Capítulo 12.
Rozaba casi la hora del medio día cuando abrió los párpados con torpeza. A pesar de haber dormido como un niño pequeño toda la noche, se sentía como si le hubiesen pegado una paliza. El cuerpo le pesaba, y se sentía terriblemente quejumbroso. La luz de la mañana se colaba en la habitación a través de los suaves visillos, y teniendo la cama enfrente, toda aquella luz le daba de lleno en la cara. Con pocas ganas de levantarse, se giró para que la luz no le cegara y lo espabilara más. Suspiró y se acurrucó con la almohada entre los brazos y una enorme sonrisa de satisfacción en la cara. Pensó en que aunque tuviera prisa, por una mañana que perdiera no pasaba nada. Además…ya no le hacía tanta gracia aquello de correr en su búsqueda, aunque fuera bastante irresponsable de su parte, puesto que tenía un motivo por el que alargar su viaje. Y aquel motivo estaba bajo aquel mismo techo durmiendo unos centímetros más al lado. No obstante, por aquella búsqueda casi encarnizada, dejó a su división descuidada y como comandante, aquello no estaba bien. Que sus hombres estuvieran despiertos desde el amanecer y trabajando en el barco o simplemente divirtiéndose saqueando barcos o bebiendo de buena mañana, y él en cama aun…definitivamente no estaba bien…se dijo resignado, y con un resoplido perezoso, se sentó sobre el colchón con la mirada aun borrosa.
Después de bostezar un par de veces y pasarse las manos por la cara para espabilarse, miró a su derecha con una enorme sonrisa en los labios. Nerumi dormía enredada en las sábanas que apenas cubrían su cuerpo. Al parecer se había hartado del estrecho vestido y a hurtadillas mientras él dormía de madrugada, había decidido colocarse una de sus camisas de mangas cortas que llevaba en la mochila. No tenía rastro de maquillaje en la cara y todos aquellos rizos castaños se esparcían por la almohada como horas antes se los imaginara.
Se incorporó para vestirse y luego acercarse a su cama y sentarse sobre el colchón. Ace soltó una pequeña risa de satisfacción cuando la vio removerse y abrazarse, en sueños, a la almohada como una niña pequeña. Estaba realmente preciosa. Poco a poco y con cuidado de no despertarla sintió la necesidad de hacer más íntimo el momento, y con una mano empezó a acariciarle el pelo rizado, mientras que su rostro se aproximaba más y más al de ella. Tanto, que podía sentir su respiración dormida sobre las pecas de sus mejillas. Y con decisión, teniendo unas ganas terribles de ella, se fue acercando a sus labios hasta rozarlos con suavidad para no despertarla. La joven, después del contacto, simplemente se removió sobre las sábanas y lanzó un suspiro.
Le encantaba, todo de ella le fascinaba y le resultaba tremendamente atractivo. Hasta aquellos sobresaltos y suspiritos que lanzaba porque sí. Simplemente era perfecta. O al menos así la veía él. No, estaba seguro, no solo era perfecta para el mundo, sino que era perfecta también para él, terminó decidiendo asintiendo dos veces con la cabeza para convencerse de sus pensamientos. Pero aun se sentía culpable por lo ocurrido la noche anterior. Así que poco a poco volvió a acercarse a su rostro y más en concreto a su oído.
-Perdóname por lo de anoche Neru…prometo empezar de cero a partir de ahora…Juro no volver a hacerte daño…-le susurró para luego incorporarse con una triste sonrisa en los labios. De pronto la joven volvió a removerse inquieta entre las sábanas y él volvió a mirar el reloj. Eran casi las doce del medio día, chistó con la lengua enfadado, a pesar de que no quería, tenía que salir de allí e ir presto a por el desayuno si no quería quedarse sin absolutamente nada de comida. Así que terminó de calzarse las botas, cogió su sombrero y se echó la mochila al hombro para después salir por la puerta a toda prisa.
Tras escuchar la puerta cerrarse, Nerumi abrió los ojos de par en par. Nada más hacerlo se estiró como un gato sobre las sábanas y sonrió. Estaba feliz. Llevaba despierta desde la primera vez que lo había sentido sentarse en el colchón. Lo había escuchado todo, lo había sentido todo…y por un instante aquella sonrisa se convirtió en una pequeña carcajada de felicidad. Hacia muchísimo tiempo que no se sentía así de nuevo. Se llevó la mano a su corazón cada vez más acelerado y ansioso. Se mordió el labio nerviosa. Jamás pensó que iba a volver a sentirse así.
-¿Te has dado cuenta Jake?-susurró más para sí que para el mundo.-Tenías toda la razón…vuelvo a ser feliz…soy feliz…-y su sonrisa se pronunció.
Después de cavilar unos minutos sobre sus recuerdos, la joven se levantó dispuesta a vestirse y a salir de allí. Estaba hambrienta. Y así empezó a dar vueltas por la habitación, del baño a su mochila para ponerse la ropa y de allí de nuevo al baño. Al volver, fue a meter su bolsa de aseo, pero en el camino, un pequeño saquito que conocía a la perfección se deslizó hasta el suelo. La joven se agachó y lo cogió. Por un momento sentía curiosidad acerca de su contenido. Llevaba allí días. Lo mismo se había puesto malo. Así que con mucho cuidado abrió el saquito y sacó las pequeñas cerezas azules para analizarlas. Intactas, el pequeño manjar estaba intacto y tenía el mismo brillo y buen aspecto que el día en que el pirata se lo dio.
De pronto, su análisis fue interrumpido por el hombre que abrió la puerta de par en par con una bandeja de comida en la mano. Y sin pensárselo dos veces, se echó las cerezas a la boca. Ace la miró sorprendido.
-¿Qué era eso?-preguntó mientras observaba su afán por ocultar lo que estaba haciendo. La joven, que aun tenía el alimento en la boca, no tuvo más remedio que tragárselo para poder hablar.
-Una pastilla.-contestó presta.-me…me duele un poco la cabeza…-mintió. Pero Ace, que inocente era a veces, pareció tragarse aquella cantinela a la perfección.
-Es lo que tiene beber demasiado, te lo digo yo.-sonrió y entró con la bandeja en mano para cerrar la puerta tras de sí.-te he traído el desayuno, no sabía cuándo te levantarías, así que…
-Muchas gracias comandante.-sonrió para luego meter el saquito en su mochila y cerrarla. Tras tragarse aquel manjar no pareció ocurrir nada importante. Ni siquiera había notado su sabor, simplemente lo había engullido. Se sentó sobre la cama y Ace le colocó la bandeja sobre las rodillas. Feliz comenzó a comer con ganas, que bastante hambre tenía.
Ace, que se sentó en la cama de en frente, la observó comer con ganas y de forma graciosa. Sin usar en ningún momento las manos para llevarse las tostadas a la boca. Sus modales eran a veces exagerados pensó el pecoso. Se dedicaba a trocear el pan y llevárselo a la boca con el tenedor.
-¿Es poco? No sabía qué hambre ibas a tener.-la muchacha negó con la cabeza un par de veces.-Genial. Oye, voy a ir a buscar información sobre Teach en esta isla y ya así aprovecho y adelanto algo. Que se me está complicando más de la cuenta está búsqueda…-chistó con la lengua.-en fin… ¿tú qué harás?-la joven tragó lo que tenía en la boca y habló.
-He quedado con el tipo de ayer para almorzar.-casi se lo dijo riendo. Aunque pretendiera contarlo seria. Ace la miró con el ceño fruncido y la cara más seria del mundo. Y Nerumi soltó una carcajada. -Jajajaja ¡Oh vamos! Era una broma…-y notó como las facciones del moreno empezaron a relajarse.-además, si fuese así ¿qué problema hay?
-Oh, tu no tendrías ninguno desde luego.-contestó el moreno resuelto.-pero él quizás podría tener un pequeño accidente.-asintió dos veces con la cabeza. Aquello hizo reír a Nerumi como nunca.
-Que violento eres…-terminó diciendo intentando sosegarse.-enserio Ace, no me hace gracia que vayas repartiendo tortas a todo aquel que se me acerque.-se secó las lágrimas de la risa.
-No, a todos no, solo al que se pase de la raya.-contestó con convencimiento.
-Ni se te ocurra. Yo soy libre Ace, puedo hacer lo que quiera con quién quiera.
-De acuerdo,-el pecoso se levantó molesto.-pero si luego tienes problemas no…
-No te pediré ayuda…-terminó la joven su frase. Que bastantes veces la había escuchado ya.-eres un exagerado…
Sin hacer caso al último comentario que había salido de sus labios, Ace suspiró y caminó con la mochila al hombro hacia la puerta.
-Oi, espera.-Nerumi se limpió los labios con una servilleta, dejó la bandeja a un lado y se levantó para coger también su mochila.
-¿Qué pasa? Tengo que darme prisa si no quiero que nos coja la noche aquí de nuevo.
-Voy contigo.-la de ojos verdes se adelantó y abrió la puerta de la habitación. Ace la miró sorprendido.
-¿Y eso? ¿No habías quedado?
-Ya te he dicho que era broma tonto…además tengo ganas de explorar contigo.-le sonrió y salió de la habitación para recorrer el pasillo tarareando una cancioncilla. Ace cerró la puerta del cuarto y la siguió con una sonrisa en los labios.
…
El sol apretaba. No hacía calor para asfixiar, pero si apretaba más de la cuenta. Ambos caminaban por la calle en dirección al mercado donde preguntarían por los sujetos a los que buscaban.
-También preguntaremos por Luffy.-Ace sacó de su mochila el cartel de su hermano pequeño y se lo tendió a Nerumi.
-Dios mío…no ha cambiado ni pizca en diez años. Aun conserva esa sonrisa.-miró el cartel curiosa y con añoranza.- ¡¿Y está recompensa?-de pronto su sonrisa se amplió.-es impresionante…me imagino la que habrá liado para obtenerla.
-Imaginas bien.-sonrió el pecoso.-Luffy siempre fue un atolondrado que tenia la virtud de resolver sus problemas de forma llamativa.
-Que bien…-susurró. De pronto, y sin saber porque, un nudo se le cogió en el estómago, que empezó a dolerle a horrores y comenzó a sentir unas punzadas horribles en la cabeza además de unas terribles nauseas. Tuvo que detenerse en el camino y cerrar los ojos para comprobar que se le pasaba. Ace, que la observó detenerse, la miró preocupado.
-Neru, ¿estás bien?-tras varios segundos la joven abrió los ojos y sonrió.
-Sí…sí…solo me duele la cabeza de nuevo un poco…-caminó hacia él. Esta vez era verdad.-tranquilo, no pasa nada, estoy bien.-le sonrió de nuevo para calmarle. Y continuaron andando. El dolor parecía amenguar.
-Si quieres volver a la taberna, solo dilo.
-Estoy bien Ace,-volvió a sonreírle.-oye, hablando de ese pirata al que buscas. ¿Cómo es? Sería interesante saberlo, ya que te acompaño.
-¿Qué cómo es?-el pecoso se llevó una mano al mentón mientras recordaba las facciones y la complexión física de Teach.-tiene el color de pelo y de la barba negra como el carbón. Es estrambótico. Está gordo, no tiene una dentadura muy buena que digamos, algún que otro diente le falta. Y se ríe de forma extraña. "Zehaha…"-imitó el pecoso de mala gana.-creo que era...-al escuchar aquello a Nerumi se le vino a la cabeza aquel pirata que le había dado las pequeñas cerezas. Y de pronto se asustó, quedándose totalmente petrificada en el sitio de nuevo.
-Nerumi, ¿se puede saber qué te pasa?
-He visto a ese pirata.-confesó. No debía ocultarle más aquello. Más aun cuando sabía quién era. Ace la miró sobresaltado y se aceró a la muchacha, alarmado.
-¡¿Dónde? ¡¿Dónde lo has visto?-gritó inconsciente. Nerumi culpable agachó la cabeza.
-Cuando…cuando fui a explorar en la isla de Reiko…-susurró de pronto, Ace la agarró con fuerza de los antebrazos y la zarandeó con rabia.
-¡¿Y por qué demonios no me lo dijiste?-gritó con todas sus ganas.
-Ace…me haces daño…-susurró la joven asustada.
-¡Contesta!-el moreno estaba fuera de sí. La zarandeaba cada vez más fuerte.- ¡Habla maldita sea!-se le acababa la poca paciencia que tenía en aquel momento.
-Por qué no sabía quién era él…no te lo dije porque pensaba que sería una preocupación más para ti…no tenía ni idea que era el pirata al que buscabas…-sollozo.-perdóname…-el moreno la soltó agitado y la joven tuvo que intentar mantener el equilibrio para no dar de bruces contra el suelo.
-¡Si no confías en mi no puedes acompañarme!-le gritó mientras se giraba sobre sus pasos y le daba la espalda. En aquel momento, otra punzada le sobrevino a la joven en la cabeza, la vista se le comenzó a nublar.-vuelve a la taberna, no quiero que me acompañes…
-Pero Ace…
-¡Deja de mentirme Nerumi!-volvió a gritarle sin girarse.- ¡Deja de ocultarme las cosas! ¡Esto no es un maldito juego de chiquillos!-se agarró el sombrero. Estaba furioso. Podía haberle dado caza a ese pirata antes de que continuara con sus planes. Estaba perdiendo el tiempo, y más aun cuando lo había tenido tan cerca. Y todos sus compañeros esperándole, cuando podría haber tenido aquel trabajo hecho hace semanas. Y ahora por culpa de ella…
-Lo siento…escucha, yo no sabía que…-la de ojos verdes lo miraba desesperada. Y de pronto, una pequeña taquicardia en el corazón que le robó el aire.
-¡Lárgate! ¡No quiero terminar descontrolándome del todo!-a la muchacha se le hizo un nudo en el estómago. De pronto unos sudores fríos le recorrieron el cuerpo y un mareo la hizo tambalearse. La taquicardia se pronunció. Y de repente, sus ojos cedieron al peso de sus párpados, la respiración parecía desaparecer y perdió definitivamente la visión. Su cuerpo que le parecía pesar toneladas cayó al suelo desplomado…
El moreno escuchó un golpe a sus espaldas, y sin pensárselo dos veces, a pesar de su terrible enfado se giró sobre sus pies. Encontrándose a una Nerumi tirada en el suelo inconsciente. Se acercó a ella presto. El enfado había desaparecido por completo, ahora le quedaba una horrible preocupación. Se agachó enfrente de la joven y la cogió en brazos.
-Neru…ei…Nerumi…vamos mujer arriba…vamos…-le tocó la frente, estaba empapada en sudor,-¿fiebre…?-susurró el pecoso asustado. -oi, Neru…despierta…-le susurró, estaba agobiado.-mira…mírame…ya no estoy enfadado… ¿ves?...Nerumi por favor reacciona…-la zarandeó con suavidad entre sus brazos. Nada, la joven temblaba y sudaba. Ya no sabía que decirle o qué hacer para que abriera los ojos.
Así que, aterrado, la cogió en brazos y fue rápido hacia la taberna de la que habían salido minutos antes. Y nada más entrar llamó al tabernero.
-¿Jovencito a qué vienen tantos gritos?
-Llame al médico del pueblo por favor…que venga cuanto antes y suba a mi habitación…-lo miró desesperado con la muchacha en brazos.-le pagaré la cantidad que sea. Por muy alto que ponga el precio, dígale que lo pagaré pero por favor, que se dé muchísima prisa.-el tabernero asintió y fue rápidamente hacia su Den den Mushi para llamar al doctor, mientras él subía las escaleras hasta llegar a la habitación, cuya puerta abrió de una patada.
La tumbó sobre la cama. Nerumi temblaba de frío y la fiebre no hacía más que subir. El moreno le agarró la mano con fuerza. Ella tiritaba sin descontrol a pesar de que tenía multitud de mantas encima.
-Cálmate, pronto vas a estar bien…-besó aquella mano que tenía sujeta.-te prometo que te podrás bien…-le susurró.
Estaba asustado. Jamás había entendido de medicinas o enfermedades, pero sabía a la perfección que Nerumi no tenía un simple resfriado. Estaba pálida, y el sudor la hacía tener un aspecto enfermizo horrible. Quizás fuese lo que bebió la noche anterior que no le había sentado bien a su cuerpo, o el desayuno, o el sol de aquella mañana que era más fuerte de lo normal…en su cabeza los motivos de aquel estado de la joven se amontonaban. Se sentía culpable de la situación. Estaba mal desde primera hora de la mañana ella misma se lo dijo, y sin embargo, lo ignoró. Y para más inri le había gritado y la había asustado cuando por dentro estaba tan enferma…Se llevó una mano a la cara para tranquilizarse. El médico tenía que estar al llegar. Por el amor de Dios, que estuviera al llegar…si le ocurriese algo, no se lo perdonaría jamás…
Diez minutos después llamaron a la puesta de la habitación. Nerumi había empeorado. La fiebre la hacía jadear como si le faltase la respiración. Nada más abrir la puerta, Ace sonrió aliviado, el tabernero acompañado del médico del pueblo estaban allí. Sin decir nada los hizo pasar. Y el doctor se puso a revisar a la muchacha enseguida.
-¿Desde cuándo lleva así?-preguntó al pecoso mientras la examinaba.
-Este medio día se levantó con dolor de cabeza, y cuando salimos después de desayunar, al cabo de una hora, prácticamente se desplomó en el suelo temblando de frío…-contestó Ace que intentaba mantener la cabeza fría mientras el médico la examinaba.- ¿Qué…qué le pasa?-el médico se llevó un dedo a los labios.
-No está sudando…-Ace lo miró sin comprender.
-¿Cómo dice?
-Es agua…
-¿Agua?-Ace no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasado, y aquello lo ponía aun más nervioso.- ¿Puede hablar más claro?-le dijo exasperado. Olvidando por completo sus modales.
-El cuerpo de esta joven está expulsando agua. Por eso la fiebre y los temblores…
-¿Entonces qué tiene?-preguntó desesperado.
-No lo sé…puede ser un virus, una infección…-contestó el médico.-Tengo que examinarla más a fondo…tiene que llevarla a mi clínica inmediatamente,
-¿Qué?-Ace abrió los ojos de par en par.- ¿Tan…tan mal es…está?-preguntó con el tono de voz asustadizo.
-No estoy seguro…-le comentó el médico serio.-de todas formas, tápala para que no pase frío y llevémosla a la clínica rápidamente.
Ace obedeció como si de un rayo se tratase. Y dio gracias al cielo por que aquello no les hubiese pasado en el mar. Con cuidado, destapó a la joven que aun temblaba, y nada más hacerlo los ojos se le abrieron de par en par y la miró paralizado. El médico que esperaba en el marco de la puerta al ver la reacción del pecoso, se acercó a la cama y observó a la chica totalmente abrumado.
-Dios mío…-susurró el doctor ajustándose las gafas sobre la nariz.
Ace casi se derrumba, la respiración se le entrecortaba, ya no estaba nervioso, sino más bien histérico. Nerumi estaba totalmente empapada. Como si le hubiesen tirado un par de cubos de agua encima. Y lo peor era que esa agua que emanaba de los poros de su piel parecía asfixiarla. Su piel ya no era dorada, sino más bien de un extraño azul pálido enfermizo. Las venas se le notaban en los brazos y en las piernas que tenía sin cubrir por el vestido. Y los temblores se habían incrementado. Incluso la respiración de la de ojos verdes se basaba en coger enormes bocanadas de aire y expulsarlas a duras penas. El pecoso miró al médico en busca de respuestas. En sus ojos la desesperación era palpable. Porqué… porqué tenía que ser ella…
-Date prisa muchacho…-susurró el practicante serio y aun impresionado por los síntomas.-tápala y vamos a la clínica. Ni siquiera la cambies de ropa, allí tiene la necesaria.
De nuevo, el pecoso obedeció al doctor. Y con muchísima suavidad para no hacerle daño, el joven la cogió en brazos y salió junto con el médico por la puerta de la habitación, y nada más salir a la calle, entró en aquel coche, que el médico solía utilizar para ir y venir.
Durante el viaje, Ace no mencionó palabra. Se limitaba a acoger a Nerumi entre sus brazos con suavidad y a besar alguna que otra vez los rizos mojados de su cabellera. De vez en cuando, la joven daba algún que otro respingo por los escalofríos y la fiebre, que parecía ir aumentando, la hacía jadear de dolor a veces. El pecoso se mordió el labio inferior y miró por la ventanilla del coche con tristeza. Él tenía la culpa de todo aquello. Si hubiese estado más pendiente de ella…si simplemente no se hubiese peleado en todas aquellas ocasiones por aquel tema…ella habría confiado en él…le había contado lo que pasó cuando se encontró a Kurohige…le habría abierto su corazón para contarle que fue de su vida en aquellos diez años…y habría cuidado de ella la noche anterior en la fiesta…de no ser por sus malditos celos, y su afán por la bebida…Simplemente no la había protegido como debía haberlo hecho…como una vez le prometió a su madre…
Y no solo aquella vez, la última vez que la muchacha desapareció y fue forzada por aquel tipo…él la dejó totalmente descuidada. Chistó con la lengua culpable. O la otra vez de los marines en la casa de Reiko, o la vez que el maldito Capitán le había disparado intentando matarla…Sin duda, era un auténtico desastre, siempre había intentado protegerla por todos los medios, pero terminaba haciendo lo contrario, quizás si se propusiera no protegerla le saldrían las cosas bien, ironizó. Se sentía impotente, un completo idiota, un inútil que no había podido proteger a la mujer que tenía entre sus brazos. De la que estaba enamorado hasta los huesos…se maldijo una y otra vez desesperado…por qué demonios no le había pasado aquello a él, se preguntó…él era el irresponsable, el inconsciente, el impulsivo, el descuidado…por qué a ella y no a él…ella era buena, era una enorme luz en medio de la oscuridad que había sido su vida hasta ahora, era la sonrisa, la mirada curiosa, los labios sorprendidos ante lo descocido… La miró entristecido por un instante, las venas ya se le notaban incluso en el cuello…no sabía que le pasaba, no podía hacer nada por ella ya…Estaba angustiado, y por un instante se le pasó la horrible idea de que Nerumi se fuera para siempre y aquello terminó por hacer que en su intimidad, una lágrima rebelde rodara por su mejilla llena de pecas…
…
-Túmbala ahí.-señaló el doctor una camilla.-mis enfermeras la cambiaran y comenzaré inmediatamente con las pruebas.-Ace no pudo más que asentir con la mirada perdida y un nudo en el corazón.
-¿Cree que se pondrá bien...?-pregunto el pecoso con temor.
-Eso espero…-contestó el médico.-aunque para ser realistas joven, la cosa pinta mal…
-¿E-eso…eso qué quiere decir…?-tragó saliva para poder continuar.-¿puede…puede acaso…-al ver el trabajo que le estaba costando pronunciar aquellas palabras, el doctor, que compasivo era un poco, las terminó por él.
-¿Irse? ¿Se refiere a si puede morir?-el pecoso asintió con dificultad. Aguantándose por dentro las ganas de llorar como un niño pequeño. -No estoy seguro…pero debe saber que está entre las posibilidades…-al moreno la noticia le dio un vuelco al corazón.-será mejor que se vaya a descansar joven…
-Ni hablar. Quiero estar con ella.
-Tengo que tratarla, hacerle pruebas y no puedes estar delante, entorpecerías más que ayudarla. Solo vete a descansar, la enfermera te ha preparado una habitación por si quieres dormir un rato. Si existe alguna novedad en cuanto a su estado, te llamaré.-y sin más el médico se giró para entrar de nuevo en el cuarto de Nerumi. Sin embargo, Ace volvió a alzar la voz.
-Disculpe, ¿Hay por aquí algún Den den Mushi para llamar?-preguntó.
-Si claro, pásate por la recepción, allí te dejaran el mío diles que vas de mi parte.-el médico intentó sonreírle. Y Ace aunque no correspondió a la sonrisa, asintió con la cabeza. Así que, muy a su pesar, y totalmente deprimido, el pecoso fue hacia la recepción para coger le aparato y luego se iría a la habitación que tenía al lado para dormir un poco. Según él no se lo merecía, pero al menos, lo necesitaba.
…
Entró en el cuarto y se sentó sobre la camilla abatido y con el teléfono en las manos. Suspiró y luego marcó un número bastante conocido para él…
A muchas millas de allí, en un enorme barco pirata, la tripulación se entretenía aquella hora de la tarde en preparar el barco para la tormenta que se avecinaría aquella noche según las previsiones del meteorólogo de la tripulación. Aunque había mucho ajetreo por aquí y por allá, incluso en el interior del barco, el Den den Mushi resonó de proa a popa esperando que alguien lo descolgara. Sin embargo, absolutamente nadie parecía tener tiempo de pararse a contestar. De pronto el aparató calló, aunque tres segundos después volvió a sonar insistente.
Con un gruñido de desgana, el comandante de la 1ª división se acercó al aparato con unas cuerdas en sus manos. Estaba ocupado sí, pero parecía que la persona que estaba al otro lado del caracol no iba a desistir en su intento de que alguien contestara. De mala gana pero sereno al fin y al cabo, que el que estuviera llamando no tenía la culpa del ajetreo de aquella gris tarde, cogió el auricular y se lo llevó al oído.
"-¿Diga? ¿Quién es?-preguntó con el tono de voz neutral.
El pecoso reconoció la voz a la perfección y por un instante sonrió sentado en aquella camilla. Hacía mucho tiempo que no se comunicaba con su barco, y menos hablado con su amigo.
-Marco, soy Ace…
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Gracias kona kana lee por el rewiev! Me alegra que te haya gustado ese primer beso de la pareja ^^ y Zilion igualmente gracias, y enhorabuena por tu examen de física jajaja :)
Siento haber tardado tanto en actualizar! :( Intentaré hacerlo más rápido la próxima, porque se avecinan tormentas en esta historia...
Un saludo y un beso enorme a todos mis lectoras/es! Que tengan un buen día ^^.
