Capítulo 21 : Al acecho.

Nada más despuntar el alba del día siguiente, Molly Weasley, quien hacía horas que no lograba conciliar el sueño, dejó de caminar por el cuarto y despertó a su marido, harta de guardar tan sólo para ella la olla de grillos que parecía ser su mente.

- ¿Qué sucede? – Arthur quiso saber, con voz somnolienta, intentando distinguirla entre las meras rendijas que eran sus ojos.

- Ginny debe acabar con el ridículo que está haciendo, Arthur; no va a lograr nada más que sufrimiento – la mujer sentenció con voz que no admitía réplica, mirando fijamente a su marido.

- ¿De qué estás hablando? – él quiso saber, poniendo cara de ignorancia; su mente estaba aún poseída por el sueño, y era muy difícil lograr centrarse en aquello que su esposa estaba intentando decirle.

Parpadeó un par de veces para fijar su vista en su mujer.

- ¿De qué voy a hablar? – ella casi gritó, apunto de perder la paciencia. – Nuestra hija se ha metido de nuevo en casa de Harry, y esta vez en contra de la voluntad de él; y no sólo va a lograr ponerse en ridículo, sino también que él acabe odiándola – explicó con voz nerviosa. – Si Harry no desea tenerla cerca, siquiera, debería dejarlo en paz y darlo todo por terminado.

- Ah… eso… - Arthur volvió a parpadear con cansancio, ya más despierto.

- ¿Cómo que "eso"? – Molly le reprochó, indignada. - ¿No te importa que nuestra hija sufra? ¿Y que lo haga Harry? ¿Quieres tener que elegir entre dos de nuestros hijos?

Arthur, mucho más sereno que su esposa, la tomó por ambas manos e hizo que ella se sentase en la cama junto a él.

- No vamos a tener que elegir entre nadie, cariño. Lo que hemos de hacer es no tomar partido por ninguno de ambos; los dos ya son mayorcitos como para resolver sus problemas por su cuenta y riesgo. ¿No te parece? – objetó, con voz cariñosa.

- Bueno, pues no elegiremos entre nadie. Pero no puedo permitir que una hija mía se ponga en evidencia de ese modo; ha cometido errores, ambos los han cometido, y por lo que veo, ni ella ni él piensan disculparse. Entonces, que deje a Harry vivir su vida en paz, y que ella viva la suya. O al menos, que no lo agobie de ese modo. Quizá nunca se han querido tanto como nosotros pensábamos – terminó con aquella triste reflexión.

Arthur suspiró, rendido.

- ¿Y qué piensas hacer al respecto? – quiso saber, temiendo el ímpetu de su mujer.

- Ron ha dicho que Harry está viviendo Merlín sabrá dónde hasta que Ginny se marche de su casa, ya ves cómo están las cosas; así que tú y yo vamos a ir ahora mismo a Godric´s Hollow y vamos a traernos de vuelta a esa empeñada y cabezota. Si no quiere vivir en el piso que Harry le ha regalado, que no lo haga; a mí tampoco me parecería bien que lo hiciera, quedando ambos como han terminado. Pero ese asunto ya se resolverá más adelante; ahora, lo que ella tiene que hacer es volver a La Madriguera y dejarse de tonterías. Al menos, hasta que ambos sean capaces de hablar de un modo civilizado.

- Quizá tengas razón… - él la miró fijamente, reflexivo. - Está bien, dame tiempo para que tome una ducha rápida y me vista, y te acompañaré para intentar convencerla de que regrese con nosotros –aceptó finalmente.

- Te estaré esperando abajo, con el desayuno preparado – Molly anunció, mientras cabeceaba afirmativamente, con excitación.

Una vez su esposa hubo abandonado la habitación, Arthur se puso en pie y caminó de forma perezosa hacia la ducha. "La vida no es justa"- se dijo con tristeza.

~~O&o&O~~

Ginny se giró, somnolienta, adueñándose, sin pretenderlo, de la cama entera. Completamente subyugada por el maravilloso hombre con el que su corazón había decidido compartir lecho durante el resto de su vida, esperó que su mano hallase su torso, desnudo y poderoso, para disfrutar de él una vez más; nunca se cansaba de hacerlo. Pero algo no estaba saliendo bien: palpó la cama una y otra vez, ávida de aquel contacto que tanto deseaba, y tan sólo el suave roce de las sábanas de satén fue su recompensa; darse cuenta de ello la sacó de su ensoñación.

Abrió los ojos totalmente, alarmada, buscando a Harry a su alrededor; estaba sola en el cuarto, completamente sola, y un absoluto silencio la rodeaba, frío y constante. La tenue luz del alba apenas iluminaba las bellas cortinas del balcón, que habían adquirido un tono azul celeste precioso. Todo parecía estar en orden, excepto la ausencia de su prometido.

Extrañada, aunque un poco más tranquila, se desperezó, sonriendo por instinto al recordar la maravillosa noche de amor que había pasado con Harry; se sentía una reina divina, dueña del corazón y del alma de un rey poderoso y perfecto.

Al apoyar su mano derecha en la almohada, para volver a recostarse, el suave tacto del terciopelo llamó poderosamente su atención; giró el rostro hacia donde el contacto de su mano le había causado tanto placer, y la emoción invadió todo su ser con una calidez embriagadora: en la almohada de Harry, en su lugar, una preciosa y delicada rosa de intenso fuego custodiaba una pequeña nota bajo ella:

"Tan sólo tu belleza es capaz de eclipsar la de esta flor. Mi amor pugna por quedarse para continuar adorándote, pero he tenido que marchar al Ministerio de Magia a resolver un par de asuntos; aunque siempre te llevo conmigo, en lo más profundo de mi alma. Volveré pronto. Harry."

Sintiendo que si su relación con Harry no fuese más que un sueño, no querría despertar jamás, pegó la rosa a su pecho, con mimo, mientras buscaba un lugar digno de custodiar y atesorar aquella nota que conservaría mientras viviese. Decidió que la guardaría en una pequeña caja de música que su padre le había regalado, de muy niña, y que siempre la había acompañado: un tesoro dentro de otro – pensó, emocionada. Y cuando la rosa marchitase, la guardaría también.

Tras ello, decidió prepararse para el nuevo día, llena de energía positiva. Se dio una ducha rápida, con la mente enfocada en un dulce desayuno que su cuerpo pedía a gritos, sin duda gracias al peque que se gestaba en su interior, con quien mantuvo una cariñosa amena "conversación" madre e hijo durante la ducha. No sabía cómo, pero estaba segura de que hablar a su hijo o hija con todo el cariño de madre que ya comenzaba a sentir, era crear un vínculo de amor que duraría por siempre jamás; y a ella le encantaba.

Tuvo que contenerse para no arrasar con todas las calorías de los dulces con los que ella, desde que había regresado de Hope Avery, había llenado la cocina, y se limitó a tomar un buen vaso de zumo de naranja, eso sí, con un croissant rebosante de chocolate "para compensar" – pensó con picardía. Tras ello decidió salir al jardín trasero de la casa, con ganas de respirar aire puro y de relajarse rodeada de paz.

Tranquilamente, se sentó en el banco de madera torneada que había frente a la puerta trasera de la casa, junto al vallado del jardín, a la espera del regreso de Harry, y se perdió en sus propios pensamientos.

- "Confía en mí" – Harry había pedido a Ginny la tarde anterior, guiñándole un ojo con picardía.

Y esto es lo que había sucedido.

"

- ¿Cómo que tú no puedes acompañarnos en el viaje a la isla de Pascua? – Harry le había contado la noche anterior, que Neville y Ron le habían increpado, cuando el moreno pasó por casa del más alto para entregarle la reserva de las cinco habitaciones, que había hecho en un hotel de la paradisíaca isla. - ¡De eso nada! ¡No puedes abandonarnos!

- Más quisiera yo; pero eso es imposible – Harry respondió con semblante compungido. – Este mismo sábado habrá una fiesta de gala en el Ministerio de Magia con motivo del nombramiento de Kingsley como nuevo Ministro de Magia; y me temo que él aprovechará la coyuntura para anunciar también mi nombramiento como Director del Departamento de Seguridad Mágica. Así que no puedo marcharme, aunque quiera. No pasará nada porque Ron falte a una de estas fiestas, así que podéis marcharos vosotros cinco, tranquilamente – concluyó, entregando a sus dos amigos las cinco reservas.

- ¡Ah, no! – Ron negó, indignado. -¡Tú no vas a llevar colgada del brazo a otra de esas rubias tontas! ¡No esta vez! ¡O llevas a Ginny, o no llevas a nadie! – concluyó, apasionado.

Al escuchar a su mejor amigo, Harry sonrió para sus adentros, pues estaba apunto de lograr aquello que había pretendido.

- ¿Pero tú no te has cansado de decirme que olvide a Ginny y que me busque a alguien que me quiera como merezco? – Harry fingió sorprenderse, pareciendo confuso.

- Ron tiene razón – Neville cortó la respuesta del pelirrojo, tajante, antes de que esta se produjese siquiera. – Piensa bien lo que vas a hacer, y pon fin a tus problemas con Ginny de una vez y para siempre: si la amas de verdad, llevarla al Bailey presentarla ante todos como lo que es, será un modo de demostrarle cuánto te importa, y de ahí a vuestra reconciliación, tan sólo habrá un paso. Y si no la amas de veras, habla con ella hoy mismo y romped todos los vínculos que aún os unen. Pero no montéis escenitas como la de ayer por la tarde, cuando os fuisteis juntos por ahí, pareciendo amigos del alma como si nada hubiese pasado, cuando hacía tan sólo unos minutos no parabas de dar la vara con todo lo que ella te ha hecho sufrir.

Harry le dedicó una mirada de reproche, pero el otro no suavizó su reprimenda.

- No estáis contando con ella – Harry insistió, metido hasta el fondo en su papel. – Ella está esperando marcharse de vacaciones con vosotros; ya la escuchasteis ayer.

- Y también te oímos a ti, diciendo que antes de irse a ningún lado, ambos debíais resolver vuestros problemas, sean los que estos sean. ¿O es que tienes amnesia selectiva? – Neville insistió.

- Es cierto, Nev, yo también lo oí – Ron se sumó a su amigo. – Poned fin a vuestros problemas, de un modo o de otro, pero hacedlo, y zanjad todo este asunto de una vez y para siempre. Si ella no quiere atender a razones, oblígala a hacerlo. Pero si tú no vienes con nosotros, Ginny tampoco, ¿está claro?

- Está bien, está bien… - el león que Harry llevaba dentro rugió con fiereza, triunfal.

Había hecho creer a sus mejores amigos que eran ellos quienes obligaban a Ginny a quedarse y a resolver sus problemas con Harry, encubriendo a la perfección que ella lo hacía por propia voluntad. Y que lo estaban presionando a él para propiciar ese encuentro. Por el momento, el pequeño "gran" secreto de ambos se hallaba totalmente a salvo.

- Pero si Ginny y Harry no vienen al viaje, ¿qué pintamos nosotros cuatro juntos allí? – Ron objetó. – Hermione y yo casi no podemos ni vernos, y tú y Luna tampoco tenéis ya nada en común – dijo a Neville.

- Los cuatro seguís siendo amigos – Harry opinó. – Todo depende de cómo enfoquéis el viaje. Si es un viaje de amigos, todo irá bien, siempre y cuando no toquéis demasiado las narices a las chicas.

- ¿Qué quieres decir con eso? – Neville quiso saber, con cara de pocos amigos.

- Que aunque los cuatro vayáis de "singles", no hace falta que vosotros dos os pongáis a tontear con las isleñas delante de ellas dos; que los tíos podemos llegar a ser muy brutos y a veces pensamos con el amigo de abajo. Sed discretos y respetadlas; pasad unos días tranquilos y todo irá bien.

- Eso es cierto; a no ser que sean ellas quienes nos toquen las narices a nosotros – Ron objetó, a l defensiva. – Bien, hablaremos con Hermione y con Luna y si a ellas les parece bien, nos marcharemos los cuatro juntos. No tenemos porqué cambiar de planes; como tú bien has dicho, los cuatro seguimos siendo amigos.

Neville asintió, conforme.

- Disfrutad, chicos, y dejaos de malos rollos, aunque sea por unos pocos días – Harry deseó a ambos.

- Y tú, lo dicho: si de verdad la quieres, no ofendas a mi hermana de un modo irremediable llevando a la fiesta del Ministerio de Magia a otra de esas "amantes" florero con las que te has estado divirtiendo. Si es preciso, ve solo.

Harry sonrió, conciliador.

- Te lo prometo."

En esencia, esa había sido la conversación que los tres amigos habían mantenido la tarde anterior; y ahora su hermano Ron, Neville, Hermione y Luna, debían haber llegado ya a la Isla de Pascua, dispuestos a pasar un fin de semana atípico y de relax. Desde luego, atípico iba a ser, seguro – Ginny pensó, un poco preocupada por todos ellos. Esperaba que aquellas vacaciones no acabasen siendo una batalla campal; pero de su resultado ya se preocuparía en su momento, si fuera necesario.

De pronto, Ginny se puso en pie, alertada por lo que le pareció un extraño ruido a un lado de la casa. Quedó muy quieta, observando fijamente allí donde le había parecido que el ruido tenía su origen; pero pasados varios segundos, nada sucedió. La casa permanecía totalmente en silencio, así como sus alrededores.

Ella negó con la cabeza, sonriendo al pensar que, de nuevo, su cuerpo alterado debido a tanta hormona le había jugado una mala pasada.

Lo que la chica no fue capaz de distinguir fue a dos figuras que, rápidamente y en el mayor de los silencios, se apresuraron a esconder su presencia tras una gran hiedra que crecía, verde y exuberante, a un lado de la casa. Pasado el peligro, ambos retomaron el acecho a la joven Weasley, quien continuó ajena a su presencia.

Ginny retomó sus pensamientos sobre Harry; sonrió, divertida, al pensar en lo manipulador que el adorable moreno podía llegar a ser cuando le convenía, eso sí, siempre con buenas intenciones. Sus cuatro amigos se habían marchado pensando que habían forzado a Harry y a Ginny a mantener un encuentro para resolver sus problemas, cuando realmente era todo lo contrario. Pero si no hubiese sido así, ninguno de ellos habría aceptado marcharse sin ellos dos, ya que las relaciones entre los cuatro, en aquel momento, parecían ser pésimas; pensando que habían marchado obligados por las circunstancias, todo había resultado mucho más fácil. Como siempre, al final Harry había pensado más en los demás que en él mismo, aunque en esta ocasión su pequeño "secretillo" también los beneficiase a ella y a él.

~~O&o&O~~

Harry regresó a Godric´s Hollow bien entrada la mañana, inquieto, porque había previsto que todas las gestiones que tenía que hacer en Londres no durarían más de una hora, y sin embargo había pasado más de dos horas alejado de su hermosa pelirroja. Ella debía saber dónde estaba y que volvería pronto a casa, pero aún así, habría preferido poder comentárselo en persona, para quedarse más tranquilo.

Así que, nada más traspasar el umbral de la puerta, se quitó la corbata y la americana a todo correr, dejándolas caer sobre la primera silla que encontró en su camino, y se apresuró a localizar a Ginny; esperaba que ella no se hubiera marchado con cualquier pretexto, no sin él, al menos hasta que ambos estuvieran seguros de que iba a encontrarse bien para poder continuar haciendo vida normal.

- ¡Cariño! ¡Ya estoy en casa! – gritó para que su voz llegara hasta el último rincón.

Sin embargo, no obtuvo respuesta. Más nervioso por momentos, ya se disponía a subir las escaleras que le llevarían al piso superior para continuar buscándola, mientras se desabrochaba el botón del cuello de la camisa y los botones de las mangas, cuando la voz de su novia le llegó desde el jardín.

- ¡Estoy aquí! – ella respondió, contenta.

Las dos personas que habían estado vigilando a Ginny entre las sombras, se miraron la una a la otra, atónitos.

En cuatro zancadas, el joven se presentó en el jardín trasero de la casa, desde donde estaba seguro que provenía la voz. En efecto, Ginny le esperaba de pie, ante el precioso banco de madera que adornaba el jardín trasero de la casa, sonriéndole de oreja a oreja.

Ninguno de ambos se dio cuenta de que Arthur Weasley, aún oculto junto a su esposa tras la gran hiedra que trepaba por la pared derecha de la casa, tuvo el tiempo suficiente para agarrar de la mano a Molly con fuerza e impedirle que fuera al encuentro de su hija, como la mujer ya había anunciado entre susurros, y le cubrió la boca con la otra mano, ahogando un grito que habría logrado delatarles.

- Ya te dije que esto no era una buena idea – el Sr. Weasley reprendió a su esposa, musitando, e intentó tirar de ella para que ambos se marchasen, - Espiar no es de gente honrada, aunque sea a nuestra hija.

Pero la mujer le hizo un gesto brusco con la mano, haciéndole callar, mientras se soltaba del tirón.

Cuando los dos habían llegado a Godric´s Hollow en busca de su hija y habían llamado a la puerta, nadie les había abierto. Así que caminaron hacia el jardín posterior de la casa, pensando que Ginny estaría allí y no les habría oído tocar, y habían tenido razón. Pero la hallaron tan pensativa, tan serena, que el hecho de haber llegado a aquel lugar con intención de arrancarla de lo que, a primera vista, parecía una vida llena de relax y no de sufrimiento, como habían esperado encontrar, ya no parecía tan cabal. Así que se vieron obligados a ocultarse mientras tomaban una decisión definitiva sobre si mostrarse y cumplir su cometido, o marcharse discretamente sin hacerse notar. Y entre todo ello, llegó Harry, algo que, ni en sueños, ninguno de ambos había previsto. Ahora, los Weasley estaban atrapados en su propia trampa, temiendo que si hacían algún movimiento, se delatarían; y entonces sería muy difícil explicar por qué demonios se habían estado ocultando de sus hijos como vulgares ladrones.

- Harry… qué susto me has dado… - Ginny protestó, mimosa, mientras se abrazaba a su prometido con infinito placer.

El moreno la rodeó con sus brazos protectores, deleitándose con su contacto.

- Cuando me he despertado y no te he encontrado a mi lado, he creído que…

- Pero si te he dejado una nota diciéndote que iba al Ministerio de Magia – él hizo que lo mirase a los ojos y le mostró una sonrisa enamorada y divertida, encantado con lo infinitamente cariñosa que la habían vuelto las hormonas del embarazo. - ¿Y la rosa que había en mi almohada no significa nada?

- Claro que sí – ella lo besó dulcemente en la mejilla – Ha sido un detalle precioso.

- ¿Pero? – Harry alzó una ceja, suspicaz, intuyendo un reproche por el tono de su voz.

- Pero al leer tu nota, diciendo que te marchabas al Ministerio de Magia, he pensado que quizá ya hubieses aceptado el puesto que te ofreció el Ministerio de Magia Canadiense, antes de reconciliarnos, y he sentido temor. No hemos hablado de esto todavía, Harry… A mí no me gustaría que el bebé…

Al escuchar la palabra "bebé", la Sr. Weasley se tapó la boca con ambas manos de forma instintiva, ahogando ella misma un grito lleno de sorpresa y de emoción. El Sr. Weasley, que hasta el momento no había parado de dar tirones a su mujer para lograr que ambos se marchasen del hogar de Harry, parecía haberse convertido en piedra y no dejaba de mirar fijamente a su hija y al que siempre había sentido como otro de sus hijos, sin ser capaz de reaccionar. Ahora fueron ambos quienes pusieron más atención a la conversación, si cabe.

Harry estrechó a Ginny entre sus brazos con tanta ternura…

- Hace días que confirmé a Kingsley que acepto el puesto de Jefe del Departamento de Seguridad Mágica del Reino Unido – él afirmó tranquilamente, volviendo a sonreír.

- ¿Es eso cierto? – ella lo miró sin comprender, pues había temido todo lo contrario.

- Por supuesto; lo hice nada más volver a casa. En igualdad de condiciones de ambas propuestas, es cierto que me planteé marcharme del Reino Unido para alejarme de ti, Ginny; pero me di cuenta de que yo no sería yo mismo sin tener cerca todo aquello que me ha convertido en quien soy, y todo aquello a lo que amo. Mi vida está aquí, mis amigos están aquí, y mi familia también lo está, pues tus padres y tus hermanos, e incluso tú, me quisieras o no, sois mi familia. Así que decidí no huir de mi mismo; nunca se me ha dado bien huir – terminó con una amplia sonrisa.

Ella suspiró, llena de alivio.

- Después de nuestro último encuentro en Hope Avery, yo también me planteé marcharme para siempre – la chica confesó, recordando la dureza de las palabras con la que Harry la había tratado, y el inmenso dolor que había sentido por ello.

Por un momento, la alarma del chico se dibujó en su mirada; ella lo besó en la mejilla, conciliadora, e inmediatamente regresó al tema anterior que ambos estaban tratando.

- Me habría marchado contigo si hubieses elegido ir a Canadá - continuó; - pero prefiero que sigamos aquí, junto a los nuestros; que nuestro hijo crezca en su tierra, junto a su familia y sus costumbres, que sienta el orgullo de ser un mago o una bruja inglés.

Él asintió, completamente conforme.

Arthur y Molly creyeron que el corazón iba a estallarles por la emoción. Él se dejó caer sentado en el suelo, pues se sentía mareado; pero Molly continuó escuchando y observando a la pareja, ávida de información.

- Harry…

- Dime – él acarició la mejilla de la chica con un dedo, suavemente, mientras las esmeraldas de sus ojos se fijaban en los brillantes ojos de ella.

- Si no nos hubiésemos reencontrado de este modo, ¿habrías venido tú a buscarme para reconciliarnos?

Harry ensombreció su mirada, recuperando el semblante serio que le caracterizaba cuando se sentía preocupado, o responsable de velar por alguien querido.

- Sinceramente, Ginny, no lo habría hecho – declaró finalmente, con voz firme.

- ¿Por qué no? ¿Es que tan poco te importo?

Él la abrazó de un modo posesivo, molesto por aquellas palabras pronunciadas tan a la ligera.

- Lo que acabas de decir es totalmente injusto; me importas más que nada ni nadie en esta vida. Pero fuiste tú quien me alejó de tu lado, no lo olvides. Yo jamás he querido separarme de ti – a medida que hablaba, su voz fue adquiriendo un tono de dolor, que a su novia le rompió el corazón. - Poco podía hacer yo, si tú no me deseabas contigo. Si no me querías a tu lado, aunque hubiese pasado el resto de mi vida suplicándote que volvieras junto a mí, nada habría cambiado entre nosotros. ¿Tú lo habrías hecho? ¿Habrías venido en mi busca? – el tono de su voz contenía cierta ironía que a la joven pelirroja no pasó desapercibida.

- En el fondo ya lo estaba haciendo – ella reconoció finalmente. – Sentía que cada segundo que pasaba sin ti, era un segundo más de una eterna muerte en vida. Acompañé a Luna a casa de Neville, no sólo para ayudarla y apoyarla, sino con la esperanza de que él fuese capaz de darme alguna noticia sobre ti.

Él la observó con sorpresa.

- Oh, Harry, tuviste razón al marcharte - ella continuó. - Sentí tanto miedo, tanto… de que el único hombre al que amaré en mi vida me engañase… - no intentaba justificar lo que había hecho, sino de explicar cómo se había sentido.

- Olvidas algo: - Harry la tomó por la barbilla y clavó en sus ojos aquella impetuosa mirada de nuevo - tú eres la única mujer a la que ese hombre amará en su vida. Estáis en igualdad de condiciones. Y te lo he dicho millones de veces: yo no soy Dean.

- No, no lo eres – pegó la cabeza a su pecho, sintiéndose completamente a salvo.

- Te dije cosas realmente hirientes, y lo siento. Y he de reconocer algo también: a veces soy demasiado orgulloso. Cuando me siento herido, puedo llegar a ser muy capullo.

Ella rió, divertida, a lo que él respondió con una mueca molesta. Pero Ginny, inmediatamente buscó sus labios para depositar en ellos un dulce beso que lo desarmó por completo.

- ¿De verdad me habrías echado a patadas de aquí, señor ogro? – le acarició el rostro con ternura, enamorada.

- Era la única opción que me quedaba.

Ella lo miró con recelo.

– Si hubiese intentado usar las manos para echarte, habría acabado abrazándote y atándote a mí para siempre, quisieras tú o no, en vez de hacerlo – dijo alegremente, y le sonrió con ternura.- Te amo demasiado, Ginny Weasley.

- Tanto como yo te amo a ti: y nunca es demasiado – sintió que lo amaría siempre, más allá de la vida y de la muerte.

Ella volvió a acariciarle; él tomó la mano con la suya y la besó.

- Perdóname Harry…

- Ya hemos hablado de eso antes. No hay nada que perdonar, Ginny; todo está olvidado.

Él la cogió en brazos delicadamente y se sentó en el banco, con ella sobre su regazo.

- ¿Y qué tal están hoy la mamá más maravillosa y el bebé más deseado del mundo?

- Yo estoy bien – Ginny afirmó con un brillo especial en los ojos. - Pero el bebé es tan pequeñito, que aún no soy capaz de notarlo; aunque supongo que si yo estoy bien, él también lo está.

- Claro que sí – él depositó su mano derecha en el vientre de su novia, aún plano, con cuidado; - imagínatelo: calentito, bien alimentado, arrulladito por la voz de su mamá… debe sentirse en la gloria; yo lo estaría.

- Tonto… - ella dijo entre risas, encantada. – A pesar de haberte querido siempre, nunca imaginé que pudieses llegar a ser tan dulce y cariñoso.

- ¿Qué esperabas de mí, que fuera un cavernícola, bruto e incivilizado? ¿Esa es la imagen que doy? – él rezongó, con cara de reproche.

- En absoluto; eres el hombre más guapo, más sexy y más adorable del mundo – le acarició la incipiente barba, encantada.

- Vas por mal camino, princesa – Harry la incitó con voz sensual, para después comenzar a besarla en los labios suavemente. – Si quieres guerra, la vas a tener.

Llegados a este punto, Arthur no pudo aguantar más: se puso en pie rápidamente, arrancó a su esposa de la hiedra a la que la mujer se había agarrado con fuerza y alzó en brazos sin contemplaciones, armando un ruido monumental; y de este modo usó un traslador que siempre llevaba en el bolsillo de su chaqueta, a modo de pequeño guante raído, para emergencias.

Harry, alertado por el estruendo que los Sres. Weasley habían generado, sacó su varita y la apuntó hacia su origen, mientras corría hacia allí como alma que lleva el diablo. Pero al llegar junto a la hiedra, tan sólo pudo descubrir un montón de hojas verdes rotas y desparramadas por el suelo. Pensando que no había sido más que un pequeño animal que se había colado en el jardín y que, sin duda, había huido ya, regresó junto a su novia, mucho más tranquilo. Aún así, se apuntó mentalmente reforzar las defensas que siempre había establecidas entorno a la casa, para dejar entrar en ella tan sólo a la gente que sería bien recibida.

- No ha sido más que un roedor, o algún animal pequeño – él afirmó. - ¿Estás segura de que si me acompañas este sábado a la fiesta del Ministerio de Magia te encontrarás bien? – cambió de tema, preocupado, aún mirando de reojo hacia la hiedra.

- Claro que sí, mi vida: estoy embarazada, no enferma – ella sonrió, divertida. – Ese animalejo debía de llevar un buen rato ahí; hace tiempo que yo creía estarlo escuchando.

Todos los sentidos del auror se pusieron en guardia nuevamente, y decidió que, sin dilación, no sólo iba a comprobar las defensas de la casa, sino que iba a intensificarlas y a reforzarlas.

- Eso ya lo sé, pero también sé cuánto sueño sientes por las noches. Lo último que quiero es que te agotes, y eso repercuta en tu salud, o en la del bebé – dijo en cambio.

- No pasará nada, te lo aseguro.

Él la miró con duda, nada convencido.

- Además, ni en broma voy a permitir que asistas acompañado de otra de esas "rubias florero" de las que sueles rodearte – Ginny bromeó.

- Las rubias florero se han terminado, pelirroja perversa – él sonrió para sus adentros, recordando que Ron las había nombrado casi del mismo modo que ella.

Harry tomó la boca de Ginny al asalto y la besó apasionadamente, vengándose por la puya que ella le había lanzado.

- Y tú que lo digas – ella aseguró entre jadeos.

Asegurándola entre sus brazos, Harry se puso en pie y marchó dentro de la casa, con ideas sobre ambos muy interesantes en mente.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Y todo llega, sí señor...

Y por fin, ha llegado el momento de retomar este fic, que comencé con tanto cariño y que con el mismo cariño estoy continuando.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué un nuevo capítulo, y muchos de vosotros ni siquiera recordaréis de qué va la historia, pero hay una persona muy especial, noemed, que hace poco me ha dejado un review pidiendo la continuación de este relato. Y ha sido por ella que he dado prioridad a escribir este capítulo, en vez de actualizar algún otro de mis fics. Así que para ella, para noemed, va dedicado, con todo mi cariño. Espero que te guste.

¿Qué pasará en los próximos capítulos? En serio, no lo podéis ni imaginar. Pero os adelanto que estará relacionado con el viaje de los cuatro fantásticos a la Isla de Pascua y... con algo más :P

Ojalá continuéis junto a mí en esta andadura; no puedo imaginarla sin vosotros.

Gracias a todos.

Rose.