Capítulo 15 : El fin.

Ron y David montaban guardia en una de las dos entradas de la cueva que el derrumbe no había dejado impracticables, y que Harry les había descrito justo antes de marcharse en busca de la bestia. Comenzaban a perder la paciencia, agazapados entre los matorrales cercanos a la entrada, pues ya hacía más de media hora que Harry se había marchado, y ni él había dado señales de vida junto a Edward, ni el propio chico se había mostrado tampoco. Ron rebullía en su escondite, nervioso, mientas David observaba la boca de la cueva impasible, completamente concentrado en su tarea.

- No sé cómo puedes estar tan tranquilo – Ron reprochó a su compañero, cambiando de postura por milésima vez durante el tiempo que llevaban ambos escondidos.

- ¿Qué te hace pensar que lo esté? – David preguntó, a su vez, sin mover ni un músculo para mirarle. – Pero no veo cómo puede ayudar a Harry que nuestros nervios nos delaten y que el tipo ese nos pille desprevenidos si decide atacarnos. Ya me la ha pegado una vez, y te juro que con ella, he tenido suficiente.

- Grrrrunf… - fue la respuesta del pelirrojo, pues sabía que el otro llevaba razón; pero no podía evitar sentirse como un animal enjaulado e indefenso. – Le doy cinco minutos más; si ambos no aparecen en ese tiempo, pienso entrar a saco en esa maldita cueva y llevarme por delante a esa bestia inmunda, sea como sea y pese a quien le pese – anunció con cabreo.

Ron no pudo ver la amable sonrisa que David mostró al escuchar aquellas palabras, con las que estaba tan de acuerdo. Hacía varios minutos ya que el auror había decidido que el límite de espera estaba comenzando a ser alarmante. Temía que ni Edward ni Harry fuesen capaces de salir con bien al enfrentarse con la bestia. Harry les había ordenado luchar si tan sólo salía Edward de la cueva, pero ¿y si no salía ninguno de ellos? ¿Cuánto tenían que esperar para saberlo?

El hombre seguía observando la oscura oquedad, perdido en sus cavilaciones e intentando tomar una decisión al respecto, cuando un bello fénix, etéreo y transparente, se mostró de la nada, suspendiendo su vuelo ante ambos aurores. Al reconocer en él al patronus de su esposa, inmediatamente tensó todos los músculos de su cuerpo, en guardia.

- Edward acaba de salir de la cueva por la entrada que yo he estado custodiando – la magnífica ave anunció de forma críptica, usando la voz de su dueña. - Harry necesita toda nuestra ayuda, está luchando con la bestia. Yo me he adelantado para apoyarle, no podía esperaros. Reuníos con nosotros en cuanto podáis – había infinito apremio en el tono de aquella voz.

- ¡Joder! – fue la alarmada respuesta de Ron, mientras echaba a correr detrás de David, que prácticamente nada más ver llegar al patronus, había emprendido una rauda carrera hacia la otra entrada de la cueva, presintiendo la naturaleza del mensaje.

A casi un kilómetro rodeando la entrada que ambos hombres habían custodiado, se toparon de frente con Edward, quien los aguardaba con impotencia.

- ¡Seguidme y os enseñaré la entrada de la gruta! – les ofreció, echando a correr hacia dentro de la cueva para que ellos no perdiesen tiempo parando para hablarle.

Los dos hombres lo siguieron a todo correr, en silencio, - David hizo que la luz de su varita iluminase el camino ante ellos - y cuando el chico se detuvo e hizo que la abertura de la caverna se mostrase para los tres, - tal y como había visto hacer a Campbell la primera vez que el hombre, transformado en bestia, había alcanzado el lugar con el pobre chico colgando de su lomo como un peso muerto – Ron lo tomó por un brazo, con fuerza, obligándolo a detenerse.

- Nosotros nos encargaremos – dejó claro, impidiéndole la entrada. – Tú ya has hecho suficiente. Vuelve al hostal junto a Aby, que está muerta de angustia, temiendo por ti.

Ágilmente, David pasó ante Ron, adelantándose para ayudar a Harry.

- Pero…

- No – el pelirrojo le prohibió, rotundo. – Esto es cosa nuestra.

Rendido ante la evidencia, el chico asintió con la cabeza y se mantuvo fuera del pasadizo que unía ambas cuevas, pero no se marchó.

Cuando Ron finalmente pudo reunirse con David y con Aroa, los dos aurores se revolvían, indecisos, con sus varitas apuntando a la masa sangrienta en que parecían haberse fusionado los cuerpos de Harry y de la propia bestia que había dominado a Campbell, contemplando cómo ambos se debatían en una sucia pelea que los arrastraba por el suelo, un segundo uno de ellos sobre el otro y un segundo después en posición totalmente opuesta, brazos y piernas entremezclados sin orden ni concierto, mientras se agitaban como rayos emitiendo tremendas descargas de energía. Tan violentos eran sus movimientos y tan cruenta la pelea, que parecía imposible saber dónde acababa el cuerpo de uno y comenzaba el del otro, por muy diferentes que estos fueran.

- ¡Maldita sea! ¿Qué hacéis ahí como gilipollas? – Ron les increpó, enarbolando su varita y apuntando, también él, al centro de aquella masa informe. - ¡Disparad a la bestia! ¡Disparadle! – pero ni él mismo se atrevió a hacerlo por miedo a dañar a Harry en el intento.

- ¿Cómo quieres que lo hagamos, si no hay manera de apuntar con la suficiente precisión como para asegurar el blanco? – Aroa preguntó a su vez, a voz en grito. – Si inmovilizamos a Harry, Campbell tendrá la oportunidad y el tiempo suficientes como para arrancarle la garganta de un bocado, antes siquiera de que ninguno de nosotros pueda parpadear.

- ¡Joder! ¿Y qué hacemos? – Ron quiso saber, totalmente desesperado.

Inesperadamente, Aroa pateó el suelo con rabia, se giró de espaldas a la pelea y comenzó a gritar:

- ¡Aby, quédate donde estás! ¡No entres! – insistió con todas sus fuerzas. - ¡No entres! ¡Es muy peligroso!

Sus dos compañeros, atónitos, no pudieron evitar girarse con rapidez, para mirar a sus espaldas, esperando ver a la joven rubia precipitarse en una alocada carrera por detener a ambos contendientes – desde luego, tenía la edad, el carácter y el ímpetu necesarios para hacerlo, y seguramente acompañada por su incondicional enamorado. Pero al hacerlo, no hallaron absolutamente a nadie tras ellos, y fue a Aroa a quien miraron como si la mujer se estuviese volviendo loca.

Pero en absoluto era locura lo que le había sucedido a la auror. Como ella esperaba con todas sus fuerzas, el oír el nombre de Aby fue suficiente como para que la poca humanidad que aún restaba intacta en el cuerpo de Campbell, reaccionase del mismo modo en que lo habían hecho sus dos compañeros; por un solo instante antes de caer en la cuenta de su error, el colosal lobo se había distraído, desviando su mirada tras los aurores y olvidando a Harry en el raudo movimiento.

El grito de Aroa había supuesto distracción para todos en aquel momento, pero no para Harry, quien no sólo luchaba por su vida, sino por la de todos los allí presentes y que jamás pudo olvidar, por mucho que la chica hubiese irrumpido en la cueva o no lo hubiese hecho, que si él sucumbía al poder de aquella inmunda aberración, quizá los demás le seguirían sin remedio. La reacción de Harry fue sentir que, si alguien debía morir en aquel momento y en aquel lugar, al menos que fuese tan sólo él; así que, al sentir que la bestia disminuía su fiereza levemente al atacarle, él hizo todo lo contrario, y haciendo acopio de toda la fuerza que aún quedaba en sus agotados miembros, intensificó sus puñetazos, arañazos, patadas y empujones, para lanzar a la bestia tan sólo a un metros de él.

Sabía que, con tan poca distancia que los separaba, y con Campbell habiéndose dado cuenta con demasiada rapidez de que había sido vilmente engañado por la auror, inmediatamente se vería nuevamente acorralado por la inmensa fuerza de la bestia, aún más furiosa por el engaño, si cabía, y al límite de sus fuerzas, ya no habría modo de poder bloquea sus despiadados ataques una vez más.

Tan sólo dispuso de un segundo, quizá, sólo un segundo para enarbolar con furia su varita, y bramar frente al cuerpo del animal:

- ¡Estallido!

Inmediatamente, una atronadora explosión se interpuso entre los dos, cuyo sonido provocó un terrible eco, que comenzó a rebotar por todas las paredes de la cueva de un modo incontrolado. Ron, David y Aroa se taparon los oídos con las manos, las mangas de las chaquetas, y todo aquello que tuvieron a mano y creyeron que podría servirles, rabiando de dolor. Harry, que había recibido el impacto de forma directa, al igual que la bestia, cayó de rodillas, sangrando por la nariz y los oídos, pero no se rindió; había logrado lo que realmente buscaba: que la bestia quedase prácticamente paralizada por el estruendo y la onda expansiva con la que había sido golpeada sin piedad. Con movimientos trémulos pero tenaces, Harry alzó su mano derecha, que sujetaba su varita a duras penas, apuntó con ella al pecho del aturdido animal y gritó como un descosido, a pesar de que no fue capaz de oírse a sí mismo:

- ¡Evanesco!

En un visto y no visto, la enorme esmeralda que había dominado el pecho de Carmichael se evaporó, perdida en la nada, sin posibilidad de ser recuperada jamás.

Imposible ya de ser capaz de controlar dos morfologías en un mismo organismo, aquel maltratado cuerpo comenzó a mutar de un modo horrendo y descontrolado, sin decidirse por adoptar finalmente ni una forma ni la otra. Coincidieron brazos y patas de un modo horrendo, en un cuerpo desgarbado que intentaba erguirse y que no podía; un rostro humano, desfigurado por un hocico descomunal y desproporcionado, bajo unos ojos casi ciegos, se debatía en la desesperación por conservar su humanidad originaria; un rugido de rabia, se truncó en un lamento lastimero y desesperado, cuando en lugar del hocico apareció una pequeña boca, coronada por desproporcionados colmillos que traspasaron la mandíbula con filosa crueldad.

Compadecido por ver tanto sufrimiento, Harry intentó hacer valer su varita una vez más, para poner fin a aquella desdichada existencia, pero su cuerpo le falló, haciendo que todo él se precipitase contra el pétreo suelo. Tan sólo puedo contemplar, exánime, cómo aquel alma en pena trastabillaba hacia el abismo que había dejado tras de sí, en un vano intento por huir de su aciago e ineludible destino. La suerte estaba echada.

Harry creyó estar experimentando visiones creadas por su inminente pérdida de consciencia, cuando vio una imagen, ya familiar para él, que por un breve instante se arrodilló a su lado y le acarició el rostro con ternura. La etérea imagen, que se había materializado ante él por tercera vez, musitó un "gracias" frente a sus ojos, para que él pudiese leerle en sus ahora dulces labios. Tras ello, el ente fue raudo al encuentro de la agonizante bestia, la rodeó por completo con una luz vivaz, alegre y sanadora, besó con toda la ternura del mundo aquel rostro desfigurado, y susurró con voz mimosa y cantarina: "Mamá ha venido para llevarte a un mundo mejor. Ven, mi pequeño; mamá jamás volverá a abandonarte. Nunca más volverás a estar solo". Un leve gimoteo salió de los amorfos labios del engendro y, abandonado a la ternura, se dejó arrastrar por la dulce imagen hacia las profundidades de la negrura. Bestia y fantasma se precipitaron al abismo sin tragedia, sin dramatismo alguno; por fin, ambos habían hallado su lugar.

Emitiendo una profunda exhalación surgida de su alma liberada, Harry se abandonó a la inconsciencia.

~~O&o&O~~

Milagrosamente, muy poco duró esa inconsciencia. Gracias a Edward, que se había negado a macharse de la cueva y que lo había presenciado todo desde la relativa seguridad del túnel, los habitantes del pueblo pudieron improvisar una partida de rescate, que devolvió a los cuatro aurores a la comodidad de la casa ocupada por Harry en cuestión de una hora. Ron, Aroa y David tan sólo estaban conmocionados por la onda expansiva de la explosión, y Harry, que debería haber muerto al haberla sufrido de lleno, únicamente había recibido heridas superficiales y un inmenso golpe, que lo retuvieron en la cama, obligándole a descansar por el momento; pero de ningún modo había sufrido daños graves o irreversibles, y permaneció consciente en todo momento. Como todo el pueblo sabía ya quiénes eran realmente David y Aroa, ambos aurores no tuvieron que continuar con la farsa del hostal, y ocuparon también una habitación en la casa, que además permitió a Aroa cuidar del mayor herido en todo momento.

Aroa los había sanado a todos, incluso a sí misma, de un modo tan eficaz, que dos días después de la tragedia, todo lo sucedido tan sólo parecía un mal recuerdo, si no fuese porque Harry seguía postrado en la cama. Durante el primer día de su convalecencia, todas las mujeres se habían empeñado en turnarse para cuidarlo, algo que él, de un modo amable pero contundente, se había negado a aceptar; así que ellas, tozudas, adoptaron una nueva estrategia, diciéndole que se aburrían enormemente, sin nada que hacer, y preferían disfrutar de su conversación y de su compañía. Harry, divertido, no pudo más que aceptar esa ocurrencia; pero cuando Ginny se hallaba en el cuarto junto a las demás, él se mostraba tan frío y distante con ella, haciendo sentir a todas ellas tan incómodas con aquella situación, que la chica no tuvo más opción que desistir y no volver a entrar en el cuarto. El moreno, excepto cuando dormía, en ningún momento estuvo solo, así que la pelirroja no pudo poner en práctica el plan que había trazado, de disculparse para que después él mismo lo hiciera, y se vio obligada a postergar la seria charla de ambos hasta que él sanara por completo. Por ello, se dedicó a, como ella pensaba, "ser fuerte" y hacer ver a los demás que todo estaba bien, cuando realmente se sentía tan preocupada por la salud de él, tan nerviosa y devastada por su rechazo, que estaba apunto de ser presa de un ataque de ansiedad. En cambio, Harry no soltaba prenda.

Lo que Ginny no podía siquiera imaginar, es que si bien había superado sus heridas con relativa facilidad, el sufrimiento de Harry no provenía del cuerpo, sino del alma, y le estaba desgarrando el corazón por dentro, tanto que ya no podía soportar más estar cerca de ella. Así que el joven jefe de aurores reunió a Romilda y a Oswal, escuchó su historia, sus explicaciones y disculpas – estas últimas montones de veces, pues ambos se sentían realmente apenados y culpables por todo lo sucedido – tomó su tiempo para meditar sobre qué decisión adoptar al respecto, y una vez seguro del siguiente paso que estaba dispuesto a dar, supo que su estancia en aquel lugar había terminado.

En la mañana del tercer día de su convalecencia, nada más despuntar el alba, Harry se puso en pie, se duchó y se vistió, y tomando su determinación como único equipaje, se dispuso a marchar. Pero David, que se había desvelado en su sueño y había decidido hacerle una visita rápida y discreta para asegurarse de que todo continuaba bien, lo cogió con las manos en la masa.

- ¿Se puede saber qué demonios haces levantado, pedazo de alcornoque? – su subordinado lo reprendió con indignación. Al ver que Harry le dedicaba una furibunda mirada, se disculpó, sintiendo que acababa de ofenderle. - Lo siento, Harry, pero es que nos diste un susto de muerte, joder… No puedes andar tan pronto por ahí como si nada hubiera pasado. No puedes hacer vida normal todavía, podrías recaer…

- Eso no pasará – su jefe le aseguró, contundente. - Fue muy extraño, David… Te juro que después de la explosión me sentí más allá que aquí; tú ya me entiendes… - el hombre asintió con tristeza, al recordarlo. - Pero ella tenía tanto amor que dar, tanto… que sobraba para mí, para él, y para millones de personas más. Ella nos salvó a los dos – declaró, refiriéndose a Campbell y a él mismo, - de distintas formas, pero lo hizo.

- Lo sé; el bombazo que provocaste era como para haberte hecho el cerebro fosfatina; tú sí que eres bestia – no pudo evitar regañarle de nuevo. - Maldición, Harry, te lo cargaste, pero también tú habrías muerto en el intento.

- No podía permitir que os arriesgaseis a morir frente a él, como seguramente habría sucedido; si yo no hacía algo drástico, probablemente todos nosotros habríamos muerto, su fuerza era demasiado brutal, y más sumido en la locura, como estaba. La elección era muy clara para mí: mejor uno que cuatro.

El otro gruñó por lo bajo, cabreado.

- ¡Joder, tío! ¡Cuántas ganas tengo de que te nombren Jefazo y de que ya no puedas ir andando por ahí en plan héroe romántico! No siempre vas a poder salvar al mundo, y lo sabes – declaró de un modo irreverente, aunque en esa ocasión a Harry no pareció molestarle, sino que lo miró con aprecio.

- A eso voy, capullo. Me voy al Ministerio de Magia, a presentar a Kingsley un informe de todo lo que ha sucedido aquí; y de paso, aceptaré el puesto que me ha ofrecido.

- ¡Merlín! ¡Cuánto me alegro! – David lo felicitó. - ¿Pero no puedes hacerlo dentro de unos días? ¿Mañana, siquiera? Se supone que aún estás de vacaciones. No pasará nada porque esperes un poco para volver, hasta que te hayas repuesto por completo.

- Ni tampoco pasará si me marcho ahora – Harry declaró con sencillez. - Regresaré a mis vacaciones en cuanto termine con lo que tengo que hacer en el Ministerio, pero no aquí, mientras ella no se haya marchado.

- Harry… ¿Todo esto es por Ginny? ¿Qué ha pasado entre ella y tú?

- Absolutamente nada. Todo esto es por mí – fue tan seco y duro el tono de su voz, que David no se atrevió a replicar. - Os ordeno, a Ron, a Aroa y a ti, que os toméis el resto de la semana libre; sin peros. Díselo a Ron en cuanto lo veas; yo se lo notificaré a Kingsley. Y por favor, da esta nota a Hermione – le alargó un pergamino pulcramente plegado, que David cogió con suspicacia, - que la lea delante de todos vosotros, pues se refiere a cómo debéis actuar con respecto a todo lo que hemos vivido aquí; y la otra es para Ginny – le dio otro más, sin comentar nada al respecto. - Nos veremos cuando regrese de mis vacaciones.

- ¿Puedo hacer algo para disuadirte de que te marches?

- En absoluto. Dale un beso a Aroa de mi parte, y disfrutad de esos días que tanto y tan bien os habéis ganado – le ofreció la mano derecha, que el otro estrechó con afecto.

- Tú también. Ya hablaremos – añadió, con un tono que no admitía réplica.

Harry asintió con la cabeza levemente, agradecido de que su compañero y amigo respetase su necesidad de silencio y de lejanía, y desapareció hacia el Ministerio.

Cuando el moreno se hubo marchado, David negó en silencio, frustrado; sabía que los demás iban a reprocharle el no haberle detenido, a sabiendas de que todavía se mostraba débil y seguía herido. Pero, ¿quién era capaz de detener a Harry James Potter, cuando él no deseaba ser detenido? Lo mejor sería que diese la noticia a sus compañeros cuanto antes, y también a Hermione y a Ginny, así que, todavía pensativo, bajó las escaleras hacia la cocina; definitivamente ya no iba a poder dormirse de nuevo.

~~O&o&O~~

Una hora más tarde, Harry recorrió los pasillos que le separaban del depacho de Kingsley con una sensación lúgubre en el alma, un vacío que sabía que jamás volvería a llenarse; ya lo había aceptado y estaba dispuesto a asumirlo. Pensó que a David y a los demás quizá les iba a parecer que había salido huyendo de Ginny y de lo que fuese que había sucedido entre ambos, pero en absoluto era aquello lo que había pasado: sencillamente, una etapa de su vida había terminado, estaba muerta y enterrada, y no tenía sentido prolongarla; y otra empezaba, bien distinta en todos los sentidos. Habría salido huyendo si se hubiese marchado a Canadá para olvidarla, si hubiese despreciado la oportunidad de dirigir a los aurores ingleses, como su corazón tanto deseaba, para vivir de nuevo una vida que en absoluto era la suya. Y eso jamás iba a volver a pasar. Ya no habría más mujeres a su lado en las portadas de las revistas, ni en su cama, ni en ningún lado, mientras encontraba a aquella que lo amase tal y como era y quisiera compartir con él el resto de su vida; después de lo vivido, sabía que no sería fácil hallarla, pero estaba dispuesto a hacerlo, costara lo que costara y tardase lo que tardase. Por fin se había liberado de aquella enfermiza dependencia sentimental que había dominado su vida durante demasiado tiempo; debía haberse vuelto loco al desear guardar fidelidad amorosa a aquella mujer tan egocéntrica y amargada, que era incapaz de ver la bondad en los corazones de los demás, aunque le estuvieran golpeando las narices con ella. Ese, definitivamente, había dejado de ser su problema.

Al llegar al despacho de su jefe, tocó a la puerta levemente con los nudillos, y entró sin esperar respuesta. Kingsley estaba solo, tal y como le había indicado por señas su secretaria, antes de que entrase, y al verle, le dedicó una mirada de expectación.

- Prefiero que hables tú – Kinsley le dijo a modo de saludo, notando que algo no andaba bien.

- Quiero ese puesto – Harry respondió del mismo modo.

El futuro Ministro de Magia exhaló con placidez, visiblemente complacido.

- He venido a decírtelo, y también para informarte de que la misión que nos llevó a Hope Avery, a los chicos y a mí, está totalmente concluida. He dado vacaciones a los tres hasta el próximo lunes; si eso trastorna los planes del Cuartel, yo los sustituiré con mucho gusto. Pero se lo han ganado.

- No hará falta, muchacho; estos días el Cuartel está muy tranquilo, demasiado, incluso. Además, esa es una de tus potestades como segundo al mando. Pero te veo muy serio; algo te preocupa. ¿Qué ha pasado en Hope Avery?

- Mierda, Kingsley; es una historia demasiado complicada, trágica y triste – comenzó a relatar con cierta amargura. – En ella se han mezclado todos los factores, incluso la mala suerte, para lograr hacer infeliz a demasiada gente.

- ¿Voldemort ha tenido algo que ver desde la tumba, como tú temías?

- Desgraciadamente, sí; ese maldito pudre todo lo que toca – negó con la cabeza, apesadumbrado.

Comenzó por relatar la historia que Campbell le había contado, sobre el amor que había unido a Romilda y a él desde niños, su trágica separación, y cómo al final el hombre había caído en las garras de Voldemort, como una víctima más, pero una de las dos únicas víctimas que habían sobrevivido a sus macabros experimentos; cómo él había enfocado toda la frustración, la rabia y la ira que llevaba sintiendo durante demasiados años, en el "don" que para él el Señor Oscuro le había otorgado. Kingsley escuchó en silencio, atónito.

Después llegó la parte que Romilda y Oswal le habían relatado durante su convalecencia. Romilda le contó que Oswal también había sido amigo de ambos durante su niñez, – algo que a Campbell se le había "olvidado" mencionar – que el futuro auror siempre había estado también enamorado de ella, pero ella había creído no corresponderle, hasta la misma noche en que Ben fue ordenado sacerdote. Ella lo había esperado durante años, durante toda su formación como futuro servidor de Dios, con la firme esperanza de que, en cualquier momento, su amado desistiera de aquella locura y volviese a su lado, que lo dejase todo de lado, excepto a ella, y que ambos comenzasen una vida juntos bien lejos de todo y de todos. Pero aquello jamás sucedió, y la noche en que por fin fue consciente de ello, Oswal seguía a su lado para apoyarla, para consolarla, como siempre había hecho, a pesar de haber sido rechazado por ella una y otra vez. Aquella noche, por rabia, por despecho, o por verdadero amor – como Romilda se dio cuenta demasiado tarde que realmente había sido – ella se entregó a él sin condiciones, y el chico no pudo resistirse a su oferta de amor, tanto como él mismo la amaba. Aquella misma noche comenzó a gestarse la vida de Aby, pero Oswal jamás lo supo hasta que Romilda se lo confesó dieciséis años después, una vez muerto Campbell.

Sintiendose culpable por haberse aprovechado de la debilidad de la chica, Oswal se alejó de Romilda un día después de lo sucedido entre ambos, y la chica, sintiéndose traicionada en lo más profundo de su alma por los dos únicos hombres a los que había amado, decidió echar a ambos de su vida de un modo definitivo, y poco tiempo después contrajo matrimonio con otro chico del pueblo, amigo de su familia, que estaba buscando desesperadamente una mujer con la que casarse para acallar las habladurías que no cesaban en la pequeña villa, sobre su supuesta homosexualidad, no tan supuesta, pues verdaderamente el joven mantenía relaciones con otro joven de Londres, que había conocido en uno de sus constantes viajes a la capital como viajante agrícola; pero en aquella época esa relación era totalmente inaceptable, y debía ocultarla de algún modo que resultase contundente. Así que, de la noche a la mañana, aquel chico se encontró con una mujer y una hija caídas del cielo, que le sirvieron a la perfección para ocultar su verdadera condición, y que a Romilda le permitió seguir manteniendo su secreto. El hombre era todo un bendito, así que Aby creció felizmente como hija suya, y Romilda se dedicó a regentar el hostal de la villa sin mayor complicación.

Pero en el fondo, los habitantes del pueblo no confiaban en que una relación tan repentina y con un matrimonio tan rápido fuese real, y en pequeños círculos "cerrados", siempre mantuvieron la especulativa teoría de que Aby no era hija de su supuesto padre, sino de Ben, único amor conocido de la chica hasta que esta se hubo casado. En cambio, nadie sospechó de Oswal, pues era conocido por todos que había sido rechazado por ella en innumerables ocasiones.

Pasados los años, el marido de Romilda murió de una grave enfermedad, y por desgracia, Ben y Oswal se convirtieron en dos de las víctimas de los macabros experimentos que Voldemort llevó a cabo en la villa, destinados a crear un ejército de mortífagos dotados de excepcionales cualidades, que debían dar a su Señor la victoria definitiva sobre todos los magos. Pero aquellos experimentos jamás llegaron a un resultado suficientemente satisfactorio y concluyente para Voldemort quien, por otro lado, hubo de abandonarlos para centrarse en hallar y dar muerte a Harry, a sabiendas de que su tiempo se acababa, pues el osado chico había comenzado a eliminar los horrocruxes que quedaban y que mantenían al sibilino hombre entre los vivos. Todas las demás víctimas dichos experimentos murieron durante los mismos, pero no así Oswal y Ben, el primero por amor a la mujer que jamás había dejado de querer durante toda su vida, y Ben por la rabia y el rencor que sentía hacia esa misma mujer; ambos tenían poderosos motivos que anclaron sus almas a la vida, así que no perecieron, aunque fueron dados por muertos y abandonados por los mortífagos en la misma cueva donde Harry puso fin a todo aquel drama.

Sin embargo, ambos lograron salir de la cueva, aunque malditos de por vida, aunque Ben llevaba ventaja sobre Oswal, por ser un prototipo más "avanzado" del experimento sufrido; de ahí la gema incrustada en su pecho, como un desesperado intento de Voldemort por incrementar mágicamente el inmenso poder que, de por sí, tenían los descomunales lobos en que ambos podían transformarse, pero también por controlarlos y subyugarlos bajo su poder, que en este segundo aspecto, jamás funcionó. Oswal retomó su trabajo como jefe del Cuartel Local de Aurores, y Ben hizo lo propio con su ministerio religioso y sus tareas como sanador local. Y el resto del pueblo, cada cual sumido en su propia pérdida, echó tierra sobre el asunto, sin ganas de volver a saber nada sobre él.

Pero hacía tiempo que la locura había hecho presa en la mente de Campbell, quien decidió que, si no había podido tener a Romilda, lo haría con Aby. Así que intentó raptarla, y comenzó a acechar en la noche, en su forma de bestia, a todas las chicas que se cruzaban en su camino, al principio sin orden ni concierto y luego por pura y obscena diversión, a la espera de que un día tuviese suerte, y una de ellas fuese Aby. Cuando comenzaron a escucharse en el pueblo las primeras noticias de que un terrible lobo acechaba a las jovencitas en la noche, Oswal, que sabía a la perfección de lo que su antiguo amigo podía ser capaz, intuyó lo que estaba sucediendo, y se dedicó a patrullar las calles tras él, noche tras noche, también en su forma animal, para asustar y obligar a marchar a sus casas a las osadas jovencitas que aún deseasen salir durante en la penumbra, con el fin de evitar que Campbell tuviese oportunidad de causarles daño, presa de su inevitable locura.

El auror jamás quiso arrestar o acabar con la vida de Ben, creyendo que la hija de Romilda era suya, y no propia, y creyendo también que Romilda aún lo seguía amando y que causaría un dolor irremediable en la mujer si causaba daño a aquel loco. Así que encubrió a la verdadera bestia por amor a la mujer que, sin saberlo él, lo había seguido amando siempre, desde que él mismo la había abandonado por la inmadurez de ambos. Romilda también intuía todo lo que estaba pasando, pero por temor a que Aby descubriese toda la verdad y la odiase, no se atrevió a confesar.

- Y luego llegué yo – Harry concluyó, tristemente, - Oswal intentó alejarme del lugar asustando a Ginny, por temor a que yo descubriese algo raro y tirase del hilo, y el resto ya lo conoces. Sinceramente, Kingsley, creo que tanto Romilda como Oswal ya han sufrido bastante; así que te pido que me permitas que en el informe oficial jamás se mencione que Carmichael también es capaz de transformarse en una bestia, y que se dé el asunto oficialmente por concluido, tras la muerte de Campbell. Esto no he podido constatarlo, pero por habladurías populares, me he enterado de que la muerte de los padres y del hermano de Campbell podría haberse debido a sus propias maquinaciones, por el incendio que arrasó la casa familiar, muchos años atrás, que él mismo podría haber provocado. Ben estaba más que loco, totalmente demente, y a mi juicio, es el único que merece pagar por todo lo sucedido, y ya lo ha hecho.

El jefe lo observó durante un par de minutos, en completo silencio, para finalmente declarar:

- Tienes toda la razón, Harry. Considero que ya todos han pagado un precio suficiente por sus errores cometidos. Mantendré a Carmichael al frente del Cuartel Local de Aurores de Hope Avery, y lo que no aparezca escrito en tu informe, quedará tan sólo entre tú y yo.

- Romilda y Oswal se alegrarán de escucharlo, cuando se lo cuente. Creo que, con un poco de tiempo, Aby va a ver juntos a sus verdaderos padres – sonrió, contento.

- Quién iba a imaginar que Ginny, por intentar convencerte para que te quedases con nosotros, elegiría precisamente un lugar donde habéis vivido semejante historia… ¿Cómo lleva ella todo esto?

- Bien, supongo – fue la escueta respuesta del auror. - Kingsley, hay algo relacionado con ella que debo contarte, antes de que me nombres definitivamente como jefe del Departamento de Seguridad Mágica.

- ¿Qué puede tener Ginny que ver con tu inminente nombramiento, Harry? – el otro quiso saber, sin poder intuir siquiera de qué podía tratarse.

- Directamente, nada. Pero he hecho algo que debo confesarte. La noche antes de que Ginny y yo nos marchásemos a Hope Avery, ella vino a mi casa destrozada; con esfuerzo, le sonsaqué que Dean la había engañado con otra, y ella misma los había sorprendido juntos, en la cama.

- Oh, Merlín… De ahí que vosotros, por fin…

- Eso no importa ahora – le cortó con seriedad. - Lo que quiero que sepas, es que la mañana siguiente en que eso sucedió, yo fui, sin saberlo ella, en busca de Thomas y le di la paliza de su vida - el otro hombre lo miró con ojos como platos, sorprendido. - Temiendo que yo podría reaccionar como lo hice, ella me lo había prohibido expresamente, pero aun así, lo hice, a sangre caliente, llevado por la ira de saber que él había dañado a la mujer más especial de este mundo; pero he de confesarte que, aún ahora, en absoluto me arrepiento. Sea como sea, no tengo excusa, y si te echas atrás en mi nombramiento, tendrás toda la razón del mundo para haberlo hecho, pero no seré yo quien renuncie; sé que puedo ofrecer mucho al Departamento, y si me lo permites, voy a hacerlo.

- Por Dios, muchacho…No me importa en absoluto que lo hayas hecho; si alguien dañase de algún modo a la mujer que amo, no sé qué llegaría a ser capaz de hacerle. Pero si Thomas hace público que le has hecho pagar de ese modo por su traición, El Profeta te machacará, y lo sabes. La imagen del Departamento de Seguridad Mágica se verá muy dañada, si esto sucede.

- Lo entiendo. Por eso quería contártelo. Aun así, quiero seguir luchando por aquello en lo que creo.

- Y yo quiero que lo hagas; no permitiré que nadie más tome el mando aquí, excepto tú. Pero habrá que ver cómo mantener en silencio a ese desgraciado; con una indemnización monetaria, quizá.

- ¡Y una mierda! ¿Sabes qué hizo inmediatamente después de que nos peleásemos, el muy hijo de puta? ¡Intentó comprar el piso donde Ginny vivía alquilada! ¡Para vengarse de ella, que tan sólo era una víctima! ¡No de mí, el asqueroso cobarde!

- ¿Cómo te has enterado de eso?

- Porque el casero muggle de Ginny la llamó por teléfono, estando ella desayunando conmigo una hora después de la pelea entre él y yo, para echarla del piso por la inminente compra de este por alguien que tenía demasiada prisa en ocuparlo. Bajo ningún concepto, y fuese quien fuese el comprador, yo iba a permitir que ella se quedase sin algo que tanto significaba para ella, así que la ayudé a mudarse y tras ello, me marché con excusa de resolver temas personales. Pero lo que hice fue ponerme en contacto con la notaría que estaba tramitando la venta, y pujé por el piso hasta que desbanqué al misterioso comprador y yo me quedé con él, poniéndolo inmediatamente después a nombre de Ginny. Todo sucedió en una sola tarde, con tanta rapidez que a mí el asunto me escamaba demasiado, así que al coincidir con el antiguo dueño del piso para que ambos firmásemos las escrituras de compraventa, le sonsaqué con disimulo el nombre de quien había comenzado aquella locura, y no me sorprendió en absoluto escuchar el nombre de Thomas.

- Increíble, hasta dónde ha sido capaz de llegar ese miserable.

- Increíble es poco. Así que no se te ocurra ofrecerle nada por su silencio que no sea la auténtica verdad. Me jodería que Ginny se enterase de todo lo sucedido; lo que pasó entre ese cobarde y yo es asunto nuestro y de nadie más, nadie me pidió ni me obligó a hacer lo que hice y tampoco nadie tiene porqué saberlo, ni sentirse culpable por ello. Pero prefiero que eso suceda a que ese sucio traidor se salga con la suya.

- No te entiendo – Kingsley objetó, confundido. - ¿Quieres decir que Ginny no sabe que tú le has comprado el piso, ni que Dean ha intentado quitárselo?

- No sabe nada de nada; tan sólo que yo lo he comprado, pero no que ella es la nueva propietaria. Ya se enterará por la notaría, cuando la avisen para que firme la escritura de propiedad; antes de venir aquí, les he dado su teléfono para que la llamen. Y el asunto de Dean queda entre tú y yo, y nadie más. ¿Entendido?

- Esto no tiene ni pies ni cabeza. ¿Por qué tú no le has contado la verdad, al menos en el tema de la compra, y tampoco vas a acompañarla a firmar esa escritura?

- Porque nuestra relación ha terminado prácticamente antes de empezar. Ella no me quiere en su vida y yo no la quiero en la mía. No hay nada más que contar.

- ¿Cómo? ¿Qué ha sucedido, Harry? ¡No puedo creer lo que me estás contando!

- Simplemente, lo nuestro no tiene futuro; nada más. Te agradeceré que no intentes ahondar en el asunto. Ginny se ha acabado para mí, tan sencillo como eso.

- ¿Sencillo, dices? – el hombre insistió, incrédulo. - ¿Acabas de regalarle un maldito piso y me dices que es así de sencillo?

- Lo del piso no ha sido más que un acto de justicia: siempre debió haber sido suyo, y al final lo ha conseguido; y lo merece. Lo que ella haga con él no es asunto mío, en absoluto.

- ¡Merlín me lleve! ¡Eres el hombre más honrado, tozudo, cabezota y exasperante que podré conocer jamás, por muchos años que viva! ¡Si no le cuentas tú lo que has hecho por ella, lo haré yo! Que lo sepas.

- Kingsley, - Harry le advirtió, en tono cortante. - serás casi como un padre para mí, pero no tienes derecho a inmiscuirte en mi vida privada. Si cuentas a Ginny lo más mínimo sobre lo que hemos hablado hoy aquí, nuestra amistad se habrá terminado.

- ¿Será posible? Debe haber sido muy grave lo que ha pasado entre vosotros.

- Al menos lo ha sido para mí. Ginny ya es historia, Kingsley, una historia que me niego a recordar. Te ruego que lo respetes.

- Está bien; me rindo. Termina tus vacaciones en paz, y aprovecha para reponerte por completo – su jefe le ordenó, aún molesto por la advertencia de Harry. - Ni se te ocurra volver a meterte de cabeza en el trabajo hasta que vuelvas, ni conscientemente ni por error. ¿Está claro? Cuando tú regreses, serás quien mande aquí, pero hasta entonces, soy muy capaz de patearte el culo si me desobedeces.

- Gracias – Harry dijo de todo corazón. – Por todo.

- Anda, lárgate – acompañó a sus palabras un gesto enfadado hacia la puerta. - Hasta dentro de dos semanas.

- Hasta entonces.

Ambos se estrecharon las manos, y Harry se marchó, con destino incierto.

~~O&o&O~~

En Hope Avery, Hermione, Ginny, Aroa y Ron contemplaban a David con ojos desorbitados por la sorpresa, mientras les devolvía la mirada con desafío.

- ¿Cómo que se ha marchado? ¿A dónde se ha ido ese idiota, y cuándo va a volver? – Hermione le preguntó, indignada.

- Se ha ido al Ministerio de Magia, y no va a volver. En esta nota, que me ha pedido que leas tú, están las instrucciones para todos nosotros – le ofreció el pergamino, que ella cogió con desprecio, cada vez más enfadada.

- ¿Qué instrucciones ni que krupp muerto? ¡Harry sigue herido! ¡Sencillamente, no puede haberse marchado! – lo acusó, perdiendo la paciencia.

- Si lo encuentras aquí, te doy un premio – el hombre respondió con burlona ironía, comenzando a cabrearse por los constantes ataques de la chica hacia su persona.

Ella bufó, airada, mientras desplegaba el pergamino que Harry le había dejado, y comenzaba a leer en voz alta.

"Estas son las órdenes a seguir, una vez concluido el asunto que nos ha llevado a Hope Avery:

- Ron, David y Aroa disfrutaréis de unas merecidas vacaciones hasta el próximo lunes, en que os reincorporaréis al Cuartel General de Aurores, a las órdenes de Kingsley.

- En cuanto a Hermione, puedes informar al Ministerio de Magia sobre la bestia que ha atemorizado a Hope Avery si lo deseas, ya que yo también lo haré, a través de un informe oficial, siempre y cuando dejes bien claro que la bestia era una y única, y ni se te ocurra nombrar a Oswal Carmichael como implicado en el asunto, en ningún sentido. Esta última orden va también para todos los demás. Ya ha habido bastantes desgracias en el pueblo, como para provocar una más.

- Y en cuanto a Ginevra, no forma parte de mi jurisdicción, en modo alguno, así que puede hacer lo que le plazca, aunque le agradecería que, si va a relatar a alguien lo que aquí ha sucedido, se ciña al pacto que hemos adoptado los demás.

Harry James Potter

Subdirector del Departamento de Seguridad Mágica"

Los tres aurores se miraron unos a los otros y finalmente asintieron con las cabezas, pues la decisión adoptada por Harry con respecto a Oswal Carmiachel era la misma que ellos mismos habrían tomado.

- ¿Cómo es eso de que Harry no va a volver? – Ron preguntó a David, preocupado.

- Tan sólo me ha dicho que no le queda nada más que hacer aquí – el otro intentó responder con la mayor naturalidad posible. – Ah, me ha dado esto también, para Ginny – caminó hasta la chica, que se mostraba tan afectada por la noticia de la marcha del auror, que no había sido capaz de reaccionar todavía, y le puso en la mano el pequeño papel. – No ha dicho nada sobre que lo leas en voz alta – se vio en la obligación de decirle, temiendo que aquella carta iba a resultar arrasadora para la mujer.

Ella lo miró a los ojos, conmocionada, con manos temblorosas tomó el pergamino de manos de David, lo desenrrolló con pasmosa lentitud y comenzó a leer, en silencio:

"Ginevra: voy a permanecer lejos de Goodric´s Hollow hasta el resto de mis vacaciones, y cuando regrese, espero que hayas tenido la decencia de haberte marchado de mi casa.

Atentamente.

Harry James Potter"

Indignación, rabia, furia, incredulidad… pero sobre todo un dolor desgarrador hirieron el corazón de Ginny con tanto ímpetu, que se vio incapaz de respirar. En shock, se dejó caer al suelo de rodillas, y habría dado con sus huesos completamente en él, si David no hubiese empleado sus rápidos reflejos, tomándola en brazos, alarmado, para tumbarla en el sofá. El pergamino se había escapado de los dedos de la chica y había caído al suelo lentamente; mientras todos la rodeaban para intentar ayudarla, Ron lo recogió del suelo, lo desplegó y lo leyó. Tuvo que hacer todo lo posible para que las lágrimas no le saltaran de los ojos; sintió que aquello no podía estar pasando, era imposible, y una ira descomunal contra su hermana le nubló la vista y la razón.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Sinceramente, espero que este capítulo os guste, porque no las tengo todas conmigo por muchas razones: primero, porque he sentetizado mucho el final de la aventura vivida en Hope Avery, para poder incluir en el capítulo la marcha de Harry, su conversación con Kingsley, y también la reacción de los demás en Hope Avery. Y segundo, porque Harry está en plan tan... "se acabó", que espero que nadie desee matarme por ello. ASí que ya me contaréis cuando lo hayais leído, jeje...

Dedico el capítulo completamente a xotug, una persona que he conocido hace poco a través de sus reviews a mis fics, y a quien estoy cogiendo un gran aprecio rápidamente, por ser muy amable, estar tan interesado en mis historias como para ofrecerme argumentos geniales para continuarlas, y ser una persona súper interesante y genial. Ojalá de estas magníficas "conversaciones" que mantenemos salga una hermosa amistad. Así lo espero, de todo corazón.

Y a todos los demás, infinitas gracias por estar ahí.

Un abrazo fortísimo y hasta muy pronto, espero.

Rose.