Capítulo 13
-¡¿Ace?-el rubio soltó las cuerdas sobre el suelo.- ¡Qué alegría escucharte!-perecía feliz de que lo hubiese llamado. Aunque él sabía que esa felicidad no era del todo compartida por la situación en la que se encontraba.
-Lo mismo digo amigo. ¿Y ese jaleo que hay detrás?-el moreno escuchaba a la tripulación revuelta, unos gritando, otros simplemente hablando.
-Espera un momento, voy a meterme en algún sitio y te explico.-el pecoso esperó. Por un momento una extraña sensación de añoranza le inundó el cuerpo. Echaba de menos aquellos jaleos de su barco. Estaba seguro de que se preparaban para un saqueo o para pisar tierra. Sonrió.-Ya estoy.-contestó el comandante.-es que tenemos tormenta esta noche y por eso hay tanto jaleo, ya sabes.-contestó sin ningún tipo de entonación en su voz.
-Sí, ya…mejor. Prefería que estuvieses solo para contártelo.-Marco escuchaba a Ace abatido al otro lado del teléfono y aunque por dentro empezó a preocuparse, para nada lo reflejó al hablar.
-¿Qué ha ocurrido?-Ace se mordió el labio. Quizás él no lo entendería en absoluto, pero desde que Nerumi había enfermado, tenía la necesidad de hablar con alguien y contarle sus frustraciones, aunque no se explicara bien.
-Verás…-suspiró. Ni siquiera sabía por dónde empezar.
-Tranquilo…-Marco notó su nerviosismo.-sea lo que sea se solucionará…
-Entonces…
-Empieza por el principio…-contestó el rubio intentando que Ace se soltara. Que sabía de la dificultad de su amigo y compañero de aventuras para contar cualquier cosa, o soltar sus emociones así porque sí. Que Ace jamás había llamado al Moby Dick desde que se fue, y mucho menos de aquella guisa. Si lo había hecho era porque se sentía mal. Porque simplemente se encontraba perdido, y que mejor que él para aconsejarle como había hecho siempre. Y así, el moreno narró todo lo sucedido desde que llegó a Libertad hasta el sitio donde se encontraba en aquel momento. Y muy a su pesar, aunque pensara que Marco cambiara su forma de verle, no pudo dejarse atrás algunos detalles.
-¿Quieres decirme que te has enamorado de la chiquilla que debía ser tu hermana pequeña?-preguntó el rubio una de las veces que Ace intentaba explicarse sin resultado.
-Sí…-tuvo que confesar.
-¡Vaya! ¡Qué vueltas da la vida! Nuestro furtivo y cruel comandante ahora es un blando.-contestó Marco por primera vez de buena gana.
-Si es una burla, no me hace gracia…-Ace sonrió resignado.
-Lo lamento entonces.-soltó aun simpático, para luego volver a ponerse serio-Con respecto a lo que le pasa…intenta calmarte y pensar con la cabeza fría. Se pondrá bien ya verás…deja de culparte…si es quién dices que es, puedo asegurar que es una mujer fuerte. Dedícate a darle tu apoyo al máximo. Ni se te ocurra volverte loco pensando que no saldrá de esta. Y hazle caso al médico, él sabe cómo cuidar a sus pacientes.-el rubio parecía todo un padre que enseña una lección de vida a su hijo.
-Tienes razón…-la culpa de Ace parecía amenguar.
-No sé, ¿tienes idea de porqué puede estar así?
-No, el doctor aun no me ha dicho nada…Y ya lleva toda la maldita tarde haciéndole pruebas sin dejarme pasar en ningún momento.
-Es evidente, si lo hace te dejarás llevar…-contestó Marco asintiendo un par de veces.-me resultan raros esos síntomas que me has dicho…aunque creo a ver leído algo de eso en la biblioteca del barco…-contestó pensativo.
-¿Acaso tienes idea de lo que puede ser?-le preguntó Ace esperanzado.
-No…no soy médico Ace. Pero me da la sensación de que puede ser por algo que haya comido o bebido…
-Ya…yo también lo he pensado…-suspiró para de nuevo resignarse.
-Intentaré buscar algo por la biblioteca mañana si tengo tiempo. Porque con la tormenta no sé si podré…
-Gracias de todas formas…-lo oyó suspirar de nuevo.
-Ei, cálmate…seguro que saldrá bien parada.
-Eso espero…-terminó diciendo. Aunque en realidad más bien quería creérselo. Porque sabía a la perfección que la realidad se podía tornar distinta en cualquier momento.
-Bueno Ace, lo siento, pero tengo que dejarte, tengo que ver cómo van las cosas por arriba.
-Claro, lo entiendo. Dale un saludo a todos, y otro a padre. Dile que he llamado y que estoy bien. Y que en lo que respecta a Kurohige, parece que voy avanzando.
-Se lo diré, y ten cuidado, no comentas más locuras de las que luego puedas arrepentirte.
-Tranquilo…intentaré mantener la mente fría.
-Y en cuanto a ella…-suspiró.-que sepas que no tuvo la culpa de encontrárselo. Y que si no te lo mencionó no fue porque no confiara en ti. Si no para no darte problemas. Que sabía cuántos os andan buscando por la que armasteis en Libertad.
-Lo sé, me pasé de la raya. Perdí el maldito control.
-Pues ten cuidado, porque si la quieres…Eso no ayuda a que confíe en ti.
-Ya…ya…intentaré ser menos bruto.-se rió de sí mismo.
-Bueno, ten cuidado y mucha suerte. Llámame si necesitas cualquier otra cosa.
-Gracias amigo…"
Colgó el Den den Mushi y suspiró. Aunque se sentía mucho mejor después de hablar con Marco, la culpa y la tremenda preocupación aun lo acosaban por dentro. Con desgana se levantó en dirección a la puerta para bajar y dejar en la recepción el aparato. Y cuando iba en esa dirección por el pasillo, se encontró al médico que la atendía a ella.
-¡Doctor!-llamó su atención. El hombre se giró para observarlo.- ¿Cómo está? ¿Ha mejorado?
-Sigue exactamente igual…-le contestó apenado. Y Ace pareció volver a caer de nuevo en la desesperanza.-no obstante, con el antibiótico que le he suministrado parece que la fiebre ha bajado un par de décimas. Pero su piel sigue siendo igual y el agua que desprende del cuerpo sigue siendo la misma cantidad. Ahora acabamos de realizarle una prueba, a ver si obtenemos alguna información, e iba a por los resultados.
-Entiendo…-suspiró.-Y dígame, ¿puedo verla? Aunque sean dos minutos. Por favor…-el pecoso parecía angustiado. Miraba al médico con el rostro contraído y el ceño fruncido de la desesperanza.
-Es mejor que espere hasta esta noche. Para la cena podrá verla como una media hora.-le respondió. Ace iba a contestar, cuando de pronto, una de las enfermeras salió al pasillo donde ambos hombre hablaban.
-¡Doctor!-la joven parecía alarmada y Ace la miró horrorizado con claras intenciones de adentrarse de nuevo en aquella habitación donde Nerumi estaba sufriendo tanto, aunque el maldito médico se lo prohibiera
-¿Qué ocurre?-el hombre de bata blanca, se dio la vuelta y observó serio a la joven enfermera.
-La muchacha se ha despertado.-contestó jadeando casi.
-¿Qué? ¿Tan pronto?-Aquello a Ace le sonó una gran noticia.
-Sí, y quiere hablar con él.-señaló al moreno.
-¿Qué? No creo que esté en condiciones de…-pero antes de que pudiera terminar el pecoso echó a andar lo más rápido que pudo hacia la habitación. Rezando a algún Dios, si es que existía, porque ella estuviera bien…
