Capítulo 19 : Una cena muy especial.

Nada más cerrar la puerta tras él, Harry soltó la mano de Ginny y se apartó de ella.

- ¿A qué venía tanto teatro, Harry? – Ginny le reprochó, enfadada por el gesto de desprecio que el moreno le había dedicado.

- Teníamos que dejar solos a ese par de alguna manera. ¿O acaso querías aguantarles la vela, en la conversación? – él respondió secamente.

- Claro que no.

- Bien. Lo malo es que vamos a tener que estar fuera al menos durante una hora, para que dispongan de tiempo suficiente para decirse lo que sea que se tengan que decir – rezongó, molesto. - Y espero que Ron tarde un buen rato también, consiguiendo la película que tiene que alquilar.

- ¿Ron también está con vosotros? – ella preguntó, aún sorprendida.

- Claro. Anda, vamos al Caldero Chorreante y te invito a un café.

- ¿Te daría igual si vamos a Florean Fortescue a por un helado? – Ginny pidió, avergonzada, pues sabía que estaba dando rienda suelta a un desesperado capricho de su estómago.

Él suspiró, rendido.

- Vamos a donde quieras, con tal de que pasemos una hora fuera de aquí.

- ¿Has traído tu coche?

- ¿Por qué?

- Porque no me apetece desaparecerme y aparecerme de nuevo. Podríamos ir en él – Por un momento, desvió la mirada, a sabiendas de que su comportamiento era antojadizo. Pero realmente, necesitaba todo aquello que estaba pidiendo; sonase como sonase.

- Pues sí que estás caprichosa, tú – él la acusó, con burla. - He traído mi coche; me relaja conducir cuando estoy cabreado – iba a añadir "contigo", pero calló.

Harry la guió hasta su coche, le abrió la puerta para que se acomodara en el asiento del pasajero, tras lo que él ocupó su lugar, y ambos se marcharon hacia el Callejón Diagon, sin volver a mirarse a la cara en ningún momento.

~~O&o&O~~

Neville se sentó tranquilamente en uno de los sofás del comedor de su casa, e indicó a Luna que tomase asiento en otro que había frente a él, al otro lado de la mesita auxiliar que los separaba. Ella lo hizo con timidez, sin dejar de mirarlo a los ojos.

- ¿Te incomoda mi compañía? – la rubia preguntó, sintiéndose vergonzosa, a pesar de haberlo llegado a conocer tan bien.

- Ciertamente – él afirmó, mostrando naturalidad.- ¿Qué haces aquí, Luna? Si has venido a Ingaterra a ver a tu padre, para ello no hace falta que me visites a mí. ¿O quizá has venido acompañando a Ginny, en busca de Harry?

- Es cierto que Ginny estaba buscando a Harry, pero no sabía dónde encontrarle.

- ¿Entonces?

- Es ella quien ha venido acompañándome a mí – confesó, ruborizada. - ¿Crees que ella y Harry van a discutir, ahora que se han reencontrado? – desvió la conversación, incapaz de decir aquello que tantas veces, y durante tanto tiempo, había estado ensayando.

- No sé qué decirte. A pesa de todo, ellos dos se quieren demasiado.

- Neville, yo… también te sigo queriendo demasiado – se atrevió a confesar por fin, desviando su mirada por un momento, mucho más nerviosa de lo que había llegado a estarlo nunca.

- ¿Demasiado como para poder estar conmigo? – él ironizó. – Lo siento, Luna, no es mi intención herirte. Lo creas o no, quiero que seas feliz; pero no por ello estoy obligado a seguirte la corriente cada vez que a ti se te antoje.

Ella sintió que el corazón iba a saltarle del pecho, que iba a darle un ataque de ansiedad, o algo peor; con lo tranquila que había sido siempre…

- He venido a rogarte una última oportunidad – musitó, con el corazón en un puño.

En aquel momento, el que estuvo apunto de sufrir un colapso mal disimulado, fue Neville. Ambos se dieron perfecta cuenta de ello, así que el chico no trató de ocultarlo más, sino que se recompuso como pudo, tratando de salvar su dignidad.

- Lo creas o no, he cambiado – Luna afirmó. - Me siguen apasionando los viajes de investigación para descubrir y catalogar nuevas especies de animales mágicos. Adoro lo que hago tanto como antes… pero ya no soy feliz haciéndolo, porque no puedo compartirlo contigo.

- Ya hemos hablado muchas veces sobre eso, Luna. Sabes que yo no puedo llevar el ritmo de vida que tú llevas. Yo también adoro mi trabajo, y aún más una estabilidad familiar que tú no deseas.

- Sí la deseo. Por ello, voy a renunciar a todo por estar contigo, si tú aún me aceptas – ella soltó la bomba, totalmente convencida de lo que acababa de decir.

- ¿Aceptar qué? – él no pudo evitar ironizar de nuevo. - Ya no tengo nada que aceptar, porque tú ya no tienes nada que darme, tú misma lo dijiste cuando te echaste en brazos de tu príncipe aventurero y te largaste con él en busca de cumplir tus sueños – no era reproche lo que había en aquellas palabras, sino aceptación, simple constatación de un hecho.

- Me equivoqué; jamás me había equivocado tanto como lo hice entonces… ¿Tú ya no… me quieres? – sus ojos llorosos se clavaron en los masculinos, suplicantes.

- Esa no esa la cuestión, Luna – él alzó los brazos y los dejó caer, exasperado. – La cuestión es que, si tú y yo teníamos un problema de pareja, no me diste oportunidad de que buscásemos juntos una solución; hallaste alguien mejor y te marchaste con él, poniendo fin definitivamente a todo aquello que nos había unido hasta entonces. Lo tuviste tan claro, que te jugaste el todo por el todo para lograr lo que querías. Y no sé lo que ha pasado entre tú y él, pero por lo que parece, has perdido. Yo ya perdí en su momento; ya no tengo ganas de volver a jugar.

Una lágrima se deslizó por el rostro de la chica, completamente destrozada al escucharle.

- Te juro que yo no estoy jugando.

- Yo tampoco, Luna; pero ya no puedo confiar en ti – Neville negó, apenado.- Tú afirmas que has cambiado, pero yo no lo he hecho; yo sigo siendo el mismo hombre de siempre, con las mismas ilusiones, la misma sencillez, las mismas metas que alcanzar. Si hace unos meses yo no era lo suficientemente bueno para ti, no creo que lo vaya a ser ahora, por mucho que tú actualmente lo creas; también lo creíste en otra ocasión, y te equivocaste – concluyó con tristeza.

- No fue entonces cuando me equivoqué, sino al marcharme, cuando lo hice – Luna aseguró, suplicante.

- Puede que tú lo tengas claro, pero te repito que yo no puedo creerte.

- ¿Puedo al menos… luchar por recuperarte? – ella insistió una última vez, negándose a aceptar que la única historial de amor real que había existido en su vida, se había esfumado como el humo.

- Puedes hacer lo que quieras con tu vida, Luna. Pero no esperes de mí la respuesta que tú deseas – él dejó bien claro.

- Aún así, lo haré; al menos hasta que tú tengas a otra mujer en tu vida – de pronto cayó en la cuenta de lo que implicaba aquel pensamiento, y observó al chico, temerosa. - ¿No será que ya existe esa mujer en tu vida? – le preguntó, sintiendo que su pulso se aceleraba locamente.

Él sonrió con cansancio.

- No, no existe ninguna mujer en mi vida; ni quiero que la haya.

Luna no respondió a aquella última insinuación, aunque un brillo de esperanza renació dentro de su alma.

- ¿No te importa si me quedo? – le pidió.

- Claro que no. Harry os ha invitado a cenar, a Ginny y a ti, así que ambas sois nuestras comensales por esta noche.

- Gracias.

- No las merece. Voy a la cocina a por una cerveza de mantequilla. ¿Quieres una? – él ofreció, mientras se ponía en pie tranquilamente.

- Por favor.

Neville asintió, y la dejó sola, navegando en su propia zozobra.

~~O&o&O~~

Una vez Harry hubo aparcado el coche en un parking de Londres cercano al Callejón Diagon, y acompañado a Ginny a cumplir su cremoso y helado deseo, ambos se encontraron sentados a una de las mesas de Florean Fortescue, frente a frente y en silencio, cada cual rumiando sus propios pensamientos. El observaba distraídamente a los magos y brujas que pasaban ante el establecimiento, mientras ella, a su vez, no dejaba de mirarle.

- ¿Cómo llevas las heridas? – Ginny se atrevió a preguntar, cansada de aquel incómodo silencio que los alejaba muchísimo más que la distancia impuesta por aquella pequeña mesa.

- Bien – él respondió con voz seca, sin girarse para mirarla.

- Me alegro. ¿No piensas decir nada? – la pelirroja insistió, harta de aquella situación.

- No tengo nada que decir – Harry respondió, ausente.

Entonces, Ginny se dio cuenta de que se imponía otro tipo de estrategia, si quería sacar al moreno de aquel insistente mutismo.

- Le pegaste – lo acusó con voz que no admitía réplica.

Y logró lo que pretendía, pues Harry, de pronto dejó de observar la calle, ausente, y se volvió para clavar en ella una mirada inquisitiva.

-¿Q-qué?

- Sabes perfectamente de qué te estoy hablando – ella se negó a dar mayor explicación, a lo que Harry la observó por un momento, hasta que mudó su mirada por otra furiosa.

- Has vuelto con él… - la incriminó con un deje filoso de rencor y rabia apenas contenidos.

- ¿Tú eres idiota, o qué? – Ginny se enfadó, incrédula.

- ¿Y quién te ha contado eso, sino él? – él alzó el tono de voz, contagiado de la furia que reflejaban sus verdes ojos.

- ¡Eso no significa que hayamos vuelto a estar juntos! ¡Él tiene a su novia y yo…! ¡Yo…! Te quiero a ti – ella susurró al final de todo, tan bajito, que a Harry le fue imposible entenderlo.

- ¿Qué has dicho?

- ¡Que eres un completo idiota, por estar celoso! – la pelirroja gritó, a la defensiva.

- Baja la voz, si no quieres que todo Londres se entere de lo que estamos hablando – Harry ordenó, tajante. - ¿Celoso, yo? Ya te gustaría… - concluyó con arrogancia.

- Mira, no tengo tiempo para tonterías. He encontrado a Dean por casualidad, en San Mungo – comenzó a contar con naturalidad. - Su novia está internada allí porque sufre la misma enfermedad que padeció mi madre y…

- Espera, espera – él alzó una mano para detenerla, cortante. - ¿Qué hacías tú en San Mungo?

- Eso no importa ahora.

- A mí sí me importa – él rebatió, perentorio. - ¿Qué demonios hacías tú en San Mungo, Ginny? – la interrogó con voz inquisidora.

- He ido a que me hagan unos chequeos médicos. No me estoy sintiendo bien, últimamente – ella intentó que su voz sonase tranquila y cotidiana, pero tan sólo logró mostrarse inquieta y preocupada, como realmente se sentía.

La palidez que adoptó el rostro de Harry fue tan evidente como su mirada llena de alarma.

- ¿Desde cuándo es últimamente, exactamente? – Harry inquirió con insistencia.

- Desde que regresé de Hope Avery, pero no tiene nada que ver una cosa con la otra.

Él alzó una ceja, sin entender qué quería decir ella exactamente con aquella apreciación.

- ¿Y por qué no me habías dicho nada? – le reprochó.

- ¿Por qué narices tenía que contártelo a ti, precisamente?

- ¡Joder, Ginny! ¿Según tú, soy bueno para dejarte vivir en mi casa por todo el morro, y en cambio no lo soy para ayudarte cuando estás enferma? – Harry desató su furia, más que indignado.

- Harry, lo siento – le brotó de la garganta, sin pensar, pues no esperaba aquella reacción.

- Olvídalo. ¿Qué es lo que tienes?

- Aún no lo sé – se lamentó; - siempre me siento cansada, y tengo sueño a todas horas… El sanador me ha dicho que a mediados de la semana que viene tendrá los resultados de mis análisis, y que entonces podrá determinar con exactitud la causa de mi problema.

- ¿Tan tarde?

- Lo mío puede esperar. Quien necesita ayuda urgente, es Giselle – ella declaró, hallando el modo de pedirle ayuda, por fin.

- ¿Y Giselle es…? – él quiso saber, aún enfadado.

- La novia de Dean.

- ¿Ese desgraciado tiene novia?

- Sí, la misma con quien lo encontré revolcándose en la cama; y como te he dicho antes, tiene cáncer – le explicó. - Harry… Dean necesita que le demos la dirección del hospital donde trataron a mi madre de esa enfermad, un teléfono o un modo de contacto. Se siente perdido…

- Por supuesto – él afirmó, con voz sombría. - Yo mismo les llamaré y les pondré en contacto con él. No hay problema.

- ¿En serio? – Ginny observó sus ojos, alucinada.

- Estamos hablando de salvar una vida, Ginny; una vida siempre es sagrada, por encima de todo – él respondió, molesto por aquella reacción.

Ella sonrió, adorándole con la mirada.

- Cuánto te quiero – declaró, mostrando todo su amor, tanto con palabras como con la mirada, sin reparar en ello.

Pero él fingió no haberlo oído. Por un rato, ambos quedaron en silencio, evitando nuevamente sus miradas.

Inesperadamente, ella comenzó a hablar de un modo reflexivo.

- Desde que me encontré con él, no he podido evitar pensar en mí, en lo que me está pasando… y si tiene relación con lo que le sucedió a mi madre. No sé… Siento que, si mi vida estuviese terminando realmente, en gran parte la he vivido de un modo superficial, que la he malgastado en alejarme de la gente que más me importa, en vez de disfrutarla con ella… - calló por un momento, reflexiva, y luego alzó la mirada, sonriendo con cara de tonta. - No me hagas caso…

Al volver a cruzar su mirada con la de Harry, se dio cuenta, atónita, de que él había comenzado a llorar; estaba intentando secarse las lágrimas con la manga de la camisa, bruscamente, pero no podía evitar que estas continuasen brotando de sus cristalinos ojos color esmeralda.

- Harry… estás llorando… ¿Qué sucede? - ella musitó, alarmada.

Le acarició el rostro con la mano, gesto que él intentó evitar, pero que ella no permitió que esquivara.

- ¡Maldita sea! No puedo perderte, Ginny, no así - él se lamentó, rendido, tomando con fuerza la mano que ella había posado en su rostro, y besándola con adoración. - Puedo soportar que me mandes al infierno, que me odies, incluso no volver a verte jamás… ¿Sabes cuántas personas importantes en mi vida me han sido arrebatadas, sin yo poder hacer nada por evitarlo? – fue una pregunta retórica, pues ella sabía perfectamente de qué y de quiénes estaba hablando. - ¡A veces me sacas de mis casillas, pero no puedo perderte! ¡No puedo perderte! – negó con todas sus fuerzas, sin poder dejar de llorar.

Amargas lágrimas, llenas de ternura, comenzaron a brotar también de los preciosos ojos femeninos.

- Soy una tonta histérica por pensar idioteces. No vas a perderme, Harry. Soy yo quien te ha perdido – Ginny aseguró, volviéndole a acariciar el rostro con toda la ternura que había en su alma.

- Creí que no desearías quedártelo, viniendo de mí – él confesó, de pronto, dejándola descolocada.

- ¿De qué hablas? – Ginny lo observó sin comprender.

- Creí que, aunque yo comprase el piso para ti, acabarías perdiéndolo, de todos modos, porque no aceptarías mi "caridad" – explicó, huraño. - Además creí que me culparías porque Dean hubiese intentado echarte, por haberme pegado con él. Sé lo importante que ese piso es para ti y quise que lo tuvieses a toda costa. Por eso no te lo conté – él mantuvo su mirada, sincero. - Te lo juro, no esperaba conquistarte con ello, ni forzarte… ¡Por Merlín! ¡Si pensaba que no tenía absolutamente ninguna oportunidad contigo! Hacía siglos que me había rendido ya…

- Harry… - ella intentó hablar, pero él se lo impidió al hacerlo de nuevo.

- Querías una explicación, y ahí la tienes. Quédate con el piso, Ginny, hazlo – le rogó. - Págame una cantidad todos los meses, si lo deseas, a modo de hipoteca. Pero quédatelo; y sé feliz.

- Harry… - no pudo continuar, pues no hallaba palabras para expresar todo lo que estaba sintiendo en aquel mismo momento.

- Y sobre lo otro, sea lo que sea lo que tienes, no voy a perderte así. Eso lo tengo muy claro. Ahí no admitiré peros, ni prohibiciones, ni orgullo, ni nada – dejó bien claro, tajante. - Haré todo lo que sea necesario para que te recuperes totalmente, y punto; aunque tras ello me vea obligado a vivir debajo de un puente. Me da igual.

Ella soltó una risa tonta y llorosa, demasiado emocionada como para poder advertirlo siquiera.

- Harry, lo único de ti que yo deseo, es a ti; tú eres mi vida, todo mi mundo – la voz le salió entrecortada y temblorosa; - pero soy tan tonta, que te he alejado de mí, en vez de acapararte y hacerte sólo mío, para siempre – intentó sonreír para tranquilizarlo; no podía soportar verle sufrir. - No va a pasarme nada, seguro que es una tontería, nada más. De verdad, soy una idiota por haberte venido con un cuento tan absurdo…

- Te amo, Ginny – Harry declaró; había tanto dolor en su voz y en su mirada, que realmente Ginny se sintió morir. - Soy un arrogante, un intransigente, un capullo, pero te amo.

Ella se acercó peligrosamente hacia él y lo tomó por la barbilla.

- ¿Cómo tienes la desfachatez de decirme todo lo que me has dicho esta tarde y quedarte ahí como un pasmarote, sin besarme? ¿Voy a tener que hacerlo yo?

- Ginny, tú y yo no…

- Bésame, auror, bésame y cállate – le ordenó. - Ya continuaremos hablando después.

Suavemente, Ginny deslizó sus cálidos y húmedos labios por los labios de Harry, acariciándolos con delicadeza, en un excitante roce que hizo estremecer a ambos de pies a cabeza. Pronto sus manos se unieron a aquel festival de pasión y de entrega, acariciando el rostro masculino en busca de saciar todo el hambre desesperado de él que la volvía loca por dentro. Sintió cómo su cuello ardía de placer y de deseo con las entregadas caricias de él, mientras sus labios eran arrebatados por los impetuosos labios del auror, empeñados en transportarla al séptimo cielo, para compartirlo con ella.

Se besaron una y otra vez, apasionados, entregados el uno al otro y aislados del mundo, hasta que Harry, con un esfuerzo que en aquel momento le pareció sobrehumano, despegó sus labios de los femeninos, jadeante.

- Oh, oh… Este no es un buen sitio para hacer estas cosas, si no queremos que mañana lo sepan todos los magos y brujas – mostró un rostro tan sonriente y relajado, rebosante de felicidad, que hizo florecer un arcoíris de alegría en el corazón de Ginny.

- ¿Saber qué? – ella preguntó, encantada.

- Que vas a casarte conmigo, por supuesto. No aceptaré un no por respuesta – Harry afirmó, con voz seductora, mientras le sonreía con complicidad.

Por un instante, un reflejo de tristeza empañó el bello rostro de la pelirroja.

- Yo no he hablado todavía, Harry. ¿Estás dispuesto a perdonarme sin más? – quiso saber, angustiada. - Fui yo quien te echó, quien acabó con lo nuestro, negándome a darnos una oportunidad para solucionar nuestros problemas.

En silencio, él volvió a besarla, con infinita ternura, depositando en aquel beso todo su amor.

- Te lo diré una y mil veces, Ginny: yo no soy Dean. Con eso que tengas claro, para mí es más que suficiente.

Al escucharlo, Ginny se puso en pie, rodeó la mesa que los separaba y se echó en sus brazos para apretarlo contra ella con todas sus fuerzas.

- Te amo. Te amo y te amaré durante todo los días de mi vida, que te prometo que serán muchos. Vas a tener tiempo de sobra para cansarte de mí – le prometió desde lo más hondo de su alma. - Vámonos a casa, Harry… - le pidió, mimosa y seductora.

- ¿Para que yo pueda seguir besándote? – Harry preguntó con picardía.

- ¡Por Dios! ¡No sólo para eso!

Inesperadamente, el moreno soltó una carcajada que a Ginny le sonó a música celestial.

- No podemos hacerlo. Recuerda que hemos salido de casa de Neville tan sólo a comprar la cena. Lo primero que nos preguntarán, cuando volvamos, será si hemos ido a plantar las hortalizas y a criar los animales para cocinarla.

- Oh, es verdad… Mantengamos esto en secreto un poquito más, Harry… - ella le rogó, pensativa.

- ¿Y eso? – él fijó sus ojos en los de ella, confuso.

- Se nota que tú estás viviendo un buen momento de complicidad con Neville y con Ron, y yo tengo que prestar todo mi apoyo a Luna. ¿Cuánto tiempo hace que no hemos disfrutado de una situación similar?

- Es curioso… Neville me ha dicho esta tarde algo parecido – él respondió, reflexivo. – Quizá deberíamos dejar las cosas como están, durante un tiempo más, hasta que yo vuelva de vacaciones.

- ¿Dejarlas como están? – ella preguntó, temerosa. - ¿Te refieres a que tú y yo no…?

- Tú no vas a librarte de mí, pelirroja; nunca más – la besó una vez más, adorándola con la mirada. – Sólo hablaba de quedarme unos días más con Neville, y que Luna se quede contigo en Godric´s Hollow, si le apetece. Tú y yo llevaremos lo nuestro con… "discreción", jeje. Pero no – añadió de pronto; - tú te sientes indispuesta y yo pienso cuidarte. No voy a separarme de ti ni cinco minutos, hasta que no sepamos a ciencia cierta qué te está sucediendo.

- Eso no será necesario – ella aseguró, mostrando una gran sonrisa.

- Pero yo quiero estar contigo, mi amor.

Al escucharle, ella se abrazó a él con todas sus fuerzas, y enterró el rostro en su pecho.

- ¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal? – Harry acarició el pelirrojo cabello con sumo cuidado, alarmado.

- No… Es sólo que me has llamado "mi amor". Llegué a creer que me odiabas…

- Bueno… Yo llegué a creer que tú me odiabas a mí – él respondió, tranquilamente. - ¿Será que en algunos aspectos tú y yo somos demasiado parecidos?

Ginny rió, le besó en el pecho, sobre la camisa, y volvió a mirarle a los ojos.

- De verdad, no hace falta que me acompañes, cielo, sólo siento mucho cansancio y tengo el estómago algo revuelto; nada más. Pero si te parece, me acompañarás a San Mungo a recoger los resultados de las pruebas médicas.

- Claro que lo haré. ¿Acaso lo dudabas? – sonó molesto, al preguntar.

- No, tonto – le puso un dedo en la punta de la nariz, divertida, y él no pudo evitar volver a sonreír.

- Anda, volvamos a casa de Neville. Ya ha pasado más de una hora desde que nos fuimos.

- Y aún no hemos comprado la cena.

- ¡Anda! ¡Es verdad! ¿Qué quieres cenar, caprichosilla?

- Hum…. ¿Pizza?

- Marchando pizza, entonces.

La separó de él, cariñoso, y se acercó a la barra para pagar la consumición que ambos habían tomado. La camarera le cobró sin dejar de observarle, atónita no sólo por tener delante a un personaje tan famoso en el mundo de los magos, sino por toda la escena que se había visto obligada a presenciar, sin pretenderlo. Tras coger el cambio de la mano de la chica, Harry tomó esta y la besó con galantería, dedicándole una mirada cómplice y susurrando "Shhhhhhh", con un dedo en los labios. La chica le devolvió una sonrisa embelesada y asintió.

Harry regresó al lado de Ginny, la abrazó por la cintura y ambos salieron del local.

~~O&o&O~~

- ¡Pedazo de idiotas! – Ron no pudo evitar reprenderlos, cuando los dos entraron por la puerta de casa de Neville, cargados de pizza y de refrescos variados. - ¡Ya creíamos que en cualquier momento nos llegaría una lechuza proveniente de San Mungo para pedirnos que fuéramos a reconocer vuestros cadáveres porque os habíais asesinado el uno al otro!

- No seas bruto, pedazo de animal – Harry rezongó, a lo que Ginny rió muy bajito, intentando disimular.

- Con estos dos, no llegará la sangre al río – Neville comentó como el que no quiere la cosa, divertido.

Harry pasó del comentario, dispuesto a no molestarse por nada ni por nadie aquella noche; no en vano sentía que todo él flotaba en un cielo pelirrojo y adorable.

Luna y Neville ya se habían encargado de preparar la mesa para la cena, así que todos no tuvieron más que tomar asiento alrededor de ella, para comenzar a cenar. Cuando todos se hubieron acomodado, Harry observó la escena, pensativo.

- ¿Qué pasa? – Neville le preguntó, dándose cuenta de que el chico rumiaba algo importante.

- Somos seis buenos amigos, pero en cambio, aquí tan sólo estamos reunidos cinco – comentó, entristecido. - ¿Una ocasión tan especial como esta no merece que estemos los seis al completo?

- Claro, por supuesto – Neville se sumó a su amigo, resuelto. – Voy a recoger a Hermione y la traigo en un momento.

- No, yo lo haré – el moreno se ofreció. – Las cosas están algo tirantes, y prefiero ser yo quien la invite, que la conozco bien.

Ron miró a sus dos amigos con retintín, pero guardó silencio, mientras las chicas lo observaban, entristecidas.

- No tardaré – Harry prometió, y segundos después había desaparecido en busca de su mejor amiga.

Hubo de explicarle a Hermione que la reunión no había sido planeada, en absoluto, que todos se habían ido reuniendo a lo largo de la tarde por casualidad, y que sin ella, la fiesta jamás estaría completa.

"Para fiestas estoy yo", le había dicho la chica, molesta; pero aceptó en acompañarle, en el fondo contenta de saber que seguía siendo importante para ellos, o al menos para cuatro de ellos, siendo más concretos.

Cuando ambos aparecieron de nuevo en casa de Neville, inmediatamente las chicas fueron a dar la bienvenida a la recién llegada, y Neville depositó un beso en su mejilla, contento de verla. Ron la saludó de lejos, con un gesto de la mano y se hizo el desentendido; pero la sangre le hervía en las venas.

Después de una cena mucho más distendida de lo que habría sido de esperar, todos pasaron al salón, donde Neville puso en su televisón muggle el dvd con la película "Los Tres Mosqueteros", que Ron tan amablemente había conseguido para la ocasión. Ellos estaba entusiasmados viéndola, disfrutando con las peleas y las estocadas; y a las chicas no disgustó en absoluto disfrutar de unos rostros jóvenes y atractivos, con la historia romántica de D´Artagnan como telón de fondo.

- Esto tenemos que repetirlo – Neville declaró, encantado, cuando hubo terminado la película.

- Sí, ha estado genial – Ron se sumó, totalmente de acuerdo.

- ¡Eh! ¿Por qué no nos vamos los tres a continuar las vacaciones en algún lugar lejano y lleno de aventuras? – Neville propuso – Podríamos irnos a la Isla de Pascua, Harry. ¿Tú no querías pasar allí tus vacaciones?

Al escucharle, Ginny miró a Harry de reojo, cogida por sorpresa. No tenía ni idea de que el moreno había pretendido marcharse a un lugar exótico de vacaciones, y que había cambiado sus planes por ir con ella donde la chica hubo elegido. Ella ahora tenía claro que él la quería, pero ya entonces él había estado dispuesto a dejarlo todo por ella, y ella sin saberlo. Sonrió para sus adentros, cada vez más y más enamorada de aquel hombre a quien adoraba.

- Eso ya no es posible – Harry objetó, esquivo.

- ¿Cómo que no? Hace nada estabas dispuesto a hacer cualquier cosa para divertirte, y ahora que te proponemos un plan genial te nos vas a rajar? – Neville protestó.

- De veras, que no…

- ¿Y nosotras, qué? ¿Acaso somos monigotes pintados en la pared? – Ginny se inmiscuyó, intuyendo porqué Harry no deseaba marcharse. – Si vosotros, vais, nosotras vamos.

- Tú no deberías ir a ningún sitio – Harry opinó, a lo que los demás se giraron hacia él y lo observaron, curiosos. – Quiero decir que… antes de ir a ningún sitio, tienes una mudanza pendiente – disimuló como pudo, retomando la actitud a la defensiva que hace días había adoptado contra ella.

- De eso ya hablaremos tú y yo en privado, auror – Ginny le guiñó un ojo cuando nadie se fijaba en ella, a lo que él respondió con una mirada de reproche, preocupado.

- ¿Tú puedes coger vacaciones, Ron? – Neville preguntó al chico.

- Sin problemas. El Cuartel General de Aurores me debe las de este año, y también las del año pasado. Y acabo de concluir la misión que llevaba entre manos, junto a Harry. Kingsley no pondrá pegas. ¿Verdad, Harry?

- No, no las pondrá – su amigo respondió, aún turbado.

- ¿Y tú, Hermione?

- Yo tan sólo he de avisar de que prolongaré mis vacaciones unos días más. En estos momentos, el trabajo en el Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica es escaso, así que tampoco tendré problemas para viajar con vosotros.

- Genial, ¿y vosotras? – preguntó a Ginny y a Luna también.

- A mí aún me queda casi un mes de vacaciones – Ginny dijo alegremente.

- Y yo estoy sin trabajo, hasta que vuelva a encontrar uno en Inglaterra; he venido para quedarme – Luna afirmó, con voz suave.

- Yo también sigo de vacaciones, hasta que vuelvan a empezar las clases en Hogwarts. ¿Y tú, Harry? Sé que también sigues de vacaciones. En serio, ¿es que te nos vas a rajar ahora?

- Está bien, iré – el moreno respondió de mala gana; seguiría a su pelirroja al fin del mundo, si hacía falta; pero en el fondo, continuaba pensando que no era el momento para que ella marchase tan lejos, sin saber qué dolencia la tenía preocupada.

- ¡Está decidido! ¡Rumbo a la aventura! – Neville declaró con entusiasmo. – Harry, encárgate tú de todo, ya que seguramente tendrás hoteles mirados de cuando querías marcharte allí – el moreno asintió, silencioso. - ¿Cuándo nos vamos?

- Cuanto antes, mejor – dijo Ron. – Seguro que allí saben cómo divertirse – añadió con malicia, haciendo un gesto obsceno que hizo reír a sus dos amigos, y que ellas vieron con desaprobación.

- Bueno, chicos; yo me voy a casa… de Harry – Ginny añadió en el último momento, continuando con la farsa. – Me siento demasiado cansada, y necesito reponer fuerzas.

- Tío, acompáñala – Neville pidió al moreno. - ¿No habéis dicho durante la cena que ella no se encuentra hoy demasiado bien como para desaparecerse? Vuélvela a llevar en coche, entonces, y luego regresas.

- Eso ya lo había decidido – Harry aclaró, muy serio. – Vamos, pelirroja – se puso en pie y caminó hacia la puerta sin mirar atrás.

- Hasta mañana – ella se despidió, y siguió al chico fuera de la casa.

Antes de subir ambos en el coche, Harry abrazó a Ginny, posesivo y la besó con dulzura.

- Tú y yo vamos a hablar muy seriamente, pelirroja – le aseguró, inquieto.

- Hablaremos todo lo que quieras, cariño – ella le dedicó una sonrisa arrebatadora. – En serio, Harry, no me pasará nada malo. ¿Qué puede pasarme, estando tú para protegerme? – argumentó, chantajista.

Él rezongó por lo bajo, mientras Ginny volvía a besarle, enamorada; y ambos se marcharon en el coche de Harry, camino de Godric´s Hollow.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Y aquí llega uno de mis capítulos más deseados en la historia. ¿A que no adivináis porqué? :P

Me moría de ganas por escribir la reconciliación entre Harry y Ginny, aunque las cosas entre ellos aún no estén demasiado... "claras", al menos para todos los demás, jeje. Y la conversación entre Dean y Luna también me hacía muchísima ilusión, aunque no ha sido tan fructífera como la de mi pareja favorita.

Bueno... los seis ya se han reunido. ¿En que tipo de... "aventuras" están pensando estos chicos? Me da en la nariz que ellos tienen demasiadas ganas de marcha, y ellas van a tener que ir parándoles los pies, si no quieren verse apeadas del juego... ¿o no?

La respuesta, a partir del próximo capítulo :D

Como siempre, y de todo corazón, agradezco todos los reviews rebidos al capítulo anterior, todas las nuevas alertas, y quien ha añadido este fic, o a mí como autor, a sus favoritos. Mi vida sería mucho más triste y aburrida sin todos vosotros.

Un abrazo fortísimo y hasta muy pronto, espero.

Con todo mi cariño.

Rose.