Capítulo 8

Se levantó de la alfombra azorada en dirección a la chimenea. Se cubría sus labios entre abiertos con sus manos mientras él, era incapaz de mirarla a la cara…

-Entiendo que quieras volver con tu tía o continuar sola…siento haberte decepcionado…-susurró mientras se incorporaba.-buenas noches Nerumi…-la joven se dio la vuelta y lo miró. Él le daba la espalda y andaba en dirección a la puerta.

-Espera…-Ace obedeció, paró en seco su paso sobre la alfombra, pero no se giró. Se sentía horrible. Aunque sabía que su reacción era de lo más lógica. Todo el mundo reaccionaría así si se enterasen de que Roger tuvo un hijo…Sin embargo, ahora no solo se sentía un ser despreciable por llevar aquella sangre en sus venas sino que sentía algo más. Tenía miedo. Un miedo paralizante e inquietante. Un terrible miedo oculto en su mente. Un miedo extraño y nuevo…Un miedo horrible de perderla…

-Oye, lo siento…no tengo la culpa de que me tocara,-intentó excusarse de mala manera aun sabiendo que no tenía la culpa del legado de sus predecesores.-No lo elegí como padre y…-pero de pronto calló al sentir unos brazos rodeándole la cintura, un contacto muchísimo más intenso que cualquiera que hubiese tenido antes con ella…

-No me importa…-el pecoso tuvo que tragar saliva de la impresión.-aunque no simpatices con el que te dio la vida…no me importa…-fue el momento en el que ella lo giró para mirarlo a la cara. A los ojos…-qué más da de donde o de quién procedas…si eres importante para ciertas personas lo demás no importa…no te imaginas…-le acarició la mejilla con su mano y un escalofría recorrió su cuerpo.-lo importante que eres en mi vida…-y se perdía en aquellas pupilas verdes.-tú existencia …es vital para mí…lo importante Ace, es que el mundo te recuerde y te reconozca por quién has sido, no por quién dicen que eres o por quién creen que fue tu padre…-el pecoso no daba crédito a lo que oía. Las palabras de Nerumi le aceleraban el pulso a cada segundo que pasaba…la agarró de las mejillas e hizo suya su mirada.

-Que pienses eso es…

-¿Importante?

-Para mí si…Pensé que tu reacción sería horrible…tenía…pánico…-confesó.

-No me importa tú pasado…solo tu presente y tu futuro…-le agarró una de las manos que tenía sobre sus mejillas.-tu destino…-sonrió.

-Ojala ese destino fuese junto a ti…-pronunció aquello sin pensar en un susurro casi intangible y efímero. Nerumi abrió los ojos de par en par, y de pronto apartó sus manos de sus mejillas y se separó de él casi una cuarta.

-No lo hagas…-Ace miró extrañado su reacción.

-¿Te he incomodado? Lo he dicho sin pensar…yo…

-No te enamores de mí…-lo interrumpió.

-¿Qué…?-Ace la miró sin comprender. La joven temblaba, todo su cuerpo se había estremecido bajo la mirada de aquel hombre. ¿Sin querer estaba sucumbiendo a él? No…no podía aceptarlo, no quería aceptarlo…Se hizo una promesa, no se enamoraría jamás de cualquiera…Entonces, ¿por qué tenía miedo? ¿Porque si estaba tan segura de lo que se prometió a sí misma el corazón le daba un vuelco a cada paso hacia él? Tenía que alejarse…acababa de notar en los ojos de Ace su deseo de tenerla, y no solo en sus ojos, sino también en sus palabras. No lo aceptaría jamás…

-No…no está bien y lo sabes…-tartamudeó apartándole la mirada.

-¿Por qué dices eso?-estaba siendo demasiado claro. Aquella presión la ponía de los nervios.

-Somos hermanos ¿no?…es otro vínculo el que nos une…

-La sangre no…-se acercó a ella. Nerumi lo miró nerviosa y empezó a retroceder.

-Te haré daño…-Ace paró en su camino.

-Nerumi…-le gustaba. Su "hermana" pequeña le gustaba muchísimo…Pero… ¿por qué? Supuestamente aquella atracción debería de estar mal… ¿pero por qué pensaba que no lo estaba? Desde luego, él no estaba dispuesto a seguir con aquel sentimiento, sin embargo…

-Dime… ¿por qué tienes que estropearlo todo?

-¿Qué?-Ace la miró aparentando incredulidad.- ¿Quién ha dicho nada de amor? Soy un pirata Nerumi…-rió altivo con los brazo cruzados.-no me van esas cosas.

-Ah entonces es otra cosa…-Nerumi lo observó espantada.- ¿Acaso los hombres no sabéis guiaros por otra cosa que no sean vuestros instintos más básicos?

-¿Instintos básicos?-el pecoso la miró sorprendido.-No sé como puedes pensar eso de mí…

-Y si no es amor y no es lo otro… ¿Entonces qué es?-exigió una respuesta.

-No lo sé…-susurró el moreno. Confesando así, que algo si sentía. Aunque no quisiera reconocerlo. Aunque fuese demasiado pequeño como para darle la suficiente importancia.

-Aun así…no lo hagas…ese "no lo sé" que sientes quizás pueda ser algo mayor dentro de un tiempo…-su voz parecía afligida. Él la miraba con una sonrisa triste en los labios.-y no soy para ti… soy caprichosa, egoísta, irresponsable, mimada, a veces desagradable, muchas veces desagradable…-los nervios le fallaban.-…además, yo…-dudó-…no te veo de la forma que tú piensas…

-¿Y crees que yo te veo así?-ella asintió. Ace suspiró.-ya te he dicho que esas cosas no son para mí…

-Tu forma de mirarme…-lo interrumpió haciendo caso omiso a sus últimas palabras.-…de tratarme…-Y él maldijo su suerte. Nerumi se había dado cuenta para su desgracia…-sé que como hermano mayor siempre dijiste que era tu deber protegernos, pero…tengo la sensación de que no me quieres proteger como a una herma…-de pronto calló. Por lo visto estaba hiriendo su orgullo.

-Te equivocas de medio a medio al pensar que estoy enamorado de ti…-Nerumi se mordió el labio cuando observó como la miraba serio, enfadado y dolido.-Soy un hombre libre y sin ataduras. El amor no está entre mis sueños. Prefiero tener aventuras con mujeres y ya está. Si me enamorase de ti…-se acercó de nuevo a ella y la miró aun más serio que antes-tendría un yugo demasiado grande sobre mi espalda.-Y lo hizo. Sin duda era la persona más horrible encima de la tierra. Un ser despreciable que no era capaz de aceptar la realidad. Un ser que le estaba haciendo daño a ella. Una persona que él mismo despreciaría…- Mi vida es la libertad, mi familia la que está bajo mi bandera, mi amor es el mar, el riesgo y la aventura…No te equivoques...-continuó como pudo.-no sería capaz de arriesgar nada de eso por ninguna mujer…-se giró para salir de la habitación. ¿Acaso intentaba convencerse a sí mismo con aquellas palabras? Acaba de soltar un veneno letal por la boca, estaba seguro de que le había hecho daño a ella pero… ¿era eso lo que quería…?

-¿Entonces? ¿Por qué me miras así?-la voz de la muchacha temblaba. Se sentía tremendamente pequeñita y frágil al lado de aquel hombre.

-Eres mi hermana pequeña…-contesto lo más normal que pudo sin que se le notara flaquear.-no voy a mirarte o a tratarte como a cualquier otra mujer…

Pero lo cierto era que no tenía respuesta que darle a ella sobre su pregunta. Eso era algo que se guardaría para él. Salió del salón con un nudo en la garganta. De nuevo el remordimiento recorría sus pensamientos. Se estaba mintiendo a sí mismo y lo sabía a la perfección…y no solo eso…la había despreciado con sus estúpidas palabras…-Rayos…joder…-susurró a la vez que entraba en su habitación y se tapaba la cara con sus manos.-qué diablos me pasa con ella…maldita sea…

Nerumi se sentó en el sofá. Se acarició las mejillas mojadas, su corazón aun palpitaba con fuerza hasta que empezó a calmarse. Quizás se precipitó al pensar que Ace sentía algo por ella. Y al parecer, incluso se había enfadado por pensar así…Se sentía dolida…terriblemente pesarosa y atormentada…y en aquel momento, para su desgracia, recordó a la perfección las palabras que salieron por la boca de la mujer que odiaba tanto: "¿Es eso lo que quieres en tu vida? ¿Vivir como una cualquiera en manos de un hombre que lo mejor que puede hacerte es forzarte a cualquier cosa?..."

Es verdad, los piratas no podían amar. Significaba poner en juego su libertad y la mayoría de ellos ni se planteaban que significaba aquella palabra. Entendió entonces que su tía tenía razón. Ace solo querría tener entre sus brazos a cualquier mujer pasajera para cubrir sus necesidades…como cualquier otro pirata…como cualquier otro hombre…todos eran iguales al fin y al cabo… ¿pero porque se sentía así entonces? La había rechazado hasta el punto casi de menospreciarla. Y le dolía…sin saber por qué le comprimía el pecho aquella sensación…Suspiró…al parecer Portgas D. Ace no tenía otro sueño en su mente que no fuera la aventura, el mar y el riesgo…ella no formaría parte de ese sueño nunca…

Se había pasado la mañana de aquí a allá buscando algún tipo de información acerca de Kurohige. Sin embargo, poco había encontrado. Llegó a casa de Reiko sobre el medio día con la intención de avisar a Nerumi para que se marcharan. Pocas ganas tenía de pasar otra noche a la intemperie en el mar. Pero cuando llegó…

-Reiko, buenas tardes.-sonrió.

-Buenas Ace, ¿has almorzado?

-No, pero no te preocupes, he venido a por Nerumi, nos marchamos ya.

-¿Has terminado de hacer eso tan importante que tenías pensado?

-Sí…pero no ha servido de nada…-se sentó en el sofá rendido. Reiko sonrió.

-Pues lamento decirte que Nerumi no está en casa.

-¿A no?-Ace la miró sorprendido.

-No, después de desayunar salió. Dijo que iba a explorar.-el pecoso sonrió.-aunque parecía triste cuando se marchó. ¿Tienes idea de qué puede pasarle? No quiso contarme nada.-entonces recordó la charla de la noche anterior.

-Pues…no lo sé…-fingió.

-Espero que nada grave…te prepararé algo de comer anda, estoy segura de que Nerumi está al llegar…

El paisaje blanco de los alrededores del pueblo era realmente hermoso. Incluso le había alegrado un poco el día aquella tranquilidad, aquella paz…por un instante el pesar y el dolor que había padecido la noche anterior se había disipado por completo. Aunque aun se preguntaba el porqué sentía aquel dolor…

Bajo una colina nevada más hasta llegar a divisar el mar. Poco a poco, con una sonrisa en la cara y entonando una canción se adentró en el paisaje hasta llegar a un acantilado. El viento en aquel lugar arreciaba más fuerte que en otra parte de la isla. Aquello hizo que la visión se le nublase un poco, no obstante, pudo contemplar a la perfección algo que llamó su atención significativamente, la enorme balsa que estaba anclada a la orilla del mar cerca de unas formaciones rocosas y que no pasaba desapercibida a sus ojos. Sorprendida y a la vez curiosa, bajó del acantilado en dirección a aquella balsa para observarla más detenidamente. Allí abajo el viento era casi inexistente y las olas rompían contra las rocas de forma suave. Entonces fue cuando le llamó la atención algo de aquella embarcación. Portaba unas enormes velas negras en cuyo centro se dibujaban a la perfección tres calaveras.

-Qué maravilla de la naturaleza, ¿verdad capitán?-una voz masculina y suave resonó a sus espaldas. A Nerumi le dio un vuelco al corazón.

-¡Zehahahahaha! Estoy totalmente de acuerdo-a su espalda una risotada que le puso los bellos de punta.- ¿No es gran cosa nuestro barco cierto?-Nerumi se giró poco a poco hasta encontrarse con un enorme pirata, con el pelo y la barba oscura, ropajes llamativos y a su parecer, bastante gordo. Iba acompañado de otros dos con una pinta bastante extraña. Uno de ellos llevaba un bastón, y el otro parecía bastante fuerte y musculoso. Aun así estuvo segura desde el primer momento que eran piratas, y no de los "buenos".

-Disculpen, yo ya me iba-poco a poco y con el miedo en el cuerpo, la joven pasó por el lado del pirata que parecía ser el capitán. El hombre la miró con curiosidad.

-No sabía que las mujeres de esta isla infernal fuesen tan guapas, ¡Zehahaha!-Nerumi que le daba la espalda se quedó paralizada, observó cómo sus acompañantes la miraban con una extraña sonrisa en los labios. Un escalofrío desagradable recorrió todo su cuerpo. Parecía que sus piernas se habían paralizado por el miedo y era incapaz de avanzar. Por un momento se enfadó consigo misma y su maldita curiosidad, de nuevo estaba metida en otro lío sin querer… ¿por qué demonios tenía tan mala suerte?, se preguntó.

-Me temo que se equivoca, no soy de aquí.-habló casi por impulso, aunque enseguida se arrepintió de ello. El pirata se adelantó unos pasos hasta quedarse frente a ella mientras que los otros se mantenían detrás. Si quería huir, no tenía escapatoria posible.

-¡Así que una joven aventurera en busca de sus sueños ¿no?-el pirata sonrió y por un momento ella pareció tranquilizarse al no ver en él malas intenciones, aun sabiendo la mala pinta que tenía.

-¡Ojalá fuese así!-sonrió correspondiendo-pero tiene delante a la aventurera más debilucha que existe, así que dudo que llegue muy lejos en mi aventura de pirata.

-¿Pirata? ¿No tienes acaso una tripulación? ¿Viajas sola tal vez?

-No, no estoy oficialmente en ninguna tripulación, viajo con A…-sin embargo se lo pensó.-con mi hermano mayor.-acertó. Sabía que Ace era conocido y no quería causarle más problemas o enemigos…-aun así no hago más que causarle problemas.-sonrió con cara de circunstancia mientras se llevaba una mano al pelo.

-¿Ser fuerte? ¡Zehahahaha eso tiene fácil solución preciosa!-de pronto el pirata se dio la vuelta y se lanzó hacia su balsa, montándose en ella con gran agilidad a pesar de su peso, pensó la joven sorprendida. Los otros dos compañeros lo siguieron sin mencionar palabra- ¡Los sueños no solo se cumplen a base de fuerza!-de pronto le lanzó un pequeño saquito que ella cogió al vuelo con avidez y lo observó desconcertada.- ¡Pero la fuerza ayuda la gran mayoría de las veces! ¡Zehahahaha! ¡Eso que tienes te ayudará a cumplir los sueños que anhelas! ¡Y a ser una gran pirata! ¡Este mar está lleno de peligros! ¡Y no solo habló de las bestias que lo habitan, si no de los hombres que lo navegan!-De pronto, soltó amarras.

-¡Espere! ¡No me ha dicho su nombre! ¡¿Por qué me ayuda?-le gritó mientras veía como se alejaba de la costa.

-¡Para que la próxima vez que nos veamos sea la fuerza la que cambie nuestro destino! ¡Zehahahahaha!-Nerumi sonrió y alzó la mano para despedirse…Al final no había parecido tan mala…persona…

Caminó hacia el pueblo observando el pequeño obsequio que le había dado aquel pirata. "¿Qué será?" se preguntó. Abrió la bolsa con cuidado y miró en su interior, en él, había unas especies de cerezas diminutas y azules. La de ojos verdes miró extrañada la mala pinta que parecía tener aquel manjar. Quizás aquel pirata estaba loco o mal de la cabeza y lo que quería era matarla envenenándola con aquello. Aquel pensamiento le pareció bastante lógico y estúpido a la vez…que el hombre no la conocía de nada como para envenenarla…aun así, lo mejor sería esconder aquella bolsa y no tratar el asunto de aquel pirata con Ace…Estaba segura de que serían más problemas y discusiones y aquel día pocas ganas tenía de discutir o hablar, al menos con él…Así que guardó la bolsita en su mochila a buen recaudo…

Pasaba la hora del almuerzo cuando llegó a casa de Reiko…

-Nerumi, ¿dónde te habías metido?-la mujer la miró preocupada.- ¿estás bien?

-Si Reiko, tranquila solo estaba dando un paseo por los alrededores y he tardado más de la cuenta.-sonrió mientras se deshacía del abrigo.

-Menos mal… ¿te apetece comer algo?

-Me encantaría.-la siguió hasta la cocina.

-Ace llegó antes del almuerzo con el pensamiento de que os marcharais pero le dije que no estabas.

-¿Y dónde está?-susurró entristecida de repente.

-Pensó en echarse una siesta hasta que llegaras. Al parecer no ha tenido una buena noche, y tampoco una buena mañana…-Reiko le sirvió la sopa a una Nerumi que escuchaba atenta sus palabras aunque cabizbaja.-oye, no es por meterme, suelo ser bastante discreta pero…anoche, ¿ocurrió algo?-Nerumi desvió la mirada hacia la sopa, estaba abatida.

-Digamos que aclaramos bastantes cosas…-susurró mordiéndose el labio. La mujer, que la miraba con ternura, sonrió.

-¿Pero estás bien?

-¿Acaso debo estar mal? cada uno es dueño de su vida, de su destino y de sus sueños. Cada uno decide qué y quién quiere ser en este mar. Me quedó…muy claro…-susurró más para sí misma que para el mundo.

-Por mi experiencia he de decirte, si no es atrevimiento, que los dos os estáis equivocando.-Nerumi la miró sin comprender.-Tu por pensar que no sientes, él por mentirse a sí mismo…-entonces cambió su gesto a sorpresa.-soy bastante observadora, no te puedes hacer una idea de lo que siente ese joven por ti. Cada vez que te mira es como una declaración. Y tú…-sonrió-…y tu sonrisa tonta…

-Pero es imposible…pertenecemos a mundos distintos. Yo no lo aceptaré, tuve mi mala experiencia…no quiero sufrir ni hacer que los demás sufran…además, él es mi hermano…

-¿Lo es? ¿O es lo que tú quieres creerte para no aceptarlo?

En aquel instante, Ace entró en la cocina y ambas guardaron silencio. El pecoso las miró a una y a otra. Se notaba que le estaban ocultando algo.

-¿Es cosa mía o mi presencia ha hecho que vuestra conversación termine? ¿Qué ocurre?-Nerumi iba a contestar pero Reiko la interrumpió adelantándose.

-En absoluto, Nerumi me contaba cómo le ha ido el paseo de esta mañana. Y luego hemos hablado de temas de mujeres que tienen que ver con mi embarazo, quizás por eso nos hemos callado cuando has entrado Ace, por prudencia y decencia. No está bien visto que una mujer hable de sus intimidades como si hablase del tiempo ¿no crees?-rió.

-Visto así…-Ace correspondió a esa risa.-Estoy seguro de que a Nerumi le vendría bien algún que otro consejo ¿no?-la miró con picardía. Sin embargo, la joven se levantó de su asiento enfadada y salió por la puerta dando un portazo y dejando a un Ace totalmente desorientado.- ¿Y ahora qué?-buscó en Reiko la explicación a aquel comportamiento.

-Que poco tacto tienes…-la mujer lo miró con resignación.

-¿Por qué?-seguía sin comprender, que sabía a la perfección que aquellas cosas emocionales no se le dieron nunca bien. Y entender a mujeres como Nerumi menos.

-No sé qué física existe entre vosotros dos, solo te aconsejo que no le hagas daño…

-¿Qué quiere decir con…?-la mujer volvió a interrumpirlo.

-El pasado es difícil de superar a veces, pero es necesario aceptarlo para poder afrontar el futuro, y sobre todo el presente…Si te lo propones, y vas con buenos modos, quizás ella te abra su corazón marchito…-aquello parecía un maldito acertijo de viejas se dijo el pecoso con el ceño fruncido en su mirada.

-El pasado...-susurró a la vez que intentaba atar cabos.

La mujer salió de la cocina para dejarlo con sus pensamientos, que falta le hacía, Ace se sentó y bebió un poco de agua del vaso que minutos antes Nerumi había utilizado. Tras varios minutos de dar vueltas, de pronto, averiguó el "acertijo" y el remordimiento empezó a corroerle por dentro… Sabía que la de ojos verdes había tenido una mala experiencia en cuanto a los hombres. Lo supo desde que visitaron el cementerio antes de marcharse de Libertad. Pero, no se le había pasado por la cabeza preguntarle si alguien la esperaba en algún lugar o como mínimo saber si aun estaba viva aquella persona. Supuso que lo mejor era no mencionar el tema hasta que no tuviera suficiente confianza en él como para contarle tal cosa. No obstante, sería algo sobre lo que intentaría indagar más, aunque fuera indirectamente…

Sin embargo, a pesar de lo que quizás pudiera sentir por ella, él no dejaba de ser quién era…un pirata. Un pirata que se predispuso una meta y un objetivo desde el principio de su aventura. Y enamorarse no estaba entre esas metas…era libre, y así quería seguir siendo. Correr aventuras, vivir saboreando el riesgo y afrontando los peligros y dificultades que se le presentaran para poder ser más fuerte…Una mujer no era para él. Siempre pensó que ellas tendrían otros planes en sus vidas. Casarse, tener hijos…Y nada de aquello le hacía ilusión. Siempre se había visto envejecer solo y con millones de anécdotas a su espalda. O simplemente morir en algún lugar que no fuese olvidado por nadie durante los siglos venideros…Y aquella forma de vida era totalmente incompatible con su ideología. Sencillamente era algo imposible…

No obstante…ahí estaba ella…después de diez años había conseguido despertar en él algo que jamás creyó que despertaría, que ninguna mujer le había despertado antes…Se rió de sí mismo al verse tan vulnerable por unos ojos bonitos y unas curvas perfectas…Suspiró…Y en aquel momento ella hizo acto de presencia en la cocina…no mencionó palabra, pero por un instante volvió a sentirse extasiado con aquel aroma a azahar que desprendía, con la devoción y el cuidado que tenía con cada cosa que pasaba por sus manos…Por un instante incluso se imaginó aquellas manos recorriendo su cuerpo, acariciándole el pelo o simplemente entrelazadas con las suyas…La vio salir de la habitación por la puerta de atrás con una cesta en las manos y el abrigo puesto cubriéndole la cabeza…Estaba preciosa con aquella rojez en sus mejillas y en la nariz por el frío…Sonrió…y entonces estuvo seguro, no solo eran sus ojos o sus curvas, o su bonita sonrisa…era ella, en todos sus aspectos…en su carácter, en su forma de ser…No se trataba de arriesgar su libertad por una mujer cualquiera, sino por ella…

Iba a por leña para calentar la chimenea. Aquella tarde se presentaba bastante fría y con un alta probabilidad de que nevara. Al pasar por la cocina lo había visto sentado allí en la mesa, inmerso en sus pensamientos. Y sin querer un pellizco le agarró el estómago…

Al salir, comenzó a guardar la leña en la cesta que había dejado en el suelo, al mismo tiempo que dos rastros de lágrimas se escapaban de sus ojos. Dejó de hacer su tarea y desolada se sentó sobre la nieve para luego mirar al cielo. Temblaba. Aunque no de frío. Se sentía desorientada, sin rumbo. No podía permanecer con Ace de por vida, él tenía unos nakamas que ya le acompañaban…se sentía sola, perdida, como un naufrago en una enorme isla desierta…Y lo peor era que no podía dejar de llorar…

De pronto, apreció unos pasos a su espalda. Se negó a darse la vuelta, no quería encontrarse con su mirada acusadora o arrogante. Sin embargo, aquella persona se paró en el camino y ella casi por instinto dejó de llorar. No se permitiría el lujo de que la viera llorar. Ni mucho menos por él…De repente una voz gritó.

-¡Nerumi cuidado!-la joven se apartó antes de que el marine que se encontraba a su espalda la agarrara. Fue entonces cuando se percató de la situación. Había dos marines en frente de ella. Uno mantenía retenida a Lyly que luchaba por librarse del agarre. El otro la apuntaba con un revólver.

-Señorita D. Mero, queda arrestada. Será mejor que no se resista, si no quiere que la pequeña sufra algún daño.-la de ojos verdes levantó las manos y se levantó poco a poco del suelo nevado.

-Déjela en el suelo por favor…-la voz le temblaba.

-Creo que no está en condiciones de exigir nada.-contestó el marine con seriedad. Tenía toda la pinta de ser otro capitán. Observó nerviosa como su subordinado apuntaba a Lyly con un revólver.

-¡Por Dios suéltela no es más que una niña! ¡Iré donde quiera!-el hombre se acercó con unas esposas en sus manos.

-Lo haré cuando la tenga bajo mis pies.-la miró con ira para luego agarrarla con fuerza de la muñeca y colocarle las esposas.-Así es como debes estar…la piratería no le corresponde a una niña mimada y de clase como usted y menos cuando es cómplice de matar a un capitán de la marina.-el hombre le levantó la mano propinándole un tortazo en la mejilla a la joven dejándola caer al suelo.

-¡Nerumi!-gritó Lyly al borde del llanto.

-Cállela soldado…si no deja de gritar no dude en dispararle…-el capitán se dio la vuelta para mirar a la niña-no tengo ganas de organizar un escándalo en este pueblucho…Y menos que se aparez…¡aaagghh!-de pronto una cadena rodeaba su cuello asfixiándole.

-¡Dile que la suelte!-gritó la de ojos verdes que había atrapado al capitán.

-Cre…es…qu…tienes…más…fuer…za…que…yo…-el capitán tiró de la cadena y levantó a Nerumi casi una cuarta del suelo. Sin embargo, la joven en su forcejeo le propinó al capitán una patada en sus "partes bajas" e instantáneamente cayó al suelo del propio dolor. En aquel instante, Nerumi en un rápido movimiento agarró el arma de fuego del marine y apuntó al soldado raso que la miraba temblando.

-Suéltala…-obedeció. Casi de forma fugaz dejó escapar a Lyly que buscó refugió tras la de ojos verdes. Pero al pasar por el lado del capitán este le agarró el tobillo y la dejó caer al suelo nevado y frío,

-¡Ah! ¡Suéltame!-la pequeña gritó y soltó un par de lágrimas. Sin pensárselo dos veces, Nerumi apretó el gatillo propinándole un par de balazos en la espalda…

Mientras tanto dentro de la casa…

-¡¿Qué ha sido eso?-Reiko entró alarmada en la cocina donde un Ace permanecía totalmente dormido a causa de su ya conocida enfermedad.-¡Ace!-la mujer lo zarandeó hasta que se despertó.

-¿Qué…qué pasa?-la miró somnoliento y desconcertado.

-¡He oído fuera un disparo!-gritó. Rápidamente, Ace se levantó. El sueño se le había pasado de golpe. Salió por la puerta seguido de Reiko y observó el panorama.

-¡Lyly!-gritó su madre. La pequeña, que se abrazaba a la de ojos verdes, desesperada, salió corriendo en dirección a su madre.

-¡Mamá!

-¡Hija por Dios!-ambas se abrazaron.- ¿Qué ha ocurrido? ¿Estás bien?

Ace se acercó al soldado que aun se mantenía de pie, estaba realmente enfadado. Prendió su mano derecha en fuego y sin pensárselo dos veces, le propinó al marine un puñetazo lanzándolo contra los árboles más próximos. Ante el golpe, se desplomó al suelo manchando la nieve de rojo.

Poco a poco se acercó a Nerumi, que había hincado las rodillas en el frío suelo. Tenía un revólver en las manos temblorosas y el capitán permanecía postrado sobre la nieve con dos tiros y una mancha de sangre alrededor.

-Nerumi…-el pecoso se agachó frente a ella, tenía las muñecas rojas y encadenadas.- ¿estás bien?-la joven levantó la cabeza y lo miró, y sin mencionar palabra soltó el arma y apoyó la cabeza en su pecho. Él la abrazó con una enorme sonrisa.

-Ha sido horrible…-contestó.

-Podrías haberme llamado…

-Hay cosas que tengo que aprender por mí misma… ¿no?-se separó de él para mirarlo con una leve sonrisa.

-Has empezado con buena puntería.-rió mientras se levantaba. Ella lo imitó.-vamos dentro, será mejor que nos vayamos cuánto antes, saben que estamos aquí.

-Podemos poner en peligro a Reiko y su familia. Será lo mejor.-Nerumi se adelantó en el paso. Él permaneció un instante observando su hazaña. Y entonces, a partir de aquella locura que había cometido la joven, a él se le ocurrió una gran idea…

….

-Aich…-aquellas muñecas ensangrentadas le dolían a horrores mientras Reiko se las curaba y las vendaba.

Ace, que recogía todas las cosas de ambos, escuchaba atento a Lyly que contaba extasiada la aventura que habían tenido hacía unos minutos y como Nerumi le había salvado la vida sin titubear.

-¿Dónde aprendió a hacer eso?

-Creo que lo ha aprendido ella sola Lyly. Aunque tengo la intención de enseñarle algo más, no está acostumbrada a tratar con la marina todos los días.-rió. La pequeña lo siguió.- ¿Nos vamos?-se asomó a la puerta de la cocina y miró a ambas mujeres con una sonrisa.

-Sí.- Reiko ató la venda de la muñeca izquierda terminando su labor de enfermera.

-Cuidaros muchísimo por favor…-le proporcionó un abrazo a Nerumi.

-Tú también. Sobre todo por el bebé que viene en camino.

-No sé como agradecerte que hayas salvado la vida de mi hija.

-Ella me la salvó antes a mí Reiko…-sonrió separándose del abrazo.

-Gracias…Y a ti también Ace. Eres un pirata excepcional, jamás me olvidaré de tu nombre, ni de la banda a la que perteneces…Ojalá que vivas y cambies tu forma de pensar un poco…me encantaría que algún día un hijo tuyo visitase esta isla…-sonrió.

-Reiko…-él se agachó en señal de respeto.-gracias por su hospitalidad. Aunque el tema de los hijos sea algo en lo que discrepe con usted, no hay duda de que es una madre increíble…y gracias por salvarnos la vida a nosotros también.

-Mi marido se entristecerá mucho con vuestra marcha…pero estoy segura de que no se arrepiente de haberos salvado.-sonrió.

-Entonces estamos en paz.-Nerumi sonrió y ambos se despidieron. Fuera la luna empezaba a acoger el cielo estrellado sobre un manto blanco de nieve…

Se habían pasado la noche caminando por aquel puerto sin nombre. Huyendo. Ya ni siquiera sabían de qué, o de quién, huían. Quizás de todos aquellos marines y caza recompensas que les estaban haciendo la vida imposible desde que salieron de Libertad. Habían llegado a uno de los muelles en busca del bote que los llevaría de nuevo al mar. Y nada más llegar, el moreno se encaramó al mismo de un salto para luego, retirar la cuerda con la que estaba amarrado al muelle.

-Vamos Nerumi, salta.-él le tendió la mano y ella la había agarrado sin pensárselo dos veces. Sin embargo, en un desliz al pisar la borda del bote, Nerumi se resbaló y a punto estuvo de caerse al mar de no ser porque el pecoso agarró su talle casi como un reflejo.- Ei! ¿Estás bien?-con tanta cercanía a la de ojos verdes se le subieron los colores. Y él sonrió picaresco cuando la vio apartarse tosiendo para disimularlo. No habían vuelto a tener ninguna conversación en lo referente a la noche anterior. Y aunque quería hablarlo, quizás tampoco fuese aquel momento el ideal…Su voz lo sacó de sus pensamientos.

-Sí me vas a tender la mano, ten más cuidado conmigo, porque sino la próxima vez no pienso agarrarla.-de nuevo a la defensiva. Él suspiró.

-Vámonos anda. Antes de que se den cuenta de que hemos salido de aquella taberna sin pagar.-rió. Después de salir de la casa de Reiko se habían parado a cenar. A él se le presentaba una noche en vela y con el estómago vacío sabía que no aguantaría mucho despierto. Puso en marcha el pequeño bote y se sentó sobre sus tablas.-además…-continuó. Le apetecía picarla, como siempre, quizás para recuperar el buen humor y la normalidad con ella-si no te has caído al mar es porque yo te he cogido…-acentuó su sonrisa de suficiencia.- ¡vaya reflejos que tienes!

-¡Cállate! Eso es porque no he dormido en toda la noche y es normal que me fallen los reflejos y las fuerzas.

-¿Y de quién es la culpa?-Nerumi desvió la mirada molesta. Él rió triunfal. Siempre conseguía enfadarla.

-¡Pues que sepas que si te hubieses llegado a caer tu no habría movido ni un dedo para salvarte!-replicó,

-Suerte que tengo mejores reflejos que tu. Seguramente y apuntado a la fuerza y destreza física,-se colocó ambos dedos en el mentón y cerró los ojos, pretendía poner una pose de concentración extrema. Nerumi lo miraba con las cejas arqueadas. -Umm…-de pronto chasqueó la lengua como si hubiese tenido la más genial de las ideas-En un forcejeo, ¡Tu habrías sido la que te hubieras caído al mar! Vamos, no puedes negarlo… ¡para esas cosas eres una negada!-y otra carcajada. Nerumi ofendida, se fue al extremo opuesto del bote.

-¡Vete al diablo!-él volvió a reírse.

-¡Venga ya Nerumi! ¿Vas a enfadarte? Sabes que estoy de broma…-apaciguó el tono.

-Olvídame…-le contestó seria. Él simplemente negó con la cabeza. En sus labios una sonrisa. Sin duda su joven hermana era muy inocente. Parecía que todo entre los dos volvía a la normalidad.

Aun era de noche, aunque poco a poco parecía que el cielo iba aclarándose. Sin embargo, y aunque sentía que iba a salir el sol a calentarlo todo, de pronto empezó a hacer algo de brisa bastante fresca. Vio a Nerumi tiritar de frío con aquel vestido de mangas cortas que llevaba puesto después de haberse quitado el abrigo. El moreno se colocó una de sus camisas que llevaba en su mochila de viaje. Y de uno de los laterales del bote sacó una manta. Siempre la había guardado ahí para casos de urgencia o por si el Log Pose dejaba de funcionar porque sí.

Se arrastró hasta llegar a su lado y la tapó con la manta. La joven se refugió en ella. Sin embargo, ni siquiera le dirigió la mirada. Él solo pudo suspirar.

-Nerumi…lo siento…solo jugaba.-y un silencio tenso. Silencio que fue roto tras varios suspiros de la joven.

-Gracias Ace.-la miró sorprendido. Se esperaba cualquier tipo de respuesta e incluso de insulto antes que aquella. Iba a hablar, pero ella lo interrumpió.-por abrigarme ahora, por sacarme de allí, por ayudarme para que no me cayera al mar, por haberme ayudado aquel día cuando…-calló, no quería ni pensar en aquella noche donde a punto estuvieron de propasarse con ella-…jamás podré agradecértelo lo suficiente. Y quizás por mi culpa…

-No te preocupes. Soy un pirata, ¿cuánto más me pueden perseguir?-el moreno la interrumpió, para revolverle un poco el pelo.-Estate tranquila. Siempre tengo la situación controlada.-le guiñó un ojo a la chica, la cual sonrió.-En cuanto a lo del capitán y Lyly…quiero que sepas que estoy orgulloso de ti…-miró el agua salda que había en el horizonte.

-Muchas…-Nerumi se incorporó un poco y le dio un cálido beso en la mejilla sin pensárselo dos veces. Pero esta vez se le subieron a él los colores.-gracias…-y no contenta con aquella prueba de afecto, se arrulló en la manta y apoyó la cabeza en su hombro. Él, extasiado por un momento con la idea de tenerla cerca, le paso un brazo por el hombro atrayéndola más hacia sí.

-Oye Neru…-desde su posición solo podía ver aquella cabellera castaña y rizada que le gustaba tanto. Espera… ¿cuándo decidió que le gustaba? Se acomodó más aun el sombrero para quitarse aquel pensamiento de la cabeza e intentó seguir hablando.-he tenido una idea. Yo estoy buscando a Teach y bueno, es algo bastante peligroso para ti seguir mi camino…así que creo que vamos a ir a buscar a Luffy para que te quedes con él. ¿Qué te parece?-la chica no respondió.- ¿Nerumi?-había empezado a amanecer. El sol se fundía con el agua salada del mar. Él inclinó el rostro y vio como miraba extasiada el paisaje.

-No me importa ir dónde quieras…mientras pueda volver a ver este amanecer…

Ace alzó el semblante y contempló el panorama igual. E incluso, sin pensárselo, se había permitido el lujo de atraerla más en el agarre para proporcionarle calor. Y ella cedió, como si la conversación de la noche anterior nunca hubiese existido.

-Es magnífico ¿verdad? Esto es ser libre Neru…tener la oportunidad de contemplar…-de pronto guardó silencio, ella había encogido leventemente y él había bajado la vista, para encontrarse a una Nerumi joven y guapa totalmente dormida. Podía sentir su respiración pausada en su propio pecho. Tenía una carita dulce e inocente, y las mejillas sonrojadas por la humedad y el frío. Y fue cuando, por primera vez, le pareció la mujer más bella que había visto en su corta, aunque intensa, existencia.-tener la oportunidad de contemplarte…