Capítulo 2

Cada vez estaba siendo más y más difícil encontrar alguna pista acerca de ese maldito pirata que le había quitado la vida a uno de sus compañeros, a uno de sus amigos… Y más difícil le resultaba aun en aquel momento, cuando su adorado Log Pose estaba haciendo de las suyas al no funcionar. Crispado, cansado y enfadado con su suerte, se encaminó en su bote hacia el puerto más cercano. Fuese el que fuese. Alquilaría una habitación y cuando el Log Pose funcionara de nuevo, se volvería derechito al mar para continuar su búsqueda.

Se sentó en el bote y se bajo el sombrero. A la vista de la tardanza en llegar, decidió echarse una buena siesta. Hacía tres años que había salido al mar en busca de aventuras y desde entonces, se había conseguido un renombre, todo el mundo sabía quién era Portgas D. Ace y hasta qué punto era de peligroso. Sin embargo, en los últimos tiempos se le estaba complicando un poco la vida con la muerte de Thatch y la caza de Kurohige. Cada vez que pensaba en ese desquiciado se le helaba la sangre y se moría de rabia por dentro.

Empezó a atardecer cuando divisó a no más de 10 kilómetros una enorme isla, de nuevo su semblante cambió a uno de total satisfacción. Y así dos horas más tarde, puso un pie sobre las maderas de un lujoso muelle. No muy propio del de las islas que solía visitar para conseguir información. Entre buques y grandes barcos mercantes lujosos encontró un hueco para amarrar su bote. Se dijo a sí mismo que era necesario pasar desapercibido, ya había hecho de las suyas en la isla anterior con la Marina y no le apetecía repetir la papeleta de cartero como cuando se encontró a Moda. Así que terminó de amarrar el bote, se echó la mochila al hombro y se encaminó hacia la ciudad…

Al salir del muelle llegó a un enorme paseo donde mercaderes de toda clase vendían sus mejores mercancías a mujeres caprichosas y hombres adinerados. Aquella estampa le recordó con creces a la Terminal Gray y a su nobleza repulsiva.

Siguió caminando cuando de pronto empezaron a sonarle las tripas. Tenía hambre, y no poca, de manera que comenzó a buscar un lugar donde dormir, pero sobre todo, donde comer. Sin embargo, todo lo que se encontraba era demasiado lujoso, un ambiente que no venía nada bien con su procedencia. En cualquier momento podría ser delatado. Estaba seguro de que la mayoría de los habitantes de aquella enorme ciudad sabían quién era.

De pronto un pequeño batallón de la marina, que hacia su típica guardia, pasó por su lado. Parecían vigilar que todo estuviera en orden. Ace, que caminaba tranquilamente con las manos en los bolsillos, sonrió con malicia entre las sombras que su sombrero le proporcionaban. Si no fuera porque por allí había bastante gente, estaba seguro de que se habría divertido un poco. Pasó de largo, pero de pronto alguien lo nombró.

-¡Ace Hikeen!-el moreno se quedó plantado en el sitio sin darse la vuelta. Su sonrisa se había acentuado y había sacado una mano del bolsillo. Todos los que andaban por la calle lo miraban horrorizados. Aquellos soldados parecían tener ganas de fiesta…de pronto un disparo y un grito.

Se giró poco a poco sonriendo. El soldado raso de la marina lo miraba con arma en mano y temblando. Le había acertado en el pecho, sin embargo en vez de sangre, un agujero de fuego había hecho pasar la bala. Ace suspiró. Para su pesar no podía montar espectáculos en aquella ciudad. Además, no le apetecía dormir en el mar otra noche y estar sin comer lo ponía de mal humor. Se fue acercando poco a poco a los soldados que retrocedían sus pasos, sin embargo, uno de ellos, a su manera de ver el más valiente pero el más insensato a la vez, volvió a apuntarle gritando…

-¡Quedas detenido por cometer piratería, ultraje, robo…!

-Etc.…-terminó el pecoso la frase del soldado, el cual dio un pequeño salto en el sitio del susto.

-¡Es un pirata!-gritó un hombre que veía la escena.

-¡Matadlo!-gritó otra mujer. Si permanecía allí mucho más tiempo le resultaría imposible escapar. No por aquellos soldaditos, si no por los altos mandos que tendrían que vivir por el lugar o frecuentar aquello. Y eso, ya eran palabras mayores.

-¡Queda detenido!-el soldado tembloroso volvió a disparar. Sin embargo la bala le traspasó. Ace volvió a suspirar, alzó el rostro y se ajustó el sombrero con la mano derecha.

-Lo siento chicos, pero hoy no es vuestro día…-alzó la mano y pronunció- ¡Hiken!-de pronto, proyectó una enorme llamarada hacía los marines que se quedaron frititos en el suelo, y no solo ellos, un enorme puesto del mercado también había salido ardiendo. La gente comenzó a gritar y algunos hasta correr. Parecía que se había pasado un poco, así que se acercó al tendero que miraba horrorizado como se había echado a perder su negocio.-Disculpe…-lo llamó el pecoso. El hombre se dio la vuelta asustado.-siento mucho el estropicio señor…-se inclinó hacia delante-no volverá a ocurrir se lo garantizo…

-Pero que…-el hombre lo miraba sin comprender.

-¡Es él! ¡El pirata!-Ace se giró alarmado. Un hombre había llamado a más marines, pero esta vez le tocaba irse.

-¡Hasta otra amigo! -se despidió de un tendero furioso.

-¡Como te vuelva a ver te mato pirataaa!-lo escuchó gritar mientras él corría calle arriba sonriendo.

Minutos más tarde y al ver que nadie le seguía, se escondió en un pequeño callejón entre dos enormes casas. Se sentó en el impoluto suelo para coger alguna bocanada de aire. Con suerte, los otros marines no lo llegaron a ver. De pronto el estómago comenzó de nuevo con su orquesta y él suspiró. Si entraba en cualquier restaurante volverían a reconocerlo, así que su única solución era "tomar prestado" algo de comida de alguna casa cercana. Por mucha protección que tuviesen, estaba seguro que no podrían con él. Además sería lo más sigiloso del mundo.

Le dio la vuelta a la manzana y salió por la calle de atrás a otra vía menos transitada. Subió paseo arriba mirando las enormes casas y mansiones de los alrededores. Parecía estar entrando en un barrio aun más lujoso que el anterior. Observó bien las casa y la seguridad que parecían tener, hasta que dio con la idónea. Una enorme mansión con un gran jardín, perfecto para esconderse entre los arbustos que se veían desde el árbol al que se había encaramado.

Como un experto acróbata, saltó de dicho árbol para caer al verde y cuidado césped. Pasó sigiloso entre los setos y rosales hasta llegar a la pared de la casa donde se atrincheró con cuidado para no ser visto a través de las enormes ventanas. Atravesó la parte derecha de la fachada hasta llegar a la parte de atrás. Con suerte allí habría otra puerta por la que entrar en la casa. Y efectivamente…allí estaba, una pequeña puerta de vidrieras de cristal de colores, que hacían un bonito dibujo con la luz encendida. La puerta del servicio. Se acercó poco a poco y de puntillas a la puerta. A medida que se acercaba escuchaba voces de mujeres y un impresionante olor a carne asada. Por unos instantes el pecoso se deleito con el olor del exquisito manjar.

Luego, prosiguió con su incursión. Se asomó a la vidriera y observó como dos muchachas del servicio subían lo que parecía ser la cena de los señores de la casa. Cuando vio salir a las dos de la cocina, aprovechó para entrar y esconderse en una especie de alacena enorme que había enfrente. Rodeo la mesa con cuidado para llegar, atento a cualquier ruido. De pronto al pasar oyó un maullido. Con el corazón en un puño, miró hacia abajo. Un pequeño gato color canela lo miraba con cara de pocos amigos. El animal volvió a maullar más fuerte. Ace, que proseguía con su camino hacia la alacena sin quitarle la vista al gato, se colocó un dedo sobre los labios y lo mandó a callar. Sin embargo, el gato maulló de nuevo. De pronto, oyó unos pasos que se aproximaban bajando las escaleras. Apresuró el paso y se escondió en la alacena dejando la puerta entreabierta para observar. El gato que iba a seguirlo se frenó cuando oyó también los pasos y se encaramó a una de las sillas que rodeaban la mesa.

De pronto, escuchó un llanto amargo, triste, desconsolado. Un llanto que provenía de una mujer. Se quedó mirando por la rendija abierta de la puerta, expectante. Hasta que divisó a una muchacha. Apenas la veía. Estaba de espalda. Llevaba un vestido negro y un recogido, tendría su edad, calculó. La joven se sentó en la silla de al lado. Sin embargo, tampoco pudo ver bien quien era de perfil. El flequillo le ensombrecía el rostro y tenía las manos cubriéndose la cara. No sabía quién era, pero le pareció que aquella chica se moría de dolor. La miró con tristeza. Recordaba la angustia de Sabo cuando vivía en aquella misma condición…

De pronto, una de las mujeres del servicio bajo y miró apenada a la chica, para luego sentarse a su lado.

-Señorita…-la mujer le agarro la mano. Le sorprendió la confianza con la que lo hacía. Normalmente, ningún noble o rico era capaz siquiera de tener algo de respeto por los que le servían. Y mucho menos contacto físico de algún tipo. Eso lo sabía bien…-señorita, tiene que recomponerse…-la mujer miraba angustiada a la joven-aguante un poco más…pronto se irá…

-¿Y que Mira…?-su voz estaba rota.-Mañana volverá, y al día siguiente… ¿acaso no lo has oído? Dos días…-la chica había apartado las manos de su rostro. En aquel momento, Ace abrió los ojos de par en par. Aquellos ojos verdes de la joven, aquel pelo castaño, esa tez, esos labios…de pronto un nombre se le vino a la cabeza…

Asustado, se echó hacia atrás. No creía lo que estaba viendo…era ella…la mujer a la que prometió proteger cuando era un bebé a su madre…

-Nerumi…-susurró. Se volvió a girar para corroborar aquello, cuando de pronto, le dio a un plato con la mochila y este cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Un nudo se formó en la garganta del pecoso. Y las dos mujeres alzaron la vista hacia la alacena, asustadas.

-¿Qué ha sido eso?-Mira se incorporó y miró asustada a Nerumi. La de ojos verdes se secó las lágrimas y cogió una de las sartenes que había colgadas en la pared.

-¿Quién anda ahí?-decidida, la joven se fue acercando sigilosa y sartén en mano.

-Señorita tenga cuidado...quizás sea un ladrón…-le susurró la otra.

Ace se había introducido más en el amplio mueble hasta esconderse más o menos en una de sus esquinas entre estanterías. La respiración casi se le cortaba. Poco a poco vio como la luz entraba más. Al parecer Nerumi estaba abriendo la puerta.

-¡Se lo advierto! ¡Salga!-volvió a repetir la muchacha.

-¡Nerumiii!-otra voz que él desconocía por completo llamó a la chica y esta cerró la puerta de la alacena como alma que lleva el diablo. Él se relajó y resopló aliviado. Al menos, había confirmado su sospecha. Aquella chica era ella...la hija de Elizabeth…sonrió. Aunque llevase diez años sin verla…jamás se le habían olvidado aquellos ojos verdes, idénticos a los de su madre…de pronto unos gritos lo sacaron de sus pensamientos.- ¡Haz el favor de subir! ¡No empieces con tus niñerías! Creo que mucha edad tienes para jugar a las escondidas…-Ace asomó de nuevo. Al parecer se habían olvidado de su presencia. No obstante, se acercó a la puerta y la abrió un poco.

-No voy a subir, ¡me niego!-la señora de la casa suspiró cansada.

-No tengo tiempo para tus caprichos niña, tu futuro marido está ahí arriba y vas a atenderle y a comportarte como una mujer de verdad. Se acabaron las llantinas ¡Sube inmediatamente!-ordenó. Vio a su joven hermana morderse el labio de rabia y derramar lágrimas como nunca la había visto. ¿Su futuro marido? Acaso la estaban forzando a…

-Señorita…haga caso…-la criada habló, la miraba con dulzura. Aquello hizo que Ace pegara de nuevo el oído para terminar de sacar conclusiones.-al menos inténtelo…ya verá como todo sale bien…además, tanto dolor en…

-¡Basta Mira!-ordenó la señora.-Nerumi sube, no te lo digo más.-Sin embargo, a pesar de toda aquella ira contenida, no la vio protestar. Subió las escaleras sin más. Luego la mujer se dirigió a la tal Mira-no hables tanto, y sube de una buena vez la guarnición.-la muchacha asintió.

-Disculpe señora…tal vez, no debería meterme pero…debería ser más comprensiva con Nerumi…últimamente está padeciendo mucho…intenté ser más amable con ella…

-Se buscó el dolor sola Mira…-contestó secamente-…al enamorarse de un muerto de hambre… ¡Y por cierto! A llegado a mis oídos que hay un pirata rondando por la ciudad y que ha estado matando a gente en el mercado-¿asesino? ¿Él? ¿Desde cuándo? Precisamente cuando solo había salido en defensa propia, pensó Ace indignado-así que cierra bien la puerta cuando subas y asegura las ventanas. No quiero tener a otro mugriento pirata en mi vida-Ace abrió los ojos de par en par. Por un momento el odio y la ira hacia aquella mujer lo cegaron por completo. ¿Cómo se atrevía a tratar así a Nerumi? ¿Cómo se atrevía a hablar así de él cuando ni siquiera lo había visto? Estaba claro que ya no iba a irse de allí, tenía que darle una lección de vida a aquella "señora" y además se iría con ella…

Mira se acercó de nuevo a la alacena. Ace, que la vio venir espantado, volvió a su escondite de antes. Pero de pronto, la muchacha frenó antes de abrir la puerta.

-¡Sui!-cogió al gato de antes en brazos-¡¿Has sido tú? ¡¿Cuántas veces te he dicho que no te metas en la alacena?-el gato maullaba mientras la criada subía las escaleras. Momento que aprovechó al fin para salir de su escondrijo.

Suspiró, pensaba un plan para poder sacar a Nerumi de allí sin que nadie los viera…sin embargo, parecía una operación bastante difícil. Se sentó a la mesa y se quitó el sombrero para revolverse el pelo con la mano. De pronto, su estómago volvió a hacer un estruendoso ruido. Él, que miraba la mesa vacía ahora de comida con desgana, se levantó y se acercó a la nevera. Sonrió con satisfacción al ver todo tipo de manjares. Antes de llevar a cabo cualquier extraña operación, mejor estar preparado, pensó...

Salió del baño con el pelo mojado y cubriendo su cuerpo con una toalla blanca. Se sentó en el tocador cansada y alzó el rostro para mirarse en el espejo. Estaba horrible. Demasiado pálida, más delgada de lo normal, con unas terribles ojeras…suspiró abatida y se llevó las manos al rostro para comenzar a llorar de nuevo…cuando de pronto, escuchó un ruido en el balcón. Sobresaltada, se levantó de su asiento ajustándose la toalla. Poco a poco comenzó a caminar hacia los grandes ventanales hasta que retiró por completo las cortinas. Su corazón, que se había acelerado con creces por el susto, pareció calmarse cuando comprobó que fuera no había nadie. Aun así, abrió la puerta corredera y salió.

La brisa fresca de la madrugada se colaba por su pelo mojado haciendo que temblara un poco de frío. Sin embargo, no entró…se quedó mirando al horizonte…hacia una gran ciudad llena de luces, llena de egoísmo y de malas personas…de pronto una lágrima rodó inconscientemente por su mejilla derecha.

-Me gustaría saber qué te aflige tanto Nerumi…-de pronto, escuchó la voz de un hombre a su espalda. Asustada comenzó a temblar. No quería darse la vuelta y encontrarse la cara de su "prometido" bajo ningún concepto, y menos cuando solo la vestía aquella toalla.- ¿te asustas de mí?-le volvió a decir. Su voz desprendía una chulería poco propia del capitán con el que iba a casarse. Así que, lentamente comenzó a girarse hasta quedar de frente con la figura que permanecía apoyada con los brazos cruzados en el marco de la puerta de su habitación. El hombre sonrió en la oscuridad sin alzar la vista.

-Tu…-a Nerumi le entró totalmente el pánico. Lo señaló horrorizada-eres del que hablaban en la cena… ¡eres el pirata que ha atacado la ciudad!-quería correr pero le temblaban las piernas. El hombre que escondía su rostro en la penumbra de su sombrero se fue acercando a ella poco a poco.- ¡Aléjate o gritaré!

-No serás capaz…-contestó él.

-¡Vete!-le gritó. Él levantó la mano para agarrarle la muñeca pero en un rápido movimiento la muchacha lo esquivó.

-Quieres calmarte Nerumi, soy…-pero antes de que terminara, la joven ya se había escabullido-es rápida…-se sorprendió. Se giró para agarrarla, pero ya había cerrado la puerta del balcón y lo miraba desde dentro con cara de pánico. Él suspiró.-me tenía que haber quitado el sombrero…

-¡Allí está!-escuchó gritar a alguien a su espalda.- ¡el pirata ha entrado!

-Mierda…-susurró-porque no haré las cosas más fáciles…-miró de nuevo hacia dentro y comprobó que ella ya había salido de la habitación. De pronto el que le había gritado llamó a su compañero y ambos empezaron a tirotearle. Con una enorme agilidad, se subió a las barandas del balcón para saltar y agarrarse a las barandas del balcón que había encima. Se subió hasta tocar el suelo con los pies.

-¡Ha entrado en la casa! ¡Llamad a seguridad!-oyó a los guardas decir. Fue a abrir el balcón pero estaba totalmente cerrado, así que decidió fundir el manillar. Al entrar en el cuarto, otra bala le atravesó la cabeza.

-Hiken…-el nombrado miró al hombre corpulento que le apuntaba a su derecha.

-Capitán…-el moreno sonrió de oreja a oreja-que alegría verle de nuevo…-ironizó con malicia.

-¡Cállate! ¿Qué haces aquí? ¿Y qué hacías con mi prometida?-a Ace le pareció que estaba bastante enfadado, o peor aún, celoso. Aquello le resultó realmente patético y divertido a la vez. Se encogió de hombros y se alzó el sombrero para dejarse ver.-Qué buscas hiken…

-¿Enserio es su prometida? Yo creo que ella no tenía ninguna intención de casarse cuando la escuché…-iba a picarlo-por eso me la iba a llevar… ¡es guapa! ¿No cree?-Sonrió con suficiencia.

-¡Ni se te ocurra burlarte de mi mocoso! Ya te he visto antes…tu atacaste el barco de la marina en el que yo viajaba hacia aquí hace unos días.

-¿Enserio?-Ace lo miró incrédulo-¿eso hice yo?-se señaló a sí mismo.-el capitán se puso rojo de furia y le atacó con todas sus fuerzas. Ace esquivaba cada uno de sus movimientos con gran soltura.- ¡Capitán! ¡No se esfuerce! ¡Está demasiado viejo! ¡No creo que pueda darme! Jaja.-mientras seguía esquivando, el capitán destrozaba la habitación con cada ataque.

-¡Voy a llevarte a la horca!-gritó. Ace salió por la puerta corriendo pasillo abajo. No le apetecía que toda la casa saliera ardiendo con Nerumi allí. No la encontraría jamás. El capitán lo seguía furioso. De pronto, escuchó como la seguridad subía las escaleras a toda prisa. Se escondió en un resquicio de la puerta mientras pasaban por el pasillo y se encontraban con el capitán. Ambos bandos desconcertados por su ausencia.

Sigiloso, aprovechó el momento para bajar las escaleras hasta la planta en la que Nerumi dormía. Iba por los pasillos llamando y abriendo las puertas. Hasta que, para su desgracia, dio con la de la señora de la casa, la cual salió hacia él en camisón y sin que se diera cuenta le arreó un sartenazo en la cabeza. Por unos instantes Ace perdió la visión.

-¡Está aquí malditos incompetentes!-gritó a sus subordinados que bajaban las escaleras. Maldijo su suerte. Se mordió la lengua para no perder la consciencia por el golpe en la cabeza, el cual no había podido esquivar con sus llamas. Tenía que salir de allí, así que como pirata que era solo se le ocurrió una solución. No muy honrada a su parecer. Le bloqueó a la señora de la casa las manos en la espalda, sacó su cuchillo, pocas veces usado, y se lo colocó en el cuello.- ¡suéltame pirata mugriento!-gritó la mujer. Ace sonrió.

-No crea que soy uno de sus subordinados señora…-le susurró al oído de forma maliciosa, lo cual produjo un quejido de pánico de la mujer que tenía aprisionada.-dígale a esos que se arrastran bajo su falda que no estoy aquí, que he subido a la planta de más arriba…

-¡Ni hablar! A mí no me chantajeas asqueroso…-Ace resopló, tenía carácter, pero no quería alargar la situación. Así que apretó el cuchillo contra la garganta de la mujer.

-¡Hágalo!-le ordenó gritando.

-¿Qué…has venido…a buscar…?-la voz le temblaba, el miedo parecía apoderarse de ella.- ¿Dinero…?

-No…-le susurró.- ¡Hágalo!

-No…hasta que no me digas que quieres maldito pirata…

-Deseo liberar de su yugo a una mujer…-la dueña miró horrorizada al pirata que le clavaba en cuchillo en la garganta...no podía creer las palabras de aquel hombre…- ¡Hágalo!-de pronto se escuchó el grito de una mujer al final del pasillo…

...

NA: ¿Qué tal? ¿Mejor? Un reencuentro un poco ajetreado después de 10 años, a ver como sale nuestro pecoso de esta ^^. Muchas gracias por los reviews chicS! Espero que os este gustando el fic! Os dedico el capítulo :D

Besos!