – gritó fuera de sí.
- Oh, Dios… ¿Hay más como vosotros? – Harry sacudió al hombre sin miramiento, intentando que no perdiera la consciencia sin antes haberle respondido.
- ¡Pero Harry! – Hermione intentó detenerle, pero él se zafó de su presión con un ademán rabioso.
- ¡Conteste! ¡Maldita sea!
- N-no. Él y yo somos los únicos que quedaron vivos – Carmichael apenas susurró, sin fuerzas, e inmediatamente después, se desmayó.
Habiendo escuchado lo que quería oír, Harry se puso en pie.
- Hermione, ¿estás bien? –observó a las chicas de forma compulsiva, intentando asegurarse de que nada les había sucedido.
- Yo estoy bien – su amiga respondió, a su vez observando a Carmichael, preocupada. – Debemos ayudarle – dijo a Harry. Pero este pareció no haberla escuchado.
- ¿Y tú? – en cambio preguntó a Ginny.
La chica no respondió.
- Ginny, ¿estás bien? – él insistió, sintiendo que el corazón iba a salirle por la boca de un momento a otro. Rodeó a la pelirroja en un posesivo abrazo, instándola a responderle.
- Estoy bien – ella sólo pudo musitar, todavía en shock por todo lo que había sucedido.
Harry la abrazó con todas sus fuerzas, depositó en su frente un dulce beso y se separó de ella, para volver a centrarse en Carmichael. Volvió a agacharse para examinar la gravedad de las heridas del hombre, y al juzgar que no eran graves, o al menos no ponían en peligro su vida, lo tomó en sus brazos y se alzó con él.
- Reuníos las dos con Ron y con David, que siguen custodiando a Edward – les ordenó, a sabiendas de que ninguna de las dos consentiría en regresar al hostal, y sin tiempo para discutir. Al menos de aquel modo Ron se tranquilizaría y podría centrarse totalmente defender al chico, y ellas estarían protegidas por todos los aurores presentes. - Yo voy a llevar a este hombre al hostal – Si Campbell vuelve a aparecer ante vosotros, sea en su forma humana o animal, disparad a matar. ¿Entendido?
- ¿Al hostal? – Hermione quiso asegurarse, alzando una ceja sin comprender las intenciones de su amigo.
- Luego hablaremos. Oswal estará bien allí. Regresaré en cuanto lo deje al cuidado de Romilda.
Sin dar más explicaciones, desapareció del lugar. Ginny y Hermione se miraron la una a la otra, con un momento de indecisión, pero rápidamente corrieron a cumplir las órdenes del auror.
Minutos después, Harry entró por la puerta del hostal que regentaba Romilda Carlyle, con Oswal Carmichael aún desmayado en sus brazos. Un número inusualmente elevado de parroquianos lo rodearon de inmediato, queriendo enterarse de lo que había sucedido, y Harry tuvo que abrirse paso entre ellos para encaminarse a las escaleras que llevaban a las habitaciones; las subió con pasos firmes, seguido por la comitiva formada por todos los demás, y nada más llegar arriba, se topó de frente con Romilda, que había salido a su encuentro al escuchar el barullo que el auror había provocado. Nada más darse cuenta de a quién llevaba él en brazos, sus ojos reflejaron una angustia infinita, y la palidez de su rostro fue tal, que él pensó que también la mujer iba a desmayarse.
Pero no podía ocuparse de ella, y lo que él temía, tampoco sucedió. En cambio, la mujer se recompuso inmediatamente y corrió delante de Harry para indicarle una habitación vacía donde depositar al herido en una cama, donde pudiese descansar.
- ¿Q-qué ha sucedido? – la mujer preguntó a Harry, mientras se dedicaba a desvestir al hombre de las ropas rasgadas y ensangrentadas que aún le cubrían, para limpiarle las heridas con un paño que su hija, Aby, había mojado ya en una palangana llena de agua que acababa de introducir en la habitación.
- Ha luchado con Campbell, por su culpa – el auror acusó a la mujer sin contemplaciones, con la mirada llena de ira. – Voy a detener de una vez y para siempre a ese hijo del demonio, y cuando vuelva, usted va a contármelo todo, o juro que la encerraré en Azkabán de por vida. ¿Dónde está Aroa?
- Ha vuelto al manantial – Aby se atrevió a responderle, aún asustada.
- No salgáis de aquí bajo ningún concepto – ordenó a la chica, tomándola por ambos brazos para asegurarse de que ella comprendía el riesgo que estaba corriendo si le desovedecía. – Cuidad bien de él; no tiene heridas de extrema gravedad, pero podrían ser fatales si no se atienden inmediatamente. Y por lo que más quieras, cuando despierte, no le permitas seguirme; él ya ha hecho suficiente. Dile que nosotros nos encargaremos de esto.
La chica asintió con un decidido movimiento de cabeza, y Harry salió de la habitación como alma que lleva el diablo, se abrió paso entre todas las personas que aún esperaban tras la puerta del cuarto en busca de noticias, y se trasladó de en pos de sus compañeros.
Mientras, Aby se dedicó a ayudar a su madre a curar las heridas de Oswal, sin dejar de observarla.
- ¿Qué está pasando, mamá? – le preguntó, incapaz de contener, por más tiempo, la sensación de que ella sabía mejor que nadie de qué iba todo aquel asunto.
Por un momento, la mujer se detuvo en su tarea para enfrentar la dura mirada de su hija.
- Él… - señaló al hombre, que había comenzado a murmurar de forma ininteligible, alterado, con una mano temblorosa – Él es tu padre.
- ¿C-cómo que mi padre? – su hija la contempló con ojos como platos.
- Tu verdadero padre. Es una larga historia, cariño. Una historia que no he querido desvelar durante muchos años, y que Harry se dio cuenta de que no debía continuar oculta. Pero no le hice ningún caso, tonta de mí. Y ahora, el hombre que amo está pagando las consecuencias de mi estupidez.
- ¿El hombre que amas? – las palabras tropezaron en la garganta de la chica, antes de ser pronunciadas.
- Ahora no, pequeña. Deja que intente sanar sus heridas, y cuando termine, te contaré toda la verdad, a ti, a él, a Harry… a todos; lo prometo.
Aby no quiso presionar más a su madre por el momento. Aquella mujer siempre había sido la mejor madre que ella o que cualquier persona hubiese podido desear; se merecía el beneficio de la duda antes de ser juzgada. Y al menos por el momento, ella no estaba dispuesta a ser quien juzgara sus actos pasados. Así que, resuelta, se dedicó a la tarea de asistirla como ayudante poniendo todos sus sentidos en ello.
~~O&o&O~~
Harry reapareció en el manantial y se reunió con los demás, como un demonio enfurecido, no con ellos sino con él mismo, sintiendo que no había sido capaz de comprender realmente la totalidad de los trágicos secretos que Romilda Carlyle ocultaba. Pero no pudo permitirse el lujo de culparse por ello durante mucho tiempo, ya que al alcanzar a sus amigos, se dio cuenta de que la tragedia no había hecho más que comenzar. Aroa estaba de rodillas, intentando frenar la sangre que chorreaba por uno de sus brazos de forma escandalosa. A su vez, Ron yacía despatarrado en el suelo cual largo era y comenzaba a volver en sí, después de un fuerte golpe que lo había lanzado contra el suelo de un modo brutal.
- ¿Dónde está Edward? – Harry quiso saber, mientras ayudaba a Ron a incorporarse.
Al comprobar que el chico se encontraba tan sólo conmocionado por el golpe, corrió a ocuparse de Aroa y la ayudó a hacer un torniquete improvisado que, por el momento, detuviera la rápida pérdida de sangre.
- Él se lo ha llevado – la mujer anunció con voz débil, algo que él ya había temido nada más verlos. – Al ver aparecer de nuevo a esa cosa, tú me perdonarás, Harry, pero Hermione y Ginny se han alterado tanto, que las he obligado a trasladarse también al hostal; en el estado en el que estaban, podían haber cometido una locura como ponerse en el camino de esa cosa para intentar detenerlo ellas solas. Ese bicho es… aterrador – explicó a modo de disculpa, aún conmocionada por el terror que ella misma no había podido evitar sentir al ver de cerca a aquella abominación.
- Has hecho bien – palmeó el brazo de su compañera para tranquilizarla, sin poder evitar sonreír, ya que ella, con su psicología femenina, había conseguido que hicieran lo que él ni siquiera se había atrevido a ordenarles. – Ese tipo necesita medidas drásticas – añadió por toda explicación.
Aroa se agarró al brazo de Harry con fuerza, intentando ponerse en pie, pero volvió a caer de rodillas sin poder detenerse.
- Harry, ¿dónde está David? – ella clavó su mirada en los ojos de su superior, temiendo lo peor.
Dándose cuenta de que el auror no había regresado desde su puesto de vigilancia en el bosque, y de que ninguno de ellos había sabido nada de él desde el mismo momento en que se marchó para ocultarse, Harry se puso en pie y comenzó a correr para internarse en el bosque, a la desesperada.
- ¡Ron! ¡Volved a hostal! – ordenó a su mejor amigo, a voz en grito, sin detenerse. Y también él desapareció en la espesura.
El pelirrojo no tuvo ni siquiera tiempo para cuestionar aquella orden, así que se puso en pie con cuidado de no marearse de nuevo por el golpe, y después de comprobar que sería perfectamente capaz de ayudar a la auror, caminó hasta ella y la ayudó a incorporarse de nuevo.
- ¿Podrás trasladarnos? – preguntó a su compañera, sabiendo que ella era mucho más diestra en el traslado que él, ya que ese arte era uno de los que el chico más odiaba, y por ello no se había dedicado a perfeccionarlo, precisamente.
Ella asintió con la cabeza, y mientras Ron le hacía de apoyo para que no volviese a caer, empleó todas las fuerzas que aún le quedaban para devolverlos a los dos a la seguridad del hostal de Hope Avery.
~~O&o&O~~
- ¡David! – Harry no paraba de gritar sin detener su desenfrenada carrera.
Sabía que ya no era momento para intentar pasar desapercibido, ni para ocultarse, sino para intentar hallar a su subordinado lo antes posible, pues podía encontrarse mal herido, incluso muerto.
- ¡David! – gritó, dejándose la garganta en ello. - ¡David!
Una huella de sangre en la corteza de uno de los árboles por donde pasó, hizo que se detuviera por un momento a examinarla, intentando dilucidar a quién pertenecía y en qué dirección se había marchado quien la había dejado allí. Sin duda, era de una mano, y la sangre era reciente; debía pertenecer a David, ya que, por lo que sabía, ninguno de ellos había sido capaz de herir a Campbell. Pero la bestia sí había sido capaz de herir a David, por lo que Harry volvió a correr en la dirección que le pareció correcta, aún más desesperado.
- ¡David! – lo intentó una vez más, sintiendo que el tiempo corría en su contra.
- ¡Harry! – escuchó una voz a unos metros a su izquierda.
Había sonado débil, pero con la suficiente fuerza como para que él hubiese podido escucharla. El corazón le brincó en el pecho de alegría. Inmediatamente, se internó en la espesura de su izquierda y comenzó a gritar de nuevo, para localizar el origen de la voz de su compañero.
- ¡David!
- ¡Aquí, Harry! – el hombre volvió a gritar, con voz ya más segura. Un segundo después, el auror se interpuso en el camino de Harry, caminando tambaleante.
Él lo alcanzó inmediatamente, e hizo que el otro se apoyara en él, viéndolo maltrecho y ensangrentado.
- El maldito hijo de perra me ha cogido por sorpresa y me ha lanzado desde más de cinco metros de altura – David comenzó a relatarle, jadeante. – Siento no haberos podido ser de ninguna ayuda, pero no sé durante cuanto tiempo he permanecido inconsciente por el golpe contra el suelo – se disculpó. - ¿Lo tenéis ya entre rejas?
Harry, apesadumbrado, negó con la cabeza y David puso todos sus sentidos de nuevo en alerta.
- ¿Aroa está bien? – quiso saber inmediatamente después. ¿Y los demás?
- Todos están bien, más o menos; pero Edward ha sido secuestrado. ¿Cómo estás tú? ¿Llevas algo roto?
- Milagrosamente, no – intentó sonreír, aunque los golpes que había recibido por todo el cuerpo, hacían que una tarea tan sencilla como aquella resultase toda una odisea. – Ese bicho no es normal, Jefe; pero ni siquiera es como tú nos lo habías descrito. Es una mala bestia venida del infierno, te lo juro. Y yo sé de lo que hablo – declaró con todas sus fuerzas. - Tenemos que salvar el chico cuanto antes, o morirá.
Harry lo observó, más y más preocupado por momentos, mientras lo afianzaba bien sujeto, para trasladarse con él al hostal.
- Lo sé. Ahora descansa; luego hablaremos.
En silencio, ambos hombres se trasladaron en pos de sus compañeros y amigos.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
¡Hola a todos! Felices Pascuas, para quien las celebréis o simplemente estéis de puente festivo (como yo, jeje), y feliz fin de semana.
Da gusto cuando se pueden cumplir las previsiones, como me ha sucedido en esta ocasión. Me prometí a mí misma, y a todos quienes me habéis dejado reviews en el capítulo anterior, que este fin de semana actualizaría el fic, y aquí lo tenéis.
Siento que en este capítulo no se haya podido aclarar nada todavía del misterio que envuelve a ciertos habitantes de Hope Avery , pero os compensaré en el próximo, prometido. Aún así, he dejado una pista muy importante; que todo gira alrededor de Romilda Carlyle; ella tiene la clave de todos los sucesos, ya veréis porqué.
Estos días se me pasan por la cabeza muchísimas ideas sobre la separación de Harry y Ginny, a cual más dramática :) Pero el donominador común de todas ellas, es que Ginny va a sufrir lo suyo. Harry también, pero él, al menos tiene el consuelo de que la situación que ambos van a vivir no ha sido por su culpa, sino por la de ella, que no ha querido darle la oportunidad de explicarse. En cambio Ginny va a tener todo el peso de la culpa sobre sus hombros, y algo más...
Me ha hecho inmensamente feliz saber que no os habías olvidado de este fic, y agradezco todos los saludos de cariño recibidos en vuestros reviews, como si fuesen abrazos que me habéis dado. Desde aquí os devuelvo el abrazo, dedicándoos este capítulo a: Sole713, susy snape, ricitos de menta, ginnyp13, pottershop (bien venida de nuevo por estos lares, sensei), Karen Ximena, Krisy Weasley (un abrazo fortísimo, cielo; muchas gracias por acordarte de mí), paolac78 y ginalore28.
No puedo comprometerme con fechas de publicación para el próximo capitulo porque se me han terminado las vacaciones, los días de fiesta, los puentes... Así que intentaré que sea lo antes posible. Eso, prometido.
Un abrazo muy fuerte a todos, y ¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ!
Rose.
