Capítulo 22 : Invitaciones sospechosas.

Cuando los cuatro amigos entraron _"¡Por fin!"_ en el hotel de Hanga Roa donde habían reservado dos habitaciones, Ron sintió un agradecimiento profundo hacia el gran "Make Make", dios hacedor del mundo, según la cultura rapanui, como Neville se había empeñado en explicarles, junto con muchísimos datos más sobre la isla, su flora, su fauna, sus habitantes y costumbres… Todos ellos datos muy interesantes; pero el chico llevaba lo que parecían días machacándoles con ellos sin descanso, entusiasmado como estaba por el viaje; cuando ellos, simplemente, habían ido allí para descansar y disfrutar de su maravilloso clima y de sus acogedores habitantes, para intentar olvidar todos los malos ratos que continuarían esperándoles a su regreso.

Así que el pelirrojo se apresuró a alcanzar el mostrador de recepción del hotel y a facilitar los nombres de los cuatro, con la esperanza de poder descansar en su habitación lo antes posible; o eso esperaba, pues Neville iba a ser su compañero de cuarto, y como le diese por seguir hablando, iba a volverle loco.

"Ojalá nos permitan visitar el volcán Terevaka; y el Paike, y el Rano Kau" – escuchó cómo Neville seguía con su inacabable cháchara. – "Por cierto, ¿sabéis que el Paike, inicialmente, formaba parte de una isla independiente y que las lavas del Terevaka anexionaron dicha isla a Rapa Nui?"- continuó el más alto, mientras sonreía al recepcionista del hotel con afabilidad. El hombre se había quedado mirando a Neville fijamente, con una mirada llena de sorpresa, mientras estrechaba la manaza que el chico le había ofrecido.

"Sin duda, está pensando que Nev es uno más de esos turistas pesados que creen saberlo todo de allá a donde van y que sin embargo, no tienen ni idea de lo que dicen, pues repiten frases y frases como papagayos después de haberlo leído en una de esas guías baratas que venden en cualquier lugar" – Ron se dijo para sí con resignación.

Sin embargo, el recepcionista no sólo continuó mirando a Neville de un modo extraño, sino que también se dedicó, poco después, a observar con excesiva curiosidad a sus tres acompañantes.

"Genial" – Ron continuó pensando, en silencio – "Aquí tenemos a otro loco excéntrico; ese tal Make Make los cría, y ellos se juntan" – no pudo dejar de sonreír, satisfecho por su ocurrencia.

A petición de Neville, el recepcionista le había dicho su nombre: "Ar-hik-hi", le había deletreado, cuando el joven se le había quedado mirando con los ojos como platos, anonadado. Según el hombre, su nombre no tenía nada que ver con el sustantivo "Ariki" antiguo, aseguró al todavía atónito Neville.

Una vez los chicos hubieron recogido la llave del que sería su cuarto durante aquel fin de semana, y las chicas habían hecho lo propio con la suya, con lo cual todos pudieron despedirse por fin del amable recepcionista, los cuatro caminaron hacia los ascensores del hotel. Mientras esperaban, Ron no pudo evitar preguntar a su amigo, para su propia incredulidad:

- ¿Qué demonios significa Ariki? – quiso saber, corroído por la curiosidad.

- Ariki es el nombre dado al rey de la isla Rapa Nui, desde que Hotu Motu´a, hacia el siglo IV, reclamó dicho título para sí, alegando descendencia directa de los dioses – Neville respondió, aún sorprendido por la charla mantenida con el recepcionista. – Hoy en día, ir por ahí auto nombrándose "Ariki", por mucho que ese lugareño haya llenado el nombre de haches que no se pronuncian y de guiones absurdos, es como ir diciendo que eres el último descendiente vivo de los dioses ancestrales de esta isla.

- ¿Y qué? – Ron objetó, sin lograr ver la importancia de todo ello, que Neville tanto le daba.

- Que ojalá fuera cierto, porque sin duda, un Ariki debería conocer a la perfección la cultura ancestral rapanui, que prácticamente se ha perdido en la historia y de la que quedan tantos y tantos misterios por resolver.

Por un momento, Ron guardó silencio, admirado y reflexivo.

- ¿Pero tú no eras profesor de Herbología? – preguntó por fin a su amigo, quien lo miró con diversión.

- Sí, pero siempre me han apasionado las grandes culturas ancestrales – Nev respondió, sonriente. – Es uno de mis "pequeños" defectos.

- Ya, tío. Bueno, déjate de culturas ancestrales de una vez, y disfrutemos de estas pequeñas vacaciones – Ron le increpó. – Pienso asarme en la playa como un cangrejo, admirar a los bellezones con los que me encuentre hasta perder los ojos, y coger la borrachera de mi vida – palmeó la espalda del más alto con complicidad, entusiasmado.

- Y no dudes de que yo te acompañaré, en todo menos en lo de la borrachera… o quizá también en eso – Neville le guiñó un ojo, a lo que ambos acabaron llenando el ascensor de carcajadas.

Mientras, Luna y Hermione los observaban con caras de desaprobación.

- Nos vemos esta tarde, chicas – Ron se despidió de ambas con un alegre gesto de la mano, cuando el ascensor hubo llegado a su destino.

Y los dos desaparecieron tras la puerta de su habitación.

Por un momento, ellas se quedaron mirando a la puerta llenas de indignación; sabían que no deberían sentirse enfadadas en ningún sentido, pues tanto ellas como ellos eran totalmente libres de hacer y decir lo que quisieran; pero en su fuero interno ardían de celos y de preocupación.

- ¿Qué era eso de "admirar a los bellezones con los que me encuentre hasta perder los ojos"? – Hermione imitó la voz de Ron, indignada.

- Mientras solo se trate de admirar… - Luna respondió con resignación. – En teoría, ellos son completamente solteros, al igual que nosotras.

- Ya lo sé; Ron puede hacer lo que le venga en gana con su vida – la castaña afirmó, rotunda – que yo voy a hacerlo también.

- ¿Por qué tanta preocupación por tu parte, entonces? – no fue una pregunta real, sino una irónica afirmación, a la que la otra respondió con un bufido de desdén. – Al menos yo reconozco que me equivoqué – Luna declaró con tristeza.

Y sin esperar respuesta alguna de su amiga, entró en la habitación que ambas iban a compartir. Por ello, no pudo darse cuenta de la mirada de angustia que la otra dedicó al vacío.

~~O&o&O~~

Mientras esto sucedía, Harry conducía su deportivo hacia La Madriguera, con Ginny como copiloto. El auror se mostraba silencioso y pensativo, mientras que ella se entretenía observando el paisaje.

- Cuando nazca el bebé, tendremos que cambiar este coche por un… un mono…

- Monovolumen – Harry terminó por la pelirroja, sin dejar de mirar a la carretera.

- Eso es; los he visto en la televisión muggle, y son mucho más adecuados para viajes familiares – ella afirmó, convencida. – Este cochazo es para solteros playboys como tú – le sacó la lengua con descaro.

- La señorita hoy está graciosilla… - Harry respondió con burla. – No hace falta – aseguró después; - podemos tener ambos, aunque sea sólo por gusto, ya que cuando tú des a luz al bebé, podrás volver a usar un traslador, y la red flu. Aunque tendremos que llevar al bebé en coche hasta que él mismo pueda aprender a usarlos también – reflexionó.

- ¿Podremos tener los dos? – ella lo miró con ojos como platos.

- Y tres, si quieres; aunque no veo la necesidad de tener tres – él respondió con sencillez, sin dejar de mostrarse atento a la carretera.

- ¿Tan rico eres? ¿En serio?

- Digamos que llevo años rentabilizando el dinero que mis padres me legaron.

- Yo no soy rentable, Harry Potter – ella declaró, mirándolo con dulzura.

A lo que Harry no pudo evitar desviar su mirada hacia ella por un segundo, enarcando una ceja.

- Me refiero al piso – ella se explicó. – Me lo has regalado, sin más, sin esperar nada a cambio. Eso no es nada rentable, auror – sabía que llamarle de aquel modo lo provocaba de un modo nada apto para la situación en que ambos se hallaban en aquel momento, pero aún así lo hizo, dejándose llevar por lo sexy que se le veía tras aquel volante muggle.

- Puedo asegurarte que tú eres lo más rentable en lo que he invertido jamás – él aseguró con picardía.

- En serio, Harry… Adoro ese piso, pero ¿qué vamos a hacer con él ahora?

- Legarlo a nuestro hijo o hija, por supuesto – él afirmó, adoptando un semblante solemne que a ella sorprendió por completo. – Para eso están los padres, ¿no? No pretendo decir que vaya a llenar a nuestro hijo de cosas materiales ni que vaya a malcriarle, o a sustituir con ello todo el cariño que yo le pueda dar como padre, sino… - intentó explicarse, al notar que ella parecía acongojarse.

Pero Ginny no le dejó continuar.

- Acabas de enterarte de que vas a ser padre, y ni siquiera lo esperabas, y ya estás pensando en el bien de nuestro hijo y en su futuro – ella se había emocionado con aquellas palabras pronunciadas por él tan tranquilamente.

- Si de mí depende, ningún hijo mío sufrirá la falta de cariño que yo sufrí. Tan sólo espero poder vivir el tiempo suficiente como para poder apoyarle en su camino por la vida, hasta que no me necesite – su voz era tan seria, tan solemne, que Ginny supo cuánto significaba para él aquello que estaba diciendo.

- Él siempre te necesitará, al igual que yo – lágrimas silenciosas se derramaban por el rostro de Ginny hacia su barbilla; se había emocionado. – Nunca me faltes, Harry, nunca.

- Lo mismo digo, pelirroja – él dijo, cambiando radicalmente el tono de su voz para animarla.

- Bueno, vamos a ver… ¿Llevas el ungüento ese que me pusiste en Hope Avery para las heridas? – él preguntó por sorpresa. – Lo voy a necesitar; en cuanto tus padres se enteren de que te he dejado embarazada, van a intentar asesinarme con todos los medios a su alcance – aseguró con voz alegre.

Ginny rió, divertida; y Harry sintió cómo su corazón se henchía de alegría por ello.

- ¿Tú crees? Victoire ya es muy mayor como para dejarse achuchar por ellos, así que están faltos del cariño de un bebé que les estire del pelo, les babee encima y ría con sus caras ridículas – ella aseguró, riendo.

- Hombre, visto así… igual hasta me libro por el momento – él respondió, aparentando sentirse una víctima desamparada de los Weasley al completo.

- Además, yo no he tenido nada que ver en el asunto, ¿no? – aparentó sentirse ofendida por su prometido, bromeando.

- Nada que ver, dice; cada vez que recuerdo aquella noche en que me acorralaste en el pasillo de la casa que Romilda nos dejó, cuando Ron estaba herido… ¡Merlín! ¡No me distraigas, perversa, que debo concentrarme en la carretera! – él gritó, sacudiendo el cuerpo como si nada más pensar en ello, sintiera escalofríos.

Las carcajadas de Ginny sonaron a gloria en sus oídos.

- Jamás pensé que sería tan feliz contigo – ella comentó cuando fue capaz de comenzar a calmarse.

- ¿Creíste que yo no te haría feliz?

- No; creí que tú jamás sentirías nada por mí, excepto una cómoda amistad.

- Claro… como yo no soy un descarado que va por los pasillos acosando a las mujeres hermosas… - él exageró la voz, provocando una nueva risa en su prometida.

- Ya basta, Harry; va a acabar doliéndome el estómago de tanto reír.

- Ah, no, eso no; no quiero que tus padres tengan un motivo más para matarme.

- ¡Harry! ¡Por favor! ¡Basta ya!

Si hubiese habido un suelo al que tirarse de la risa, Ginny no dudaba en que ya estaría revolcándose en él desde hacía mucho.

- Bueno, cálmate, princesa; ya hemos llegado – Harry anunció con una sonrisa, aunque su mirada era seria de nuevo.

- Todo saldrá bien, ya verás – ella le acarició el rostro con ternura.

- Lo sé.

Una vez Harry hubo aparcado el coche junto a La Madriguera, ambos se apearon de él y caminaron hacia la casa, cogidos por la cintura; no tuvieron oportunidad de llamar a la puerta, ya que esta se abrió sorpresivamente, y ante ellos se plantó Molly Weasley, esperándolos con una sonrisa de oreja a oreja. Ellos se miraron, sorprendidos, pero pronto olvidaron la extraña actitud de la mujer.

- ¡Hijos! – Molly gritó, mientras los abrazaba una y otra vez, llenándolos de besos.

- Molly, ¿está bien? – Harry no pudo evitar preguntar, comenzando a preocuparse.

- Estoy perfectamente, hijo; entrad, entrad, no os quedéis ahí.

Cogió a ambos por una mano y tiró de ellos hasta lograr que se sentasen en uno de los sofás de la sala de estar; ella se sentó junto a Arthur, que había permanecido acomodado en otro sofá, aparentando ojear El Profeta de forma distraída.

- Hola, papá – Ginny se levantó, alcanzó a su padre, y le besó en la mejilla, cariñosa.

- Ah; hola Ginny, ¿qué tal, Harry? No me había dado cuenta de que habíais llegado – el hombre respondió, tras besar también a su hija.

- Hola, Arthur – Harry le devolvió el saludo.

No sabía porqué, pero sentía que algo muy importante se le estaba perdiendo en aquella situación.

- ¿No os extraña vernos juntos? – Ginny les preguntó, sorprendida.

- Os fuisteis juntos de vacaciones, ¿no? – su padre respondió con sencillez.

Harry y Ginny se miraron de reojo, avergonzados.

- Arthur, Molly: Ginny y yo sabemos que Ron les ha contado todo lo sucedido entre nosotros desde entonces – Harry afirmó, mirando a ambos seriamente. - Y somos conscientes de que debería haber sido por nosotros como tendrían que haberse enterado, y no por él. Pero a pesar de querernos tanto como nos queremos, nuestros comienzos como pareja no han sido fáciles; debíamos resolver primero nuestra relación, antes de poder contar a nadie qué era lo que había exactamente entre ambos.

- ¿Y qué es lo que hay exactamente? – Arthur preguntó a su vez.

- Arthur, por favor, no seas tan duro con ellos – Molly increpó a su marido, nerviosa.

- Vamos a casarnos – Ginny dio la noticia, ilusionada, mirando a sus padres con un brillo especial en los ojos.

De pronto, Arthur miró a su hija y a su futuro yerno con ojos desorbitados, como si lo que acababa de escuchar le hubiese superado por completo; en su fuero interno sentía que tantas sorpresas en tan poco tiempo, y tan fuertes, eran más de lo que se veía capaz de soportar; aunque todas fuesen magníficas, como de hecho lo estaban siendo.

En cambio, Molly se abalanzó sobre su hija para enterrarla en un fuerte abrazo de madre.

- Déjame terminar, por favor – Ginny rogó a la mayor, y tomando la mano de Harry entre las suyas, continuó. – Y vais a ser abuelos – añadió sin más. – Perdonad que os hayamos dado ambas noticias de este modo, pero cuanto más nos hubiésemos perdido en explicaciones, más difícil nos habría resultado hacerlo.

En esta ocasión, Arthur permaneció absolutamente imperturbable, algo que logró que Harry se sintiese totalmente perdido. ¿Su futuro suegro, casi su padre, había mostrado tamaña sorpresa ante una noticia tan probable como lo era el próximo matrimonio entre la pareja, y en cambio se mostraba totalmente indiferente, como si no le afectase en absoluto, ante una bomba de la envergadura de un nuevo nieto en la familia? ¿Y de un modo tan precipitado? No era capaz de entender nada.

- Quiero que sepan que yo amo a su hija profundamente – afirmó, rotundo – y que lucharé por hacerla feliz durante el resto de mi vida.

- Y yo a él – Ginny se apresuró a añadir, enamorada.

- Eso ya lo sabemos – Arthur hizo un gesto de obviedad con la mano. - ¡Maldición y mil veces maldición! – soltó de pronto, dando rienda suelta a todos sus nervios contenidos. - ¡Sois una pareja de… de…! ¡Venid aquí los dos, que os abrace! – les ordenó, mientras se ponía en pie. - ¿Cómo habéis podido tenernos tan preocupados? ¡La última noticia que hemos tenido es que no queríais saber nada el uno del otro, pero en cambio él te había regalado un piso y tú te negabas a abandonar tu casa! ¿Es que os habíais vuelto locos?

- Lo siento de todo corazón, Arthur, ruego me perdone – Harry le pidió, compungido.

- La culpa ha sido toda mía – Ginny defendió a su prometido. – Hubo un mal entendido entre nosotros y yo le juzgué sin permitir que se explicase.

- También fue mía, porque no insistí lo suficiente en hacerlo y fui un orgulloso al echarla de mi vida sin contemplaciones.

- No vayáis a discutir ahora por ver quién tiene más culpa – Molly pidió a ambos entre risas.

- Pero un bebé… ¿tan pronto? ¿En serio vais a ser padres? – Arthur les pidió explicaciones, todavía sin acabar de creerlo.

- Por fin alguien se preocupa con sentido común – a Harry se le escapó sin querer, en voz baja.

Arthur y Molly le oyeron perfectamente, pero ambos disimularon para no tener que revelar su pequeño secreto al respecto.

- No estaba planeado, aunque tampoco hemos intentado evitarlo; pero no podríamos estar más felices con la noticia – Harry confirmó, entusiasmado.

- Un pequeño Potter – Ginny fantaseó, encantada. - ¿Te imaginas? – dijo a su madre, sonriente.

- Pero antes del pequeño Potter, me gustaría que llegase la Sra. Potter – Harry dejó claro, abrazando a su prometida por la cintura.

- Por supuesto; esa boda ha de celebrarse ya. ¡Pero ya! – Molly declaró, ya totalmente metida en el papel de "madrina".

- Yo soy de la misma opinión que usted; preferiría presentar a Ginny como mi esposa, ahora que mi nombramiento como Director del Departamento de Seguridad Mágica es inminente; no por la imagen que ambos debemos dar de cara al público en general, que no me importa en absoluto, sino porque ella ha sido novia de Dean durante mucho tiempo y yo jamás he tenido una pareja estable hasta ahora; y quiero evitar en la medida de lo posible que la prensa nos juzgue. Hagamos las cosas "bien" – Harry propuso.

- Jovencito, si tienes más noticias que darnos, hazlo de una vez, por lo que más quieras; no vayas soltando bombas una a una, si no quieres que me de un telele, o algo peor – Arthur le pidió, con los ojos aún como platos por la nueva sorpresa recibida.

- Es verdad… prácticamente nadie sabe todavía que yo voy a sustituir a Kingsley cuando este se convierta en el nuevo Ministro de Magia – el moreno se disculpó, con una media sonrisa.

- Bueno, al menos que Kingsley va a convertirse en el nuevo Ministro de Magia sí lo sabía. ¿Puedo considerarme a salvo ya? – preguntó a la pareja, bromeando.

- Le doy mi palabra – Harry afirmó, aún sonriente.

- ¿Y el equipo de quidditch, Ginny? ¿Qué vas a hacer con él? Durante tu embarazo no podrás practicar ese deporte, así que, al menos, este año deberás perderte la liga – su madre reflexionó.

- ¡El quidditch! – Ginny gritó, cayendo en la cuenta de que se había olvidado del tema por completo; nadie del equipo, ni siquiera su entrenador, conocía nada de todo lo sucedido. - ¡El entrenador va a querer matarme! – se le escapó, preocupada.

- Que lo intente, si se atreve – Harry añadió inmediatamente después, poniéndose a la defensiva.

- Eres un cielo, cariño; pero en serio, este año no iba a haber una buscadora titular, excepto yo; ya estaba pactado así. ¿Qué voy a hacer?

- En serio te lo digo; como ese bestia se atreva a darte un disgusto siquiera, se las tendrá que ver conmigo – él insistió, furioso con tan sólo imaginarlo.

- Vas a tener que hacerte a la idea de que estoy embarazada, no enferma – Ginny le acarició la mejilla con una sonrisa – y que puedo arreglármelas sola perfectamente.

- ¿Y quién ha dicho que lo estés? Pero no veo qué hay de malo en que yo te acompañe cuando vayas a "hablar amistosamente" con ese hombre, y así aproveches para presentar a tu prometido – él rezongó con insistencia.

- Me seguirás de todos modos, si te pido que te quedes en casa, ¿verdad?

- Bueno… estoy de vacaciones; no sé a dónde me apetecerá ir de paseo – él respondió con fingida inocencia. – Quizá nos acabemos encontrando por causalidad, o quizá no.

- Ya… - ella suspiró, derrotada.

A lo que sus padres rieron.

- Pero mejor ve el lunes; este fin de semana es para nosotros dos – Harry dejó bien claro. – No voy a permitir que nada enturbie nuestro primer fin de semana en familia.

- Excepto el baile del Ministerio de Magia que se celebrará manaña – Arthur recordó a ambos. - ¿Iréis juntos?

- ¡Por supuesto! – Harry alzó la voz, sintiéndose ofendido por la duda.

- Pues preparaos, porque los periodistas que asistirán a él en calidad de informadores, no os van a dar tregua a partir de entonces. Siento decirlo, pero hagáis lo que hagáis, ninguno de los dos evitaréis ser juzgados por ello; sois personajes públicos; asumidlo.

- ¿Tú estás preparada para eso, mi vida? – el moreno preguntó a Ginny, preocupado. – Podemos dejar el asunto para más adelante, si va a causarte malestar, o al bebé.

- Que estoy embarazada, cabezota, no enferma – Ginny dijo una vez más, sonriente. – Al principio creí que tú habías inventado el dichoso baile para tener una excusa que ofrecer a mi hermano y a los demás con la intención de quedarnos. Y ha resultado que era cierto.

- Tenía intención de no asistir; por eso no te lo había contado. Pero Kingsley no para de insistir en que no me lo puedo perder bajo ningún concepto; por eso temo que va a aprovecharlo para anunciar también mi nombramiento. Pero volviendo a lo que nos ocupa; la presión de los medios de comunicación puede resultar siendo muy agobiante; deberías saberlo – Harry objetó, molesto; - dímelo a mí.

- En serio, cariño, no habrá problema con el baile – ella le aseguró, conciliadora.

A lo que Harry acabó asintiendo, no demasiado convencido.

- Hijo… entonces has sido tú a quien se le ha ocurrido esa locura de que Hermione y Ron, Luna y Neville viajen juntos de vacaciones… - Arthur dijo, preocupado.

- En un principio no; la idea de que viajásemos los seis juntos fue de ellos y he de confesar que a mí no me gustó en absoluto; pero al darme cuenta de que Ginny y yo no íbamos a poder acompañarles, pensé que es tan buen momento como cualquier otro para que todos tomen de una vez una decisión – él explicó.

- ¿Y crees que realmente va a servir para algo? Yo no estoy muy convencido de ello…

- Yo creo que, al menos, servirá para que, o bien las dos parejas vuelven a estar juntas para siempre, o se rompen definitivamente. Creo que ese viaje va a sacar lo mejor de todos ellos, y también lo peor; como nos sucedió a Ginny y a mí en Hope Avery; la convivencia es lo que tiene.

- Ojalá tengas razón – Molly deseó.

Un par de horas después, cuando Harry y Ginny se hubieron marchado de La Madriguera y los Sres. Weasley los hubieron despedido desde la puerta, Molly comentó a su esposo:

- Haría cualquier cosa por ella; la quiere de veras – afirmó, refiriéndose a Harry.

- Bueno… siempre la ha querido. Nuestra hija era la única que se empeñaba en no darse cuenta de ello – Arthur respondió, reflexivo.

- ¿Has visto los ojos de Ginny al hablar de él, o simplemente al mirarlo? Es la felicidad personificada.

- Apuesto a lo que quieras que esa mirada va a durar toda su vida, al igual que la de él para con ella.

- Pero si tú jamás apuestas, Sr. Weasley – Molly lo observó, sorprendida.

- Esta es una apuesta ganada, querida – él respondió alegremente, tras lo que besó a su mujer y entró en la casa.

Su esposa lo siguió, satisfecha, cerrando la puerta tras ella.

~~O&o&O~~

A muchos kilómetros de La Madriguera, Ron y Neville dejaban transcurrir la tarde sentados en la barra del bar del hotel, disfrutando de una bebida fresca, mientras esperaban a Luna y Hermione, pues habían quedado con ellas en aquel lugar para comenzar la visita turística por la isla.

- Haberlos, haylos; pero me parece que pocos vas a ver tú, si te empeñas en no apartar la mirada de la puerta por donde tiene que llegar Hermione – Neville dijo a su amigo con una sonrisa.

- ¿Pocos qué? – el pelirrojo quiso saber, molesto.

- Bellezones, por supuesto. ¿No estabas dispuesto a largarte detrás de todas las faldas bonitas que vieras?

- ¿Y tú qué, calzonazos? – Ron replicó, clavando en el otro una mirada de acusación.

- Bueno… al menos, yo sí los veo, aunque no desee perderme en sus faldas – Neville sonrió abiertamente.

- No me digas que no te jode que Luna esté aquí, soltera y sin compromiso, pudiendo caer en brazos del primero que pase.

Neville le dirigió una mirada dolida – "Del primero que pase; ese ya pasó" – recordó para sí, mientras una punzada de dolor recorría su pecho. Ella el había jurado que ningún otro iba a volver a "pasar", ¿pero cómo creerla?

- No voy a permitir que ella me amargue la existencia – prometió a su amigo, decidido – ni aquí ni en ningún lado. – Que haga con su vida lo que quiera, que yo haré con la mía lo que crea conveniente.

- ¿Ya no la quieres, entonces?

- La quiero como un gilipollas, Ron; pero eso no tiene nada que ver con lo que te estoy diciendo.

- Te entiendo… Hermione tampoco merece que yo esté sufriendo por ella.

- No, no me has entendido; que tú sufras por Hermione, o que yo sufra por Luna, ninguno de ambos vamos a poder evitarlo, estén ellas aquí, con nosotros, o a medio mundo de distancia. Lo que digo es que no van a ser ellas, con su actitud, las que logren que lo hagamos, tan sólo porque se les antoje y cuando se lo propongan. Hemos venido a disfrutar, pues sencillamente, hagámoslo.

- ¿Y eso cómo se consigue? – Ron quiso saber, con voz lastimera.

- Búscate la vida, señorito – Neville le palmeó la espalda, jovial.

- ¿Otra vez con ese rollo de los mosqueteros?

- ¿Y qué tiene de malo? Ojalá Harry estuviera aquí, con nosotros – Neville deseó.

- ¿Para qué? ¿Para que nos quite a todas las tías? – Ron rezongó. – Lo que tiene que hacer ahora, es dejar las cosas claras con mi hermana de una vez por todas.

- Bueno… ya que él no está, a ver si te las ligas a todas, tanto que hablas.

Los dos comenzaron a reír; mientras, un peculiar camarero se acercó a ellos.

- ¿Otra copita? – les ofreció, solícito.

Al levantar la vista para decirle que no querían nada más por el momento, Neville quedó sorprendido: el nuevo camarero y el recepcionista del hotel, eran una misma persona.

- ¿Usted aquí? – preguntó al hombre, mostrando su sorpresa.

- Aquí, allí… ¿qué más da donde me lleve el viento?

- ¿El viento o la curiosidad? ¿Estaba escuchando nuestra conversación? – Ron le acusó, suspicaz, recordando cómo les había observado a su llegada al hotel.

- Mi curiosidad ya ha sido satisfecha – el hombre afirmó enigmáticamente. – Mi intención era invitarles a una fiesta que el hotel organizará mañana por la noche en la playa principal de la ciudad. Todos los huéspedes del hotel han sido invitados, de hecho – sonrió con sencillez.

- ¿Y ha de disfrazarse de camarero para eso? – el pelirrojo insistió en su hostilidad.

- Yo jamás uso disfraces; pido lo que necesito para obtener lo que quiero – aquel lugareño, de pasado aborigen sin duda, respondió, lleno de orgullo.

- ¿Pero por qué tanta curiosidad con nosotros? ¿Qué le hemos hecho para que nos observe de un modo tan sospechoso? ¿Acaso observa así a todos los huéspedes del hotel? – Ron contraatacó del mismo modo, comenzando a sentirse irritado.

- Puede apostar a que no; la invitación queda en pie; espero hallarles a los cuatro mañana por la noche en la playa; hasta entonces, no necesitan verme más – aquel extraño hombre sentenció, nuevamente sin dar explicaciones a sus extrañas palabras.

A continuación, rellenó las copas de ambos de aquello que habían estado bebiendo y se marchó.

- Yo alucino con este tío – Ron dijo.

- Y yo; no sé porqué, pero ese hombre no es lo que parece – Neville afirmó, pensativo.

- ¿Y qué es lo que parece, sino un loco escapado de un manicomio?

- Da igual – el otro negó con la cabeza; acababa de ver entrar a Luna y a Hermione por la puerta del bar.

- ¿Qué, preciosas? ¿Preparadas para una relajante, hermosa e interesante visita por la isla? – les preguntó, una vez se hubieron reunido con ellos en la barra.

- Por supuesto – Hermione asintió, entusiasmada.

- Pues prepárense, señoritas, porque esta tarde van a disfrutar de una visita guiada que no podrán olvidar. – les aseguró. - ¿Qué vemos primero, los moais de la costa o el museo?

- Prefiero pasar la tarde al aire libre – Luna opinó; - todavía me siento algo indispuesta por el viaje.

- Hecho; hacia los moais, entonces – él aceptó.

Y los cuatro se marcharon a comenzar su excursión por la isla.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Antes de nada, quiero enviar un fuerte abrazo y todo mi agradecimiento a eagle-edge619, noemed, zafiro potter, Gelygirl, jazmin amarilla, ricitos de menta y pottermaniaco por los reviews tan amables que me dejaron al capítulo anterior, y por seguir el fic contra viento y marea con una paciencia infinita, tarde lo que tarde en actualizar. Gente como vosotros es la que me hace sentir querida y me anima a continuar. Creo que no respondí la mayoría de esos reviews porque cuando actualicé andaba muy corta de tiempo, así que os ruego que me perdonéis; podéis estar seguros de que los recibí con muchísima ilusión. Prometo responder rápidamente los siguientes, si os apetece dejarlos.

También quiero agradecer de todo corazón a aquellos lectores que han ido añadiendo este fic a sus favoritos a lo largo del tiempo, por la muestra de apoyo que me han dado al hacerlo.

MUY IMPORTANTE: No he leído lo suficiente (por falta de tiempo, en absoluto por falta de interés) sobre la historia, cultura, leyendas, topografía, flora y fauna, etc. de la Isla de Pascua, aunque durante toda mi vida ha llamado poderosamente mi atención, como para saber bien de lo que estoy hablando. Por ello, si algún habitante de esa isla sigue el fic, o algún ciudadano de Chile ha leído este capítulo (y los siguientes que vendrán) y se siente ofendido por algo que he escrito sin mala intención, o por el trato que he dado a alguna deidad, figura histórica o lugar, ruego se ponga en contacto conmigo y me explique en qué me he equivocado, para que yo pueda rectificar. Os juro que no tengo ánimo de ofender a nadie, muy al contrario, que yo nombre la Isla de Pascua en concreto en este fic, no hace más que mostrar mi profunda admiración por ella.

Sobre este capítulo tengo muy poco que decir, excepto que los acontecimientos más importantes del momento sucederán durante la noche siguiente, de un modo que no podéis imaginar (os lo garantizo, pues no he dado suficientes pistas para ello); serán muy importantes, y darán pie a que todos los problemas pendientes de resolver entre las parejas se solucionen, con un final u otro. Aunque el fic continuará durante unos capítulos más, pues me gustaría describir al menos los primeros meses de vida en común de Harry y Ginny, el nacimiento de su primer bebé, su crecimiento...

Pues nada, ahí queda eso.

Un abrazo muy fuerte a todos y hasta pronto, espero.

Rose.