Capítulo 17 : Advertencia.

Aquella noche, mientras Harry y Neville disfrutaban de una copiosa cena, llena de todos aquellos alimentos que "sus chicas" jamás les hubiesen dejado probar - por estar tan repletos de colesterol y de calorías que serían capaces de enterrar a un muerto - , Harry contó a su amigo todo lo sucedido desde la mismísima tarde en que Hermione, Ginny y él se habían reunido en el Caldero Chorreante para tomar unas copas juntos. Y por primera vez, no omitió absolutamente anda de lo sucedido.

- Y eso es lo que ha pasado – concluyó, tras echar un buen trago de su cerveza para refrescarse la garganta. - Ahora, ella piensa que yo soy un cabrón sinvergüenza, y yo que ella es una niñata, inmadura e histérica – declaró, intentando hacer ver que en realidad no le daba la más mínima importancia al asunto. ¿Qué te parece?

Neville lo miró, pensativo.

- ¿La verdad, o lo que quieres oír?

- ¿Tú qué crees? – el moreno preguntó a su vez, con ironía.

- La verdad es que pienso que quizá Ginny no merezca que hables con ella y le expliques todo lo que ha pasado, pero que si no lo haces, tú no alcanzarás la paz que necesitas – Harry lo miró lleno de sorpresa; no había pensado en el asunto desde aquella perspectiva. – A diferencia de ti, cuando Luna se marchó, yo sí le dije todo lo que pensaba al respecto; y además le rogué, le supliqué… me bajé los pantalones ante ella, tan sólo para recibir una buena patada en el culo. Pero al menos me queda el consuelo de saber que si lo nuestro finalmente no ha sido posible, no es porque yo no lo haya intentado todo para conseguirlo. ¿Y sabes qué es lo peor?

- ¿Qué?

- Que a pesar de todo, sigo pensando que aún me quiere; pero lo que yo le ofrezco, no es suficiente para ella. Dice que soy demasiado… sedentario, que no encontrará nuevas especies de animales mágicos en el jardín de su casa, casándose conmigo.

- Y tiene razón – Neville le ofreció su mejor cara de reproche. – Pero si de veras te ama, con tu compañía debería bastarle, ¿o no?

- O quizá yo debería seguirla a ella… Pero yo no valgo para eso, Harry; lo único que quiero al final del día, es una chimenea caliente a la que llamar mía, y una brazos femeninos y dulces que rodeen los míos mientras suspiran de placer al calor del fuego.

- Sé lo que quieres decir… Ambos sólo queremos un hogar, humilde, sencillo pero nuestro, al que poder regresar. Una familia…

- Sí… - Neville asintió, con triste sonrisa.

- Que no es poco… - Harry lo acompañó con la suya. – Per bueno, yo no puedo hacer eso, Neville; no puedo contarle a Ginny toda la verdad, porque no he hecho lo que he hecho para presionarla de ningún modo, y si hablo con ella, le diga lo que le diga, ella me juzgará, una vez más; para bien o para mal, pero lo hará. Sinceramente, prefiero que ella saque sus propias conclusiones a medida que se vaya enterando de todo por la notaría, y que actúe como crea conveniente.

- Pero nunca va a saber lo que realmente hiciste por ella – el otro objetó. - ¿Cómo va a enterarse de la jugada que le preparó Dean, si no tiene quien se la cuente? ¿Por qué ni siquiera se lo has contado a Ron?

- Porque Dean ha hecho lo que ha hecho por mi culpa, por haber ido yo a pedirle cuentas de algo que, en teoría, no me incumbía para nada. Si yo no le hubiese provocado, jamás habría intentado expulsar a Ginny de su piso. No me arrepiento de haberle pegado, porque él me pegó primero y además, lo merecía, pero no puedo evitar sentirme culpable por ello. No quería causar más dolor a la familia Weasley; bastante ha sufrido ya en esta vida.

- A mi modo de ver, tú no has hecho más que destapar la vileza que ese chaval tiene en su alma. ¿Acaso crees que todo el mundo decidiría vengarse, como ha hecho él? Yo jamás me vengaría de Luna, fuese como fuese; eso puedo jurártelo. Además, ¿quién te asegura que no habría intentado arrebatar el piso a Ginny, de todos modos? La única diferencia, es que si tú no hubieses estado ahí para impedírselo, lo habría logrado. Ese tipo es un desgraciado, con o sin tu ayuda.

- Eres un buen amigo – el moreno afirmó, dando al otro una amistosa palmada en la espalda.

Neville se encogió de hombros.

- ¿Por qué? ¿Por decir la verdad? También te la diré cuando piense que te estás comportando como un imbécil, no te preocupes por eso. Por cierto, ¿has pensado en que la "señorita Weasley" decida no aceptar tu regalo?

- Ya es demasiado tarde para eso. La operación está hecha, con o sin su firma. Si el piso tuviese deudas a su cargo, podría negarse a aceptarlo, pero no es el caso. Me he ocupado de todo para que, sea como sea, se vea obligada a quedárselo. Después puede hacer lo que quiera con él: venderlo, donarlo o quemarlo, si le da la gana.

- ¿Y si te lo dona a ti?

Por un momento, Harry lo miró con sorpresa, confuso.

- ¿Tan retorcida la ves?

- Yo no la llamaría retorcida; pero tiene unos cojones tan grandes como los tuyos, con perdón – el otro explicó, con una cándida sonrisa.

- ¡Joder! ¡Que haga lo que le venga en gana! ¡Paso de ella! ¡Y punto! – Harry dio el tema por zanjado con un brusco ademán, alterado.

- Si tú lo dices…

- ¡Lo digo!

- Oído cocina. Quizá tengas razón, y sea mejor dejar que pase lo que tenga que pasar.

Harry asintió, con los brazos cruzados para reforzar su actitud.

- Bueno. Corramos un estúpido velo – cambió de tema con guasa. - ¿Qué echan esta noche en la tele muggle?

- Harry el Sucio – el otro respondió con mirada maliciosa, pero una vez más, Harry no se dio por aludido.

- ¿En serio?

- Y tanto.

- Me encanta esa peli – en cambio respondió, - y hoy, cuanto más sucio sea el tío, mejor me lo voy a pasar.

- Sí… seamos sucios… sangre… violencia… destrucción…- Neville tomó el hilo de los pensamientos del moreno.

- Tú sí que me entiendes.

Así que los dos hombres, nada más cenar y sin haber recogido la mesa ni, por supuesto, haber fregado la vajilla, se dejaron caer en el sofá, frente al televisor, sin más pretensiones que disfrutar de una gran noche "de tíos" sin interrupciones.

~~O&o&O~~

Al día siguiente, Ginny despertó muy entrada la mañana, aunque tuvo que esperar varios minutos todavía para poder abrir los ojos siquiera. Le pesaban los párpados, la cabeza, los brazos y las piernas, todo el cuerpo… le pesaban hasta las ideas, empeñadas en continuar durmiendo plácidamente, acomodadas en aquella cama que, muy a su pesar, seguía siendo de Harry.

¿Cómo demonios podía sentirse tan cansada? ¿Cómo podía sentir tanto sueño? No tenía ni idea, pero la única realidad era que, desde que hubo regresado a Godric´s Hollow, no había hecho más que dormir y dormir, sin poder plantearse en serio siquiera la posibilidad de una mudanza. Sólo de pensar en preparar baúles, ordenarlos y transportarlos a donde quiera que fuese, incluso mágicamente, le producía un cansancio mortal.

Cuánto iba a disfrutar Harry viéndola en aquel estado, no pudo evitar pensar, y la indignación que le produjo aquella idea, fue el resorte perfecto para lanzarla fuera de al cama, dispuesta a comerse el mundo. Pero poco duró tanto ímpetu; su cuerpo se había empeñado en jugarle una mala pasada, dijese ella lo que dijera, y no estaba dispuesto a cambiar de opinión. Así que bajó las escaleras con cuidado, frustrada, y caminó hasta la cocina, dispuesta a prepararse un buen vaso de leche que lograse entonarla, o eso deseaba que sucediese, con esperanza.

Mientras tomaba la leche y también devoraba un montón de galletas que encontró en la alhacena, desesperada, se negó a recordar la imagen del chico preparándole el desayuno, aquella lejana mañana, sonriéndole tranquilamente, preocupándose por ella, invitándola a quedarse… Definitivamente, aquella casa era Harry, y Harry era aquella casa, en aroma, en vida, en espíritu… Aquella casa que ella ya debería haber abandonado, se obligó a recordar una vez más. Pero la cruda realidad era que ella no deseaba marcharse, no deseaba romper aquel adorable y brillante vínculo que los había unido a ambos con tantísima fuerza, sin pretenderlo, sin apenas darse cuenta, sin buscarlo, ni forzarlo… Porque ella no lo había buscado – afirmó con tozudez, daba igual lo que pensase su hermano Ron, lo que pudiesen pensar los demás.

Lo único cierto era que tenía que marcharse, y cuanto antes, mejor. ¿Pero a dónde? No deseaba regresar con sus padres, y muchísimo menos tras lo sucedido en Hope Avery entre Harry y ella. Podía ver el reproche en los ojos de su adorable padre, mirándola en silencio, lleno de pena; la mirada indignada de su madre, y la acusación de Ron. No, no podía quedarse allí. Pero entonces, ¿a dónde marchar?

Se devanaba los sesos buscando una respuesta satisfactoria, que aún no había sido capaz de encontrar, cuando una inmensa lechuza picoteó los cristales de las ventanas, con insistente premura. Inmediatamente, Ginny fue a abrir la ventana, aún con sorpresa, y nada más hacerlo, el majestuoso pájaro dejó caer ante ella un oscuro pergamino, cuidadosamente enrollado y atado con un hilo fino y elegante.

"Será para Harry" – fue su primer pensamiento, pero inmediatamente cambió de opinión, pues las lechuzas jamás se equivocaban al entregar un mensaje a su destinatario. Si el pergamino hubiese sido realmente para Harry, no sería allí donde el animal lo habría entregado, sino donde demonios se encontrase actualmente el condenado moreno. Así que cortó el hilo con cuidado, desenrolló el pulcro papel, y lo leyó.

"A la atención de Ginevra Weasley, en Godric´s Hollow.

La humilde villa de Hope Avery se sentirá profundamente honrada y agradecida si usted tiene a bien acompañarnos en el funeral multitudinario que se oficiará mañana, a las diez de la mañana, en honor a las víctimas del maldito Señor Oscuro, cuyos restos han sido recientemente hallados por el subdirector del Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia, el señor Potter, y sus compañeros aurores, con los que usted amablemente ha colaborado, ayudando a salvar la vida de varios de nuestros honorables ciudadanos, entre los que, orgullosamente, me hallo. Sin otro particular, reciba un cordial, aunque fúnebre, saludo. Oswal Carmichael: jefe local de aurores".

Cuánta tristeza oculta había en ese bello pueblo, pensó, cuántos secretos, cuánto dolor… Ahora también habría que añadirle el suyo y el de Harry; allí habían comenzado su historia de amor, y allí le habían puesto fin. Una lágrima resbaló por su mejilla, por ella, por él, por toda aquella gente que tanto había sufrido… Por supuesto que volvería, una vez más, tan sólo una, para despedirse como ellos merecían… Y para encontrar a Harry.

Ese último pensamiento la asaltó a traición, provocándole un nerviosismo incontrolado. Era cierto, iba a encontrar a Harry allí. Si ella había recibido aquel mensaje, sin duda también les habría llegado a todos los demás. Y conociendo a Harry como lo conocía, él jamás traicionaría a aquella gente, que tanto había dado por su causa, no asistiendo al funeral por las innumerables víctimas de tanto sufrimiento. Seguro, él estaría allí, y seguramente la miraría con el mismo desprecio que ella había empleado contra él durante su último encuentro, cuando todas las palabras que intercambiaron fueron dichas con rencor, con ira, con tristeza… Eso, si la miraba, pues él era hombre de cumplir su palabra, y si había afirmado que ella ya no era absolutamente nadie en su vida, así sería.

Pero ella no estaba de acuerdo, en absoluto. Tenía que saber si Ron estaba en lo cierto, si Harry había comprado el piso para dárselo a ella, como su hermano había afirmado tan tozudamente, para que no lo perdiese a manos de un comprador que la habría echado de él sin contemplaciones, una vez cerrada la venta. Pero si era así, ¿por qué él no se había conformado con comprarlo y cobrarle una renta, como había hecho su antiguo casero hasta el momento? ¿Por qué ponerlo a su nombre? ¿Por qué regalárselo, si no había tras aquello una intención oculta? Una voz en su interior, que ella habría querido acallar con todas sus fuerzas, le dio una sencilla y a la vez complicada respuesta: "Porque es Harry". El mismo Harry que había dado a sus dos hermanos gemelos el premio ganado en el Torneo de los Tres Magos, hacía tanto tiempo ya, para que hiciesen realidad sus sueños de abrir una tienda de artículos de broma en el Callejón Diagon; el mismo que todas y cada una de las Navidades, desde que había acabado la Segunda Guerra, llegaba a La Madriguera cargado de tantos regalos, que no le habría resultado difícil destronar a Papá Noel, de habérselo propuesto. El mismo que asumió todos los gastos del largo y costoso tratamiento médico que había salvado a su madre de morir de aquella cruel enfermedad, tan bien diagnosticada por los muggles, cómo se llamaba… "cáncer", de la que felizmente se había repuesto sólo gracias a él, pues ni su padre, ni ella ni sus hermanos, habrían podido reunir el dinero suficiente como para hospitalizarla durante más de medio año en el mejor centro de tratamiento de Estados Unidos, el más avanzado del mundo curando aquella maldita dolencia.

¿Y por qué lo había callado, entonces? ¿A qué había esperado para decírselo? Para esas dos preguntas, no tenía respuesta alguna, y fuese como fuese, iba a conseguirla. Y de paso, a dejarle claro que no iba a quedarse con el puñetero piso, que si él pensaba que ella iba a hacer lo a que a él le viniese en gana, iba mas que listo. No le había preguntado al respecto, no le había consultado nada, tan sólo había callado y hecho su maldita voluntad. Ahora ella haría la suya. Haberlo pensado antes de actuar.

Se sorprendió a sí misma llorando en silencio. "No es más que por la pena de dejar aquel hermoso piso para siempre", se convenció con rapidez. "Tranquila, pasado mañana ya lo habrás olvidado". Pero el olvido jamás había sido uno de sus más fieles amigos, y ella bien sabía, que tampoco lo sería ahora. Aun así, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, de un brusco roce, terminó de desayunar y se fue de nuevo al cuarto. Había decidido que ese día no se marcharía de Godric´s Hollow, ni nunca, sin llevarse con ella una buena explicación; y después se iría para siempre, a donde nada ni nadie le recordase a él. Hacía tiempo que su trabajo como jugadora de quidditch comenzaba a aburrirle soberanamente, otro hecho que con aquella maldita boda planeada a la ligera había intentado ocultar. Sabía que sus padres se opondrían rotundamente a su partida, a su cambio radical sin rumbo ni concierto, pero si realmente era hora de volar, mejor hacerlo bien lejos… una vez no le quedase ningún círculo que cerrar.

~~O&o&O~~

El día pasó demasiado lento y agitado para la mente de la pequeña de los Weasley, y llegado el momento de hacer su aparición en el evento señalado por el pergamino, Ginny fue la última en llegar a Hope Avery; nuevamente el increíble sueño y el cansancio la habían intentado vencer, y se había visto obligada a echar mano de su más férrea voluntad para poder levantarse de la cama y acudir a su cita, como era su deseo.

Cuando entró en el recinto donde estaba previsto que se realizase el funeral, sin pretenderlo, inmediatamente reparó en la presencia de Harry, que conversaba animadamente con Romilda Carlyle, Oswal Carmichael, Aby y Edward. No pudo dejar de observarlo: vestido con un impecable traje y corbata negros, sobre una camisa blanca pulcramente planchada, mirada profunda, amable, aunque siempre alerta, y gestos concienzudamente medidos, sobre todo los de su brazo y mano izquierdos, para disimular sus heridas aún cicatrizantes. Lo amaba, cuánto lo amaba… y cómo lo amaba… Haciendo a un lado con brusquedad todo aquel sentimentalismo que se negó a reconocer, se recordó que aquella era la oportunidad perfecta para acercarse a ellos, saludarles, y después, llevarse a Harry con disimulo para forzarle a hablar con ella. Seguramente, el moreno no querría montar una escena ante toda la gente allí reunida, y se vería obligado a escucharla, al menos para mantener la compostura. Comenzó a caminar hacia el grupo, pero cuando tan sólo le separaba de ellos unos escasos metros, Ron se le adelantó e hizo exactamente lo que ella había pensado hacer: sonriendo a modo de disculpa, acaparó toda la atención de su amigo y se lo llevó a un lugar discreto de la sala, donde ambos hombres entablaron una conversación sobre temas bastante serios, a juzgar por los semblantes que ambos mostraban.

Frustrada, Ginny se vio obligada a esperar una nueva oportunidad, así que no tuvo más remedio que reunirse con Hermione, Aroa y David, que conversaban también, cerca de ella.

- ¿Dónde has estado, capullo? – Ron preguntó a Harry, aunque el tono de su voz sonó mucho más a acusación que a verdadera pregunta.

Por toda respuesta, el moreno le ofreció una sonrisa socarrona.

- No te lo digo, que se lo soltarás.

- ¿A quién, a Hermione? – Ron resopló, sarcástico. - No he hablado con ella, pero estoy seguro que debe estar tan preocupada por ti como lo he estado yo – no pudo evitar añadir, pues era lo que su corazón realmente opinaba al respecto.

- No, idiota – Harry lo atajó, - a la arpía que tienes por… - dejó la frase sin terminar; no deseaba acusar a Ginny ante su hermano, lo último que habría querido era enemistarlos, o enemistarse con él; además, se había propuesto ni siquiera recordarla.

- Hermana – el pelirrojo concluyó por él, con un ademán cómplice.

- Déjalo estar, Ron, en serio.

- Te juro que no se lo diré, pero necesito saber dónde estás pasando estos días, y que estás bien. Lo que sí que le he dicho es que tú compraste el piso para regalárselo, y que ahora es suyo.

Por un instante, Harry puso los ojos en blanco, al escuchar la última frase de su mejor amigo; pero no dijo nada al respecto; tenía la firme intención de no volver a hablar de nada relacionado con ella, nunca más.

- Estoy bien. ¿No me ves?

- No me refiero a eso. Además, que sepas que yo también te necesito. Hermione y yo hemos roto definitivamente – Ron confesó, de un modo tan natural que a Harry sorprendió por completo. - Y esta vez tanto por ella como por mí. No va a haber vuelta atrás, ni quiero que la haya.

- ¿Cómo? ¿Pero por qué?

- Se me escapó lo de mi amnesia fingida y ella me acusó de todo lo malo, habido y por haber.

- ¿Y qué esperabas? – la mueca de rendición de Harry hizo que Ron se ofuscara, sintiéndose incomprendido.

- ¿Que entendiese que fue lo único que se me ocurrió para luchar por lo nuestro? ¿Que aunque estuviera mal siempre lo hice por ella? ¿Que me perdonase, quizá? – se desahogó, furioso. - ¿Qué ha hecho ella por salvar nuestra relación, Harry? Vamos, sé sincero. ¿Qué demonios ha hecho, más que poner distancias absurdas y llenarse la boca con reproches?

- Tienes razón, pero…

- ¿Pero qué? ¿Acaso tu vas a poder perdonar a Ginny por cómo te ha tratado?

- Mi caso es diferente.

- ¿Por qué? ¿Porque se trata de ella y de ti, y no de tus dos mejores amigos?

Harry lo miró lleno de melancolía, ya sin argumentos.

- Me dolerá veros separados – dijo sin más.

- Yo, en cambio, me alegro de que por fin hayas abierto los ojos con respecto a Ginny. Ella jamás te ha merecido, y nunca lo hará, por mucho que sea mi hermana y por mucho que yo la quiera con locura.

- A veces quisiera cerrarlos, dormir eones enteros y no despertar hasta no ser capaz de recordar que ella ha existido siquiera – deseó con voz llena de tristeza.

- Por eso me necesitas más que nunca, y yo te necesito a ti. Tenemos que pasar esto juntos – Ron insistió, cabezota.

Por fin, Harry sonrió, en parte divertido por la tozudez de su mejor amigo, y en parte agradecido por ella.

- Estoy viviendo en casa de Neville – confesó, como un niño travieso.

- ¡Mierda! Podría haberlo imaginado – Ron se lamentó, frustrado, sintiendo que era obvio.

- Pero ni una palabra a nadie, ni siquiera a tus padres; lo has prometido.

- Está bien… a ellos tampoco; pero se preocupan por ti.

- Dales un beso de mi parte cuando los veas.

- Ellos y yo no hablamos mucho; no aprueban mi comportamiento acusador con respecto a Ginny, aunque ella no se ha dignado a aparecer por la Madriguera. Si saben lo que ha sucedido, es por mí.

- No los juzgues, Ron; ellos sólo quieren lo mejor para todos nosotros.

- Lo sé… Pero no puedo evitar sentir la rabia que siento por lo que Ginny te ha hecho. Y ellos también deben comprenderlo.

- A eso no sé qué decirte – había fijado la vista tras la espalda del pelirrojo, dándose cuenta de que Hermione se había separado de los demás y lo observaba; sin duda también quería hablar con él a solas. – Te dejo un momento; luego hablaremos, ¿vale? – dijo al pelirrojo, y dándole una palmada de ánimo en la espalda, se alejó en busca de su mejor amiga.

Aún molesto, Ron regresó junto a sus compañeros y se unió a su conversación.

- Hola, Hermione – Harry dio a la chica un beso en la mejilla, que ella le devolvió, en silencio. – Ron ya me ha contado que lo vuestro ha acabado finalmente – declaró intentando exponer el asunto con sencillez.

- ¿Cómo estás, pedazo de asno tozudo y cabezota? ¿Cómo se te ocurrió largarte de ese modo, estando aún herido? – en cambio ella le reprochó, preocupada.

- Tenía que solucionar unos asuntos importantes en Londres, ya os lo expliqué en las notas que os dejé – ella continuó mirándolo con dureza, nada convencida por sus palabras. – Vamos, no me machaques – le ofreció una sonrisa angelical. – Estoy bien, en serio.

- Bueno; por esta vez, pase – ella aceptó a regañadientes. - No puedo creer lo que ha hecho, Harry – tomó el hilo de la conversación que su mejor amigo había comenzado. - ¿Cómo se ha atrevido a mentirnos de esa manera? – casi gritó, refiriéndose al embuste de Ron. - ¿A ti no te indigna?

- Bueno… yo ya lo sabía. A mí me lo confesó un día después de haber sucedido. He de reconocer que me indignó cuando me enteré, pero…

- ¿Y has tenido la desfachatez de no haberme dicho nada durante todo este tiempo? – ella clavó un dedo en el pecho del chico, acusadora.

- No era yo quien debía hablarte de ello, sino él, cuando lo creyese conveniente.

- ¿Y cuándo iba a ser eso? Me he enterado de milagro, porque se le escapó en un descuido.

- Hermione… él creía que estaba luchando por salvar lo vuestro, sinceramente creyó que hacer lo que ha hecho os daría otra oportunidad – él intentó explicarle con paciencia.

- Las mentiras jamás dan oportunidades para que pase nada bueno – ella rebatió con voz de profesora que está enseñando las vocales a un niño. - Pero claro, lo dices tú, que has pagado a Ginny con la misma moneda.

Harry sintió como una oleada de furia le recorría las entrañas, aunque miró a su amiga fríamente, casi con despecho.

- Este no es momento ni lugar para que tú y yo armemos una escenita echándonos nada en cara – declaró secamente, - ni tampoco me apetece hacerlo. Así que tengamos el funeral en paz.

- Estoy totalmente de acuerdo contigo – Hermione respondió en el mismo tono.

- Bien. ¿Nos unimos al resto, entonces?

Él le ofreció el brazo, caballeroso, y ella, tras dudar por un momento, lo tomó; ambos caminaron hasta ocupar una de las sillas que Oswal había reservado para que todos presenciasen el funeral.

~~O&o&O~~

Poco a poco, todos los asistentes fueron ocupando sus asientos, y tras unos momentos de espera para que se hiciese el silencio en la sala, Oswal ofició la ceremonia. Fue un acto a la vez triste y alegre; triste porque hizo aflorar a la superficie muchos sentimientos enterrados en lo más profundo de los corazones de todos los habitantes de aquella villa, y alegre porque por fin, muchos de ellos podían tener finalmente un lugar físico donde ir a llorar a sus familiares perdidos, sabiendo que ellos realmente descansaban en aquellas tumbas, y no en los monumentos simbólicos erigidos tras el final de la Segunda Guerra, donde hasta entonces se habían visto obligados a llorarlos, imaginando a la desesperada que sus almas, al menos, debían descansar allí.

Hubo infinitas lágrimas, manos entrelazadas con fuerza, en silencio, suspiros procedentes de lo más recóndito del alma…

Una vez finalizado, poco a poco cada cual se fue marchando a sus casas, eso sí, no sin antes colmar de abrazos cariñosos y apretones de manos a todos aquellos visitantes que, de algún modo, les habían devuelto la alegría y la esperanza.

Aby, Edward y los padres de la chica quedaron rezagados, para mantener una última conversación con Harry y los demás, y Ginny, no pudiendo aguantar más la espera y temiendo que en cualquier momento él se marcharía, se plantó ante el chico sin darle opción a esquivarla, con mirada decidida.

- Harry, ¿tienes un momento? – sin esperar respuesta, lo tomó por su brazo derecho y lo apartó de los demás, quienes observaron a ambos en silencio, temiendo un duro enfrentamiento entre ambos.

- Hola, Ginevra. ¿Qué es lo que quieres? – él preguntó a la chica con educada aridez y un deje de desprecio en la voz.

Ella lo encaró, resuelta.

- Sólo quiero que sepas que no pienso abandonar Godric´s Hollow hasta que…

Pero él no la dejó terminar, interrumpiéndola con brusquedad.

- ¿Qué es eso de que no vas a abandonar Godric´s Hollow? – le preguntó, burlón e indignado por igual. - Vete a tu casa, Ginevra – le ordenó, tajante, como si ella fuese uno de los aurores a su cargo y estuviese obligada a obedecerle.

- Yo no tengo casa – ella negó, enfrentándose a él con los brazos en jarras y mirada desafiante.

- Sí la tienes, y lo sabes; Ron me ha dicho que te lo ha contado. Así que ocúpala, véndela o dónala a la caridad; pero vete de MI casa – el rostro de él se acercó peligrosamente al de ella, y su mirada traspasó la suya con un fuego arrasador.

Aunque la pelirroja no se amedrentó.

- No, hasta que hayamos hablado de todo lo que ha pasado entre nosotros, como personas civilizadas – por fin pudo explicarse, cruzándose de brazos – y me hayas explicado qué demonios pretendías con todo lo que has hecho.

- ¿Pretender? Lo único que pretendo es que me dejes en paz – él respondió con desdén. – Pero bien, no hay problema con eso – Harry se encogió de hombros levemente, desapasionado. - Pero estoy muy ocupado y no sé cuándo podremos quedar, así que ve marchándote, que ya hablaremos.

Inmediatamente, Ginny captó la jugada: él pensaba darle largas hasta lograr que ella se marchase de su casa por puro cansancio. Pues no iba a darle esa satisfacción.

- No pienso irme hasta que hablemos, ya te lo he dicho – declaró una vez más, tozuda.

Harry mudó su mirada de indiferencia por otra profunda, felina y amenazadora.

- Si cuando vuelva de vacaciones no te has largado de MI casa, yo mismo te echaré a patadas – dejó bien claro, con voz cortante como cuchillas.

- ¿Es una amenaza, auror? – ella lo desafió una vez más, respondiendo a su mirada intimidatoria con otra dura y arrogante.

- Es una advertencia.

- Inténtalo, si te atreves – no sólo hubo reto en su voz, sino también arrogancia.

En el fondo se moría de ganas de encontrar pelea con él para alargar al máximo posible aquella conversación, tras la cual sabía que lo perdería para siempre. Pero su ademán era tan desafiante, tan lleno de orgullo, que él jamás sería capaz de adivinar lo que estaba sintiendo en realidad, y ella se esforzó al máximo para mantenerlo bien oculto.

- No me tientes, pelirroja.

Súbitamente, él la tomó por la barbilla y la atrajo hacia su cuerpo, obligándola a que sus labios casi se rozasen. Sin esperarlo en absoluto, Ginny no pudo ocultar un ligero estremecimiento, lleno de deseo y de expectación; pero el tan anhelado contacto, jamás se produjo. En cambio, pasados unos segundos, él la liberó, tomando buena distancia de ella.

- Te lo advierto, Ginny: no quiero ver tu cara en mi casa cuando vuelva – zanjó la conversación con aquel ultimátum, y se marchó con ademán altivo, regresando al lado de todos los demás.

- Bueno, chicos, yo voy a regresar a Londres – comenzó a despedirse amablemente. – Nos veremos de nuevo cuando me reincorpore al trabajo – dijo a los tres aurores. – Y a ustedes los visitaré dentro de un tiempo, en mejores circunstancias – sonrió a la familia Carmichael-Carlyle, quienes le devolvieron la sonrisa de forma cariñosa.

- Cuídate, Harry – Aby le pidió, mientras le daba un fuerte abrazo.

- Y vosotros también. Sed felices.

Tras aquella última frase, desapareció, para materializarse de nuevo bien lejos de aquel lugar.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Hola a todos.

Hoy no voy a entretenerme mucho con los comentarios, simplemente porque estoy subiendo este capítulo desde el curre, durante mi rato libre a la hora de comer. Acabo de terminarlo, casi no he podido repasarlo, pero tengo tantas ganas de que vea la luz de una vez (lleva dos semanas dando vueltas sin ser terminado) que no puedo aguantar más.

Así que aquí lo tenéis, sin mucho más que decir, excepto que he adorado la escena del "encontronazo" entre Harry y Ginny, al escribirla. Me encanta ese tipo de escenas, me ponen las pilas, jeje.

Antes de dejaros por hoy, quiero recomendaros que echéis un vistazo al fic La Sombra de Harry, de un nuevo escritor por estos lares: xotug. Yo no he podido comenzar a leerlo todavía, pero tengo el inmenso placer y el infinito honor de encontrarme entre las amistades de este caballero, y me ha narrado la historia en líneas generales. Sólo puedo decir que he quedado prendada de ella, que me muero de ganas por leerla y de expectación por saber qué pasará, qué él escribe condenadamente bien, y que el argumento es muuuuuy interesante y en muchos aspectos, novedoso. Ya me contaréis.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Rose.