Capítulo 15

"Flash Back"

Corría, corría como si la vida se le fuera a escapar en cualquier momento. Corría como si volara, como el pájaro indefenso que es perseguido por la mortal águila rapaz para ser devorado…El tipo aun la perseguía. Había tratado de esconderse en un y mil sitios, pero un disparo siempre la sacaba de su escondite. Asustándola…

Y mientras seguía corriendo exhausta y aterrada, no se dio cuenta de que había llegado a unas formaciones rocosas cerca de la playa, cerca del mar. Entonces, después de dar un par de vueltas, cayó en la cuenta, lo mismo encontraba la pequeña balsa y podía salir de allí sana y salva antes de que aquel perturbado que la seguía acabara con su vida. Sin embargo, al correr de semejante manera, tampoco se percató del saliente de la arena que la hizo tropezar, que se rasgara la sandalia y cayera a la arena. El pie le sangraba a horrores a causa de un profundo corte. Se sentó sobre la arena y examinó la herida dolorida y con las lágrimas saltadas. De pronto, otro disparo la sacó de sus cavilaciones y miró hacia atrás con los ojos como platos. Aquel tipo se acercaba apuntándola.

Intentó levantarse, intentó correr, pero le fue totalmente imposible. La arena le quemaba, la herida le dolía.

-¡No huyas preciosa!-el hombre que aun la apuntaba se acercó a la joven que temblaba de miedo por primera vez en su vida. Aquel que tenía a menos de cinco palmos la quería muerta, e iba enserio.- ¿tienes miedo acaso?-rió para luego agarrarla de la muñeca con fuerza y tirar de ella. La joven se mordió el labio y lo miró aterrada. Sin pensárselo dos veces la apuntó.

-¡¿Qué quieres de mí? ¡¿Yo no te he hecho nada?-le gritó. No sabía que más decir, la impotencia la consumía.

-Pero Roger si…-"¿Roger?", pensó la joven, e inmediatamente recordó a aquel pirata loco de por la mañana. El pirata apretó el gatillo y ella lo miró horrorizada.

-Hasta luego preciosa…-susurró. Y de pronto se escuchó un fuerte disparo…

…..

-¡Maldita seaaaa!-gritó Roger enfadado y empapado. Las olas habían jugado su papel tirándolo al mar con la pequeña barquilla que llevaba. Enfadado y molesto se ajustó el sombrero de paja y analizó la situación. Nadie. En aquella playa de la isla no había ni un alma-mmm… ¿dónde se habrán metido esos dos?-y con el desentendimiento que lo caracterizaba en ocasiones, se llevó las manos a la nuca y empezó a caminar por la playa en busca de ahora sus dos nakamas.

Había matado al tipo del muelle con más facilidad de la que pensaba. No en vano días antes había cogido prestado su barco el cuál, "sin querer" había llevado a pique. No obstante, y a pesar de que no dudaba de las habilidades de Rayleigh si estaba mucho más preocupado por la muchachita protestona. Poco a poco se adentró en la isla y en sus prados y colinas verdes. Cuando de pronto oyó el grito de una mujer.

Inmediatamente corrió. Corrió con todas sus energías hasta llegar a salir del bosque en el que había adentrado para encontrar la proveniencia de aquella voz. Y al salir la vio…

-¡Suéltala!-Rayleigh había desarmado al tipo simplemente con una bala salida del arma de fuego que llevaba a la cintura. El hombre, que apresaba a una Elizabeth temblorosa, lo miró anonadado y sin pensárselo dos veces obedeció.

Tras saberse libre, la rubia se palpó la muñeca malherida para luego mirar a Silver angustiada. El peli castaño simplemente la miró serio y casi molesto.

-Vete.-le ordenó. Sin embargo la joven le señaló el pie mal herido y él resopló.-apártate de ella.-esta vez se dirigió al pirata que mantenía las manos en alto y que empezó a caminar hacia atrás lo más despacio que pudo. Rayleigh avanzó hacia él apuntándolo con el arma hasta ponerse delante de ella.-intenta levantarte y vete de aquí.

-Rayleigh no puedo me…

-Por favor vete. No quiero que veas esto.-a pesar de su estado de seriedad, aquello último lo pronunció con un atisbo de súplica. Y con muchísimo trabajo y dificultad la joven se incorporó como pudo con el corte mal herido. Al menos se intentaría adentrar un poco en la isla…Y cuando Silver la vio lo suficientemente lejos...actuó...

Caminaba a duras penas. Ya ni siquiera veía la playa, sin embargo, la herida le impidió avanzar más y con un tremendo cansancio la joven se desplomó literalmente en el suelo. Respiraba con dificultad y los párpados empezaban a pesarle, la vista se le nublaba. Pero en aquel momento escuchó unos pasos correr hacia ella. Y por un instante rezó para que no fuera otro loco con intenciones de acabar con su vida. Pero contra todo pronóstico, el muchacho se agachó frente a ella y la nombró.

-¡Elizabeth! ¿Estás bien?-parecía examinarla. Y ella le señaló el pie ensangrentado.

-Mierda…-el joven sacó de su mochila una venda para intentar tapar la sangre que vertía la herida, y nada más hacerlo se acercó a su cara para agarrarle las mejillas.- ¡¿Dónde está?-en aquel instante la joven se percató de con quién trataba e inmediatamente su ensimismamiento se esfumó.

-¡Tú!-gritó y sin pensárselo dos veces lo zarandeó agarrándole de la camisa.- ¡Estás loco! ¡No tienes ni idea de lo que has hecho!

-Cal…cálmate mujer…-Roger la miró asustado ante el repentino ataque de rabia.

-¡No me digas que me calme!-en aquel momento lágrimas de rabia le nublaron la vista.- ¡No tienes idea de lo que has hecho!-por un momento el moreno bajó la vista y permitió que ella lo siguiera zarandeando.- ¿Por qué nos has metido en este lío?-la joven relajó el tono aunque su rabia aun era palpable.

-No llores por favor…-el moreno la intentó apaciguar, que si era débil ante algo en la vida era a una mujer. Y más si lloraba por su causa. Pero de pronto oyeron un disparo. Un disparo que provenía de la playa donde minutos antes dejara a Rayleigh. Y de pronto le sobrevino un vuelco al corazón y su llanto empezó a intensificarse.

-Por favor…-le suplicó refugiándose en su camisa.-pro…protégele…-consiguió pronunciar entre sollozos.- ¡Ayúdale!-lo encaró angustiada.- ¡No dejes que le hagan daño te lo ruego!-de pronto otro disparo y otro vuelco.-confío en ti…-susurró.

Y sin pensárselo dos veces, Roger se incorporó, se ajustó el sombrero y corrió hacia la playa. No le fallaría. Confiaba en él y no podía fallar a un nakama. No se echaría atrás por muy fuerte que fuera el enemigo. No se rendiría, no huiría. Estaba en juego la vida de uno de los componentes de su tripulación y si alguien se atrevía a hacerle daño, se las vería con él…

….

Abrió los ojos somnolienta. A su alrededor una enorme habitación con su respectivo mobiliario y en su mesilla, una tenue luz amarilla que alumbraba el lugar. Se llevó la mano al puente de la nariz para masajeárselo y luego frotarse los ojos para ver mejor e incorporarse sobre las sábanas blancas. Y nada más hacerlo, no dudó, estaba en su habitación.

Recordaba vagamente la tarde. El cómo había aparecido aquel pirata en el muelle, el ataque, la muerte de Hanon ante sus ojos, la herida, Silver, la playa, Roger…todo hasta ahí…y después nada, solo oscuridad. Tenía la sensación de que a partir de ahí se había ido totalmente del mundo de los vivos para pisar el mundo de los sueños. De pronto, alguien llamó a la puerta para posteriormente entrar. Marie llevaba una bandeja entre sus manos.

-¿Señorita se ha levantado?-la criada mayor, se acercó a la mesita de noche para colocar la bandeja y después sentarse al borde de la enorme cama.

-Sí…-susurró la rubia mientras se llevaba una mano a la cabeza.

-¿Se encuentra mejor? ¿Aun le duele ese pie?

-No, ya no…gracias.-intentó sonreír, que ella no tenía la culpa de sus males.

-Le he traído algo de cena, coma. Le vendrá bien.-ella simplemente asintió. Marie se levantó de la cama con una sonrisa cariñosa y se fue en dirección a la puerta.

-Marie.-Elizabeth la llamó y la criada se giró sobre sus pies.- ¿Qué ha pasado?- tenía que preguntarlo, la incertidumbre era demasiado grande.

-Unos jóvenes la trajeron después de almorzar. Y ante la interrogativa de su padre, no tuvieron más remedio que soltar prenda.

-Entiendo…-susurró apenada.

-Estaba inconsciente. Seguro del esfuerzo.-al verla cabizbaja y con la mirada llena de preocupación, Marie intentó calmarla.-no se preocupe, los dos estaban estupendamente.-y de pronto la muchacha alzó la vista y sonrió.

-Gracias.

-No hay de qué.-se inclinó un poco, aunque sabía a la perfección que a la hija del Vicealmirante no le gustaban nada aquel tipo de formalismos hacia su persona. Y bastante consentía que la llamasen "señorita".- ¡Ah! Por cierto, su padre me ha mandado también para decirle que está castigada aquí en su habitación hasta nueva orden.

-¡¿Qué?-la rubia frunció el ceño molesta para luego resoplar.

-Tranquilícese, se le pasará ya lo verá, sabe cuáles son sus debilidades. La dejo señorita tengo cosas que hacer.

-Gracias Marie.-contestó la muchacha con pesar y la criada salió de la habitación.

La rubia salió de entre las sábanas y se acercó a la orilla de la cama para coger la bandeja, cuando a su espalda escuchó una voz.

-Vaya, pensé que nunca se iría.-Elizabeth se giró aun sentada y nada más hacerlo amplió su sonrisa. Rayleigh la miraba desde el balcón abierto que había frente a la cama, con los brazos cruzados.

-¿Cómo has entrado?-el joven avanzó y señaló el balcón a su espalda.

-Por el balcón.-le indicó mientras caminaba hacia ella.-además de algunos trucos que suelo tener bajo la manga. ¿Puedo?-señaló la cama. La rubia asintió y él se sentó.- ¿Ibas a cenar? Perdona si te…

-No importa…-susurró. Por un instante la felicidad le embriagaba el alma. Silver sonrió.

-¿Cómo estás?

-Mejor, gracias…por todo…-el muchacho obvió el agradecimiento.

-¿Sabes? he conocido a tu padre hoy.-se levantó de nuevo y empezó a rondar los utensilios del tocador.-es muy…-calló y la miró con cara de circunstancia y el ceño fruncido.- ¿simpático?-ante aquello ella no pudo más que reír.

-Seguro. Por eso has vuelto ahora, para encontrarte con él de nuevo como no te marches.-él la observó inocente.

-¿Quieres que me vaya?-se apoyó en el tocador, y ante la pregunta la joven no pudo más que morderse el labio y agachar la mirada. Sus mejillas se habían encendido.

-No lo sé…

-¿Qué respuesta es esa?-el peli castaño la miraba divertido. La joven suspiró.

-Haz lo que quieras.-volvía a su mal carácter.

-Quiero quedarme.-soltó casi de forma inconsciente pero convencida. Elizabeth alzó el rostro y lo observó sorprendida.

-¿Y…eso…?-preguntó.

-Mañana me marcho con Roger y…-esta vez fue él el que le apartó la mirada.-quería…despedirme…supongo…

-¿Te vas?-tartamudeó. Él solo asintió, y nada más hacerlo, el mundo de la muchacha se derrumbó por completo y su corazón pareció partirse en mil pedazos. Aquel día, sin siquiera proponérselo lo había perdido todo…Así que, sin ningún tipo de control, sus mejillas se empezaron a mojar de lágrimas. Rayleigh alzó la vista al escucharla llorar, y se sintió terriblemente culpable.

-Ei…no llores Elizabeth…vamos…-se agachó en frente de ella que revolvía nerviosa las manos. Él se las agarró.-volveré antes de que hayas dado cuenta.

-Mientes…No vas a volver. Tienes un sueño y allá que vas a cumplirlo. Y ese sueño no implica volver o quedarte aquí…-habló con más firmeza de lo que sus lágrimas le proporcionaban.- ¿Y a mí? ¿Qué me queda?-Silver le acarició las mejillas sonrosadas y le apartó las lágrimas con cuidado.

-Pues tu familia, tu casa, tu…

-Si no te tengo a ti no quiero nada…-confesó sin pensarlo. Esta vez fue él quien abrió los ojos por la sorpresa de la confesión.

-Elizabeth…-susurró.

-Y lo peor es que…-lo interrumpió-si te pido que te quedes…seré totalmente egoísta y no quiero…no quiero cortarte las alas…

-Si me pidieses que me quedase lo haría sin dudar…-esta vez fue él el que se confesó. Pero la joven estaba tan perdida que ni siquiera se dio cuenta del detalle.

-No puedo…sería injusto…-Silver miró aquellas esmeraldas verdes enrojecidas, extasiado, y de nuevo un maldito vuelco al corazón. Aquella mujer era demasiado perfecta como para evitarlo. Ya no podía seguir obviándolo, era irremediable. Él se marcharía y tenía que decírselo a toda costa. Aunque luego le doliera más al partir. Debía confesar lo que siempre guardó escondido en su corazón y que ansiaba salir de sus labios cada vez que aquellos ojos verdes lo miraban suplicantes, aterrados o felices…

-Te quiero.-soltó, sin siquiera pensar.

-Y yo te quiero a ti…-la rubia de pelo ondulado correspondió sin siquiera meditar el porqué de tantas confesiones de repente. Y por un instante Rayleigh sonrió satisfecho y feliz. Para luego alzarse un poco y con un extremo cuidado, besar los labios carmín de la muchacha con dulzura…

Segundos más tarde y poco a poco se separó de ella. No obstante, no perdió del todo el contacto con su mirada o el roce de sus labios.

-Esto no puede estar pasando…-sonrió tras aventurarse a darle otro beso corto.-nos llevamos como el perro y el gato…-agarró al peli castaño de la camiseta para que se sentara sobre las sábanas y ella sobre sus rodillas a horcajadas

-Cierto,-le dio otro beso suave a la vez que la miraba desde abajo con una sonrisa pícara.-es imposible…eres demasiado caprichosa para mí…-y otro beso.

-Y tu eres un imbécil egoísta…-le susurró al oído. Rayleigh rió.

-Por no hablar de tu horrible carácter…

-Y tu insufrible humor…-la joven le acarició el pelo de la nuca enredando sus finos dedos, mientras él la acercaba a su cuerpo agarrándola de la cintura.

-Vendrás conmigo al mar…-le ordenó.

-Ni hablar…-ella rió juguetona.

-No te dejaré aquí para que otro te tenga. Así que te vienes aunque te tenga que secuestrar.

-¿Tu doncella en apuros? No me hagas reír…-juntó su frente con la de él.

-Ven al mar…-un mordisco en el cuello. La rubia se mordió el labio para evitar soltar algún tipo de sonido por la boca. Y entonces se rindió…

-Está bien…-Y de nuevo otro beso, pero mucho más apasionado que el anterior. Poco a poco parecía que la sinceridad entre ambos estaba empezando a tomar otro color prohibido. Pero de pronto, se escuchó algunos pasos por el pasillo y ella frenó la carrera. Silver la miró sin comprender.-Vete…

-¿Qué?-aun no entendía nada. Sin embargo, ella sonrió divertida.

-Mi padre va a subir, y nos matará a los dos si nos encuentra aquí y de esta forma.

-Correré el riesgo.-volvió a su cuello.

-¿Enserio? No sabes dónde te metes-le contestó con sarcasmo.-vamos…

Rayleigh suspiró y cuando ella se incorporó, él la imitó. De nuevo los pasos en el pasillo y la voz del Vicealmirante retumbando por toda la planta de arriba.

-¡Lárgate!-rió. Silver se fue hacia el balcón.

-¿Vendrás con nosotros?

-Rayleigh es una locura.-susurró con una enorme sonrisa.

-Sé que quieres libertad y Roger te considera su nakama, de hecho me ha hecho venir para convencerte. Así que ven…

-No digas tonterías…has visto mi fuerza y…-pero él la interrumpió.

-Ven conmigo-insistió.

-Eso sería estupendo pero…

-Sé que no puedo ofrecerte nada de lo que tengas aquí pero…te quiero y necesito que vengas conmigo…-de nuevo la voz de Garp retumbando en el pasillo. Elizabeth suspiró.

-Deja que me lo piense…ven mañana…-se acercó a él y le besó. De pronto su padre llamó a la puerta.

-Hija ¿puedo pasar?-Él se desprendió del beso y salió al balcón.

-¿Cuándo?-la miró apremiante mientras se subía a la barandilla.

-Al medio día…y te daré la respuesta que quieres…-susurró con una sonrisa.

Y en aquel instante él joven desapareció y ella se metió en la cama, no sin antes cerrar las puertas del balcón.

-Sí papá pasa…

"Fin Flash Back"