Capítulo 23 : Acecho en la noche.
Tras la suculenta y agradable cena que los cuatro amigos habían disfrutado en el restaurante del hotel de Hanga Roa, cada cual regresó a su habitación con la intención de cambiarse de ropa para salir de fiesta aquella misma noche.
Luna intentaba, frente al espejo del baño, colocarse unos extravagantes pendientes en forma de luna creciente, muy en su estilo, que le estaban dando bastantes problemas. Mientras, Hermione terminaba de arreglar su largo y castaño cabello en un recogido acorde con el vestido de noche que había elegido.
- Yo no quiero salir – Luna negó, dándose por vencida y lanzando ambos pendientes lejos de ella, nerviosa. – Creí que sería capaz de aguantar todo esto por reconquistarle; pero la situación me supera. ¿Has visto cómo Neville ha pasado la tarde rodeado de chicas que se morían por escucharle narrar la historia de la isla y sus curiosidades? ¡Allá a donde iba, no pasaban ni cinco minutos sin que estuviese rodeado de mosquitas muertas de bellos ojos y cuerpos de infarto! ¡Y él se ha manejado como pez en el agua con todas ellas!
- Bueno, eso es lo que tiene ser un profesor tan culto y tan en forma a la vez, con esa sonrisa bonachona y amable que conmueve hasta las piedras – Hermione respondió con una sonrisa.
- ¿Tú también? – su amiga le reprochó con enfado.
- Oh, no. Reconozco que Neville posee muchas de esas cualidades que encandilan a las mujeres, pero yo no soy una de las que se deja deslumbrar por ellas. Además, lo conozco desde siempre y jamás me he fijado en otro que no fuera… - negó con la cabeza, molesta consigo misma.
- Que no fuera Ron – Luna terminó por ella, alcanzándola y sentándose en la cama, a espaldas de su amiga. – Hermione, ¿por qué no eres capaz de reconocer que le sigues queriendo? ¿Por qué te empeñas en mantener esa indiferencia hacia él tan artificial?
- ¿Tú crees que me he comportado con él de forma artificial? – la castaña se giró a mirar a su amiga, alarmada. - ¿Crees que él lo habrá notado?
- No; no creo que él lo haya notado; más bien pienso que te está creyendo a pies juntillas; no te extrañe que actúe en consecuencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que se nota a la legua que aún se muere por ti; pero también es evidente que está comenzando a cansarse de tu rechazo e indiferencia, y no con la boca pequeña. Yo no sé cómo es él en ese sentido, Hermione, pero nadie podría reprocharle nada en absoluto si decide aprovechar el tiempo que pase aquí, si se da la oportunidad – la rubia argumentó con tristeza. - ¿Es eso lo que quieres?
Luna esperaba una frase más de desdén, como la otra había tomado por costumbre pronunciar cuando Ron era el centro de una conversación; pero en cambio, la chica se dejó caer sentada a su lado y enterró la cara entre las manos.
- Lo que yo quiero es que nada de lo sucedido últimamente haya pasado; que vuelva el tiempo atrás y simplemente nos queramos, sin tener nada que echarnos en cara el uno al otro, sin malos momentos que recordar, sin amargura – se lamentó, entre sollozos.
- Si él es tu mayor prioridad en esta vida y tú eres la suya, no creo que nada de lo malo que hayáis vivido juntos tenga el poder de destruir vuestra unión. No ha existido nadie entre vosotros, como nos ha pasado a Neville y a mí; sí, dices que ha habido abandono, mentiras, malas decisiones y feas palabras. ¿Pero tan grave ha sido todo ello que no puede perdonarse?
- No se trata de que no pueda perdonarse, Luna, sino de que él y yo estamos condenados a repetirlo, una y otra vez, como un círculo vicioso del que ninguno de los dos somos capaces de salir – Hermione explicó, desolada.
- Quizá porque hasta ahora, no habéis hecho más que intentar salir de él cada uno por su lado. ¿Lo habéis intentado juntos? Si de verdad le quieres, sólo tienes que darlo todo, sin esperar nada a cambio. El tiempo todo lo pone en su lugar, si le damos la oportunidad de hacerlo; yo no se la di.
Hermione suspiró con tristeza.
- Sea como sea, debemos bajar, Luna; no podemos dejarles plantados; al menos para decirles que nos retiramos definitivamente a dormir – dijo, ya más serena.
- No encuentro de dónde continuar sacando fuerzas con las que luchar; no sé lo que esperaba exactamente al volver a su vida, pero jamás me planteé que esto fuera tan duro. Supongo que, en el fondo, siempre creí que él volvería a aceptarme en nombre del amor que nos tenemos.
- También querías algo a cambio, al darlo todo – Hermione sonrió con comprensión.
- Supongo que sí; el egoísmo puede mostrar muchas caras – sonrió también, resignada. – Tienes razón, bajemos; pero no te alejes mucho de mí, por favor. Necesito algo firme en lo que apoyarme.
- Lo mismo digo.
Minutos después, cuando ambas entraron en la discoteca del hotel, miraron por todos lados en busca de los dos chicos, pero o no habían llegado, o habían decidido finalmente darles plantón. Aunque esto último fue lo primero que se les pasó por la mente a las dos, inmediatamente desecharon la idea, pues conociéndoles como les conocían, sabían que ellos jamás las dejarían tiradas sin una explicación. Así que se sentaron en la barra del bar, y pidieron unas bebidas para ayudar a que el tiempo pasase mientras esperaban.
Al darse cuenta de que estaban solas, dos jóvenes que habían estado conversando sentados en la barra, se acercaron a ellas de un modo descarado.
- ¿Me acompañas a bailar? – un moreno de cara resultona y cuerpo escultural pidió a Luna, mientras la tomaba de la mano y tiraba de ella hasta lograr que se pusiese en pie.
Ella intentó negarse, pero parecía que él no iba a aceptar un no por respuesta, y no supo bien cómo, en un visto y no visto se encontró en medio de la pista con él, rodeada de gente que no paraba de bailar y que no les prestó ninguna atención.
Hermione intentó seguirla para rescatarla de aquel improvisado pretendiente, cuando el otro joven, un rubio cuya arrogancia de su rostro y de sus palabras firmaba cheques que su cuerpo no era capaz de pagar, se sentó junto a ella y comenzó a darle conversación, impidiéndole marcharse, por educación.
El moreno comenzó a bailar al ritmo de aquella música rápida y pegadiza, mientras cogía ambas manos de Luna y las movía a su ritmo, incitándola a acompañarlo. Al principio, ella se decidió a acompañarle, contagiada de aquella alegre melodía, y empezó a bailar y a bailar, entre risas divertidas. Pero pronto la música dio un giro radical, y una profunda balada sustituyó a la alegre música de antes. Sin pensarlo, el chico la tomó por la cintura y la pegó a su cuerpo, moviéndose lentamente y mirándola a los ojos de un modo que a ella no gustó en absoluto. Intentó soltarse de las garras del que, de pronto, parecía haberse convertido en un pulpo de mil tentáculos; pero la fuerza de él era tan intensa, y ella no podía usar más que su propia fuerza – ya que si empleaba la varita para deshacerse de él se delataría ante montones de muggles, - que no era capaz de soltarse, pues cuanto más se revolvía para hacerlo, él con más fuerza la sujetaba. Estaba apunto de estallar en lágrimas de desesperación y de comenzar a gritar en busca de ayuda, cuando una mano fuerte tomó al chico por un hombro, obligándole a girarse hacia quien le había interrumpido; mientras, la soltaba por la sorpresa.
- ¿Me permites? – Neville pidió al moreno, traspasándole con una mirada tan amenazadora, que a pesar del cultivado cuerpo de gimnasio que poseía, y de ser mucho más fornido que él, aunque no más alto, el chico, tras pensarlo por un segundo, no se atrevió a contradecirle.
- Cómo no – hizo un gesto con la mano, indicándole que el camino era todo suyo.
Y tras dedicar a Luna una última mirada de desprecio, se marchó.
Neville tomó a Luna por la cintura suavemente y la atrajo hacia su cuerpo sin dejar de mirarla fijamente a los ojos, comenzando a guiarla al ritmo de la música; la mantuvo abrazada, observando su mirada en todo momento. Luna tan sólo se dejó llevar, sintiendo que había alcanzado el cielo después de haber creído que caería en el infierno sin remedio, y no pudo apartar su propia mirada de aquellos ojos que tanto amaba.
Al terminar la balada, Neville la liberó, y aún con su mirada fija en ella, pero esta vez llena de reproche y de dolor, le preguntó:
- ¿Por qué tuviste que hacerlo? ¿Por qué?
Luna supo que aquello no era una pregunta que necesitaba una respuesta; sino un profundo lamento.
Y tal como había llegado, Neville la abandonó.
Luna vio cómo se reunía con Ron junto a la barra, y no tuvo más remedio que seguirle. Al mirar de nuevo, se dio cuenta de que Hermione estaba viviendo una situación parecida a la que ella se había visto arrastrada sin quererlo; aunque su pretendiente parecía menos pulpo y más insistente con sus palabras. Sin poder creer que Ron no hubiese hecho nada para ayudarla, tal y como había hecho Neville con ella, se vio en la obligación de rescatar a su amiga; así que, ni corta ni perezosa se interpuso entre el chico y la castaña, la tomó de la mano, y despidiéndose del otro con un saludo de su mano libre, simplemente se la llevó, antes de que las cosas pudiesen pasar a peor. Hubiese querido no tener que reunirse con Neville y con Ron, pero no tuvo más remedio, y pronto las dos se vieron acompañadas por los dos hombres que hacían tambalearse todo su mundo con su sola presencia.
- Hoy hemos hecho una visita intensiva a la isla – Neville comentó como quien no quiere la cosa. – Quizá mañana cada cual debería aprovechar para hacer aquí lo que más le apetezca – añadió después. ¿Qué os parece? Podemos quedar para comer y para cenar, y el resto del tiempo, cada uno que lo emplee como mejor le parezca.
Luna y Hermione lo miraron con ojos desorbitados. ¿No habían decidido hacer juntos aquel viaje? ¿A qué separarse, de pronto? Pero no se atrevieron a poner pegas a la propuesta, con la secreta esperanza de que Ron lo hiciera por ellas.
- Me parece una idea genial – en cambio el pelirrojo se sumó a ella. - ¿No me habías dicho que no te gustaría marcharte sin haber buceado en esta aguas? – preguntó al otro.
- Es cierto – Neville le respondió, con una sonrisa.
- Pues hagámoslo juntos; a ellas dos no les gustan esa cosas, así que pueden tomar el sol en la playa, ir de tiendas, o lo que quieran – insistió.
- Me parece una idea perfecta – Neville aceptó. - Bueno, chicas, creo que hoy ya es demasiado tarde para mí; todavía me siento cansado del viaje. Nos vemos mañana en la comida, si os parece – se disculpó.
- Yo me voy contigo; también estoy hecho polvo – Ron se sumó a su amigo. – Buenas noches, chicas; hasta mañana.
Y los dos se marcharon a su habitación, dejándolas con un palmo de narices.
Sin darse cuenta, Hermione y Luna se tomaron de la mano, sintiendo que aquello, realmente, se había terminado, sin más oportunidades, sin vuelta atrás, sin nada: fin. Jamás ninguna de ellas hubiese podido pensar que el mundo se les vendría encima del modo devastador en que lo hizo.
~~O&o&O~~
El sábado transcurrió casi en su totalidad con los chicos por un lado y las chicas por otro, apenas sin verse excepto durante una comida en la que tan sólo ellos hablaron, contando anécdotas de su aventura submarina, entusiasmados. Ellas se limitaron a escuchar amablemente, casi en silencio, y cuando ellos les preguntaron qué habían estado haciendo durante toda la mañana, tan sólo pudieron responder que habían ido a visitar tiendas, en busca de un souvenir que llevar de recuerdo a Harry y a Ginny; aunque aquello era totalmente falso; ambas habían dejado pasar la mañana encerradas en su habitación, soportando como mejor podían las infinitas réplicas del arrasador terremoto sentimental que las había sacudido la noche anterior.
Por iniciativa de ellos, los cuatro acordaron tomarse una siesta reparadora y reunirse de nuevo para la cena de despedida que había preparado el hotel, tras lo cual transcurriría la fiesta que el extraño recepcionista reconvertido a barman les había anunciado, y a la que, según él, no podían faltar.
Sobre las ocho de la tarde, Neville, Ron, Luna y Hermione se reunieron tal y como habían acordado; los dos chicos parecían enormes muñecos de cuerda a los que algún relojero había pasado de rosca con el fin de que se divirtiesen, pues no paraban de hablar, de reír y de disfrutar de todo a su alrededor; ellas intentaron contagiarse de su entusiasmo, sin demasiado éxito. La cena comenzó para todos los huéspedes del hotel, sentados en mesas redondas y charlando animadamente. Pasado un rato, Luna y Hermione hubieron de admitir que aquella velada era un punto y final bastante agradable a un viaje que, de haber sabido lo que iba a suceder, quizá jamás hubiesen comenzado.
~~O&o&O~~
A miles de kilómetros de allí, Harry y Ginny estaban terminando de vestirse de etiqueta, para la cena y el posterior baile que, aquella misma noche, iba a celebrarse en el Ministerio de Magia, concretamente en el octavo piso, el Atrio, reconvertido a salón de gala por una sola noche.
Harry justo había terminado de arreglarse la corbata del traje frente al gran espejo de su habitación –ahora la de ambos -, cuando Ginny entró en el cuarto, caminando con cara de fastidio. Mientras él se giraba para coger la chaqueta que había dejado cuidadosamente encima de la cama, su mirada se encontró de lleno con la figura de la chica, quien caminaba a su encuentro.
- Merlín todopoderoso… - el moreno acompañó la frase de un fuerte silbido de admiración, mientras recorría con la mirada a su prometida de arriba abajo. – Estás…
- Gorda – ella terminó por él, con fastidio.
- Yo no iba a emplear esa palabra, precisamente; más bien diría que tienes una figura deslumbrante, con una delantera contundente que ese vestido sabe insinuar a la perfección - sonrió. - ¿Es necesario que te lo pongas? – aquella pregunta sonaba a súplica, más bien.
Ginny lo miró con los ojos como platos.
- No lo tomes a mal, princesa, pero es que si vas al baile del Ministerio de Magia con ese vestido, me voy a pasar la noche apartando moscones. Estás… espectacular - la alabó, totalmente fascinado.
- ¿Pero qué dices? Los pechos me han engordado como globos debido al embarazo. ¿No los tengo demasiado grandes? – ella comenzó a observarse el escote desde distintos flancos, frente al espejo.
- Para mí, no – él negó, rotundo.
- ¿Para quién van a ser, sino para ti? – Ginny refunfuñó.
- Pues entonces, quítate ese vestido – él la abrazó por la cintura, adulador, mientras besaba su cuello a modo de provocación.
- Todos los vestidos de noche que tengo son de este tipo, Harry, yo antes no tenía tanta delantera – se lamentó.
- Bendito embarazo – él lo alabó, sonriente.
- ¿En serio lo dices? – la sorpresa de la pelirroja no alcanzaba límite. - ¿Eso quiere decir que antes yo no te gustaba?
- ¿Por qué te he estado esperando durante diez años, entonces, y lo habría hecho durante toda la vida? – él mantuvo su sonrisa, divertido. - Bueno, pues nada, a apartar moscones se ha dicho – se resignó.
A lo que Ginny rió, divertida.
- ¿De verdad piensas que este escote no me hace fea? Tú te enamoraste de la otra Ginny, no de esta.
Él continuó abrazándola, cariñoso.
- Ginny tan sólo hay una, mi vida, la mujer a la que amo. Te juro que estoy encantadísimo con lo que veo – afirmó con picardía.
- Hombre tenías que ser…
- Y tú, la mujer más hermosa del mundo. ¿Qué problema hay en ello?
Al escuchar aquellas palabras, Ginny se giró en sus brazos, para besarlo, enamorada.
- ¿Eres consciente de cuánto te quiero, Harry James Potter? – lo besó una vez más.
- ¿Y tú eres consciente de cuánto te quiero yo? – él respondió, pegándola aún más a su cuerpo.
- Algo me había parecido, sí – frotó su nariz respingona con la de él, con una sonrisa cariñosa. – Me muero por convertirme en la Sra. Potter.
- Eso pronto llegará, princesa. Y entonces, yo me convertiré en el Sr. Weasley. ¿Qué pensará Arthur al respecto? – bromeó alegremente.
Ginny rompió a reír de nuevo, sin poder evitarlo.
- Anda, marchémonos ya, que eres un peligro – ella pidió, todavía entre risas.
Pero antes de permitir que él la soltara, susurró a su oído:
- Sabes que vas a ser el hombre más guapo y atractivo de la noche; como se te ocurra mirar siquiera a otra que no sea yo, te vas a enterar – afirmó, con voz insinuante.
- ¿Eso es una amenaza, Sra. Potter? – él la besó de nuevo, provocador.
- Es una advertencia.
Él soltó una sonora carcajada, al darse cuenta de que ella, totalmente a propósito, acababa de repetir la frase con la que él intentó echarla de su vida definitivamente, en Hope Avery.
- Debería de estar loco para no pasar la noche admirándote, y el día siguiente, y el resto de mi vida… Te amo, Ginevra Molly Weasley.
Ella no pudo responder; últimamente no paraba de emocionarse con cualquier muestra de amor que él le daba; jamás en su vida se había sentido tan sensible y tan vulnerable, y a la vez tan feliz.
~~O&o&O~~
Al llegar al Ministerio de Magia, Harry se encontró con que Kingsley se había "entusiasmado" con la fiesta por su ascenso, y se le había ido la lengua con respecto a él; así que ya todo el mundo que había llegado allí antes que Ginny y él, conocía la noticia del nombramiento del nuevo Jefe del Departamento de Seguridad Mágica.
Nada más entrar en el Atrio, todo fueron abrazos, palmadas en la espalda y felicitaciones para él, quien a pesar de todo, no soltó la mano de Ginny ni por un segundo siquiera. Ella se limitó a sonreír a todo aquel que se les acercaba, en un discreto segundo plano; aunque lo de discreto es un decir, porque a partir de entonces, todas las miradas de los hombres, y también de gran parte de las mujeres, corroídas por la envidia, convergieron en ella. Sorpresivamente, parecía que el verles llegar juntos y tomados de la mano, no había causado ninguna impresión, algo que Ginny agradeció en lo más profundo de su ser, aliviada, aunque le pareció sumamente raro.
La cena transcurrió de un modo alegre y distendido, donde tanto personal del Ministerio de Magia, como familiares e invitados, incluida la prensa, mantuvieron conversaciones amenas y relajadas, lo que permitió que todos disfrutasen totalmente de ella. Gran parte de los hombres sentados a la mesa cerca de Ginny, trataron de acaparar su atención durante toda la cena, dándole todo tipo de conversaciones, pensando que el prometido de la joven se hallaba ausente aquella noche; ella conversó con ellos amablemente, sin abandonar su cautivadora sonrisa. Y para su sorpresa, Harry no se mostró celoso en ningún momento; al contrario, parecía orgulloso de que su preciosa prometida fuese el centro de atención. Cuando la cena hubo terminado y la música comenzó a sonar, algunas parejas se acercaron tímidamente hasta la zona del Atrio que se había habilitado como pista de baile, y comenzaron a bailar. Ginny los contempló con una sonrisa.
- El Sr. Potter ha estado muy acertado al venir acompañado de una de sus mejores amigos, prácticamente familia – el periodista que había cenado a su lado comentó a Ginny con condescendencia. – No creo que en una ocasión tan importante como su nuevo nombramiento al frente del departamento más tenido en cuenta del Ministerio de Magia, hubiese sido correcto traer a cualquiera de las frívolas conquistas con las que nos tiene acostumbrados.
"Así que se trataba de eso" – Ginny pensó para sí, comenzando a entenderlo todo. – "Todos creen que yo he venido en plan "hermana", acostumbrados a la relación de familia que Harry mantiene con todos los Weasley, y por eso no nos han acosado a preguntas". "Está claro que todavía no se ha filtrado a la prensa la noticia de mi ruptura con Dean, y siguen creyendo que es con él con quien voy a casarme".
Harry, quien había escuchado el comentario por casualidad, durante uno de los pocos momentos en que nadie lo había abordado con su conversación, tomó a Ginny de la mano; ambos se miraron a los ojos, por un momento, y se entendieron sin palabras. Él asintió, conforme.
- ¿Me concedes este baile? – pidió a su hermosa acompañante, tirando suavemente de su mano para que se pusiese en pie, mientras sonreía al periodista con amabilidad.
- Por supuesto – ella aceptó, complacida. – Esta balada es ideal para mi estado – añadió con sencillez.
- Estoy totalmente de acuerdo, princesa; aprovechémosla. ¿Nos disculpa? – pidió al hombre que había intentado conversar con ella.
Lo que acababa de presenciar fue más de lo que el periodista podía asimilar en un solo segundo; sin saber muy bien qué demonios estaba pasando allí, aunque por cómo se habían mirado y cómo se habían hablado, y tocado, su sentido del olfato periodístico intuía que era algo importante, comenzó a observar todos y cada uno de los movimientos de la pareja, totalmente alerta.
Ginevra Weasley rodeó con sus brazos el cuello de Potter, él la tomó por la cintura y la acercó tanto a su cuerpo, que el mismísimo aire que los separaba había salido huyendo para no ahogarse; nada de postura "oficial" de baile, nada de protocolo; los dos habían comenzado a reír por algo que ella había comentado, no sabía qué, pues tan perplejo como estaba, se le había olvidado hacer valer toda la experiencia que sus años periodísticos le habían dado para leer los labios de la gente a distancia; jamás Potter había tratado con tanta familiaridad a ninguna de sus acompañantes, jamás las había abrazado en público ni cogido de la mano –ahora se daba cuenta, antes de sentarse para la cena, él no había dejado de cogerla de la mano en ningún momento, en ninguno – y mucho menos las había… ¡Por Merlín! ¿La estaba besando? Aún perplejo, se dio cuenta de que poco a poco, todos los bailarines que había alrededor de la pareja habían caído en la cuenta de lo que estaba sucediendo entre ellos, y no podían evitar detener su propio baile para contemplarlos, cogidos por la mayor de las sorpresas. La noticia acababa de estallar, y si no se apresuraba en ser el primero en obtenerla y en contarla, cualquier otro se le iba a adelantar.
Mientras tanto, Arthur y Molly Weasley, por supuesto también invitados al evento debido al trabajo de él en el propio Ministerio de Magia, observaban a "sus hijos" con preocupación; la bomba había explotado por fin; desearon con todas sus fuerzas que aquello no afectase negativamente al embarazo de su hija.
Pero Harry, pendiente de su prometida, no dio pie a nadie, ni a amigos ni a detractores, y mucho menos a la prensa, de que se les acercase; pasados unos momentos se detuvo tranquilamente, volvió a tomar de la mano a Ginny, y la condujo con paso firme hacia el ascensor que llevaría a ambos fuera del Ministerio de Magia, por la vieja cabina de teléfonos, ya que ella no podía hacer uso de la Red Flu. Ginny lo acompañó con la boca abierta por la sorpresa.
- El baile no ha terminado; en parte, esta fiesta es en tu honor – ella objetó, preocupada.
- No te preocupes por eso, yo ya he atendido con el mayor interés a todo aquel que se me ha acercado para felicitarme, contarme sus problemas, o simplemente para charlar; nadie puede reprocharme nada – él respondió, resuelto. – Lo que no estoy dispuesto, en ningún modo, es que la prensa nos acose esta noche a preguntas sobre nuestra vida personal; debes estar cansada, y lo mejor para ti no es perderte en millones de explicaciones, que por otro lado no tienen derecho a pedir, precisamente. Ya habrá tiempo para eso con más tranquilidad.
- Pero no nos libraremos de ello, de todas formas.
- Cierto, aunque se producirá en un entorno controlado por nosotros, cuando, donde y como nosotros queramos, no cuando a ellos se les antoje – él argumentó.
Ella quedó pensativa por un momento.
- Van a acosar a Dean, por no haber podido hacerse con nosotros.
- ¡Ya está bien, Ginny! ¿Quieres que volvamos? – él se detuvo ante el coche, que había aparcado cerca de allí a la llegada de ambos, y la miró con enfado.
- ¡A mí no me grites! – ella respondió del mismo modo. - ¡Sólo me preocupa que esto te perjudique! ¡A veces haces cosas que…!
- ¿Qué? – él volvió a gritar, aún molesto.
- ¡Demasiado osadas! ¡Por Merlín!
Él intentó responder, pero no supo qué contestar, pillado por sorpresa, así que abrió y cerró la boca como un pez falto de aire y luego sonrió, rendido.
- Que eso lo digas tú… Carácter no nos falta a ninguno de los dos – dijo por fin, irónico.
Ella sonrió también.
- He de reconocer que, si yo estuviese en tu lugar, probablemente habría acabado haciendo lo mismo.
- Ahora en serio, Ginny, ¿quieres regresar al baile? – él le mantuvo la mirada, preocupado.
- No, cariño; tienes razón, estoy muy cansada y lo único que deseo es poder acostarme a dormir – ella reconoció.
Harry suspiró, armándose de paciencia.
- No se hable más; a casa, pues.
Cuando ambos regresaron a Godric´s Hollow, Ginny se apresuró a desvestirse y a darse una ducha caliente y reparadora, se puso el pijama y se acostó, dando a Harry tan sólo un beso en la mejilla; cayó rendida nada más apoyar la cabeza en la almohada. En cambio, él se lo tomó con calma: se duchó tranquilamente, estuvo leyendo durante un rato una novela negra muggle de las que tanto le gustaban – intentando serenar su mente, que no paraba de dar vueltas a todo lo vivido aquella noche – y después se acostó; quedó dormido mucho antes de lo que esperaba.
~~O&o&O~~
Neville despertó bruscamente, al parecer sobre una superficie extremadamente dura, que le causaba un intenso dolor en la espalda; se puso en pie con rapidez, alarmado, pues no recordaba haberse marchado de la playa de arena donde los cuatro amigos habían acabado tras la fiesta en ningún momento, y mucho menos haber quedado dormido en un lugar como aquel; dirigió a su alrededor una mirada urgente y lo único que vio en medio de la noche fue piedra y desolación; al mirar hacia el suelo donde, al parecer, había dormido de un modo tan sospechoso, se dio cuenta de que Luna todavía yacía en él, tumbada e inerte, en completo silencio. Sintiendo cómo el miedo más terrible atravesaba todo su cuerpo como intensas puñaladas de un afilado cuchillo, se arrodilló, más bien se dejó caer con toda la rapidez de la que fue capaz, y buscó el pulso de la chica en el cuello, desesperado; era totalmente normal; su respiración también lo era, confirmó al ver subir y bajar el pecho de la chica con una cadencia calmada y regular.
- Luna – sacudió a la rubia con suavidad, intentando despertarla. – Luna – repitió.
Ella abrió los ojos lentamente, en un principio sin saber dónde se encontraba ni con quién; al parpadear unas cuantas veces para despejarse, sonrió a Neville, al reconocerle.
- ¿Nos hemos quedado dormidos? – ella preguntó con inocencia.
- De quedarnos dormidos, nada; alguien nos ha drogado de algún modo para traernos a Merlín sabe dónde; y Ron y Hermione no se ven por ningún lado.
Al escucharle, ella escrutó también a su alrededor, asustada, y el panorama que halló fue totalmente desconocido y desolador; se levantó como impulsada por un resorte y agarró a Neville por un brazo, con fuerza.
- ¿Qué ha pasado? – quiso saber. – No recuerdo absolutamente nada. Estábamos los cuatro en la playa, conversando y…
- Y no recuerdas nada más, al igual que yo – él confirmó secamente. – No sé quién demonios nos ha hecho esto, ni para qué… ¡Ni siquiera tengo la más remota idea de dónde demonios estamos! – casi gritó, frustrado.
- Nos hallamos en la cima del volcán Paike, junto a su cráter – una voz, al parecer salida de la nada, les informó. – Yo os he traído aquí, y para qué… nada más y nada menos que para salvar a todo un pueblo – la voz concluyó.
- ¡Muéstrate, seas quien seas! – Neville ordenó a voz en grito, manteniendo a raya el miedo que no había dejado de sentir.
Luna, sin darse apenas cuenta, se refugió tras su cuerpo, cada vez más aterrada.
Inmediatamente después, la imponente figura de un hombre, un lugareño, comenzó a perfilarse bajo el único rayo de la luna proyectado sobre la cima del volcán. Al observar el rostro de quien de aquel modo les había hablado, Neville no pudo dar crédito a sus ojos.
- Usted… - sus labios lograron articular a duras penas, paralizados por la infinita sorpresa.
El hombre, que parecía haber envejecido décadas desde su último encuentro con ellos, tan sólo sonrió con amabilidad.
- ¿Dónde están nuestros amigos? ¿Qué ha hecho con ellos? – el joven exigió saber, temiendo lo peor.
- Tranquilo, joven guerrero; vuestros amigos están luchando su propia batalla.
- ¿Guerrero? ¿De qué batalla me habla? ¿Qué cojones es todo esto? ¡Exigimos que nos devuelva al hotel inmediatamente! – Neville ordenó, indignado y ya cansado de aquella situación surrealista.
- Esa decisión tan sólo está en manos de ustedes dos; pero no sin antes haberme escuchado – el hombre afirmó, solemne.
- ¿Escucharle? ¡Y una mierda! – él negó, indignado. - ¡Nos ha drogado! ¡Nos ha secuestrado! ¿Y aún pretende que le escuchemos? ¡Sin duda se ha vuelto loco! – por instinto, intentó echar mano de su varita; pero inmediatamente recordó que la había dejado oculta en la habitación del hotel, pues en aquella isla había demasiados muggles, lo que le imposibilitaba para poder usarla con libertad.
- No te va a hacer falta la varita, joven mago – aquel hombre sonrió.
- ¿Sabe qué somos? – Neville preguntó con ojos desorbitados; estaba seguro de haber tomado las mayores precauciones para que ninguna persona de aquella isla pudiera intuirlo siquiera.
- Reconozco a un mago en cuanto lo veo, pues yo también lo soy.
- Bueno, Ariki, o como demonios se llame realmente; esto se ha acabado – el más joven zanjó, rotundo.
- Lo siento, pero eso no puede ser sin que ambos me escuchen; les adelanto que, por mucho que lo intenten, no van a poder marcharse de aquí sin mi consentimiento.
- Porque usted lo diga… Vamos, Luna.
Cogió a Luna de la mano y la arrastró tras de sí, dando la espalda a su interlocutor; pero no pudo andar más de unos pocos pasos, cuando ambos se toparon de frente con una barrera invisible que, sin sus varitas, se vieron incapaces de atravesar. Al intentar mirar más allá de ella, tan sólo vio una caída libre de cientos de metros; por instinto, hizo retroceder a Luna para protegerla.
- Por favor… - el hombre les rogó con humildad. – El futuro de todos los habitantes de esta isla está en juego.
Neville negó con la cabeza, con fastidio, sintiendo que no parecía haber otro modo de salir de aquel lugar, que escuchar a aquel hombre extravagante. Además, él había nombrado algo sobre salvar a la población de la isla, y su conciencia le martilleó con insistencia diciéndole que, si en algo estaba en su mayo ayudar, no estaba dispuesta a dejarlo pasar por alto tan a la ligera.
- Hable rápido y acabemos con esto – aceptó, dando su brazo a torcer.
El misterioso hombre asintió, conforme.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hoy voy cortísima de tiempo, así que tan sólo voy a hacer dos consideraciones.
La primera, que todo lo que he relatado y voy a relactar sobre los sucesos relacionados en la Isla de Pascua con los cuatro amigos, no es real; los nombres sí, de los volcanes, del dios, del jefe de la isla... pero nada más. La historia que voy a contar en el próximo capítulo es totalmente ficticia, y lo que va a suceder en él y en los posteriores, también. Ruego que nadie se ofenda con ello, y vuelvo a repetir, si alguien residente allí, o en Chile, que sigue el fic, siente que no estoy tratando con respeto a la isla y a sus habitantes, por favor, decídmelo y explicadme qué os hace pensar eso, pues en absoluto es mi intención.
Y la segunda: un abrazo fortísimo y todo mi agradecimiento a las tres personas que me han dejado un review al capítulo anterior, Gelygirl, Lynerion y noemed. Vosotros me habéis hecho sentir arropada escribiendo este capítulo.
Muchas gracias a todos y hasta pronto (espero).
Rose.
