Capítulo 24 : Eternidad.

No sé si ustedes sabrán que esta isla, en sus inicios, fue un lugar paradisíaco, que el todo poderoso Make Make decidió legar a sus súbditos, los rapanui, hacia el siglo IV_ según ustedes contabilizan los años _ en premio a su fiel servicio.

- Conozco las leyendas – Neville respondió con voz gélida, sin dejarse impresionar.

- Perfecto. Entonces sabrá también que los rapanui, grandes trabajadores y fieles devotos de sus deidades, fueron guiados hasta aquí por Hotu Matu´a, su primer ariki, o rey – dicho esto, sonrió al joven, a sabiendas de que él ya se había dado cuenta de quién era quien le hablaba, desde un principio. – Sí, mi joven amigo: yo soy el ariki actual, aunque para el tiempo que nos ocupa, ello no significa nada en absoluto, a no ser para cumplir la misión que a cada ariki, a lo largo de los siglos, se nos ha encomendado.

- ¿Que es…? – Neville quiso saber, sin dar tregua al hombre en absoluto.

- Enmendar los errores de mis antepasados, ni más ni menos.

Un terrible estruendo interrumpió al hombre; el terrible rugido del volcán se aunó al clamor de una violenta tormenta que se estaba fraguando en las alturas, y por un momento, el suelo tembló bajo sus pies. Neville observó a su alrededor, preocupado; sin duda, tanto los habitantes de la isla como sus visitantes, en aquel mismo momento estaría fijando su vista en los volcanes, rugientes y amenazadores, bajo un cielo que presagiaba tragedia. Pronto el terror se apoderaría de todos ellos, y la evacuación acabaría siendo inevitable. ¿Cuándo habían comenzado a desatarse las fuerzas de la naturaleza? No lo recordaba, pues toda su atención había permanecido pendiente de aquel desvarío, desde el mismísimo momento en que despertó al borde del cráter del Poike, con Luna a su lado.

- ¿Y qué pintamos nosotros en todo esto? – Luna se inmiscuyó, sin poder evitarlo. Se sentía totalmente perdida con aquel asunto.

- Mi querida señorita; Hotu Matu´a guió a su pueblo a una isla paradisíaca, llena de bendiciones, pero también a su propia perdición, al autoproclamarse como descendiente directo de los dioses y actuar en consecuencia. Se rodeó de una casta sacerdotal a la que otorgó toda clase de poder, lo que desembocó en la creación de un culto paralelo al de los dioses, el de los moái, o antepasados casi deificados. Aquello enfureció a los verdaderos dioses de un modo terrible, especialmente a Make Make, creador del mundo, quien había otorgado sus dones a Hotu Matu´a para que su pueblo lo honrase y prosperase bajo su amparo.

- Make Make envió una larga y fuerte sequía a los rapanui - continuó, - como advertencia para que dejasen de deforestar la isla, de mermar sus canteras, con destino a la construcción de inmensos moái que no dejaban de plagarla por doquier; ello terminó por aniquilar los pocos bosques que para entonces quedaban. Pero los rapanui, con los descendientes de Hotu Matu´a al frente, no supieron, o no quisieron, interpretar sus señales. Aunque seguían adorándolo como creador del mundo, lo relegaban a un segundo lugar, tras sus propios ancestros deificados y los numerosos rituales que crearon a su sombra – el ariki explicó, sombrío.

- Más que harto de ser obviado, el gran Make Make se manifestó en uno de los fastuosos templos de la casta sacerdotal, envejecida y corrupta, y exterminó a todos los sacerdotes al completo _con lo que acabó también con la mayoría de la historia y tradición rapanui, custodiada y transmitida mayormente de un modo oral hasta el momento _ e hizo comparecer ante él al ariki, condenándole eternamente de esta manera:

"Ante los moái creados sin derecho me honrarás,

Corrupta está esta tierra y corrupta seguirá hasta el fin de los tiempos, y tu pueblo atado a ella.

Sin redención posible, siglo tras siglo su gente será castigada con innumerables males,

tan sólo aplazables por el amor incondicional de seis extranjeros

que tú y todos tus descendientes os encargaréis de hallar

de entre aquellos mismos extranjeros que podrán maltrataros y masacraros si siglo tras siglo falláis,

u os comprenderán y admirarán si no lo hacéis.

Seis amigos, tres parejas para tres volcanes: un sacrificio en cada uno de ellos.

Tres sacrificios por cada siglo, o un mal devastador venido de la tierra, el mar, el cielo o los hombres, que aceptaréis y sufriréis con resignación.

Pues estáis malditos, hasta el fin de los tiempos."

- Vamos, hombre. ¿Me está diciendo que la culpa de todos los males que han arrasado la isla a lo largo de los siglos ha sido de los extranjeros egoístas que se han negado a ayudarles? Muy típico – Neville dijo con sorna.

- Sus oídos me han escuchado, joven, pero su corazón se ha negado a hacerlo – el ariki respondió con cierta furia. – La única culpa de todo lo sucedido en esta isla, y de todo lo que está por suceder es nuestra, sólo nuestra. Nosotros tan sólo podemos rogar su ayuda siglo tras siglo, con la esperanza de poder hallarla.

- ¿Pero por qué extranjeros? ¿Por qué no seis parejas originarias de aquí? – Luna quiso saber.

- Como uno más de sus castigos; depender de uno mismo es relativamente fácil, sin embargo, hacerlo de extranjeros pone a una persona, o a un pueblo, en manos completamente ajenas, algo que dificulta aún más el cumplimiento de la tarea encomendada. – Neville le explicó.

- Exacto – el hombre confirmó.

- ¿Deduzco de ello que, hasta ahora, su pueblo no ha tenido demasiada suerte con los extranjeros? – Neville atacó, hiriente. - ¿Será porque se cargan a quien intenta ayudarles, quizá?

- Yo no dicto las reglas, ni soy quién para juzgarlas – el ariki sentenció con firmeza.

- Ya… y una mierda – el joven respondió con desprecio.

- No nos está tomando el pelo… - afirmó después con voz reflexiva, mirando a Ar-hik-hi fijamente a los ojos, y muy consciente de que tanto los tres volcanes como el mismo cielo, se mantenían al acecho, prestos a desatar toda su furia, a la espera de una firme decisión.

El hombre, apesadumbrado, negó con la cabeza.

- ¿Usted imagina cuánto cuesta lograr que tres parejas, relacionadas entre sí y totalmente ajenas a esta isla y a su gente, acepten hacer un sacrificio de amor para salvarnos, cada cien años? – el hombre preguntó. - ¿A qué cree usted que se debió la total deforestación sufrida por la isla, los ataques de tuberculosis y de viruela padecidos por sus habitantes hace unos siglos, la esclavitud a la que se les sometió durante finales del siglo XIX? Y podría relatarles una tragedia sufrida por esta isla y por sus habitantes por cada siglo, desde la condena recibida por Make Make, a excepción de muy pocos de ellos en que cada ariki logró realizar su cometido – por un momento, quedó en silencio. - ¿Usted es capaz de imaginar, siquiera, el infinito gozo que me embargó al estrecharle la mano a usted, y sentir que prácticamente el último día de plazo para el advenimiento de una nueva tragedia, renacía la esperanza para nosotros?

- Sinceramente, no le sigo – Neville negó a su vez. – Usted ha hallado a dos de esas dos parejas, a lo sumo; no tres. Y dos parejas que no pasan por su mejor momento, precisamente.

- Amigo mío, en su corazón hay tres parejas, no dos – el hombre le ofreció una condescendiente sonrisa.

- ¿Se refiere a Harry y a Ginny? – Luna preguntó para sí, pensativa.

Pero Neville, que la escuchó perfectamente, dirigió una rápida mirada de ella al hombre, atónito.

- Harry y Ginny ni siquiera han venido a la isla – objetó con rapidez, volviendo a sentirse furioso. – Ellos no pintan nada aquí; no permitiré que les haga daño; no lo voy a permitir – negó, rotundo.

- Mi intención no es la de hacer daño a ninguno de ustedes, aunque usted no lo crea. Y la decisión no está en sus manos: tres parejas han sido convocadas esta misma noche, cada cual en uno de los tres volcanes de la isla Rapa Nui, y cada cual tomará su propia decisión. Tan sólo si las tres aceptan efectuar el sacrificio que se les va a pedir, por esta vez la isla será perdonada.

- ¿Será hijo de…? ¿Cómo ha podido traer a Harry y a Ginny en tan poco tiempo? ¿Qué les ha hecho para conseguirlo? ¡En cuanto Harry se libere de lo que sea que le ha hecho, le partirá la cara! ¡Eso se lo puedo asegurar! – el joven afirmó a voz en grito, cada vez más indignado.

- Eso nada cambiará. Yo soy un mero instrumento de los dioses, totalmente prescindible – Ar-hik-hi respondió, sereno. - ¿Cuál va a ser su decisión?

De pronto, Neville recordó que no sólo él estaba metido en todo aquello, sino que Luna le acompañaba y que, por tanto, formaba parte de aquel sacrificio. Intentó serenar su espíritu para dejar paso a su propia conciencia, y al hacerlo, su corazón sintió un fuerte vínculo, un vuelco, que lo sacudía con vehemencia, conduciéndolo hasta Ron y Hermione, a Harry y Ginny; supo que todo lo que le había relatado aquel hombre era verdad, que ambas parejas eras las únicas capaces de tomar su propia decisión, en aquel momento; que nada más podía hacer por ellos que pedir perdón por haberles sumido en toda aquella tragedia… al ofrecer su mano, cordial, a aquel maldito rey. Así pues, debía concentrarse en su propio destino, y en el de Luna.

Derrotado, frustrado e infinitamente furioso consigo mismo y con aquel hombre sentenciado al desastre a través de los siglos, que les había puesto en tamaña tesitura, lo traspasó con una mirada asesina; tras ello, tomó a Luna por una mano y la miró a los ojos con ternura.

- Sé lo que van a decidir Ron y Hermione; Harry y Ginny; y sé lo que voy a decidir yo. No puedo abandonar a esta gente a su suerte, simplemente no puedo hacerlo – le acarició el rostro fugazmente, enamorado. – Sabes que aún te sigo queriendo; mi sacrificio será suficiente en este volcán.

Por un momento, Luna lo contempló con ojos desorbitados, e inmediatamente se agarró a él con todas sus fuerzas.

- ¡No voy a poder vivir sin ti! ¡No podré! – le gritó, desesperada. – Si mi alma tenía alguna duda, lo sabe cierto desde que hemos venido a esta isla y me he dado cuenta de que te he perdido definitivamente – las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. – Permite que yo me libere de este dolor y pueda salvarte – le imploró.

- ¿Y crees que yo sí voy a poder vivir sin ti? ¡Me estoy muriendo por dentro! ¡Desde que te marchaste! – él respondió a voz en grito.

- Pero tú eres fuerte, y debes vivir; por tus alumnos, por nuestros amigos… por todo. Yo cometí traición y yo debo pagar por ella.

- ¡Eso no cuenta ahora! ¡Maldita sea!

- Sí cuenta para mí – lo tomó de la mano, mirándolo fijamente a los ojos. - ¿Volverías conmigo?

Él, pillado por sorpresa, no supo qué responder.

- Aún si este sacrificio no estuviese de por medio, separándonos definitivamente, no lo harías – Luna afirmó con una melancólica sonrisa. – Mi vida ya no tiene sentido; te hice daño y no soy capaz de repararlo, y jamás lo seré; si de verdad aún me quieres, permite que me libere de ella.

- ¡No y mil veces no! – él negó con la cabeza, vehemente. - ¡Soy yo quien debe morir!

- ¿Por qué?

- ¡Por todo! – él gritó, comenzando a derramar lágrimas también, sin darse cuenta.

Luna sonrió con ternura.

- Siempre serás el mismo Neville: tan fiel, tan abnegado, tan generoso…

Sin darle oportunidad de continuar oponiéndose a sus deseos, ella pasó ante él rápidamente, aprovechando aquel momento de dolor, para situarse junto a Ar-hik-hi.

- ¿Servirá con lanzarse al centro del cráter, nada más? – preguntó al hombre, con voz serena.

- Nada más – él afirmó del mismo modo.

- Eso es fácil, entonces.

Y sin mediar una palabra más, la chica caminó hasta el borde del cráter.

Neville, ya repuesto del shock recibido, comenzó a correr tras ella como un desesperado; pero ya era tarde: mirando por un momento hacia el insondable fondo, empañado por fuertes y constantes vaharadas de humo sulfuroso, Luna dio un paso más, el definitivo, y desapareció en aquellos vahos ardientes, procedentes de la candente lava que sin duda aguardaba al fondo, en busca de su destino.

Neville alargó la mano con desesperación, y no asió más que aire; aire vacío, aire viciado, aire de muerte; se dejó caer de rodillas, destrozado, enterró el rostro entre las manos y comenzó a llorar, su alma desgarrada. Ni siquiera fue capaz de notar que, inmediatamente, el Paike dejó de estremecerse bajo sus pies, y el silencio se adueñó de todo con un canto de muerte.

- El primer sacrificio ha sido cumplido – Ar-hik-hi afirmó, rotundo.

Y sin apiadarse, ni por un momento, del atormentado hombre, desapareció.

~~O&o&O~~

Hacía nada que Ron y Hermione habían despertado sobre un suelo duro, rocoso y desolado, que había comenzado a temblar bajo sus pies. Apenas pudieron comenzar a hacerse preguntas, pues sus corazones y sus mentes, arrastrados hacia sus amigos, Neville y Luna, Harry y Ginny, con una vehemencia que les hizo flaquear, intuyeron inmediatamente que, al igual que sus amigos, se hallaban junto al cráter de un rugiente volcán de la isla Rapa Nui, el Rano Kau, o el Terevaka, eso era irrelevante.

Temblorosa, Hermione se puso en pie y comenzó a caminar en círculos, moviendo los brazos de un modo convulso; su mente bullía de agitación, intentando hallar solución a lo irremediable.

Ron hubiera querido ayudarla, consolarla, pero si no era capaz de hallar consuelo para su propio dolor, mucho menos lo encontraría para el de ella. Luna se había ido, había muerto, Neville yacía hecho un guiñapo, su corazón herido de muerte… Y aquello no había hecho más que empezar.

Como temían, más que esperaban, pronto la figura de un hombre se materializó frente a ellos, surgida de la nada.

- No tiene que contarnos nada; sabemos lo que ha sucedido – Hermione dijo al hombre con voz acusadora, una vez su silueta se hubo hecho firme junto a ellos.

Por fin ella había dejado de caminar sin orden ni concierto, pero no puedo lograr que sus brazos dejasen de agitarse, convulsos.

Las lágrimas por la muerte de Neville prácticamente le impedían ver con claridad, pero supo que era Ar-hik-hi, no podía ser ningún otro quien se había materializado frente a la pareja.

- Lo sé – Ar-hik-hi afirmó, sin embargo. – El tiempo apremia; ¿cuál va a ser su decisión? – preguntó a ambos sin piedad, con voz imparcial.

- ¿Qué puta decisión? ¿Es que acaso podemos decidir? – Ron, que hasta aquel momento había permanecido en un segundo plano, sumido en su propia frustración, se encaró con el hombre, mostrándose tan furioso como lo había estado Neville. - ¿De qué servirá el sacrificio de Luna, si nos negamos?

- Aún así, la decisión es sólo de ustedes.

- ¡Y una mierda! ¡Usted nos conoce! ¡Nos eligió porque nos conoce! ¡Sabía de antemano que ninguno de nosotros sería capaz de anteponer su propia felicidad a la de los habitantes de toda una isla! – el pelirrojo lo acusó, vehemente.

- Les elegí porque son tres parejas que se aman entre ellas, y con las otras dos, justo como exige el sacrificio; ni más, ni menos. Pero he de reconocer que, al estrechar la mano del Sr. Longbottom y sentir la inmensa generosidad que lo caracteriza, extensible a todos ustedes, mi corazón dio un vuelco de esperanza; no puedo negarlo – él afirmó con total naturalidad.

- ¡Usted no es más que un canalla! – Ron le gritó, apunto de perder los nervios.

- Él no es bueno, ni malo; no es más que un instrumento – Hermione replicó al chico, mirándolo a los ojos con tal serenidad, que lo asustó.

- Usted lo ha comprendido, señorita; mis sentimientos no juegan ningún papel en este drama; simplemente, no puedo permitírmelo.

- ¿Y lo dices así, sin más? ¿Después de lo que ha pasado? ¿Y antes de lo que va a pasar? – Ron traspasó a la que había sido su novia con una mirada incrédula.

- ¿Y cómo quieres que lo diga, si es así? – ella replicó manteniendo su mirada, tozuda, mientras apretaba los puños con todas sus fuerzas intentando controlar los erráticos movimientos de sus brazos.

- Por una vez en tu puta vida podrías dejar que tu cuadriculada mente no te dominara – él la acusó con desprecio. – Y aún así, aún te sigo queriendo. Esta vida es una puta mierda – afirmó, mientras sacudía la cabeza en un gesto frustrado. - Yo haré ese sacrificio – dijo al hombre que esperaba una respuesta, clavando su mirada en la de él con total decisión.

- Lo que he dicho no significa que yo quiera que esto esté pasando, o que lo acepte – Hermione tomó de la mano a Ron, obligándole a mirarla. – Esto me duele tanto como a ti y debo ser yo quien se sacrifique.

- Y una mierda – él la silenció con una mirada furiosa: contra ella, contra él mismo, contra el mundo… - He pasado toda mi vida a la sombra de mis hermanos, a la sombra de Harry, a la tuya… Nadie va a decirme lo que tengo que hacer, ni una vez más; esto es entre mi conciencia y yo, y punto. Vive por mí, sabihondilla, y sé feliz.

No le dio opción de replicar, ya que la tomó entre sus brazos con ímpetu y se adueñó de sus labios en un violento y descontrolado abordaje, que la dejó sin respiración. La besó una última vez, con desesperación, con fuerza, con ira… y con infinito amor.

Tal como la había tomado en sus brazos la soltó, y emprendió una rápida e imparable carrera hacia el interior del cráter del Rano Kau, el volcán en que se hallaban. En cuestión de un segundo, su silueta, y todo él, fue presa de la historia.

Como había sucedido con el Poike, el ardor guerrero del Rano Kau fue inmediatamente apaciguado; no así la tormenta, que continuó rugiendo sobre ellos con furia desatada.

Hermione quedó como si hubiese sido petrificada, con la mirada fija al frente, por donde él había desaparecido, sin parpadear, ni mover un músculo siquiera, sin ser capaz de respirar; sola, en la infinita negrura de su corazón.

~~O&o&O~~

Cuando Ar-hik-hi se materializó en el cráter del volcán más grande de la isla de Pascua, el Terevaka, Harry y Ginny ya lo estaban aguardando, abrazados. No habían presenciado lo sucedido en los cráteres de los otros dos volcanes, pero de algún modo lo sabían, al igual que todos sus amigos habían sido conscientes de lo que estaba sucediendo con todos los demás. Ser la última pareja en decidir les había otorgado un tiempo precioso para estar juntos, para quererse y entenderse sin palabras, para decidir…

Nada más verlo, Harry soltó a Ginny con brusquedad, apretó su puño derecho con toda la fuerza que le daban la infinita rabia e impotencia que sentía, alzó el brazo con ímpetu y se dispuso a machacar al hombre sin piedad, tal y como Neville había predicho. Pero Ginny lo detuvo con la misma rapidez, cogiéndolo por el brazo.

- No – le dijo sin más.

Y Harry se detuvo, sin más; haría cualquier cosa por ella, moriría por ella; cómo no iba a hacer aquello que ella le pedía. Aunque si las miradas matasen, el ariki habría muerto fulminado en aquel mismo instante.

Para infinita sorpresa del auror, fue Ginny quien, de un potente puñetazo, hizo sangrar la nariz y la boca del hombre, quien al creer que se había librado ya del golpe, fue cogido por sorpresa, y no pudo evitar tambalearse, apunto de dar con sus huesos en el suelo.

- Esto es por nuestro hijo – casi le escupió, con desprecio.

Y regresó al lado del hombre al que amaba para volver a abrazarse a él.

- Oh, Make Make todo poderoso… ¿Está usted embarazada? – Ar-hik-hi logró articular, una vez se hubo retirado la sangre del rostro como mejor pudo, mientras se estabilizaba en pie. – Le juro que no tenía ni la más remota idea.

- ¿Habría cambiado en algo que usted lo hubiese sabido? – ella le preguntó con desdén.

- No quedaba tiempo, no quedaba… - así como el mago se había mostrado firme, imparcial y seguro de sí mismo frente a las otras dos parejas, ante Harry y Ginny se mostró desolado, y toda su determinación se derrumbó de un plumazo; la noticia del bebé lo había trastornado de un modo que ni él mismo esperaba, sacando a la superficie toda la frustración, el dolor y el rechazo contra aquello que tan injustamente se le había encomendado, que había pasado toda una vida conteniendo. – Usted no puede sacrificarse, señora, usted no puede – afirmó, implorante.

- ¿Qué pasa, que va resultar que finalmente usted tiene conciencia? – Harry le dijo, con una carcajada irónica. - ¿Que no le importa cargar con la muerte de tres buenas personas y con la debacle moral de las otras tres, siempre que todas ellas sean adultas? Haberlo pensado antes – lo acusó sin la más mínima piedad. - Mi mujer no quiere vivir sin mí, ni yo sin ella. Esa es nuestra decisión.

- Entonces… ¿ninguno de ustedes va a sacrificarse? – la decepción del hombre, el infinito miedo por la terrible tragedia que podía asolar su adorada isla y a todos sus habitantes, pudieron más que su pesada carga de conciencia.

- ¿Quién ha dicho eso? Nuestro hijo sabrá perdonarnos – Ginny aseguró con convicción. – O somos ambos, o ninguno. Usted elige.

Harry asintió con firmeza, totalmente conforme, pues esperaba aquella decisión de la mujer que, desde hacía tantos años, se había convertido en su motivo de vivir; él había llegado exactamente a la misma conclusión que ella, a pesar de que, en ningún momento, ninguno de ambos la había compartido con el otro… Hasta entonces.

El hombre miró a ambos con ojos desorbitados por la sorpresa; jamás había esperado un sacrificio semejante, jamás, por muchos años que había vivido preparando ese momento, y por muchas vueltas que le había dado a la cabeza por ello.

- El tiempo apremia – Harry le parafraseó sin piedad.

- No existe motivo para que un sacrificio total de una de las parejas no resulte igual de válido que uno parcial – el hombre respondió casi sin darse cuenta, aturullado, intentando recordar todas las enseñanzas ancestrales recibidas, transmitidas a su casta, de generación en generación.

- Perfecto, entonces.

Sin dar oportunidad al hombre de expresar nada más,_ni aceptación ni rechazo, ni culpa ni arrepentimiento, ni dolor…_ Harry tomó a su prometida de la mano y la besó, tras hacer un juramento:

- Te hallaré del otro lado, porque siempre serás mía; y nuestro amor perdurará por toda la eternidad.

- Te hallaré del otro lado, porque siempre serás mío; y nuestro amor perdurará por toda la eternidad – Ginny repitió las palabras de su amado, con una dulce sonrisa. Y besó la mano con la que él había tomado la suya.

Abrazados de nuevo, ambos caminaron hacia el borde del cráter del Terevaka, con mirada serena; y su próximo paso los encaminó a aquella eternidad.

Como por ensalmo, tanto el volcán como la tempestuosa tormenta, amainaron sus ataques de furia, en paz con la isla… hasta dentro de cien años.

Y Ar-hik-hi se derrumbó completamente, sintiéndose el hombre más miserable del universo.

- ¿Por qué me has hecho vivir maldito con esta pesada carga? – reprochó a la nada, entre sollozos. - ¡Llévame! ¡Mátame! ¡He cumplido tu voluntad! ¡No quiero seguir viviendo!

Una luz salida de esa misma nada a la que había estado increpando, traspasó su cuerpo de lado a lado, engulléndolo por completo.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

No exagero ni un puñetero pelo si os digo que en este momento tengo el corazón en un puño y el estómago en la garganta; acabo de terminar el capítulo, un poco más corto de a lo que os tengo acostumbrados. Pero continuar con el relato en este momento, sería romper la magia creada, y después de tanto esfuerzo para conseguirla, eso no lo puedo permitir.

He subido el capítulo casi sin repasarlo, sin depurarlo, pero es que me quemaba en las manos y en el corazón. Podría estar mejor escrito, mejor expresado, más documentado... Podría mejorar en millones de aspectos, pero mientras lo guardaba conmigo, yo habría ardido con él, pues estaba hecho para volar nada más ser concebido.

La historia contada por Ar-hik-hi es totalmente ficticia; está basada en el desconocimiento que se tiene de la historia de la isla, de lo que en ella sucedió a través de los siglos... y de su situación actual, sin los preciosos y exuberantes bosques que se dice que tuvo en algún momento, sin sus leyendas... Y creo que de basarse totalmente en la realidad iría muy errada, ya que, según he leído y si no he entendido mal, el culto al gran dios Make Make, creador del mundo, en ningún momento estuvo reñído con el culto a los moái. Así que lo repito, es un relato totalmente inventado, sin ningún sentido ni finalidad que crear un contexto, un fondo de historia, al drama vivido por las tres parejas. Ruego que nadie se sienta ofendido por ello.

Lo dedico expresamente a A.I.H. un nuevo lector, o lectora, quien me dejó un precioso review al anterior capítulo, que no pude responder porque no tenía a dónde hacerlo, así que lo hago aquí: Uno de mis defectos es que siempre pretendo escribir fics cortos y acabo creando auténticos mamotretos, jeje. Ruego puedas disculparme por ello. Que hayas leído los veintitrés primeros capítulos casi de un tirón me ha hecho muy feliz, pensando que quizá yo también he logrado hacerte un poco feliz a ti, y que el fic al menos es soportable, dada la infinita paciencia que has mostrado (^_^) Ojalá te guste hasta el final, y si te apetece, continúes comentándome cómo va la cosa.

Mando un abrazo muy fuerte a noemed y a Gelygirl, quienes me han dejado sendos reviews que siguen siendo como el aire que respiro.

Y nada más que deciros, hasta el próximo capítulo.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto, espero.

Rose.